martes, 28 de julio de 2020

Mesonera de Aragón: la tabernera que rechazaba pretendientes a ritmo de jota


Ya os he comentado en más de una ocasión que la copla es un género muy permeable, pues absorbe, aglutina y fusiona diferentes ritmos y estilos, de procedencia muy diversa, sin ningún tipo de problema. Así tenemos temas en forma de pasodoble (En tierra extraña), de tango (Vino amargo), de tanguillo (El gazpacho), de vals (Tatuaje), de zambra (Te he de querer mientras viva), de bolero (Dos cruces), de habanera (Mañana sale), de ópera (Canción del sembrador), de charleston (Al Uruguay) o de balada (Como yo te amo)

Como veis, la variedad de tendencias que encierra la canción española es asombrosa. Así podemos encontrarnos cosas tan interesantes como la que os traigo hoy: una copla en forma de jota, del año 1961, interpretada por voces como Imperio de Triana o Flores de Navarra. Se titula Mesonera de Aragón.  Así descansamos un poco de tanto drama, que con la Magdalena de ayer ya nos empachamos de miserias.



Quien va por la carretera

Mesonera de Aragón
Quien va por la carretera
Llega siempre a mi mesón
Por ver a la mesonera
Por ver a la mesonera
Mesonera de Aragón

Entran a festejarme mozos y viejos
Parleta me dan unos y otros consejos
Yo a todos los digo de esta manera
Con los brazos en jarra muy altanera

Que mi corazón que mi corazón
Es para un baturro del Alto Aragón
Es para un baturro del Alto Aragón

Bien vengan a mi casa los caminantes,
Vayan con Dios benditos los emigrantes
Los que conmigo sueñan se equivocaron
Y al camino se vuelven como llegaron

Que mi corazón que mi corazón
Es para un baturro del Alto Aragón
Es para un baturro del Alto Aragón

Quien va por la carretera
Mesonera de Aragón
Quien va por la carretera
Llega siempre a mi mesón
Por ver a la mesonera
Por ver a la mesonera
Mesonera de Aragón

.............................................................................


Estamos ante una canción de contenido circunstancial, anecdótico y ligero con un ritmo divertido, folclórico y festivo (al fin y al cabo, la jota se compone para ser bailada).

Realmente, el tema no tiene mucho desarrollo argumental, sino que describe una estampa entrañable con algunos toques costumbristas, en homenaje a Aragón. La protagonista de este cuadro es la dueña de un mesón mañico. Los mesones (también llamados posadas o ventas) son establecimientos con una decoración muy campestre y rústica, que solían situarse en caminos y carreteras, donde se servían comidas y bebidas. Los caminantes que iban de una ciudad a otra usaban los mesones como zona de recreo. Cuando se hacía un viaje largo, la gente estaba deseando encontrar un mesón en medio de la ruta para poder parar un rato, descansar, comer y beber alguna cosa (algo parecido a las áreas de servicio de las autopistas, pero en plan más rústico)

Sin embargo, la gente que visita el mesón de esta canción, no lo hace para comer de su rica comida, descansar en sus aposentos o pasar el rato, sino para intentar seducir a la dueña, una mujer guapa, simpática, joven, dicharachera, inteligente, muy famosa en la comarca, objeto de deseo de muchos de los varones que vienen de paso. Como veis, el mesón es un lugar muy concurrido de gente, que viene con unas intenciones picaronas.

La protagonista de la copla (la mesonera) nos cuenta en primera persona cómo todos los días recibe los cortejos, alabanzas, vítores e insinuaciones de todo tipo de gente que pasa por el mesón: jóvenes, viejos, extranjeros, estudiantes…los cuales prueban suerte intentando conquistar a la muchacha (cada uno con sus métodos). Sin embargo, ella siempre les responde con una negativa (empleando su gracia, su simpatía y su salero natural), pues está muy enamorada de su novio aragonés de toda la vida y no está dispuesto a perderlo.

Como veis, se trata de una estampa que se resuelve de una manera entrañable, divertida y desdramatizada, en la que la protagonista disfruta dando calabazas a los diferentes pretendientes, adoptando una postura de superioridad y chulería (en ocasiones, muy prepotente).

La copla posee una estructura simétrica y circular: hay tres tipos diferentes de estrofas (estrofas de introducción/final, estrofas de narración y estrofas de estribillo), las cuales se repiten dos veces cada una siguiendo un mismo esquema: ABCBCA, de tal forma que el tema empieza de la misma manera que termina.

Las estrofas de inicio y de final están formadas por una septilla de versos octosilábicos con el esquema de rima ababaab. En estas estrofas se marca el contexto espacial del tema, es decir, el lugar de los hechos (un mesón en tierras aragonesas), así como el personaje protagonista (la mesonera) y el planteamiento narrativo (la gente viene al mesón para ver a la mesonera). 

Así podemos observar la tendencia al circumloquio, mediante el uso de una oración subordinada adjetiva sustantivada con función de sujeto (quien va por la carretera, llega siempre a mi mesón…). Esto refuerza la trascendencia e importancia del personaje de la mesonera, ya que el sujeto tiene un carácter genérico (“quien va por la carretera” incluye referentes muy amplios y de todo tipo: viejos, jóvenes, españoles, extranjeros, blancos, negros, gitanos, payos…). Es una manera de resaltar la fama y la universalidad del personaje (todo el mundo la conoce, todo el mundo la quiere, todo el mundo habla de ella…).

El uso del adverbio “siempre” eterniza la figura del personaje e incluso lo mitifica, ya que la propia protagonista está presumiendo de que todos los hombres, de una manera y otra, siempre acaban en el mesón para verla y venerarla (como si fuera una reliquia o una virgen en medio de un camino). Por eso, se trata de un personaje que en ocasiones adquiere un punto arrogante, prepotente, altanero, de superioridad. El uso del posesivo permite creerse la dueña de todo (MI mesón).
           
La adhesión del sustantivo “mesonera” con artículo determinado (la mesonera), en anadiplosis apositiva (por ver a la mesonera / mesonera…), y seguida de un complemento locativo (de Aragón), permite peculiarizar y singularizar a la protagonista (parece que es la única mesonera que hay en Aragón…no hay más mesonera que ella). Es una manera de automitificarse y autotrascendentalizarse. No es una mesonera cualquiera, es LA mesonera.

Las estrofas centrales narrativas están formadas por la unión de dos pareados dodecasílabos (AA-BB). En estas estrofas se cuenta cómo la mesonera va recibiendo insinuaciones de los diferentes clientes.

El hipérbaton permite dar más importancia al hecho de que la mesonera recibe cortejos (es una mujer deseada, es una mujer importante, es una mujer famosa) que a las personas que la adulan. El sujeto se pospone (Entran a festejarme mozos y viejos, Parleta me dan unos, vengan a mi casa los caminantes, vayan con Dios bendito los emigrantes). Ella está en una posición de superioridad respecto a los pretendientes.

La protagonista es un poco ególatra en el sentido de que lo más importante es ella, y no el resto de personas (en este caso, los hombres que la cortejan). De ahí que siempre los relegue al final de la oración (como si fueran poco importantes). Lo importante es resaltar su fama, su belleza, su sensualidad, el ser objeto de deseo. Ella disfruta con eso.

La antítesis “mozos”-“viejos” permite crear un abanico muy grande de pretendientes, de tal forma que se ella misma se considera objeto de deseo de hombres muy diferentes (en este caso, jugando con el factor edad). Ella es cortejada tanto por viejos como por jóvenes, pero también por todo tipo de gente (incluso emigrantes).

A la protagonista le gusta recrearse en el momento tan dulce que está viviendo ya que para ella es un placer y un gozo muy grande ser objeto de deseo. De ahí que tienda a ralentizar la acción, para disfrutar del contexto creado. Esa ralentización se consigue mediante la adición de complementos circunstanciales de modo al verbo, complementos que no son necesarios y lo único que hacen es engordar la estructura sintáctica sin ton ni son, aportando detalles que permiten caracterizar a la protagonista de una manera todavía más chulesca y altanera: Yo a todos les digo, de esta manera, con los brazos en jarra, muy altanera.

Como veis, se alarga la oración con tres complementos circunstanciales que hacen referencia a los gestos, poses y expresiones faciales de la protagonista, con el objetivo de subirla a un altar, de crear una diva, una diosa que está por encima de todo el mundo. La mesonera cree que nadie tiene la categoría suficiente para poder estar con ella, ya que todos esos hombres son poco para ella: Los que conmigo sueña se equivocaron y al camino se vuelve como llegaron. El circumloquio de la oración subordinada adjetiva sustantivada con función de sujeto, permite dar una interpretación genérica (NADIE es mejor que ella).

Cada uno de los estribillos está formado por un pareado en arte mayor, con una repetición del segundo verso del pareado: Que mi corazón, que mi corazón, es para un baturro del Alto Aragón, es para un baturro del alto Aragón.

La palabra “baturro” se utiliza para designar al campesino aragonés, al hombre rústico mañico. A pesar de la altanería y la arrogancia que ha proyectado el personaje de la mesonera a lo largo de la canción, al final se detecta en ella un punto muy humanizado, ya que ha rechazado a los demás hombres por estar muy enamorada de su novio de toda la vida, perteneciente a la clase humilde campesina.

