jueves, 25 de marzo de 2021

Un hombre cabal: el amor es posible entre personas de clases sociales diferentes

Cuando escuchamos la palabra copla, enseguida se nos viene a la cabeza un inventario más o menos extenso de cantantes que la tradición (el pueblo llano) ha enmarcado en un canon.

En ese canon, la gente incorpora a aquellos artistas cuyas carreras alcanzaron el éxito comercial (Marifé, Concha Piquer, Juanita Reina, Rocío Jurado, Antonio Molina…), que son los que más sonaban en la radio de la época y se citaban en la prensa y la vida pública. Lamentablemente, en ese “club” no hay espacio para todo el mundo.

El mundo de la copla (al igual que el de la literatura, la pintura o el cine) es tan magno y competitivo que artistas muy buenos no han podido alcanzar el triunfo y reconocimiento de las grandes estrellas, siendo prácticamente marginados a la hora de establecer el catálogo de intérpretes más influyentes del género.

A pesar de su calidad, estos cantantes han sido eclipsados por los pesos pesados (los que venden discos). Por diferentes circunstancias, la gente olvida a estos artistas, que no son tan conocidos e incluso se catalogan de “menores”:

Hoy vamos a analizar un tema de una copletista que el público considera de segunda fila (no por su calidad, sino por su menor repercusión respecto a otras cantantes, por no estar en el mismo peldaño de gloria que Juana o Marifé). Se trata de Estrellita de Palma, la cual tuvo sus años dorados durante finales de los 40 y la década de los 50.

Al menos, sacó varios discos al mercado con relativo éxito. En general, fue una cantante que en su momento era más o menos conocida, pero con el paso de los años, los propios aficionados de la copla se olvidaron de ella. En el año 1958 cantó este pasodoble: Un hombre cabal

Enlace de la canción:https://www.youtube.com/watch?v=B_xHGsgpIgE


Yo te quiero aunque seas pobre

me jurabas noche y dia...

Pues más vale pobre y noble

que rica y con fantasías.

Por mucho que tiren piedras

pá separarnos a los dos

seremos como la hiedra

que hay clavada en mi balcón.

 

Tú eres un hombre cabal

que se fijó en mi alegría

sin tener cuenta pá ná

los caudales que tendría.

Me quieres desde tu torre

igual que te quiero yo

y no hay nadie que te borre

de tu corazón mi nombre

castillos de nieve son.

Que tú eres un hombre cabal

y no quieres fantasías.

 

Aunque tú tengas cortijos

y una manta de olivares

como hay Dios, estoy de fija

que me lleve a los altares

¡que te importa mi pobreza

ni que no tenga blasón!

tú no quieres más riquezas

que las de mi corazón.

 

Tú eres un hombre cabal

que se fijó en mi alegría

sin tener cuenta pá ná

los caudales que tendría.

Me quieres desde tu torre

igual que te quiero yo

y no hay nadie que te borre

de tu corazón mi nombre

castillos de nieve son.

Que tú eres un hombre cabal

y no quieres fantasías.

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La copla es portadora de uno de los temas más explotados en la historia de la literatura: la historia de amor entre dos personas de clases sociales diferentes. En este caso, la mujer pertenece a un nivel humilde-bajo. Pasará apuros económicos y no tendrá propiedades ni riquezas. Él pertenece a una familia adinerada, con una vida llena de lujos y ostentaciones, y mucho prestigio.

En los años 50, el poder económico y la clase social constituían un fuerte hándicap para la consecución de la relación amorosa. Muchos padres acaudalados querían que sus hijos se casaran con otra persona de la misma clase social para mantener ese estatus, ese orgullo, ese honor y para que la unión de dos familias de bien diera lugar a un linaje más rico y poderoso.

En esta época era un deshonor que una persona rica se casara con una persona pobre, ya que rebajabas la categoría de la nueva familia creada.

Sin embargo, el personaje masculino de esta copla (el hombre cabal) pasa completamente de todas estas convenciones sociales, y él estará empeñado en querer y amar a su amada (aunque sea pobre y de una clase social inferior).

En los inicios del blog, si recordáis, analizamos una copla que se titulaba Yo no quiero comer contigo. En esta canción los personajes también eran de clases sociales diferentes, y se creaba una separación, un distanciamiento, un alejamiento, ya que cada miembro estaba anclado en su nivel social y no se producía la unión.

En un hombre cabal sucede todo lo contrario. Los amantes tienden a acercarse, a atraerse, a formar una unidad (hay AMOR). A él le da igual la clase social y quiere a ella por su personalidad, por sus cualidades espirituales.

En los estribillos y la segunda estrofa la mujer habla en primera persona. Es la voz poética del tema.

En la primera estrofa, la amada introduce un diálogo en estilo directo, en el que habla el hombre: Yo te quiero aunque seas pobre, me jurabas noche y día.

