domingo, 25 de febrero de 2024

Algo se me fue contigo (Rocío Jurado): el vacío tras la muerte de una madre

Damos un salto atrás en el tiempo hasta el año 1980. El compositor jerezano Manuel Alejandro escribió una de las canciones más tristes y emotivas del repertorio de Rocío Jurado. Tras la muerte de su madre, la chipionera se veía incapaz de cantar este tema en directo, ya que los sentimientos de pena y nostalgia por la pérdida de su progenitora estaban a flor de piel. Hoy analizamos Algo se me fue contigo



Algo se me fue contigoMadreAlgo se me fue prendidoMadreEn las alas de tu almaMadreO en tu último suspiroMadreEsa eterna madrugadaMadreAlgo se me fue contigoMadre.

Algo se me fue contigoMadreAlgo siento que me faltaMadreLas raíces de mi vidaMadreEn tu vientre se quedaronMadreEn la tierra que tú abonasMadreAlgo mío te acompañaMadre.Algo se me fue contigoMadreLas raíces de mi vida y de mi sangre.Algo se me fue contigoMadreLas raíces de mi vida y de mi sangreMadre

Algo se me fue contigoMadreAlgo siento que me faltaMadreLas raíces de mi vidaMadreEn tu vientre se quedaronMadreEn la tierra que tu abonasMadreAlgo mío te acompañaMadreAlgo se me fue contigoMadreLas raíces de mi vida y de mi sangre.Algo se me fue contigoMadreLas raices de mi vida y de mi sangre.MadreMadre

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Este poema hay que interpretarlo desde la óptica de la elegía. ¿Recordáis lo que es una elegía? Una elegía es un tipo de composición poética que se escribe a raíz de la muerte de un ser querido. A lo largo de la historia de la literatura se han escrito muchísimas elegías: las Coplas de Jorge Manrique, el Llanto por el torero Ignacio Sánchez Mejías de Lorca, la Elegía a Ramón Sijé de Miguel Hernández o la Elegía por la muerte de un perro de Unamuno son solo algunos ejemplos. 

Hace unos años, en este mismo blog analizamos una canción de este tipo: Ay, mi perro de la Niña de Antequera…

En Algo se me fue contigo, el yo poético expresa tristeza, dolor y pena por la muerte de su madre. Este tipo de “coplas baladizadas” son bastante efectistas y agradecidas para interpretar de cara al gran público, ya que la gente se identifica inmediatamente con la gravedad de la situación dramática (pérdida de la figura maternal), y es fácil conmover y emocionar en un contexto realista a la vez que inevitable, por el que muchísima gente ha pasado o va a tener que pasar. 

La catarsis se crea de una manera natural y espontánea en el propio texto. Los recursos vocales y escénicos del cantante contribuyen también pero no influyen tanto. Una composición de este tipo hay que cantarla desde la perspectiva del intimismo y el recogimiento. No hace falta gritar, ni adornar la voz, ni teatralizar, ni gestualizar, ni usar artificios escénicos. El texto y la melodía ya son lo suficientemente poderosos y solemnes. El único requisito es dejarse llevar y sentir. Los posibles aliños no importan tanto, aunque en el caso de Rocío Jurado eran también geniales. 

Lo que está claro es que el receptor suele empatizar con el yo poético más fácilmente en este tipo de coplas elegíacas. Nos ponemos en su lugar, y la posibilidad de que a nosotros nos pase lo mismo, nos hace soltar la lágrima, ya que todos tenemos una madre a la que queremos mucho y surge el miedo a perderla y quedarnos solos. 

Como veis, este poema juega con sentimientos y vinculaciones personales que son universales, auténticas, naturales e inherentes de la condición humana.  

Ahora vamos a conocer cuáles son las claves literarias y dramáticas que permiten orientar correctamente el análisis de este poema

-En primer lugar, nos encontramos un yo poético roto, dolorido, triste, apenado, perturbado por la muerte de su progenitora. Esta perturbación se manifiesta  mediante recursos de repetición, ya sea la anáfora (Algo se me fue contigo/ Algo se me fue prendido/ Algo siento que me falta) o la recurrencia (reduplicación) del vocativo al final de cada verso: Algo se me fue contigo…madre, algo siento que me falta…madre, en la tierra que tú abonas…madre, esa eterna madrugada…madre, algo mío te acompaña…madre, las raíces de mi vida…madre.

Es evidente que el yo poético lo está pasando mal. La muerte de la madre ha constituido un episodio tan traumático y tan terrible en su vida que ocupa todo el centro de atención en la composición. Se trata de un asunto trascendental en la existencia de todos los seres humanos. 

Anímicamente, la protagonista no tiene fuerzas para dirigir sus pensamientos hacia otra cosa que no sea la madre. Cuando hay algo que nos preocupa (ya sea material o espiritual, como es el caso, ya que la falta de la presencia materna produce dolor) se puede acabar convirtiendo en desesperación y obsesión. 

Las repeticiones de palabras (madre, algo) son fruto de esa perturbación anímica. Esto evoca al primer Romanticismo, al Romanticismo más exaltado de finales del XVIII y primeras décadas del siglo XIX, donde el yo poético se recrea todo el rato en el dolor hasta alcanzar un tono de desesperación y altisonancia. 

El hecho de repetir tanto el vocativo (madre) puede ser una manera también de homenajearla y darle la despedida que se merece.

-En segundo lugar, el receptor es testigo de un proceso místico a la inversa. Me explico: normalmente, la mística implica pasar de un estado de soledad del alma (vía de la oscuridad) a  un estado de fusión con la otredad (vía unitiva). En esta ocasión, el alma vive el camino opuesto, pasando de la unión con la madre a la soledad más absoluta, hecho que causa desolación anímica. 

Por una serie de circunstancias incontrolables e ineludibles (la muerte es algo que forma parte de la vida y el ser humano no puede hacer nada por evitarla), el yo poético ha tenido que separarse de su madre de una manera abrupta, impuesta y obligatoria

Cuando la pérdida se produce en contra de la voluntad del individuo resulta mucho más dolorosa. Al yo poético le han arrebatado algo que amaba y que es importante y trascendental en su vida. La falta de su madre le va a marcar para siempre, le va a dejar huella, como si fuera un tatuaje. De ahí la presencia de verbos que implican separación, desunión, pérdida, lejanía entre dos almas: se me FUE, que me FALTA, fue PRENDIDO. La separación provoca desencanto, dolor, sentimiento de vacío y angustia existencial, muy del gusto Barroco.

