lunes, 16 de mayo de 2022

Con un pañolito blanco: del amor al despecho, y del despecho a desear la muerte del amado

A lo largo de estos dos años y medio hemos analizado muchas coplas que tienen como tema principal el desengaño amoroso.

En un porcentaje de los casos, los protagonistas han reaccionado de manera comedida, estoica, mesurada, serena, prudente: aunque el fin del amor haya supuesto dolor y tristeza (no es un plato de buen gusto saber que tú quieres a una persona, pero esta no siente lo mismo por ti), los personajes no se han mostrado rencorosos ante el individuo que no les corresponde

Por mucho daño que hayan recibido, los yos poéticos mantienen la compostura, sin mostrar odio o despecho hacia el otro miembro de la relación. Aunque no haya reciprocidad amorosa, el protagonista mantiene una actitud de respeto y dignidad hacia la persona que amaba (al menos, no le tira los trastos a la cabeza, respeta su decisión y no la considera culpable de nada).

En el tema que os traigo hoy, una zambra de Quintero, León y Quiroga del año 1942 para Antoñita Colomé, vamos a ver en escena a la mujer despechada, que ante la no correspondencia del amado, le lanza una serie de quejas, críticas, injurias, deseos y maldiciones, que no dejan en buen lugar al hombre.

Esta tarde vamos a analizar Con un pañolito blanco: 



Como un clavel encendido,

yo te entregué mi querer,

te di el agua de mi labios,

pa que calmaras tu sed.

Te di mi lunita clara,

te di mi blanco azahar,

en monedas de cariño,

ya no pude darte más.

Y por cosas de la vida,

ahora me ves por la calle,

como a una desconocida.

 

¡Que se me salten los ojos,

si yo te vuelvo a mirar!

¡Que la lengua se me caiga,

si te volvirera a llamar!

¡Ojalá que tú cameles,

a quien no te quiera a ti,

y te dé a probar las hieles,

que tú me distes a mí!

Pero me queda el consuelo,

de que al llegar tu hora mala,

con un pañolito blanco,

yo te taparé la cara.

 

Al revolver de una esquina,

me di de cara con él,

y se me puso el semblante

más blanco que la pared.

Me hice un nudo en la garganta,

para no decirle nada,

y seguí por mi camino,

sin volver la vista atrás.

¿Qué delito he cometido,

si sólo te he camelado,

con todos mis cinco sentidos?

 

¡Que se me salten los ojos,

si yo te vuelvo a mirar!

¡Que la lengua se me caiga,

si te volvirera a llamar!

¡Ojalá que tú cameles,

a quien no te quiera a ti,

y te dé a probar las hieles,

que tú me distes a mí!

Pero me queda el consuelo,

de que al llegar tu hora mala,

tiene que ser mi pañuelo,

el que te tape la cara.

.................................................................................

Para que una relación amorosa funcione hace falta reciprocidad, es decir, que el sentimiento de afecto se proyecte del primer elemento al segundo elemento, y del segundo elemento al primer elemento. En este caso, la pasión solo se irradia del eslabón 1 (parte femenina, protagonista), al eslabón 2 (parte masculina, amado). Este último no posee los sentimientos necesarios e imprescindibles para configurar el vínculo de pareja.

En los primeros versos se presenta a la protagonista como una mujer enamorada. El amor se concibe como un acto de entrega total, en el que una persona está dispuesta a compartir su esencia, su autenticidad, su existencialidad, su vida, con otra persona a la que quiere.

Este sentimiento se describe y se proyecta mediante una serie de figuras retóricas:

1.Por un lado, la comparación: Como un clavel encendido yo te entregué mi querer. El clavel es una flor de color rojo, el cual simboliza la pasión que irradia la mujer hacia el amado.

Además, ese rojo aparece intensificado con un participio relacionado con la luz (flor encendido).

Si a un concepto pasional como es el color rojo le añadimos un segundo elemento igual de pasional, como es la luz (de influjo místico), el resultado es un torrente arrollador de energía amorosa. La protagonista alcanza un estado de éxtasis superlativo. Está totalmente enamorada del chico.

2. Por otro lado, las metáforas. Estas forman estructuras en paralelismo (complemento indirecto de segunda persona + verbo de transacción + posesivo + adjetivo + sustantivo): Te di mi diminuta luna, Te di mi blanco azar.

El hecho de identificar el amor con conceptos astrales es una práctica frecuente en poesía, ya que los elementos del cielo son realidades que resultan inaccesibles. No se puede tocar el sol, ni las estrellas, ni la Luna. Aparte, son objetos que irradian luz. El tufillo místico es innegable.

Cuando una realidad resulta inasequible/inalcanzable/imposible pasa a convertirse en un TESORO. Todo el mundo lo anhela, pero nadie puede alcanzarlo. Con el amor pasa lo mismo. El acto de querer a una persona se concibe como un sentimiento VALIOSO. Es muy difícil amar y ser amado. No todo el mundo tiene el honor de dar y recibir afecto.

La identificación del amor con elemento blancos (azahar) hace hincapié en la pureza del sentimiento: amar a alguien supone compartir tu esencia, tu persona, aquello que es propio de ti, tu genuinidad, tu alma, tu psiqué con otro ser. Algo puro, que es propio de ti y solo de ti, se fusiona con otra entidad. Y esto surge de una manera incondicional, desinteresada, pasional. Quieres a alguien porque sí. No hay más. No buscas recibir nada material a cambio. El amor por el amor.

A veces, amar supone sacrificar parte de esa pureza, de esa limpieza (de lo blanco) para complacer a la persona que quieres.

El color blanco también va asociado a la virginidad, la inocencia. La amada se entrega pura y casta al esposo.

3. En tercer lugar, la alegoría. La alegoría se define como una metáfora continuada, es decir, como varias metáforas que se encadenan para transmitir un significado: Te di el agua de mis labios para que calmaras tu sed.

El hecho de identificar el amor con el agua es una manera de concebir al primero como un elemento vitalizador, purificador, que es imprescindible para la persona. No se puede concebir una vida sin amor. Todo el mundo tiene una necesidad (sed) de amar a alguien (agua).

En general, la protagonista tiene una visión racionalista del amor. Ella piensa que el hecho de tener una intención de amar, un sentimiento de afecto hacia alguien es más que suficiente para que la relación cuaje. Ella aplica la lógica y el sentido común: si yo quiero a una persona y me esfuerzo en quererla y ganarme su cariño, lo normal es que esta persona acabe enamorada de mí.

Sin embargo, el amor es de todo menos lógico. A veces, por mucho que hagamos para ganarnos el amor de alguien, esta persona no nos quiere. No hay correspondencia. El amor se define como algo misterioso, irracional, irregular que no responde a reglas y fundamentos teóricos. No hay una fórmula exacta para conseguir el amor. Tú puedes querer mucho a alguien y la otra persona no quererte a ti nada.

De hecho, la poca concreción en la expresión lingüística del yo poético es síntoma de la dificultad para explicar por qué no se produce la reciprocidad amorosa: y por cosas de la vida, ahora me ves por la calle, como a una desconocida.

La palabra cosa es un vocablo baúl o comodín, ya que tiene un significado demasiado genérico y poco preciso. Resulta imposible establecer motivos racionales que expliquen el rechazo de él a ella. El amor es así, caprichoso, caótico, azaroso, arbitrario. No hay ciencia que determine su funcionamiento.

El hecho de utilizar la palabra vida da un toque existencialista al discurso, muy cercano a las teorías deterministas (esto así y no se puede hacer nada).

La comparación (como a una desconocida) enfatiza el dramatismo de la situación. Por un lado, justifica el posterior enfado de la mujer: al ser él el que le ha dejado a ella, ella tiene todo el derecho del mundo a enojarse y quejarse. Por otro lado, ella queda como la víctima, y el receptor, por norma general, siempre empatiza con la parte afectada: pobrecilla, está pasando un calvario y qué malo que es él por no corresponderla. La comparación empequeñece a la mujer, y el lector se compadece de ella

La protagonista piensa que el sentimiento amoroso es un concepto técnico y teórico. Si tú sigues unas pautas y reglas (aplicando los principios de lo políticamente correcto y el sentido común) lo normal es que la persona que quieres caiga rendida ante tus pies. Pero es que el amor no funciona así de perfecto y exacto. Su comportamiento es impredecible y caótico. Si tú subes la temperatura del agua a 100 grados, esta ebullirá. Con el amor no existen esos patrones. Unas veces hervirá a 20, 50, 100, 150, 200…

La teoría es muy fácil. Muchos tratadistas escribieron sobre el amor y el arte de amar, utilizando palabras celestiales (amar es entregarte a la persona que quieres, amar es dar tu vida por otro, amar es querer pasar el resto de tus días con otra persona…). Sin embargo una cosa es la teoría, y otra la práctica. Una buena teoría no implica una armonía amorosa. La protagonista expone muy bien la teoría mediante los verbos de transacción (te entregué, te di…).  Ella cree que teniendo buenas intenciones, aplicando nociones de sacrificio, esfuerzo y constancia, ya está todo hecho. Y no es así.

Ella piensa que el acto de amar consiste en agradar a alguien, y la mejor manera de agradarlo es dándole y entregándole cosas (materialismo), aunque esas cosas no sean físicas o materiales (amor, cariño, yo, espíritu, esencia, es decir, espiritualismo).

Se crea una mezcla muy curiosa de materialismo y espiritualismo:

-Materialismo porque para demostrar amor hay que dar y recibir. Existe un trueque, una materialización, una mercatilización del amor: sino se da y se recibe, no existe el amor.

-Espiritualismo, porque esas cosas que se dan y se reciben no son materiales, sino sentimientos o esencias personales.