Esto crea unos contrastes y unos matices muy interesantes en la personalidad de la mesonera, ya que durante todo el tema la vemos muy exigente con los hombres (mostrándose inaccesible hacia los demás, haciendo gestos y poses muy chulescas, disfrutando al dar calabazas a los clientes, creyendo merecerse a alguien importante), y sin embargo, al final, su verdadero amor es un simple campesino (de vida sencilla y humilde y sin mucho poder económico).

Seguramente entre los pretendientes haya gente adinerada. Sin embargo, ella se queda con su novio campesino. A algunos este choque os puede resultar caricaturesco y cómico. A otros os podrá parecer más serio y humanizado. Yo creo que las dos posturas son válidas y no se contradicen, ya que es divertido poder ver ese contraste (te llegas a reír), y a la vez permite coger cariño a la mesonera

La musicalidad y el ritmo de la jota se consiguen gracias a las reiteraciones de versos (Mesonera de Aragón, Quien va por la carretera, Por ver a la mesonera, Es para un baturro del alto Aragón), a las estructuras paralelísticas (Parletas me da unos, y otros consejos, Bien vengan a mi casa los caminantes, vayan con Dios bendito los estudiantes) y las bimembraciones (cada verso tiende a fragmentarse en dos unidades sintácticas: una de 7 sílabas y otra de 5):

Entran a festejarme………………….mozos y viejos
Con los brazos en jarra………………muy altanera
Parleta me dan unos………………….y otros consejos
Los que conmigo sueñan…………….se equivocaron



lunes, 27 de julio de 2020

Me valga la Magdalena: madre soltera, pecadora y arrepentida


De los misterios, ilusiones, bellezas y sensaciones que genera el mundo del mar para alguien que habita en el interior (tal como veíamos con el bello poema de Alberti la semana pasada) pasamos a una copla que refleja el drama que suponía ser una madre soltera en la época de Posguerra, y más, cuando esa madre procedía de la “mala vida”. Empezamos la semana con unos tientos de Marifé de Triana del año 1959 que llevan por título Me valga la Magdalena


Me valga la Madalena,

¡Ay!, ¡Ay!, lo grande que es mí sufrir,
que yo no tengo a la pena,
¡Ay!, que la pena me tiene a mí.
Yo no pienso en la venganza,
porque eso a mí no me va,
si he perdío la esperanza,
qué me importa lo demás.

Pido a Dios, pido a Dios,
que nunca vuelvas,
que ya tú para mí te has muerto.
Yo pisé sin querer la mala hierba,
que sembraste en mi huerto.
El hijo que me ha nacío,
no va a pagar tu sentencia,
llevará mis apellíos,
y allá tú con tu conciencia.
Más no será un desgraciao,
que yo lo haré un hombre bueno.
Por él no pases cuidao,
que el hijo de mis pecaos,
¡Ay, mis pecaos!,
jamás te echará de menos.

Me valga la Madalena,
¡Ay!, qué penita de churumbel,
que tiene mi piel morena,
y los ojitos como los de él.
Velaré junto a la cuna,
su sueño de madrugá,
no dejando ni a la luna,
que lo venga a despertá.

Pido a Dios, pido a Dios,
que nunca vuelvas,
que ya tú para mí te has muerto.
Yo pisé sin querer la mala hierba,
que sembraste en mi huerto.
El hijo que me ha nacío,
no va a pagar tu sentencia,
llevará mis apellíos,
y allá tú con tu conciencia.
Más no será un desgraciao,
que yo lo haré un hombre bueno.
Por él no pases cuidao,
que el hijo de mis pecaos,
¡Ay, mis pecaos!,
jamás te echará de menos.

...............................................................................


La protagonista de la copla es una mujer que ha mantenido relaciones con un hombre de dudosa reputación moral. Ella se queda embarazada y tiene un niño, del cual el padre se desentiende. Por lo tanto, ella se verá obligada a afrontar en absoluta soledad la difícil tarea de ser madre soltera y criar a un niño. 

La canción se concibe como un soliloquio (monólogo) en el que la mujer habla en primera persona manifestando sus pensamientos y reflexiones en torno a su mundo interior, a su propio yo y sus circunstancias personales que le va a tocar vivir de cara al giro que ha dado su existencia, con ese hijo que no esperaba. Por eso, el componente subjetivo del tema se verá reforzado por las marcas de primera persona: el posesivo (mi sufrir, mis apellidos), los verbos (pido a Dios…, Yo pisé…, Velaré…) o los pronombres (tu para MÍ, YO no tengo la pena, el hijo que ME ha nacido).

Tal como expresa metafóricamente el título (Me valga la Magdalena) la protagonista se identificará con el famoso personaje bíblico de María Magdalena. La cantidad de cosas que se han dicho sobre ella es apabullante. Necesitaría tres o cuatro entradas para poder explicarlo. Resumiendo un poco, podemos decir que la Magdalena simboliza a la mujer pecadora, a aquella señora que llevaba unos modos de vida de dudosa reputación social y moral (era prostituta), pero que un buen día se arrepiente de sus actos, decide cambiar y se acaba convirtiendo en una de las fieles seguidoras de las doctrinas de Jesucristo. Por lo tanto, es perdonada y pierde su mala imagen de cara a la gente

Leyendo la letra (y por la simbología del título), podemos intuir que la protagonista ha sido una prostituta, y seguramente en uno de sus servicios se haya quedado embarazada. Tened en cuenta que esta época no había los medios que hay ahora (anticonceptivos y demás), así que este tipo de cosas en el mundo de la prostitución eran bastante comunes en los años 40 y 50. Los embarazos no deseados estaban a la orden del día

La protagonista, por el tipo de trabajo que lleva, se siente una pecadora y una mala persona, y por lo tanto, todo lo que le ha pasado ha sido una especie de castigo. Sin embargo, como María Magdalena, luchará para salir de la “mala vida” y dar a su hijo un futuro mejor.

Podríamos decir, que el estado anímico de la protagonista pendula entre dos actitudes totalmente opuestas, una más optimista y otra más pesimista, que se irán alternando en función del momento de la canción, ya que algunas veces la protagonista se verá superada por el drama que está viviendo, y otras veces, decidirá luchar por salir de él. Esos altibajos emocionales cohesionarán la estructura de la copla. Por eso, en ocasiones, hay contradicciones dentro del personaje.

Por un lado, una actitud de lamento, de recreación en el dolor, fruto del contexto que le ha tocado vivir. Ser abandonada por un hombre y tener que criar a un niño sin ayudas, sin apoyo, era una desgracia. Además, este tipo de madres solturas y prostitutas eran repudiadas socialmente. Eran seres marginados, y por consiguiente, esos bebés también.

Estos lamentos, se reflejan formalmente en las interjecciones y oraciones exclamativas (¡Ay, Ay, lo grande que es mi sufrir). La adjetivación (grande) tiende al efectismo dramático, a la altisonancia, que recuerda al drama romántico de Zorilla y el Duque de Rivas (en el que los personajes claman en un tono de intensidad, sobreactuado) o a la poesía de los primeros años del siglo XIX (que era una lírica más ruidosa y “llorosa”, frente a la poesía de la segunda mitad del XIX de Bécquer o Rosalía que era más recogida e intimista).

El quiasmo contribuye a crear una imagen desgraciada de la protagonista, marcada por el contexto que la ha tocado vivir, de suma dureza y crueldad: Que yo no tengo la pena, que la pena me tiene a mí. El pesimismo se percibe en las palabras de la protagonista: Si he perdido la esperanza, qué me importa lo demás. Estamos ante una heroína totalmente despojada y perdida existencialmente hablando.

Otras veces, el dramatismo se enfoca en la figura del niño (¡Ay, Ay, que penita de churumbel), con el objetivo de crear compasión en el lector, usando el personaje más débil e indefenso. Como veis, se recurre a una palabra del lenguaje calé (en el lenguaje gitano, churumbel significa “niño”).
El hecho de que en el bebé se detecten rasgos físicos idénticos a los del padre y a los de la madre, también contribuye a reforzar ese dramatismo: Tiene mi piel morena y los ojitos como los de él. De un padre sumido en la mala vida, y una madre sumida en la mala vida, el fruto no puede traer nada positivo.

Se crea una imagen de un bebé destinado a una mala vida, marcado desde sus orígenes, sellado a un destino cruel, condenado a ser una persona marginada y repudiada por la sociedad. Y no hay forma de evitar esa catástrofe. Ya os he dicho que la protagonista se concibe como una pecadora y su hijo ha sido fruto de una relación viciosa, prohibida, pecaminosa. Ha sido un hijo creado sin amor. Un hijo creado en contra de las leyes de la Iglesia era una forma de condenarlo también al Pecado y a la mala vida.

¿Os acordáis de las teorías deterministas de las que ya hemos hablado varias veces en este blog? El determinismo establecía que el ser humano no era responsable de sus actos y que todo lo que le iba a ocurrir en su vida estaba ya escrito y no se podía hacer nada para evitarlo. Había distintas modalidades de determinismo: para unos, todo era por capricho de un dios (determinismo teológico); para otros, todo dependía de la posición de los astros en el cielo (determinismo astrológico, como vimos en El día que nací yo). En esta copla podíamos hablar de dos tipos de determinismo:

Por un lado, un determinismo ambiental (impregnado con ideales católicos). Si los padres proceden de ambientes marginales (ella prostituta, él que se desentiende de su obligación como padre y paga dinero por acostarse con una mujer) está claro que el hijo tiene todas papeletas de convertirse en un ser marginal. Esa falta de estructura familiar, el ambiente de pobreza y miseria (una prostituta es una persona que no tiene recursos), todo eso contribuye a dar un mal ambiente al niño, sin estímulos. Además, el ser una relación fruto del pecado (del vicio de los padres), también marca al niño de cara a la sociedad, que asocia el pecado a lo no moral (y por tanto, puede ser condenado).

