martes, 25 de febrero de 2020

La diputada: una crítica a los políticos de los años 30 que podría aplicarse al mundo de hoy


Ya os he comentado en más de una ocasión que la copla es un género que suele quedar popularmente encasillado como la música oficial de la dictadura franquista. Esto se debió a que su época de mayor esplendor y florecimiento se produjo durante los años 40 y 50 del siglo pasado. A partir de aquí, las nuevas modas pop europeas se introdujeron en España, relegando las canciones de Juanita Reina, Marifé o Concha Piquer a un segundo plano

No obstante, asociar la copla a una ideología política exclusivamente fascista es un gran disparate, ya que durante los años 30 (Segunda República), tanto la derecha como la izquierda utilizaban la canción española como arma combativa y propagandística.

Este es el caso del tema de hoy, el cual se hizo muy popular en el año 1932 en la voz de Amalia Molina, y sirvió para manifestar los principios ideológicos de los partidos liberales, así como para adoptar una actitud crítica hacia la situación político-social del país. El tema se titula La diputada y es un ejemplo de canción comprometida y de denuncia.


Llegó la hora del feminismo,

y como siempre fuí avispada,
y en todas partes me llevo algo,
me llevé el acta de diputada.

En el congreso con Luis de Tapía,
estoy actuando de adalid,
¡Viva el divorcio! ¡Vivan mis manos!
que aún no han cosido, ¡ni un calcetín!

Y hasta en la peluquería,
me llaman “Su Señoría”
Y como Victoria Kent,
viajo de balde en el tren.

Sí, señores diputados,
hay que acabar con el politiquismo,
mucho de para aquí y mucho domingo,
aquí el que no trabaje, que no coma,
empezando por los enchufistas.

El día que me deje,
el presidente hablar,
en hombros por la calle,
me tienen que sacar.

El pobre Conde de Romanones
que ya no tiene, ¡ni una peseta!
me dijo anoche: Pues me conviene,
ser diputado y ¡estar a dieta!

Pues sí, Leandra, que en estos tiempos,
que no hay enchufes, para un servidor,
tengo con ella, para ir mirando,
a las perdices, que ¡ay que ilusión!

Y aunque tengo en Madrid casa
y una pequeña finca,
está embargá y la perdí,
¡que den fuego al polvorín!

Yo creo que todo se arreglara,
¡incluso lo del himno!
porque pienso pedir,
a Don Fernando de los Rios,
que es muy flamenco,
que sea, el fandanguillo mayor:

La mujer de Estanislao,
cuatro hijos ha tenido,
la mujer de Estanislao,
y luego dice la gente
que es un obrero parado,
cuatro hijos ha tenido.

¡Olé, viva lo flamenco y lo torero!

.....................................................


El poema tiene como protagonista a una mujer que acaba de obtener un escaño en el Congreso de los Diputados. Una de las cosas que intenta hacer la Segunda República, apoyándose en las corrientes feministas de la época, es fomentar la igualdad de género, de forma que la mujer acabe cobrando cada vez mayor protagonismo en la vida pública y política española, desempeñando oficios y cargos que hasta este momento solo estaban reservados para los hombres. Una de estas dignidades es la de diputado. Todo esto se puede ver en la primera estrofa 

La protagonista se nos presenta como una mujer espabilada, con iniciativa, desparpajo y habilidad para la oratoria, capacidad de liderazgo (como toda buena política) y con muchas ganas de comerse el mundo, tal como se refleja en la metáfora animal: como siempre fui avispada.... 

Adopta una actitud de ambición, la cual se manifiesta formalmente con la similicadencia (un mismo verbo aparece repetido en varios tiempos verbales), haciendo ver que es una mujer que consigue todo lo que se propone: y en todas partes me llevo algo, me llevé el acta de diputada.

Posee una ideología izquierdista, la cual se manifiesta con exaltaciones al divorcio, al feminismo, o al himno republicano. De hecho, en un segmento de la copla suenan unos acordes del Himno de Riego, a modo de homenaje/reminiscencia. Ya sabéis que fue la canción favorita de los republicanos.

