viernes, 31 de enero de 2020

Especial "La rosa del azafrán": Moniquito


Nuestra tercera jornada rosazafranera (como me encantan estos neologismos!!!!!!!!!!) va a estar dedicada a una de las canciones más cómicas y divertidas de toda la zarzuela.

Después de algo lírico y grandilocuente como la Canción del sembrador, creo que nos vendría bien cambiar de registro e irnos hacia algo más lúdico, como es la canción de Moniquito. Dentro de la obra nos encontramos con una serie de personajes arquetípicos del teatro cómico y popular, con rasgos muy exagerados y caricaturescos que no aportan mucho a la trama, pero resultan efectivos, ya que se han creado para hacer reír y divertir al público entre dos escenas fuertes (algo parecido a lo que ocurría con los entremeses del teatro del siglo de Oro).

Suelen ser caracteres planos, que mantienen los mismos rasgos desde el comienzo hasta el final de la obra, sin evolucionarlos, sin buscar matices. Sólo están para provocar la carcajada en la gente. Uno de estos personajes es Moniquito, el encargado de llevar la ermita que hay en la hacienda manchega.


Coro:

Dos por dos son cuatro
Tres por dos son seis
Tres por cuatro doce
Dos por cinco diez
Ya me sé la tabla
De multiplicar
Y antes del invierno
Me podré casar

Moniquito:
Si me adviertes al pedirte
Que no ties ventana baja,
No es el hijo de mi madre
El que sube a tu ventana

Coro:
¡Aaay!
¡Ay, ay, ay, aay!

Moniquito:
Ya verás mujer, la que te espera
¡Aaay!
¡Ay, ay, ay, aay!
Cuando suba yo por la escalera.
Cuando llegue arrí-
Aunque tú no quie-
Si tú no está tu ma-
Voy a darte un be-

Coro:
Quiere darte un be-
Pero se equivo-
Porque está tu ma-
¡Y van a ser po-¡

[Moniquito sube la escalera]

Moniquito:
Aquí estoy porque he subío
Y no me bajó sin darte
Un abrazo de los fuertes
¡Y recuerdos pa tu madre!

[Moniquito baja la escalera]

Coro:
¡Aaay!
¡Ay, ay, ay, aay!

Moniquito:
Si al casarte no reculas…
¡aay!
¡Ay, ay, ay, aay!
…tengo una mujer y un par de mulas
Pero si me enga-
Con un archidú-
¡apañao me que-
Con un par de mú-!

Coro:
Con un par de mu-
Apañao se que-
Porque si una es co-
¡La otra es burricie-!

Dos por dos son cuatro
Tres por dos son seis
Tres por cuatro doce
Dos por cinco diez
Ya me sé la tabla
De multiplicar
Y antes del invierno
Me podré casar

..............................................................


Moniquito representa al típico personaje delgaducho, desgarbado y flojeras, pero a la vez descarado, deslenguado, y con más cara que espalda. Es un tipo bastante cansino, que no para de darle vueltas a los mismos temas y hacer uso de los mismos recursos una y otra vez para encandilar a las mozas, ya que él quiere urgentemente una novia con la que proseguir su vida. En la obra intentará seducir al personaje de Catalina (la criada de la finca, que vimos en el tema Aunque soy de la Mancha). Evidentemente, un tipo tan pesado y cargante, no es del gusto de la chica. No obstante, como Monoquito está continuamente erre que erre con lo mismo, no parará de perseguirla para intentar seducirla.

El fragmento se encuadra dentro del segundo cuadro del primer acto. Algunos mozos de la finca han decidido irse de juerga por la noche, recorriendo la plaza y principales calles del pueblo. Moniquito, que está siempre dispuesto a apuntarse a un bombardeo, se unirá a la fiesta. Como es lógico, todos los mozos se cogerán una buena cogorza, y Moniquito, en estado de embriaguez (totalmente borracho), se pondrá a cantar un pasacalles bajo la ventana de la casa de Catalina. Es la típica canción que se recita a las tantas de la madrugada, después de una buena juerga con borrachera. Moniquito, en medio de la canción, cogerá una escalera con la intención de subir a la casa de Catalina y poder besarla. Este tipo de enfoque patético, esperpéntico y jocoso supone una desautomatización y deformación de la típica escena seria y dramática del amante rondando a la dama bajo el balcón (como en Romeo y Julieta). El poema es una parodia grotesca de este momento dramático. Ahí radica el componente cómico del número.