Por otro lado, un determinismo fisiológico (derivado del ambiental). La genética (el hecho de que haya rasgos físicos como el color de los ojos o de la piel que se hereden), se concibe así como una especie de mancha o marca imborrable (pecado original), que se transmite, que pasa de una generación a otra, y es imposible de evitar (esos rasgos físicos te tocan porque te tocan y no hay más). Los rasgos físicos son elementos que van a marcar para siempre a ese niño. El hecho de tener rasgos fisiológicos de una madre marginal (piel) y de un padre marginal (ojos), nada bueno puede traer.

Además, la descripción física del niño también contribuye a dar dramatismo, ya que aunque el padre se desentiende de él, la “huella” de este sigue presente en el bebé (en el color de los ojos) y eso nunca se olvida, de tal forma que la pena va a estar presente de manera permanente. El color de los ojos siempre le hará a ese niño recordar que tuvo un padre que se desatendió de él.

En segundo lugar, la protagonista adopta una actitud de valentía, de echarle huevos a la vida, dejando las lágrimas de lado. A pesar de la pena y el dolor que está viviendo por ser abandonada, y del futuro tan “negro” que tiene ese bebé, veremos cómo la mujer intentará hacer todo lo posible por salir de la depresión anímica, luchar, cambiar de vida y así evitar que ese niño quede marcado. Vemos a una mujer luchadora, con coraje, decisión, que en lugar de dejarse vencer por las penas, intentará salir de la mala vida, para así darle un futuro digno al niño.

El objetivo de la protagonista es luchar contra el componente determinista: aunque ese niño tenga todas las papeletas de ser un desgraciado (madre prostituta, padre que no lo reconoce, pobreza, marginalidad…) es posible hacer algo para cambiar la situación y que el niño sea una persona “normal”. El ser humano es responsable de sus actos.

Por eso, la protagonista (que era un alma descarriada) va a cambiar la mala vida (pecado) por la buena, (arrepentimiento) como el personaje bíblico de María Magdalena, para así volver a hermanarse con el mundo (perdón) y ser una más (rebaño de Dios).

Como veis, esta copla puede interpretarse desde una perspectiva católica (tened en cuenta que para la religión, lo dogmático es también lo moral, lo bueno, lo correcto). Lo que se sale de lo religioso es lo amoral, lo deleznable, lo malo, lo que merece ser erradicado. Las religiones, en cierta medida, fusionan el concepto de fe con el concepto de moral. La protagonista se va a acabar moralizando y catolizando en su lenguaje: Pido a Dios…, Yo lo haré un hombre bueno…, El hijo de mis pecados… Como buena arrepentida, ella acaba reconociendo sus “malas obras”.

Lo primero que hace para salir del bache anímico es olvidarse de la persona que causa el daño, evitando el rencor y el odio: Yo no pienso en la venganza porque eso a mí no me va. Es una actitud de estoicismo y serenidad, muy del gusto del cristianismo. Aunque le hayan hecho mucho daño a la muchacha, ella no tiene necesidad de devolver ese daño

La protagonista acaba acusando al padre de su hijo de haberla llevado por el camino de la mala vida y del pecado. Este hecho cobra fuerza mediante una alegoría basada en el mundo vegetal: Yo pisé sin querer la mala hierba que sembraste en mi huerto.  En cierta medida, ella se está quitando parte de la culpa, afirmando que solamente cayó en la tentación que otro cometió (seguimos con la interpretación en clave religiosa).

Por eso, la protagonista piensa que para alejarse de la mala vida, lo que hay que hacer es mantenerse lejos de las fuentes que causan el pecado: Pido a Dios que nunca vuelvas, que tu para mí te has muerto. Como veis, a la vez que está despidiéndose del padre de su hijo, se está despidiendo también de la mala vida. La imagen de la muerte tiene una impronta muy manriqueña, ya que no se trata de morir en sentido físico (perder la vida), sino desaparecer de la mente (olvidar), aplicado tanto a la persona como al pecado asociado a esa persona

De hecho, la protagonista intentará alejar a su hijo de lo pecaminoso (lo pecaminoso es lo dañino, lo perjudicial). El uso pronominal del verbo nacer (el hijo que me ha nacido), no solo acentúa la desgracia de la protagonista, sino que permite quitar el vínculo del bebé con el padre, y concebir al niño como una posesión exclusiva de la madre (que es la que va a cambiar y acercarse a la “buena vida”).

Otra manera de alejar al niño del Pecado consiste en darle los apellidos de la madre en lugar de los del padre (Le daré mis apellidos y allá tú con tu consciencia). Como veis, se sigue recurriendo al lenguaje sagrado, ya que la consciencia se refiere al remordimiento, al hecho de reflexionar sobre tu propia forma de obrar, de cómo las cosas malas que haces crean un concepto de culpa que te impiden tener tu espíritu limpio. Ella a partir de ahora podrá dormir tranquila. El padre, no.

Mediante el futuro de predicción, la madre desvinculará al niño de su padre: El hijo de mis pecados, jamás te echará de menos. El circumloquio (niño= hijo de mis pecados) enfatiza el arrepentimiento de la madre (cuando una persona comete un desliz, un recurso habitual para demostrar que estás arrepentido consiste en repetir y reconocer muchas veces, aunque no venga al caso, que lo has hecho mal, en plan, mea culpa…mea culpa…mea culpa). Así el receptor se compadece de la protagonista y ve que está dispuesta a cambiar, y así convertirse en un modelo de buena conducta.

De esta manera, el niño podrá desarrollar una vida digna, ya que la madre está dispuesta a llevarle por el buen camino: Mas no será un desgraciado, que yo lo haré un hombre bueno. Las palabras “bueno” y “desgraciado” crean una antítesis, que marca la dicotomía entre los dos caminos en el obrar humano, dando un toque moralizante a la copla: solamente los que se vayan por el “buen camino” tendrán una vida agraciada y plena, mientras que el que vaya por el “mal camino”, tendrán una vida de sufrimiento y calvario.

La gente que va por el mal camino, será siempre criticada, juzgada y condenada. Esto se refleja con la metáfora: El hijo que me ha nacido, no va a pagar tu sentencia. Es la misma metáfora que se usaba en el “Romance de la otra” ¿Os acordáis? (ya que ser una querida, una “destroza-matrimonios”, también significaba estar en el mal camino). Y eso tiene un precio alto a pagar, una “sentencia social”. Los pecados se pagan caro.

La copla termina de manera muy optimista. La protagonista demuestra que tiene lo más importante a la hora de poder criar a un hijo: AMOR. Ella está dispuesta a sacrificarse, esforzarse y a dar todo por su niño. Esto lo expresa mediante una imagen muy tierna, (Velaré junto a la cuna, su sueño de madrugada) y una personificación (no dejaré ni a la Luna que lo venga a despertar), que da un cierre muy literario, casi de nana. Como veis, el personaje de esta copla encarna las virtudes de una madre coraje.

Métricamente, las estrofas están formadas por la unión de dos cuartetas, aunque estas no son del todo perfectas, ya que se escapa algún verso de arte mayor. De todas formas, siguen el esquema de rima abab. El estribillo está formado por la unión de una quintilla (con verso suelto: -abab), una cuarteta (abab) y una sextilla (abaaab).

En cuanto al léxico, ya hemos visto que hay palabras procedentes de un ámbito moralista y religioso (hombre bueno, Magdalena, Dios, pecado…). También hay algunas relajaciones fonéticas (Madalenas, perdío, nacío, apellío…).

Me valga la Magdalena es un claro ejemplo de poema didáctico, con pretensiones moralizadoras y religiosas, que busca ejemplificar, demostrar que una persona puede corregirse, y con voluntad, hacer frente a todas las teorías deterministas. El personaje femenino es un modelo de conducta (se ha arrepentido de la vida que llevaba) mientras que el masculino no. De esta forma, esta copla entronca, con la tradición del milagro, la hagiografía y el poema piadoso medieval


miércoles, 22 de julio de 2020

Háblame del mar, marinero: historia de un "marinero en tierra"

La copla que os traigo hoy procede de un conocido poema del escritor gaditano Rafael Alberti, autor de la Generación del 27. En el año 1925 publicó un libro de poemas titulado Marinero en tierra. Las composiciones de esta obra giran en torno a temas marineros, pues el autor pasó su infancia en un pueblecito costero: Puerto de Santa María (Cádiz).

Como sabéis, Alberti tuvo unos comienzos neopopularistas, inspirándose en recursos y formas de la poesía tradicional como la canción, la balada o el romance (caracterizados por el metro regular, la asonancia y la musicalidad). Así tenemos obras como La amante o El alba de alhelí. Poco a poco evolucionó al vanguardismo y el surrealismo (Sobre los ángeles), que tan de moda se puso en los años 20 y 30. 

Marinero en tierra pertenece a esos comienzos nepopularistas. Uno de los poemas más aplaudidos y conocidos del libro es Háblame del mar marinero”, que en la década de los 70 popularizaría la niña prodigio Marisol.