También encontramos palabras con connotaciones fúnebres que hacen referencia al final de la vida (último suspiro) o al momento de la agonía, cuando se está entre la vida y la muerte (eterna madrugada)

Los momentos anteriores al óbito suelen ser los más duros: ves a tu ser querido sufrir, y por tanto, quieres que descanse en paz lo antes posible; pero por otro lado, no quieres perderlo. Por eso, durante la agonía, el tiempo parece que se para, dando la sensación de que todo se hace más lento. 

Otras imágenes hacen referencia al fenómeno de la ascensión del alma (las alas de tu alma), siguiendo las líneas del pensamiento teológico-católico: tras la muerte, se produce la separación del cuerpo y del alma. El alma asciende al cielo para unirse a Dios.

La muerte de la madre implica el final de una etapa o ciclo en la vida del yo poético. A partir de ahora, la protagonista tiene que aprender a vivir sin su madre. 

Cuando estudiábamos Historia Universal en el colegio, siempre tendíamos a dividirla en varias etapas (Prehistoria, Edad Antigua, Edad Media, Edad Moderna, Edad Contemporánea). Había una serie de hechos trascendentales e importantísimos que marcaban la transición entre una etapa y otra (la Revolución Francesa, el descubrimiento de América, la caída del Imperio Romano de Occidente…). Esto lo podríamos aplicar a un nivel personal: todos nosotros tenemos nuestra historia particular y hay cosas que nos marcan. Esa “eterna madrugada” supone para el yo poético el final de una etapa (felicidad con su madre) y el comienzo de la otra (dolor por la pérdida).

-En tercer lugar, la experiencia de la pérdida de la madre es tan traumática para la voz lírica que resulta difícil explicar con palabras cómo se siente. Es lo mismo que pasa en la unión mística pero al revés. En la fusión mística, el placer, la felicidad y el éxtasis por la vinculación con Dios son tan grandes que resulta complejo materializarlo en vocablos. Aquí sucede lo contrario: el dolor, la pena y el horror son tan grandes que resulta complicado concretarlo con expresiones léxicas. 

De ahí la aparición del pronombre indefinido (ALGO se me fue, ALGO siento que me falta). El yo poético se ve incapaz de explicar lo que siente debido al vacío que tiene en ese momento. Se trata de un sentimiento inefable.

-En cuarto lugar, destacamos la presencia de marcas que hacen referencia a las dos partes de la relación materno-filial: por un lado, el yo poético (hija), que se materializa con los pronombres personales (se ME fue, ME falta), los verbos en primera persona (siento, falta) y el posesivo (algo MÍO, las raíces de MI vida y de MI sangre); por otro lado, la progenitora, que se materializa en el vocativo (madre), el pronombre personal (CONTIGO, TÚ abonas, TE acompaña), los verbos en segunda persona (abonaS) y el posesivo (TU alma, TU último suspiro, TU vientre). Estas marcas cohesionan la composición, ya que son los dos personajes principales.

-En quinto lugar, el amor entre la madre y la hija se refleja  mediante una alegoría extraída del mundo vegetal y agrario: Las raíces de mi vida […] en tu vientre se quedaron […]. En la tierra que tú abonas, […], algo mío te acompaña

El hecho de tener hijos, crear descendencia (aspecto que se manifiesta en las metáforas del abono de la tierra y del árbol que echa raíces) es una manera de dejar huella en el mundo, de prolongar tu existencia mediante el recuerdo de tus seres queridos. Aunque la madre haya muerto terrenalmente, la hija siempre la tendrá en la memoria y la seguirá queriendo. El amor no se termina. Esta concepción de la muerte en vida sigue la línea manriqueña: mientras estés en la memoria de alguien nunca habrás muerto. Abonar la tierra (tener hijos, echar raíces) es una manera de no pasar al olvido. La presencia de la hija, implica no solo que existe la hija, sino también la madre (aunque sea en el recuerdo). Es una manera de buscar el consuelo en una situación de desesperación.

El amor entre la madre y la hija nunca se apagará. De hecho, los elementos de la alegoría aparecen fusionados, manteniendo una relación de dependencia, de tal forma que no puede existir uno sin el otro: el abono (hija) existe porque antes existe la tierra (madre), las raíces nuevas (hija) existen porque antes ha habido un árbol que ha crecido (vientre). La reciprocidad y la compenetración son absolutas.

-Y por último comentamos la métrica. Si obviamos los vocativos finales (madre), vemos que todos los versos son octosílabos. Se producen varias rimas asonantes a lo largo de la composición:

-Rima en –ío (contigo, prendido, suspiro)

-Rima en –aa (alma, madrugada, falta, acompaña)

-Versos libres, que no riman (sangre, abonas, quedaron, vida).




viernes, 9 de febrero de 2024

Tómame o déjame (Mocedades): infidelidad, engaño y fingimiento. ¿Aclarar el sentimiento para evitar el sufrimiento?

Aprovechando que la duodécima edición de Operación Triunfo está a punto de terminar, ¿Qué os parece si analizamos la canción más escuchada de la temporada? La actuación fue protagonizada por Naiara en la gala 3 del concurso. El tema original pertenece a Mocedades. Data de 1974 y fue compuesto por Juan Carlos Calderón. Como no podía ser de otra forma, hoy comentamos la letra de Tómame o déjame.



