viernes, 13 de noviembre de 2020

La vaca lechera (canción popular): un canto a la abundancia en tiempos de hambre

A lo largo de estos meses hemos visto cómo la copla es un género que está en continua conexión con el contexto histórico y cultural de una época (Posguerra Española). Hace unas semanas lo comprobamos en la canción Adiós a España, que reflejaba muy bien la cuestión de las migraciones

Tened en cuenta que la década de los 40 fueron años muy duros para nuestros abuelos. La miseria y el hambre cohesionaban la vida diaria de muchísimas personas. La copla se convirtió en un instrumento de evasión, para olvidar las penas y la crudeza del día a día. Con las letras de las canciones, la gente podía soñar, tener ilusiones y ver cumplidos sus deseos de vivir en mundo de prosperidad, abundancia y bienestar (aunque solamente fuera durante los segundos que durara el poema).

Por eso, en este contexto surgieron coplillas como la que os traigo hoy, en la que tener una vaca que diera leche era todo un lujo para la época. Hoy vamos a analizar La vaca lechera

Se convirtió en la canción más famosa del año 1946. A día de hoy, descontextualizado de su época, puede resultar un tema anodino, intrascendental e incluso absurdo. Muchos pensaréis que me he vuelto loco o he perdido el norte por dedicar una entrada a esta cancioncilla, que para muchos no es más que un poema infantil para amenizar a los niños en el patio, o un tema que se canta para hacer el tonto, a modo de chorrada, en esas noches de juerga y diversión, cuando el alcohol se ha subido a la cabeza.

Sin embargo, en los años 40 era un claro ejemplo de coplilla testimonial, en la que se reflejaban los sueños, las ilusiones y las aspiraciones de mucha gente que se conformaba con algo tan básico como tener alimento al alcance de la mano


Enlace al video: https://www.youtube.com/watch?v=yDGjpOmRW4U

Tengo una vaca lechera

No es una vaca cualquiera

Me da leche merengada

¡Hay que vaca tan salada!

Tolón, tolón

 

Un cencerro le he comprado

Y a mi vaca le ha gustado

Se pasea por el prado

Mata moscas con el rabo

Tolón, tolón

 

Qué felices viviremos

Cuando vuelvas a mi lado

Con sus quesos, con tus besos

Los tres juntos ¡qué ilusión!

 ....................................................................

El yo poético se recrea y regodea de manera gozosa en el hecho de tener una vaca, como si fuera algo valioso y extraordinario, que los demás no poseen. Al fin y al cabo, solo una minoría social disfrutaba del privilegio de disponer en su propia casa de un animal que le diera sustento.

Tened en cuenta que en estos años de escasez la gente no tenía libertad para comprar lo que quisiera. Existía el racionamiento, en forma de cartillas, las cuales indicaban la cantidad de alimento que debía consumir cada persona.

Teóricamente, no se podía recibir más comida de la que se indicaba en la cartilla. Sin embargo, en la práctica, surgió una especie de mercado negro, donde se ponía a la venta (a un precio bastante desorbitado y mucho más alto del habitual) todo tipo de alimento, para que la gente (que tuviera dinero) pudiera adquirir más productos sin limitaciones. Esta práctica se denomina estraperlo, y duró hasta el año 1953 que fue cuando quitaron el racionamiento.

Por tanto, la gente que tuviera una vaca lechera no solo podía disponer de leche durante todo el año (que era un bien muy escaso que se aparecía a cuentagotas en la cartilla), sino también podía venderla a un precio alto, y así sacarse sus dinerillos.

Ahora que conocéis este contexto histórico, me imagino que entenderéis mejor el sentido de La vaca lechera

El yo poético adopta una actitud de júbilo, alegría, festividad, celebrando su buena suerte y transmitiéndola de una manera abierta al receptor, presentándose como alguien afortunado, en una situación de superioridad respecto a los demás, por encima de la media.

 El hecho de reduplicar varias veces la palabra vaca a lo largo del tema ayuda a enfatizar ese componente de buenaventura: Tengo una vaca lechera, no es una vaca cualquiera.

Como veis, el poeta no se conforma solo con celebrar su buena suerte, sino también compararse con los demás, regodearse en su privilegio, transmitiendo cierta altanería, fanfarronería, arrogancia y engreimiento. Este elitismo era frecuente en la época: mientras que la mayoría de la gente estaba muriéndose de hambre (literalmente) y comiéndose las pieles de las naranjas, solo unos pocos (gente de buena familia) podía permitirse el lujo de vivir bien y comer ciertos alimentos (entre ellos la leche).

La realidad se representa de una manera distorsionada, hasta el punto de llegar al disparate, a la falsedad, a lo ilógico, a lo irracional, a lo surrealista con el objetivo de enfatizar más esa situación de privilegio del yo poético y así el farde sea mayor: Me da leche merengada.

Evidentemente, desde un punto de vista científico, las vacas no dan leche merengada (es una trola como una catedral de grande). Sin embargo, nosotros lo leemos y nos da un “asco” tremendo el yo poético. Un puto fanfarrón jejjeje. Para la gente que nada en la abundancia como la voz de esta copla, la vida es alegre, bonita, maravillosa, no hay problemas, todo es color de rosa, jolgorio, fiesta, banalidad. A mí me recuerda un poco el protagonista, a la del cuento de la Lechera.

No sé si el autor de la letra (Fernando García Morcillo) tendría en cuenta este paralelismo, de asociar la leche al bienestar, a la riqueza, al poder económico. Realmente, la gente se conformaba con muy poco en una época de hambre.

La vaca queda personificada ya que se le adhieren rasgos humanos, de manera coloquial y exclamativa: !Ay, qué vaca tan salada!. La onomatopeya tolón, tolón recrea el sonido de las campanas (cencerros) que suelen colgarse del cuello de las vacas, y es una forma realista de contribuir a esa sensación de goce, de cómo el yo poético se recrea en el momento que está viviendo (incluidos los sonidos que le rodean).

Debido a la acumulación de personificaciones, podríamos decir que la vaca se ha acabado humanizando y vivificando en el texto literario, hasta el punto de estar dotada de voluntad, de decisión: Un cencerro le he comprado y a mi vaca le ha gustado.

La anteposición del complemento directo (un cencerro, a mi vaca) a primera posición oracional contribuye a dar un matiz de materialismo a la canción, remarcando la importancia de lo accesorio, del detalle, de la puesta en escena. Al fin y al cabo, esta minoría elitista, al no pasar hambre, se permite el lujo de tener otras preocupaciones más anodinas y banales (comprar un cencerro a la vaca).

Resulta curioso cómo de vez en cuando en la descripción de la vaca se alterna la humanización con la animalización, ya que en algunas partes deja de personificarse para convertirse en un animal más realista: Se pasea por el prado, mata moscas con el rabo. 

El asíndeton de este verso permite eternizar la estampa literaria, ya que al yo poético le interesa presentar ese contexto de fortuna como algo duradero y extenso en el tiempo. Eliminando la conjunción copulativa se cotidianiza la acción de la vaca (como si fuera algo que se va repitiendo indefinidamente). La buena suerte es eterna jejjee.

En la última parte de la canción se crea una atmósfera idílica, en la que todo es alegría, felicidad, fraternidad: ¡Qué felices viviremos cuando vuelas a mi lado! En estos versos se recrea un tipo de amor un poco “empalagoso”, muy en la línea de la poesía del Cantar de los Cantares, en la que la relación se representa de manera bucólica, paradisiaca e idílica. Todo es positivo. Y la exclamación ayuda a ello.

De todas formas, en el yo poético detectamos cierta hipocresía y falsedad, ya que realmente muestra tantos afectos y elogios a la vaca, no porque la quiera de verdad, sino por los beneficios materiales que conlleva (la leche).

El paralelismo contribuye a enfatizar esa dualidad entre espiritualismo y materialismo: Con tus besos, con tus quesos. Mientras esa vaca genera unos beneficios, está claro que el yo poético la va a querer. Por eso, el animal cobrará transcendencia e importancia, hasta el punto de considerarlo un miembro más de la familia, al nivel de una persona: Los tres juntos. ¡Qué ilusión!

Métricamente estamos ante una canción de versos octosílabos. Las dos primeras estrofas están formadas por pareados (versos que riman entre sí). Cada estrofa, dos pareados. Se alterna la rima consonante (lechera-cualquiera) y la asonante (prado-rabo). En la última estrofa solamente riman en asonante el primer y el tercer verso, y los demás quedan libres.

lunes, 9 de noviembre de 2020

Un ramito de violetas (Cecilia): la mujer que recibía flores de un amante secreto todos los nueves de noviembre

Aprovechando que hoy es 9 de noviembre no puedo evitar recordar una de las canciones más emblemáticas de la cantautora madrileña Cecilia: Un ramito de violetas. Era en este día, todos los años, cuando la protagonista del tema recibía un obsequio de flores por parte de un hombre desconocido, un amante secreto que se convirtió en el pilar que daba ilusión a su vida, a pesar de estar ya casada.