Dicen que hay toros azules

en la primavera del mar.
El sol es el caporal
y las mantillas las nubes,
que las mueve el temporal.
Dicen que hay toros azules
en la primavera del mar.

Háblame del mar, marinero.
Dime si es verdad
lo que dicen de él.
Desde mi ventana
no puedo yo verlo.
Desde mi ventana
el mar no se ve.
Háblame del mar, marinero.
Cuéntame qué sientes
allí, junto a él.
Desde mi ventana
no puedo saberlo,
desde mi ventana
el mar no se ve.

Dicen que el barco navega
enamorado del mar.
Buscando sirenas va,
buscando sirenas nuevas
que le canten al pasar.
Dicen que el barco navega
enamorado del mar.

Háblame del mar, marinero,
háblame del mar, háblame.

..........................................................................

El asunto principal de esta copla es el mar. Alberti había pasado sus primeros años de vida en la bahía de Cádiz, convirtiéndose en un apasionado del mundo marítimo (los veleros, las playas, los marineros, los pescadores, los vendedores de algas, las gaviotas, el Sol, la arena…). Por eso, el hecho de tener que trasladarse con su familia a Madrid y abandonar su Puerto de Santa María natal y su mar, con tan solo 15 años, supuso un duro golpe para él.

La separación con el mar le convirtió en un marinero en tierra, que añora continuamente la costa. Por eso, en su obra aparecen yos poéticos que de alguna manera expresan una necesidad de vinculación con el ponto. Algunas veces se trata de una mera evocación y descripción del piélago. Otras, se expresa un lamento por vivir lejos de la costa. También, se manifiesta la nostalgia y la morriña con un deseo de volver a ver la playa. En otros poemas enfatiza la pureza, hermosura y belleza del mar, identificándolo como un paraíso particular (visión idílica) que aporta energía vital a la persona.

En esta copla, el yo poético es una persona que nunca ha visto el mar. Siente curiosidad y necesidad de saber cómo es, de que le hablen de él.

En cierta medida, la voz lírica es inocente e ingenua. Recuerda a un niño pequeño, que todavía no tiene bien asentado el concepto de mar, pues al no haber tenido experiencias directas con este, solamente tiene una idea vaga e imprecisa (a partir de lo que otros han dicho, de lo que ha leído, de lo que ha conocido a través de fuentes indirectas: postales, fotos, imágenes…).

Hace muchos años, cuando las vacaciones y los viajes eran cosa de la clase adinerada, había gente que se moría sin haber conocido el mar (sobre todo, los de secano y del interior). Lo poco que sabían de él era a través de fotografías, dibujos o escuchando lo que otros decían. Por eso, todo el mundo tenía una ligera idea de lo que era el mar (es azul, grande…) pero jamás llegaron a tener experiencias sensitivas.

El ponto se veía como algo lejano e imposible, como un mito. De ahí que se generara mucha curiosidad por querer saber cosas del mundo marino. A día de hoy (año 2020) esta copla y este libro de Alberti os puede resultar una chorrada pero en el contexto de los años 20 escondía mucha verdad poética, ya que no había tantos medios, ni tanto dinero ni tanto desarrollo para viajar. Por eso, el piélago era un tema que fascinaba tanto a la gente. 

La oración impersonal en tercera del plural (Dicen que hay…) da al poema un carácter especulativo e hipotético. La gente que no había visto nunca el mar (como el yo poético) no sabía exactamente cómo era. Solo lo imaginaban por lo que decía otra gente que sí lo habían visto. Esa tercera persona del plural da al discurso un carácter dubitativo, como si fuera una hipótesis sin confirmar. El protagonista ha leído y escuchado muchas cosas sobre el mar, pero nunca lo ha visto. Por eso le falta mucho conocimiento sobre la realidad marítima. El yo poético se muestra ignorante porque no conoce el mundo. 

La primera estrofa es una topografía del mar, con todos sus elementos (agua, nubes, viento y sol). Se denomina topografía a aquel texto que tiene como objetivo describir un lugar (en este caso, físico). 

Evidentemente, se trata de una descripción de carácter literario plagada de metáforas, las cuales están teñidas de un halo vanguardista y surrealista: hay toros azules en la primavera del mar.

A pesar del neopopularismo, a Alberti le encantaba incorporar a sus textos alguna imagen irracional, antirrealista y original para darle un toque de poesía pura a la obra. Establece conexiones y asociaciones entre conceptos que no se dan lógicamente. En este caso, el mar, la primavera y el toro. Este último se representa con un color diferente al normal. Lo normal es que sea negro, no azul.

Estas relaciones, a priori, incompatibles poseen un componente sugestivo y estético, que no deja a nadie indiferente. Al fin y al cabo, esa es la pretensión de las vanguardias: escandalizar a través del lenguaje. 

Se describe el mar en su máximo esplendor, mediante la vinculación del color azul del piélago, con la fuerza del toro (oleaje), y la estación de la primavera, que tiene que ver con el florecimiento y la belleza del ponto. No hay lógica, pero sí sentido (todo el mundo puede interpretar el contenido y lo entiende).

La topografía continúa con una serie de metáforas personificadas (el sol es el caporal y las mantillas las nubes que las mueve el temporal) que dan trascendencia a la estampa marítima. Se concibe el mar como un lugar lleno de vida,  humanizado y cercano, en lugar de cómo una naturaleza bonita pero estática y muerta. 

El sol aparece identificado como un caporal, es decir, como alguien que se encarga de presidir y guiar a un grupo de personas (en este caso, al resto de elementos de la estampa: el agua, las nubes, el viento…). En esta fotografía literaria el elemento rey (el que resalta por encima de los demás) es el Sol.

La nube se identifica con una mantilla, que como ya sabéis es una prenda de seda o encaje con la que las mujeres se cubren la cabeza y los hombros. Se usa sobre todo en las procesiones de Semana Santa. La suavidad de su tejido se asocia con el carácter esponjoso y blando de las nubes.

Se trata de un paisaje marítimo y natural muy dinamizado, que capta la realidad en movimiento, gracias a la imagen del viento desplazando las nubes.

Mientras que en la primera estrofa se establece una fotografía panorámica del paisaje (se habla de todos los elementos naturales, sin centrarse en uno en concreto), en la segunda estrofa la descripción quedará focalizada en un solo componente: un barco que navega por el mar. Es como si una cámara de video empezara a acercarse poco a poco en modo zoom desde el cielo (donde se ve todo el paisaje: primera estrofa) hasta el suelo (barco: segunda estrofa).

Se produce una personificación de la embarcación: dicen que el barco navega enamorado del mar. Es una manera de enfatizar el poder que tiene el mar para encandilar, hechizar, atraer gente, apasionarla, embrujarla (gracias a su belleza)

Por eso, cuando un ser humano ve el mar por primera vez se queda prendado. Le gustaría quedarse a vivir en él para siempre. Mediante la personificación se justifica el apasionamiento. También realza la idea de libertad, de cómo el barco navega por el ponto siguiendo el rumbo que quiere, sin dar cuentas a nadie. Esto recuerda a la Canción del pirata de Espronceda

Para mucha gente, el mar era algo inaccesible (por falta de dinero, escasez de ambición vital o carencia de medios para viajar). Cuando una cosa es imposible de alcanzar , se empiezan a crear mitos en torno a ella (la realidad se deforma con fantasía). De ahí la alusión a seres mágicos y mitológicos grecolatinos: Buscando sirenas va, buscando sirenas nuevas que le canten al pasar. 

La anáfora Buscando sirenas, además de resaltar la grandeza del piélago (en tamaño) y sus misterios, realza la necesidad de insistir hasta cumplir los sueños y deseos (plenitud). El mar era una ilusión para muchas personas en esta época, y una clara mayoría no pudo cumplirla.

En los estribillos el yo poético emerge con fuerza gracias a las marcas de primera persona en forma de pronombres (diME, no puedo YO), posesivos (MI ventana) y verbos (puedo). El protagonista se dirige a un marinero mediante imperativos (dime, háblame, cuéntame) y vocativos (háblame del mar, marinero).

El poliptoton (presencia de un mismo verbo en diferentes tiempos) establece el contraste entre el mundo interior del yo lírico (lo que él cree/ piensa/ concibe, es decir, la especulación) con el mundo exterior (lo que la realidad es, terreno de la verdad). En este poliptoton encontramos el verbo decir, en presente de imperativo (di), y en presente de indicativo (dicen): Dime si es verdad lo que dicen de él

El paralelismo (Desde mi ventana no puedo yo verlo/ desde mi ventana el mar no se ve) marca las circunstancias personales del yo, el cual no ha tenido experiencias con el mar, al vivir lejos de él. De ahí que le pida insistentemente al marinero saber cosas del ponto

Alberti conoció el mar, pero cuando se trasladó a Madrid, seguramente se sentiría como el protagonista de este poema: con ganas de recibir noticias de su mar y de su Puerto de Santa María, los cuales se conciben como el paraíso perdido de su infancia. 

Escuchar cosas sobre el mar era una forma de consolarse, de alcanzar cierta serenidad y paz interior. No obstante, también sentiría tristeza por la nostalgia del pasado perdido. 