Tómame o déjamePero no me pidas que te crea másCuando llegas tarde a casaNo tienes porque inventarPues tu ropa huele a leña de otro hogar
Tómame o déjameSi no estoy despierta, déjame soñarNo me beses en la frenteSabes que te oí llegarY tu beso sabe a culpabilidad
Tú me admiras porque callo y miro al cieloPorque no me ves llorarY te sientes cada día más pequeñoY esquivas mi mirada en tu mirar
Tómame o déjameNi te espío ni te quito libertadPero si dejas el nidoSi me vas a abandonarHázlo antes de que empiece a clarear
Tú me admiras porque callo y miro al cieloPorque no me ves llorarY te sientes cada día más pequeñoY esquivas mi mirada en tu mirar
Tómame o déjameY si vuelves trae contigo la verdadTrae erguida la miradaTrae contigo mi rivalSi es mejor que yo, podré entonces llorar

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Ya en el título observamos cómo el yo poético propone al amado una elección entre dos opciones a la hora de plantear la relación amorosa, mediante la conjunción disyuntiva: tómame O déjame. 

En esta dicotomía, no hay lugar para las medias tintas en el terreno amoroso. La protagonista propone a su pareja dos situaciones antiéticas sobre su situación sentimental (tomar/dejar). Se trata de dos estados extremistas/radicales/antagónicos: o me quieres todo y siempre, o no me quieres nada y nunca. La voz lírica pide implicación máxima al novio en la relación. Si esta no existe, prefiere dar por finalizado el idilio. 

La concepción amorosa de la protagonista es reduccionista o simplista. Solo hay dos opciones posibles con tu pareja: O se quiere, o no se quiere. Si estás con alguien, hay que entregarse cien por cien con esa persona. Si no, mejor que cada uno vaya por su lado. La respuesta al amor ha de ser total (sí quiero, no quiero). En la mentalidad de la protagonista no existe gradación (te quiero algo/mucho/poco....). O hay amor o no lo hay. 

El yo poético siente la necesidad de resolver la duda. El uso del imperativo (toma/deja) refleja el ansia por dar una solución al conflicto. Ella se dirige al amado y lo pone en la encrucijada de elegir. El fin de todo esto es aclarar su situación anímica y sentimental con la mayor rapidez posible para no sufrir. La similicadencia del pronombre reflexivo en primera persona (tómaME o déjaME) intensifica el carácter íntimo de la problemática. Es un tema que afecta a la protagonista. 

En la primera estrofa asistimos a una escena cotidiana de un matrimonio en crisis. El hombre es infiel a la mujer, y todas las noches regresa a casa después de pasar el día con su querida. A diario se repite el mismo ritual: él llega tarde, ella sospecha (ya que no es tonta e intuye que algo pasa), él se inventa una mentira para aparentar normalidad. En definitiva, se trata de una relación amorosa basada en el engaño y el teatro. No hay sinceridad. 

La protagonista habla en primera persona exigiendo al amado mediante la negación del subjuntivo que ponga fin a esa farsa (pero no me pidas que te crea más...). Ella está harta de vivir engañada. Ha dicho basta. Se ha cansado. Quiere aclarar las cosas cuanto antes y ponerle solución, sea para bien (tomar) o para mal (dejar). 

La oración subordinada temporal con presente habitual (cuando llegas tarde a casa...) marca una acción que se reitera una y otra vez, y de manera continuada, en la vida diaria de la pareja. Forma parte de la normalidad. Contribuye al "Infierno" de esta mujer. 

El verbo de creatividad (no tienes por qué INVENTAR...) posee connotaciones moralmente negativas, ya que el marido moldea artificialmente historias que no se corresponden con la realidad, y solo sirven para ocultar algo tan tremendo como es una infidelidad. Es decir, utiliza la mentira, la manipulación, la deformación y el enredo para crear un mundo a su gusto, que le permita a él llevar la doble vida y a ella no sentirse dolida. 

Un concepto polémico y doloroso (traicionar a tu pareja, serle infiel, ponerle los cuernos...) se expresa de manera eufemística con una metáfora (tu ropa huele a leña de otro hogar). ¿Habéis visto una manera más sutil, sensorial y poética de narrar unos cuernos que en Tómame o déjame? Yo no. Función estética del lenguaje lo llaman. 

La leña está vinculada al fuego, que es el calor, la pasión amorosa (recordad la poesía mística). El hogar simboliza el espacio íntimo de cada uno, ese lugar donde podemos ser nosotros mismos y expresar lo que somos y lo que queremos sin miedo a la sociedad. Es en nuestra casa donde nos comportamientos como realmente somos, sin tapujos, sin vergüenzas. Damos rienda suelta a nuestra esencialidad. 

El personaje masculino ha encontrado el amor definitivo y la plenitud en casa de la querida. Sus deseos son los que son (ese "otro hogar"). Su relación con la protagonista no es más que teatro y fingimiento. No le nutre, no le apasiona, no le satisface. Por miedo a hacer daño, lleva una doble vida.

Mediante el adverbio de negación, el yo poético insta al amado a plantearse el fin de la relación (NO tienes por qué inventar...). No tiene sentido estar con una persona a la que no quieres. Es absurdo hacer esfuerzos por sentir cosas que no sientes realmente. Al final, el hombre también se quema con esto, ya que no es plato de buen gusto inventar todos los días una mentira, buscar que la esposa se la crea y para más inri, coordinar dos relaciones. 

A la protagonista lo que más le fastidia no es la infidelidad, sino la mentira, el ardid, el hecho de que el marido "juegue" con ella y crea que no se entera. No soporta que la traten como una tonta o ignorante que no sabe de la misa la mitad. No es ninguna "pobrecilla". Si hay algo que detesta es la falsedad y la hipocresía. No es coherente que una persona te sea infiel (acto inmoral y ofensivo que destruye el amor) y luego muestre preocupación por ti y te dé besitos, tal como se expresa en las exhortaciones en modo subjuntivo (no me beses en la frente) y la condicional (si no estoy despierta, déjame soñar).

Como veis, la protagonista es tajante. Busca romper la armonía y la sensualidad de las escenas afectivas y entrañables (el contacto físico, el contacto verbal...). Los actos de amor hay que hacerlos si de verdad se sienten (sinceridad). No se hacen para aliviar remordimientos o atenuar problemas de moralidad. No es honesto ni decoroso estar con otra mujer, y luego andar con falsos elogios, besos y abracitos. 

