viernes, 13 de diciembre de 2019

Santa Lucía: historia de un amor a través de llamadas telefónicas

Hoy es 13 de diciembre. Para los que no lo sepáis, estamos en el día de Santa Lucía. Por eso, aprovechando la efeméride, no puedo resistirme a comentar una de las canciones más emblemáticas de Miguel Ríos. Aunque el cantante granadino se sintió más cómodo en el género del rock, también hizo temas pop y baladísticos, como el que vamos a comentar hoy. La canción fue compuesta en el año 1980 por Roque Narvaja. Como ya estaréis barruntando, el análisis de hoy va a estar dedicado a Santa Lucía. 


A menudo me recuerdas a alguien
Tu sonrisa la imagino sin miedo
Invadido por la ausencia
Me demora la impaciencia
Yo sí quiero conocerte y tú no a mí

Ya sé todo de tu vida y sin embargo
No conozco ni un detalle de ti
El teléfono es muy frío
Y tus llamadas son muy cortas
Me pregunto si algun día te veré, por favor

Dame una cita, vamos al parque
Entra en mi vida, sin anunciarte
Abre la puerta, cierra los ojos
Vamos a vernos, poquito a poco
Dame tus manos, siente la mías
Como dos ciegos, Santa Lucía

A menudo me recuerdas a mí
La primera vez pensé se ha equivocado
La segunda vez no supe qué decir
Las demás me daban miedo
Tanto loco que anda suelto 
Ahora sé que no podría vivir sin ti, por favor

Dame una cita, vamos al parque
Entra en mi vida sin anunciarte
Abre la puerta y cierra los ojos
Vamos a vernos poquito a poco
Dame tus manos, siente la mías
Como dos ciegos, Santa Lucía
Santa Lucía

A menudo me recuerdas a mí

...............................

La canción cuenta la historia de un amor a ciegas, que se desarrolla a través de conversaciones telefónicas. Los amados nunca se han visto físicamente (cara a cara, en persona). Por eso, el yo poético insiste en querer concertar una cita para conocerla, cosa a la que ella se niega rotundamente. Solo se conocen a través de la voz de las ondas del teléfono. Ahora con el auge de las redes sociales y las nuevas tecnologías (Whasap, Twitter, Facebook, Instagram…) una relación sentimental virtual no llamaría la atención (hoy en día, en pleno siglo XXI, la gente usa aplicaciones para ligar jajajaja) pero en plena década de los 80 resulta llamativo que dos personas mantuvieran una relación solamente a través de un teléfono. Podríamos decir que Santa Lucía es la canción que anticipó el amor on-line

Numerosas leyendas urbanas circulan sobre el trasunto de esta canción y la identidad de la persona a la que se dirige el yo poético. Unos dicen que se trata de una relación homosexual entre dos hombres, que usan el teléfono para quererse, ya que les da miedo mostrar su amor en público debido al ambiente de homofobia de la época. Entonces, la única manera que tienen para amarse es esta, a través del teléfono.

Otros dicen que la persona a la que habla el yo poético es una mujer invidente, la cual, un buen día recibe una llama telefónica de un hombre desconocido, que se ha equivocado de número, y sin querer, ha acabado llamado a esta mujer cuando quería telefonear a otra persona. Según se ve, este hombre se quedó enamorado de la voz de la mujer, y a partir de ahí empezó a llamarla con más asiduidad. Pasaron los días y las conversaciones se sucedían. Poco a poco, a través del teléfono, la chispa del amor se fue avivando. Compartieron penas, alegrías, secretos, intimidades. Sin haberse visto nunca, llegaron a saber todo uno del otro, como si se hubieran conocido toda la vida. Así, hasta que un día la voz poética decide concertar una cita con la chica para quedar en el parque y verse la cara después de tantas horas de teléfono. Sin embargo, ella se niega, ya que había ocultado un aspecto importante de su vida: era ciega. Y tenía miedo de él lo supiera y la rechazara.  