La canción fue compuesta en el año 1974 por Cecilia. Su carrera artística fue corta pero intensa, con temas compuestos por ella misma que adquirieron muchísima popularidad en la época. Desgraciadamente, la muchacha murió joven, un 2 de agosto de 1976, en un accidente de tráfico que conmocionó a todo el país (similar a lo que le pasó a Nino Bravo tres años atrás).

Su música aúna lo mejor del pop británico y norteamericano con la canción tradicional española. Por tanto, en sus letras podemos detectar ecos que nos recuerdan a la copla. Además, fue una voraz lectora de los poetas españoles (Machado, Miguel Hernández, Valle Inclán…), cuyos textos fueron fundamentales para componer las canciones.

Se han hecho muchísimas versiones de este tema. La más conocida fue la de Manzanita (1981) con un enfoque flamenco muy interesante. También han interpretado el tema Soledad Giménez, Lolita o India Martínez


Enlace del video:https://www.youtube.com/watch?v=8AtSHZTwehY


Era feliz en su matrimonio

Aunque su marido era el mismo demonio

Tenía el hombre un poco de mal genio

Y ella se quejaba de que nunca fue tierno

Desde hace ya más de tres años

Recibe cartas de un extraño

Cartas llenas de poesía

Que le han devuelto la alegría

 

¿Quién la escribía versos? dime quién era

¿Quién la mandaba flores por primavera?

¿Quien cada nueve de noviembre

Como siempre sin tarjeta

La mandaba un ramito de violetas?

 

A veces sueña y se imagina

Cómo será aquel que tanto la estima

Sería un hombre más fiel de pelo cano

Sonrisa abierta y ternura en las manos

No sabe quien sufre en silencio

Quien puede ser su amor secreto

Y vive así de día en día

Con la ilusión de ser querida

 

¿Quién la escribía versos? Dime quién era

¿Quién la mandaba flores por primavera?

¿Quién cada nueve de noviembre

Como siempre sin tarjeta

La mandaba un ramito de violetas?

 

Y cada tarde al volver su esposo

Cansado del trabajo la mira de reojo

No dice nada porque lo sabe todo

Sabe que es feliz, así de cualquier modo

Porque él es quién le escribe versos

Él, su amante, su amor secreto

Y ella que no sabe nada

Mira a su marido y luego calla

 

¿Quién la escribía versos? Dime quién era

¿Quién la mandaba flores por primavera?

¿Quién cada nueve de noviembre

Como siempre sin tarjeta

La mandaba un ramito de violetas?

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La protagonista del poema es una mujer que lleva muchos años casada con su marido. Cuando un matrimonio se alarga tanto en el tiempo suele ocurrir que la monotonía, el paso de los años, el acecho de una edad cada vez más complicada, los problemas del día a día, la convivencia… acaban provocando un desgaste en la relación, que sin llegar a la infelicidad, sí supone una pérdida de la ilusión del principio.

Cuando una cosa se reitera, se repite de manera continuada, lo no normal se convierte en normal, en cotidiano, en habitual, y deja de provocar un efecto sorpresa en la vida. Esto es lo que le pasa a la mujer: aunque ella considera que ha llevado una existencia feliz como esposa (con las virtudes y defectos de la persona que quiere), al final, tantos años de matrimonio y el paso del tiempo, han provocado la pérdida de la ilusión inicial, configurando una rutina plana, lineal, insulsa, en la que apenas hay comunicación con su marido, ya que él peca de poca sensibilidad, y de no poner la suficiente atención a la relación. Diríamos que es un hombre poco romántico jejjeje

Sin embargo, esa aburrida monotonía se ve alterada cuando la protagonista empieza a recibir con cierta frecuencia, flores y cartas de amor de un hombre desconocido. Ella no sabe quién se esconde detrás de esos regalos anónimos, pero el hecho de que haya una persona que de manera secreta se preocupe por ella, le hace recobrar la ilusión y la alegría de su juventud. De esta forma, la señora empezará a fantasear y especular sobre quién está detrás de esos obsequios. Por supuesto, ella no le dirá nada a su marido, y optará por disfrutar en silencio de este amor secreto. ¿Queréis saber quién es ese amante? Solo tenéis que estar atentos al análisis y/o escuchar la canción.

En la primera estrofa encontramos el planteamiento narrativo de la historia. Se presenta a la protagonista y se describe la situación sentimental que mantiene con su marido: era feliz en su matrimonio aunque su marido era el mismo demonio

Él aparece representado con una metáfora hiperbolizada sobre su carácter que se acaba asociando a uno de los personajes más emblemáticos de la tradición popular, que es el de Satanás, el del diablo: Su marido era el mismo demonio. Es una manera de enfatizar los defectos de la parte masculina, ya que él representa al típico hombre gruñón, bruto, maniático, nada empático, poco sensible, poco comprensible, al que le falta tacto para entender y ponerse en la piel de su esposa: Tenía el hombre un poco de mal genio y ella se quejaba de que nunca fue tierno.

El cuantificador (un poco) atenúa los defectos, como una especie de eufemismo, para hacer ver que el hombre tiene sus cosas, pero no es tan malo como parece. Al fin y al cabo, está casada con él. La anteposición del verbo al sujeto (hipérbaton) también ayuda a destensar un poco ese carácter: tenía el hombre…

Sin embargo, el adverbio de negación (NUNCA fue tierno) lo que hace es enfatizar esos defectos, magnificarlos, resaltarlos.

Como veis, el yo poético adopta una postura realista que es bastante común de lo que parece. Mucha gente intenta desengañarse ocultando los defectos de la persona a la que quiere, pero al final, no es oro todo lo que reluce, y la verdad menos amable siempre acaba saliendo por mucho que la intentemos enmascarar.

No obstante, la mujer se considera feliz por haber vivido con este hombre. Valorando el conjunto, considera que ha sido más positivo que negativo. De hecho, la subordinada concesiva (los defectos) no impide la felicidad: Era feliz en su matrimonio, aunque su marido era el mismo demonio. Podríamos decir que la mujer quiere a su marido tanto en sus virtudes como en sus vicios.

En la segunda parte de la primera estrofa asistimos al punto de inflexión, al giro de los acontecimientos, al nudo de la historia. Esa monotonía inicial se rompe cuando la mujer recibe unas cartas de amor de un hombre cuya identidad desconoce: desde hace ya más de tres años recibe cartas de un extraño.

La personificación de las cartas ayuda a concebir estas como un elemento regenerador, vitalizador, capaz de aportar a la mujer ilusión, ganas, felicidad, alegría, en definitiva, aliciente y energía para seguir adelante: Cartas llenas de poesía que le han devuelto la alegría.

La reduplicación de la palabra carta en dos versos consecutivos además de dar ritmo e intriga al poema, permite resaltar ese efecto purificador de las cartas: Recibe cartas de un extraño/cartas llenas.... Al fin y al cabo, este texto alude al tópico renacentista y clásico del amor como elemento vital y esencial para la vida.

En el estribillo, el yo poético plantea una especie de juego, de acertijo, de enigma, que permite enganchar al receptor a la historia creada, y lo invita a descubrir quién se encuentra detrás de esas cartas. El narrador se comporta como una especie de juglar que usa técnicas formales para captar la atención de la gente y no se pierda las siguientes estrofas. Este enganche lo hace mediante el uso de oraciones interrogativas en paralelismo: ¿Quién la escribía versos…? ¿Quién la mandaba flores…? “¿Quién […] le mandaba un ramito de violetas?

Con el objetivo de dar dramatismo e intensidad expresiva, para formular un mismo contenido se utiliza en el mismo verso una interrogativa directa (¿Quién la escribía versos?) y una interrogativa indirecta (dime quién era).

 Se genera una necesidad, tanto en el narrador como en el receptor, de querer saber más de esta historia, de conocer todos los detalles, de poner nombre y cara a la persona que le manda flores. Podríamos decir que esta primera estrofa acaba en un momento álgido, lo mismo que en las telenovelas cuando el episodio se pone interesante y hay que cortar y dejarlo para el día siguiente.

El yo poético quiere trasladar al receptor esa ansia de saber, ese afán de curiosidad. El auditorio está ansioso por conocer la identidad de ese hombre, y el narrador tiene las mismas ganas de desvelarlo, pero hay que crear una expectación, darle emoción, intriga, dosificar la información…poco a poco jejjeje

El narrador busca la complicidad y empatía con el público-oyente, y juega un poco con él. De ahí esa acumulación de interrogativas, con el objetivo de generar inquietudes, curiosidad, ganas de indagar en el mundo ficcional creado, en ese amor secreto.

