viernes, 27 de marzo de 2020

Levántate pamplonica: la canción que delata que España no está en su huso horario

El tema que vamos a analizar hoy es todo un clásico de las fiestas de San Fermín, que como muy bien sabéis, se celebran en Pamplona todos los 7 de julio (y que lamentablemente, este año no se va a celebrar por culpa del Coronavirus). Se trata de una diana, es decir, una canción que se utiliza para despertar a la gente por la mañana. Se titula Levántate pamplonica (o Aupa los irunshemes).



Levántate Pamplonica
y da de la cama un brinco,
Mira que ya son las cinco
 y el encierro es a las seis.

Y aquél que no se levante
por la calle La Estafeta
Lo mandan a hacer puñetas
por ser un mal pamplonés.

El que se levante para las seis
 delante los toros correrá.
San Fermín que todo lo ve,
los bendecirá, los bendecirá, los bendecirá.

.............................................................................................


Ignacio Baleztena fue el encargado de diseñar la letra, tomando como base la melodía de una diana floreada de principios del siglo XX. Los toques de diana sonaban al amanecer en los cuarteles para levantar a los soldados. Los días festivos la melodía de la diana tenía una cadencia más festiva, más musical, menos “guerrera”. De ahí que se llamara diana floreada. En el año 1923 don Ignacio puso letra a una de estas dianas floreadas de los albores de 1900. Y así surgió la canción de hoy, que se ha convertido en uno de los himnos que se cantan todas las mañanas durante las fiestas de Pamplona para despertar a los vecinos y animarlos a acudir a los encierros.

Mediante los imperativos, el yo poético invita a los habitantes de Pamplona a despertarse (levántate, pamplonica, y da de la cama un brinco). Con el vocativo la voz del poema se dirige a una colectividad concreta: la gente de Pamplona, la cual se materializa con el gentilicio (adjetivo de procedencia) “pamplonica”.

El anástrofe o anteposición del complemento al núcleo (da de la cama un brinco…da un brinco de la cama) crea un estado de agitación, intensidad, actividad, movimiento…el yo quiere que la gente se levente lo más pronto y rápido posible para llegar al encierro.

El marcador conversacional (mira) da un toque se espontaneidad al discurso. Reclama la atención de los pamploneses, para que acudan al evento: mira que ya son las cinco y el encierro es a las seis.

Leyendo este versito, seguramente muchos os preguntaréis…vaya hora más rara de empezar los encierros. Pues sí que estaban locos los pamploneses de comienzos del XX, empezar los encierros a las 6 de la mañana cuando todavía no ha amanecido…¿Acaso a los habitantes de Pamplona les apasionaba eso de correr delante de los toros a esas horas tan antisociales de la madrugada en medio de la oscuridad de la noche? Pues sí que estaban buenos jajaja.

Pues os tengo que decir que no. Los pamploneses no estaban locos. El problema no es de cordura, sino de sistema horario. El huso horario que tenía España en 1923 no es el mismo que tiene ahora en 2020. Y el poema, que es un reflejo de la situación de principios del XX, vemos que no encaja con lo que tenemos ahora. Por eso da la sensación de que los pamploneses del XX tenían hábitos muy raros, cuando realmente los que tenemos las costumbres cambiadas somos nosotros fruto de ese cambio de huso. Podríamos decir que el texto se ha quedado desfasado, no concuerda con lo que hay ahora, pero es un reflejo de que hace 100 años, los españoles llevábamos otros horarios distintos. Por eso, analizando la canción desde la perspectiva actual nos choca mucho que un encierro empiece a las 6 de la mañana, cuando lo normal, hoy, es que empiece a las 8.

Esto tiene su lógica y es interesante explicarlo. Me apasiona que una copla como esta dé pie a tratar un tema tan interesante como es el del huso horario. Al fin y al cabo, un texto literario refleja las pautas culturales de una sociedad, que son un vestigio del pasado. Nos permite conocer mejor la historia.

El 7 de julio de 1923 amanecía en Pamplona alrededor de las 4:40 de la mañana. Hoy lo hace sobre las 6:40 (2 horas más tarde). ¿A qué se debe esto? Pues a que en 1923 España se regía por el horario del meridiano de Grenwich (llamado también GMT 0). Es el horario actual de Canarias, Portugal o Inglaterra. Y supuestamente, es el horario que deberíamos tener todo el año ya que es el que más se ajusta al sol. Y según los médicos y expertos, el más sano. Con este horario GMT lo normal es que en España amaneciera en pleno verano entre las 4:15 (zona de Cataluña) y las 5:15 (zona de Huelva). La línea del amanecer estival cruza la península en dirección Noreste-Suroeste. Y España es el último sitio de Europa en llegar la luz del sol.

¿Qué es lo que pasó en 1940? Llegó Franco y decidió abandonar el uso GMT 0 y tomar la referencia horaria de un meridiano más el este: el meridiano de Berlín y Roma, que es el horario que rige todos los países de Centroeuropa (GMT+1). Es nuestro horario actual de invierno que tenemos todos los años desde la última semana de octubre a la última semana de marzo. Por lo tanto, a comienzos de los cuarenta, adelantamos una hora al reloj, de tal forma que amanecía una hora más tarde, pero también anochecía una hora más tarde. De esta manera, en Pamplona ya no amanecía en verano a las 4:40, sino a las 5:40. Con este cambio, a las 5 de la mañana todavía no había salido el sol en Pamplona (estaría a punto de clarear).

Todos los países de Europa Occidental aplicaron durante los años 40 el GMT +1 como gesto de acercamiento a la Alemania Nazi. Después de la Segunda Guerra Mundial, Portugal e Inglaterra volvieron a su horario original (GMT 0), mientras Francia y España decidieron quedarse en el GMT +1. Y todavía seguimos hoy así.

Pero es que todavía hay más. A raíz de la crisis del petróleo de 1973, muchos países europeos decidieron adelantar una hora sus relojes durante el verano, para fomentar el ahorro energético retrasando el anochecer hasta pasadas las 21:30. España, a pesar de estar ya adelantada una hora, aplicó también el cambio horario de verano, de tal forma que todos los años, desde la última semana de marzo a la última semana de octubre, nos situamos dos meridianos más el este que el de Greenwich (GMT+2). Es el horario de la Europa del Este (Grecia, Finlandia…). Por lo tanto, se retrasó el amanecer estival una hora más, de tal forma que llegamos a la situación actual que es cuando amanece en verano alrededor de las 6:40.

Si el encierro siguiera empezando a las 6, se realizaría de noche. Por eso, a raíz de estos cambios de huso, la gente también empezó a cambiar sus hábitos de vida y a retrasar todas sus rutinas.

Lo normal es que un encierro de San Fermín empiece una hora después de amanecer. Si en el verano de 1923 amanecía a las 5, lo normal es que el encierro empezara a las 6 (como refleja la canción). Si en el verano de 2020 amanece a las 7, lo normal es que se haga el encierro a las 8 (como pasa hoy). Al final, nos adaptamos a todo. Sería absurdo levantarse antes de esa hora, ya que todavía sería de noche. Así los españoles empezamos a retrasar nuestras costumbres y tenemos el sambenito (y con razón) de ser los últimos en desayunar, comer, salir de trabajar, cenar, acostarse. Eso de comer a las 3 de la tarde, cenar a las 10 de la noche o acostarse a la 1 de la madrugada es simplemente una costumbre moderna derivada de estos cambios de huso. Y solo sucede en España (que es el país más desviado respecto al sol). Nos pasamos todo el año 1 hora adelantados respecto al sol durante el invierno, y 2 horas durante el verano. En Galicia, 2 en invierno y 3 en verano. Una locura que acaba resintiendo nuestros cuerpos (aunque no lo parezca). Una persona que se levanta a las 6 en verano, lo está haciendo a las 4 hora solar. Una burrada. Tenemos fama de vagos, pero realmente, respecto al sol somos los que más madrugamos de toda Europa jajjajaa (y los que menos dormimos)

Se supone que esto se hace para aprovechar mejor la luz. Adelantándonos al sol conseguimos quitar luz a las mañanas para dársela a las tardes que es cuando se tiene el tiempo de ocio.
¿Cosas buenas?

-Nuestras tardes invernales se equiparan a las de un país tropical, con luz hasta las 18:00. Aunque a algunos os parezca deprimente el invierno, somos los más afortunados en ese sentido. En los países nórdicos a las 15:00 ya es de noche. En Alemania o Inglaterra a las 16:00. En Roma o París a las 17:00. Nosotros somos los únicos que tenemos luz hasta las 18:00

-Nuestras tardes de verano son larguísimas, equiparables a las de un país del norte de Europa. En Galicia, por ejemplo, se llega a tener luz hasta pasadas las 11 de la noche durante algunos días de junio, como sucede en ciudades cercanas al polo (Estocolmo, Oslo…)

-No desaprovechamos luz durante las mañanas de verano. En muchos países de Europa en verano amanece a las 4-5 de la mañana. Se supone que a esas horas la gente está durmiendo, por lo que la luz no se aprovecha (además de resultar muy incómodo para conciliar el sueño). Si volviéramos al GMT 0 con las costumbres de ahora, se devoraría un montón de luz por la mañana de verano, ya que a las 5 de la mañana muy poca gente estaría despierta.

¿Cosas malas?

-Nuestras mañanas invernales son demasiado oscuras para la latitud en la que nos situamos. España tiene 9 horas de luz en el mes de diciembre. Se supone que ese tiempo da para cubrir toda la jornada laboral y escolar. Si tuviéramos 5 horas de luz como Finlandia es evidente que te tienes que comer sí o sí la oscuridad en las primeras y últimas horas del trabajo. Pero teniendo 9 se supone que no hay necesidad de tener que ir al trabajo de noche. Sin embargo, con nuestro horario desviado nos pasamos la mitad del año levantándonos y entrando a trabajar en las tinieblas. Durante diciembre y enero amanece pasadas las 8:30 (en sitios de Galicia llega a amanecer durante varios días cerca de las 9:10, como si fuera Estocolmo jaajaa). Incluso en octubre, cuando todavía hay 11 horas de luz, gracias a la prolongación del horario de verano GTM+2 durante ese mes, el día empieza entre las 8:15-8:45. ¿El contrapunto? Disponemos de tardes más largas.