El yo poético se consuela recibiendo noticias del ponto, aunque en sus palabras se percibe melancolía al y ansiedad al no estar en su pueblo natal: Cuéntame qué sientes, allí junto a él. El adverbio allí marca la lejanía y aumenta las distancias entre el mar y la voz lírica

La derivación (mar-marinero) establece el contraste entre una persona que sabe mucho del mar, ya que ha vivido toda su vida en él (marinero) y otra persona que no sabe nada del mar, ya que no lo conoce ni vive en él (yo poético)

Las estrofas están formados por siete versos octosílabos (septillas) que siguen este esquema de rima: abbabab. En los estribillos el verso es libre, muy del gusto de la Generación del 27.

La musicalidad del poema (propia del neopopularismo) se consigue gracias a los paralelismos ya analizados, las reiteraciones y los distintos fenómenos de derivación y poliptoton.

martes, 14 de julio de 2020

Al Uruguay: curando los nervios a ritmo de Charleston

Ya os he comentado en más de una ocasión que la copla es un género que comenzó a dar sus primeros pasos y a hacerse popular entre el público en los años 30 del siglo pasado (gracias a voces como Estrellita Castro, Celia Gámez, Imperio Argentina o Amalia Molina, por citar algunos nombres).

Tuvo su etapa de esplendor en las décadas de los 40, 50 y 60 (dictadura franquista, con voces como Concha Piquer, Juanita Reina o Marifé).

También os dije que a partir de los 70, el género decayó, viéndose influido y eclipsado por la música pop europea. Por eso, muchos temas de los 70 y los 80 suenan más a balada y a canción melódica que a copla tal como se concebía hasta ese momento (pensad en las canciones Rocío Jurado, Mari Trini, Nino Bravo, Julio Iglesias, Perales, por ejemplo, o en la música de los grandes cantautores como Serrat). Realmente, son productos híbridos a medio camino entre la copla y la balada, ya que la intensidad y el carácter literario del contenido de las canciones es muy clásico, pero el ritmo es más cercano a la canción melódica.

Eso también pasa hoy en día. Artistas como Pastora Soler, Diana Navarro, Pasión Vega, sin ser estrictamente copleras, añaden a sus canciones (de ritmo pop, melódico) muchos giros la copla o flamenco.

Esto es, haciendo una síntesis muy básica, lo que pasaba en el periodo postcoplero. ¿Y qué pasó en el periodo precoplero (tres primeras décadas del siglo XX)? ¿Cuál era el panorama de la canción española en ese momento?

En los años 10 y 20 del siglo pasado, triunfaron géneros musicales como la zarzuela, opereta, tango, cuplé, vals o charleston, muchos de ellos importados de otros países, que sin ser estrictamente copla, sí pueden considerarse un antecedente de esta, ya que aportaron muchos elementos musicales y dramáticos. Hay que tener en cuenta que la copla es un género muy receptivo y moldeable, capaz de fusionar e incorporar diferentes ritmos y estilos. La copla toma elementos del folclore tradicional español (seguidillas, jotas, muñeiras, habaneras, flamenco, fandango…) pero también de la música internacional (tango argentino, charleston norteamericano…).

El tema de hoy pertenece a este periodo precoplero, en el que ya existen “cositas” que luego la copla tomaría unos años después. Se trata de un charleston que fue escrito alrededor de 1925 por el compositor almeriense Ángel Ortiz de Villajos, y que refleja muy bien el espíritu de los “felices años 20”: melodía alegre, desenfadada, con una puesta en escena sugerente (mujeres ligeritas de ropa, haciendo movimientos y coreografías que rozan lo erótico), de contenido surrealista (coherente, pero rozando en ocasiones lo absurdo y lo banal) y que reflejan una actitud eufórica de despreocupación ante el mundo. La canción se llama Al Uruguay


Un extraño caso a mí me ha pasado
Pues todos mis nervios se han soltado.
Y a un doctor famoso le fui a consultar,
Pero las narices me quiso tocar.
Mas, como protesté mandóme al Uruguay
Y entonces yo le contesté:

Al Uruguay, guay, yo no voy, voy
Porque temo naufragar.
Al Uruguay, guay, yo no voy, voy
Porque temo naufragar.
Mándeme a París, si es que le da igual.
Al Uruguay, guay, yo no voy, voy
Porque temo naufragar.

Estos movimientos, aunque son nerviosos
Son terriblemente contagiosos.
Y no será extraño que, al salir de aquí,
Algunos de ustedes baile así.
Si viene a protestar le mando al Uruguay
Y así me habrá de contestar

Al Uruguay, guay, yo no voy, voy
Porque temo naufragar.
Al Uruguay, guay, yo no voy, voy
Porque temo naufragar.
Mándeme a París, si es que le da igual.
Al Uruguay, guay, yo no voy, voy
Porque temo naufragar

................................................................................

Literariamente, hay temas mucho mejores que este, con un lenguaje más trabajado. Sin embargo, creo que analizar este tipo de canciones es también útil, ya que constituyen el espíritu de una época. El fin de la Guerra Mundial, la prosperidad económica de los años 20, la llegada de nuevos inventos gracias a la Revolución Industrial (el automóvil, el teléfono, los electrodomésticos), la nueva tendencia consumista (gracias a las compras a plazos) provocó en la gente la adopción de una actitud más festiva y “alocada” en la manera de ver la vida.

La música se adaptó a este clima de optimismo y euforia (gracias al jazz, al charleston). En los tiempos de prosperidad, suele ocurrir, que la gente se acabe “amodorrando” y despreocupando de las cosas importantes de la vida (la situación política, económica, social), dejándose llevar por la abulia, la belleza superficial, lo transgresor, lo puramente formal, lo vanguardista, en detrimento de la realidad (de ahí que los –ismos se pusieran tan de moda en estos años: surrealismo, expresionismo, futurismo).

Por eso, para mucha gente, las letras de canciones de los años 20 tienen “mucha tontería encima” y rozan lo absurdo: que si son canciones poco comprometidas, que no dicen nada, que solo son artificios escénicos, que rozan el mal gusto, que si salen tías casi en cueros, que si hay poca moralidad…

Yo, como filólogo que no soy, no puedo decir que Al urugay sea la mejor canción jamás escrita (literariamente hablando). Sin embargo, la filología no es solo lo literario, sino también la reconstrucción de una cultura a partir de documentos escritos. Esta canción no tiene mucha calidad literaria, pero es un documento perfecto para ver un contexto histórico y cultural (motivo más que suficiente para dedicarle un espacio en este blog).

Realmente, el meollo argumental de este tema no puede ser más banal e intrascendente. El protagonista de la canción es un paciente que acude a ver al médico por un problema de nervios. El doctor le pone como tratamiento ir a las Américas, y más concretamente a Uruguay. Esto provoca la incredulidad, la sorpresa y el desacuerdo del paciente, el cual no quiere ir a Uruguay, sino a otro lugar como Paris. Como veis, se trata de una estampa que busca provocar en el espectador la sorpresa y el desconcierto mediante giros que acarician lo absurdo y lo surrealista, con un barniz de insustancialidad. Se trata de un tema donde pasan cosas, pero a la vez tampoco pasa nada. Ahí radica la esencia de este tipo de canciones.

Detrás de la figura del doctor se esconde una persona real que sirvió de trasfondo e inspiración a los creadores de este charleston. Por aquella época existía un famoso otorrinolaringólogo donostiarra llamado Fernando Asuero (1887-1942), muy conocido por sus métodos de medicina alternativa. En torno a este señor se creó una especie de mito, ya que se decía que todo aquel que pasaba por su consulta terminaba curado de todo tipo de males.

Es verdad que este señor encontró un remedio misterioso para reducir y atenuar los dolores provocados por la neuralgia de trigémino, un trastorno bastante desagradable del nervio craneal, que provocaba en el paciente fuertes dolores agudos en la mandíbula, los ojos, la nariz, los labios, la frente y el pelo. Estos dolores eran insoportables e incontrolables y provocaban muchísima desesperación en los enfermos (de hecho se llamaba “la enfermedad del suicida”, ya que mucha gente debido al fuerte dolor, se acababa quitando la vida).

El doctor Asuero creó una terapia para eliminar estos dolores, empleando métodos alternativos inventados por él. Según se ve, introducía un aparato por los orificios nasales del paciente, para así llegar a las ramificaciones del nervio trigémino, y desde ahí poder hacer un “golpe de gracia” (que no se sabía qué era exactamente). Con esto, desaparecían los dolores.

Gracias a esto, el médico empezó a hacerse famoso, y los pacientes hablaban y contaban maravillas de él y de su método. Así se empezó a crear una leyenda en torno a este señor, hasta tal punto de asignarle cosas cada vez más extraordinarias y milagrosas, que rozaban la hipérbole  y lo novelesco, y que él mismo se llegaría a creer difundiéndolo en periódicos y conferencias: que tenía el remedio para curar la depresión, los nervios y las parálisis, que un señor en silla de ruedas se acabó levantando y andando tras la consulta con el doctor, que las personas mayores con muletas eran capaces de volver a correr como si fueran adolescentes una vez visitaban al señor Asuero…Como veis, al final, este señor era visto como un chamán, que recetaba tratamientos extraños y estrafalarios, pero que podían ser muy efectivos.

El protagonista habla en primera persona. De ahí la presencia de marcas que hacen referencia al yo poético: posesivos (mis nervios), pronombres (a mí me ha pasado) y verbos (fui, protesté, contesté). El uso del pretérito perfecto simple es síntoma de que estamos ante una canción de contenido narrativo (al menos, en su primera estrofa).

