martes, 12 de octubre de 2021

Ese hombre (Rocío Jurado): virtuoso por fuera, defectuoso por dentro

No hay duda de que las canciones de Manuel Alejandro marcaron (y mucho) la trayectoria artística de Rocío Jurado.

En una época en la que la copla estaba zozobrando en el panorama musical español, la chipionera supo adaptarse a la canción moderna, aunando el ritmo y el tono de la balada sentimental de finales de los 70 y principios de los 80 con la fuerza y el dramatismo de la copla más añeja.

Esa fusión dio lugar a canciones tan chulas como la que vamos a analizar hoy. Pertenece a su disco Señora, del año 1979 y se titula Ese hombre.



Ese hombre que tú ves ahí

que parece tan galante
tan atento y arrogante
lo conozco como a mi­

Ese hombre que tú vas ahí
que aparenta ser divino
tan afable y efusivo
solo sabe hacer sufrir

Es un gran necio,
un estúpido engreí­do,
egoísta y caprichoso,
un payaso vanidoso,
inconsciente y presumido,
falso, enano, rencoroso,
que no tiene corazón

Lleno de celos
sin razones ni motivos
como el viento impetuoso,
pocas veces cariñoso,
inseguro de si­ mismo,
soportable como amigo,
insufrible como amor

Ese hombre que tú ves ahí
que parece tan amable,
dadivoso y agradable
lo conozco como a mi­

Ese hombre que tú ves ahí­
que parece tan seguro
de pisar bien por el mundo
solo sabe hacer sufrir

Es un gran necio,
un estúpido engreído,
egoí­sta y caprichoso,
un payaso vanidoso,
inconsciente y presumido,
falso, enano, rencoroso,
que no tiene corazón

Lleno de celos
sin razones ni motivos
como el viento impetuoso,
pocas veces cariñoso,
inseguro de si mismo,
soportable como amigo,
insufrible como amor

..................................................................

El poema recoge uno de los temas barrocos por excelencia: la dicotomía entre apariencia y realidad. Una cosa es lo que parece, y otra muy diferente, lo que es realmente. Y esto da lugar a confusiones, mentiras, desengaños y decepciones cuando comprobamos que lo que se percibe de una manera superficial, no tiene nada que ver con lo que nos encontramos al hacer un análisis más profundo de la realidad.

La verdad, a veces, está escondida bajo un velo o envoltorio de gracia y encanto. Detrás de una máscara de virtudes y donaire nos podemos llevar la desagradable sorpresa de darnos de bruces con la mayor sarta que hayamos visto de defectos, males y lacras.

Eso le pasa a la protagonista de esta canción, la cual no para de criticar, despellejar, reprender, reprobar y clamar contra un hombre, cuya apariencia es la de un amante perfecto, de película, de los que ya no quedan, con un sinfín de virtudes, pero una vez te metes de lleno en sus entrañas, es el ser más repugnante y despreciable con el que te puedes encontrar, lleno de defectos que te llevan por la calle de la Amargura día sí y día también.

Analizando la descripción que hace el yo poético del muchacho está claro que es una persona muy tóxica a la que no hay que pedirle ni la hora.

Realmente la estructura de la canción es de lo más sencillo que hemos visto desde que empezamos el blog. A pesar de la cantidad de letra, de la cantidad de defectos que se citan y de la cantidad de falsas virtudes que se enumeran, el esqueleto sintáctico es muy básico. El yo poético lo engorda a base de añadir muchos elementos, pero el esquema es siempre el mismo:

1.       Sujeto con complemento oracional relativo: Ese hombre que tú ves ahí. Introduce las dos estrofas del tema

2.       Verbo 1: Parece. Es la lista de virtudes que aparenta el muchacho (galán, atento, divino, afable, efusivo, amable, dadivoso, agradable, seguro). Se trata de una descripción superficial, falsa, ilusoria, no real. El amante por fuera parece una cosa

3.       Verbo 2: Es. Es la lista de defectos que posee de forma inherente (necio, estúpido, engreído, egoísta, caprichoso, payaso, vanidoso, inconsciente, presumido, falso, enano, rencoroso, sin corazón, celoso, poco cariñoso, inseguro…). Se trata de una descripción profunda, verdadera, real, interna. El amante por dentro es otra cosa diferente a la que parecía.

4.       Predicación de consecuencia: Solo sabe hacer sufrir. El resultado de la interacción con este señor es la infelicidad, la amargura, la toxicidad, el sufrimiento.

El hecho de que un tema tenga tanta letra no quiere decir que sea complejo. Esta canción es larga, pero muy sencilla. Se podría resumir con esta fórmula matemática:

SUJETO + APARIENCIA + REALIDAD = SUFRIMIENTO

Ya está. Fijaos que cosita tan sencilla, accesible y entendible para todos. Por eso este tipo de canciones triunfaron tanto en el gran público.

Mediante el demostrativo (ese hombre), el adverbio de lugar (ahí) y el verbo perceptivo en segunda persona (ves), el yo poético enmarca la figura masculina en el entorno y lo convierte en diana y objetivo de todas las críticas, análisis y juicios de valor.

Aunque este señor nunca toma la palabra durante la canción, está implícito en el acto comunicativo. Es como si el yo poético lo estuviera contemplando en las inmediaciones o a una distancia más o menos cercana, lo cual le sirve de motivación para soltar todas las “lindezas” del estribillo.

Presentar al objeto descriptivo dentro de las coordenadas del habla es una manera de enfatizar la credibilidad y dar intensidad al contexto. El yo poético busca desahogarse y soltar toda la rabia y furia que lleva dentro después de haber sufrido tanto a su lado.