Podríamos decir que el amor consiste en materializar sentimientos o esencias. Por eso, elementos abstractos y espirituales se unen a sustantivos concretos y materiales: monedas de cariño.

El sustantivo moneda, además, permite cuantificar y gradar ese sentimiento, dándole trascendencia e importancia. las monedas de oro, el dinero, son elementos valiosos, lo mismo que el cariño

La protagonista irradia tanto deseo e intención de ser correspondida que en ocasiones, alcanza un estado que acaricia lo hiperbólico.  Ya no puede darte más.

Ella pone todo de su parte, toda la carne en el asador (teoría amorosa), con el objetivo de complacer al hombre y formalizar una relación sentimental.

Tened en cuenta que hay gente que es capaz de llevar todo esto al límite. El hecho de entregarse a otra persona supone perder parte de tu autenticidad, de tu psicología, de tu esencia personal, e incluso de tu felicidad, intentando esconder defectos que creemos, pueden ofender al otro.

El peligro de dar tanto en una relación es que se sobrepasen determinadas fronteras que atenten contra nuestras realizaciones, y que por culpa de complacer a otra persona, dejemos de ser nosotros mismos. Para conseguir unas cosas, renunciamos a otras que son igual de importantes. Al final, esta forma de amar, si no se controla, puede terminar en un “materialismo espiritualista”

De todas formas, a pesar de las buenas intenciones, del conocimiento de la teoría y del empeño de la protagonista, el amado no le corresponderá. Esto provocará el enfado en la mujer, lo cual, le llevará en el estribillo a lanzar una serie de maldiciones al amado.

Las oraciones exclamativas dan un toque altisonante a las palabras de la muchacha, muy cercano al del Romanticismo exacerbado y ruidoso de los primeros años del siglo XIX: ¡Qué se me salten los ojos si yo te vuelvo a mirar!, ¡Que la lengua se me caiga si te volviera  a ver!. El tono intimista brilla por su ausencia.

La amada aparece reflejada como una mártir de amor (sufridora). Por ejemplo, en las apódasis de las subordinadas condicionales el dolor anímico (por la no correspondencia) tiene una serie de repercusiones físicas/corporales. La protagonista siente tanta rabia de la falta de reciprocidad con el amado, que se generan una serie de estampas truculentas y viscerales en las que ella misma es la perjudicada: que se me salten los ojos, que la lengua se me caiga.

Estas imágenes son muy hiperbólicas y conforman un quiasmo o estructura cruzada: predicado [se me salten] +sujeto [los ojos] / sujeto [la lengua]+ predicado [se me caiga]

Un viejo tópico rescatado de la poesía de cancionero es el del amor entrando por los ojos. Por eso, en las prótasis de las subordinadas condicionales, aparecen verbos relacionados con el sentido de la vista: si te volviera a VER, si yo te vuelvo a MIRAR

Tener contacto visual con el amado, supone acrecentar el sentimiento amoroso. El amor penetra por los ojos: cuanto más cerca estás de la persona que quieres, el embrujo es mayor. En esta ocasión, al no haber correspondencia, el estar cerca de la persona que amas se traduce en dolor. La protagonista está calada por los huesos del chico, pero este no siente lo mismo. ¿Resultado? La no correspondencia, convierte el amor en rencor. Se trata, pues, de un sentimiento de amor-odio

En esos casos, el estar visualmente cerca de la persona a la que quieres (mirarla, verla) supone una perturbación emocional terrible (la quieres, pero ella no te quiere). Por eso, es necesario crear un distanciamiento, con el fin de alejarse de esta fuente de amor-odio. Como consecuencia, la muchacha se lanza a sí mismas una serie de maldiciones, cuyos efectos serían terribles y macabros (perder los ojos, quedarse sin lengua…) ante unas condiciones de acercamiento con el amado: si la vuelvo a mirar, que me pase todo este repertorio de cosas malas

Estar cerca de la persona que quieres y no poder disfrutar de ella es una tortura para la protagonista. De ahí, el sufrimiento y el resquemor. Las maldiciones (que se me caigan los ojos, que pierda la lengua) es un mecanismo de defensa para crear distanciamiento y desenamorarse.

Este distanciamiento se consigue también lanzando maldiciones al chico. Mediante la oración desiderativa, la mujer desea que el hombre tenga que vivir lo mismo que ella está viviendo ahora: que él se enamore de alguien que no le corresponda, para que vea lo mal que se pasa al no ser correspondido: Ojala tú te cameles a quien no te quiera a ti. El hecho de desear el mal a alguien crea una situación de rencor, rabia y despecho.

Las metáforas están al servicio de esas maldiciones: ojalá […] te dé de probar las hieles que tú me diste a mí. La hiel (bilis del estómago) representa la amargura, la aspereza, el disgusto, la adversidad (la textura de los jugos gástricos suele ser muy desagradable). La protagonista busca la venganza: que todo el daño que él le está haciendo, se le vuelva en su contra, como una especie karma. La mujer busca que el dolor sea recíproco.

La rabia y el rencor van in crescendo a lo largo del estribillo, creando una gradación, que va de menos a más: primero, las maldiciones se vierten contra sí misma; luego, el sufrimiento le hace desear una seria de cosas malas al amado; y finalmente, el culmen o clímax: la protagonista anhela la muerte del hombre.

Esta copla está influida por un subgénero de la poesía cancioneril que es el conjuro. Los conjuros son composiciones en las que un poeta no correspondido, desea a la dama una serie de desgracias y maldiciones, con el objetivo de que esta sufra y así vengar la no reciprocidad. En ocasiones, se llega a desear la muerte (como sucede en esta canción). La diferencia radica en que en el conjuro la voz poética es un hombre, y en este poema el yo poético es femenino.

A pesar de estos matices formales (hombre-mujer), conceptualmente el estribillo posee aromas de conjuro, ya que se desea la muerte del otro: Pero me queda el consuelo de que al llegar tu hora mala con un pañolito blanco, yo te taparé la cara. La mujer quiere estar físicamente presente en ese momento, delante del cadáver de aquel que le ha hecho tanto daño.

La mejor manera de encontrar el alivio y el consuelo ante la pena es alejarse lo máximo posible de la fuente del dolor. Esto, unido al sentimiento de rabia y rencor de no verse correspondida, incita a la protagonista a desear la muerte del amado.

La palabra muerte es un término tabú, ya que está cargado de connotaciones negativas y peyorativas. Para mucha gente, utilizar el término muerte genera miedos, vergüenzas y pudores. Por eso, el yo poético recurre a una serie de recursos con el objetivo de no tener que pronunciar dicha palabra, pero sí transmitir su idea.

-Por un lado el eufemismo, es decir, usar una palabra que no posea una fuerza semántica tan intensa e impactante, pero a la vez respete el significado original: De que al llegar TU HORA MALA. Tu hora mala es una forma eufemística de referirse al momento en que mueres (al fin y al cabo, fallecer es lo peor que le puede pasar a una persona)

-Por otro lado, el rodeo, el circumloquio, la indirecta, basándonos en elementos de la cultura popular: De que al llegar tu hora mala, con un pañolito blanco yo te taparé la cara.

Antiguamente, cuando alguien moría, al preparar el cadáver para el enterramiento, se solía vestir al muerto con las mejores galas. Encima de la cara se le ponía un pañuelo de color blanco, ya que la gente pensaba que colocando ese trapo en el rostro, la tez se conservaría durante más tiempo y tardaría mucho más en podrirse y descomponerse.

No sé si esta costumbre todavía se seguirá practicando en algunos pueblos pequeños. Hace muchos años, era una práctica frecuente cubrir la cara del cadáver con el pañuelo.

En lugar de decir “ojalá te mueras”, la amada expresa el deseo de ver muerto al amado de una forma sutil, tenue, indirecta, aludiendo a esta costumbre popular. Si le coloca el pañuelo blanco en la cara es porque él se ha tenido que morir previamente. Se alude al efecto (pañuelo blanco) por la causa (muerte). Estamos ante una metonimia.

La protagonista desea ver muerto al amado. El futuro de indicativo (taparé), y la oración subordinada temporal con infinitivo (al llegar tu hora mala…) dan al discurso un tono profético y fatalista, que crea una sensación de mal augurio, como si estuviera escrito de antemano que él morirá antes que ella. Esta forma de expresión evoca a las predicciones de los oráculos de las tragedias griegas.

La segunda estrofa narra el encuentro casual de los amantes un día mientras caminaban por la calle: Al revolver de una esquina me di de cara con él…

La parte narrativa se inserta de una forma diáfana y limpia, con expresiones coloquiales y relajadas (darse de cara), que hacen hincapié en el contacto visual entre la expareja. Darse de cara implica que han pasado cerca uno de otro. Se palpa tensión en el ambiente

Estar cerca de la persona que quieres y no ser correspondido se convierte en un trauma para la mujer. Esto se refleja en la comparación: se me puso el semblante más blanco que la pared

El adelantamiento del verbo al sujeto (se me puso el semblante/el semblante se me puso) genera un hipérbaton que refleja la inestabilidad emocional de la chica, y el grado de afectación. Cuando nosotros estamos preocupados por algo, nos cuesta hablar con normalidad y son frecuente estas alteraciones en el orden sintáctico.

El color blanco está relacionado con la palidez, la perturbación, lo mustio, Cada vez que te encuentras con la persona que quieres y esta no te corresponde, se crea una sensación casi de muerte, muy incómoda: estás cerca de aquello que resulta imposible de alcanzar.

Como consecuencia, la persona afectada pierde el color, la alegría, la expresividad. De ahí el color blanco. El organismo se trastoca cuando tienes delante a esa persona. Es un momento muy desagradable. Rememoras muchas cosas.