Mediante la segunda persona de plural, la protagonista realza su valor cognitivo y su dignidad como ser humano: SabeS que te oí llegar.... Ella no es tonta. Sabe la verdad. No necesita excusas, carantoñas y mentiras que edulcoren y maquillen la realidad. Ya sea por intuición o racionalidad, conoce el contexto (el marido está con otra mujer). La sinestesia también contribuye a ensalzar las capacidades de la mujer y también rebaja moralmente al hombre (tu beso sabe a culpabilidad). Al final, ella queda como mujer lista, inteligente e intuitiva (superioridad), y él como un ser despreciable (inferioridad). 

En el estribillo, el tono introspectivo predomina sobre el narrativo. En lugar de contar escenas diarias, el yo poético describe emociones y pensamientos cotidianos de ambos personajes. Toda acción genera una reacción emocional. Tan importante son los hechos (lo que los amados hacen) como los sentimientos (lo que los amados sienten después de esos hechos). 

El amado piensa que lo está haciendo bien, ya que cree que la protagonista no se da cuenta. Su análisis se basa en percepciones superficiales erróneas: tú me admiras porque callo y miro al cielo porque no me ves llorar. Como el yo poético no manifiesta externamente su dolor, el esposo cree que no pasa nada. 

Durante esos versos, el léxico se vuelve sensorial: 

-Sentido del oído (porque callo...). La protagonista no dice nada. No comparte sus inquietudes con el marido, no le hace partícipe de su dolor. A raíz de este silencio, él llega a la conclusión de que ella no sabe nada. 

-Sentido de la vista (miro al cielo, no me ves llorar). La protagonista evita ver de frente la dura realidad, hace como que no pasa nada, aparta la vista del foco problemático. En definitiva, delante del amado se hace la tonta (que no es lo mismo que ser tonta). La pena la lleva por dentro. Evita escena llamativas y rimbombantes delante de su pareja, y este cree que se ha tragado las mentiras. 

Esta discreción/mesura/moderación/prudencia de la protagonista, se convierte en un arma arrojadiza. Su secretismo (no hacer ruido, que él no note que ella sufre, hacerse la tonta, que él no se dé cuenta de que ella lo sabe...) en lugar de hacerle la vida más fácil al marido, lo que hace es complicársela. Os explico por qué. El hombre, a pesar de sus actos, es una persona con consciencia, con sentido ético. Él mismo analiza su conducta y se da cuenta de que lo que no está bien. Los remordimientos le impiden disfrutar la plenitud. No es feliz del todo, ya que está actuando mal, engañando a una persona y haciéndole daño

El polisíndeton enfatiza la carga y el lastre moral que le supone vivir en esa mentira: y te sientes cada día más pequeño, y esquivas mi mirada en tu mirar

El precio es muy alto. Ha ganado un amor, pero ha perdido la dignidad, la clase, el señorío, el pundonor y la integridad como persona. No está orgulloso de su manera de actuar. 

El amado se sitúa en un escalón de inferioridad gracias a la sinestesia (te sientes [...] más pequeño) y la incapacidad de interactuar con la amada a un nivel de igualdad (esquivas mi mirada en tu mirar). La derivación (mirada-mirar) crea una sensación de desequilibrio, distancia, inestabilidad. El amado cree que no está a la altura moral de ella. Se avergüenza de su propia imagen. Cuando nos portamos mal con alguien somos incapaces de mirarle a la cara. Ese es su verdadero castigo. 

El receptor empatiza con la parte femenina, ya que esta adopta una actitud equilibrada y templada. En ningún momento la vemos desbordada o alterada por los celos. Habla con cabeza y corazón. No grita, no ataca, no insulta. Muchos personajes femeninos en la canción española se vuelven locas, pierden la compostura, se expresan desde la desmedida y el rencor. Si sospechan que sus amados le son infieles, se vuelven paranoicas, no dejan que entren y salgan o se relacionen con otras mujeres. Revisan la ropa en busca de pelos femeninos. Controlan los horarios y llaman para ver si su marido ha estado en X sitio y no le ha engañado. 

La protagonista de este tema no se incluye en ese grupo de mujeres histéricas, tal como se refleja en la oración coordinada negativa: ni te espío ni te quito libertad. 

La protagonista en ningún momento reprocha al amado su conducta ni le pide explicaciones. Lo único que exige es que aclare sus sentimientos y diga la verdad para poner fin al calvario, al sufrimiento. En esa relación no se dan los requisitos y condiciones necesarios para que haya plenitud. Por eso, la mujer le pide a su pareja hacer una reflexión, analizar la situación que están viviendo y poner una solución al conflicto

En coherencia con el título de la canción, solo hay dos soluciones posibles:

-Tómame: sigamos adelante, pero tienes que entregarte al 100% y solo conmigo

-Déjame: si no puedes entregarte al 100% conmigo, mejor que nos separemos. 

Mediante las oraciones condicionales, el yo poético plantea los dos supuestos/caminos/desenlaces: uno, que es negativo y desafortunado (si dejas el nido...); y otro, que es positivo y feliz (si vuelves...)

En caso de que el amado decida poner fin a la relación, el yo poético pide que sea rápido: hazlo antes de que empiece a clarear. El amanecer representa el final de la oscuridad, que es metáfora del sufrimiento. No se puede mantener esta situación tan dolorosa ni un minuto más. La noche es un fenómeno natural finito. Tiene una duración determinada y se acaba. Lo mismo que el amor. Con el amanecer llega la luz y la esperanza de algo mejor. 

A pesar de la entereza que muestra la protagonista a lo largo del texto, no es una experiencia agradable que una relación se acabe. El concepto de final se expresa con un circumloquio metafórico (si dejas el nido) y una cosificación (si me vas a abandonar). Estos dos recursos expresan afectación y perturbación de la amada. El hecho de reiterar doblemente la idea de terminación (nido y abandono) es síntoma de inquietud, preocupación e incertidumbre. Nos da la sensación de que el yo poético tiene un nudo en la garganta. Le cuesta asimilar ese final. Hay dolor acumulado. Esas dos oraciones condicionales crean un efecto retardador: quiere retrasar lo máximo posible el momento. 

En caso de que el amado decida seguir con la relación, el yo poético exige sinceridad, dignidad y una entrega total: y si vuelves trae contigo la verdad, trae erguida la mirada. 

