lunes, 16 de diciembre de 2019

Una cualquiera: el drama de una mujer que vende su cuerpo a los hombres

Si en la copla que analizamos el jueves 12 de diciembre aludíamos a uno de los oficios nocturnos más emblemáticos pero ya extintos, como es el de sereno, el tema de hoy va a tener como protagonista a una mujer que ejerce una de las “profesiones” más antiguas que existen, y que al contrario que la de sereno, sí ha llegado hasta nuestros días. Se trata de una zambra, cantada por Marifé de Triana, en el año 1971, y se titula Una cualquiera. Está protagonizada por una prostituta, que es la que habla en primera persona como si fuera un monólogo. En otras coplas donde se alude a la prostitución (como La bien pagá) el punto de vista y el foco (la persona que habla) es el cliente que paga a la prostituta. En cambio, en Una cualquiera la que habla y se desnuda emocionalmente es la figura femenina. Hay que recordar que muchas mujeres no se metían a la prostitución por gusto, sino por necesidad. En la época de la Posguerra muchas señoras se vieron forzadas a vender su cuerpo, a cambio de obtener dinero para poder subsistir y alimentar a sus hijos.


Cuando aún están desnudas las estrellas,
salgo a ofrecer mi cuerpo en el mercado,
temblando voy, lo mismo que están ellas,
ellas de luz, mi cuerpo de pecado.
Mentí la flor, mi boca inexpresiva,
mentí dolor, mi carne de canela,
mi sino es ser como una muerte viva,
y oigo al pasar es una … , una cualquiera.

Cualquier farol me ampara con su guiño,
en un portal escondo mi tristeza,
no tengo ya ni perro que me ladre, que me ladre.
y el corazón me llora como un niño,
si al cielo azul levanto la cabeza
y creo ver los ojos de mi madre, de mi madre.

Vienen y van los hombres por las sombras
traen en la sien lujurias en candela,
quieren comprar amor y no me asombra,
¿qué valgo yo? … soy una …, una cualquiera.

Cualquier farol me ampara con su guiño,
en un portal escondo mi tristeza,
no tengo ya ni perro que me ladre, que me ladre.
y el corazón me llora como un niño,
si al cielo azul levanto la cabeza
y creo ver los ojos de mi madre, de mi madre.
¡De mi madre!

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La copla posee un carácter confesional y autorreflexivo. 

-Por un lado, la protagonista expresa unos sentimientos de dolor, tristeza, soledad, pena...Este estado anímico de desencanto es generado y causado por el carácter deshumanizado de su oficio (solo te quieren por tu cuerpo, te acuestas con alguien por dinero y no por la manera de ser de la persona, estás con muchos hombres pero ninguno te ama realmente). Todo el poema es un desgarrador monólogo que muestra la cara más dramática de la prostitución.

-Por otro lado, el yo femenino se juzga a sí mismo y se avergüenza por dedicarse a este trabajo. Todo lo que ella denuncia en el poema (lujuria, frialdad humana, cosificación,falta de dignidad), lo está llevando a cabo. Ha acabado aceptando con total normalidad una situación empedernida, endurecida, deshumanizada. Vender su cuerpo con dinero y acostarse con hombres sin sentir amor ya no le provoca ningún tipo afectación: "Quieren comprar amor y no me asombra". Lo acepta con indiferencia. Ni frío ni calor. Es algo cotidiano que ha pasado a formar parte de su esencia vital.

Mediante la personificación del espacio, el yo poético sitúa el oficio de la mujer en el contexto ambiental adecuado: "Cuando aún están desnudas las estrellas, salgo a ofrecer mi cuerpo al mercado". La prostitución es un oficio eminentemente nocturno. Mientras las estrellas reluzcan en el cielo (sea de noche), ella estará manteniendo relaciones con hombres. Por, en la copla encontramos elementos que connotan oscuridad: Vienen y van los hombres por las sombras

La protagonista se acaba asociando al pecado, a la lujuria y a la falta de moral, gracias a una metáfora e imagen de carácter astral: temblando voy, lo mismo que están ellas, ellas de luz, mi cuerpo de pecado. Las estrellas del cielo desprenden luz, lo mismo que ella desprende pecado. No obstante, ella no será la única en circunscribirse a ese contexto amoral. También incluirá a los clientes: traen en la sien lujurias en candela. La pasión carnal queda enfatizada con el uso de imágenes caloríficas y lumínicas, muy en la línea de la mística ("en candela"). 