-Nuestras noches de verano son más calurosas de lo que deberían. Esto es de cajón. Si tenemos luz hasta las 22:00 de la noche (y más en un país como España, que ya se sabe las temperaturas que sufrimos), está claro que el calor va a perdurar hasta bien entrada la madrugada. En las noches de verano nos cuesta conciliar el sueño, ya que si el sol se va a las 22:00, cuando llega la hora de acostarse, hace muy poco tiempo que empezó a aflojar el calor. Por lo tanto, no refrescará hasta las 1-2 de la mañana. Si anocheciera dos horas antes (a las 20:00, que es la hora a la que debería hacerlo con GMT 0), a las 23:00 ya empezaría a correr un poco el aire y se podría dormir mucho mejor. ¿El contrapunto? El sol a las 4:15/4:30 ya estaría fuera, por lo que a las 8-9 de la mañana, con el astro rey bien alto, la calle ya sería un horno desde bien temprano jajajjaa. Otro problema derivado de este anochecer estival tan tardío es que la gente que madruga al día siguiente (los niños que tienen que ir al cole en mayo-junio, trabajadores que a las 5 de la mañana se levantan), no les queda más remedio que irse a la cama con luz todavía en el exterior.

Con este desfase horario (1 hora en invierno y 2 en verano) los turistas que vienen a nuestro país se quedan con la imagen de que España es un país en el que hay mucho sol. Esta ilusión la hemos creado nosotros de una forma artificial. Y para que me entendáis, os lo voy a explicar con un ejemplo

Yo tengo una amiga que vive en una ciudad de Finlandia llamada Turku. Yo vivo en Ciudad Real (4000 kilómetros de distancia). El día invernal español tiene una duración de 9 horas. El día de invierno de Turku, 5 horas. Por lo tanto, durante los meses fríos Ciudad Real tiene 4 horas más de luz que Turku.

La situación se invierte en verano. El día estival español tiene una duración de 15 horas. El día de verano de Turku, 19 horas. Los fineses nos ganan por 4 horas durante esos meses cálidos.

El número de horas de luz es exactamente el mismo a lo largo del año. Sin embargo, mi amiga tiene la sensación de que en España hay más sol que en su ciudad. ¿Por qué se crea esa ilusión? Pues básicamente porque los españoles, desviándonos dos husos hemos sabido reubicar las horas de luz en los momentos del día en que hay mayor actividad.

Vamos a analizar la situación del amanecer invernal. Durante los días más cortos del año, el sol sale en Ciudad Real en torno a las 8:35 de la mañana. Justo cuatro minutos después lo hace en Turku (recordad que Finlandia tiene una hora más, así que el sol sale en Turku a las 9:39, 8:39 hora española). Cuatro minutos de diferencia. Normalmente, siempre amanece antes en Turku que en Ciudad Real, salvo una docena de días de finales de diciembre y principios de enero que lo hace 4 minutos antes en la ciudad manchega.

Si hemos dicho que Ciudad Real tiene 4 horas más de luz que Turku en invierno, y los dos países amanecen casi a la vez en invierno…¿Dónde está la diferencia entonces? Pues esas 4 horas que nosotros tenemos demás, las colocamos en la tarde, de tal forma que el día empieza a la vez, pero cuando en Turku anochece nosotros tenemos 4 horazas más de luz para disfrutar. Es la envidia sana que mi amiga siente cada vez que hablo con ella en invierno

A mediados de diciembre, en la ciudad de Turku anochece sobre las 15:20 de la tarde. Esto significa que a las 14:20 hora española, en Turku se ha puesto el sol. En Ciudad Real sigue siendo de día (solo pasa una hora del mediodía), y todavía queda luz para rato. Desde las 14:20, hasta las 17:53 que se hace de noche en invierno en mi ciudad…todo ese tiempo Ciudad Real tiene sol y Turku no. Es decir, esas 4 horas demás, las colocamos en el momento central del día, cuando la gente está haciendo actividad (comiendo, trabajando, estudiando, ocio, paseando…). Entonces, se crea la imagen de que la tarde invernal española es larguísima (en comparación al resto de países). Igualamos el amanecer al resto de Europa, y las horas sobrantes de luz para la tarde.

Ahora vamos a la situación contraria: el anochecer de verano. Durante los últimos días de junio y primeros de julio, en Ciudad Real se hace de noche a las 21:45. En la ciudad de Turku lo hace 19 minutos después (a las 23:04, 22:04 hora española). Normalmente, en La Mancha siempre anochece después que en Turku, salvo esos pocos días del solsticio de verano que lo hace unos minutos antes aquí

De todas formas, la diferencia es mínima (no llega a 20 minutos). Y ya hemos dicho que el día de verano de Turku dura 4 horas más que el de Ciudad Real…¿Dónde colocan los fineses esas cuatro horas de luz demás? En la madrugada.

Durante los meses de junio y julio, el sol sale en Turku a las 4:00 de la madrugada (3:00 hora española). Eso significa que desde las 3:00 de España hasta las 6:50 que amanece en Ciudad Real en pleno verano…todo ese tiempo (casi 4 horas) es tiempo de luz en Turku que en España no disfrutamos. Lo que pasa es que a esas horas, la gente está durmiendo, descansando, sobando. Es tiempo no disfrutable. Las cuatro horas extra las colocan en un momento del día en que no hay nada que hacer.

Esa es la principal diferencia entre España y Finlandia. Nuestras 4 horas demás en invierno las colocamos en momentos de actividad, de vida, de rutina, de estar despiertos (por la tarde). Sus 4 horas los finlandeses las colocan en un momento del día que es imposible de aprovechar, ya que la gente está durmiendo (madrugada). Por eso se crea la sensación de que nosotros tenemos más luz que ellos, cuando no es verdad. Nosotros igualamos nuestro anochecer de verano al resto de países de Europa, a costa de llevar nuestro amanecer estival hasta las 7 de la mañana (cuando en resto de países ya están amanecidos desde hace varias horas).

España es el país que menos horas de luz tiene en verano, pero las aprovechamos mejor, llevando el anochecer hasta pasadas las 10 de la noche en muchos puntos de la península. Total, a las 3-4-5-6 de la mañana estamos durmiendo y no nos importa. Y gracias a eso, nuestras tardes de verano son tan largas, como si viviéramos en el norte de Europa.

En fin…me encanta cómo a partir de una cancioncilla de San Fermín hemos podido explicar un tema tan interesante como este. Esta canción es la prueba del algodón de que España está en un huso horario que no le corresponde. Y también, nos muestra que en 1923 nuestros abuelos se regían por unos horarios distintos.

La literatura refleja muy bien las pautas culturales de una sociedad. Algo parecido sucede también con los refranes. Si nos ponemos a analizar proverbios relacionados con la luz del sol, veremos que hay datos que no nos cuadran desde la perspectiva actual. Veamos algunos ejemplos:

-Por San Antón, a las 5 y con sol. Yo cuando era chico recuerdo escuchar este refrán a mi abuela, y yo, por más que lo analizaba e intentaba darle sentido, no conseguía comprenderlo: ¿Cómo que a las 17:00 un 17 de enero hay sol, si a las 5 de la tarde hay sol todos los días del año? Con el horario actual de invierno (GMT+1) ningún día anochece en España antes de las 17:00. ¿Entonces, qué es lo que pasa?

Antes de 1940, con el horario de Greenwich, en el mes de diciembre anochecía alrededor de las 16:30-16:45. Por lo tanto, en los peores meses del año a las 17:00 era de noche (como hoy sucede a las 18:00 en Navidad). Cuando llegaba mediados de enero, la gente notaba que la tarde empezaba a alargarse ligeramente, y a las 17:00 ya había algo de luz. Por eso se decía que por San Antón a las 5 y con sol. Hoy tendríamos que decir, por san Antón a las 6 y con sol (aunque no suene tan bien jajajaja)

-Por la virgen de agosto a las 7 está fosco (fosco=oscuro). Si lo analizamos desde la perspectiva actual, veremos que el refrán no tiene coherencia. Si un 15 de agosto a las 7 de la tarde nos da por mirar al cielo, veremos al sol todavía relativamente alto, dando sus buenos rayos de luz. Entonces…¿Cómo que a las 7 está oscuro? No entender…

Pues muy sencillo. Antes de 1940, con el horario de Greenwich anochecía en verano entre las 19:30-20:00. Cuando llegaba el 15 de agosto, la Asunción, la gente percibía que la tarde comenzaba a achicarse de una forma bastante considerable, y a las 19:00 ya estaba anocheciendo (frente a las 19:30-20:00 del mes de junio). En casi dos meses se había perdido un poco más de media hora. Con el horario actual, el refrán debería formularse de esta manera: por la virgen de agosto a las 9 está fosco. Cuando llegaba la feria de mi ciudad, recuerdo a mi abuela decir…cómo se nota ya los días!!!!!!!!!. Salías a la calle a las 21:00 y contemplabas con horror cómo se estaba haciendo de noche (frente a las 22:00 del solsticio de junio), síntoma de que el verano se estaba acabando.

No obstante, si tomamos el refrán original y lo aplicamos a la mañana en lugar de a la tarde, creo que podría seguir teniendo algo de validez: por la virgen de agosto a las 7 (de la mañana) está fosco.

En pleno junio amanece en España entre las 6:30 y las 7:00. Cuando llega agosto, la mañana también ha perdido luz. El día 15 en muchos puntos del centro y oeste amanece alrededor de las 7:30 de la mañana. Por lo tanto, a las 7 todavía no ha salido el sol y está fosco. Aunque sea en otro sentido, al menos este refrán sigue teniendo validez.

Y después de toda esta parafernalia de dimes y diretes con el horario, vamos a completar el análisis de nuestra canción de San Fermín.

¿Por dónde íbamos?