En la primera estrofa de la canción se cuenta el trastorno que sufre el protagonista (de nervios), mediante una personificación de la enfermedad: pues todos mis nervios se han soltado. Para calificar y describir esta enfermedad se usa el adjetivo “extraño”. Esto de debe a que la gente tiende a diferenciar las enfermedades físicas, de las psicológicas. Mientras que las primeras son más conocidas y existen remedios y tratamientos más o menos claros (rotura de un hueso, diabetes, colesterol), las segundas resultan más desconocidas, existían pocos tratamientos (recordad que estamos en los años 20) y la gente lo asocia a la locura y los problemas mentales (la depresión, la ansiedad, los problemas de nervios…). Lo psicológico acaba infundiendo más respeto que lo físico.

El protagonista nos cuenta cómo fue a visitar a un “doctor famoso” (detrás del cual está el doctor Asuero). Así encontramos un juego de palabras, que juega con el doble sentido de la expresión “tocar las narices”: “Y a un doctor famoso le fui a consultar, pero las narices me quiso tocar”.

-Significado 1: Tocar las narices: Significa “generar polémica”, “molestar”, “enfadar”, “fastidiar”. El protagonista fue a ver al médico y este le dio un diagnóstico y un tratamiento que no fue de su agrado. Por eso dice que le fue a tocar las narices.

-Significado 2: Tocar las narices tiene un significado literal (meter algo por la nariz). Se refiere al “método estrella” del doctor Asuero que os he comentado antes. Mucha gente iba a este médico para que le metieran el aparato por los orificios nasales, tocar el nervio trigémino y así eliminar los dolores faciales.

Como veis, la expresión “tocar las narices” permite esta doble interpretación y este doble juego humorístico.

Finalmente, el protagonista cuenta el tratamiento que le ha puesto el doctor para reducir esos nervios: irse a Uruguay. En esta parte de la canción se recurre a un lenguaje arcaico, con el objetivo de caricaturizar la visión de este médico, gracias a la conjunción adversativa “mas” (hoy desaparecida) y el uso del verbo “mandar” como enclítico en lugar de como proclítico (“mandome” en lugar de “me mandó”): Mas como protesté, mandome al Uruguay. Esto le da a la expresión un aire muy añejo.

En el estribillo, el protagonista se niega a cumplir la orden del médico: “Al Uruguay, guay, yo no voy, voy”. Como veis, se trata de un juego puramente fónico, de la musicalidad por la musicalidad, mediante un efecto eco que potencia el ritmo del charleston, repitiendo la última sílaba de la palabra anterior (Uruguay, guay). Incluso dicha repetición permite resaltar una nueva palabra (guay). Guay, es una palabra que empleamos actualmente para decir que algo es bonito o nos parece bien (un tío guay, por influencia de la palabra inglesa “gay”, que significa divertido).

Sin embargo, este significado es reciente (se empezó a populariza los años 80 y 90). Originariamente, “guay” era una interjección, sinónimo de “!Ay!”. Por eso, en esta canción el “Guay” funciona como interjección, como una especie de queja del protagonista, el cual no le apetece cumplir con el tratamiento del doctor. Por tanto, además de ser un juego fónico (del significante) que da aires divertidos, “Uruguay-guay” también es un juego conceptual (del significado).

Aunque sea una queja, se trata de una queja sin trascendencia, sin enfado, sin importancia. Es como “jugar a enfadarse”, recreándote en lo banal, buscando la jocosidad de la situación (no se trata de una queja seria). Estamos ante un texto desenfadado y despreocupado. De hecho, las excusas que da para no ir a Uruguay resultan muy expresionistas, muy deformadas, incluso muy infantiles, como si el protagonista pareciera un niño pequeño que no tiene anclada la noción del mundo y de la existencia: Al Uruguay no voy porque temo naufragar

En los años 20 (sin tantos aviones ni medios de transporte como hay ahora, con gente más ingenua e inocente que no salía de sus pueblos para conocer mundo) viajar a otro continente era toda una aventura, y cuando la gente hablaba de América lo primero que se te venía a la cabeza eran las distancias tan grandes que había (un viaje duraba semanas), y el hecho de que entre España y América había muchísimo mar y te podías ahogar. Por tanto, podemos decir, que este verso puede tener dos interpretaciones:

-           una interpretación más caricaturesca: la deformación de la concepción del mundo y de la realidad que tiene el protagonista está hecha adrede y forma parte de todo el juego de la canción, ya que esta canción es puro divertimento y deformación desenfadada. El hecho de pedirle no ir a Uruguay, sino a París forma parte de dicho juego. El yo poético juega a hacerse el tonto, buscando la carcajada del espectador mediante la sobreactuación y el absurdo.

-           también una interpretación más fundamentada: la gente, acostumbrada a no viajar, no entendía ni de distancias, ni de lugares. Y el mar, lejos de ser algo lúdico como ahora donde la gente se baña y se va de vacaciones, era algo que causaba mucha fobia. Por eso, el protagonista mediante un imperativo le pide al doctor ir a un sitio más cerca donde no haya que cruzar el mar: Mándame a París, si es que le da igual

Yo me inclino más por la primera interpretación, ya que este tema está hecho desde una postura cómica. Sin embargo, dentro de esa comicidad hay cosas que nos remiten a contextos reales que pueden ser válidas en el análisis.

En la segunda estrofa, el protagonista se dirige al espectador-receptor de la canción. Tened en cuenta que muchas de estas canciones estaban compuestas para ser cantadas a un público mayoritario en teatros, cabarets…A la gente le gustaba que el cantante-actor se dirigiera al público. De ahí que haya algunas alusiones al receptor: Y no será extraño […] que alguno de ustedes baile así. De esta manera se rompe el mundo ficticio creado (la historia de la visita al médico) y se establece una conexión con lo real.

El protagonista habla al espectador sobre los movimientos nerviosos que le provoca el trastorno. Esto es una excusa de ofrecer al receptor un espectáculo picantón, sensual que rozaba lo erótico en algunos casos. Normalmente lo cantaba una mujer, así que con el pretexto de que los nervios le producían “movimientos raros”, la cantante-bailarina adoptaba poses muy provocativas con miradas que os podéis imaginar.

Otras veces, se eliminaba el componente picante, y simplemente, se ofrecía una coreografía vistosa, con mucha gente en escena, y se invitaba al público asistente a bailar, moverse y levantarse del asiento, para hacer una fiesta improvisada. El ritmo pegadizo del charleston ayuda mucho: estos movimientos aunque son nerviosos son terriblemente contagiosos, y no será extraño, que al salir de aquí, alguno de ustedes baile así.

El tiempo dramático (de la historia que nos estaba contando en la primera estrofa) se rompe a favor del tiempo escénico: el protagonista ya no está en la consulta del médico, sino en medio del escenario, y de hecho, alude a un posible final del espectáculo, cuando sea la hora de que los espectadores tengan que salir del recinto (no será extraño que al salir de aquí…). El deíctico de lugar AQUÍ enfatiza la consciencia de formar parte de un espectáculo aquí y ahora que de un texto literario. Esto es típico de la revista española que luego en España explotaría muy bien Lina Morgan.

Métricamente, se trata de una canción con una irregularidad silábica en los versos. Se usa el arte mayor, excepto en algunos versos del estribillo en los que hay algún verso octosílabo. Los cuatro primeros versos de cada estrofa forman dos pareados:

Un extraño caso a mí me ha pasado
Pues todos mis nervios se han soltado.
Y a un doctor famoso le fui a consultar
Pero las narices me quiso tocar.

Los hipérbatos (a un doctor famoso le fui consultar, las narices me quiso tocar) contribuyen a cohesionar la rima a estos pareados, y por tanto, a dar musicalidad y ritmo al tema.

lunes, 13 de julio de 2020

Vino amargo: refugiándose del mal de amores en un paraíso artificial


Si en la copla del otro día (Como dos barquitos), el yo poético adoptaba una actitud de dureza anímica y serenidad ante el fracaso amoroso (dominando los sentimientos y controlando sus emociones para no dejarse llevar por los excesos lacrimógenos, e incluso haciendo juegos metafóricos con el fin de quitar afectación lírica), en el tema de hoy, va a suceder todo lo contrario: ante la pena, la voz poética adoptará una actitud más romántica y modernista, evadiéndose de la realidad y refugiándose en mecanismos artificiales, muy del gusto del mundo de la bohemia, como es el alcohol. 

Ya lo dice la sabiduría popular: no hay nada mejor que un buen vaso de Vino amargo (así se titula la canción) para desahogarse y olvidar un poco las cositas malas de la vida. Esta copla, con algunos fragmentos de tango argentino, se hizo muy popular en la voz de Rafael Farina en el año 1956. Diana Navarro también versionó este poema.


Vino amargo es el que bebo,

vino amargo es el que bebo,
por culpa de una mujer,
porque dentro de mi llevo,
porque dentro de mi llevo,
la amargura de un querer.
Quiere reir la guitarra,
pero a mi a llanto me suena,
cada nota me desgarra,
cada nota me desgarra,
el alma como una pena.

Vino amargo,
que no da alegría,
aunque me emborracho,
no la puedo olvidar,
porque la recuerdo,
dame vino amargo,
que amargue,
que amargue,
para quererla más.

Ni con vino, ni guitarra,
yo alegre me he de poner,
aunque yo me meta en farra,
aunque yo me meta en farra,
entre sueños la he de ver.
Palabras se lleva el viento,
como la espuma, llevaba el río,
pero queda el sentimiento,
pero queda el sentimiento,
cuando mucho se ha querío.