La protagonista no quiere fingimientos, farsas o mentiras. El amor tiene que ser puro. Hay que sentirlo realmente. Debe ser verdadero. La realidad ha de construirse de forma coherente a los sentimientos. La personificación del concepto abstracto (trae contigo la verdad) da trascendencia a la importancia de ser claros y transparentes en nuestra manera de hacer y pensar, para no hacer daño a los demás. 

La reciprocidad visual entre los personajes (trae erguida la mirada...) implica la recuperación moral del amado. Si actúa desde la verdad y la honestidad, no hace falta llegar al extremo de crear una doble vida, y por ende, recurrir a la mentira y al engaño. La protagonista quiere vivir con una persona de valores y principios morales, que no se sienta avergonzado de sus actos (pundonor)

¿Cuál es el resultado? En este contexto, los amantes estarían en condiciones de quererse y ser felices. Por tanto, los dos se encuentran a un mismo nivel categórico. No hay uno mejor que otro. 

Los últimos versos reflejan la autoestima, fuerza y amor propio de la protagonista. No es la típica mujer sumisa y pobrecilla de la que compadecerse. No es una víctima. A pesar de ser cornuda, ella misma se siente orgullosa de lo que es. Puede ir con la cabeza bien alta. En ningún momento la vemos llorando, lamentándose o rebajándose. No se tira piedras contra su propio tejado. De hecho, se permite el lujo de compararse a la querida y en este duelo salir victoriosa: trae contigo a mi rival. Si es mejor que yo, entonces podré llorar.

Muchas mujeres que sufren una infidelidad se culpan y se denostan a sí mismas: la otra es más delgada, guapa, culta, joven e inteligente, yo no valgo la pena y es normal que me hayan dejado. La protagonista no se humilla de esta manera. Cree firmemente que la querida jamás tendrá la misma clase categoría y dignidad que la esposa. Ella vale mucho más como persona y como mujer. De ahí el comparativo de superioridad (mejor que yo). 

No le produce ningún tipo de miedo, dolor, rechazo o asco pensar en la querida o ponerse cara a cara con ella. De hecho le pide al amado que se la traiga para dejarla en evidencia en esta comparación. El yo poético demuestra que no hace falta enfangarse o rebajarse al mismo nivel que la otra para salir victoriosa. Que esta persona no tenga poder para parar, modificar o deprimir tu alma, convertirse en protagonista o sacar lo peor de ti, es el mejor ataque posible. 

La anáfora (trae la verdad/trae la mirada/trae a mi rival...) crea una sensación de fortaleza y seguridad. El yo poético no se viene abajo ante la adversidad, no se achanta por la situación, lucha por su honor de mujer. 

Métricamente, el poema alterna versos de arte mayor (tu me miras porque callo y miro al cielo) y menor (no me beses en la frente). Si eliminamos el encabezamiento del título, las estrofas poseen cuatro versos con rima asonante entre el primero y el tercero (más-inventar, soñar-llegar, verdad-rival) mientras que el segundo y el cuarto van por libre (casa-hogar, frente-culpabilidad, mirada-llorar). Solo en el estribillo se produce la rima de los impares (cielo-pequeño) e pares (llorar-mirar)


lunes, 29 de enero de 2024

Una historia de novela (Lubricán): un análisis tras el fin del amor

Saltamos al género de las sevillanas y lo hacemos con un tema de Lubricán del año 2006, dentro del disco Rincones de sentimiento. Nos habla de los efectos, consecuencias, reacciones y filosofía de vida del yo poético tras el fin del amor. Hoy analizamos Una historia de novela.



Si te quiero si te odio me preguntas

Y nada siento x tiQue han pasado muchas cosas(en mi vida)Desde que yo te perdi
Tus recuerdos son de humoLuminaria que hace tiempo se apagoY aora le pides a uno(que te ofrezca)Lo que quise darte yo
A los jueces me llevaron callanditoY nada les respondiComo iba a contarles(tantas cosas)Lo que/como yo sabia de ti
Una historia como tantas que se rompenEs lo k me digo yoDonde nadie tiene culpa(enteramente)Y todos culpables son.
De lo nuestro solo quedaCuatro fotos, cinco cartasY una historia de novela
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El poema hace referencia a un contexto de desamor. Cuando una relación se acaba, es normal hacer balance de la situación y analizar qué es lo que hemos ganado después de haber estado X tiempo con X persona: ¿Qué nos ha aportado este idilio? ¿Qué es lo que nos queda? ¿Nos ha dejado en verdad alguna huella? Estas son las preguntas que se hace la voz poética y responde en el estribillo: De lo nuestro, solo queda, cuatro fotos, cinco cartas y una historia de novela

Mediante el posesivo de primera persona del plural y el artículo neutro (lo nuestro) el yo poético concibe el amor como un vínculo exclusivo de dos entes, de dos seres, de dos personas. Como decía Luz Casal en una de sus canciones, “importa solo a dos”. La relación amorosa es un tema que afecta/incumbe únicamente al yo poético y a su compañero. Es cosa de ellos. No hay nadie más. Han compartido un fragmento/trozo de vida importante y eso resulta lo bastante relevante como para dejar huella en la existencia de ambos.

¿Y qué es lo que queda después de haber vivido una relación con una persona a la que tanto hemos querido?

-Por un lado, los aspectos materiales, tal como se refleja en los paralelismos: cuatro fotos, cinco cartas (cuantificador + sustantivo). Son sustantivos relacionados con la comunicación y la representación. Desde la tradición cortés los amantes se mandan epístolas, imágenes, mensajes. Son objetos físicos que nos recuerdan que ha existido una relación entre esas dos personas, y aunque se ha acabado, en un momento anterior fue intensa y estuvo viva. Son restos que nos evocan a un pasado esplendoroso 

-Por otro lado, los aspectos espirituales, que es el recuerdo de lo vivido, que queda depositado en la memoria, almacenado en la mente, tal como se refleja en la metáfora: una historia de novela. La vida misma se identifica con un texto literario. La novela es un género narrativo extenso que cuenta historias detalladas en espacios y tiempos variados y está protagonizada por héroes psicológicamente complejos. Cada uno de nosotros tiene su vida, su historia, su novela. El amor con esta persona constituye un episodio trascendental en la vida del yo poético. 