Ah sí…cuando la voz poética animaba a los habitantes de Pamplona a levantarse de la cama, a toque de diana, a las 5 de la mañana, para acudir al encierro que empezaba a las 6. Y de ahí he soltado todo el rollo jajajjajaa

El yo lanza una especie de pullita, de ataque, de crítica a los que no acuden a la fiesta. Se dirige a los “disidentes” mediante una oración adjetiva de relativo: Y aquel que no se levante….por la calle La Estafeta lo mandan a hacer puñetas por ser un mal pamplonés.

La Estafeta es el nombre de una de las calles más emblemáticas de Pamplona, por donde trascurren los encierros de San Fermín. Mide alrededor de 250 metros. Empieza en la curva de Mercaderes y acaba en el tramo de Telefónica. Posee una leve pendiente, y está cubierta de losetas y adoquines.

Se recurre a una expresión que roza lo vulgar para atacar a aquellos que no siguen las costumbres de la ciudad (lo mandan a hacer puñetas, por ser un mal pamplonés). En ese sentido, la copla posee un tono un poco radical, ya que clasifica a los pamploneses positiva o negativamente en función de la adopción de la tradición. Los que no van a los encierros no merecen ser considerados miembros del conjunto o colectivo. Quedan excluidos y denostados mediante al adjetivo subjetivo (mal pamplonés).

En la última estrofa, el yo poético elogia a aquellos que siguen la tradición y acuden a correr a los encierros: De nuevo, mediante una oración de relativo sin antecedente, la voz del poema selecciona/discrimina a un público concreto, al que se dirige de forma específica para diferenciarlo del otro colectivo: el que se levanta a las seis delante de los toros correrá, San Fermín que todo lo ve, los bendecirá. Este colectivo es el bueno. El otro, era el malo. Se genera un contraste.

San Fermín, el patrón de Pamplona, queda representado como una divinidad omnipresente mediante una oración de relativo explicativa: San Fermín, que todo lo ve, los bendecirá. La gente que cumple la tradición merece ser encomiada por el santo.

Métricamente predomina el verso de arte menor. La primera estrofa sigue el esquema 8- 8a 8a 8-. La segunda, igual. Y la tercera es una copla clásica: 8- 8a 8- 8a

sábado, 21 de marzo de 2020

Ahora me ha tocado a mí: una copla que habla de la copla


A lo largo de estos meses que lleva abierto el blog hemos analizado coplas de contenido amoroso, moral, político, nostálgico, nacionalista, caricaturesco, costumbrista, cómico, simbólico…Sin embargo, tampoco nos podemos olvidar de aquellos temas que tienen como protagonista a la propia copla, es decir, canciones que hablan de este género tanto en su faceta musical, como dramática e histórica.

Al igual que existe literatura que habla de la propia literatura (la metaliteratura, la matepoesía, la metanovela, el metateatro…) también existe una rama metamusical en la que las letras de las canciones hacen alusión al propio género coplero, a sus cantantes, a los temas más emblemáticos. Se utiliza la música para hablar, reflexionar, exaltar y elogiar a la propia música, en este caso la copla.

Un ejemplo de metacopla es el poema que os traigo hoy que se hizo muy popular en los inicios de Isabel Pantoja, allá por el año 1975: Ahora me ha tocado a mí


Desde que era un comino

me gustaba remedar a las estrellas.
Presintiendo el destino
que algún día yo iba ser igual que ella.
Y al oír, y al oír mis cantares
contemplando los cristales de mi cara.
Me decía mi madre murmurando,
murmurando esta chiquilla está majara.
Lo que tuve en el sentío
lo he llegado a conseguir.
Mi locura se ha cumplío.
Ahora me ha tocado a mí.
Ahora me ha tocado a mí.
Ahora, ahora me ha tocado a mí.

Copla, copla de España morena
. Copla de alegre querer
Que habla de gozos y penas,
y de celos y de amores.
Copla, copla de llanto y tormento
copla de alegre querer.
Que alborota el pensamiento
del hombre y de la mujer.
Copla de sangre caliente de España.
Sol de los soles.
Cuando te escucho valiente,
yo misma te digo ole,
ole, ole, ole y ole.

No hace falta mantilla,
ni abanico, castañuela, ni peineta.
Pa cantarle a Sevilla
al compás de un pasodoble o una saeta.
Y en aquel, y en aquel lo que falta,
pa’ poner el sentimiento en los cantares.
Que se entre la gente,
y a la gente hace gritar viva su mare.
Y allá por España entera, voy cantando mi sentir
Y es mi copla una bandera.
Ahora me ha tocado a mí.
Ahora me ha tocado a mí. Ahora,
ahora me ha tocado a mí.

Copla, copla de España morena.
Ramo de luz y de flores.
Que habla de gozos y penas,
y de celos y de amores.
Copla, copla de llanto y tormento
copla de alegre querer.
Que alborota el pensamiento
del hombre y de la mujer.
Copla de sangre caliente de España.
Sol de los soles.
Cuando te escucho valiente,
yo misma te digo ole y ole y ole, ole y ole.
Yo misma te digo ole.

.....................................................................................


La protagonista del tema es una cantante de copla, la cual ha conseguido hacerse un hueco en el difícil mundo del género. Se muestra entusiasmada, extasiada y apasionada por su profesión. Por eso, la canción se concibe como un homenaje y exaltación a la copla, pues el yo poético va a manifestar todo aquello que siente al cantar, su “filosofía coplera”, la importancia que tiene el cante en su vida, cómo poco a poco se ha abierto camino y ha madurado su talento innato y natural, sus deseos de poder ser coplera y vivir de la música. Da las gracias a la copla por todo lo que ha supuesto en su vida.

La canción es una manera de demostrar que la copla no solo es un hobby o afición para la voz poética, sino también una forma de vida, un modo de ver las cosas que cohesiona su existencia. Es una forma de homenajear y demostrar la pasión que tienes por algo que forma parte de tu vida.

El poema empieza con uno de los tópicos más manidos del mundo del arte (que aquí se aplica a la copla, pero valdría para cualquier tipo de manifestación musical, literaria, pictórica…): el artista lo es de manera innata y natural desde el momento que nace y es un niño. Un artista nace con algo, que ni se compra ni se vende, ni se estudia ni se aprende (al talento) y si eso lo desarrolla adecuadamente puede dar lugar al triunfo, al éxito y a la calidad artística.

En la primera estrofa la protagonista hace un flashback, evocando recuerdos, anécdotas, impresiones, y estampas de su infancia, cuando todavía no era una artista pero había signos que auguraban una próspera trayectoria en esto de la copla, y se iba a convertir en una buena cantante. El pretérito imperfecto (iba, era, decía) evoca esas instantáneas del pasado. El gerundio (presintiendo, contemplando) permite profundizar y ahondar en ellas, impregnándolas de sentimiento.

Mediante la metáfora coloquial “desde que era un comino”, la protagonista se remonta a su infancia, aunque en este caso de manera jocosa, entrañable y afectiva, poniendo énfasis en el tamaño enano y pequeño que suelen tener los niños (como el comino que echamos a la comida, que es de tamaño diminuto).

Tened en cuenta que la infancia es una época en que los futuros artistas ya empiezan a poner en práctica sus dotes de manera espontánea (hacen sus pequeños pinitos), e incluso comienzan a indagar en sus posibles deseos y pasiones del tipo “yo quiero ser una cantante de copla muy conocida y triunfar en los teatros”. Los niños, por lo general, son muy puros e intuitivos y estas motivaciones que parecen tan inocentes y triviales, pueden acabar cumpliéndose con el paso del tiempo (quiero ser profesor, quiero ser actor, quiero ser modelo…). ¿Os ha pasado esto a vosotros? La protagonista desde que era pequeña ya tenía claro que quería dedicarse a cantar copla (como les pasa a muchos artistas).

Se hace un juego de palabras con la polisemia del término estrella: por un lado, la estrella como astro (elemento celeste); y por otro lado, la estrella de artista (estrella musical). Esto permite dar una visión determinista de las dotes artísticas. Ya sabéis lo que implica el determinismo astrológico (recordad El día que nací yo que analizamos hace unas semanas). Dependiendo de la posición de las estrellas al nacer, la persona está predestinada a triunfar o no en el mundo del arte (ser una estrella). De ahí que la protagonista intuya su propio destino y se eleve al nivel de estrella: algún día iba a ser igual que ellas

La primera estrofa también se recoge una estampa bastante recurrente en muchos niños que sentían predilección por el mundo del arte y de la música, que era la de verse incomprendidos por la familia. Hace 40 años, el hecho de que un hijo te dijera que quería ser artista, era todo un deshonor y una vergüenza. El artista era considerado un bicho raro, y estaba muy mal visto en la sociedad de la época. La gente asociaba lo artístico a lo cómico, a aquellas personas que iban de pueblo en pueblo, deambulando en furgonetas y caravanas, hombres y mujeres mezclados, y encima, ganando cuatro duros.

El mundo del teatro generaba mucho repelús, y la gente lo identificaba con lo pecaminoso y lo amoral. Por eso, en la copla la protagonista cuenta cómo, siendo niña, cada vez que su madre la veía cantar, no la tomaba en serio e incluso la tachaba de loca.

Esto se refleja con el estilo directo libre (me decía mi madre murmurando/murmurando esta chiquilla está majara). La anadiplosis de murmurando enfatiza la vergüenza y repelús que generaba este mundillo. El hipérbaton (al oír mis cantares […] me decía mi madre…) ralentiza la narración, y ayuda a la protagonista recrearse y saborear esos recuerdos con cierto cariño.

La reduplicación (y al oír, y al oír mis cantares) da un carácter habitual y cotidiano a lo artístico (la protagonista se pasaba el tiempo cantando, para disgusto de la madre).

Encontramos una metáfora muy poética para referirse a los ojos de la protagonista: contemplando los cristales de mi cara

El yo poético cierra la primera estrofa contando cómo todos esos deseos y sueños de querer ser coplera, esas intuiciones que tenía de niña de poder triunfar en la música, se fraguado en la realidad. Al final, el destino astral se ha cumplido, y ahora es una buena artista. Lo que antes era una idea, un sentimiento, una pretensión, un objetivo, una abstracción (querer ser), ahora se ha hecho realidad, se ha materializado, se ha convertido en tangible, concreto (ser): Lo que tuve en el sentío lo he llegado a conseguir. Mi locura se ha cumplido.