Durante las estrofas se utilizan verbos que expresan apariencia (PARECE tan galante, APARENTA ser divino…). Los adjetivos utilizados tienen connotaciones positivas (galante, atento, afable, efusivo, amable, dadivoso, agradable, seguro…).

Externamente, la figura del amante es la de un ser perfecto y celestial. Todo son virtudes y elogios. Un caballero bien vestido, educado, cortés, detallista, amigable, bondadoso, generoso, simpático…En definitiva, el amante cortés ideal de la lírica provenzal. Tan perfecto que parece irreal. Y si no existiera habría que inventarlo. Sin embargo, esto es solo fachada, apariencia. La realidad es bien diferente.

La figura masculina, en el plano de la apariencia, es endiosada y elevada hasta cuotas inimaginables. Se usan adjetivos relacionados con la deidad (divino), el amor cortés (galante), la alta autoestima (seguro de pisar bien por el mundo), la imagen social y personal (arrogante), el vitalismo (efusivo), el compromiso social (dadivoso) o la empatía (atento, afable, amable, agradable).

Encima, se usan los cuantificadores para llevar la virtud al grado más elevado posible (tan galante, tan atento). La conjunción copulativa (y) contribuya a sumar, a añadir, a acumular todas esas virtudes, creando un retrato cercano a la perfección (atento y arrogante, afable y efusivo…)

Si solo nos quedáramos con las estrofas estaríamos ante el amante más perfecto de la historia de la literatura y la música. Muchos diréis: es imposible que exista alguien así: ¿Dónde está el truco? El truco está en que esas virtudes son solo una fachada, apariencia, envoltorio, artificio, pompa…que se quedan en nada cuando conoces cómo es por dentro este ser

Las virtudes son artificiales, fingidas, planificadas, se usan como mecanismo para engatusar, atraer, enamorar, cautivar. Después, una vez has atraído a la mujer a tu terreno, es cuando sacas tu verdadero carácter lleno de defectos que amargan la vida a quien está al lado: “Solo sabe hacer sufrir”.

La finalidad y el sentido de la vida para este hombre es hacer infeliz a la gente. Y el yo poético ha calado al hombre, sabe qué tipo de persona es y qué es lo que busca: “Lo conozco como a mí”.

En el estribillo es cuando el yo poético enumera todos y cada uno de los defectos de este hombre, desenmascarándolo, sacando a relucir todo lo que tiene oculto, y así el receptor vea que tras esa fachada de buenismo, hay mucha maldad y toxicidad

El verbo ser (es un gran necio…) se contrapone al verbo parecer que había en las estrofas (parece tan galante…). Funcionan como una antítesis entre la apariencia (parece) y la realidad (es).

Ambos son verbos copulativos, aunque tienen significados diferentes. La forma verbal ser expresa cualidades inherentes de una realidad (en este caso, el hombre). El yo poético lo describe en su máxima esencia y esplendor, que es la maldad. Es la verdad verdadera (valga la redundancia), frente al verbo parecer que marca una verdad provisional, temporal, que solo tiene valor hasta que conoces al hombre.

La figura masculina, en el plano de la esencia, es criticada, rebajada, vapuleada y denostada hasta cuotas inimaginables. Se usan adjetivos relacionados con la falta de inteligencia (necio), el ego (engreído, vanidoso, egoísta), el narcisismo (presumido), los defectos físicos (enano), el mal amor (lleno de celos, insufrible), la no empatía (pocas veces cariñoso, que no tiene corazón, rencoroso), el impulso (caprichoso, impetuoso), la carencia de principios morales (falso, inconsciente), la baja autoestima (inseguro).

Para enfatizar los defectos en grado máximo el yo poético recurre a adjetivos con valor cuantificativo (gran necio), adjetivos que matizan y completan a otros adjetivos (estúpido engreído, payaso vanidoso), bimembraciones acumulativas (egoísta y caprichoso, inconsciente y presumido), enumeraciones en asíndeton (falso, enano, rencoroso, que no tiene corazón), adjetivos de capacidad (lleno de celos), comparaciones (como el viento impetuoso), sintagmas de frecuencia (pocas veces cariñoso) y paralelismos (soportable como amigo, insufrible como amor: nombre derivativo + partícula comparativa + sustantivo de relación interpersonal).

La expresión “no tener corazón” tiene valor metonímico ya que alude a lo concreto (corazón), por lo abstracto (sentimiento). Una persona sin corazón es una persona sin emociones.

Los últimos versos funcionan como conclusión o moraleja deductiva del poema. Con personas así lo mejor que podemos hacer es mantener las distancias y gestionar bien los contextos.

Como relación personal circunstancial, habrá que aguantarlo en muchas ocasiones, aunque no nos guste (“soportable como amigo”) pero como persona para vivir a diario e integrar en tu vida y en tu círculo más íntimo y personal es un suicidio y una forma de joderse la vida (“insufrible como amor”). 

El mensaje de la canción está claro: con personas así ni agua. Lo mejor es alejarse. No son buenos compañeros en el viaje del amor jajajja

Métricamente, encontramos versos de diferente medida. La mayoría son de arte menor octosílabos (tan afable y efusivo), pero habrá algunos de 5 (es un gran necio) y 10 (ese hombre que tú ves ahí).

Las estrofas riman de forma abrazada: primer verso con cuarto (ahí, mí) y segundo con tercero (galante, arrogante): Abba.

El primer y último verso del estribillo no riman con ningún otro (necio, corazón), y el resto forman una quintilla: abbab



1 comentario:

  1. El mayor éxito de Manuel Alejandro es la letra y la música de Yo soy aquel, interpretada por Raphael (1966), que ha quedado en el imaginario colectivo de muchos españoles.

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