Aquí la protagonista se convierte en una mera narradora, que se limita a introducir las palabras del hombre mediante el verbo dicendi, (jurar), para después desaparecer hasta el estribillo.

Por tanto, en la primera estrofa, las palabras y punto de vista del hombre cobran el protagonismo. En los estribillos y la segunda estrofa, la voz femenina toma las riendas

La oración subordinada concesiva contiene una traba, una dificultad, que a pesar de ser un problema (de cara al contexto social) no va a impedir que se produzca el hecho amoroso: Yo te quiero aunque seas pobre.

La antítesis prolonga ese estado de amor en el tiempo, eternizándolo: Yo te quiero […]. Me jurabas noche y día.

El personaje masculino no tiene en cuenta factores económicos o sociales para querer a su amada, sino psicológicos, espirituales. Él prefiere a una persona humilde, con los pies en el suelo, que sea buena persona, agradable en el tratamiento.

Esas preferencias se expresan mediante las antítesis: Más vale pobre y noble que rica y con fantasía.

La palabra noble no tiene que ver con lo social (clase alta), sino con lo psicológico y lo moral. La chica es generosa, digna de estimación, carece de maldad. Tiene un corazón que ya quisieran muchos.

El hecho de utilizar un término sociológico (noble) en un contexto semántico de personalidad (noble: generoso) crea un pequeño juego irónico, y más tratándose de un poema que habla de clases sociales.

Se crea una unión sólida entre hombre y mujer, hecho que nos recuerda a la mística, ya que dos entes se fusionan en uno solo. Esto se representa con la comparación: Seremos la hiedra que hay clavada en mi balcón.

La hiedra es un vegetal que aparece pegado a las paredes de las casas. Los dos amantes están tan unidos como la hiedra al balcón, pues son inseparables.

Cuando se está enamorado de verdad, es normal recurrir al viejo tópico cancioneril de que no habrá nada ni nadie que separe a los amantes.

Se crea una imagen truculenta, violenta e inestable para representar la oposición, la desaprobación (la sociedad no ve con buenos ojos este tipo de unión entre clases sociales tan diferentes): por mucho que nos tiren piedras pa separarnos a los dos, seremos como la hiedra….

La estampa de la gente tirando piedras simboliza el odio, el rechazo. Todo lo que se salga de las convenciones y normas establecidas se considera anormal y lo no normal puede ser criticado, rechazado y atacado.

El texto dibuja una imagen positiva de los dos amantes. El léxico denota y connota ideas que refuerzan la moral de los personajes: cabal, noble, alegría…

La mujer se muestra muy agradecida y utiliza el estribillo para homenajear y reconocer la bondad, la sensatez y la filosofía de vida de su amado, el cual se ha dejado llevar por el corazón y no por las convenciones de la época (decide estar con ella porque le gusta como es, sin importar el dinero y los comentarios de la gente): Tú eres un hombre cabal que se fijó en mi alegría, sin tener en cuenta pa ná, los caudales que tendría

Las oraciones de relativo (que se fijó…, que tendría), además de facilitar la rima y el ritmo, matizan las circunstancias del hombre (él es rico, tiene dinero y se enamora de alguien pobre, prevaleciendo la persona sobre la condición económica).

El caudal es metáfora de la abundancia, del dinero, de la riqueza. Un río caudaloso es el que lleva mucha agua. Una persona caudalosa es la que posee un patrimonio importante

La apócope (pa ná= para nada) refleja el modo de hablar de niveles socioculturales bajos. La amada pertenece a una clase pobre y humilde. No pudo estudiar. Es normal que no cuide la dicción ni la pronunciación.

Las expresiones lingüísticas se acercan a la coloquialidad. Lo espontáneo, lo natural, lo cotidiano puede llegar a emocionar tanto como lo literario y artificioso. Se puede crear poesía en un registro doméstico. Lo instintivo suele transmitir mucha sinceridad, ya que sale del alma

Un recurso bastante utilizado en la poesía de la copla es representar al hombre en una posición de superioridad respecto a la mujer (el altar, el pedestal, el barco sobre el mar). Para eso, se recurre a la vieja metáfora modernista de la torre: Me quieres desde tu torre igual que te quiero yo. En este contexto, la imagen puede interpretarse de dos formas

1.                 El hecho de elevar a alguien, implica quererlo, amarlo, desearlo. El yo considera que el amado es alguien importante en su vida. Ocupa un lugar privilegiado 

2.                 En la escala socioeconómica, el hombre se sitúa en un escalón superior (es rico). Sin embargo, a pesar de esa barrera, el amor sigue siendo igual de válido y auténtico. Aunque él sea adinerado (esté en la torre) y ella pobre (esté en el suelo) el deseo es fortísimo.

Yo creo que las dos interpretaciones pueden darse perfectamente a la vez en el poema.