Los verbos “conseguir” y “cumplir” expresan maduración de procesos que acaban culminando y llegando a un punto álgido.

El verso “ahora me ha tocado a mí” (que da título a la copla) hace referencia a ese momento de explosión: todos los artistas tienen unas virtudes, unas cualidades, y solo hay que esperar el momento exacto para demostrarlas (dar tiempo al tiempo) y así poder verse reconocido tu talento. Al final, tarde o temprano, la gente que tiene arte lo acaba demostrando y existe como una “justicia poética” que reconoce las cosas que se hacen bien (como si todo estuviera ya escrito y el artista estuviera predestinado al éxito).

Como veis, esta copla representa muy bien la postura de que el arte nace y no se hace, dando más importancia al innatismo, que al aprendizaje, la adquisición o lo académico. El arte (en este caso, musical) se ve como algo caprichoso, irracional, determinista, elitista, misterioso (solo unos pocos elegidos, los que son tocados con la varita mágica divina al nacer lo tienen).

Hay que reconocer que se da una visión muy idílica de este mundillo (todo artista tiene su momento de gloria). La realidad no es tan dulce como sucede en la canción: hay artistas que a pesar del talento no consiguen ser reconocidos por otros factores ajenos al arte (psicológicos, comerciales, económicos…). Y por supuesto, por mucho que lo neguemos, la técnica es también importante. Si una persona tiene talento y no lo educa, estudia o dosifica, no va a conseguir buenos resultados.

El estribillo se plantea a modo de himno, como si fuera un homenaje y elogio a la copla, con un fuerte componente descriptivo. En unos pocos versos se consigue definir y resumir la esencia de este género, haciendo alusión a los contenidos que se suelen tratar en sus letras. Para esto se utilizan diferentes recursos formales:

-Por un lado, el vocativo (copla, copla de España morena…). La protagonista está continuamente invocando y cantando a la copla, a modo de agradecimiento, ya que gracias a ella puede dedicar su vida a lo que de verdad le gusta.

-Muchos versos del estribillo empiezan por la palabra copla, dando lugar al fenómeno de la anáfora (copla de España, copla de llanto, copla de sangre). Parece que cuantas más veces aparezca la palabra copla en el texto, más protagonismo tiene (como suele ocurrir en los textos litúrgicos, heroicos y panegíricos, donde siempre ese alude a una misma deidad a modo de homenaje y declamación).

-El uso de estructuras paralelísticas (copla de España morena, copla de alegre querer, copla de llanto y tormento, copla de sangre caliente) da rotundidad y expresividad al poema, ya que en lugar de describir la copla empleando extensas y complejas oraciones (cohesionadas con enlaces), se opta por reducir la sintaxis lo máximo posible (dando más importancia a la palabra y al sintagma que la oración).

Esto da al estribillo un carácter lacónico y sintético, con nombres y adjetivos escuetos, que no necesitan unirse a más elementos para transmitir matices, ya que por si solos dan fuerza y contenido. No hay necesidad de engordar los sintagmas con elementos de relleno. Con el léxico que hay (llanto, tormento, sangre, querer) se está diciendo mucho sin necesidad de hacer oraciones largas.

-Las personificaciones (copla que habla…, copla […] que alborota el pensamiento…) dota de viveza al género, lo humaniza y lo convierte en un elemento trascendental para la vida.

-La enumeración en polisíndeton (de gozos y penas y de celos y de amores) enfatiza la variedad y globalidad de temas/asuntos que trata la copla (amor, desamor, celos…). Con la copla se puede hablar cualquier aspecto de la vida, de la realidad, de todo lo que nos rodea, tanto del mundo exterior y tangible como del mundo interior e íntimo de todos nosotros.

La canción española cuenta historias, analiza el mundo, transmite sentimientos, explica cosas, describe realidades…(lo que yo intento desde hace tres meses con este blog). La copla y la literatura son un reflejo de la propia vida (de cómo el mundo real y sensorial se transforma, se convierte en un mundo autónomo e independiente, con sus propias normas y códigos, pero que bebe de lo que pasa en la realidad).

La literatura y la copla no existirían si no existiera la realidad. De hecho, el léxico del estribillo posee un carácter antitético (alegrías y penas, hombre y mujer). Esto nos hace ver cómo la copla forma un abanico que abarca absolutamente TODA la realidad, como una montaña rusa. Y como sabéis, la vida es una sucesión de penas y alegrías, mentiras y verdades, placeres y dolores…La antítesis ayuda a concebir la copla en el texto como una realidad global y vital, que se puede dar en todo tipo de situaciones, por muy opuestas que sean. Por eso, hay coplas que son unos dramones que nos emocionan y nos hacen llorar, pero también hay coplas que son pura comicidad y juego, y nos hacen reír.

-El poliptoton (repetición de una misma palabra en diferentes formas, en este caso en singular y plural: sol de los soles), tiene una función de engrandecimiento y homenaje a la copla. En este tipo de temas de alabanza, no suele faltar la pincelada nacionalista, pues se consideraba que uno de los elementos autóctonos, castizos, idiosincrásicos, identificativos y tradicionales del folclore y el pueblo español es la copla: copla de sangre caliente de España.

Esta canción fue escrita en los años 70, época en la que la copla empieza a decaer, siendo eclipsada por las modas pop-rock europeas. Por eso, muchos poetas de esas décadas, en sus letras reivindican lo español, y una de las maneras era a través de la copla: la copla es algo nuestro y hay que mantenerla viva

Ahora me ha tocado a mí es una canción que refleja muy bien ese espíritu de querer defender un género nuestro que estaba extinguiéndose poquito a poco. Era un orgullo para muchas personas identificar la copla con lo español, ya que cada nación tiene su propio carácter, que le diferencia del resto. Esta postura tan romántica y nacionalista se dio con fuerza en los años 70 y 80 con coplas que hablaban de que era una pena que la copla hubiera muerto, que ya no había inspiración, que había que hacer algo por recuperarla, que España necesita algo propio, que la copla es un género de mucha calidad, con mucho dramatismo…

Eran temas que intentaban abrir los ojos a la gente y hacerles ver que hay que escuchar canción española y no solo los nuevos géneros extranjeros que se estaban poniendo de moda. El autor de este poema quiere engrandecer la copla, endiosarla, elevarla, que ocupe un puesto importante en la sociedad.

Si en la primera estrofa la protagonista nos cuenta el proceso de cómo llegó al estrellato (sus intuiciones de niña, los signos que lo anunciaban y su culminación), en la segunda estrofa lo que hará será justificarlo, y nos dirá por qué le gusta la copla, por qué es su pasión y por qué se ha convertido en el elemento más importante de su vida.

En esta parte, la canción se convierte en una poética coplera. Básicamente nos dirá que la copla (como toda manifestación artística) es un instrumento de expresión de sentimientos y emociones. Se crea un flujo lírico bilateral

Por un lado, hay un público que está dispuesto a emocionarse, a divertirse, a dejarse llevar. Es la función evasiva del arte: la copla permite a la gente olvidarse de la realidad por unos segundos, de los problemas cotidianos. Nos metemos de lleno en un mundo nuevo y experimentamos sensaciones que no se podrían vivir en la vida real

Por otro lado, la protagonista (cantante-actriz) y la canción. Son los medios para poder expresar esos sentimientos que el público quiere experimentar: y a la gente hace gritar viva su mare. Sin un buen tema y una buena interpretación no se puede conseguir eso.

El público busca no quedarse indiferente, conmoverse, que la unión de copla y cantante dé lugar a un sentimiento (ya sea alegría, dolor, rabia…la clave es que marque, deje sello, exprese).  Eso es lo que motiva a la protagonista, dota de sentido al género.

Es verdad que la protagonista a veces roza la hipérbole (y allá por España entera voy cantando mi sentir), y puede parecer excesiva a la hora de derrochar su pasión.

Además, se da una concepción muy genuina y pura de la copla (que es la que a mí particularmente me gusta). La protagonista defiende una copla basada sobre todo en la palabra, en la expresión, en el contenido, en la voz, evitando el ornato, los excesos escénicos, la barroquización. Defiende una copla sin atrezos absurdos: las peinetas, los abanicos, las castañuelas, las mantillas, las batas de cola, no son necesarios. Una cantante puede emocionar y poner los pelos de punta, sin necesidad de parecer una feria con tanto adorno y accesorio.

La enumeración de palabras relacionadas con el campo semántico de lo coplero ayuda a matizar esta idea: No hace falta mantilla, ni abanico, castañuela, ni peineta. pa cantarle a Sevilla al compás de un pasodoble o una saeta.

Como veis, se reivindica una copla desnuda, limpia, elegante, sin artificios que afeen y/o quiten importancia al contenido dramático de la canción. Realmente, lo único que hace la bata de cola, la peineta y todos esos artificios es crear una imagen añeja del género, que causa rechazo entre la gente joven, y que además, tampoco aportan mucho al dramatismo de un tema

viernes, 13 de marzo de 2020

A otra cosa, compañero: el fin del amor expresado con metáforas de degradación de la Naturaleza


Después de deleitarnos y disfrutar del sabrosísimo cocido madrileño, cambiamos de registro y nos vamos con una copla de desamor de Gracia Montes. Se trata de una zambra-bolero que fue compuesta alrededor de 1958-1960 y se titula A otra cosa, compañero



Por mi mare te lo pío,

vamos a no hablar de aquello.
Cuando se seca una rosa,
ya no sirve, jardinero.

Cuando se agota una fuente,
no valen labios sedientos.
Cuando una estrella se apaga,
no hay soplo que avive el fuego.

Por mi mare te lo pío,
vamos a no hablar de aquello.

Yo fui rosa y la cortaste
para antojo de tus dedos.
Yo fui fuente, y la secaste
sorbo a sorbo, beso a beso.

Yo fui estrella,
y la apagaste con ceniza de tu cuerpo.
Manantial, estrella y rosa,
jazmín, racimo, jilguero

Yo fui lo que tú quisiste
conforme pasaba el tiempo.
El pájaro echó a volar;
el jazmín se puso seco;
el racimo no dio fruto;
¡a otra cosa, compañero!