El yo poético se representa de forma deshumanizada y cosificada. Se convierte en un pedazo de carne (mujer objeto) para los clientes. Y lo carnal está carente de sentimientos y emociones. Esto se detecta en metáforas e imágenes como la “carne de canela” (su cuerpo es una dulce tentación que sirve de goce para los demás), la “boca inexpresiva” (lo importante es que los demás disfruten con ella y no lo que ella, como mujer, sienta en ese momento, ya que ella es un objeto y no puede decidir nada...para eso le pagan), o el hecho de convertir su cuerpo en una mercancía que está a a la venta todas las noches en el mercado de la prostitución: "salgo a ofrecer mi cuerpo en el mercado"

También transmite mucha frialdad la metáfora del amor (que es un concepto inmaterial, abstracto, subjetivo...) que se compra con dinero (que es algo concreto, tangible, objetivo...). Para mantener relaciones con alguien no importa lo que eres o vales como persona, sino que haya money de por medio. El alma no influye. Solo el cuerpo y la pasta. Materialismo puro y duro. El espíritu es una realidad inútil en este tipo de contextos. 

La prostituta es como un muñeco o un títere que se puede manipular y hacer lo que se quiera con él. No tiene alma. No tiene valor. No importa nada. Es el tópico de la muerte en vida que aparece al final de la primera estrofa: mi sino es ser como una muerte viva. Idea romántica por excelencia. La predestinación, el fatum, el sino. Hay una fuerza que nos impone de forma caprichosa y arbitraria lo que nos va a pasar en la vida, y no se puede hacer nada para evitarlo. La prostituta no tiene salvación. No puede salir de esa situación. Sus relaciones con los hombres son frías, mecánicas, distantes, sin pasión ni calor amoroso. Lo importante es servir de diversión para los demás. Ella solo es una herramienta, un juguete, y no importa cómo se siente.

El sentimiento de soledad es también muy importante. La protagonista es una mujer que pasa por las manos de muchos hombres, pero a la hora de la verdad no ha conseguido el verdadero amor y no tiene a nadie a quien querer. Es sólo contacto carnal, sin amor. Este sentimiento de soledad se acentúa mediante la personificación de objetos y escenarios inertes, pertenecientes al mundo urbano nocturno (cualquier farol me ampara con su guiño, en un portal escondo mi tristeza…). Al final, los objetos no humanos acaban haciendo más compañía que las propias personas, ya que se puede desahogar con el entorno inerte (aunque sea hablando a la pared jajajaja). Ni tan siquiera tiene la compañía de otros animales  (no tengo perro que me ladre). Así, ella está sola en el mundo y eso provoca dolor. La imagen comparativa del “corazón que llora como un niño” y el recuerdo a su difunta madre, son imágenes muy efectistas que contribuyen a tener compasión por esta persona, en plan mira que bajo ha caído. 

También es importante la cuestión del rechazo social, ya que una prostituta es una mujer marginada. Por eso, por la calle, es señalada, marcada y denostada: Y oigo al pasar...es una cualquiera. Además, no sólo la gente la considera alguien inferior, sino también ella misma se ve así, tal como manifiesta en la interrogación retórica: ¿Qué valgo yo? Soy una cualquiera. Está claro que la mujer se avergüenza de lo que hace. 

Aparte de las metáforas ya analizadas, esta copla explota recursos retóricos como la anadiplosis (lo mismo que están ellas/ ellas de luz) para remarcar el carácter pecaminoso del oficio. Se usan estructuras paralelísticas (mentí la flor, mi boca inexpresiva/ mentí dolor, mi carne de canela) que cosifican a la protagonista y la rebajan. Las reduplicaciones (a mi madre, a mi madre, que me ladre que me ladre) tienden a dramatizar la situación de soledad y pena de la prostituta. El uso de puntos suspensivos (es una…cualquiera) remarca la vergüenza que siente la protagonista en ese contexto social, ya que le cuesta asumir lo que es.

Métricamente, esta copla usa el verso endecasílabo. Las estrofas son serventesios y los estribillos dos tercetos encadenados.



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