Con el objetivo de dar realismo y verosimilitud a la historia hay una recreación en el detalle, en los elementos circunstanciales: flores por primavera, como siempre sin tarjeta, cada nueve de noviembre…. El espectador necesita referentes cotidianos para engancharse a la historia, y dar detalles (el día que se mandan esas flores, la manera de enviarlas…) activan la atención del que escucha. La finalidad es que el receptor se identifique con los diferentes personajes de esta narración.

En las canciones de Cecilia es frecuente el laísmo. El laísmo es el uso antietimológico del pronombre femenino átono de tercera persona (la), que en lugar de funcionar como complemento directo, lo hace como indirecto: la escribía versos, la mandaba flores…Lo normativo y correcto en estos casos es el uso del pronombre de complemento indirecto (le): le escribía versos, le mandaba flores…El laísmo es frecuente en Madrid.

En la segunda estrofa, la protagonista fantasea y hace hipótesis acerca de la identidad del hombre que se esconde detrás de esos obsequios: A veces sueña y se imagina cómo será aquel que tanto la estima.

Aquí vemos a una mujer ilusionada, optimista, alegre, con ganas de vivir. A pesar de los años que tiene (se supone que es una señora de mediana edad) ha recuperado el espíritu de la juventud, al ver cómo hay alguien que se preocupa por ella, y esa persona, cumple con lo que ella espera de un hombre. Es el amor perfecto, idílico. Alguien que te regala flores, suele ser alguien detallista, sensible, cariñoso, tierno…todo lo contrario a su marido

La reduplicación sinonímica (sueña y se imagina) permite al yo poético introducirse en el pensamiento de la protagonista, en su mente, en sus códigos líricos. Al no ser posible la percepción concreta del amado (no sabemos quién es ni cómo es esa persona que le regala flores), la protagonista pasa del plano real, al plano de la fantasía e imaginación. A pesar de no materializar al amante, alcanza la plenitud por el simple hecho de pensar cómo es.

Eso genera ilusión, alegría, felicidad, como si lo conociera de toda la vida. Al no poder verlo, se conforma con imaginárselo y eso le basta y le sobra para ser feliz. De ahí que haga un retrato de su hombre ideal. Este retrato mezcla rasgos físicos con espirituales: Sería un hombre más de bien de pelo cano, sonrisa abierta y ternura en las manos

Resulta curioso el dibujo de amado ideal que hace la protagonista. En lugar de dejarse llevar por el canon y prototipo de belleza (hombre joven, atractivo, musculoso, alto…la versión masculina de la Donna Angelicata petrarquista jejjej), la mujer busca un señor bastante corriente y estándar físicamente (con pelo canoso, de edad madura) y prefiere resaltar su belleza interior (sonrisa, comprensión, sensibilidad…). En lugar de buscar un George Cloonie o un Brad Pitt, prefiere un hombre de la calle, normal y corriente, no tan perfecto físicamente (con canas, arrugas…), pero sí buena persona

La fantasía, la imaginación, la evasión mental se convierten en un mecanismo de defensa que impulsan a la protagonista a recobrar la ilusión que había perdido, y así poder seguir afrontando su vida. Las cartitas se convierten en energía vital, en aliento regenerador: Y vive así de día en día con la ilusión de ser querida

La relación con este hombre no se materializa físicamente (ya que no se conocen) pero la necesidad de amar y ser amada está siendo satisfecha. No hace falta contacto carnal. Solo con una buena intención (el ramito de violetas) y el poder mental (imaginándose al hombre perfecto), la protagonista se siente querida y amada.

Con la evasión y la fuerza de la mente se puede alcanzar un estado de satisfacción plena sin ser tan necesaria la presencia física y palpable. Se trata de un amor platónico puro y duro, el cual no necesita plasmarse en el mundo sensible. Para que sea consumado es suficiente con que exista una imagen mental, una idea, un concepto, un sentimiento que salga de nuestras entrañas (aunque no se plasme en el mundo).

En esta época de gran conservadurismo y rectitud moral, mucha gente se enamoraba mediante mecanismos de fantasía e imaginación y los efectos podían ser tan puros y auténticos como los de un amor cara a cara. Tened en cuenta que el matrimonio era para toda la vida, así que para una mujer, la única forma de recuperar la ilusión era así (ya que socialmente estaba mal visto que una señora casada tuviera relaciones físicas con otro hombre que no fuera su marido). Eso es lo que le pasa a la protagonista.

En la tercera estrofa el foco narrativo se centra en la figura del marido: Y cada tarde al volver su esposo, cansado del trabajo la mira de reojo

Entramos en un momento importante de la narración, el desenlace. Es aquí cuando se va a resolver el enigma, y conoceremos la identidad del amado. Con el objetivo de crear intriga y retardar lo máximo posible el momento, se empiezan a añadir complementos temporales y predicativos: Cada tarde, Al volver su esposo, Cansado del trabajo

Según se ve, el marido está al corriente de toda la historia (sabe que su mujer recibe cartas de un hombre): No dice nada porque lo sabe todo. Muchas veces el silencio, el no decir nada, transmite líricamente más que un diálogo altisonante en estilo directo.

Sin embargo, la acción da un giro cuando nos enteramos de que la persona que escribe cartas y manda flores a la protagonista es el propio marido: Ella es feliz así de cualquier modo, porque él es quien le escribe versos. Él es su amante su amor secreto.

El paralelismo desvela la realidad con claridad, sin titubeos, sin necesidad de adornos: Él le escribe versos, él es su amante... Cecilia es una cantante sencilla, limpia, diáfana a la hora de contar sus historias. No hace falta crear un culebrón de esto. Hay intriga, pero no hace falta adornarla lingüísticamente (la historia se cuenta sola).

Por lo tanto, la imagen del marido cambia radicalmente. El hombre no es tan insensible ni tan neandertal como parece. Más bien, diríamos que es bastante frío y tímido, y le cuesta explícitamente manifestar sus sentimientos delante de la mujer. Luego, en la esfera de la intimidad, la quiere mucho (y por eso, le manda flores).

Hay gente a la que le cuesta expresar lo que siente, abrirse, desnudarse emocionalmente. Sin embargo, eso no quiere decir que no se tengan sentimientos. El marido ama a su mujer. Le cuesta decir te quiero, le cuesta manifestar el afecto, le cuesta ser cariñoso, pero en el fondo tiene sentimientos de amor hacia ella. Los tiene escondidos, pero, de vez en cuando y a su manera, los saca del fondo del armario jejejjejee

Hay como una doble personalidad por la parte masculina:

-Por un lado, el marido coraza, que parece pasivo, impasible, e insensible (el mismo demonio). Es el envoltorio, la apariencia, la impresión externa. Es lo que se percibe de cara a la galería. Menudo tío más asqueroso jjejejeje (diríamos)

-Por otro lado, el marido enamorado, apasionado, tierno, detallista, que aflora en los momentos de intimidad, cuando nadie lo ve. Es en estos momentos de soledad cuando puede sincerarse de una manera diáfana, sin que los focos le deslumbren. Mucha gente saca lo mejor de sí mismo cuando no hay nadie mirando, sin presiones ni teatros. A las personas tímidas no nos gusta el protagonismo, pero tenemos nuestros sentimientos jejje

El marido quiere que su mujer sea feliz y recobre la ilusión por vivir, aunque sea a costa de su propio honor. Tened en cuenta que la mujer cree que el marido no sabe nada: Y ella que no sabe nada, mira a su marido y luego calla. Con esos silencios da la sensación de que ella se siente un poco culpable de ocultar a su marido la situación (hay otro hombre que le regala flores)

Desde la perspectiva femenina, el marido puede parecer el pobre que no se entera de nada. Aunque sea mentalmente, el hombre está siendo un cornudo, pues la mujer no para de fantasear con el emisor de esas cartas. Resulta irónico que sea el propio marido el que propicie las fantasías de su mujer, y por tanto, sea visto como un pobre cornudo

Al marido, le da igual quedar como un cornudo (siempre mentalmente, claro), con tal de ver a su mujer ilusionada y feliz. Es una manera peculiar de solidificar el matrimonio: ella es feliz recibiendo esas cartas, y él es feliz viendo a ella contenta, ya que al fin y al cabo esas cartas han sido escritas por él (no son de nadie extraño, aunque ella lo crea).