Por mi mare te lo pío,
vamos a no hablar de aquello

............................................................................................


El tema de la canción es todo un clásico en esto de la canción española: cuando el amor se termina, no hay nada que hacer para recuperarlo y lo mejor es dejar de echar leña al asunto para no hacerse daño mutuamente. Todo esto se manifiesta en los imperativos y súplicas del personaje femenino al masculino a lo largo de la canción: Por mi mare te lo pío, vamos a no hablar de aquello.

El uso de la primera persona del plural da un carácter lapidario y rotundo al poema, ya que la el yo poético (la mujer), se incluye dentro de ese imperativo: lo mejor para no hacerse daño es que ambos dejen de meter el dedo en la herida. Esto convierte a la muchacha en la voz de la experiencia, la madurez y la racionalidad. Ha vivido tanto en esta vida, que tiene la capacidad de dar consejos, de decir lo que hay que hacer y qué es lo mejor en estos casos.

El fin del amor en la primera estrofa se representa mediante con metáforas clásicas basadas en la degradación y destrucción de elementos de la Naturaleza.

1. La planta que se marchita: cuando se seca una rosa ya no sirve, jardinero. El hombre queda identificado con el jardinero y la mujer con la planta. Es el tópico del amor que hay que regar todos los días para que evolucione y prospere: si no lo riegas y no lo cuidas, se acabará desgastando.

En este caso, la relación sentimental entre él y ella no funciona a un mismo nivel de interacción. Toda la responsabilidad y el peso recae en la parte masculina (el jardinero que riega, el que vierte agua sobre las rosas). Ella solo se limita a ser receptora de los actos comunicativos del amante

Con esto se configura una visión subjetiva de la relación. Nos da la impresión de que ella se ha quitado parte de la responsabilidad en el desamor, y que él es el culpable de que esto no funcione.

Al fin y al cabo, esta copla refleja el prototipo de relación del amor cortés provenzal: él lleva la iniciativa y la voz cantante, y ella se limita a recibir el cortejo.

2. El surtidor que deja de emitir agua: cuando se agota una fuente no valen labios sedientos. La relación amorosa se concibe como el fluir del agua. En este caso, la fuente ha dejado de funcionar y el chorro de correr. Es una manera metafórica de decir que esto se ha terminado. Y cuando una relación acaba, se quitan las ganas de satisfacer las necesidades amorosas (la sed) con esa persona.

3. La estrella que deja de emitir luz: cuando una estrella deja de lucir no hay soplo que avive el fuego. El amor se identifica con el brillo de la estrella y con la llama amorosa (recurso típico de la poesía mística de San Juan de la Cruz). En este caso se da una visión desesperanzada y nihilista, ya que una vez se termina el amor con esa persona (la estrella se apaga), ya no hay forma de recuperarlo y de que la relación vuelva a brillar (de ahí que se diga que no hay soplo que vuelva a encender la llama).

Se concibe el amor como si fuera un ser humano que nace, crece, se alimenta y muere. Sólo puede ocurrir una vez con una persona, de forma que cuando se extingue ya no puede volver a resucitar. Es una visión naturalista del sentimiento: singularidad y especificidad de la relación amorosa: cada historia de amor es única y peculiar, con sus cosas buenas y malas, y no se parece en nada a otras relaciones, como le pasa a los seres humanos

En la segunda estrofa, el yo poético analiza las posibles causas del fin de esa relación amorosa, y también se vuelve a hacer con metáforas de la Naturaleza en paralelismo:

1. La rosa que es cortada: Yo fui la rosa y la cortaste para antojo de tus dedos. En este caso, la mujer queda cosificada al capricho del hombre. Es una manera de decir “tú has hecho conmigo lo que has querido”. Es la imagen de la dama que queda subordinada al hombre y el hecho de estar unido a él le impide autorrealizarse y poder cumplir con sus pasiones. Tened en cuenta que estamos en una época donde la mujer no tenía los mismos derechos que ahora (no podía salir del país o sacar dinero del banco sin el permiso del marido). Por eso, una relación amorosa podía acabar aprisionando a la amada, la cual no era nadie sin su marido.

-El manantial que se seca: Yo fui fuente y la secaste, sorbo a sorbo, beso a beso. Es el tópico del amor que se acaba rompiendo de tanto utilizarlo. Cuando una cosa se explota, se exprime mucho, al final, acabas sacando su jugo, hasta secarse. Se da una imagen del sentimiento que se desgasta con el paso del tiempo y se hace monótono y aburrido

Los primeros momentos en una relación son muy bonitos y no se ven los defectos de la pareja. El hecho, de apasionarse y extasiarse tanto los primeros días, hace que luego la energía inicial disminuya y se vaya perdiendo la ilusión (ya que todo lo extraordinario con el paso del tiempo se hace normal, y lo habitual acaba aburriendo de repetirse tantas veces). Las expresiones reiterativas “sorbo a sorbo”, “beso a beso” configuran una visión mecanizada y monótona del amor.

3. El fuego que se apaga con ceniza: Yo fui estrella a la que apagaste con ceniza de tu cuerpo. El uso de la segunda persona del singular (apagaste) y el posesivo de segunda persona (tu cuerpo) señalan como culpable del fin de la relación al hombre. La estrella no se ha apagado sola de manera natural, sino que ha habido algo artificial que lo ha provocado.

Seguramente se haya dado una mezcla de todo lo que hemos visto: el hombre aprisiona a la mujer y no la deja ser ella, y luego tampoco hace nada para ilusionarla y recuperar la pasión de los primeros momentos. Se crea una actitud fría y pasiva del esposo (desde los ojos de ella), y focaliza la responsabilidad del fin de la relación en él.

De hecho, ella ha dejado de ser ella para adaptarse a lo que quería él: Yo fui lo que quisiste conforme pasaba el tiempo. Yo creo que ahí está la clave del tema: el hombre ha acabado anulando a la mujer, la ha rebajado a nivel de objeto, la ha manipulado y la convertido en lo que él quería. Se ha producido una metamorfosis en la dama. La chica, por complacer al amante, ha perdido su voluntad, su identidad, su capacidad de decidir, opinar, ser, y al final convertirse en una rama del árbol del marido. La relación amorosa ha atado a la mujer, y si no puede cumplir sus deseos, pasiones e instintos, está claro que no es feliz, por muy unida que esté a la persona que quiere.

El amor debe contribuir a la plenitud vital del individuo, y nunca a anularla. Es (y debe ser) compatible con la autorrealización de cada uno: todo ser humano debe ser como es, expresar lo que siente, hacer lo que quiere con su vida, cumplir sus deseos, y una relación amorosa no debe subordinarte a nada. Si no lo planteas así, al final llega el desamor, el desencanto (como le ha pasado a la protagonista de la copla) y el fin de la relación. Esto vuelve a ejemplificarse con metáforas destructivas de la Naturaleza: el pájaro echó a volar, el jazmín se puso seco, el racimo no dio fruto; ¡A otra cosa compañero!

Como podéis apreciar, esta composición se concibe como una sucesión de metáforas en paralelismo para explicar la misma idea.

Encontramos algunas enumeraciones en asíndeton (Manantial, estrella y rosa, jazmín, racimo, jilguero) que sirven para asentar las bases de las diferentes metáforas, con las que se identificará la protagonista.

La exclamación del título da un carácter espontáneo y coloquial a la expresión, quitando importancia a lo traumático de la separación (¡A otra cosa compañero!). Ya os he dicho, que el yo poético enfatiza la importancia de olvidar y dejar de hurgar en la herida para no hacer daño. La naturalidad expresiva ayuda a eso.  

Encontramos algunas relajaciones fonéticas (pi[d]o) y síncopas (ma[d]re) incrustadas en medio de un texto muy poético, muy literario, muy diáfano, y en general, muy cuidado y planificado (ya que casi todo el poema es una metáfora).

Los versos son octosílabos, agrupados en tres coplillas (estrofas de 4 versos con rima asonante en los pares) y una sextilla.



martes, 10 de marzo de 2020

Cocidito madrileño: homenaje a uno de los platos más contundentes de nuestra gastronomía


Después de un tema tan intenso como Encrucijada, creo que nos vendría bien relajarnos un poco y disfrutar de algo rico y suculento como puede ser un buen plato de cocidito madrileño

Este popular pasodoble del año 1949 ha sido versionado por voces tan conocidas como la de Pepe Blanco o Manolo Escobar. Se trata de una canción que sirve de homenaje, piropo y exaltación a uno de los platos más conocidos de la gastronomía española. Ya os he dicho alguna vez que la copla es un género que se utilizó para exaltar lo propio, lo autóctono, lo local, lo castizo, lo pintoresco, lo folclórico, sobre todo aquellos elementos de la cultura tradicional y popular. Costumbrismo en estado puro


No me hable usté de los banquetes que hubo en Roma,

ni del menú del hotel Plaza en New York,
ni del faisán, ni los foiegrases de paloma,
ni me hable usté de la langosta al thermidor.
Porque es que a mí, sin discusión, me quita el sueño
y es mi alimento y mi placer
la gracia y sal que al cocidito madrileño
le echa el amor de una mujer.

Cocidito madrileño
repicando en la buhardilla,
que me huele a hierbabuena
y a verbena en las Vistillas.
Cocidito madrileño
del ayer y del mañana,
pesadumbre y alegría
de la madre y de la hermana.
A mirarte con ternura
yo aprendí desde pequeño
porque tú eres gloria pura,
porque tú eres gloria pura,

Dígame usté dónde hay un cuadro con más gracia
con el color que da la luz del mes de abril,
cuando son dos y están debajo de una tapia
y entre los dos un cocidito de albañil.
Cuando el querer de una mujer le dice al dueño
de su hermosura y su pasión:
Toma, mi bien, tu cocidito madrileño
que dentro va mi corazón.

Cocidito madrileño
repicando en la buhardilla,
que me huele a hierbabuena
y a verbena en las Vistillas.
Cocidito madrileño
del ayer y del mañana,
pesadumbre y alegría
de la madre y de la hermana.
A mirarte con ternura
yo aprendí desde pequeño
porque tú eres gloria pura,
porque tú eres gloria pura,
cocidito madrileño.