En el poema se aluden a personajes reales de la época como Luís de Tapia, que fue poeta satírico, humorista y periodista que llegó a conseguir también un escaño; Victoria Kent, que fue una abogada, la primera en intervenir en un consejo de guerra en España; el conde de Romanones, un político muy famoso del partido liberal de Sagasta y Canalejas; y  Fernando de los Ríos, político socialista

La copla supone una feroz sátira contra la figura de los políticos españoles. Muchas de las críticas vertidas podrían valer perfectamente para la situación actual. A día de hoy mucha gente se queja de los enchufismos, la corrupción, los sobresueldos, las pocas ganas de trabajar de los políticos….

Una canción de los años 30 como esta, puede seguir teniendo vigencia hoy en día. Se podría aplicar perfectamente a nuestro 2020 español. 88 años después!!!!!!!!!

-Por un lado, se critica la holgazanería e inutilidad de los políticos. Mediante la ironía, la protagonista hace referencia a las pocas ganas de trabajar de la clase política, y a su incapacidad de hacer cosas en las que haya que hacer un esfuerzo físico. Parece que todo lo que sea trabajo manual, no va con los políticos. Fijaos en esta sinécdoque personificada: ¡Vivan mis manos, que aún no han cosido ni un calcetín! En general, todo esto alude a la poca formación y preparación de los políticos.

-Por otro lado, se crea una caricatura del oficio de político, presentándolo con una serie de imágenes estereotipadas, que configura una visión de la política idílica, utópica, paradisíaca. Da la impresión que representar al pueblo español es la repera limonera: eres famoso, todo el mundo te aclama, la gente te invita a todo, hay cosas que te salen gratis: y hasta en la peluquería, me llaman su señoría, […] viajo de balde en tren. Leemos esto, y vemos que todos son ventajas!!!!!!!!!!

La sátira se crea a partir del contraste exagerado entre los beneficios que conlleva el oficio (todo el mundo te quiere, te aclama, te respeta, te conoce) con las escasas cualidades y virtudes que hacen falta para ser político, lo cual crea una impresión negativa en el receptor con sentido común: en España cualquiera podría ser político, ya que no hace falta tener grandes conocimientos ni habilidades, y encima, es un chollo, ya que trabajas poco y ganas un dinero por no hacer nada. En lugar de presentar la política como algo serio y trascendente para la nación (Justicia, Sanidad, Educación, Defensa...) se presenta como algo frívolo, festivo, banal e incluso divertido. Esta distorsión permite ridiculizar la figura del político.

Todo esto se ejemplifica en la segunda mitad de la canción, gracias a la figura del conde de Romanones (que habla en 1ª persona), el cual debido a sus problemas económicos decide meterse a diputado: pues me conviene ser diputado y estar a dieta. El toque humorístico se consigue mediante el doble sentido de la locución “estar a dieta”:

1) estar a régimen (comer poco): si comes poco ahorras dinero.
2) llevarse dietas (cantidad de dinero que se da a una persona para cubrir los gastos que le supone trabajar fuera de su residencia habitual): si tienes poco dinero lo mejor es meterse a político para que te den dietas.

Este juego de palabras permite la ambigüedad (las dos interpretaciones son válidas), pero en el fondo todos sabemos que la segunda acepción es la más sincera dentro del contexto.

El sarcasmo y la ridiculización en la caracterización del personaje llegan cuando este manifiesta abiertamente que en la política ya no hay enchufes y los candidatos entran por méritos al congreso (justo lo contrario de lo que pasa). El receptor lee esto y se pregunta. ¿De verdad este tipo se cree lo que dice? ¿O se está quedando con nosotros?

La configuración psicológica del conde roza lo ridículo y lo absurdo cuando exclama que su máxima aspiración en la vida, cuando no está en la política, es contemplar perdices: Pues sí, Leandra, que en estos tiempos,que no hay enchufes, para un servidor, tengo con ella, para ir mirando,a las perdices, que ¡ay que ilusión!



De esta manera, cuando el receptor escucha esta copla, se da cuenta del tipo de gente que lleva las riendas del país. Es como para preocuparse y alarmarse. Es verdad que se trata de una caricatura muy exagerada, que nos permite ver al conde mucho más bobo, palurdo, necio y alelado de lo que realmente es...pero aún así, a pesar del humor, resulta muy duro aceptar eso. Y encima, los políticos solo se han formado para vivir del cuento. Fuera de la política no saben sobrevivir. Si la máxima aspiración de este señor cuando no está en la política es ver perdices....sobras las palabras jajajjaa

Esto es expresionismo puro y duro, que es el mecanismo de la literatura satírica: la exageración y la deformación permiten sacar la verdad de las cosas y hacerlas visibles en su máxima autenticidad y crudeza (como en el esperpento de Valle Inclán).