Otra metáfora para expresar el amor es la del tatuaje. Ya os comenté hace unas semanas que el tatuaje simboliza aquellas cosas que nos marcan para toda la vida, dejan huella. Cuando alguien es importante para nosotros, nos deja una señal que perdura y nos acompaña siempre.

La protagonista hace alusión a esto en el estribillo: No hay nadie que te borre de tu corazón mi nombre.

El hipérbaton, además de embellecer la expresión y hacerla más dulce y armónica para el oído, permite a la mujer homenajear al hombre, hace que cobre más importancia y protagonismo en el poema. Él se antepone, y ella pospone en la estructura sintáctica. Es otra forma más de expresar el sentimiento de afecto.

La segunda estrofa empieza igual que la primera: el hecho de ser rico no impedirá la consecución de la relación amorosa. En la oración subordinada concesiva se representan las riquezas, aquellos elementos valiosos que le hacen al personaje masculino pertenecer a la clase alta (que normalmente, son propiedades y terrenos en el campo)

Los obstáculos económicos no afectarán a la relación amorosa: Aunque tú tengas cortijos y una manta de olivares, como hay Dios, estoy de fija que me lleve a los altares.

Parece que hay una fuerza que ordena, regula y armoniza las cosas, dando a cada uno lo que merece: dos buenas personas, muy parecidas y semejantes, (sin importar la clase social) el destino les ha hecho unirse

El final de la copla resulta contundente y claro. La riqueza y el poder no están tanto en las propiedades, los cortijos, el dinero, los escudos, banderas familiares (blasones) o los grandes linajes, sino en ser feliz con la persona que quieres, poder pasar tu vida con ella. Eso es lo que proporciona felicidad y riqueza: ¡Qué te importa mi pobreza ni que no tenga blasón!  Tú no quieres más riquezas que las de mi corazón

La mujer no tendrá dinero, no tendrá categoría social suficiente, pero sí mucho amor que ofrecer al hombre, llegando a ser más valioso que todo el oro del mundo.

lunes, 15 de marzo de 2021

Bésame mucho (Antonio Machín): el bolero que nos invita a disfrutar del amor presente

Hoy vamos a analizar uno de los boleros más emblemáticos de la historia de la música. Fue creado en 1940 por la pianista y compositora mexicana Consuelito Velázquez para la voz de Emilio Tuero. Posteriormente fue versionado por numerosos artistas mundiales como Pedro Infante, Los Beatles, Luis Miguel, Il Divo, Thalía, Sara Montiel o Los Panchos, además de aparecer como banda sonora de películas como La fiesta del chivo, Let it be, La sonrisa de Mona Lisa, Grandes Esperanzas o El embrujo de Shangai. Estamos hablando de Bésame mucho.


Enlace de la canción: https://www.youtube.com/watch?v=wO9jThnPyXo

Bésame, bésame mucho
Como si fuera esta moche
La última vez

Bésame, bésame mucho
Que tengo miedo a perderte
perderte después

Bésame, bésame mucho
Como si fuera esta noche
La ultima vez

Bésame, bésame mucho
Que tengo miedo a perderte
Perderte después

Quiero tenerte muy cerca
Mirarme en tus ojos
Verte junto a mí
Piensa que tal vez mañana
Yo ya estaré lejos
Muy lejos de aquí

Bésame, bésame mucho
Como si fuera esta noche
La ultima vez

Bésame, bésame mucho
Que tengo miedo a perderte
Perderte después

Bésame, bésame, bésame, bésame mucho (bis)

Como si fuera esta noche
La ultima vez

Bésame, bésame mucho
Que tengo miedo a perderte
Perderte después

Quiero tenerte muy cerca
Mirarme en tus ojos
Verte junto a mí
Piensa que tal vez mañana
Yo ya estaré lejos
Muy lejos de aquí

Bésame, bésame mucho
Como si fuera esta noche
La ultima vez

Bésame, bésame mucho
Que tengo miedo a perderte
Perderte después

Bésame, bésame, bésame, bésame mucho (bis)

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El yo poético de la canción adopta una actitud vitalista y apasionada ante la relación amorosa. Ya hemos dicho muchas veces que el amor es fuente de plenitud, purificación del espíritu, satisfacción, felicidad. ¿Cuál es el problema? Que el amor puede acabarse, ya sea porque surja el desdén (rechazo, incompatibilidad, desgaste) o porque el otro fallezca. 

Por eso es importante disfrutar del presente, gozar del amor en el momento de máxima plenitud, vivir con intensidad el instante actual. No sabemos qué pasará mañana. Ni falta que hace. El mensaje que quiere transmitirnos la canción es que vivamos el presente (en el contexto del amor) con fuerza, con energía, con entusiasmo, con pasión. Luego se acaba y llegan los lamentos. Por eso, hay que disfrutar cada momento como si fuera el último.