............................................................................................


Este poema se vertebra a partir de un extenso parlamento que articular la voz poética protagonista, la cual se dirige con el vocativo (no me hable usted, dígame usted, ni me hable usted…) a un destinatario indefinido, irreconocible, impreciso, e incluso genérico.

Detrás de ese “usted” no sabemos quién se encuentra ni cómo es esa persona (si es un hombre, una mujer, si tiene X edad, si es de X país…). Solo sabemos que el yo poético se dirige a alguien, el cual no se manifiesta ni entra a formar parte del mundo poético. Es algo parecido a lo que sucede en el Lazarillo de Tormes. A lo largo de la novela hay muchas referencias a un tal Vuestra Merced y nosotros no sabemos de quién se trata (ni falta que hace).

Por tanto, el vocativo se puede considerar aquí un rasgo de índole formal (sirve para dar espontaneidad, marcar el tono conversacional de la copla) y no tanto conceptual (su existencia e identificación con la realidad es indiferente, no trasciende al contenido de la canción). Simplemente se trata de un recurso novelesco-epistolar que configura un estilo

En la primera estrofa se hace uso de dos recursos de especial importancia:

-Por un lado, la anáfora, ya que los versos empiezan por la conjunción copulativa negativa ni (ni del menú…/ni del faisán…/ni me hable….)

-Por otro lado, la enumeración: no me hable usted del banquete que hubo en Roma […] ni del menú del hotel Plaza […] ni del faisán, ni los foiegrases […] ni la langosta…).

¿Y por qué son importantes estos dos procesos expresivos tan reiterativos? Muy fácil: nos van a servir como instrumento o herramienta para llevar a cabo la exaltación de la comida castellana. Hay formas y formas de homenajear algo. Un recurso efectivo para realzar lo propio consiste en lanzar pullitas contra lo extranjero, estableciendo una comparición en la que se ponga por encima la comida española, (en este caso, el cocido madrileño) en detrimento de lo foráneo.

La gastronomía hispánica está representada por una cocina popular, tradicional, rural, propia de nuestros abuelos (comida de puchero, de cuchara…): platos no tan finos y elegantes, pero sí muy sabrosos, ricos y contundentes. Por el contrario, la gastronomía extranjera queda asociada a platos muy finolis, de alta cocina de vanguardia, vinculados a la clase adinerada y a menús de bocado en los que parece que siempre te quedas con hambre ya que llama la atención el pequeño tamaño de las raciones. Hay alusiones a delicias francesas como el foiegras, el faisán, la langosta al Termidor, y restaurantes de Nueva York o Roma

Se refleja el tópico de que no hay nada mejor que la comida española, y donde se ponga un buen cocido madrileño que se quite todo lo demás jajajjajaa

La cantidad de extranjerismos que encontramos en esta primera parte de la copla (New York, foiegrases, thermidor…) se pronuncian con fonética española (propia de gente que no ha estudiado idiomas) de tal forma que el propio cantante a la hora de interpretar el tema, suele poner pinceladas de humor y burla, que sirven para reírse de lo extranjero, ridiculizarlo y quitarle trascendencia. En cierta medida, el comienzo del poema es casi una caricatura, que refleja el estereotipo de alta cocina francesa

Criticar lo de fuera y caricaturizarlo es un método efectivo para exaltar lo propio. Una vez llegamos a la segunda mitad de la primera estrofa, desaparecen las pullitas y la copla centra su foco en el cocido, el cual va a ser alabado y homenajeado (ya sin decir que es mejor o peor que la comida de Francia).

El yo poético muestra una actitud apasionada hacia el cocido, interactuando con él, con el objetivo de magnificarlo y elevarlo. Predominan las marcas de primera persona ya sean pronominales (a mí, me quita el sueño) o de posesivo (mi alimento, mi placer). La bimembración (mi alimento y mi placer, la gracia y la sal…) contribuyen a matizar ese éxtasis de la voz lírica por el cocido madrileño, de forma que el plato queda vitoreado y elogiado, además de descrito de una forma profunda.

El hipérbaton (alteración del orden sintáctico) permite adelantar a primera posición oracional los complementos verbales que tienen que ver con el cocido, posponiendo el sujeto (el agente que realiza la acción sobre ese cocido) al final de la frase. Es más importante el objeto que el sujeto: la gracia y sal que al cocido madrileño le echa el amor de una mujer. El protagonista de la canción es el plato de comida.

Algunos sintagmas dan rotundidad a lo que se dice, remarcando con fuerza el discurso de elogio: a mí, SIN DISCUSIÓN, me quita el sueño y es mi alimento

El estribillo refleja experiencias sensitivas con la comida, trasladando al texto los olores, sonidos y sabores típicos de los que está impregnado el cocido, con el objetivo de que al receptor se le haga la boca agua pensando en sus ingredientes. De ahí la alusión al sonido de la olla mientras la sopa hierve (repicando en la buhardilla) y a las especias que sirven para condimentarlo (que me huele a hierbabuena y a verbena de Vistillas).

Esto me recuerda a la poesía sensorial/paisajística de Garcilaso de la Vega, el Rococó dieciochesco o el Modernismo exotista. Se crea una atmósfera especial para que el receptor se funda con ella y se traslade al ambiente creado (que si el cielo azul, que si las flores, que si los árboles verdes, que si el sol cálido…)

En esta copla, en lugar de evocar paisajes paradisíacos y bucólicos, se representan sensaciones y objetos idealizados con el objetivo de acercar un plato de cocido al receptor y este evoque con cierta sonrisa sonidos y sabores que le son familiares (todo el mundo alguna vez hemos comido cocido en casa hecho por nuestra madre o abuela). Es algo cercano al bodegón literario. Tened en cuenta que a la gente le gusta identificar en los textos poéticos experiencias, objetos, circunstancias o conceptos de su vida cotidiana y cercana. De esta manera, el oyente se muestra más receptivo con la canción. Por eso, esta copla también recurre a elementos típicos de la poesía realista decimonónica. Es una mezcla de idealismo y realismo/costumbrismo muy interesante. 

El cocido es descrito con pares antitéticos (del ayer y del mañana, pesadumbre y alegría, de la madre y de la hermana). Esto da un carácter mítico y atemporal al plato, el cual forma parte inherente de nuestras vidas, en las alegrías y en las penas, en la infancia y en la vejez, con todo tipo de personas.

Una comida puede evocarnos a experiencias, momentos concretos de nuestra vida, gracias a asociaciones sensoriales y mentales. Además, el hecho de que esta receta sea mítica para todos y típica de España y de todas las épocas de la historia, hace que se convierta también en TRADICIONAL.

El cocido es un plato que existe desde tiempos remotísimos. Por eso, es presentado como algo valioso que necesita mimo, delicadeza, sensibilidad a la hora de catarlo. No solo hay que disfrutar del plato saboreándolo, sino también oliéndolo, recreándose en los sentidos: a mirarte con ternura, yo aprendí desde pequeño porque eres gloria pura.

Fijaos cómo para describir el cocido se recurre a un léxico típico del lenguaje sagrado (gloria pura). En este verso en hipérbaton se crea una imagen muy solemne y elitista del plato: no todo el mundo está capacitado para disfrutar de un buen cocido. Comer cocido no es tan fácil como parece, pues hay que aprender a catarlo (mirarlo, olerlo, degustarlo poco a poco y no a lo loco).

Aunque esta copla parece un simple homenaje intrascendente a un plato, empiezas a ver cositas y te das cuenta de que algo tan sencillo puede encerrar mucho contenido. Menos es más.

La segunda estrofa sigue la tendencia sensitiva del estribillo, ya que el objetivo es crear una pintura o estampa que tenga como protagonista al cocido. De hecho, el léxico está plagado de elementos que hacen referencia a la luz, al color, a la posición y distribución de los elementos en el espacio: dígame usté dónde hay un cuadro con más gracia con el color que da la luz del mes de abril, cuando son dos y están debajo de una tapia y entre los dos un cocidito de albañil.

El comienzo de la segunda estrofa parece extraído de la descripción e interpretación de una pintura de museo. En ese cuadro el plato llega a cobrar más protagonismo que los elementos humanos. El cocido se sitúa en posición central dentro del marco (a un lado hay una persona humana, al otro lado, otra persona humana y en el centro la comida). Cuando una persona se pone a observar una pintura, el ojo tiende a enfocar siempre al centro del cuadro. Por tanto, en el centro del cuadro suele estar el protagonista, el elemento fundamental que cohesiona el significado de la obra pictórica (en este caso, el cocido) y le da trascendencia.  

La función del cocido es hacer de elemento de cohesión, enlace y unión entre las dos personas que están en ese cuadro. Sin el plato, el vínculo entre estos dos seres humanos no sería posible: cuando el querer de una mujer le dice al dueño de su hermosura y su pasión: Toma, mi bien, tu cocidito madrileño que dentro va mi corazón

Los últimos versos recogen la típica estampa amorosa idealizada, empalagosa e incluso noña que nos recuerda al amor cortés, incorporando un pequeño diálogo en estilo directo en el que la voz poética es femenina. Sin embargo, yo no quiero que os quedéis con eso, sino con la función del cocido en el cuadro, la importancia que tiene en la ejecución de esta relación amorosa.

Tened en cuenta que en el amor hay muchos métodos para conquistar a la persona que quieres. Uno de esos métodos puede ser tus habilidades culinarias, atraer a la persona que te gusta a través del estómago. Cuando vas a ejecutar cualquier tipo de tarea (sea cocina como es este caso, o sea cualquier otra cosa) lo más importante no es la técnica, sino el sentimiento, el corazón, la intención, las ganas.

Ya he dicho que detrás de un objeto artístico, que es ficción (ya sea un plato de comida, una pintura, un poema, una foto, una escultura…) suele esconderse una intención, una circunstancia, una voluntad, un contexto, un mensaje, que crea una red de vinculaciones con el mundo real. Por eso, un plato de cocido nos puede evocar fotografías de nuestra propia vida, experiencias, conceptos mentales mediante asociaciones humanizadas.