La verdad es que el creador del tema consiguió crear un contexto de ambigüedad muy sugerente que hace que esta canción pueda tener muchísimas lecturas y análisis. Ahí está la magia del tema. Tú escuchas la canción y te puede suscitar tantas cosas que el autor, con intención o sin intención, ha generado un enigma del que mucha gente ha intentado hallar una solución y todavía hoy es un misterio sin resolver, pero la belleza poética del tema sigue impertérrita a pesar de las décadas. No sabemos quién es el amante, ni en qué contexto se mueve, ni cómo fue la primera llamada, pero todo el mundo lo cantamos.

Para los que no sepáis, Santa Lucía es la patrona de los ciegos. La ceguera juega un papel importante en el desarrollo de la canción. Los amantes no se han visto físicamente, nunca han quedado de forma presencial en un sitio, no se conocen las caras. El único vínculo que han tenido es el teléfono, y en una llamada telefónica, solo es perceptible la voz, la palabra, la entonación, la oralidad, lo verbal…nada de caras, ni cuerpos, ni gestos, ni ojos, ni pelos. Saben todo uno del otro, pero no se han visto las caras (que es lo más importante). De ahí el valor metafórico de la ceguera.

A lo largo del tema el yo poético muestras sus dudas e impaciencia por la ausencia física de la amada. De ahí esas ansias por querer tener un encuentro presencial con ella, tal como manifiesta en el estribillo mediante los imperativos y las estructuras en paralelismo: “Dame una cita/vamos al parque, entra en mi vida […], abre la puerta, cierra los ojos, vamos a vernos poquito a poco, dame tus manos, siente las mías” (verbo en imperativo + complemento).

El parque tiene connotaciones sentimentales y amatorias desde la tradición medieval. Cuando los amantes se encuentran suelen elegir un marco natural y sensual que contextualice la reciprocidad anímica. En un parque suele haber árboles, ríos, pájaros cantando, flores…el típico locus amoenus que encontramos en todo poema amatorio.

El acercamiento físico (y amoroso) se representa muy bien con la metáfora del acceso: “Entra en mi vida sin anunciarte, abre la puerta…”. Abrir la puerta a una persona significa dejar que entre y forme parte de tu vida, unirte a ella, compartir tu esencia, tu alma, tu espíritu con ella. El yo poético desea ansiosamente que la amada dé el paso definitivo y quiera entrar a su vida de una forma natural, espontánea, visceral. Cuando sientes de verdad el amor, no hace falta avisarlo o decirlo (“sin anunciarte…”)…directamente entra por la puerta. El yo poético pide que se deje llevar por los sentimientos y acepte la cita, después de tantas llamadas telefónicas. Él lo tiene claro. Solo falta ella para que culmine el amor.

El yo poético quiere que el encuentro sea un momento mágico, íntimo, trascendental. Después de tantas horas congeniando con una persona solamente a través de la voz, es importante poder verse cara a cara con ella y materializar todo ese amor en una imagen, en un cuerpo. Es normal que el protagonista arda en ganas y deseo de ver por fin a esa famosa amada con la que tantos momentos ha compartido. Llevar el amor de la esfera de lo virtual a la esfera de lo real es un momento mítico, y quiere disfrutarlo, degustarlo poco a poco. La magia de la primera vez: “Vamos a vernos poquito a poco, dame tus manos, siente las mías, como dos ciegos”. El protagonista quiere disfrutar del instante, de todos los placeres sensoriales (ver a la amada parte a parte, tocarla, olerla…). El hecho de que haga tanto hincapié en el tacto (“dame tus manos, siente las mías”) es lo que ha dado pie a decir que la amada puede ser invidente (ya que no ve, debe disfrutar del encuentro con el tacto). Eso y la mención a Santa Lucía (patrona de los invidentes) y la comparación literaria (“como dos ciegos”) son algunas pistas que nos llevan a esta posible lectura. Lo que está claro es que el amante necesita un encuentro para materializar el amor que siente por ella, y quiere que ese momento sea especial e inolvidable.