La copla empieza con una octavilla en hexasílabos, sin apenas rima. En esta octavilla, el coro aparece recitando la tabla de multiplicar: dos por dos son cuatro, tres por dos son seis, tres por cuatro doce, dos por cinco diez

Este recurso era muy habitual en canciones infantiles de la época (recordad el Tengo una muñeca vestida de azul o Soy el farolero de la puerta del Sol que incluían versos matemáticos en su parte final). No obstante, en esta copla, no solo funciona como juego musical, sino también posee cierto trasfondo histórico. Recordemos que la zarzuela se desarrolla a mediados del siglo XIX. En esta época, lo normal en la gente joven era terminar casado a una edad temprana. El analfabetismo era muy elevado en aquel momento (sobre todo, en zonas rurales de La Mancha). Parecía que el único contacto con el mundo educativo consistía en aprender cuatro cosas para desenvolverse en la vida (leer, escribir, sumar, restar y multiplicar) y con eso era más que suficiente (había gente que ni eso). Una vez asimilaras estas lecciones básicas, ya no hacía falta aprender más. Muy poca gente estudiaba, pues los niños trabajaban desde muy pequeños para aportar a la economía familiar y apenas pisaban la escuela. Por eso en el poema se alude al hecho, de que una vez se ha aprendido la tabla de multiplicar, ya se ha cumplido con ese deber, ya se está educado, y por tanto, uno ya puede casarse y seguir con su vida: Ya me sé la tabla de multiplicar u antes del invierno me podrá casar. Fijaos cómo en un tema risible como este, se puede reflejar el crudo contexto sociocultural de la época.

La primera intervención de Moniquito en primera persona se materializa en una estrofa de 4 versos octosílabos, donde los pares riman en asonante y los impares quedan libres: si me adviertes al pedirte/ que no ties ventana baja/ No es el hijo de mi madre/ el que sube a tu ventana

Evidentemente, Moniquito tiene las intenciones de subir a la ventana para abrazar a Catalina, la cual no aparece ni habla en la copla, pero se supone que está (dentro de la casa). De todas formas, se puede deducir por el contenido del parlamento que la muchacha manchega no tiene especial predilección por Moniquito (el cual le pide a la chica que no ponga como excusa que tiene la ventana demasiado alta para evitar que suba…). Él quiere subir y lo va a hacer. Y nadie se lo va a impedir

La lítotes (no tiene ventana baja=tienes ventana alta) es una fórmula eufemística para evitar ser seco, descortés, duro o negativo en la respuesta al cortejo. Se supone que lo de la ventana es solo una excusa, un pretexto, que utiliza la amada para justificar la negativa al cortejo. En vez de rechazarlo de forma directa (no quiero nada), le pedirá que no se suba a la ventana, que está alta, y se puede caer de la escalera y hacerse daño. Es una manera elegante de decirle que no quiere nada con él. No está interesada. Y se ve que en este tipo de borracheras la escena de la ventana se ha repetido varias veces. No es la primera vez que pasa.

En los siguientes monólogos se puede observar una actitud muy coqueta y picarona de Monoquito, al cual no le importa mostrar sus verdaderas pretensiones a la dama. No se corta en airearlo delante de todos: aunque llegue arri(ba), aunque tu no quie(ras) si no está tu ma(dre), voy a darte un be(so)

El muchacho adopta un tono muy juguetón, muy retozón, muy travieso, rozando lo erótico, insinuando cosas subidas de tono que podrían pasar pero no las dice de forma explícita para no ser grosero, pero el lector se imagina lo que quiere decir: ya verás mujer la que te espera cuando suba yo por la escalera….cuando llegue arriba […] voy a darte un beso. El futuro (ya verás), la subordinada temporal (cuando llegue arriba) y la perífrasis de futuro próximo (voy a darte…) marcan el hecho como algo seguro, real, factible. Moniquito está dispuesto a besar a la chica. Sabe lo que quiere. Tiene las ideas claras

Este tipo de escena caracteriza perfectamente al protagonista como personaje plano, lineal y teatralizado: mezcla la brutalidad del hombre paleto, visceral, rural, y analfabeto (desde la exageración y la caricatura), y la deshumanización hacia la dama, como si fuera un objeto manipulable a sus necesidades e intereses, pudiendo hacer con ella lo que quiera (en contra de su voluntad).