Vino amargo,
que no da alegría,
aunque me emborracho,
no la puedo olvidar,
porque la recuerdo,
dame vino amargo,
que amargue,
que amargue,
para quererla más.

...........................................................................


El protagonista adoptará una postura de recrearse en el dolor, de regocijarse en su miseria emocional, de indagar y saborear sus propias aflicciones hasta acabar totalmente hundido. A mí me recuerda al perosnaje principal de Las Noches lúgubres de Cadalso
 
En estribillo podemos ver cómo el vino, en lugar de concebirse como un elemento revulsivo y curativo que permita expulsar las penas, olvidarlas, y envolver de un halo festivo a la gente que lo bebe, hará todo lo contrario: acentuar y engrandecer más el dolor y la desgracia del yo poético: vino amargo que no da alegría.
 
El vino se describe por lo que no hace en lugar de por lo que hace (lítote). El vino, por naturaleza, suele ser dulce. En cambio, aquí se trata de un vino amargo (fijaos en el juego entre la amargura del vino y el amargo del carácter del protagonista). La amargura del vino se suma a la amargura del carácter. Por eso, no es un remedio efectivo. Por mucho vino que bebas y por mucho que intentes evadirte, al final, los problemas siempre seguirán y no podrán olvidarse: aunque me emborracho no la puedo olvidar.
 
Al final, todo se convierte en un círculo vicioso, en un bucle de miserias emocionales donde no hay posibilidad de salir: él siente pena, y por consiguiente bebe más alcohol, el cual hace aumentar todavía la pena y la añoranza por el amor perdido, y por eso surge la necesidad de seguir bebiendo vino. Es como la pescadilla que se muerde la cola: dame vino amargo, que amargue para quererla más.
 
Se recurre al fenómeno de la derivación para relacionar la amargura del vino con la amargura del carácter: “amargo” (adjetivo, relativo al vino) y “amargue” (subjuntivo del verbo amargar, relativo a la psicología del yo poético). El imperativo (dame) nos hace ver que el protagonista se dirige a alguien, un receptor indefinido e impreciso, al que pedir el vino. ¿Será que su estado de embriaguez es tan fuerte que el protagonista “habla solo” sin que nadie le escuche? ¿O está en una taberna de mala muerte y pide al camarero que le sirve otro vaso de vino? Las expresiones lingüísticas permiten múltiples interpretaciones contextuales, a imaginación y especulación del lector.
 
En la primera estrofa el yo poético justifica su estado anímico y su refugio en el alcohol debido a un desengaño amoroso: Vino amargo es el que bebo por culpa de una mujer, porque dentro de mí llevo la amargura de un querer.
 
Como veis, cada vez que se hace alusión al vino, este cobra la primera posición oracional (hipérbaton) con el objetivo de dar trascendencia a la bebida y marcar una actitud bohémica, de intentar crear un paraíso artificial (aunque luego no sea tal paraíso).
 
Las reiteraciones (vino amargo es el que bebo, vino amargo es el que bebo, porque dentro de mí llevo, porque dentro de mí llevo, cada nota me desgarra, cada nota me desgarra) enfatizan el carácter romántico-modernista del poema y da trascendencia a lo personal, lo íntimo, al conflicto individual
 
Las anáforas (muchos versos empiezan por “vino”) también contribuyen a esto. Se produce una derivación: del adjetivo “amargo” se forma el sustantivo “amargura” con el objetivo de seguir reforzando la relación entre lo amargo del vino con lo amargo del carácter.
 
Además del alcohol, se hace alusión a otro recurso típico que sirve de refugio y evasión: la música. A lo largo de estos meses, hemos podido ver cómo hay personajes que calman sus penas empleando la música (recordad a Elvira la cantaora, por poner el primer ejemplo que se me ocurre).
 
Sin embargo, la música, al igual que el alcohol, tampoco servirá de medicamento ni darán solución al problema. La personificación y la comparación enfatizan la nula efectividad de la guitarra como elemento regenerador y sanador: Quiere reír la guitarra, pero a mí a llanto me suena. Cada nota me desgarra el alma como una pena.
 
Fijaos cómo las marcas formales de primera persona ocupan la primera posición oracional (a MÍ a llanto me suena, dentro de MÍ llevo). Es una manera de enfatizar el lirismo y lo anímico sobre lo circunstancial y lo anecdótico. Esta es una copla puramente lírica, sin apenas desarrollo narrativo.
 
La segunda estrofa es una conclusión de todo el poema: los paraísos artificiales no son la solución para olvidar las penas: ni con vino ni guitarra yo alegre me he de poner. La perífrasis de obligación “haber de +infinitivo” da rotundidad y seguridad a la expresión (como si fuera una verdad científica universal). Incluso, de manera indirecta dota a la copla de cierta moralina y didactismo (en plan, “el alcohol no es el refugio”).  
 
Fijaos de nuevo cómo aparece la marca explícita de primera persona (yo) que refuerza el carácter personal y lírico. En esta copla hay muchísimas marcas en las que se manifiesta la voz poética: pronombres (yo, mí, me) y tiempos verbales (emborracho, bebo, recuerdo). Cuando analicéis cualquier poema, no os olvidéis nunca de señalar estas marcas, ya que nos ayudan a analizar el grado de lirismo e implicación del yo sobre el contenido.
 
El grado de sinceridad emocional es cada vez mayor a medida que avanza la copla, hasta tal punto de recurrir a una serie de frases hechas y expresiones coloquiales muy espontáneas como “meterse en farra” (que significa irse de parranda, de juerga, y por consiguiente, emborracharse): aunque yo me meta en farra, entre sueños la he de ver. Esto significa que no se va a sacar jamás a su amada de la cabeza y siempre la va a recordar (y por tanto, atormentar, pues estaba muy enamorado de ella).
 
La conclusión de la copla no puede ser más rotunda, pragmática y verdadera (a modo de filosofía de vida): cuando una relación se acaba, queda el recuerdo de lo vivido, y mientras haya recuerdos, siempre habrá sentimiento de amor hacia esa persona. Ya lo dijo Jorge Manrique en sus Coplas: una persona aunque se haya muerto, va a seguir vivita y coleando, mientras permanezca en la memoria y los recuerdos de las personas vivas (mientras sigan hablando y pensando en ti, siempre seguirás vivo de una manera u otra, aunque te hayas ido al otro barrio).  Pues con el amor, lo mismo: recordar a esa persona (aunque la relación haya terminado) sigue siendo un acto de amor y estima. Todo se acaba esfumando menos los recuerdos.
 
Esto que yo os he intentado explicar es lo que expondrá el protagonista al final de la segunda estrofa, y servirá como conclusión a la canción. Se recurrirá a un refrán de toda la vida, ornamentado y abrillantado con una comparación literaria extraída de una estampa natural: Palabras se las lleva el viento, como la espuma llevaba el río, pero queda el sentimiento cuando mucho se ha querido.
 
Aunque la relación termine (y eso cause pena, dolor, y le den ganas al protagonista de refugiarse en el vino amargo) el sentimiento y el recuerdo hacia esa persona siempre va a estar ahí. Todas las experiencias marcan y sellan la esencia de una persona. Por eso, esta copla, a pesar de recurrir a un contexto bohemio, y ser un alarde de lirismo, también contiene enseñanzas morales que se intentan transmitir al receptor y enseñar un poquito de cómo funciona la vida.
 
Métricamente, los versos de las estrofas son octosílabos. Si no tenemos en cuenta las repeticiones de versos, cada estrofa está formada por la unión de dos cuartetas con rima abab. En los estribillos el número de sílabas y las rimas se irregularizan y van por libre. El lenguaje resulta muy limpio y natural, sin hacer abuso de las figuras retóricas. Es un ejemplo de poesía desnuda, ya que sin tanta metáfora ni amaneramiento, consigue emocionar al receptor.


jueves, 9 de julio de 2020

Visa para un sueño (Juan Luis Guerra): el drama de la emigración en República Dominicana


Hoy os traigo un tema que está a medio camino entre la salsa, el merengue y la bachata. Data del año 2000 y fue interpretado por Juan Luis Guerra. El ritmo latinoamericano no va a ser un impedimento para que esta canción se impregne de un hondo contenido social. Se trata de una canción apta para el baile, pero también para la reflexión sobre el mundo. Se titula Visa para un sueño.


Eran las cinco de la mañana
Un seminarista, un obrero
Con mil papeles de solvencia
Que no les dan para ser sinceros

Eran las siete de la mañana
Y uno por uno al matadero
Pues cada cual tiene su precio
Buscando visa para un sueño
El sol quemándoles la entraña, ¡uf!
Un formulario de consuelo
Con una foto dos por cuatro
Que se derrite en el silencio
Eran las nueve e la mañana
Santo domingo, ocho de enero
Con la paciencia que se acaba
Pues ya no hay visa para un sueño
¡Oh! Oh...
Buscando visa para un sueño
Buscando visa para un sueño
Buscando visa de cemento y cal
Y en el asfalto quién me va a encontrar
Buscando visa para un sueño (¡oh!)
Buscando visa para un sueño
Buscando visa, la razón de ser
Buscando visa para no volver
Buscando visa para un sueño (¡oh!)
Buscando visa para un sueño
Buscando visa, la necesidad
Buscando visa, qué rabia me da
Buscando visa, golpe de poder
Buscando visa, qué mas puedo hacer
Buscando visa, para naufragar
Buscando visa, carne de la mar
Buscando visa, la razón de ser
Buscando visa, para no volver
.......................................................................................