Tened en cuenta que la protagonista se encuentra en una situación límite, en una especie de encrucijada, en la que confluyen muchos sentimientos contradictorios y resulta difícil establecer una frontera.

-Por un lado, hay amor (ella le corresponde a él); pero por otro lado, hay dolor y odio (él no le corresponde a ella y eso genera frustración y rabia en la chica). Estamos ante un desengaño barroco de manual.

-Por un lado, a ella le gustaría contar todo lo que siente, soltar todo lo que lleva dentro, vomitar todas sus inquietudes y pasiones, desahogarse con el chaval. ¿Problemas? Por mucho que se desahogue, si no hay correspondencia no sirve de nada. Lo importante es el sentimiento y si él no siente afecto por ella, no tiene sentido dedicar tiempo a esta persona.

Si se optara por establecer un diálogo con el amado, ella seguiría pasándolo mal, y lo único que haría sería complicar más la situación y echar más leña al fuego (para ambas partes). La conversación se convertiría en un cruce de reproches.  

Al final, para lo único que serviría hablar con el amado, sería para seguir ahondando en las penas, entrando en un bucle de miserias emocionales que no terminarían nunca. El desahogo prefiere hacerlo a modo de soliloquio en el estribillo, en una situación de intimidad y desnudez lírica individual. 

Por eso, la protagonista opta por la vía del silencio y la contención. La mujer prefiere olvidarse del tema, crear un distanciamiento, callarse. Esta actitud pasiva se refleja en la metáfora: Me hice un nudo en la garganta para no decirle nada.

Lo mejor es dejar de hurgar en la herida y olvidar al amado. Es quizá la situación menos dolorosa. La separación física de los amantes simboliza la separación afectiva, ya que cada cual se aleja por un lado diferente de la calle, pues hay una incompatibilidad entre caracteres: Y seguí por mi camino sin volver la vista atrás.

La metáfora de la vida como camino (inspirada en Jorge Manrique y Antonio Machado) refuerza la decisión de la muchacha, que prefiere olvidar el pasado (que las heridas se curen) y seguir hacia delante.

Al final de la segunda estrofa asistimos a una reflexión de la chica, que queda planteada mediante una interrogación retórica: ¿Qué delito he cometido si solo te he camelado con todos mis cinco sentidos?

Esta reflexión hace referencia al viejo tópico del amor como realidad injusta, caprichosa y misteriosa. En teoría, enamorarse es una experiencia sensacional, maravillosa, bonita, y positiva: Sin embargo, a veces, viene cargada de desdichas (dolor, pena, tristeza por la no correspondencia, desengaño…)

Este pensamiento está en sintonía con la filosofía racionalista de la chica. La muchacha cree que la realidad funciona de una manera perfecta, armónica, exacta y justa. Si tú haces cosas buenas (enamorarte), los efectos deben ser buenos (felicidad). Ella no puede concebir que cosas aparentemente buenas (amor), acaben trayendo cosas malas (dolor). Eso genera una actitud de rabia y rebeldía ante la realidad.

Ella cree que las cosas malas las merece la gente que actúa mal, y no aquellos que hacen cosas buenas (enamorarse). Sentir afecto por alguien no es un delito. Sin embargo, ella está sufriendo lo mismo que una persona que hace las cosas mal. Esto justifica la actitud durante el estribillo: como el muchacho le ha hecho daño con esa no correspondencia (le ha provocado dolor), la muchacha piensa que es justo que le sucedan desgracias.

La protagonista entremezcla de una forma confusa lo moral con lo sentimental (tener X sentimiento te hace ser buena/mala persona). Ella cree que el amor funciona aplicando los principios de la razón y la lógica para conseguir un resultado. Al final se da cuenta de que no es así, y esto le lleva al desengaño: querer mucho a alguien no te garantiza ser querido.

A veces los sentimientos sobrepasan a la razón (las cosas pasan y no podemos saber su causa real, sobre todo, en cuestiones amorosas). La razón y el sentido común no siempre permiten entender y dar una explicación a la realidad. Esto crea frustración.

En esta copla no solo se expresa una frustración ante un desengaño amoroso particular, sino también ante un sistema o filosofía de vida basado en lo racionalista.

Cada estrofa consta de:

-Dos coplas: cuatro versos octosílabos que riman el segundo con el cuarto [querer-sed, azahar-más, él-pared]. El primero y el tercero quedan libres [encendido-labios]

-Un terceto: tres versos octosílabos, con rima entre primero y tercero [vida-desconocida, cometido-sentidos].

En los dos casos, las rimas son asonantes.

 Los estribillos están formados por la unión de tres coplas


lunes, 25 de abril de 2022

Mi amigo (Rocío Jurado): el soneto que habla de una infidelidad homosexual

La copla que os traigo hoy fue estrenada en 1970 por Concha Márquez Piquer (hija de doña Concha Piquer, fallecida el año pasado) en el teatro de la Zarzuela.

Está basada en un soneto que escribió el poeta Rafael de León. Aunque no se estudie en los libros de texto, Rafael de León es, por ley, otro autor más de la generación del 27 que se codeó con personajes ilustres de la talla de Lorca. El maestro Solano compuso la melodía para el soneto.  

Se trata de una copla de contenido homosexual y se titula Mi amigo. La versión más conocida es la de Rocío Jurado.

Pensad en el contexto de la época. Estamos en los últimos años de la dictadura franquista. El hecho de encontrar una canción en la que el protagonista es un hombre, que está enamorado de otro hombre y mediante vocativos lo llama “amor” era algo inaudito, escandaloso, y por supuesto, inadmisible en una sociedad tan conservadora y puritana.

Sin embargo, la canción era demasiado bonita. Un caramelito para los empresarios que regentaban los espectáculos teatrales, y para los aficionados a la canción española, que todavía acudían asiduamente a la representación. Era una pena perder un tema de una calidad literaria y musical tan extraordinaria por culpa de una voz poética homosexual

¿Y cuál fue la solución? Cambiar el yo lírico masculino por el femenino, convertir al protagonista en una mujer, feminizando los morfemas de género (seguro<segura). De esta manera, el personaje de la canción era una mujer que se dirige a un hombre (que era lo convencional y políticamente correcto en esta época). Lo mismo que ocurrió con otra emblemática copla de los años treinta: Ojos verdes.

La censura franquista jamás hubiera permitido una copla sobre dos gays. La única forma de sortear las trabas era poner el soneto en boca de una mujer, normalizando los cánones de la orientación sexual según la moral de esos años. Si cambiamos la voz poética nos queda una canción totalmente convencional sobre una mujer que mantiene una relación con un hombre, en vez de un varón con otro varón.



¿Por qué tienes ojeras esta tarde?

¿Dónde estabas, amor, de madrugada

cuando busqué tu palidez cobarde

en la nieve sin sol de la almohada?

 

Tienes la línea de los labios fría,

fría por algún beso de pecado;

beso que yo no sé quién te daría,

pero que estoy seguro que te han dado.

 

¿Qué terciopelo negro te amorena

el perfil de tus ojos de buen trigo?

¿Qué azul de vena o mapa te condena

 

al látigo de miel de mi castigo?

¿Y por qué me causaste esta pena?

si sabes, ¡ay amor!, tu bien lo sabes,

 

que eres: ¡Mi amigo!

.....................................................................

Aunque esta copla posee la estructura métrica de un soneto, no llega a ser un soneto como tal. Un soneto, normalmente, consta de 14 versos de arte mayor organizados en dos cuartetos (ABBA) y dos tercetos (ABA)

En este poema, los cuartetos son sustituidos por serventesios (ABAB), y hay un remate final pentasílabo, que sería el verso número 15. Por lo demás, se cumplen las reglas de soneto. Los tercetos se encadenan (ABA, BA-), y todos los versos son endecasílabos.

La canción refleja el drama que supone ser homosexual durante el Franquismo. Tened en cuenta que durante estos años la homosexualidad era considerada una enfermedad por la Organización Mundial de la Salud. Para la Iglesia, supone una falta/desliz/vicio grave. Esto lo vemos en la metáfora “beso de pecado”.

Tener en la familia un miembro “de la otra acera” era algo terrible, que atentaba contra el honor y desprestigiaba de por vida a los implicados.

El protagonista de la canción (un hombre) se dirige a otro hombre mediante oraciones interrogativas (Dónde estabas….?) y vocativos (amor).

Las marcas verbales de segunda persona del singular (tieneS, estabaS), el posesivo de segunda persona (TU palidez) y el pronombre de segunda (TE han dado) marcan el diálogo con el amante.

¿Cuáles son las claves de este tema?

La primera, el repudio social. Estamos en un contexto histórico que condena a la persona que no sigue las normas y convenciones establecidas. Lo normal es que un hombre se enamore de una mujer, y viceversa. Todo lo que se salga de ese esquema se considera anormal/amoral y es motivo de crítica vecinal.

Por eso, tanto el protagonista como su pareja tienen que ocultar y callar su idilio, y vivir la relación en secreto. De cara a la galería, solamente son amigos. De ahí ese desenlace   tan dramático, en un tono de lamento: el yo poético reprocha a su amado que solo lo considere un amigo delante de la gente, y no pueda manifestar abiertamente sus sentimientos por el miedo y la vergüenza social. Así queda justificado el título de la copla: MI AMIGO.

La segunda clave del poema es el tema de la infidelidad. La infidelidad es un motivo muy recurrente en la copla (lo vimos en Romance de la otra y Con ruedas de molino). Sin embargo, Mi amigo desautomatiza totalmente el enfoque tradicional del asunto, ya que por primera vez, el concepto de deslealtad amorosa se aplica sobre una relación de carácter homosexual. En muchos temas el hombre ha sido infiel a la mujer (o al revés). Aquí, un varón es infiel a otro varón.