Por ejemplo, en lugar de interesarse de los asuntos importantes de estado (educación, agricultura, justicia, ejército…), el conde es un tipo que se preocupa por las cosas más inútiles e intrascendentes como es el hecho de tener un himno para la república. Las exaltaciones a los festejos (los toros, el fandango, el flamenco) contribuyen a la caricatura del personaje, ya que lo vemos más pendiente de la juerga y de las fiestas que de la situación política y social: ¡Olé, viva lo flamenco y lo torero!



La anáfora permite enfatizar esto: porque pienso pedir a Don Fernando de los Ríos /que es muy flamenco/ que sea, el fandanguillo mayor:

Además se nos presenta como el típico político con muchísimas propiedades (una casa en Madrid, una finca en el campo) pero endeudado hasta la las trancas y embargado. ¿No os recuerdan a todos estos famosillos que siempre están teniendo problemas con Hacienda y no pueden hacer frente a determinados pagos a pesar de tener propiedades? Y aunque tengo en Madrid casa y una pequeña finca,está embargá y la perdí...



Para colmo, es un personaje que se permite el lujo de criticar lo que hacen los demás. Al conde le sienta mal que la gente pobre se queje y llore por su situación de precariedad, pero luego traigan muchos hijos al mundo. Las reiteraciones ayudan a enfatizar sus ideas, que rozan la hipocresía: la mujer de Estanislao, 4 hijos ha tenido [y luego dice la gente que es un obrero parado]

En la cuarta estrofa, la copla adquiere un tono reivindicativo y de denuncia. La protagonista critica el enchufismo (la gente que está ejerciendo cargos a dedo, no por sus capacidades, sino por conocer a personas influyentes).

Defiende el trabajo y el esfuerzo como principales mecanismos para levantar el país. El dinero hay que ganárselo trabajando, aportando beneficios a la comunidad, y no calentando la silla de turno en el Congreso. Es una postura muy regeneracionista que entronca con las ideas de Joaquín Costa o Ángel Gavinet. De ahí la pullita que lanza contra el domingo, día festivo, mediante el paralelismo: mucho de para aquí y mucho domingo…. Tened en cuenta que en los años 30, para una persona humilde no existía la noción de festivo, ya que los domingos había mucha gente que trabajaba (campesinos, amas de casa…). Los únicos que podían permitirse el lujo de no currar el séptimo día de la semana era la gente adinerada como los políticos.

La protagonista se muestra disconforme con la política del presidente del gobierno de la repíblica. Esta disconformidad se manifiesta con el hipérbaton: el día que me deje, el presidente hablar, en hombros por la calle, me tienen que sacar. Como veis, la protagonista está harta de la situación del país, y las quejas y protestas que manifiesta en esta canción son las quejas y protestas de todos los ciudadanos (ella hace de portavoz del pueblo y manifiesta abiertamente lo que otros no pueden decir). Ella universaliza y hace partícipe a todo el mundo de lo que pasa, especialmente de la inutilidad de los políticos.

A pesar de que la protagonista posee pensamientos izquierdistas, acaba criticando actitudes y políticos que son de su propio bando. Durante la República y la Guerra Civil fueron muy habituales los rifirrafes y conflictos entre los partidos más liberales, de tal forma que la izquierda se acabó fragmentando, hecho que fue trascendental para que Franco ganara la Guerra Civil. Por tanto, esta copla refleja un contexto histórico-político muy realista.

El lenguaje resulta espontáneo y coloquial con expresiones populares como “no tener ni una peseta” (ser pobre) o exclamaciones exaltativas “¡viva!”. Hay relajación fonética (embargá) y pareados (está embargá y la perdí, ¡que den fuego al polvorín!) que dan musicalidad.

En general, la métrica es muy irregular (hay versos de 8,9 10 y 11 sílabas, a veces rima consonante, otras asonantes, o en ocasiones sin rima). Las comparaciones coloquiales están al servicio de la crítica social: Y como Victoria Kent, viajo de balde en el tren

La copla no es muy literaria en el lenguaje, ya que da más importancia al fondo (contenido) que a la forma, tal como sucedía con la poesía de preguerra. No es la más bonita, pero sí nos da mucha información del contexto histórico.



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