Tal vez sea vergüenza, miedo o timidez lo que le impide al marido manifestar de manera explícita sus sentimientos, y por eso, necesite crearse un personaje para poder hacerlo. Está claro, que ese juego funciona y potencia la relación. A mucha gente le impone decir te quiero, o ponerse tierno con la pareja (sobre todo a un hombre, ya que la imagen de un hombre sensible no corresponde con el arquetipo que la mayoría de la sociedad tiene).

Por eso, por ese miedo, el hombre desdobla su personalidad y la verdadera persona (la esencia) se esconde detrás de un personaje, mientras que la persona, en realidad es un personaje (ya que el hombre no es tan huraño ni tan insensible como parece). Se trata del tópico literario de la vida como teatro. Sin que nosotros nos demos cuenta, muchas veces nos convertimos en actores en diferentes situaciones de nuestra vida.

Métricamente, la canción está formado por la sucesión de pareados (versos que riman entre si): matrimonio-demonio, genio-tierno, era-primavera, cano-mano, esposo-reojo, día-querida). Esto da mucha musicalidad al ritmo.

Los versos son de arte mayor (aunque existe mucha irregularidad). En el estribillo encontramos algunos versos libres, sin rima.

El hecho de repetir palabras en dos versos consecutivos enfatiza la musicalidad: sabe, cartas, él, quién…

 


miércoles, 28 de octubre de 2020

¿Por qué te di yo mis besos?: el capricho del amor

Hoy os traigo unos tientos que popularizó Marifé de Triana allá por el año 1959. El tema fue compuesto por los maestros Molina Moles, León y Quiroga. Habla del amor como sentimiento y acto irracional. Por más que el yo poético intenta buscar un motivo que explique la pasión que siente hacia su amado, no lo encontrará. Ante la pregunta ¿Por qué te di yo mis besos? (que da título a la copla), la voz poética no hallará una respuesta convincente y lógica. El amor pasa porque sí. No tenemos que buscar una razón científica y objetiva a la pasión. Al final, por mucha teoría queramos formular, lo único que nos queda y lo único que vamos a vivir es el sentimiento, ya sea de pasión por lo amado o de pena por lo acabado.

Enlace del video:https://www.youtube.com/watch?v=J4OdmNAbYrg

Comprendo que no hay razones, cariño,
Que obliguen a que me quieras;
Yo sé bien que ante tu orgullo, mi niño,
No importa que yo me muera.

No pienso ponerme triste,
Que el caso no lo merece;
Romero de sierra brava
Sin agua también florece.

Por qué te di yo mis besos, que han sido
Castigo de mi querer;
Por mi madre te confieso, bien mío,
Que ni yo misma lo sé.
Por locura, por ceguera,
Por cariño, porque sí;
Aunque saberlo quisiera,
No sé por qué te los di.
Tú eres mi sangre y mi vida, mi vida,
Eres la cal de mis huesos,
Tú eres dolor y alegría,
Pero no sé todavía,
Sangres mías, carnes mías,
Por qué te di yo mis besos.

La fragua del amor nuestro, cariño,
Sin fuego se está quedando;
Y el clavo que ha de matarme, mi niño,
El tiempo lo irá templando.

No pienso morir de pena,
Que nadie por mí se apure;
No hay río que atrás se vuelva
Ni mal que cien años dure.

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El yo poético femenino es la protagonista de la copla. Habla en primera persona tal como se manifiesta en las formas verbales (comprendo, sé, pienso…), los pronombres (ni yo misma, me quieras, yo sé) y el posesivo (mi querer, mi madre). Se dirige al amado mediante vocativos subjetivos que manifiestan amor, afecto, pasión de una forma intensa, altisonante, visceral: “cariño”, mi niño”, “bien mío”, “mi vida”, “carne mía”. El amado también está presente en posesivos (tu orgullo), pronombres (te di) y verbos (quieras, eres).

Se establece un vínculo amoroso entre ellos, que está en una fase de decadencia, crisis, final. Este vínculo se plasma con el posesivo de primera persona del plural (amor nuestro) y la metáfora (“la fragua […] sin fuego se está quedando”). Esta identificación del amor como fuego o calor (la fragua es el horno donde se funden los metales) bebe de la poesía mística y sirve para enfatizar la pasión. En este caso, al ser un contexto de desamor, la fragua se está quedando sin fuego. No hay pasión.

En el primer verso de la copla localizamos la tesis que va a defender el yo poético en el texto: “Comprendo que no hay razones, cariño, que obliguen a que me quieras”. El amor (y su contrario, el desamor) son fuerzas que no se explican por patrones objetivos y concretos. Son energías caprichosas, caóticas, arbitrarias, no responden a reglas. Es puro misterio. Son sentimientos naturales y espontáneos del alma que surgen cuando menos lo esperas sin una causa concreta y no se pueden alterar/modificar/cambiar/deformar. El amor triunfa cuando hay reciprocidad. Si no la hay, no tiene sentido provocarla de manera artificial. Si alguien no siente amor por ti, no le puedes obligar a sentirlo. Si no hay, no hay. Provocar algo que no existe no tiene sentido.

Cuando la tesis se formula al principio (como es el caso) estamos ante un texto de estructura deductiva o analizante. Primero la tesis (idea), y luego la explicación (desarrollo)

La protagonista no se regodea ni se recrea en la pena y el dolor por el fin del amor: “No pienso ponerme triste, el caso no lo merece”. Intenta quitar dramatismo al desamor trivializándolo, descentralizándolo del poema, empequeñeciéndolo, minimizándolo, quitándole la gravedad. No vale la pena llorar por amor. El yo adopta una posición de fortaleza, resistencia muy del gusto estoicista: dejar que no te afecten las penas en exceso. Hay que quitarle importancia al fin del amor

La mujer asume la realidad de forma muy digna, sin traumas ni lamentos. Ella acepta los problemas y adversidades no solo en el terreno del sentimiento, sino también de la psicología humana: “Yo bien sé que ante tu orgullo, mi niño, no importa que yo me muera”. Ella sabe de sobra cómo es la naturaleza del hombre. La gente por lo general (y el amado en particular), tiende a ser vanidosa, orgullosa, quiere guardar una imagen, esconder sentimientos, tiene un ego, que suele aflorar en los momentos críticos. Ella sabe que la realidad funciona así y no va a hacer un drama de eso.

El clavo funciona como metáfora de la perturbación, el dolor, la pena, que hace daño al alma. Muy típico de la poesía de Antonio Machado y Rosalía de Castro. Aquí aparece personificado: “El clavo que ha de matarme…”. Sin embargo, el clavo de Marifé de Triana no es el clavo duro y crónico del romanticismo o el modernismo simbolista. Al final, por ese proceso de aceptación, y el paso del tiempo, el dolor se atenúa, decrece, dejará de apretar y hacer presión: “El clavo […] la pena lo va temblando”. La propia pena se canaliza tras la asimilación del desengaño, y el dolor poco a poco va desapareciendo.

El yo poético se niega a alcanzar los estados hiperbólicos del amante hereos de la poesía cancioneril (nada de amantes locos, enfermos o fallecidos): “No pienso morir de pena”. Tampoco quiere convertirse en un objeto de compasión o lágrimas: “Que nadie por mí se apure”. No quiere ser la víctima o la pobrecita diabla que sufre mal de amores. Recurre a un refrán de la sabiduría popular para expresar que al final, las penas se pasan de forma natural: “No hay […] mal que cien años dure”. El dolor es algo temporal y transitorio que se evapora una vez se acepte la situación.

También se apoya en la metáfora manriqueña de la vida como río para explicar que anclarse en etapas del pasado no es la solución: no hay río que atrás se vuelva. Ella no se va a regodear ni obsesionar con el pasado, y este tampoco va a volver mágicamente. Lo vivido vivido está y no merece la pena sufrir y comerse la cabeza por algo ya ocurrido.

Aunque la relación con este hombre se acabe, eso no significa el final del amor como sentimiento. La capacidad de sentir sigue activa a pesar del desengaño, de la decepción o del chasco. Esto se refleja muy bien en la metáfora: “Romero de sierra brava/sin agua también florece”. Aunque esta relación concreta no ha fraguado, la amada podrá seguir amando a otras personas y volver a sentir y experimentar las mismas emociones de eso que se llama amor. No es el fin del mundo que este hombre no la quiera

El amor se identifica con el romero. Este representa la belleza de lo natural, lo sensual. Su olor es placentero y agradable. El amor es tan bonito y maravilloso como el romero. Y se puede sentir el amor de una forma pura sin tener que asociarlo a una persona o imagen concreta. El amor como sentimiento es universal. Y podemos amar muchas veces a lo largo de nuestra vida. Quien haya detrás de ese sentimiento es indiferente. Lo importante es sentir, es amar. Mucha gente cae en el error de creer que el amor deja de tener sentido porque esa persona no te corresponde. Y esta copla nos enseña que aunque lo pases mal después de una ruptura (que lo vas a pasar), el amor va a seguir presente en tu vida. Y esa magia no se va a perder. A lo mejor la imagen del amado será otra, pero el concepto va a estar ahí.