Podemos hablar de normalización e igualación: una realidad latente (ser infiel a alguien) que hasta este momento se trataba desde la perspectiva de la heterosexualidad, ahora se expande al contexto de la homosexualidad. ¿Por qué un hombre no puede ser infiel a otro hombre, igual que un hombre es infiel a una mujer? Esa realidad existe y merece ser representada en el mundo del arte. La infidelidad no responde a género o sexo.

El tono narrativo se impone en los dos primeros cuartetos. El protagonista nos cuenta cómo una noche se despierta y se da cuenta de que su pareja no está en la cama. Esto se expresa mediante una serie de imágenes sinestésicas (¿Dónde estabas cuando busqué tu palidez cobarde…?) y metáforas (en la nieve sin sol de la almohada)

Se crea una estampa casi fantasmagórica, de pesadilla, propia de un mal sueño. Cuando pasamos por una experiencia traumática, nuestra primera reacción es no creer lo que nos está pasando. De ahí, las alusiones a la falta de color (palidez) y a la falta de luz (nieve sin sol). En general, el color blanco genera sensaciones mortecinas y de mal fario. Algo malo se intuye el yo poético (mi pareja me está siendo infiel). De ahí la aplicación de un adjetivo de descripción psicológica (cobarde) sobre un concepto físico (palidez)

El protagonista pide explicaciones al amante mediante interrogaciones retóricas (¿Por qué tienes ojeras esta tarde…? ¿Dónde estabas…?).

En estos versos parece que estamos ante una relación matrimonial en crisis (la típica imagen de la esposa enfadada, con cuernecillos, preguntándole a su marido por qué ha estado fuera de casa toda la noche).

A pesar del enfoque homosexual del tema, los conflictos y los problemas sentimentales siguen siendo los mismos a los de una relación heterosexual. Se reflejan de una manera espontánea y verosímil. Si ves que tu pareja se pasa toda la noche fuera de casa lo más normal es preocuparse/ pedirle explicaciones. Al final, da igual que los implicados sean hombres o mujeres. Lo importante es el conflicto humano, su desarrollo dramático y la gestión emocional de las personas. El género no importa.

En el segundo cuarteto el protagonista llega a una hipótesis a partir del razonamiento y deducción del contenido del primer cuarteto: su amante mantiene relaciones con otra persona: Tienes la línea de los labios fría, fría por algún beso de pecado; beso que yo no sé quién te daría, pero estoy seguro de que te han dado.

La anadiplosis (labios fría/fría por algún beso…/beso que yo no sé…) ayuda a mantener la intriga, amén de enfatizar el dramatismo de la situación. Además, refleja muy bien el funcionamiento de la mente humana ante los miedos/dudas/inseguridades: te veo con ojeras, ayer no estabas en casa por la noche…resultado, me estás poniendo los cuernos.

De nuevo, se crea una estampa con elementos sensoriales que connotan incomodidad y falta de armonía: línea de los labios FRÍA.

En el primer cuarteto, falta el color y la luz. Ahora, hay carencia de calor. La infidelidad supone una falta de empatía hacia la persona que quieres. No eres capaz de ponerte en la piel del otro, de sentir lo que el otro siente. De ahí esos elementos que enfatizan la falta percepción sensitiva: no hay cromatismo, no hay luminosidad, no hay temperatura…

El sintagma beso de pecado puede interpretarse de dos formas:

a) El desliz de mantener una relación antinatura (hombre con hombre). La Iglesia desde la tradición ha condenado la homosexualidad

b) El desliz de ser infiel a tu pareja, independientemente del género. Cuando alguien se casa (matrimonio) jura fidelidad a su cónyuge, en la alegría, la tristeza, la riqueza, la pobreza, la salud, la enfermedad, hasta que la muerte les separe. Para el cristianismo es un pecado mantener relaciones íntimas con dos personas a la vez.

 Las dos interpretaciones son válidas: hay homosexualidad, y hay infidelidad. Los dos elementos son pecaminosos

 Para el yo poético la identidad del amante es irrelevante. Lo que le duele es la traición, el hecho de que su pareja le haya sido infiel con otra persona. Da igual quién. Lo que importa es que ha habido una deslealtad. Esto se manifiesta mediante el políptoton, es decir, la presencia de un mismo verbo, en diferentes formas y tiempos verbales: beso que yo no sé quién te DARÍA (condicional) pero estoy seguro que te han dado (perfecto compuesto)

 Los verbos de certeza (no sé, estoy seguro…) dan rotundidad al pensamiento de la voz poética, la cual habla con propiedad y seguridad. Sabe lo que hay. No hace falta ocultar o maquillar el contexto. La realidad es la que es: el amado está siendo infiel. El yo no es tonto. Esta es la sección más introspectiva e intimista del poema.

 En los tercetos asistimos al tópico de la metamorfosis del amado, cuya personalidad ha cambiado desde que lleva esta segunda vida. No es el mismo de antes. Ha habido algo o alguien que le ha transformado su psicología. Y eso el protagonista lo percibe. Nota que algo anda mal, ya que proyecta comportamientos/conductas que no son propias de él.

 La metamorfosis se refleja mediante la interrogación retórica: ¿Qué terciopelo negro te amorena el perfil de tus ojos de buen trigo?

 En este verso encontramos una serie de metáforas en las que se contrasta la claridad y la bondad (buen trigo), con la oscuridad y la maldad (amorena, terciopelo negro).

El amado es un ser humano bueno. El trigo es un cereal relacionado con la abundancia, la prosperidad, el bienestar. A raíz de esta doble vida, el protagonista nota que algo ha cambiado en la pareja. Su personalidad se oscurece. Oculta algo. Hace cosas que no son propios de su alta moral.

Al final del primer terceto el lenguaje gira al vanguardismo y surrealismo de los años veinte: ¿Qué azul de vena o mapa te condena al látigo de miel de mi castigo?

La metáfora de la sangre azul hace referencia a las familias de alto linaje (nobleza). Tal vez el amante sea alguien de clase elevada. La pareja se ha dejado llevar por el estatus social elevado de esta tercera persona. Pertenece a un núcleo acomodado cuya economía funciona bien.

La palabra mapa hay que interpretarlo en su acepción femenina (aquello que sobresale en un determinado contexto). El amado destaca por su posición social prestigiosa. Mapa funciona como sinécdoque antonomástica de “excelencia”. Se trata de alguien rico e importante. El amante engatusa al amado con dinero y prestigio.

¿El resultado? El amado hace una doble vida: utiliza al amante por conveniencia, y al yo poético por placer sexual, tal como se manifiesta en la metáfora: te condena al látigo de miel de mi castigo

El desencanto de la situación hace que el protagonista se sincere del todo y reproche al amado aquellas cosas que le duelen, mediante la interrogación retórica causal: ¿Y por qué me causaste esta pena?

La voz poética no se queja de infidelidad en sí misma, sino del hecho de que su amado tiene miedo y vergüenza de andar pregonando su relación amorosa por ahí (de cara a la gente, sólo son amigos), y sin embargo, no tiene escrúpulos para otras cosas (mantener relaciones con otros hombres): si sabes […] tú bien lo sabes, que eres mi amigo.

En cierta medida, el amado queda desenmascarado en un contexto de hipocresía y doble moral. Las reiteraciones (sabes, lo sabes), el adverbio de cantidad (BIEN lo sabes) y el pronombre enfático (TÚ bien los sabes) son mecanismos que invitan a la pareja a hacer un ejercicio de sinceridad y autoconsciencia: ha sido infiel con premeditación y alevosía sabiendo el daño que puede hacer.

En las palabras del yo, observamos dolor, reproche, lamento, queja, pero también se detecta cariño, gracias al vocativo exclamativo e interjeccionado: ay, amor

El protagonista no indaga en detalles escabrosos, sino que presenta una situación muy dolorosa para él, la vive solemnemente y sin morbo. Precisamente hay coplas de amor heterosexual muchísimo más morbosas que profundizan en detalles más indecorosos que esta. Lo importante de Mi amigo no es la infidelidad, sino la situación anímica que genera esa infidelidad.

 


lunes, 11 de abril de 2022

Ay Torre Torremolinos (Isabel Pantoja): amor de verano en la Costa del Sol

La entrada de hoy está dedicada a mi amiga Carmen, que hace unos días empezó una nueva etapa en su vida, en el municipio malagueño al que alude la copla de esta noche: Ay Torre Torremolinos. El tema fue compuesto en 1979 para Isabel Pantoja.

Cuenta la historia de un amor de verano, protagonizado por una mujer sevillana que va de vacaciones a la costa del Sol, y se enamora de un chico. Las exaltaciones de goce, sensualidad, alegría y júbilo se fusionan con las pequeñas vicisitudes de este tipo de romances juveniles.



Cuando llegue de Sevilla

A la orilla, la orilla,
A la orilla del ma…
Los volantes de mi enagua
Me dijeron a compa…

Suelta tu pelo moreno,
Pues vas a encontrar aquí
Un cariño inesperao,
Rosita,rosita,
Rosita der me de Abril.

Ay, Torre, Torremolinos!
Campanas,campanas de San Migue.
Hueles a albahaca y a vino,
A barcas de vela,
Jazmín y clave.
Los ojos de un Malagueño
Se fueron detrás de mi,
Por ellos pierdo hasta el sueno
Y vivo que vivo en un sin viví.
Estoy de noche y de día
Metía, metía en un torbellino,
Por tus ojos vida mía
Ay torre, mi torre,
Mi Torre, Toremolinos!

Mi mare no lo camela
Ni tampoco,poco,
Poco a mi la de e…
Y nosotros nos queremos
Con mas fuerza cada ve.

Cuando se acabe el verano,
No se lo que va a pasa…
Pero mientras no se acabe
Yo sigo, que sigo,
Yo sigo con mi canta

..............................................