Haber vivido una historia con esta persona le ha dejado una marca que nunca desaparecerá. Forma parte de su vida, su legado, su periplo vital, su novela.

El paso del tiempo destensa el estado anímico del yo tras la ruptura, de forma que el amor que sentía por esa persona cuando estaba con ella y/o el posible odio después del momento traumático de la separación ha desembocado en indiferencia: Si te quiero si te odio me preguntas y nada siento por ti. El tiempo lo cura todo.

En caliente es normal sentirse afectado y perturbado, pero una vez ha pasado el trance, la vida sigue fluyendo y es normal que la intensidad se rebaje. Ante la antítesis (quiero/odio) la voz poética no se moja, no se decide, no es capaz de posicionarse en un bando. Esto puede ser síntoma de que ha superado y asumido su nueva situación. El cuantificador complemento directo antepuesto al verbo y al suplemento (nada siento por ti) enfatiza la idea de que el yo ha pasado página. El asunto no le perturba, muy en la línea del pensamiento estoico.

La oración subordinada temporal (desde que yo te perdí), marca el fluir de la existencia tras la ruptura. Aunque la relación haya acabado, la vida sigue con su devenir, con cosas buenas y sus cosas malas. Como dice la canción, show must go on (el espectáculo debe continuar). La realidad es mucho más que una persona. 

Al final, las circunstancias te obligan a conocer nueva gente, tener nuevos proyectos e ilusiones, que van ganando prioridad respecto al pasado y hace que cobren cada vez más importancia, tal como se refleja con el indefinido de cantidad (mucho) y la palabra baúl (cosas): han pasado muchas cosas desde que yo te perdí. La vida sigue con sus sorpresas, sus golpes, sus momentos placenteros y eso te ayuda a superar lo más traumático. Se llama madurar.

Poco a poco el vínculo con esa persona se diluye, pierde fuerza, cada vez tiene menos consistencia e intensidad, tal como se refleja con las metáforas: tus recuerdos son de humo, luminaria que hace tiempo se apagó.

Desde la tradición mística, la luz y el calor simbolizan la pasión. En este caso, la llama se ha apagado. El yo no siente nada por esa persona. Es el proceso inverso al de la lírica espiritual: se pasa de la luz a la oscuridad, en lugar de la oscuridad a la luz como sucedía con San Juan o Santa Teresa.

El humo son partículas suspendidas en el aire, que se evaporan en la atmósfera y desaparecen después de un tiempo. Con el amor pasa lo mismo. Después de dejar la interacción íntima con esa persona, lo normal es que la afectación sea cada vez menor, hasta llegar a diluirse en su totalidad. Esto nos remite a la lírica de Góngora (tierra, polvo, humo, sombra, nada). El humo es el paso previo a la desintegración completa de una realidad, en este caso, el amor. Son los restos que se van evaporando.

Este proceso de destrucción es necesario para después acabar reconstruyendo una nueva realidad: Y ahora le pides a uno lo que quise darte yo. El amor es así. Un clavo sustituye a otro clavo. El yo poético reprocha a la amada que al final, todo este proceso lleve al mismo punto de partida: el deseo de satisfacer la misma necesidad de amar, pero ahora con otra persona, volviéndose a iniciar el ciclo, con los mismos pasos, pero con otros entes. 

El amor no es un fenómeno que se vive una sola vez y nunca más se vuelve a experimentar. Nada de eso. El hombre puede llegar a amar a muchas personas a lo largo de su vida. El sentimiento y la esencia son los mismos. Lo que varía son los seres en los que proyectar esa pasión.

A veces, el fin de la relación amorosa hay que coordinarlo con los procesos típicos de litigios, pleitos y burocracia administrativa con la justicia, sobre todo, cuando hay matrimonio o niños de por medio: A los jueces me llevaron callandito y nada les respondí cómo iba a contarles lo que yo sabía de ti

El yo poético intenta reducir el carácter traumático de este momento, narrándolo de una forma neutral gracias a la oración impersonal en tercera del plural (me llevaron). Es una forma de rebajar la tensión, de relajar el tono, de evitar culpabilizar o responsabilizar a alguien de lo ocurrido. La ruptura ya es un hecho bastante doloroso como para encima añadir más penas y miserias con los follones judiciales. 

Se opta por no echar más leña al fuego y así no contribuir a complicar el tema. De ahí su inoperancia y silencismo ante el juez. No quiere sacar mierda, no quiere ahondar en el asunto. A pesar de saber cosas de la chica, prefiere mantenerse callado para no profundizar en el dolor y los quebraderos de cabeza.

En la última sevillana la voz del poema realiza un análisis o reflexión sobre lo vivido con esa persona, y se da cuenta de que el fin del amor es una parte natural del proceso, y eso que le ha pasado a él, es algo que le ha pasado a muchas más personas. Es un sentimiento universal: una historia como tantas que se rompen es lo que me digo yo. Mediante el indefinido (tantas) equipara su experiencia vivida con otras semejantes. El fin de una relación no es nada raro o extravagante. Lo asume con algo natural. De ahí que busque convencerse a sí mismo (es lo que me digo yo) para aminorar el dolor. Hay que asimilar ese momento final como algo propio y esencial de la vida, al igual que la muerte. 

Ese espíritu conciliador lo plasma también en su análisis: donde nadie tiene la culpa y todos culpables son. Ante el fracaso, es absurdo ponerse a buscar un agente/causante de la ruptura. No merece la pena ahondar en el dolor y echarse las culpas. 

El fin de una relación es un hecho complejo, en el que intervienen muchos factores y contextos distintos. No se puede dar una visión simplista de algo tan intrincado. En una relación no se puede culpabilizar a una de las dos partes, ya que ambas, con sus decisiones/actos/actitudes han contribuido al fracaso y luego está el contexto y las circunstancias, que a veces, también son incontrolables. De ahí la antítesis (nadie tiene la culpa/todos culpables son). Se junta el contexto con malas decisiones por ambas partes, y ahí tenemos el resultado.