La pasión del sentimiento se manifiesta muy bien con los imperativos del yo poético al amado: “Bésame, bésame”. El beso implica fusión, unión, entre los amantes. Esto nos evoca a la mística: dos entes que están separados se unen. El cuantificador (mucho) enfatiza la idea de intensidad, cantidad. Hay que vivir el sentimiento al máximo posible y gozarlo. La subordinada modal (“como si fuera esta noche la última vez”) indica la forma que debe vivirse ese amor. Cada día que dura ese amor es un regalo nuevo, y hay que aprovecharlo al máximo, porque nunca sabemos que puede pasar mañana. De ahí el ordinal que indica final, cierre de la serie (última vez).

Las estrofas están compuestas de imágenes que implican cercanía entre los amantes. Es la cercanía necesaria para la unión amorosa: “Quiero tenerte cerca, mirarte a los ojos, verte junto a mí”. La similicadenica del pronombre de segunda persona (tenerte, mirarte, verte) enfatiza la trascendencia que la otra persona tiene en nuestra vida.

Si os dais cuenta, los verbos son sensoriales (mirar, ver) y de posesión (tener). Lo que el ser humano siente y posee es lo único que tiene en el momento presente. Es lo único seguro. El yo poético busca el regocijo en el aquí y el ahora. El pasado y el futuro son conceptos no tangibles (uno porque ya pasó y otro porque no sabemos si pasará). El presente es lo único que es seguro. Por eso, el yo transmite en el poema esa necesidad de querer irradiar y materializar el amor con tanta pasión y tanto extasío.  El verbo de voluntad (quiero) es síntoma de que el yo poético tiene clara su concepción de la vida, y quiere llevarla a cabo para sentirse pleno. Hablando en lenguaje del siglo XXI diríamos que adopta una postura muy mindfulness.

El adverbio de duda dota al futuro de un carácter incierto, indefinido, vacilante, desconocido: “Piensa que tal vez mañana…”. Nunca sabemos qué es lo que pasará. Ese “tal vez” es clave en este bolero. Todo lo que digamos hoy son suposiciones que no sabemos si serán o no serán. A lo mejor el futuro es bueno…o a lo mejor es malo. No lo sabemos. En el caso de que sea negativo y se produzca la separación amorosa, tal como se expresa en la anadiplosis (“yo ya estaré lejos / muy lejos de aquí”), debería servir de motivación y energía para encauzar el presente. 

Lo mejor que se puede hacer es disfrutar del esplendor amoroso en su máximo intensidad y eso que nos llevamos para nuestro espíritu. Luego pasará lo que tenga que pasar, pero si mientras tanto no disfrutamos…pues vaya martirio de vida siempre pensando en el futuro. Ese imperativo cognitivo (piensa) es una forma de hacernos recapacitar, tanto al amado como al receptor de la canción, y que aprendamos a tomarnos la vida de esa manera, y pensar más en el presente y menos en el futuro.

Desde la tradición poética renacentista el amor generaba miedo al enamorado, ya que la plenitud desembocaba en pena, tristeza, frustración e insatisfacción cuando la relación terminaba. El miedo a perder a la dama, a que fallezca, a que la relación se desgaste, a quedarse solo. De ahí esos temores e inseguridades del yo poético: “Que tengo miedo a perderte después”. La mejor manera de convivir armónicamente con esos miedos y que no hagan mella en nuestro espíritu (ojo…convivir no quiere decir anular/erradicar/fulminar…los miedos siempre estarán ahí), es aprender a vivir la vida desde el presente.

Todos los versos son de arte menor: hexasílabos (la última vez), heptasílabos (mirarme en tus ojos) y octosílabos (como si fuera esta noche). No hay sistema de rimas.

En fin…un bolero que nos demuestra que la sensualidad y la filosofía no están reñidos. Y una canción como esta puede transmitir amor y sentimientos, pero también enseñarnos a vivir un poquito mejor.

martes, 2 de marzo de 2021

Te lo juro yo: no te das cuenta de lo que tienes hasta el mismo día en que lo pierdes

La canción que os traigo hoy es uno de los temas más socorridos y recurrentes en los conciertos y certámenes de copla. Casi todo el mundo que se inicia en este mundillo la ha cantado alguna vez.  Fue compuesta alrededor de 1940 por el poeta Rafael de León (letra) y el maestro Quiroga (melodía) para la voz de Estrellita Castro. Años después llegarían las versiones más exitosas, que son las de Miguel de Molina, Lola Flores, Rocío Jurado, Miguel Poveda e Isabel Pantoja. Esta tarde analizaremos Te lo juro yo.




Yo no me di cuenta de que te tenía

hasta el mismo día en que te perdí.

Y vi claramente lo que te quería

cuando ya no había remedio pa mí.