El relato está contado en primera persona por el personaje femenino. Esto se ve en las marcas morfológicas verbales (cuando LLEGUÉ de Sevilla), pronominales (ME dijeron) y el posesivo (MI enagua).

Los complementos circunstanciales marcan el origen/punto de partida del viaje recreativo vacacional (de Sevilla), y la zona de destino turístico (a la orilla del mar). Se trata de una chica que procede de la Andalucía interior, que se marcha al litoral a pasar unos días de descanso, como hacen la mayoría de españoles cada verano

Gracias al título de la canción sabemos que el lugar donde va a pasar unos días de vacaciones es Torremolinos, municipio malagueño costero, situado en la orilla occidental de la Bahía de Málaga, y a espaldas de la Sierra de Mijas. En definitiva, mar y montaña a partes iguales

No obstante, si nos ceñimos a la letra original, observamos que la sinécdoque da un carácter vago, impreciso y genérico a la historia, ya que en lugar de mencionar explícitamente la ciudad en su totalidad (Torremolinos) se alude a una parte concreta (a la orilla del mar), la cual es común a muchos otros pueblos de España (que tienen costa). 

Se nombra una parte (playa) por el todo (pueblo), ya que es más importante realzar el hecho de que te vas de veraneo al litoral (playa, sol, arena, mar…), que el propio pueblo. El lugar de destino no importa. Lo que vale es que tenga playa (Benidorm, Fuengirola, Cullera, Barna…). A mucha gente le da igual la localidad. Lo que quiere es irse a la playa y mojarse los pies jejjeje. Sabemos que es Torremolinos por el título y el estribillo. Si nos ceñimos a la primera estrofa encajará cualquier pueblo costero español.

En el turismo de sol y playa la gente no cuenta tanto el patrimonio cultural, sino la calidad del clima, las zonas de baño…

En esas vacaciones, la protagonista se enamora sin esperarlo. El buen amor llega de una forma natural, no provocada, irracional, no buscada. No tiene una explicación. Como dirían los poetas épicos clásicos, el destino, el fátum, la predestinación. Pasa porque sí y punto. No hace falta estrujarse la cabeza en busca de una explicación. Dos almas en el momento y lugar adecuados.

De hecho, aparece la figura del oráculo que vaticina la buenaventura de la muchacha. El papel de oráculo es desempeñado por un elemento inerte y cosificado (los volantes de mi enagua).  La enagua es una prenda de ropa interior femenina que consiste en una tela blanca de algodón con encajes y bordados que se ajusta a la cintura y cae desde los hombros y cubre las piernas.

El ornato de esta vestimenta (volantes) cobra trascendencia y habla en el poema como si fuera un ser humano. Se trata de una personificación. Una realidad no humana establece un diálogo con la protagonista: Suelta tu pelo moreno pues vas a encontrar a aquí un cariño inesperado. Rosita, rosita del mes de abril

La perífrasis verbal ingresiva (vas a encontrar aquí) circunscribe la acción en el plano de la seguridad y la inminencia. Los oráculos nunca fallan. Lo que predicen, se va a cumplir sí o sí. El amor de verano es inevitable. La chica, quiera o no, se va a enamorar durante las vacaciones.

El diálogo está cargado de sensualidad gracias a dos elementos:

-Por un lado, la alusión al tópico de la mujer morena: suelta tu pelo moreno. El canon de belleza de la hembra española no está en el pelo rubio petrarquista o los ojos claros, sino en los tonos marrones, negros y tostados. El imperativo (suelta) es una invitación a disfrutar del placer del amor. El oráculo no solo vaticina, sino que invita a la chica a abrirse al amor, a mostrar su belleza, a perder los miedos, a no cerrarse a nada…

-Por otro lado, los vocativos elogiosos: rosita del mes de abril. La flor funciona como metáfora de la belleza y juventud de la mujer, tal y como ocurre desde la tradición clásica y renacentista. El diminutivo (rosita) da un carácter afectivo al discurso. El oráculo habla con cariño y dulzura a la chica, para que se abra a lo que le va a venir.

El ambiente de sensualidad es máximo. No se trata de una flor cualquiera, sino de una rosa del mes de abril, que es la época del año en que mejor luce en la Naturaleza, tanto en color (rojo pasión) como en olor y aspecto.

Si observamos las reiteraciones, durante la primera estrofa se repiten aquellas palabras que connotan sensaciones paradisiacas (orilla [del mar]) y estéticas (rosita).

La exaltación toponímica a Torremolinos es solo una excusa/pretexto para celebrar su bonanza con el amado.

El elogio se ve intensificado por la presencia de la interjección y la exclamación retórica (¡Ay Torremolinos!). El yo poético expresa su goce y éxtasis porque en este pueblo vive la persona a la que ama.

Además, el enaltecimiento está acompañado de un juego morfológico descomponiendo el lexema compuesto en dos palabras simples (Torre-Torremolinos)

La protagonista alude a uno de los monumentos más famosos del municipio malagueño: la catedral de San Miguel: Campanas, Campas de san Miguel

La vía de San Miguel es la calle más popular y transitada de la localidad. Es una calle peatonal, repleta de comercios y turistas. Al final de la rúa se encuentra la famosa torre nazarí que da nombre al pueblo, y la iglesia de San Miguel, del siglo XVIII.

La descripción de Torremolinos en enfoca desde la óptica de lo sensorial y lo sensual, mediante la enumeración de sonidos (campanas) y olores (hueles a albahaca y a vino, a barcas de vela, jazmín y clavel). El polisíndeton (y vino….y clavel) realza las virtudes del municipio. El olor a mar y montaña son muy característicos de estos pueblos de la costa del Sol.

La relación de amor con el muchacho se explicita mediante la sinécdoque: los ojos de un malagueño se fueron detrás de mí. Se alude a una parte del cuerpo (ojos) en lugar de la persona en su totalidad (el chico). Esto personifica y vivifica el sentimiento amoroso. Ya lo decían los tratadistas medievales: el amor entra por la vista.

La amada se encuentra en un estado casi extásico. Este se manifiesta en las hipérboles (pierdo hasta el sueño), la paradoja de influjo santateresiano (vivo en un sin vivir), la antítesis (estoy de noche y de día) y la metáfora (metía en un torbellino).

El torbellino representa la fuerza y el poder del sentimiento amoroso, el cual altera tu vida, la pone patas arriba, descoloca tus concepciones vitales y produce cambios en tu forma de ver las cosas. Cuando una persona se enamora, está como en una nube, los sentimientos se magnifican, todo te afecta más de la cuenta, estás más sensible y afectado. Desde la tradición cortés el amor se veía como una enfermedad, ya que provocaba efectos importantes en el cuerpo

La expresión de amor alcanza su grado máximo al final del estribillo hasta el punto de que la amada se fusiona con el amado. Esto, que posee influjo de la poesía mística, se expresa con el posesivo: vida MÍA. El chico se convierte en una pieza indispensable, clave y trascendental para la existencia de la amada.

Cuando amas férreamente a alguien, sus circunstancias personales también pasan a formar parte de tu vida. Si en Torremolinos vive tu amado, aunque seas de Sevilla, Torremolinos se convertirá en un escenario importante para ti. Se crea un vínculo afectivo con el pueblo. Por eso, el yo poético habla como si procediera de Málaga, y establece una relación de posesión con el municipio: Mi Torre-Torremolinos. Si no hubiera conocido a esta persona, el fervor a esta tierra no hubiera surgido.

En la segunda estrofa se alude a dos vicisitudes arquetípicas de los amores de verano:

Por un lado, la oposición de los padres, que no ven con buenos ojos que dos chavales de corta edad vivan un idilio amoroso que no va a tener recorrido. Aunque la copla data de finales de los setenta, la mentalidad de muchas familias seguía siendo puritana y conservadora. No se veía con buenos ojos las relaciones prematrimoniales.

Al no ser una relación seria (amor de verano), la familia no va a apoyar estos encuentros. De ahí la tirria de ella a la madre de él, y la manía de él a la madre de ella: mi madre no lo camela, ni tampoco a mí la de él. Para los padres, estos escarceos son una pérdida de tiempo que solo generan escándalo social y sufrimiento. Al fin y al cabo en un amor con fecha de caducidad

Esto nos lleva al segundo tópico del amor de verano. Se trata de una relación efímera. Solo funciona durante el periodo vacacional. Una vez se acabe el verano y ella vuelva a Sevilla, los encuentros físicos se acabaron. Esto genera miedo, incertidumbre e inquietud a los amados, ya que no se sabe qué va a pasar y cómo van a vivir uno sin el otro estando tan alejados. Esto se traduce en dolor y pena, sobre todo cuando el cariño ha sido sincero y verdadero.

La subordinada temporal marca la duración del periodo estable y seguro de la relación: cuando se acabe el verano…Se establece una “fecha límite”. La relación está acotada en el tiempo

Esto desemboca en un contexto de indeterminación y vacío. La negación del verbo de certeza crea una sensación de angustia: no sé lo que va a pasar. Lo normal es que después de las vacaciones cada uno siga con su vida y se separen.

Respecto al primer problema (oposición paternal) el poder del amor es tan grande que vence todas las barreras, como en Romeo y Julieta. A pesar de que las madres no apoyan la relación, ellos se aman de forma pura y sincera: y nosotros nos queremos cada vez más.