En cada sevillana encontramos tres versos octosílabos, y uno endecasílabo. La rima asonante se produce entre el segundo y el cuarto (ti-perdí, apagó-yó, respondí-ti, yo-son). El estribillo consta de una tercerilla: tres versos de arte menor que rima primero con tercero y el segundo queda libre: 8a 8- 8a



lunes, 15 de enero de 2024

Su Primera Comunión: el orgullo de un padre cuya hija recibe el sacramento de la Eucaristía

Hoy analizamos uno de los temas más entrañables del repertorio del cantaor jinense Juanito Valderrama que además de intérprete fue autor de la letra. En el año 1953, el conocido artista hizo un viaje a Gandía como invitado a la Primera Comunión de la hija de un matrimonio amigo de toda la vida. 

Estando alojado en un hotel del municipio valenciano a la espera de la ceremonia, a Juan se le ocurrió la idea de escribir una copla que hablara del orgullo que sienten los padres cuando ven a sus hijos participar por primera vez en el sacramento de la Eucaristía. 

Según cuentan, Valderrama no tenía en ese momento ningún papel en blanco para hacer sus anotaciones de composición poética. Cogió una novela del oeste que estaba leyendo y aprovechó los huecos en blanco entre las páginas para escribir el poema. Al final, esta pequeña improvisación que se hizo a modo de juego/pasatiempo, se convirtió en una de sus canciones más exitosas: Su Primera Comunión. Serrapi y Escolies se encargaron de la parte musical. 




Como una blanca azucena,

Lo mismito que un jazmín
Mi niña va hacía la iglesia
A la iglesia de San Luis

Ha cumplido siete años,
Y va a recibir a Dios
Mi niña toma rezando
Su primera comunión

En el quicio de la puerta
Estamos su mare y yo
Con lágrimas en los ojos
Y risa en el corazón

Un coro de serafines
Hay en el altar mayor
Que está mi niña tomando
Su primera comunión

De rodillas es tan bonita
Y tiene tanto salero
Que le da el agua bendita
Un angelito del cielo

Mi niña ya está en mi casa
Llena de gracia de Dios
Como la mira su mare
Y como la miro yo

Cariño de mi cariño,
Alegría de su amor
La nieve y el blanco armiño
Copiaron de tu candor

Para un padre y una madre
No hay alegría mayor
Que ver hacer a sus hijos
La primera comunión

De rodillas es tan bonita
Y tiene tanto salero
Que le da el agua bendita
Un angelito del cielo

.................................................................

La voz poética se identifica con el padre de la niña que hace la Primera Comunión. Durante el siglo XX, el estreno en el sacramento de la Eucaristía se consolidó como una ceremonia relevante en la vida del católico. Para la familia era un orgullo que el niño comulgara por primera vez. Ese día se convertía en trascendental, importante e inolvidable. Todo el mundo recuerda anécdotas del día de su Primera Comunión, se conservan fotografías, y en general, se da una visión amable e idealizada de este evento. 

El foco del poema, es decir, el centro de atención, recae sobre la hija, que es la protagonista del evento. Todos los ojos (los del padre, los de la familia, los del lector) están dirigidos hacia la niña, la cual va a pasar por uno de los trances más importantes de su vida cristiana. La Primera Comunión supone recibir el cuerpo y la sangre de Jesucristo.

Leyendo el texto, nos da la sensación de que el yo poético lleva una cámara de video y va enfocando y grabando todos los detalles de la ceremonia. El progenitor se convierte en testigo y transmisor de los hechos, describiéndonos la escena en directo, a la vez que pasa. Observa e irradia desde la emotividad. 

En la primera estrofa, la voz lírica presenta a la protagonista absoluta de este día: la niña. Describe su indumentaria (vestimenta), en la cual aparecen elementos que tienen que ver con el color blanco, ya sea en forma de comparación (como una blanca azucena) o metáfora (lo mismito que un jazmín). El blanco simboliza la pureza y pulcritud del alma. Para la unión mística con Dios (comunión) es necesario pasar por dos trances, que tienen que ver con la limpieza del alma.

a)      El Bautismo: supone borrar la mancha del Pecado Original

b)    La Penitencia: supone confesar todos los pecados cometidos a lo largo de la vida y que estos sean perdonados.

Por lo tanto, cuando un niño hace su Primera Comunión, siempre lo hace limpio, libre de Pecados. De ahí que los niños suelan ponerse trajes blancos.

Como la Primera Comunión es en un hecho trascendental en la vida del niño cristiano, la familia tiende a recrear todos y cada uno de los detalles que forman parte del proceso. Por eso, el padre presenta a su hija de camino al templo: Ni niña va hacia la iglesia. 

La anadiplosis permite al yo poético ralentizar el paso del tiempo para dar solemnidad a la estampa. Mi niña va hacia la iglesia/a la iglesia de San Luís. Se congela la escena, pero sin renunciar al movimiento. Los testigos gozan y disfrutando de un evento que es amable, bonito, placentero, pleno y feliz. El verbo de desplazamiento (va) crea una sensación de viveza, que el narrador no quiere terminar. 

La historia es verosímil, su contenido tiene apariencia de verdad, resulta creíble para el público. Aunque esta niña no tenga nombre y apellidos concretos, y no se le pueda asignar un referente real y conocido, todas las familias con un niño que haya hecho la Primera Comunión, pueden sentirse identificadas con el tema, creando un halo de emotividad. 

El objetivo es crear una atmósfera realista, con la que todo el mundo empatice. Por eso no nos extraña que se cite una iglesia cuyo nombre está presente en muchos pueblos y ciudades de España: San Luís. Muchas basílicas llevan por denominación un santo. Aunque el autor no pretende ambientar la canción en un lugar concreto, el receptor siente que se trata de un templo como el que hay en cualquier barrio de España. 

El posesivo (mi niña) enfatiza el afecto que un padre siente por su hijo. Padre e hija forman una barrera de amor inquebrantable e irrompible. Para un progenitor, su hijo es lo más importante. El vínculo que forman es inherente y natural. 

En la segunda estrofa, el yo poético completa la descripción física de la niña: Ha cumplido siete años. Antiguamente, las Primeras Comuniones se celebraban cuando los hijos eran más pequeños. En este caso, a los siete años. Actualmente suelen celebrarse en torno a los nueve años.