La relación amorosa se identifica con el agua, la cual hace fluir, desarrollar, fortalecer, crecer, evolucionar el sentimiento íntimo y universal del amor. Sin embargo, el romero es una planta muy peculiar ya que no necesita humedad para sobrevivir. Es una especie vegetal de ambiente seco, que no requiere de agua para florecer. Con un ambiente mediterráneo es suficiente. El romero puede ser bonito y bello sin necesidad de riego. El romero puede existir y ser por sí mismo sin recurrir al agua. Lo mismo le pasa al amor, que seguirá existiendo en tu vida aunque una relación concreta fracase. Podrás volver a ilusionarte, a experimentar de nuevo la pasión, a sentir la magia, aunque al principio parezca imposible tras un desengaño. El fracaso en una relación no significa que te conviertas en un muerto en vida que nunca más va a volver a sentir lo mismo.

Si leemos bien la letra de la copla, nos daremos cuenta de que la relación no triunfa por parte de él. Ella está perdidamente enamorada, tal como se refleja en las metáforas en las que el amado se identifica como parte inherente de la amada: “Eres mi sangre y mi vida, eres la cual de mi hueso”. La sangre es el líquido que da vida al cuerpo, y la cal, de color blanco, es lo que da estructura y color al hueso. Por tanto, el amado se concibe como elemento necesario para la amada.

La antítesis (“eres dolor y alegría”) es una forma de concebir el amor como emoción contradictoria. Por un lado, genera placer, alegría, felicidad, plenitud, satisfacción. Pero por otro lado, dolor, pena, frustración (“castigo de mi querer”), ya sea por no correspondencia o simplemente porque se acaba y llega a su fin.

La intensidad del sentimiento amoroso, ya sea de placer en el éxito o de dolor en el fracaso, genera un proceso de reflexión y análisis en el yo poético, el cual se pregunta mediante la interrogación retórica, la causa racional de la pasión: ¿Por qué te di yo mis besos? La protagonista quiere saber los motivos que le provocan amar con tanta pasión. Quiere darle sentido al amor.

La pregunta no tiene respuesta, o al menos, el yo poético no la encuentra: “Por mi madre te confieso que ni yo misma lo sé”. Jurar por algo valioso (la madre) es una forma de dar sinceridad al discurso, de transmitir verdad. El yo poético no sabe la razón por la que se ha enamorado. Esto significa que el amor no obedece a razones, es caprichoso.

Se enumeran una serie de motivos en paralelismo de posibles causas que expliquen el amor, pero esa lista de razones resulta demasiado genérica, poco concreta, muy imprecisa: “por locura, por ceguera, por cariño, porque sí…” El asíndeton (supresión de la conjunción copulativa Y) indica que pueden existir muchos más motivos, pero no hay ninguno claro. De ahí que la enumeración quede abierta (podríamos seguir añadiendo muchas más razones y ninguna sería concluyente).

La negación del verbo cognitivo es una forma explícita de decir que no tienes ni pajolera idea del tema: “Pero no sé todavía […] por qué te di yo mis besos”. La subordinada concesiva indica que hay un deseo de querer saber y alcanzar una verdad, una teoría del amor, pero en la práctica es imposible: “Aunque saberlo quisiera no sé por qué te los di”. El amor es caótico y cuando algo es caótico no se pueden determinar reglas de comportamiento y actuación. Es lo que tiene la irregularidad.

La métrica de esta copla resulta muy extraña, ya que en una misma estrofa se combinan versos endecasílabos con octosílabos, pero manteniendo la rima de primero con tercero y segundo con cuarto. Esto sucede en la primera estrofa de la primera parte, en la primera estrofa de la segunda parte y en la primera estrofa del estribillo.

En la segunda estrofa de la primera parte, en la segunda estrofa de la segunda parte y en la segunda estrofa del estribillo, hay cuartetas (8a 8b 8a 8ba)

El estribillo acaba con una casi sextilla, y digo casi porque uno de los versos es de arte mayor y rompe el esquema: 11A 8b 8a 8a 8a 8b

miércoles, 21 de octubre de 2020

Adiós a España: un ejemplo de copla de emigrante

Uno de los personajes femeninos de Cien años de soledad (conocida novela del escritor colombiano Gabriel García Márquez) afirmó, que el tiempo, en lugar de avanzar en línea recta, lo hacía en círculo, de forma que los mismos acontecimientos históricos se iban repitiendo una y otra vez, de manera cíclica, configurando un bucle interminable en el que se alternaban periodos bajistas (crisis, guerras, hambrunas, matanzas) con otros de florecimiento (progreso, abundancia, auge económico, paz).

Hay que reconocer que este pensamiento, sin llegar a ser una verdad científicamente comprobada, no está exento de razón. Por ejemplo, en la España de Posguerra (años 40 y 50) debido a la escasez, la miseria, el hambre y la falta de trabajo, muchas familias se vieron obligadas a abandonar la tierra que les vio nacer, para emigrar y asentarse en otros países, con unas condiciones de vida más favorables y prósperas.

Esto suponía un coste social muy alto, ya que tener que abandonar tus raíces, tu casa, tu pueblo, era un trance muy duro que causaba gran daño emocional a muchas personas. Aunque a largo plazo el esfuerzo podía merecer la pena (la gente que encontraba trabajo mandaba dinero a la familia en España), aprender a vivir en tierra extraña y lejos de los seres queridos era una losa muy dura (y más en una época en la que no había correos electrónicos, ni redes sociales, ni mensajería instantánea).

Por eso, durante esas décadas se compusieron coplas cuyo tema central era la partida hacia el país extranjero, la figura del emigrante, el paraíso perdido, el dolor que producía tener que abandonar la nación y la despedida (que en ocasiones, era para siempre, ya que muchos emigrantes jamás regresaron). Hoy os traigo una de esas canciones de emigrante. Data del año 1953 y fue popularizada por Antonio Molina. Se titula Adiós a España

Enlace del video:

https://www.youtube.com/watch?v=4G5Z3d4lx0o

Tengo una copla morena echa de brisa, de brisa y de sol

cruzando la mar serena, con ella te digo adiós

Adiós mi España preciosa, la tierra donde nací

bonita, alegre y graciosa como una rosa de abril

ay, ay, ay, voy a morirme de pena viviendo tan lejos de ti.

 

Cruzando la mar serena, con ella te digo adiós

que lejos te vas quedando España de mi querer

a Dios le pido llorando que pronto te vuelva a ver

como una rosa encendida perfuma mi corazón

adios mi España querida pa' ti canto mi canción

y al darte mi despedida, y es beso, y es oración

 

Mi España tierra querida, pa' siempre adiós.


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A fecha de hoy, año 2020, este poema sigue teniendo la misma vigencia que hace seis décadas. Queramos o no, estamos en una época de migraciones, en la que jóvenes con muy buena formación y estudios, pero pocas expectativas, se ven obligados a abandonar España e intentar buscarse un futuro mejor en otros países del mundo. Tener que decir Adiós a España es más habitual de lo que nosotros pensamos. Por eso, no nos queda más remedio que darle la razón a aquel personaje de Cien años de soledad que formuló esta teoría, ya que hay cosas que siguen repitiéndose a pesar del tiempo transcurrido.

El texto es breve. Está formado por dos estrofas, las cuales poseen versos de 16 sílabas (con una cesura en el centro que divide al verso en dos hemistiquios de 8 sílabas). La primera estrofa es de 5 versos con esquema de rima AABBB. No llega a ser quinteto, ya que para hablar de quinteto los dos últimos versos no deben rimar, y aquí sí riman. La segunda estrofa es de 6 versos (sexteto) con esquema de rima ABBAAA. Como veis, hay una tendencia clara al pareado (a poner dos versos seguidos con la misma rima), lo cual dota de muchísimo ritmo y musicalidad al tema.

El hecho de que una canción tenga ritmo y musicalidad no quiere decir que sea divertida y bailable. Se trata de una copla de contenido serio, que hay que cantarla con intimismo y sinceridad emocional. Los artefactos rítmicos han de servirnos para dar fuerza al discurso, nunca para mostrar una actitud alegre o frívola. Un error común de muchos cantantes a la hora de interpretar este tema es dejarse llevar por la melodía y la rima fácil, olvidándose de la intensidad y la profundidad dramática (que la tiene).