La gradación (cada vez más) es fruto de la rebeldía romántica juvenil. Cuanto más se prohíbe una cosa, más ganas tienes de acceder a ella. El rechazo de los padres hace que la muchacha ame con más fuerza al chico

La rigidez del mundo familiar (que no aprueba la relación) se manifiesta en una estructura sintáctica quiasmática dentro de la coordinada copulativa negativa (Sujeto-Predicado-Predicado-Sujeto)

-Proposición 1: Sujeto (Mi madre) + Predicado (No lo camela)

-Proposición 2: Predicado (Ni tampoco [me camela] a mí) + Sujeto (La [madre] de él)

Para las madres, lo que no está bien no está bien. Da igual lo que sientan los chavales. Está mal visto y atenta contra las buenas costumbres. La severidad ideológica se traduce en una frialdad sintáctica.

Para el segundo problema (amor con fecha de caducidad) el yo poético adopta una actitud típica del carpe diem. Prefiere disfrutar al máximo, aprovechar el tiempo, exprimir su pasión con el amado, y no angustiarse pensando en su final: pero mientras no se acabe yo sigo, que sigo con mi cantar. Si al final nos comemos la cabeza pensando en el futuro (muerte del amor), la relación se convertiría en un camino de espinas. Lo mejor es gozar de la felicidad y el placer del presente, y cuando llegue lo que tenga que llegar, Dios dirá.

El cantar es una metáfora de la propia vida y el amor. Todas las canciones tienen un comienzo y un final. Los hombres nacimos y morimos. El amor, y más el amor de verano, no está hecho para durar. Empieza y termina. Mientras tanto, hay que disfrutar de los placeres de cada nota, de cada palabra, de cada armonía, de cada ritmo, de cada acento, de cada tempo. Disfrutemos de la belleza de la música, el amor y la vida.

Las reiteraciones (yo sigo, yo sigo, yo sigo) refuerzan y solidifican esta filosofía de vida: vivir el presente feliz y dejar de pensar en un supuesto mal futuro. CARPE DIEM

Métricamente, predominan los versos de arte menor: hexasílabos (rosita, rosita), heptasílabos (a la orilla, la orilla) y octosílabos (suelta tu pelo moreno).

El estribillo consta de una quintilla (a _ a _ _), una cuarteta (abab) y otra quintilla (aba_b)

En la primera estrofa observamos un pareado (Sevilla, orilla) y la rima de dos versos impares (mar-compás). En la segunda y la tercera, los versos libres cobran todo el protagonismo (camela-poco, verano-pasa)

 


jueves, 24 de marzo de 2022

Soy una feria: el gran himno de Gracia Montes que nos invita a mirar la vida con alegría

La canción que vamos a analizar hoy es considerada, para muchos, el gran himno de Gracia Montes. Se trata de una rumba flamenca compuesta en el año 1974 por Rafael de León y el maestro Juan Solano.

Su contenido es toda una declaración de intenciones, un emblema existencial, un lema y una filosofía de vida, que deberíamos aplicar y tener en cuenta en más de una ocasión si queremos plantearnos ser felices. Hoy vamos a recordar Soy una feria.



En un duelo de amargos desconsuelos

estamos enfrentados vida mía
tus armas son las dudas y los celos
las mías la franqueza y la alegría

Me estas constantemente avasallando
no cantes, no te rías ponte seria
y siempre terminamos tarifando


Pues yo quieras o no soy una feria
soy una feria,soy una feria,soy una feria

Si quieres de verdad que yo te quiera
alégrame la vida compañero
déjate de penas y miserias
olvídate de negros sin sabores
y viste tu bandera de colores

(estribillo)(bis)

Si quieres que te diga que yo te quiero
alegrame la vida compañero
dejate de penas y miserias
olvidate de negros sin sabores
y viste tu bandera de colores

(estribillo)(bis)

....................................................

El título, es una metáfora en sí misma (“Soy una feria”). Una feria es un lugar donde prima la alegría, la fiesta, la diversión, el cachondeo, el ruido, la algarabía, el color, el placer sensorial, el disfrute, el deleite, la felicidad. Todo el mundo hemos estado alguna vez en una feria. Ya sabemos lo que hay: luces, música, comida, diversiones, amigos….

Se trata de un contexto placentero en el que el ser humano lo pasa bien, se encuentra a gusto y se olvida de los problemas. Una feria se asocia a momentos agradables. Tiene connotaciones positivas. Nunca negativas (a no ser que tengáis algún trauma por algo concreto que os pasara alguna vez en una feria jajaj).

El yo poético se identifica con una feria en el sentido de que quiere ver la vida de una forma festiva, alegre, optimista, divertida, alejándose de las miserias y las penas que el mundo nos genera en el día a día.

Evidentemente, se trata de una postura subjetiva y personal. Algunos podréis estar de acuerdo y decir, pues me parece fenomenal que la protagonista se tome la existencia así, ya que si te dejas llevar por los males y las lacras del mundo, entonces no hay quien viva y nos pasaríamos llorando y amargados media vida. Seguramente, otros no estéis de acuerdo con este lema y diréis, pues vaya frivolidad/inmadurez/irresponsabilidad ir así por el mundo, de forma tan despreocupada y no tomarse en serio las cosas que puedan venirte.

Habrá gente que aplauda este eslogan vital, y otros que pongan el grito en el cielo. Eso es lo bonito de las corrientes de pensamiento, que son formas individuales y particulares de concebir la realidad. Cada uno tiene su mentalidad y lo que es bueno para unos, para otros no lo es tanto.

El yo poético femenino (amada) se dirige a un personaje masculino (tú, amado), el cual está presente implícitamente en el acto comunicativo, pero nunca toma la palabra. No vemos a hablar al hombre en ningún momento.

Ya os he dicho en alguna entrada anterior que esto era típico de la jarcha mozárabe. Hay un diálogo esbozado (no total): se supone que en el acto comunicativo hay un receptor (el hombre), pero no suelta palabra, aunque sí está presente al lado del yo poético. Esto se debe a que el objetivo del poema es la exposición y exaltación de la filosofía de vida que sigue el yo poético y no tanto la interacción y relación con el amado.

El yo poético se materializa en el texto mediante las marcas en primera persona del singular: “SOY una feria”. El verbo copulativo SER expresa una cualidad inherente y esencial. En este caso, el carácter natural de la protagonista es ser un derroche de alegría, vitalismo, optimismo, buen humor. Por naturaleza es así. Además del verbo, el yo se materializa también en el posesivo (las MÍAS) y el pronombre (ME estás…, YO quieras o no)

La figura masculina (segunda persona) se plasma en el poema con el vocativo (compañero), el posesivo (tus armas), la segunda persona verbal (estás avasallando, si quieres), el pronombre (te quiera) y el imperativo (déjate de penas y miserias)

La interacción hombre-mujer se materializa en la primera persona del plural (estamos enfrentados, terminamos tarifando).

Esto es importante porque cada personaje representa un sistema vital diferente. Y las dos filosofías se contraponen drásticamente. Cada uno tiene una forma distinta de mirar el mundo. Ella, como os he dicho, desde el optimismo y el vitalismo (todo alegría, fiesta, color, placer, feria, cachondeo…). Él, desde el pesimismo y la seriedad (todo pena, miseria, tristeza, dolor…)

El hecho de que cada uno se tome la vida de una forma hace que surja el enfrentamiento, la polémica, la discusión, el choque…y cuando dos personas son tan distintas es fácil que esas batallitas acaben en disgustos, reproches y aflicciones por ambas partes: En un duelo de amargos desconsuelos. El duelo implica una confrontación de pensamientos y corrientes ideológicas. El desconsuelo implica dolor, pena, decaimiento del estado anímico.

La incompatibilidad de mentalidades lleva a la incompatibilidad amorosa y personal: “Estamos enfrentados vida mía”. Al final, ya sabéis cómo acaban este tipo de situaciones: cada cual se cree que lleva la razón, critica la postura contraria y se aferra a la suya como si no hubiera otra cosa…y como guinda del pastel, lo llevamos al terreno de lo íntimo y lo personal, y ya tenemos a Periquito hecho fraile jajjaja

El paralelismo marca las diferencias entre estas filosofías de vida: Tus armas son las dudas y los celos, las mías la franqueza y la alegría: sujeto (tus armas/las mías) + verbo copulativo (son) + atributo nominal bimembrado (dudas y celos/ franqueza y alegría).

El léxico de él posee connotaciones negativas (dudas=inseguridad, celos=envidia). El de ella, positivas (franqueza=sinceridad, alegría=vitalidad). Estos elementos tienen valor antitético ya que se oponen frontalmente. Y está claro que el resultado es una bomba de relojería…

El yo poético reprocha al amado que siempre esté intentando imponerle su manera de ver la vida: “Me estás constantemente avasallando: no cantes, no te rías, ponte seria”. Este es el peligro de la diversidad ideológica, que la línea que separa la imposición de la invitación es muy tenue y a veces se sobrepasa. Y en muchas ocasiones, en el intento de querer llevar la razón, llevas a la otra persona a tu terreno.

Esos imperativos (no cantes, no te ríes, ponte seria) representan aquellas cosas que el amado no soporta de la amada. La alegría y la risa son herramientas de interacción con la vida, reacciones de nuestra alma, que normalmente salen de forma espontánea. El tú está intentando forzar al yo para que esa filosofía y esa manera de tomarse las cosas no aflore. Está conteniendo y reprimiendo sentimientos que son totalmente naturales.

Está claro que esto no puede llevar a buen fin, tal como se expresa con lenguaje coloquial: “Siempre terminamos tarifando”. Tarifar significa reñir, enemistarse

La oración disyuntiva, en este contexto, no deja lugar a la opción (quieras o no, soy una feria). Ella tiene esta forma de ver la vida, es así por naturaleza, su carácter es ese y no lo puede remediar. Su “feria” existe en su alma de una manera inherente, innata, esencial, natural. Su yo es así y no lo van a cambiar.