En las estrofas, el yo poético narra con detalle cómo es la relación con la chica a través del teléfono y los sentimientos que en él genera el hecho de que ella no quiera un encuentro real.

Al ser un amor telefónico, el amado no puede poner cara a la amada. A través del contenido de las conversaciones se acaba creando una imagen, que luego podrá o no coincidir con la realidad. De ahí la presencia de verbos sugestivos como “recordar” o “imaginar”: “A menudo me recuerdas a alguien, tu sonrisa la imagino sin miedo”. Es la representación subjetiva y personal de la dama que el yo poético se ha hecho a partir de esas llamadas, en plan yo creo que la amada es así….esto es básicamente los primeros versos del tema

Evidentemente, el yo poético se siente afectado por no poder llevar al plano real la relación. Necesita con urgencia confirmar esa imagen o representación que tiene de la dama: “Invadido por la ausencia, me devora tu impaciencia”. Aunque se relacione con frecuencia con la amada vía teléfono, el protagonista vive en un estado cuasi de soledad, ya que todavía no ha tenido contacto directo y físico con la amada.

El paralelismo antitético marca la falta de reciprocidad en el contexto de lo físico: “Yo sí quiero conocerte y tú a mí no”. El protagonista ansía el encuentro visual. Ella, por el contrario, lo rechaza.

La coordinación adversativa contrapone el plano de lo físico-tangible-material con el plano de lo virtual e inmaterial. Ambos planos se alejan, se distancian, se oponen: “Yo sé todo de tu vida y conozco ni un detalle de ti”. Las llamadas telefónicas tan asiduas hacen que los amantes se conozcan las vidas uno del otro de una forma rotunda y perfecta tal como se marca con el cuantificador de totalidad (TODO de tu vida). Pero por otro lado no se conocen las caras, en el plano físico el conocimiento es nulo, tal como se marca con la conjunción negativa (NI un detalle de ti). El conocimiento total del alma se contrapone al conocimiento nulo del cuerpo. La antítesis es perfecta.

Y aquí llega uno de mis versos favoritos, y ahora encima que estamos en el año 2019 (y no en 1980), habría que remarcarlo todavía más: “El teléfono es muy frío”. Usar dispositivos técnicos de comunicación tiene muchas ventajas (no lo podemos negar): conocemos gente de todo el mundo, hablamos desde distancias cada vez más lejanas, compartimos gustos y trajines del día a día, se pueden crear historias de amor tan bonitas como las de esta canción. Hasta aquí muy bonito, muy cómodo, muy práctico, muy bueno. Sin embargo, esto también tiene su peligro: tanta importancia se da a la comunicación artificial y virtual que nos olvidamos del mundo real y creemos que un wasap, un correo, un SMS o un saludo en Facebook puede sustituir a un beso, un abrazo o un te quiero, o una quedada. Resulta curioso que en los albores de los 80 en una canción como esta, ya se aludiera a los inconvenientes de este tipo de contacto virtual. Y eso que en esa época solo se está hablando de un teléfono, que además sería fijo de esos de rueda. Nada de móviles. El autor de la canción ya nos habla de la deshumanización de este tipo de tecnología. Ahora 40 años después imaginad el despelote que tenemos en este tema 

El yo poético reprocha a la amada este tipo de comunicación virtual o artificial mediante el paralelismo: “El teléfono es muy frío, las llamadas son muy cortas”. (artículo + nombre sujeto + verbo ser+ atributo adjetivo cuantificado). Un amor no puede funcionar así. Necesita algo más. Y ese algo más se llama realidad, plasmación, materialización, proyección. Hay amor entre los amantes. Eso está claro, pero hace falta llevarlo a cabo de forma material y tangible.

Eso le hace al protagonista caer en un estado casi de angustia existencial tal como manifiesta con la interrogativa indirecta: “Me pregunto si algún día te veré, por favor”. El yo poético no está seguro que que ese amor pueda culminar. El indefinido (algún día) crea un estado de incertidumbre, duda, vacilación, inseguridad. Por eso ruega y suplica mediante la locución de cortesía poder llevar a cabo el encuentro: “Por favor”.