 

Llévame por calles de hiel y amargura,

ponme ligaduras y hasta escúpeme;

échame en los ojos un puñao de arena;

mátame de pena, pero quiéreme.

 

Mira que te llevo dentro

de mi corazón,

por la salucita de la madre mía

te lo juro yo.

 

Mira que pa mí en el mundo

no hay na má que tú

y que mis sacáis, si digo mentira,

se queden sin luz.

 

¡Por ti contaría la arena del mar!

¡Por ti yo sería de capaz de matar!

Y que si te miento me castigue Dios,

eso con las manos sobre el evangelio

te lo juro yo.

 

Ya no eres el mismo que yo conocía

el que no veía na más que por mí.

Que ahora vas con una distinta ca día

y en medio yo muero de celos por ti.

 

Claro que la culpa de que esto pasara

no la tuvo nadie, nadie más que yo.

Yo que me reía de que esto acabara

y luego he llorado porque se acabó.

 

Mira que te llevo dentro

de mi corazón,

por la salucita de la madre mía

te lo juro yo.

 

Mira que pa mí en el mundo

no hay na má que tú

y que mis sacáis, si digo mentira,

se queden sin luz.

 

¡Por ti contaría la arena del mar!

¡Por ti yo sería de capaz de matar!

Y que si te miento me castigue Dios,

eso con las manos sobre el evangelio

te lo juro yo.

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El fin de la relación amorosa, el valorar lo que tenías una vez lo has perdido (con sus consiguientes lamentaciones), la necesidad de amar y ser amado, la expresión del sentimiento con hechos y palabras (en forma de juramentos, promesas, imágenes truculentas…), la búsqueda de un culpable causante del desamor, o los celos provocados al ver a tu pareja con otra persona son algunos de los núcleos temáticos de esta copla.

El yo poético ha mantenido una relación amorosa fallida con un hombre. Cuando un amorío termina, llegan los lamentos, las reflexiones, las inquietudes, los reproches, las autocríticas, que tienen como pretensión entender el porqué de esa ruptura. Por eso, la voz lírica analiza el querer desde una perspectiva madura y objetiva, que le va a servir para desnudarse emocionalmente y sincerar sus sentimientos.

Un tópico muy explotado en el contexto del final de una relación consiste en valorar y dar importancia a aquello que acabas de perder y no sabes lo feliz que te hacía. Muchas veces, el ser humano no se da cuenta de las cosas buenas que está viviendo, y solo cuando las pierde toma consciencia de lo importante que eran en su vida. Entonces, surgen los lamentos por haber dejado atrás aquello que amaba, y el anhelo por recuperar lo perdido

Mientras tenemos al lado a una persona, no nos damos cuenta de lo fundamental que es en nuestra existencia. La infravaloramos. Cuando deja de formar parte de nuestra vida, la añoramos, lloramos, deseamos volver atrás, llegamos a la conclusión de que hemos cometido un error dejando escapar a alguien tan importante.

Las oraciones subordinadas temporales marcan ese punto de inflexión, cuando el yo poético se da cuenta de que su amado era alguien muy importante, y quizá, no lo ha valorado lo suficiente: Yo no me di cuenta de que te tenía, hasta el mismo día en que te perdí, Y vi claramente lo que te quería, [u]cuando ya no había remedio para mí

La acumulación de marcas de primera persona enfatiza el carácter introspectivo del tema, ya que estamos ante una copla en la que el yo poético descarga todas las emociones que lleva dentro.

Estas huellas consisten en formas pronominales (YO no ME di cuenta, remedio para MÍ) y verbales (di, tenía, perdí, vi, quería). Cuando en un poema se apelotonan tantos marcadores de primera persona en un corto espacio, es porque la voz lírica está dando rienda suelta a sus pensamientos, sentimientos, que dan lugar a un flujo de consciencia.

El hecho de que la protagonista se dé cuenta de lo importante que era su pareja, crea una necesidad de amar y ser amada. Esa dependencia se marca con imágenes intensas, viscerales y truculentas, que recuerdan al “Dime que me quieres” de Concha Piquer. En los siguientes párrafos las analizaremos. La mujer, ahora que ha perdido al novio, toma consciencia de lo vital que era en su devenir, y quiere rectificar.

Mediante la similicadencia, es decir, la repetición de palabras con el mismo accidente gramatical (en este caso, imperativo pronominal de primera persona: Llévame, ponme, escúpeme, échame, mátame…), la protagonista hace súplicas al amante para que vuelva. No le importa colocarse en una posición de inferioridad respecto al novio. Le daría igual ser humillada, vejada o masacrada físicamente con tal de volver con él:

1. Llévame por las calles de miel y amargura. A la mujer no le importa autocosificarse, y convertirse en un objeto sometido al capricho del hombre. Todo lo que él decida o diga (sea bueno [miel] o malo [amargura]) va a misa. Ella se considera una especie de esclava/creyente, y eleva al novio a la categoría de amo/Dios. Por eso, está dispuesta a cumplir con todo lo que él disponga.  