Detrás este final tan dulzón y aparentemente banal (venga, cariño, abre la boquita que te doy un poco de mi supercocido que hecho con tanto amor), encontramos muchas ideas que encierran pensamientos y reflexiones artísticas y vitales.

Métricamente, se hace uso del arte menor (verso octosílabo) en el estribillo con algunas rimas asonantes esporádicas. En la estrofa predomina un metro largo en arte mayor, con versos de 13 sílabas (algo poco habitual en poesía). Mira que como filólogo me ha tocado analizar composiciones, pero creo que es la primera vez que he visto un poema con tantos versos tridecasílabos. Este tipo de metros tan raros suelen ser vestigios del Modernismo y del Romanticismo, de poetas marginales que querían explotar todas las posibilidades métricas, incluso las más inusitadas.

A pesar del carácter costumbrista, localista y casticista del poema, hay poca tendencia a lo dialectal. Vemos relajación pronunciada de la consonante final (usté). El diminutivo –ito (cocidito) es propio del habla madrileña y castellana.


lunes, 9 de marzo de 2020

Encrucijada: ¿Qué camino tomar en la vida?


No sé si os he comentado en alguna ocasión que en esto de la copla la calidad de una letra no siempre se corresponde con la calidad de una interpretación. Al igual que en el teatro o en el cine hay que separar dos conceptos fundamentales: una cosa es el texto o guion (que es obra de un autor, letrista o poeta), y otra cosa diferente es la actuación, el producto escénico (llevado a cabo por unos actores que interpretan los textos y se ven apoyados por un personal que ayuda a contextualizar la actuación: vestuario, efectos sonoros, decorados, maquillaje, planteamientos coreográficos…).

En ocasiones, letras muy buenas se han visto eclipsadas por enfoques dramáticos poco adecuados o pertinentes al registro creado, mientras que otras veces, poemas no tan brillantes literariamente han conseguido realzarse gracias a una buena puesta en escena e interpretación por parte del actor.

La canción que os traigo hoy pertenece a ese primer grupo. Data del año 1981. La encontramos en uno de los últimos discos de Marifé de Triana. Se titula Encrucijada. Fue compuesta por los maestros Bazán y Rabay.


En la encrucijada de un viejo querer,

estoy amarrada, muriendo de sed.
En la encrucijada de otro nuevo amor,
estoy deseada y digo que no.
Quien tiene derecho, no me importa nada
y el que está en acecho me tiene ganada.
De noche en silencio me entrego a morir
pensando en el otro deseo vivir.

Que me pasa dice
que te vuelves loca
y por no decirle que pienso en el otro
me muerdo la boca.
El pobre se alegra, de verme feliz
y el otro se piensa
que porque me acosa me hace sufrir.
Y en la encrucijada de este doble amor
los dos se equivocan
porque la engañada sigo siendo yo

Al que está mirando
debo de decirle
que le estoy amando
pero, pero es imposible
y al que ya no amo
le confesare que aunque este en sus manos
no vivo para el

Que me pasa dice
que te vuelves loca
y por no decirle que pienso en el otro
me muerdo la boca.
El pobre se alegra, de verme feliz
y el otro se piensa
que porque me acosa me hace sufrir.
Y en la encrucijada de este doble amor
los dos se equivocan
porque la engañada sigo siendo yo.

Que me pasa dice
pero, pero es que estas ciego
no ves que por otro me muero, me muero
déjame en silencio,
no preguntes nada
ya no tengo fuerzas
pá seguir callada

Que me pasa dice
que me vuelvo loca
y por no decirte que pienso en el otro
me muerdo la boca
Que me pasa dice
Que me pasa dice
Que me pasa dice
Que me pasa

...............................................................................................


Para muchos aficionados al género, entonar esta canción es como la prueba del algodón del mundo de la copla. Si cantas bien la Encrucijada, eres un coplero/a de los de sangre y raza, ya que es un tema tan difícil y exigente vocalmente, que si afinas bien, cualquier otro tema resulta pan comido. Si la cantas mal, parece que jamás podrás llegar a ser alguien importante en este mundillo, y lo mejor es que te dedicaras a otra cosa.

Es asombroso el mito que se ha creado en torno a esta pieza. La gente se ha llegado a creer realmente que esta canción es como el zapatito de cristal de la Cenicienta: solo unos pocos elegidos, una minoría muy selecta, con el don divino de la voz prodigiosa, pueden cantarla, mientras que el resto mejor que ni se moleste

Yo creo que con tanta leyenda y habladuría popular, al final ha pasado una cosa terrible: la letra (que es muy poética y literaria) ha acabado siendo eclipsada por otros elementos ajenos a lo literario y lo artístico, de forma que cantar la Encrucijada se ha convertido en dos cosas:

-En un ejercicio de técnica vocal: demostrar que cantas muy bien sin importar el sentimiento: que sabes alargar notas, que afinas muy bien, que pasas de los graves a los agudos sin despeinarte…

-En puro esperpento teatral: crear espectáculos muy aparatosos, en los que llevas la voz al límite, gesticulando de manera exagerada, poniendo unas expresiones faciales sacadas de la niña del Exorcista. Tanto desgarro acaba convirtiendo este tema en una parodia, como las que hacían Martes y Trece cuando imitaban a las folclóricas.

Todo esto acaba quitando importancia a lo más importante de la copla (el contenido, el carácter literario del tema).

¿Qué explicación tiene todo esto? Cuando Marifé cantaba este tema en los 80 y los 90 por televisión, era una mujer de entre 50 y 60 años. Con esas edades, tus facultades vocales no son tan brillantes como cuando tienes 20-30 años. ¿Qué es lo que pasa? Que para intentar suplir esos problemillas vocales, buscas reforzar otros aspectos, entre ellos la interpretación y el ornato (afectar la voz, engolarla, poner adornos sin venir a cuento, gesticular y exagerar la expresión facial…). Por eso, la Marifé de los 90 era una mujer que tendía a lo barroco, a lo histriónico, a lo pomposo (se tiraba de los pelos en el escenario, las peinetas rodaban por el suelo, proyectaba unos gestos y unas caras antinaturales, gritaba en exceso...).

Como en esta época de vejez la voz no es tan brillante como en la juventud, Marifé tendía a aumentar la intensidad dramática, dando lugar a canciones con letras muy poéticas, pero con interpretaciones poco creíbles e incluso paródicas. Muchos cantantes, que tienden a seguir la huella de Marifé, exageran la Encrucijada todavía más de lo que exageraba Marifé (creyendo que lo están haciendo bien). El resultado no es copla, sino algo cercano al expresionismo y la deformación. Por eso, la Encrucijada como poema me encanta, pero como interpretación no me gusta (siento ser así de claro). A pesar de la trascendencia que se le da a esta pieza, yo creo que Marifé hace interpretaciones mucho mejores y más naturales.

Y normalmente, las cantantes nóveles creen que por el camino de la intensidad y la exageración lo están haciendo bien (cuando es todo lo contrario). Ellas se piensan que por hacerlo como lo hacía Marifé, es lo correcto. Sin embargo, la clave para que este tema resulte creíble el camino ha de ser el contrario: hay que irse al intimismo, al recogimiento, a la condensación, al relajamiento, a despojarse de adornos, vicios y florituras para hacerlo creíble y natural. Lo efectista (el grito, el chillido) no siempre es lo mejor.

Yo ya he dicho alguna vez que la culpa de que la copla sea un género muerto no es de las letras (las cuales son pura poesía), sino de las interpretaciones y enfoques dramáticos

Ver a una señora desgañitándose, al borde del exorcismo, dando gritos no es agradable ni para la vista ni para el oído (y por eso a mucha gente joven no le gusta este género e incluso le parece una locura). Toda copla para que luzca necesita de un poeta que haga la letra y de un buen actor que la interprete. Y eso no es tan fácil.  

Dejando de lado estas cuestiones sobre teoría estética y reflexión artística, vamos a pasar al análisis de la Encrucijada, que como texto literario es una maravilla.  El título del tema es una metáfora de la situación dramática de la protagonista, la cual se encuentra en un dilema amoroso-sentimental.  

En el plano físico, cuando una persona se encuentra en medio de un cruce de caminos, se ve obligada a tomar una decisión, ya que si quiere seguir su ruta deberá decantarse por una senda o por otra, que llevan direcciones diferentes. A veces, el hecho de elegir no es tarea fácil, ya que cada vía tiene su encanto, aportándonos cosas que el resto de senderos no tiene, de tal forma que nos vemos impulsados por energías opuestas, hasta vernos confundidos, desorientados, sin saber qué hacer con nuestra vida, pues elegir un camino conlleva a rechazar el otro.

Esto mismo, pero en un plano más metafísico y trascendental le ocurrirá al yo poético femenino de esta copla, el cual mantiene relaciones con dos hombres diferentes, y se ve obligada a tomar una decisión y decantarse por uno de ellos. La canción resulta bastante introspectiva ya que indaga en el interior de la mente de la protagonista, reflejando sus conflictos internos a la hora de tomar la decisión. Y como suele ocurrir en la toma de elecciones, la muchacha tendrá que desnudarse emocionalmente, a modo de monólogo interior, mediante la reflexión y el análisis, siendo sincera y valorando los dos caminos posibles de esta encrucijada sentimental.

El poeta es como si estuviera en el interior de la mente de la chica y por eso, se reflejan contradicciones, desorientaciones, inquietudes, conflictos internos, miedos, confesiones, y dudas (como le ocurriría a cualquier persona que tenga que tomar una decisión en su vida). Se entreteje una red de estados anímicos en los que no es fácil tener que elegir. Esta copla proyecta un flujo de consciencia de cierta envergadura

En el inicio del tema se establece una antítesis entre los dos caminos posibles de esta encrucijada, es decir, se crea un contraste entre los dos hombres con los que se relaciona la protagonista.