A pesar de esa falta de materialización en el mundo real, la relación amorosa ha podido desarrollarse de manera efectiva. El yo poético se identifica con la amada, ha sintonizado con ella, ha congeniado, ha habido compatibilidad, tienen muchos elementos en común: “A menudo me recuerdas a mí…”. Encontrar a tu semejante es una forma de hallar el amor.

En la segunda estrofa se detalla cómo se fueron desarrollando las llamadas telefónicas a lo largo de los días y cómo fue evolucionando el sentimiento amoroso.

-Primero, ocurre el hecho accidental. El amado llama por error a la amada, porque se equivoca de número: “La primera vez pensé se ha equivocado”. Aquí juega un papel importante el destino. Si nos preguntamos qué ha tenido que pasar para que dos personas se conozcan y se encuentren, podremos encontrarnos todo tipo de anécdotas curiosas en donde la casualidad y el incidente cobran un papel fundamental. Si no llega a pasar cierta cosa en X momento y en X lugar nunca se hubieran conocido. Ese error al llamar por teléfono fue el desencadenante de la historia de amor. Si el amado no se equivoca de número, esta relación no fragua.

-Segundo, a raíz de ese hecho fortuito, los amantes mantienen un vínculo (en este caso el telefónico), y eso hace que puedan volver a comunicarse. La voz de la chica le parecería agradable al protagonista y diría, anda voy a volver a llamarla, que me ha llamado la atención, me pica la curiosidad y me gustaría tener una amiga. Ahora poneos en el papel de la mujer. Un desconocido, después de equivocarse, te vuelve a llamar para saber de ti. Evidentemente, no sabes qué hacer ni cómo actuar: “La segunda vez no supe que decir”. Te quedas petrificado, sorprendido, aturdido, en plan, y para qué me volverá a llamar el tío este. Curiosidad y sorpresa, expectación e incertidumbre sería la segunda fase de esta relación.

También es verdad que cuando un desconocido te llama tantas veces y quiere saber de ti, a veces se tiende a pensar mal, ya que no es muy normal que alguien que no conoces de nada quiera ser tu amigo: “Las demás me daban miedo tanto loco que anda suelto”. En casos así es normal que pienses que se trata de un tarado o de un loco que quiere algo macabro contigo.

-Tercera etapa, enamoramiento. Al final, se crea un ambiente de confianza, desaparecen los malos pensamientos y ves que esa persona es buena gente. Y a partir de ahí los amados empiezan a empatizar, contarse cosas, sentimientos, inquietudes, intimidades, ven que tienen cosas en común y surge el amor: “Ahora sé que no podría vivir sin ti”. El amor como fuerza que da sentido y cohesión a la vida. Sin amor, no hay existencia feliz. El amor como símbolo de plenitud espiritual.

Como veis, el amor se desarrolla de forma progresiva, en etapas, en fases, muy del gusto de la lírica renacentista (la primera vez…la segunda vez…, las demás…ahora…). Desde los orígenes al momento actual. Se está contando una historia de amor a ciegas. Una especie de cancionero telefónico. Todas las fases del proceso amoroso petrarquista pero aplicado al siglo XX, en lenguaje del siglo XX. Lo mismo que se vive físicamente (encuentro fortuito, comunicación, enamoramiento, plenitud), pero en un canal artificial y virtual. Muy futurista y moderno todo jajajajja.

Métricamente predomina el verso de arte mayor, aunque hay alguno de arte menor (el teléfono es muy frío). Los versos del estribillo se dividen en hemistiquios separados por comas (dame una cita,/ vamos al parque….entra en mi vida, / sin anunciarte…) y además riman entre sí (parque-anunciarte, ojos-poco, mías-Lucía). En las estrofas, las rimas son muy escasas (ausencia-impaciencia, miedo-suelto). El resto, rima libre  



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