jueves, 5 de diciembre de 2019

Entre mis recuerdos: dosis de nostalgia para recuperar ese niño que todos llevamos dentro


Como muy bien anuncié en la primera entrada del blog, la copla va a tener el principal protagonismo en este rinconcito de Internet. No obstante, tampoco quiero dejar de lado la “canción moderna española” que nos ha dejado letras y melodías maravillosas. Por tanto, entre copla y copla siempre reservaremos algún huequecito para analizar textos pertenecientes a canciones en español, de todo tipo de géneros y épocas. Hoy os dejaré la primera. La cantaba Luz Casal en el año 1995 dentro del disco “Como la flor prometida”. Es todo un clásico de la cantante gallega: Entre mis recuerdos.



Cuando la pena cae sobre mí
el mundo deja ya de existir,
miro hacia atrás y busco entre mis recuerdos.

Para encontrar la niña que fui
y algo de todo lo que perdí,
miro hacia atrás y busco entre mis recuerdos.

Sueño con noches brillantes,
al borde de un mar
de aguas claras y puras
y un aire cubierto de azahar.

Cada momento era especial,
días de prisa, tardes de paz,
miro hacia atrás y busco entre mis recuerdos.

Yo quisiera volver a encontrar la pureza
nostalgia de tanta inocencia
que tan poco tiempo duró.

Con el veneno sobre mi piel,
frente a las sombras de la pared,
miro hacia atrás y busco entre mis recuerdos.

Y si las lagrimas vuelven,
ellas me harán más fuerte.

Yo quisiera volver a encontrar la pureza
nostalgia de tanta inocencia
que tan poco tiempo duró.

Cuando la pena, cae sobre mí,
quiero encontrar aquello que fui,
miro hacia atrás y busco entre mis recuerdos.

Vuelvo hacia atrás y busco entre mis recuerdos

.......................................................

El tema principal del poema es la nostalgia por el pasado, el cual sirve al yo poético como mecanismo para ahogar la pena presente, pero también como ejemplo/modelo/inspiración para hallar su esencia personal, su pureza, su inocencia, aquello que le hacía feliz y daba sentido a su vida, y que en el momento actual no tiene o ha perdido. Por tanto, la mirada hacia atrás en el tiempo no hay que concebirla únicamente como una forma de evasión o desahogo anímico (qué feliz era antes y qué desgraciado soy ahora), sino también como una herramienta de análisis/reflexión/pensamiento que sirve para poder aplicarlo en el presente y mejorar la situación actual. La nostalgia es lírica y estética (sentimiento que suena bonito y poético) pero también funcional, genera una utilidad, ayuda al yo poético en una búsqueda hacia sus raíces, hacia su esencia que quiere y desea poder llevar al presente. El pasado sirve para mejorar el presente, para que el yo poético sea más fuerte ante las adversidades, tal como dice uno de los versos.

El sentimiento negativo (la pena) queda personificado en el primer verso con el objetivo de enfatizar el estado anímico doloroso del yo poético presente: “Cuando la pena cae sobre mí”. Ese pronombre de primera persona (sobre mí) circunscrito en la subordinada temporal (cuando…) es muy importante ya que marca muy bien el contexto de pena inherente al yo poético. Es la pena del yo, de esa voz poética, y no otra. Es SU pena.

El yo poético ante esa pena y tristeza usa el pasado como refugio de su amargura. El ser humano cuando está triste puede evadirse y desahogarse a través de muchos mecanismos que le dan un consuelo, aunque sea temporal: el arte, la literatura, la bebida, el alcohol, las drogas, los amigos (algunos instrumentos de evasión no son muy saludables). En este caso, el paraíso artificial creado es el recuerdo de una etapa anterior de la vida que era prototipo de felicidad. La separación de la perífrasis verbal con el adverbio en medio (El mundo deja ya de existir VS El mundo deja de existir ya) es una forma de marcar súbitamente el paso del plano real al plano artificial o mental. Cuando el yo poético mira al pasado se mete de lleno tanto que se olvida del presente. Se produce una ruptura conceptual. El poder del pensamiento y la imaginación es tan fuerte que nos evadimos de la realidad presente y sin querer nos creamos otra realidad, en este caso inspirada en un paraíso pasado. Imaginad cuando vemos una película o leemos un libro. Al final, nos hemos metido de lleno en el mundo del arte y se nos olvida la realidad, aunque sea durante un tiempo corto.  El yo poético hace lo mismo pero con la película de su vida: “Miro hacia atrás y busco entre mis recuerdos”.