-Por un lado, el hombre con el que ha estado viviendo durante casi toda su vida y que conoce desde hace muchísimo tiempo (viejo querer). Refleja el típico amor que se desgasta debido a la monotonía, el cansancio y el paso del tiempo. Un tópico amoroso muy del gusto barroco es el del amor roto: los primeros años son muy bonitos, pero si se abusa del sentimiento, al final de tanto estirar ese amor se acaba rompiendo y pierdes la ilusión. Esto se refleja muy bien con imágenes violentas y truculentas que transmiten inestabilidad e incomodidad emocional: el hecho de aludir a la metáfora de las ataduras (estoy amarrada) y al sufrimiento físico hiperbolizado (muriendo de sed) crea una imagen sufridora de la mujer, la cual ha perdido esa ilusión del principio y necesita cambiar de aires, ya que se encuentra aburrida y cansada de querer siempre a la misma persona

-Por otro lado, el hombre al que conoce desde hace relativamente poco (nuevo amor), que supone para la protagonista recuperar ilusiones, revitalizar su espíritu más vitalista y así poder sentirse deseada y mucho más joven. Es una visión renacentista del amor, ya que se ve como un sentimiento regenerador, que aporta vitalismo, bienestar, energía, plenitud. Una persona que se deje llevar por sus instintos básicos (ser feliz) no puede negarse a este tipo de amor. De ahí, que haya pinceladas epicúreas dentro de esta copla.

Sea como sea, este inicio resulta muy abrupto, ya que sin necesidad de preámbulos se nos muestra a un yo perturbado, angustiado, desgarrado, muy tocado emocionalmente, que recuerda muchísimo al primer romanticismo. El paralelismo ayuda a proyectar las inquietudes de la protagonista y a manifestar su perturbación mental: en la encrucijada de un viejo querer, estoy amarrada, muriendo de sed. En la encrucijada de otro nuevo amor, estoy deseada y digo que no. El léxico elegido resulta paradójico y antitético (viejo amor/nuevo amor, a morir/ vivir, estoy amarrada/estoy deseada) lo cual contribuye a configurar la dicotomía entre los dos amores.

Para ella, lo más importante es dejarse llevar por el corazón y menos por la razón. Concibe el amor no como algo material, racional y jurídico que hay que dejar por escrito (quien tiene derecho no me importa nada), sino como un sentimiento abstracto, inmaterial, espontáneo, que te empuja a estar con la persona con la que de verdad te sientas feliz y pleno. No por conocer más tiempo a alguien (o estar casado con él/ella) significa que has de quererla más. El amor no es algo que responda a leyes inmutables y fijas, sino que surge cuando menos lo esperas y hay que actuar de acuerdo a esos sentimientos (por encima de conceptos jurídicos o matrimoniales).

Por eso, la protagonista, a pesar de estar casada con uno de los hombres, realmente quiere al otro. El hecho de casarse o no casarse no influye para nada en la emoción. El paralelismo ayuda a establecer este contraste: quien tiene derecho, no me importa nada y el que está en acecho me tiene ganada.

Este poema es un rechazo a las convenciones, formalidades y rituales en esto del querer, ya que sin necesidad de participar en estos eventos puedes amar de verdad a una persona. El tópico de la muerte en vida se aplica cuando la protagonista está con el marido (de noche en silencio me entrego a morir) mientras que cuando piensa en el amante, la protagonista irradia ganas y energía de vivir (pensando en el otro, deseo vivir). Está claro que la plenitud se consigue con el amante y no con el marido.

Conocer a este nuevo amor le hace sentirse a la mujer una persona nueva, ilusionada, aunque también se le desmoronan todos sus esquemas vitales previos, dando lugar a un dilema que recorre la consciencia de la protagonista. ¿Qué hacer en estos casos? ¿Seguir con el marido y olvidar al amante? ¿O dejarlo todo e irse con el amante?

Estar en el centro de la encrucijada es un sufrimiento para la chica, la cual se victimiza a sí misma, ya que es un drama muy duro estar con una persona a la que no quieres, y encima tener que callarte y contenerte: por no decirle que pienso en el otro me muerdo la boca

Como veis, se recurre a imágenes desgarradoras y enérgicas, que describen el día a día que tiene que sufrir esta muchacha. El flujo de conciencia se recrea con la difuminación y dilución de fronteras entre el estilo directo e indirecto, entre la primera persona y la segunda: Qué me pasa dice, que te vuelves loca

La victimización de la protagonista se ve ayudada por el monólogo interior, dándose una visión negra y pesimista de lo que supone estar en la encrucijada, con estructuras paralelísticas:

-Por un lado, ella tiene remordimientos, ya que sabe que está engañando a su marido, el cual sí está enamorado de su mujer. Esto es un duro trago para ella, ya que es muy difícil decirle a tu esposo, que tanto te quiere, un “ya no te quiero”. De hecho, el epíteto ayuda a caracterizar al marido como un buenazo, como alguien ingenuo, ajeno a todo lo que pasa y que no se ha dado cuenta de nada: el pobre se alegra de verme feliz

El marido adquiere el rol de ciego: cree que todo marcha bien y la relación es perfecta, cuando en realidad es todo lo contrario (su mujer no es feliz y parece que no ha hecho nada por darse cuenta o evitarlo). Se ha creado una situación de incomunicación, de falta de sinceridad, fruto de ese desgaste que comenté antes. 

-Por otro lado, este tipo de relaciones adúlteras (mujeres casadas con hombres que no son su marido) no son fáciles. Estamos en un contexto social conservador, en el que los triángulos amorosos, infidelidades y amores secretos eran un desprestigio social grande para todas las partes (una por fresca, otro por cornudo y otro por meterse en medio de una relación). Lo correcto y lo moral era mantener relaciones con la persona con la que te habías casado. Todo lo demás sobraba, atentaba contra el honor. 

El amante se siente culpable y tendrá también remordimientos por cortejar y amar a una mujer casada: el otro se piensa que porque me acosa me hace sufrir. Al amante le cuesta dar un paso hacia delante porque cree que mostrando su amor hacia ella también la está haciendo daño (desestabilizando y rompiendo el matrimonio), además de complicarle más la encrucijada.

La similicadencia (me acosa, me hace) refleja un amor sincero, ya que el amante hace un esfuerzo de contención para no hacer daño a la protagonista.  Por eso la relación adúltera tampoco es idílica ni prospera. Para ella también es un palo gordo rebajar a alguien a quien tanto quiere a la categoría despectiva de amante (le hace sentirse poco importante, como el segundo plato, el tercero en discordia), además de poder destrozarle la vida. Las trabas morales siguen siendo muy fuertes, creándose un conflicto vital (una encrucijada) terrible.

Estas dos circunstancias acaban victimizando a la protagonista, ya que haga lo que haga, va a salir escaldada. Por eso, llega un momento de la copla en que ella se olvida de lo demás, de lo que le rodea (del amante y del marido) y centra el conflicto vital en ella. De ahí el contraste entre la unidad (la engañada sigo siendo YO) y la dualidad (DOBLE amor”, los DOS se equivocan). El pronombre y los numerales ayudan a centralizar el problema y subjetivizarlo.

El final de la copla (cuando la protagonista resuelve la encrucijada) resulta contundente y trágico, ya que haga lo que haga, nunca será feliz. Resulta imposible compatibilizar la felicidad (lo que quieres, lo que deseas) con la moralidad (lo que te exigen, lo que la sociedad te impone).

Como veis, la Encrucijada recoge un conflicto entre realidad y deseo, lo cual lleva a la frustración de la protagonista, a la falta de armonía y serenidad, pues el objeto de anhelo es inaccesible. Por tanto, la única solución para la mujer es el olvido, para que el deseo deje de atormentarla, ya que mantener relaciones estando casada queda ligado a lo pecaminoso, lo demoniaco y lo amoral. Hay un muro (llámese sociedad o como queráis) que le impide a la chica alcanzar la felicidad. El deseo es la necesidad de creer, vivir, amar. Esta copla me recuerda muchísimo al Cernuda de Donde habite el olvido.

Esta situación de desesperanza se manifiesta con el paralelismo: Al que está mirando debo de decirle que le estoy amando pero, pero es imposible. Y al que ya no amo, le confesare que aunque este en sus manos no vivo para el. Al final, ni uno ni otro. Sin felicidad ni plenitud.

Los últimos versos son recitados (y no cantados). Aquí la protagonista acaba explotando y mostrando toda su rabia e indignación por no poder derribar ese muro: ya no tengo fuerzas para seguida callada. Toda esta explosión se verá intensificada con imperativos al marido (déjame en silencio, no preguntes nada), y reiteraciones (que me pasa dice).

Se acumulan en poco espacio muchas oraciones simples, muy cortas, pero en gran cantidad, una a continuación de la otra. Es como si una bomba explotara, de forma que el yo poético expulsa todo lo que tiene dentro, a modo de catarsis que le va a servir de desahogo, después de ir acumulando tanta frustración durante tanto tiempo. Es como si el subconsciente de la protagonista hablara y tomara el control de la copla (por encima de la razón), recuperando expresiones lingüísticas ya dichas (que me vueles loca, me muerdo la boca), pero ahora proyectándolas sin control, desordenadamente, de manera caótica. Es un procedimiento que me recuerda al surrealismo, pero aquí con sentido y coherencia.

Como habéis visto, al principio de la copla la protagonista tenía una concepción del amor bastante liberal, con las ideas claras (ella es feliz con el amante, no es nada malo enamorarse estando casada…) pero al final, la práctica (la cruda realidad) prevalece sobre la teoría y la acaba anulando. Es muy fácil hablar de ideales y deseos, pero luego está la sociedad, con sus trabas, que te impide cumplirlos, de forma que no es tan fácil como parece.

Sintácticamente, hay una tendencia al uso de la subordinada adjetiva sustantivada para referirse a los dos hombres, dando rodeos o circumloquios (al que está mirando…, al que ya no amo…, quien tiene derecho…, el que está en acecho…)

Métricamente se combinan versos hexasílabos con dodecasílabos. La estrofa inicial está formada por pareados (en la encrucijada de un viejo querer/ estoy amarrada, muriendo de sed). En los estribillos la rima se relaja. A pesar del flujo de consciencia, la copla no se presta a coloquialismos. Vemos alguna elisión fonética (pa seguir callada) de poca importancia.