La miel y la amargura son metáforas sensitivas, ya que relacionan la subjetividad del gusto humano con el tipo de experiencias vitales. Lo dulce se asocia con lo positivo (el sabor de un caramelo o un terrón de azúcar genera sensaciones agradables y placenteras en la boca), mientras que lo amargo es lo negativo (los alimentos agrios como el limón o el vinagre causan en la lengua un efecto muy incómodo).

2. Ponme ligaduras y escúpeme.  La protagonista se convierte en una mártir humillada y sufridora. Esta estampa recuerda a la imagen de Jesús atado en la cruz y escupido por sus enemigos (tal como se describe en los Evangelios). Resulta curioso recurrir a una imagen cuasi religiosa en un contexto profano como este. Lo que está claro es que al yo poético le da igual rebajarse, le da igual el honor, le da igual su integridad física y psicológica. Se ha dado cuenta del error y quiere rectificar, aunque sea a costa de su dignidad.

3. Échame en los ojos un puñado de arena. Esta imagen es igual de violenta que las anteriores, aunque está dulcificada por el cuantificador coloquial “un puñado de”.

Los ojos son un elemento imprescindible para la existencia humana. Permiten la aprehensión de la realidad. Sin globos oculares, una persona no sería persona y no podría disfrutar y percibir la vida igual. La imagen que se crea es terrible (ceguera). Un ser que no ve genera en el resto de personas sensaciones muy angustiosas. A la chica no le importa atentar contra ese sentido tan importante (vista), con tal de volver a la situación anterior

4. Mátame de pena pero quiéreme. La fuerza de la hipérbole (matar de pena) contrasta con la sencillez y el simplismo de la acción verbal (quiéreme). La protagonista sería capaz de TODO por volver al pasado. La coordinada adversativa (pero…) intensifica la urgencia de recibir ese amor.

Al igual que en el “Dime que me quieres”, la mujer da mucho (esas cuatro imágenes tan truculentas y terribles) a cambio de algo aparentemente sencillo (quiéreme). La altisonancia en las formas de proceder de ella, no se corresponden con el intimismo que le pide a él.

De todas formas, aunque ella el “quiéreme” lo vende como si fuera algo sencillo, yo creo que de sencillo tiene poco. El amor no es ni lógico, ni matemático, ni funciona con reglas. Es algo tan caótico, caprichoso e impredecible que resulta difícil de definir. Por tanto, por mucha humillación y por mucho mátame, pégame, haz conmigo lo que quieras, si él no quiere volver está claro que no va a haber reconciliación.

Para que se fragüe una relación es necesario que el sentimiento sea mutuo y recíproco, y si una de las partes no siente lo que tiene que sentir, no sirve de nada rasgarse las vestiduras. Aunque el “quiéreme” suene bonito e intimista, no es fácil llevarlo a cabo. No se puede obligar a la gente a sentir y querer a otra persona.

En el estribillo, la protagonista hace una declaración de amor al hombre (Mira que te llevo dentro de mi corazón), a modo de confesión. Ella quiere demostrar que sigue enamorada de él a pesar de la mala experiencia que han vivido, y es capaz de cualquier cosa con tal de arreglar la relación.

Cuando se hace un juramento, la gente recurre a elementos valiosos o trascendentes de la vida (la familia, la salud, lo religioso…). Esto es lo que hace la mujer: Por la salusita de la madre mía, te lo juro yo.

El hipérbaton (se adelanta el suplemento a primera posición oracional y se pospone el sujeto) es reflejo de la inestabilidad y perturbación emocional del yo poético (lo está pasando mal y quiere remediarlo todo).

El diminutivo y el seseo (salud<salusita) dan un aire espontáneo y natural a la expresión del yo. Lo dialectal y lo sociolectal no hay que verlo como algo antipoético. Todo lo contrario: un elemento del lenguaje coloquial y cotidiano (el diminutivo ITA, el imperativo MIRA con función apelativa, la síncopa del participio ADO<AO) puede llegar a emocionar igual o más que un elemento del lenguaje poético (una metáfora, una imagen, una personificación).

El hecho de usar un lenguaje conversacional (el que una persona normal, del pueblo, sin mucha formación cultural, utilizaría en los años 40) da sinceridad emocional al proceso dramático.

En el estribillo se recurre a algunos tópicos herederos de la lírica medieval provenzal, como el hecho de considerar al amante el centro del mundo. Cuando estás enamorado, da igual todo lo demás. Es el amor ciego: Mira que pa mí en el mundo no hay na más que tú. Una persona enamorada no ve más allá de sus narices. Se centra en el amado.