Esta canción es muy adictiva, pero esa adicción melódica se ha de utilizar como una forma de dar profundidad dramática, nunca como pretexto de derrochar voz (sin ton ni son) o viciarla de adornos. Antonio Molina tenía esa tendencia al ornato que en algunos temas venía bien (y resultaba agradable para los oídos), pero en otros más intimistas (como este) quitaba verdad dramática. Es mi opinión.

Para el yo poético, despedirse de España, significa despedirse de una entidad cultural, de unas costumbres, de unas rutinas, de un estilo de vida. Por eso, el protagonista dice adiós al país “españoleando”, cantando un género musical (y literario) nuestro, propio, autóctono, que no se puede encontrar en ningún otro sitio: la copla.

En este tipo de poemas de emigrante siempre se evocan elementos de la cultura popular y folclórica hispánica (la copla es uno de ellos), como una forma de homenajear, elogiar y exaltar a la patria. Es nuestro sello de identidad, un símbolo de la nación: Tengo una copla morena, echa de brisa y de sol

Como veis, la copla aparece caracterizada y descrita con elementos que pertenecen al campo semántico de la Naturaleza (el sol y la brisa).

Ya sabéis que en el arte, existen dos opiniones o posturas: por un lado, aquellos que piensan que el arte es un concepto que se aprende (un artista se hace a base de esfuerzo, estudio, disciplina, técnica). Por otro lado, aquellos que piensan que el arte es algo innato, natural, irracional (ni se compra ni se vende, ni se estudia no se aprende).

Lo innato queda asociado a lo genuino, lo natural, lo puro, lo intuitivo, lo original, lo que se extrae del talento de una persona concreta y que es propio de ella (y solo de ella, ya que es algo personal). Cada artista es único. El arte natural suele ser más aplaudido y valorado que el arte académico o empirista (que es más artificial y planificado). Por eso, la copla (que es poesía) queda asociada a lo natural, a lo puro, a lo genuino.

El mar se describe en la copla de manera personificada, ya que se le atribuye una cualidad humana: el adjetivo “sereno”, que se aplica a la persona que no se deja llevar por las emociones y las sabe controlar, lo cual se extrapola a la descripción de las aguas (mar en calma, sin olas, tranquilo) y de ahí a sus connotaciones dramáticas: un mar que permanece impasible, ante la pena del yo poético, sin aspavientos, sin ruidos, sin agitaciones sentimentales…

Eso crea cierto dramatismo en el texto: Cruzando la mar serena con ella te digo adiós. Es una manera de decir que la vida sigue su curso, y el mundo no va a cambiar a pesar del drama personal de tener que abandonar la patria. De ahí la impasibilidad del mar, que no se agita ante el contexto de pena.

 El yo poético proyecta dos actitudes al final de la primera estrofa:

-Por un lado, el dramatismo y el dolor propio de la despedida, ya sea de una manera más intimista y sencilla (Adiós…) o de una forma más hiperbólica (Voy a morirme de pena viviendo tan lejos de ti)

-Por otro lado, el patriotismo, el orgullo de ser español y de haber nacido en España. De ahí el uso del posesivo, produciéndose un proceso de identificación y unión entre el poeta y el país: Adiós MI España. 

La cosificación de la patria (convertirla en un objeto de posesión, gracias a ese MI) dota de intimismo al poema, así como el hecho de vivificarla, de dirigirse a ella como si fuera una persona, gracias al pronombre (cuando esté lejos de TI). 

Hay una tendencia al complemento descriptivo y explicativo con el objetivo de verter elogios en un corto fragmento de texto, ya sea en forma de oración de relativo (la tierra donde nací), de trimembración adjetival (bonita, alegre y preciosa) o de comparación literaria (como una rosa de abril).

En la segunda estrofa se va produciendo la separación física (que no emocional) entre el poeta y la patria. Es como si el yo poético estuviera en un barco y viera cada vez más lejos la tierra española: que lejos te vas quedando, España de mi querer. Como veis, el posesivo mi y el pronombre te vuelven a personificar a la patria y darle trascendencia.

Normalmente, los poemas de corte patriótico como este van acompañados de cierto componente religioso, ya que el yo poético pide a la divinidad que todo salga bien, para así poder regresar algún día: a Dios le pido llorando que pronto te vuelva a ver como una rosa encendida perfuma mi corazón.

El hecho de adelantar el complemento indirecto (A Dios) a primera posición oracional (hipérbaton) dota de intimismo al poema, ya que detectamos esa sinceridad emocional en el yo poético, el cual se va a otro país porque no le queda más remedio, y muy en contra de su voluntad. De hecho, ni siquiera ha llegado a la nueva tierra y ya anhela regresar.  La imagen-comparación de España como una rosa que perfuma al poeta permite seguir manteniendo la unión emocional entre patria y poeta, a pesar de romperse la unión física o espacial.

Al fin y al cabo, lo más importante para que se proyecte el amor a algo o alguien es que haya sentimientos, y ese sentimiento puede existir a pesar de las distancias físicas. El hecho de que dos personas vivan lejos no significa que no se puedan querer. Lo que vale es que exista el afecto, el cual puede hacer frente a cualquier muro o traba física. Seguro que hay gente a la que vemos todos los días y siempre nos la encontremos en todos sitios, a la que no queremos tanto (a pesar de vernos todos los días). Esta es la moraleja que podemos extraer del poema. Lo importante es que haya sentimientos. La cercanía física no importa tanto

En los últimos versos, el yo poético se despide por última vez de España y resume la esencia de la canción: Adiós mi España querida, para ti canto mi canción, y al darte mi despedida, y es beso, y es oración.

Se trata, por tanto, de un homenaje muy sincero, muy poético, sin excesos retóricos, en honor a España y a todos esos españoles que se ven obligados a pasar por el trance del adiós. Los elementos patrióticos y religiosos no aparecen de manera caprichosa (para dar majestuosidad o altisonancia), sino que están al servicio del intimismo del yo.

El polisíndeton (y es beso y es oración) permite concebir esta copla como una fusión muy equilibrada entre lo mejor del piropo patriótico con el recogimiento que conlleva una oración o plegaria. Un género ruidoso por naturaleza (como es el himno, el elogio, lo plañidero) se convierte en un texto intimista y elegante.

La mayoría de los cantantes que hacen este tema se dejan llevar más por la faceta del ruido, el ritmo, la rima, la musicalidad fácil, y se olvidan de hacerlo intimista, cuando el texto te está pidiendo a voces que lo hagas con recogimiento y serenidad. La fidelidad al sentido poético del texto literario es fundamental para que un actor-cantante haga una buena actuación. Muchas veces, los intérpretes se olvidan de lo literario, confiando solo en la técnica y el espíritu melódico, dejando en un segundo plano el mensaje que nos transmiten obras maestras como esta.



martes, 6 de octubre de 2020

Coplas de Luis Candelas: el bandolero que delinquía y rompía corazones a partes iguales

La copla de esta tarde está dedicada a uno de los criminales más famosos del siglo XIX. El tipo nació en el barrio madrileño de Lavapies, en el seno de una familia humilde. De joven, fue un niño conflictivo, todo el día metido en peleas y follones y formando parte de bandas callejeras. Se dice que pegaba a los curas del colegio y pasó noches en el cuartelillo a causa de sus hurtos. Al final, fue ascendiendo en la escala criminal y se convirtió en uno de los bandoleros más famosos de la historia y de la literatura.

Hoy os traigo las famosas Coplas de Luís de Candelas del año 1942. Se han hecho muchas versiones de este pasodoble (Estrellita Castro, Concha Piquer, Carmen Sevilla, Imperio Argentina), y ha sido número musical de películas como Las cosas del querer


ENLACE A LA CANCIÓN:

Decidle al señor alcalde,

decidle al corregidor

que yo por Luis Candelas

me estoy muriendo de amor.

Decidle que es un canalla,

decidle que es un ladrón

y que he dejado que robe

con gusto mi corazón.

Que corra de boca en boca

esta copla que yo canto

como si estuviera loca.

 

Debajo de la capa de Luis Candelas,

mi corazón amante vuela que vuela.

Madrid te está buscando para perderte

y yo te busco sólo para quererte,

que la calle en que vivo está desierta

y de noche y de día mi puerta abierta.

Que estoy en vela, que estoy en vela

para ver si me roba, ¡ay!, Luis Candelas.

 

Anoche una diligencia,

ayer el palacio real,

mañana quizá las joyas

de alguna casa ducal.

Y siempre roba que roba

y yo por él siempre igual,

queriéndole un día mucho

y al día siguiente más.

Y no importa que la gente

mi canción, que va en el viento,

traiga y lleva maldiciente.

........................................................................................