El amado no tiene el poder para moldear la personalidad de la amada. Ella será una feria le guste o no le guste al muchacho. Ese carácter viene incluido en el pack. Él debería decidir si quiere a una persona así en su vida, pero ella no va a transformarse en alguien que no es. De ahí las reduplicaciones que enfatizan la fidelidad a sus principios de manera firme, férrea e insistente: Soy una feria, soy una feria, soy una feria. Nadie la va a sacar de esa postura. Fiel a sus códigos desde el principio hasta el final de la canción.

El yo poético busca la compatibilidad con el amado en el plano ideológico y espiritual. Para que el amor triunfe es necesario que las dos partes se compenetren en la manera de concebir la vida. La culminación del amor va supeditada al empaste en la cosmovisión. De ahí la oración subordinada condicional: “Si quieres de verdad que yo te quiera…”.

Para que haya amor se tienen que cumplir varios requisitos, los cuales se plasman en la apódasis de la condicional: “Si quieres que yo te quiera…1) Alégrame la vida compañero. 2) Déjate de penas y miserias 3) Olvídate de negros sin sabores 4) Viste tu bandera de colores”

El imperativo (alegra, deja, olvida, viste) materializa las exigencias que pone el yo poético al amado para aceptar la relación amorosa. Es como una especie de contrato para firmar. Las condiciones para que haya amor son estas, las cuales resumen y sintetizan los pilares básicos de esta filosofía de vida vitalista.

Realmente, la amada está haciendo lo mismo que hacía el amado en la primera estrofa: llevarlo hasta su terreno, presionar para que acepte, obligarle a actuar de una determinada manera, aceptar unas ideas que no son las suyas…en definitiva, le está diciendo implícitamente que se transforme, sea otro, se convierta en alguien diferente. Si no, no quiere su amor. El amor va ligado a la compatibilidad de pensamiento y de carácter.

La similicadencia (déjate, olvídate) también contribuye a dar intensidad y fuerza a las condiciones del contrato amoroso.

Un concepto abstracto (vida) es personificado (alegrar), con el objetivo de realzar la actitud de regocijo, goce, satisfacción, placer, alborozo, júbilo del yo poético para afrontar el camino de la existencia.

La bimembración (penas y miserias) representa los elementos tóxicos del mundo, de los que hay que alejarse para alcanzar la felicidad.

El color negro representa el luto, la tristeza, el duelo, la pena, la aflicción. Cuando alguien muere, la gente suele vestir de negro. El yo no puede concebir una visión dolorosa de la vida. Esto se contrapone antitéticamente a la metáfora (“bandera de colores”), que se identifica con la alegría, la belleza, lo placentero. Hay que disfrutar de las cosas positivas de la vida, en lugar de recrearse en lo malo.

El complemento del adjetivo (negros sin sabores) indica la importancia del componente sensorial en el deleite vital. Para disfrutar de la vida, hay que ver, escuchar, oler, tocar. Por eso, todo lo que queda fuera de los sentidos (sin sabores) es rechazado.

Como veis, esta filosofía de vida entronca con muchas posturas intelectuales clásicas y renacentistas: el epicureísmo (defensa de la satisfacción del placer) y el carpe diem (aprovechar la vida disfrutando al máximo)

Hasta la métrica nos recuerda al Renacimiento con el uso del endecasílabo en las estrofas.

-La primera estrofa está formada por 4 versos de arte mayor que riman primero con tercero y segundo con cuarto: 11A 11B 11A 11B. Son serventesios

-La segunda estrofa es un terceto, donde rima primero con tercero y el segundo queda libre: 11A 11-11A

-El estribillo va por libre, y además, son solo dos versos y se repite todo el rato “soy una feria”

-La tercera estrofa es de 5 versos pero no forma quinteto, ya que hay pareado final (sabores-colores) y un verso libre (miserias). 


lunes, 7 de marzo de 2022

La chica del 17: ¿De dónde saca el dinero una mujer de barrio para vestir ropa cara?

Aunque este blog tiene como eje central la copla, de vez en cuando me gusta dedicar alguna entrada a comentar temas que se circunscriben dentro de lo que denominamos antecedentes de la canción española. El cuplé, la tonadilla, la zarzuela, la tirana, la jácara o la opereta son géneros que existían antes de la copla y ejercieron una gran influencia sobre ella.

Estas tendencias precopleras forman parte de la llamada canción tradicional, que a su vez recibe el influjo de la lírica popular de transmisión oral (jarchas, romances, serranillas, villancicos, cantigas de amigo…). Es interesante dedicarles un huequecito en este espacio de análisis musical y literario.

Hoy os traigo un divertido cuplé del año 1926 titulado La chica del 17. Mercedes Serós, Teresa Manzano, Lina Morgan, Marujita Díaz o Lilian de Celis son algunas de las artistas que se han atrevido a versionar esta picante y atrevida canción.

En los cuplés es frecuente recrear el ambiente castizo y popular del Madrid de los siglos XVIII y XIX, que conecta con el sainete, el teatro breve de Ramón de la Cruz y el artículo de costumbres de Mesonero Romanos.



La chica del 17

de la plazuela del Tribulete
nos tiene con sus toilettes
revuelta la vecindad.

La gente ya la critica,
pues hace tiempo que no se explica
a donde va la chica
tan bien portá.

Por eso a las vecinas
les da por murmurar
y, al verla tan compuesta,
le dicen al pasar:

Dónde se mete
la chica del 17,
de dónde saca,
pa tanto como destaca.

Pero ella dice,
al verlas en ese plan,
“la que quiera coger peces,
que se acuerde del
 refrán”.

La chica del 17
gasta zapatos de tafilete,
sombrero de gran copete
y abrigo de petit-gris.

Los guantes, de cabritilla,
medias de seda con espiguilla,
pues viste la chiquilla
como en París.

Por eso a las vecinas
les da por murmurar
y, al verla tan compuesta,
le dicen al pasar:

Dónde se mete
la chica del 17,
de dónde saca,
pa tanto como destaca.

Pero ella dice,
al verlas en ese plan,
“la que quiera coger peces,
que se acuerde del
 refrán”.

.........................................................................................

Esta canción se desarrolla en el conocido barrio madrileño de Lavapiés, y más concretamente en la plaza del Tribulete. Esta zona, desde siempre, ha estado habitada por familias de estatus social bajo. Es uno de los barrios más marginales y pobres de la capital de España, destinado al pueblo llano con escasos recursos: casas pequeñas y amontonadas en corralas, vecinos que se conocían entre ellos y no dejaban lugar para la intimidad, ambiente de suciedad…

La protagonista es una muchacha que vive en este humilde barrio madrileño. Por lo que se ve, la chica va siempre bien vestida, a la última moda, con un refinamiento exquisito, con ropa cara francesa, y ataviada de numerosos adornos y complementos llamativos (bolsos, zapatos, sombreros, guantes, medias…).

Su elegancia, belleza y estilismo despertará la envidia de todo el vecindario, ya que en un barrio de gente con escasos recursos no es normal ver a una mujer tan redicha, pija y bien vestida. Su aspecto externo aparenta ser al de una dama noble y aristócrata.

Evidentemente, las vecinas empezarán a murmurar y a criticar, preguntándose de dónde ha sacado el dinero la mujer para poder comprarse esas ropas y esos lujos: ¿Puede dar de sí una economía de subsistencia? jejejeje

Como ya os he dicho, en el barrio de Lavapiés resultaba difícil mantener la intimidad. Era como vivir en un pueblo. Todos los vecinos se conocían, y era imposible pasar desapercibido. En contextos familiares y rurales como este, es frecuente utilizar motes o etiquetas para identificar a los vecinos.

En esta canción, la protagonista es conocida por todos por el número de la calle donde vive: La chica del 17... Aparentemente, es un mote neutral ya que solo hace referencia a una circunstancia, que es el número de la vivienda. En muchos pueblos o barrios, a sus habitantes se les conoce más por el apodo que por el nombre de su DNI. Normalmente los motes están relacionados con la profesión, familia, rasgos físicos o psicológicos, origen geográfico: la chica del 17, el tuerto, la ciega, el carnicero, la hija del ferretero, el inglés…El título del poema nos remite a un contexto realista y verosímil.

Aunque los vecinos critiquen a la protagonista, vemos que a la hora de hablar de ella, el mote no es ofensivo. A veces, los apodos tienen carácter crítico-burlesco. Aquí, aunque haya critica a la mujer, el mote no hace daño: La chica del 17 en la plaza del Tribulete. Solo la nombran por el número de la calle.

Antiguamente, no había cuartos de baño en las viviendas. Existían patios comunitarios utilizados por todos los vecinos de una manzana o corrala. Si te entraban ganas de hacer tus necesidades, debías salir al patio, en el cual había un agujero de madera, por donde echar nuestros residuos fecales.

Este agujero conectaba con una zanja o pozo donde se acumulaban excrementos de los vecinos. Cada X tiempo, venían los del servicio de limpieza en carros tirados por mulas. Los encargados de limpiar entraban al pozo para retirar los excrementos, y así evitar que se acumulara guarrería. Los excrementos eran depositados en el carro, para ser llevados a un vertedero.

Evidentemente, estos patios tenían un olor degradable y eran el foco perfecto de virus e infecciones, ya que se acumulaba la suciedad durante semanas. Además, el agujerito era de uso comunitario. Esto significa que debías apoyar tu trasero en el mismo sitio que lo había apoyado tu vecino jejjeje.

Por lo que se ve, la protagonista de la copla es una de las pocas privilegiadas en tener taza del váter. En los años 20, en barrios pobres como Lavapiés no era habitual que los vecinos tuvieran cuartos de baño particulares. Lo normal era lo que os he dicho. Por eso, el hecho de que la mujer tuviera servicio en su casa causa tanto revuelo y fascinación en la canción: La chica del 17 […] nos tiene con sus toilettes revuelta la vecindad.