Las intenciones parecen los preliminares de un juego erótico: el ladrón que entra a la casa a robar para al final terminar en la cama de la dama. La verdad es que Moniquito es una pieza de mucho cuidado. No obstante, solamente son intenciones, concepciones, pensamientos del chico que se pueden extraer a través del análisis literario de sus palabras. No conseguirá llevarlos a la realidad. No habrá escena amatoria. Solo cortejo sabiendo que no tiene ninguna posibilidad de conquista. Pura retórica sin culminación. Y eso se llama juego.

Esta actitud juguetona se traslada al ámbito del texto, de forma que en un momento de la copla, Moniquito formula frases, que deja sin terminar (la última palabra de cada verso la corta por la mitad, pronunciando la primera sílaba y dejando las última a imaginación del lector, como si fuera un enigma): Aunque llegue arri-, aunque tú no quie-, si no está tu ma-, voy a darte un be-.

Esto da mucha guasa a la canción (se invita al receptor a que complete las palabras…a entrar en el juego), además de dotar de realismo a la situación (todos están borrachos, la razón está en todos los lados menos donde tiene que estar, y en ese estado cuando hablamos, lo normal no es acabar las frases)

Es un mecanismo cómico, pero también enriquece la situación comunicativa, de esa noche de ronda y fiesta. Y en este tipo de contextos el amor se concibe como un juego, una diversión, un pasatiempo, un entretenimiento…como en la lírica provenzal.

Finalmente, el protagonista consigue subir a la ventana. Cumple lo que tenía en mente. Esto se marca mediante el adverbio deíctico de lugar: aquí estoy porque he subío. Observamos cierta actitud irónica, cuando Moniquito da recuerdos a la madre de la protagonista: Un abrazo de los fuertes ¡Y recuerdos pa tu madre!

Seguramente, a esta mujer (la madre de Catalina) no le haga gracia que su hija ande recibiendo cortejos amorosos por las ventanas, y más tratándose de alguien tan peculiar y cargante como Moniquito. Las relaciones prematrimoniales eran algo escandaloso en la época. Este tipo de escenas (armando escándalo a las tantas de la noche, insinuando ideas eróticas/sensuales…) eran un desprestigio para la familia. Por eso, mandar saludos a la madre de la chica, en un contexto como ese, dota de ironía y humor al tema.

Además, todos esos juegos casi eróticos (ya verás la que te espera cuando suba…) se han quedado en nada. Mucho ruido y pocas nueces. Agua de borrajas. Eso también crea un contraste muy humorístico. Al final, mucho piropo, mucho voy a hacer esto, voy a besarte, voy a abrazarte…y luego…nada de nada. Se va de ahí sin interactuar con la chica. De hecho, el encuentro en la ventana dura un instante, un suspiro…nada más llegar (aquí estoy porque he subido) se despide y se va (un abrazo de los grandes y recuerdos para tu madre). Comicidad pura.

El hecho de que la madre de Catalina esté en las cercanías, hace que Moniquito tenga que abortar la misión cortejo. Se supone que el amor es cosa de dos y los padres/hermanos/ amigos sobran según las reglas tradicionales amatorias: quiere darte un be-, pero se equivo-, porque está tu ma-, y van a ser po-. Tanta gente sobra en el terreno del querer jajajjaa. 