Las fechorías y delitos de Luís Candelas fueron famosos en la España de 1800. Todo el mundo hablaba de este bandolero como si fuera alguien de la familia. Cuando un personaje adquiere tal fama y renombre (aunque sea por hacer cosas malas) la historia y la leyenda se acaban entremezclando, creando un conglomerado muy confuso de noticias, habladurías y rumores populares.

Por eso, la gente tendía a exagerar la figura de este señor, presentándolo como alguien terrible y maléfico (más de lo que era realmente). El propio Luís Candelas se jactaba continuamente de los hurtos que cometía por los pueblos de la provincia, pero a la vez se enorgullecía de cometer esos delitos sin provocar muertes ni derramar sangre.

Luís Candelas atacó, hirió pero jamás mató a nadie. A pesar de esto, la leyenda en torno a este personaje fue engordando (muchas veces, hiperbolizando y falseando la realidad). La gente y las autoridades judiciales ansiaban poder darle caza algún día (Luís Candelas fue uno de los ladrones más perseguidos por la justicia). Por eso, cuando por fin lo detuvieron, fue ejecutado un 7 de noviembre de 1837. Sus últimos delitos fueron a gran escala ya que asaltó el taller de la modista de la reina María Cristina y al embajador de Francia y a su esposa en una diligencia.

Por lo que se ve, el tipo era un hombre bastante apuesto y atractivo, que encandilaba a las mujeres (entre ellas, a la protagonista de la canción). Su complexión fuerte, su piel morena y su elegancia en el vestir (siempre iba con su pañuelito, bien afeitado, con sus dientes limpios y relucientes, su capa negra) lo convertían en objeto de deseo de las chicas jovencitas.

Todas las niñas deseaban ansiadamente ser asaltadas y robadas (metafóricamente hablando) por Luís Candelas. Como veis, el tipo era todo un Don Juan, un dandy (se dedicaba a conquistar a las mujeres para sacarles todo el dinero que podía).

Luís Candelas generaba mucho respeto entre la población, pues salió victorioso de muchos duelos y llegó a formar su propia banda criminal (con personajes de la talla de Francisco Villena, Paco El sastre o Mariano Balseiro), los cuales se reunían en tabernas muy conocidas de Madrid (El Jerónimo Loco, El tío Macano, La Paloma de la calle Preciados…).

La protagonista del poema es una de las tantas muchachas que está locamente enamorada y calada por los huesos del famoso caco. Como veis, se trata de la típica moza de vida aparentemente normal y ordenada que muere por el malote del barrio, del chulo del pueblo. Cada vez que oye hablar de las correrías de Candelas, la mujer arde en deseos y ganas de poder estar con él, pero también muestra cierta preocupación ante el miedo de que sea detenido o le pase algo malo. Como veis, el mundo de los bajos fondos y el hampa constituye un foco de deseo erótico y sensual para algunas chicas, que se sienten atraídas por la figura del chico malo, que se va a hacer sus correrías mientras ella le espera pacientemente.

En la primera estrofa, la protagonista se dirige a las autoridades locales (alcalde, corregidor) y les suplica que sean benevolentes a la hora de juzgar y poner una condena/castigo al bandolero. Para ello, se emplean estructuras en paralelismo con modo imperativo (Decidle al señor alcalde/ Decidle al corregidor…), como forma de pedir clemencia, moderación compasiva en la aplicación de la justicia para Luís. Ella está enamorada del bandolero y sufre por si algún día lo condenan y le pasa algo terrible

Ya os he dicho muchas veces, que los textos de la copla son un reflejo del contexto histórico de la época. Actualmente, la figura del corregidor no existe (está extinta), pero en el siglo XIX era una autoridad importantísima, ya que era designada por el rey (era un funcionario real), con el objetivo de impartir justicia dentro de un territorio más o menos acotado (un pueblo, una comarca, una provincia…). De ahí que la chica suplique al corregidor con tanta insistencia, ya que de él depende muchas cosas del proceso judicial (la condena y el tipo de pena).

La aparición explícita de las marcas pronominales de primera persona y la anteposición del complemento suplemento al verbo principal (hipérbaton: YO, por Luís Candelas, ME estoy muriendo de amor) permite a la muchacha crear un discurso lleno de compasión y afecto, que cale en el corazón de los jueces, los cuales, escuchando las penas de la mujer, sientan penilla de ella y rebajen la condena del bandolero. La chica, adopta una actitud más o menos así: por favor, no sed duros con Candelas, porque si le pasa algo yo me muero. No hacedlo por él, hacedlo por mí, que lo estoy pasando mal

La hipérbole “morir de amor” contribuye a dar lirismo al poema, y a intensificar el componente emocional y subjetivo de la acción dramática. Es una manera de poner por encima las circunstancias personales (el corazón, los sentimientos, la pena de la chica), sobre las connotaciones objetivas, frías y matemáticas que proyecta el concepto de justicia (el delito del bandolero y la pena que debe pagar por ello).

Luis Candelas ha cometido una serie de delitos (objetivamente hablando, ha incumplido unas normas, unas leyes, un código jurídico). En teoría, la justicia debería aplicarse de igual manera para todos, sin excepciones, despegándose de sentimientos, emociones y corazones. La protagonista, está pidiendo que se haga una excepción en el caso y apela a sentimientos y emociones personales (lo quiero mucho, lo estoy pasando muy mal) para intentar convencer a los jueces.

De hecho, el uso de la perífrasis de gerundio (me estoy muriendo) crea como una sensación de angustia prolongada y de sufrimiento en la protagonista, para intentar conmover a las autoridades. Al principio de la copla, la chica actúa como una oradora clásica.

El paralelismo (Decidle que es un canalla / decidle que es un ladrón) dota de sinceridad emocional al yo poético, ya que está reconociendo los delitos que ha cometido su enamorado. Normalmente, una persona enamorada negaría las fechorías y malas acciones de la persona que quiere (para protegerle de una condena). En cambio, la protagonista intenta ser objetiva y reconoce que el tipo es un malote (el léxico se refiere a palabras con connotaciones negativas del mundo de los bajos fondos: canalla, ladrón), y el único motivo que da para que no le condenen es que ella está muy enamorada y se moriría si le pasara algo. Está utilizando argumentos emocionales (en lugar de los racionales), pues ella misma reconoce que su amado es un ladrón.

Si tenemos en cuenta los 6 primeros versos del poema, parece que estamos ante una copla solemne y dramática en la que la dama se lamenta y sufre por la salud de su amado. Sin embargo, a medida que avanza la canción el registro se irá dulcificando incorporando dobles sentidos (humor) y simbología erótica.

Realmente, lo que le pasa a la muchacha es que se siente más atraída por la leyenda que genera este personaje (por sus correrías, fechorías, aventuras, por ser un hombre de la calle, el chulo del barrio), que por su persona. Analizando literariamente la copla, yo creo que se trata de un amor de fantasía, un amor imaginativo (se ha enamorado de oídas, por lo que la gente cuenta y dice de Luís), un amor inalcanzable e idealista (los mitos y leyendas incluyen a personajes que no se materializan de verdad, que parecen de película o de novela). Se crea como una fantasía, un amor mental (se enamora más de la idea y el símbolo que supone el bandolero que del propio bandolero). El amor mental acaba generando deseos eróticos, sensuales, físicos, carnales, pero partiendo siempre de lo idílico, de lo literario, de lo cinematográfico, de lo legendario

Ella no se enamora de la persona, sino del personaje. Es una especie de amor platónico, con fantasías eróticas (una mezcla muy curiosa jajajaja). Es como un amor adolescente cuando las ideas todavía no están muy asentadas y te dejas llevar por lo superficial, por lo llamativo, por lo curioso, por lo rimbombante (las emociones fuertes) y no tanto por el interior espiritual de la persona.

Enamorarse del malote es una moda pasajera de muchas jovencitas. Entonces, yo pienso que hay que analizar la copla desde esa perspectiva. ¿Hay verdad lírica? Por supuesto. El yo poético está enamorado (eso no se puede negar). Lo que pasa es que se ha dejado llevar por lo peliculero, lo legendario (la gente proyecta deseos hacia los personajes de televisión, de cine, los ídolos de masas…y Luís Candela era un héroe en la época).

Los dobles sentidos son constantes en la copla y aportan pinceladas de humor. Por ejemplo, el verbo “robar” se usa con una doble intención: “Que he dejado que robe con gusto mi corazón”.

-Robar, en el sentido de delinquir (quitar a una persona una pertenencia). Era lo que hacía habitualmente Luís Candelas por diferentes pueblos: sisar a la gente.