El cuarto de baño no solo implica la taza del WC, sino también el lavabo, e incluso el tocador para arreglarse y maquillarse. Un lujo al alcance de muy pocos a inicios del siglo XX

El extranjerismo gálico (toilette) da cierto toque de cursilería al poema, pues el francés posee una pronunciación muy dulce y melosa que no encaja con la entonación recia del castellano.

En muchas coplas, las pronunciaciones francesas suelen tener connotaciones burlescas. Lo francés queda asociado a lo excesivamente refinado, a lo excesivamente exquisito, a lo excesivamente educado, a lo excesivamente elegante, a lo excesivamente clasista. Cuando alguien es tan perfecto se dice que parece más una máquina que un ser humano. De ahí la crítica a la muchacha: tiene tantas cosas y tantos vestidos que no parece una persona normal

El plural al extranjerismo (toilettes) da un toque hiperbólico al poema, con el objetivo de exagerar la buenaventura y los lujos de la protagonista. Si tener una taza del baño era algo raro en un barrio como ese, imaginad tener varias. Es una forma de caricaturizar la situación dramática y al personaje. Es exageradamente rica jejeje.

El objetivo es representar a la protagonista como la típica mujer presumida, jactanciosa, vanidosa, presuntuosa y petulante, a la que cogemos manía. Cuando una persona sobresale o destaca suele ser enjuiciada (la envidia es el deporte nacional español).

El adelantamiento del circunstancial de instrumento (con sus toilettes) al predicativo (revuelta) y al complemento directo (la vecindad) acentúa el materialismo de la chica. Por tanto, el hipérbaton enfatiza la situación de buenaventura, lo cual causa envidia al vecindario.

En un contexto de pobreza y carencias resulta extraño que haya una persona con dinero para comprar lujos y objetos caros. Al fin y al cabo, un cuarto de baño era un capricho en aquella época. Por eso las vecinas empiezan a especular y a buscar un motivo oscuro que explique la opulencia: La gente ya la critica pues hace tiempo que no se explica a dónde va la chica tan bien portá

Cuando la sociedad tiene envidia de alguien, para paliar los celos, busca desvirtuar a la persona, asociando el acto de ascenso social con la falta de escrúpulos, es decir, la chica ha hecho algo malo (ética y moralmente cuestionable) para alcanzar ese estatus de gran privilegio.

La masa no confía en el esfuerzo y el talento individual (méritos), sino que asocian la fortuna ajena a actos de dudosa moralidad, restando importancia a la valía personal a favor de las elucubraciones truculentas (se ha acostado con X, es prostituta, ha hecho un chantaje, ha robado…) La gente envidiosa ve la realidad con malos ojos, en busca del desprestigio de la otredad (tirar mierda). Es una forma de encontrar consuelo y saciar los vacíos vitales y frustraciones.

La gente que destaca o sobresale en algo se convierte involuntariamente en el centro de atención, en el foco de protagonismo de todas las miradas y comentarios. Cuando algo se sale de las pautas establecidas (en este barrio, lo normal es vestir mal porque la gente no tiene dinero), ese algo se convierte en objeto de análisis, valoración y opinión: Por eso a las vecinas les da por murmurar, y al verla tan compuesta le dicen al pasar….

El ser humano por naturaleza presta atención a las cosas extravagantes, curiosas, raras, llamativas, las que se salen de los límites de lo convencional. Lo normal siempre pasa desapercibido. Lo no normal conmociona, marca, sella, llama nuestra atención, nos hace opinar (para bien o para mal), y preguntarnos del porqué de esa anomalía.

En la segunda parte del tema, la enumeración enfatiza los lujos y la riqueza de la chica. Se hace un listado de elementos que tienen que ver con el campo semántico de la ropa, para crear la imagen de una mujer que nada en la abundancia, va siempre a la última moda, cuida los detalles y complementos en el vestir, y vela por su belleza y apariencia: gasta zapatos de tafilete, sombrero de gran copete, abrigo de petit-gris, los guantes de cabritilla, media de seda con espiguilla.

Como veis, la enumeración se configura mediante estructuras en paralelismo: sustantivo de vestimenta (zapatos, sombrero, abrigo, guantes, medias) + sintagma preposicional de complemento del nombre (de tafilete, de gran copete, de petit-gris, de cabritilla, seda…) Este último ahonda en los detalles de las prendas, sobre todo en lo relativo al tejido y la tipología del diseño.

Para aquellos que no lo sepan, el tafilete es un tejido de piel de cabra; los sombreros de copete están rematados con una capa de plumas; el petit-gris es un abrigo de piel muy caro. La mujer utiliza tejidos muy costosos como la seda o la piel de animales.

La comparación evidencia la moda francesa como un referente de la elegancia y el buen gusto: Pues la chiquilla viste como en París. Casi siempre nos fijamos en lo foráneo y lo convertimos en símbolo de lo sublime.

En el estribillo, la voz del diálogo la marca un sujeto colectivo/universal/plural. En este caso, habla una entidad que representa a los vecinos de la calle, los cuales, se preguntan mediante la interrogación retórica, por la procedencia del dinero y los lujos de la mujer: ¿Dónde se mete la chica del 17? ¿De dónde saca pa tanto como destaca?

A pesar de ser una interrogación retórica, la chica habla en primera persona y responde a las voces colectivas en estilo directo: Pero ella dice, al verlas en ese plan: la que quiera coger peces que se acuerde del refrán.

Un narrador en tercera persona marca la transición entre la pregunta y la respuesta, gracias al verbo dicendi (ella dice).

Para interpretar bien el poema, debemos recurrir a nuestro conocimiento de la cultura popular: la que quiera peces que se acuerde del refrán. Utilizar el artículo determinado delante del sustantivo (de+EL refrán) marca al sustantivo como conocido. Lo normal es que todos los receptores sepan que en la lengua española hay un refrán que dice que “el que quiera peces, que se moje el culo”.

El autor del cuplé presupone que el receptor conoce el refrán. De ahí que este fenómeno se conozca como PRESUPOSICIÓN. Al escribir un texto, el compositor da por hecho que el oyente tiene interiorizados ciertos datos e informaciones de la cultura y el mundo hispánicos. El letrista compuso La chica del 17 pensando que el destinatario conoce la existencia de este dicho popular.

Lo que quiere decir la protagonista con esto es que si quieres ascender en tu nivel de vida (tener esas toilettes, esos vestidos bonitos y caros, esos lujos…) hay que esforzarse, ganárselo con el sudor de tu frente, hacer méritos. Para alcanzar una situación de fortuna no vale con estarse quieto y cómodo en la silla. Debemos luchar por ello. A veces nos tocará pasar por trances que no son agradables. El dinero no cae del cielo.

Esto sería la interpretación moral del cuplé. Sin embargo, si nos ponemos a buscar los tres pies al gato, se pueden sacar dobles sentidos e incluso interpretaciones más picantes y eróticas. Recordad que en el cuplé son frecuentes los momentos subiditos de tono. El hecho de mojarse no solo implica cosas honrosas y positivas (trabajar, esforzarse), sino también conceptos más feos, pecaminosos y prohibidos. Eso depende de la imaginación del receptor:

El final de la canción está teñido de ambigüedad ya que las palabras de la protagonista pueden interpretarse de diferentes formas, en función de la imaginación e intuición del lector, sobre la procedencia del dinero. ¿Ha sido por la vía de lo digno y lo moral? ¿O por la vía de lo ilícito y lo sucio? En el cuplé predominan las insinuaciones, el misterio, el juego, el lenguaje indirecto, el rodeo, la falta de claridad…

En algunas versiones se hicieron cambios y ajustes en la letra, generando una atmósfera más sensual y picante que la original: La que quiera coger peces que se moje el tralará.

En este final, hay un elemento que es puro juego fónico (tralará). La función principal de este vocablo es potenciar el significante de la palabra, darle un carácter juguetón, divertido, pícaro, lúdico…Sin embargo, el significado del tralará no es convencional, sino contextual: no aparece recogido en un diccionario, sino que se extrae a partir del resto de elementos que aparecen en esa oración.

Teniendo en cuenta el contexto, podemos ver que el tralará puede ser sustituido por un sustantivo que designa cierta parte física del cuerpo (culo).

En el mundo del cuplé es frecuente la aparición de elementos insinuadores/sugerentes, que acarician lo picantón. A veces la invención de un significante divertido (tralará) es un eufemismo para no tener que pronunciar una palabra impudorosa, con connotaciones amorales o pecaminosas (culo). El cuplé es sensual pero no sobrepasa la barrera del mal gusto

La canción se divide en dos partes, cada una de las cuales está formada por.

  1. Dos estrofas de introducción (de 4 versos cada una). Los tres primeros versos de cada estrofa riman entre sí (diecisiete-Tribulete-Toilette, critica-explica-chica, diecisiete-tafilete-copete). Los versos son octosílabos (arte menor) excepto el segundo de cada estrofa que es decasílabo (arte mayor) 
  1. Una estrofa de transición al estribillo, que es una copla de versos heptasílabos, con rima entre el segundo y el cuarto (murmurar-pasar). El primero y el tercero quedan libres (vecinas, compuesta) 
  1. Estribillo, que está formado, a su vez por dos estrofas de 4 versos cada una:

a)   La primera estrofa consiste en la unión de dos pareados: el primer verso de cada pareado es pentasílabo y el segundo octosílabo: ¿Dónde se mete (5) / la chica del diecisiete? (7), ¿De donde saca (5), pa tanto como destaca (7)?

b)     La segunda estrofa es una copla de arte menor, en la que todos los versos son octosílabos salvo el primero que es pentasílabo. El segundo rima con el cuarto (plan-refrán). El primero y el tercero quedan libres (dice-peces).