El poema habla del anhelo de los trabajadores de República Dominicana por emigrar a Estados Unidos en busca de una vida mejor, debido a la situación de pobreza y miseria de su país, y las malas condiciones laborales. Obtener el visado para esta gente es fundamental, ya que supone dejar un mundo precario y poder cumplir sus sueños, metas e ilusiones en otro lugar mejor. Por lo tanto, el drama de inmigración está presente en esta canción.

Las estructuras paralelísticas al comienzo de cada estrofa (eran las cinco de la mañana….eran las siete de la mañana…eran las nueve de la mañana…) tiñen de realismo el poema, marcando el devenir del día de una forma monótona, tediosa, lineal, como la vida de los habitantes de Santo Domingo, cuya existencia transcurre en un estado permanente de pobreza, precariedad, miseria. El tiempo pasa y la situación de esta gente no mejora. Viven siempre en un estado de desesperación por sus duras condiciones de vida. El día pasa y siempre es así.

La enumeración en asíndeton en torno a las profesiones (un seminarista, un obrero) engloba a la clase trabajadora, al pueblo llano, a la gente a pie de calle que se gana la vida de forma honrada, echando un montón de horas de trabajo por cuatro duros. En la canción se cita a un trabajador de fábrica y a un alumno de seminario, pero en esta lista se podría incluir cualquier otro oficio (un jornalero, un tendero…). Todos tienen en común ese contexto de precariedad laboral

La hipérbole (con mil papeles de solvencia) permite enfatizar la dureza y deshumanización de la burocracia. Su deseo es salir del país, irse a otro lugar mejor para prosperar y vivir de una forma más holgada. Sin embargo, la administración les obliga a someterse a un proceso, a unos trámites, a un reglamento para poder obtener el visado que les dé el permiso para irse fuera. Si no reciben una autorización legal, no van a poder cumplir sus sueños.

Para irse a otro país necesitan demostrar solvencia económica, es decir, que tienen el dinero suficiente para poder cubrir la estancia y sobrevivir allí el tiempo que estén. Como esta gente es pobre, sus visados van a ser negados. No pueden acreditar la fuerza económica suficiente para vivir en el extranjero, y por tanto, su deseo de prosperar no se ve cumplido.

La administración es cruel, ya que no responde a deseos o sentimientos humanos. A la burocracia le importa un pepino la situación, los anhelos o las ilusiones de cada uno. Ellos solo valoran la situación económica y si no cumplen unos patrones objetivos cuantitativos, no les van a dar ese permiso, por muy mal que lo estén pasando. Si demuestras tener dinero, te dejarán salir fuera. De ahí ese contexto de deshumanización: papeles de solvencia que no les dan para ser sinceros. Los papeles de solvencia recogen cifras, y no sentimientos o emociones. 

La vida de esta gente transcurre en un contexto de normalidad precaria. De ahí la metáfora tan cruel y sanguinaria que encontramos: eran las siete de la mañana, y uno por uno al matadero. El matadero es un lugar que representa la falta de vida, la barbarie, la brutalidad, la ferocidad. Las condiciones de trabajos en República Dominicana son terribles: jornadas largas, sin descansos, sueldos bajos, despotismo de los jefes, nada de seguridad social…Cada mañana los trabajadores no van a trabajar, sino a sufrir, a pasarlo mal. De ahí lo del matadero.

La deshumanización llega hasta tal punto que cada persona solo vale por lo que gana, por el dinero que tiene: pues cada cual tiene su precio, buscando visa para un sueño. Cada uno es una cifra en el sistema. Es una pieza que desempeña una tarea, sin importar cómo te sientes, si eres o no feliz, tu situación personal, tus ideas, tus deseos, tu proyección vital. Tratan a los hombres como máquinas de trabajo. No importa el corazón. Haces un trabajo, te pagan un sueldo (normalmente bajo), y sufriendo abusos y explotaciones.

En este contexto tan cruel, hasta los elementos más vitalistas y optimistas (la luz del sol) se convierten en nocivos y molestos: el sol quemándoles la entraña…En lugar de ver al astro rey como algo maravilloso y bonito (y más en países tropicales/ecuatoriales como estos en los que el sol sube bien alto en el cielo dando calorcito), la gente lo ve como algo molesto. Asocian el día al trabajo, a la no diversión, a la falta de sentido vital. Por eso, el hecho de que amanezca no supone ninguna esperanza ni ninguna ilusión. De ahí ese transcurrir de las horas sin alteraciones (las cinco, las siete, las nueve…)

La gente intenta por todos los medios someterse al proceso legal para obtener el visado, manteniendo la esperanza tal como se refleja en la metáfora: un formulario de consuelo. Mientras estén dentro del proceso, hay posibilidad de que se lo concedan. Mientras hay vida hay esperanza, como dice el refrán jejeje

No obstante, los trámites son largos, dificultosos y están llenos de quebraderos de cabeza y problemas para el solicitante, tal como se expresa en esta imagen: con una foto dos por cuatro que se derrite en el silencio. La burocracia es lenta y se pueden pasar meses hasta obtener una respuesta de la administración, desesperando al que solicita el proceso. A veces, si no lo mueves, parece que se olvidan de ti. La gente cumple las órdenes y ve que por más formularios, fotos y documentos que envíen, no surgen más que silencios e impedimentos. Y eso desanima mucho a alguien con ansia de prosperar.

Los complementos espaciales y temporales circunscriben la situación en un contexto concreto: Eran las nueve de la mañana, Santo Domingo, ocho de enero. Se trata de un problema real que ocurre en un lugar real (la capital de República Dominicana, Santo Domingo). Es algo tangible, palpable, latente, existente, real. Lo que cuenta esta canción es una problemática real como la vida misma. Es el sufrimiento de personas de verdad, de carne y hueso. No es ficción. Ocurre hoy mismo.

Como es lógico, tanta espera desespera: con la paciencia que se acaba…Tened en cuenta que es gente que está en una situación de urgencia. Necesitan huir de allí cuanto antes para empezar a mejorar la situación. Y la administración les impide cumplir sus sueños poniendo trabas y dificultades. Normal que se agote la paciencia de algunos.

La escasez impide al ser humano desarrollarse de manera digna como persona. Salir del país es la única solución para poder autorrealizarse y encontrar unas condiciones adecuadas para que cada persona pueda expresarse tal como lo sienta, y poder cumplir con sus ideales: buscando visa, la razón de ser. De ahí esa oración subordinada final en la que se repudia el propio país de origen en el que la miseria es tan grande que te incita a rechazar tus propias raíces: buscando visa para no volver. Eso es muy duro para cualquier ser humano, no poder disfrutar de la tierra que te vio nacer por razones económicas.

En esta parte de la canción nos encontramos un léxico que denota elementos materiales del mundo de la construcción, y en general, realidades artificiales fruto de obras en las que hay de por medio manos humanas, a base de trabajo y esfuerzo: buscando visa de cemento y cal y en el asfalto quién me va a encontrar. El cemento, la cal, el asfalto son referentes que connotan dureza, sudor, lágrimas, explotación...La administración del país se olvida del sufrimiento humano, tiene desamparado al hombre. De ahí esa interrogación casi existencial: quién me va a encontrar…

Vivir en la pobreza y no poder dar una solución crea un sentimiento de impotencia. De ahí las exclamaciones retóricas (qué rabia me da) e interrogaciones (¿Qué más puedo hacer?). Querer salir de una situación nociva y no poder hacerlo es algo muy duro. Salir del país no es algo que se hace por capricho o diversión. Se hace porque no hay otra salida (buscando visa, la necesidad). Emigrar es la única solución para arreglar los problemas económicos y poder ser un poquito más feliz (buscando visa, golpe de poder). Aunque es duro dejar la tierra que te vio nacer, es la única forma para esta gente de poder sentirse un poquito mejor.

En toda la canción se está tratando el tema de la inmigración desde un enfoque legal. Se trata de gente que lo está pasando muy mal, y hace todo lo posible por conseguir el visado que le permita viajar a un país con mejor condiciones económicas y laborales. Tienen que batallar y hacer mil y una maravillas a la administración para demostrar que son merecedores de la visa.

Sin embargo, en la última estrofa se hace alusión al tema de la inmigración por la vía ilegal. Es gente que está tan desesperada que como último recurso busca echarse a la mar, probar suerte e intentar acceder a otro país jugándose la propia vida: buscando visa para naufragar, buscando visa, carme de la mar. Esta metáfora es durísima. Se trata de seres humanos que están en una situación de emergencia, que no les queda más remedio que arriesgarse, coger sus cuatro pertenencias, subirse a una patera en unas condiciones lamentables e irse a la buena ventura sin saber qué va a pasar.

En estos últimos versos se hace alusión al fenómeno de los balseros dominicanos que penetran en las aguas del Mar Caribe. Muchos de ellos mueren en el intento. Es exactamente lo mismo que ocurría con los cubanos que intentaban llegar a Florida por todos los medios. Muchos morían ahogados en la mar.

Predomina el verso eneasílabo. Las estrofas son cuartetos imperfectos en los que primer y tercer verso van por libre, y el segundo rima con el cuarto: 9- 9A 9- 9. Los últimos versos son pareados (necesidad-dar, poder-hacer, naufragar-mar ser-volver).