La oración subordinada final permite dar una utilidad a la nostalgia: “Para encontrar la niña que fui y algo de todo lo que perdí”. La nostalgia no es solo un sentimiento que se vive y del que nos podemos dejar llevar (para bien o para mal), sino también una forma de canalizar nuestra esencia, de bucear en el pasado para hallar una búsqueda que permita dar sentido al presente. El yo poético indaga en el ayer para hallar un modelo de ser o de estar que deba servir para reflejarse y volver a recuperarlo. El tiempo verbal pasado (fui, perdí) es una forma de expresar que esa esencia del yo pasado ahora en el presente no existe, pero el uso de verbos relacionados con la búsqueda y el hallagazo (encontrar, buscar…) nos hace ver que el yo tiene intención de utilizar el pasado para mejorar su presente.  No sirve de nada contemplar el pasado como si fuera una película. Hay que dar un paso más y darle una utilidad vital

El pasado se representa y describe con imágenes extraídas del campo semántico de la Naturaleza sensual y paradisiaca (“noches brillantes”, “mar de aguas claras y puras”, “aire cubierto de azar”). Ya lo decía Jorge Manrique…cualquier tiempo pasado fue mejor, y todos tendemos a idealizar el pasado como una época bella y feliz. De ahí esas imágenes tan sensuales y preciosistas.

Además, la percepción del tiempo no es la misma en una etapa de nuestra vida que en otra. En la infancia parece que todo avanza mucho más lento, tal como se refleja en el paralelismo “Días sin prisas, tardes de paz” (sustantivo + complemento del nombre con valor modal). En la niñez todo es bonito, no hay preocupaciones. Vivimos en una coraza y el tiempo pasa de otra manera que cuando luego crecemos que parece que todo avanza mucho más deprisa.

En la segunda parte del tema volvemos a encontrar versos relacionados con esa búsqueda útil en el pasado. La perífrasis verbal marca ese deseo de querer afrontar el presente mirándose en lo pretérito: “Yo quisiera volver a encontrar la pureza”. La infancia es una etapa pura e inocente de la vida. Los seres humanos no nos hemos corrompido de las miserias del mundo como decía William Blake en “Cantos de inocencia y experiencia”. Los niños son puros, espontáneos, dicen lo que sienten, hacen lo que les sale del alma, sin medir nada, sin estar pendiente de lo que hay. Lamentablemente, esa naturalidad y esencia, no son eternas y llega un momento que el niño se hace mayor y se corrompe. La subordinada adjetiva con anteposición (leve hipérbaton) del complemento circunstancial de tiempo al verbo remarca esa brevedad y ese carácter efímero de la niñez: “Nostalgia de tanta inocencia QUE TAN POCO TIEMPO DURO”. Una vez el niño crece y entra en contacto con el mundo y sus problemas y miserias…se acabó la niñez, la pureza, la inocencia, la naturalidad…y todo lo demás.

Esa corrupción, esa miseria y ese desencanto del mundo actual que provoca dolor y pena se refleja con metáforas: “Con el veneno sobre mi piel, frente a las sombras de la pared”. El mundo actual es tóxico, nos impide muchas veces ser nosotros mismos, y todo se basa en sombras (apariencias), no en realidades. Fijaos que manera tan sutil tiene Luz Casal de decir tantas cosas.

Recuperar ese espíritu de la niñez es fundamental para poder afrontar los problemas que surjan en el presente y así fortalecer nuestro espíritu y nuestra mente, tal como se refleja con la personificación del lloro: “Y si las lágrimas vuelven, ellas me harán más fuertes”. De nuevo el pronombre en primera persona (ME) que marca el tono introspectivo. 

Métricamente, predomina el verso de arte mayor, y no hay rimas, salvo algunos pareados al inicio de cada parte (mi-existir, fui-perdí, especial-paz, pureza-inocencia, piel-pared).



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