La apócope (para<pa, nada<na), permite al espectador acercarse más al personaje y a identificarse con él (por la forma de hablar típica de alguien del pueblo, de origen humilde, como el oyente estándar de un espectáculo de copla). Mucha gente de la calle habla así. Y por tanto, le gusta contemplar en las letras formas de expresar cotidianas y coloquiales. No olvidemos que la copla es poesía popular (como el romancero) y una manera de enganchar al público es empleando sus mismas formas de hablar.

Por eso, también se recurre a palabras del lenguaje calé (lenguaje gitano): Y que mis sacáis si digo mentiras, se queden sin luz. “Sacáis” significa “ojos”.

Como veis, la protagonista, para hacer un juramento, es capaz de poner en riesgo su propia vista (el sentido vital por excelencia). La luz es metáfora de lo visible (de lo que se puede percibir con los ojos). Ella jura una y otra vez que sigue enamorada del chico, y es capaz de quedarse ciega si miente: yo te sigo queriendo, y si es mentira, que mis ojos no puedan ver más jejejjee.

Otro tópico provenzal consiste en jurar cosas imposibles por amor. Son cosas que todos sabemos que no son factibles para llevarse a cabo en el mundo real, pero cuando estamos enamorados, las decimos, como una forma de demostrar que nuestro sentimiento es verdadero. Estos juramentos imposibles se proyectan con estructuras exclamativas en paralelismo: ¡Por ti, yo sería capaz de matar!, “¡Por ti, contaría la arena del mar!

El hecho de matar por amor es una imagen truculenta y violenta, que recuerda al teatro del honor de Lope o Calderón, o al drama romántico más exaltado de las primeras décadas del XIX (Zorrilla, Espronceda…)

La imagen de contar la arena del mar es más suave, pero también resulta expresiva, ya que es símbolo de lo inviable, de lo utópico, de lo irrealizable (es imposible contar los granos de arena de una playa). Todo el mundo, cuando estamos enamorados decimos tonterías, prometemos cosas inasequibles, somos capaces de realizar acciones inútiles, absurdas, improductivas…¿Qué sentido tiene poner números a un concepto no contable (arena)? Lo hacemos para parecer guais delante de la amada y demostrar que por su amor somos capaces de hacer cualquier cosa.

Y por supuesto, cuando alguien hace un juramento es típico evocar elementos religiosos (a Dios, la Virgen, los santos, los Evangelios…). Lo sagrado se caracteriza por su alto valor e importancia (sobre todo, en una sociedad de mentalidad puritana como la de los años 40), así que es una manera de dar fuerza y autoridad a nuestras palabras es jurar por elementos sagrados, como hace la chica: Y que si te miento, me castigue Dios, Eso con las manos, sobre el Evangelio, te lo juro yo.

Como veis, se recurre a una imagen medievalizadora de Dios, un Dios que castiga, que juzga, que impone penas terribles. De todas formas, esta costumbre de jurar por Dios y por la Virgen queda todavía en nuestro lenguaje actual. Aunque una persona no sea devota ni religiosa, seguro que más de una vez ha dicho cosas como “Te lo juro por Dios”. El lenguaje de esta copla todavía sigue vigente hoy en día.

En la segunda estrofa la protagonista adopta una actitud menos truculenta y más distante respecto a la situación dramática, aportando nuevos matices al marco lírico-narrativo.

En primer lugar, la mujer reconoce que ha habido un cambio, una transformación, una metamorfosis en la psicología del amado: Ya no eres el mismo que yo conocía. El adverbio de tiempo (ya) permite actualizar la visión de los hechos, de forma que ella intenta convencerse de que la manera de actuar de este hombre no le va a aportar nada bueno, y por tanto, la decisión de dejarlo fue la correcta.

En vez de actuar de forma pasional y violenta ante el desencanto, el yo poético prefiere analizar y reflexionar la situación de una forma objetiva, mesurada y templada.

Un mecanismo de defensa habitual en un contexto de final de relación es reconocer que ha habido un giro (real o imaginario) en la conducta del amado, que lleva el desencanto, con el objetivo de buscar consuelo, en plan “ya no eres del mismo del que me he enamorado, y por tanto, no merece la pena seguir contigo”. Es una forma de utilizar la lógica y el raciocinio dentro de ese contexto de amargura, y así llegar a una situación de cierta serenidad (o falsa serenidad jejjeje).

Teniendo en cuento el estribillo, está claro que la protagonista sigue enamorada del chico, así que esta parte de la copla hay que interpretarla como un mecanismo de defensa: ella sigue enamorada, pero busca razones para no estarlo y convencerse a ella misma, aunque no sirva para nada, ya que sabe que es imposible desenamorarse

Cuando una persona está calada hasta los huesos de otra, entran en juego uno de los peores sentimientos: los celos. Por lo que se ve, el yo poético siente rabia al ver a su ex con otras mujeres: Que ahora vas con una distinta ca día.