-Robar en el sentido de apropiarte de una persona, de convertirla en tu amada. Hace alusión al sentimiento amoroso, de las ganas que tiene la protagonista de que Candelas se enamore de ella. Como veis, se crea una imagen metafórica de base física (robar es un verbo de transacción). Por tanto, se trata de un amor muy superficial, muy posesivo

Otro elemento que podemos detectar en la canción es el metateatro, es decir, el hecho de que el yo poético es consciente de estar cantando una copla en directo en un escenario y de formar parte de un espectáculo en tiempo real (que el contenido del tema forma parte de una copla, hay una cantante-actriz y hay un público presente).

Se establece un vínculo entre el mundo ficcional-literario (la mujer enamorada de Luís Candelas) y el mundo real (hay una cantante en un escenario contando una historia de un bandolero a un público asistente que ha pagado una entrada). Esto genera empatía en el auditorio (el cual se siente identificado al hacer alusión al acto de representación), y enfatiza aspectos del mundo literario: Que corra de boca en boca esta copla que yo canto como si estuviera loca

El poema no es más que un mecanismo para difundir y dar a conocer las hazañas de este bandolero (seguramente, muchos de vosotros, gracias a la copla de hoy, hayáis conocido por primera vez a este personaje). Tened en cuenta que las fechorías de Luis eran temas de conversación diaria entre la gente, y había muchas chicas jóvenes enamoradas hasta las trancas del bandolero. Cuando alguien es famoso protagoniza películas, obras de teatro o canciones (como es el caso). El contenido conocido atrae al receptor, y por tanto, ese consumo genera unos beneficios.

El estribillo posee una intención jocosa, pícara y erótica: Debajo de la capa de Luís Candelas…. Está claro que este versito genera muchas fantasías físicas y carnales. ¿Qué habrá debajo de la capa? (por pudor y por la censura, no se dan más detalles, pero la imaginación del lector es libre, y la mayoría de vosotros estáis pensando cosas carnales  jejjeje

Coplas como estas resultan muy modernas y transgresoras para la época (teniendo en cuenta que estamos en los años 40). La vivificación del corazón es un recurso típico de la poesía de cancionero y la poesía provenzal (mi corazón amante vuela que vuela) con el objetivo de prolongar el sentimiento amoroso y humanizarlo. Al fin y al cabo, enamorarse es algo universal que le sucede a toda la gente tarde o temprano.

Mediante la metonimia “Madrid te está buscando para prenderte” se refleja la fama y la leyenda que tenía Luís Candelas, ya que era uno de los criminales más buscados de la época. Es una metonimia, ya que los que llevan a cabo la acción de perseguir al criminal no es la ciudad, sino las autoridades judiciales de esa ciudad.

Gracias al paralelismo se establece una oposición entre la colectividad (todo el mundo odia a Luís Candelas, por ladrón, por villano, por hacer cosas malas, por delinquir) y la individualidad (la protagonista va contra corriente y ella quiere al bandolero y lo admira): Madrid te está buscando para prenderte y yo te busco solo para quererte.

El poliptoton (el verbo buscar se manifiesta en la forma de gerundio “buscando” y la forma de presente “busco”) también contribuye a ese contraste. Para unos, Luís Candelas causa odio, rechazo y rencor, y para otros, genera pasiones y admiraciones. Esto es típico de aquellos personajes que no dejan indiferente a nadie. O los amas o los odias.

La simbología erótica-sensual sigue presente en la segunda parte del estribillo. La metáfora del amor como una edificación con puerta es bastante recurrente en la copla (junto a la del amor como llama de fuego, que bebe más de la mística). Cuando un amante tiene su corazón ocupado (quiere a una persona y ha formado una pareja), suele decirse que la puerta está cerrada (no quiere conocer a nadie más porque ya está enamorada), mientras que si una persona todavía no ha encontrado a nadie, se dice que tiene la puerta abierta (está dispuesto a conocer a gente).

En la copla, la protagonista afirma tener la puerta de su casa abierta, con muchas ganas de que Luís Candelas entre a formar parte de su corazón. Además, esta metáfora permite el doble juego con el oficio de ladrón del personaje, dando la pincelada erótica: Que la calle en que vivo está desierta y de noche y de día mi puerta abierta. Estoy en vela para ver si me roba Luís Candelas

Como veis, la protagonista se ha encaprichado de Luís Candelas y parece que no haya más hombres de los que enamorarse (la imagen de la calle vacía ayuda a eso). Esto es típico de los amores adolescentes, cuando los chavales se empeñan en una persona y parece que no existe nadie más y que el mundo se para.

La antítesis “noche y día” antepuesta al sujeto permite dar énfasis al enamoramiento casi obsesivo (e incluso fetichista) de la protagonista. El yo poético adquiere unos toques muy infantiles y añiñados, pues da la impresión de que sus deseos tienen que ser satisfechos aquí y ahora, de manera inmediata.

La locución estar en vela ayuda a crear una preocupación, una incertidumbre en la chica (igual que les pasa a los niños, cuando les dices que una cosa no puede ser y tienen que esperar un tiempo hasta cumplir un deseo). Los niños, hasta que no satisfacen sus necesidades no se quedan tranquilos. A la protagonista le pasa lo mismo: a ella le encantaría que Luís cayera a sus pies, y el hecho de saber si esto sucederá o no sucederá le crea una impaciencia, hasta el punto de afectarle en su vida diaria. Estar en vela significa pasar la noche despierto, cosa que suele pasar cuando alguna preocupación te ronda por la cabeza

En la segunda estrofa la protagonista hace alusión a los diferentes robos que comete Luís Candelas: Anoche una diligencia, ayer el palacio real, mañana quizá las joyas de alguna casa ducal.

Las antítesis temporales de “anoche”, “ayer” y “hoy” caricaturizan y eternizan la figura de Luís Candelas, convierten la persona en personaje y en mito, (ya os dije que la gente tendía a novelizar su vida, a hiperbolizarla y a dar trascendencia a sus fechorías). Parece que este señor toda su vida ha sido un bandolero y a todas horas está haciendo cosas malas, sin descanso (como si fuera el protagonista de un Western o de una novela de caballería, con una vida llena de aventuras).

Como veis, se trata de robos a gran escala que afectan a estamentos sociales elevados (duques, embajadores, reyes). Se produce una elipsis (omisión) del verbo “robar”. Todo el mundo sabe a estas alturas del tema que Luís Candelas es un ladrón, así que no hace faltar utilizar el verbo “robar”, convirtiendo al personaje en alguien “de la familia”.

La protagonista, a pesar de los delitos cometidos, sigue mostrándose enamorada del bandolero, recurriendo a un tópico amoroso como es el “hoy te quiero más que ayer pero menos mañana”. Este suele utilizarse en contextos de amor cortés, con cierto toque dulzón y empalagoso, ya que se trata de una frase facilona y recurrente: Y siempre roba que roba y yo por él siempre igual, queriéndole un día mucho y al día siguiente más.

Las recurrencias de “siempre” y “día” enfatizan el capricho y antojo que proyecta el yo poético hacia personaje masculino.

La expresión “roba que roba” da un carácter reiterativo y cotidiano a las fechorías del personaje, como si estar fuera de la ley fuera algo normal y cotidiano.

La segunda estrofa, se remata de nuevo con un fragmento metateatral, tal como ocurría al final de la primera estrofa, en la que el yo poético es consciente de formar parte de un espectáculo/canción: Y no importa que la gente mi canción que va en el viento traiga y lleva maldiciente.

Como veis, hay un anacoluto, pues se produce un cambio repentino en la construcción sintáctica que produce cierta inconsistencia y agramaticalidad: *que la gente mi canción. Gramaticalmente, la oración de “la gente” queda incompleta, sin verbo y sin complementos.

De todas formas, semánticamente, el complemento “traiga y lleve maldiciente” podría referirse tanto a la “canción”, como a la “gente” (y entonces, hablaríamos de un zeugma en lugar de anacoluto): la gente, desde la maldad, y gracias a sus chismes y diretes, falsean la realidad, exageran los delitos de Candelas; y el yo poético, con su canción, está contribuyendo a dar una mala imagen del bandolero (al fin y al cabo, está diciendo que es un ladrón, que roba, y el público se lleva una imagen negativa del personaje).

La estructura sintáctica se ha alterado con un fin literario:

-Por un lado, para potenciar el fondo del poema (enfatizar el rechazo que genera este tipo de personajes en la gente de la calle, en contraposición a la protagonista que no le importa lo que piensen los demás)

-Por otro lado, para potenciar la forma (para dar musicalidad y adaptarse al ritmo del pasodoble).

Las estrofas están formadas por la unión de dos coplas y un terceto. Las coplas son cuatro versos octosílabos con rima consonante en los versos pares, mientras que los impares quedan libres. El terceto es una estrofa de 3 versos. En este caso, el primer verso rima con el tercero, mientras que el segundo queda libre.

El estribillo está formado por 4 pareados dodecasílabos.