Ya en la segunda parte de la canción, podemos ver el descaro de Moniquito, el cual sabe de sobra que Catalina está pretendida por otro hombre y casi comprometida. A pesar de esto, él sigue insistiendo e intentando conquistarla, sin perder los ánimos. No obstante, dentro de esa actitud desvergonzada se pueden encontrar matices de hombre iluso, ya que a pesar de ser imposible el amor con la criada, él no se rinde ni quiere dar todo por zanjado, pues tiene esperanzas y cree que algún día podrán ser pareja, ya que ella se está equivocando en su decisión: Si al casarte no reculas…. Moniquito tiene más paciencia que el santo Job y a base de insistir una y otra vez y esperar el momento preciso, cree que todo llegará. Parece el típico personaje de las series de televisión que no para de seguir a la dama allá donde va, avasallando por todos lados, y no le importa hacer el ridículo, con tal de que le den algún mínimo de esperanza

Podríamos decir que el chaval se ha creado su propia realidad, vive en su mundo, en su coraza de inocencia e ingenuidad, donde las cosas funcionan a su manera: Pero si me enga(ñas)-, con un archidu(que)-, apaño me que(do)-, con un par de mu(las). Para Monoquito el rechazo amoroso no es algo dramático ni terrible. Si Catalina se casa con otro, pues el chico se queda contento con su campo, sus mulas y su casa. No pasa nada. No va a sufrir mal de amores ni depresiones. La vida es como un juego. Le dan calabazas y no le da la importancia que le dan otras personas. El chaval como si nada. A su bola. No mide la trascendencia de los acontecimientos vitales. Y el pobre se conforma con lo que tiene, aunque sea defectuoso o imperfecto: con un par de mu-, apañao se que-, porque si una es co-, ¡La otra es burricie-! Le da igual que una mula sea coja, y la otra ciega (el adjetivo burriciero es despectivo y se utiliza para designar a alguien que ve poco). Él es feliz con lo que tiene. 

Como podéis apreciar, este hombre tiene una forma de entender la vida muy inocente y peculiar. Su mundo parece un microcosmos, bien cerrado, con sus reglas y códigos propios, que chocan bastante con el de otras personas…pero él es feliz a su manera.

Una de sus creencias le lleva a equiparar a un mismo nivel de importancia las personas con los animales (en eso me recuerda al personaje de Azarías en los Santos Inocentes). La conjunción coordinada copulativa contribuye a nivelar y dar la misma trascendencia a una fémina y a una burra: tengo una mujer y un par de mulas. Evidentemente, en este caso el enfoque es cómico, a diferencia de la novela de Delibes que era más dramático

Tened en cuenta que es una persona que apenas ha viajado, nunca ha salido de esa finca manchega y no conoce mundo. Su universo es ese (los animales, el campo, la casa y para de contar). Por eso, tiene esa manera tan cerrada, limitada y peculiar de ver la vida.

Todo esto es un efecto buscado, potenciado y exagerado para dotar de comicidad a la copla y a la zarzuela. La exageración lleva a la risa y se crea la caricatura. No obstante, a pesar de lo cómico, jocoso y lúdico del tema, el comportamiento de Moniquito refleja implícitamente la realidad de un contexto histórico concreto (el mundo rural manchego del XIX). Entre tanta risa y juego, indirectamente hay un trasfondo que a mí siempre me gusta reseñar. El mundo agreste decimonónico estaba muy aislado e impedía a la gente conocer cosas, conocer gente, conocer lugares, tener nuevas experiencias. La gente se moría sin autorrealizarse, sin saber de la misa la media, sin entrar en contacto con otras culturas o mentalidades. Vivían encerrados entre cuatro paredes

Muchas veces la hipérbole y la caricatura acaban maquillando la realidad, como si fuera un juego frívolo que busca la comicidad. Sin embargo, los textos por muy humorísticos que sean y nos hagan reír, no es incompatible con el hecho de que nos puedan hacer reflexionar y entre sus entrañas podamos ver reflejadas formas de ver la vida y entender el mundo, cosmovisiones que han formado parte de una historia. Eso es la filología realmente (el conocimiento del mundo a partir de los textos). Y coplillas como estas pueden ser un buen ejemplo. La canción española no es un alarde de peinetas, gritos, agudos imposibles, batas de cola, lloros y toros. Es algo más que eso


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