Para que existan celos, debe existir amor. Una persona está celosa porque está enamorada de otra. Si no estuviera enamorada no habría celos (ya que le daría igual con quién estuviera esa otra persona). Los celos aparecen proyectados en la hipérbole: Y en medio yo muero de celos por ti. Por tanto, ella sigue enamorada, y lo de la metamorfosis es solo un mecanismo de defensa para autoconvencerse (inútilmente) de que ese hombre no es para ella.

La protagonista ve los celos como un castigo divino, por haber cometido una serie de errores o fallos en la manera de concebir la relación con este chico. Hay un intento de buscar un responsable, un culpable, un agente causante de todo esto. La chica hace autocrítica, y analiza en qué medida ella ha podido contribuir al fracaso: Claro que la culpa de que esto pasara no la tuvo nadie, nadie más que yo. Su conclusión es rotunda y contundente.

“Claro” funciona como un marcador textual de refuerzo, que da autoridad a las palabras, síntoma de que la cabeza y la razón se han impuesto sobre la locura y el descontrol. Cuando la gente está desbordada, tiende a culpar al prójimo de todo lo que pasa. En cambio, la protagonista, razona y ve las cosas con objetividad y autocrítica. Para desvelar su análisis de la realidad, la mujer no solo dice quién fue el culpable, sino también quién no es el culpable para su teoría clara: La culpa de esto no la tuvo nadie, nadie más que yo.

La predicación de algo mediante su negación se conoce como lítotes (la culpa no la tuvo nadie). La geminación de nadie ayuda al yo a enfatizar su autoinculpación. Si se hubiera tomado la relación de otra manera, nada de esto habría pasado. La penitencia es ver a su amado feliz con otras mujeres.

La copla termina de la misma manera en que empezó. La voz poética, ahora que ha perdido a su amado, se arrepiente profundamente de no haberlo valorado. El ser humano no sabe disfrutar de las cosas mientras las tiene. Solo se lamenta cuando las ha perdido: Yo que me reía de que esto acabara, y luego he llorado porque se acabó.

La risa simboliza la intrascendencia, el hecho de no valorar la importancia que algo tiene en nuestras vidas (ese ha sido su error). Las lágrimas simbolizan la triste y cruda realidad (por no saber valorar lo que tienes, ahora sufres unas consecuencias, que es vivir sin la persona que quieres).  

El poliptoton (el verbo acabar aparece en imperfecto de subjuntivo acabara y en perfecto de indicativo acabó) establece el contraste entre lo superficial (no demostrar valor a alguien) y lo profundo (la realidad, que es quedarte solo). La antítesis reír-llorar también ayuda a marcar esto.

La protagonista reconoce no haber estado a la altura, ya que no ha sabido valorar lo suficiente a su amado. Por tanto, ella ha sido la culpable y merece lo que le está pasando. Los celos son el castigo

Como veis, es una copla bastante intensa sin necesidad de recrearse en el morbo o profundizar en detalles de la ruptura. De hecho, en el poema no se dejan claros los motivos de la separación. Lo importante son los sentimientos que se generan y la actitud de la protagonista, la cual reconoce errores (no valorar lo que tenía). Eso es mucho más poético que el marujeo de saber por qué no salió bien la relación.

Mucha gente banaliza, juega, frivoliza con las personas que forman parte de su vida (como las tienen, se permiten el lujo de hacerles daño, de provocarles sufrimiento, de llevarles al límite), pero luego cuando las pierden llegan los lloros, los lamentos y los arrepentimientos.

Por tanto, la copla tiene una moraleja: hay que luchar por lo que uno quiere, disfrutar de las cosas, y a la vez cuidarlas, ya que luego es muy triste saber que las has perdido. La protagonista ha acabado admitiendo sus fallos. Esos errores son lo que han provocado su desgracia y ya es demasiado tarde para solucionarlo (por mucho “te juro”, “daría mi vida por ti” o por mucho que intente buscar falsos consuelos).

Métricamente, las estrofas están formadas por serventesios de versos dodecasílabos, es decir, 4 versos de arte mayor. El primero rima con el tercero y el segundo con el cuarto (12A 12B 12A 12B). En la primera estrofa, hay una irregularidad, ya que amargura no rima con arena: 12- 12A 12- 12A

En el estribillo detectamos una mayor irregularidad, ya que hay versos hexasílabos (te lo juro yo), octosílabos (mira que te lleve dentro) y dodecasílabos (Eso con las manos sobre el Evangelio). Los versos pares riman en asonante (corazón-yo, tú-luz). El resto son libres. Dentro del estribillo hay un pareado (Por ti contaría la arena del mar/Por ti, yo sería capaz de matar).