La perífrasis verbal ingresiva (ir + infinitivo) marca el evento de la comunión como cercano, inminente, está a punto de comenzar. Va a pasar sí o sí. Forma parte de la obligación del cristiano: Y va a recibir a Dios. 

El padre tiene ganas de ver a su hija comulgar. Se trata de un momento esperado y ansiado, que supone un punto de inflexión en la vida como cristiano. Cuando algo es positivo para nuestros seres queridos, todos deseamos que ocurra.

De nuevo el yo poético se recrea en los detalles. Para la imagen y describe el momento de forma limpia, clara, nítida, diáfana, sin necesidad de adornos o excesos retóricos: Mi niña toma rezando su primera comunión. 

El gerundio expresa simultaneidad escénica. El padre narra el evento a la vez que sucede, en directo, a modo de retransmisión. Cuenta lo que ve colocando a su hija en el centro de la estampa, sin necesidad de aliños u ornamentos. A esta fotografía no le hace falta más. Genera emotividad sin elementos de tipo subjetivo o personal. 

En todo momento, se respeta el ritual de la Primera Comunión. Después de llevarse la Hostia Sagrada a la boca, los niños suelen arrodillarse para rezar de forma íntima y silenciosa. Todo esto queda registrado en el poema.

Para los padres este momento resulta muy emotivo. Por eso asistimos a un cambio en el foco narrativo. Durante unos segundos el yo poético se convierte en personaje. Dirige la cámara hacía sí mismo y a su entorno físico más cercano, para que el receptor vea cómo se sienten los progenitores y lo emocionados que están: En el quicio de la puerta estamos su madre y yo

Por unos instantes, la voz lírica deja de enfocar a la niña para realzar la presencia de los padres. A pesar de no ser protagonistas, los padres son también una parte importante del evento, ya que están viviendo un cúmulo de intensas emociones al ver en directo a su hija hacer la Primera Comunión. Merecen un poquito de atención. Para los más allegados es también un orgullo. 

El cambio de enfoque se produce de forma rápida y súbita, gracias al hipérbaton: el circunstancial de lugar (en el quicio de la puerta) y el verbo (estamos), se adelantan al sujeto (su madre y yo). 

En esta sección del poema el léxico hace referencia a emociones y sentimientos personales, así como a diferentes partes del cuerpo en las que se manifiestan. Esto se expresa mediante el paralelismo: Con lágrimas en los ojos/y risas en el corazón (complemento circunstancial de instrumento + complemento circunstancial de lugar). 

A veces, estos sentimientos resultan antitéticos (lágrimas/ risas). En situaciones cargadas de emoción, la frontera entre el llanto y la alegría es difusa. Se genera una fluctuación de sensaciones llena de matices, pero que configuran verdad y espontaneidad anímica.  Por un lado, una Comunión es un evento festivo, alegre, placentero (hay una cosa muy importante que celebrar y aplaudir: RISA EN EL CORAZÓN), pero a la vez es tan trascendente para la vida que emociona, sella, conmociona: LÁGRIMAS EN LOS OJOS. 

Recordad la teoría mística: la unión del alma con Dios genera un estado de éxtasis, plenitud. Cuando una cosa resulta tan sustancial, sobre todo en el seno de la vida como católico, se produce un cúmulo de emociones indescriptibles, en las que resulta difícil precisar los matices

La niña aparece representada junto a elementos sacros, extraídos de la teología e iconografía cristiana: Un coro de SERAFINES hay en el altar mayor, que le da el agua bendita un ANGELITO del cielo.

La mezcla de elementos terrenales con celestiales realzan el acercamiento místico, dan majestuosidad a la unión entre el alma y la divinidad. Esta fusión se expresa alegóricamente con imágenes sagradas que proceden de los textos bíblicos. Los ángeles y los serafines son espíritus celestiales, que están junto a Dios. 

El yo poético representa a su niña como si estuviera dentro de la Mandorla Mística de los Pantocrátor del arte bizantino o románico. Ella está en el centro de la “almendra” y aparece rodeada de todos estos seres celestiales. Es una manera de representar la vía unitiva. 

La Primera Comunión es un acto que se inserta en el contexto una celebración eucarística o litúrgica en una Iglesia o templo. Por eso, a lo largo del poema, encontramos palabras relacionadas con el mundo de la misa: iglesia, rezando, quicio (elemento de una puerta, en este caso de la puerta de la iglesia), altar mayor (elemento arquitectónico de las iglesias), agua bendita (se refiere, a la mezcla de agua y vino que representa la sangre de Cristo en el acto eucarístico).

En el estribillo, el padre contempla a su hija en pleno proceso místico, a la vez que la elogia y vitorea: De rodillas es tan bonita y tiene tanto salero. Esto refleja el fervor, la pasión y el afecto familiar. Todos los progenitores expresan amor por sus hijos. Es lo natural. 

La intensidad del sentimiento lleva a la hipérbole sacrílega, tal como se observa en la subordinada consecutiva: De rodillas es tan bonita y tiene tanto salero, que le da el agua bendita un angelillo del cielo. El padre está tan orgulloso, que representa a la niña como protagonista de una pintura celestial. 

El diminutivo da un carácter afectivo al discurso (angelito). La felicidad del padre hace que el evento se magnifique y como narrador manifieste su afectación sobre las palabras

En la segunda parte del tema, la ceremonia ha terminado y la niña regresa al hogar. El hecho místico ha culminado, de tal forma que la divinidad se representa como una parte esencial del ser: Mi niña ya está en mi casa llena de gracia de Dios. Éste aparece dentro de la hija, imagen que entronca con el "Animal de fondo" de Juan Ramón Jiménez.

La unión mística genera tanto placer que es imposible describir lo que se siente con palabras. En lugar de utilizar vocablos, el yo poético hace alusión al lenguaje corporal: Como la MIRA su madre, y como la MIRO yo. La mirada se convierte en una caja de resonancia potente, capaz de comunicar emociones verdaderas sin utilizar significantes. La emoción, el orgullo, el placer, la plenitud se palpa en la mirada de los progenitores. 

Desdoblar a los padres en dos versos diferentes (mirada de la madre-mirada del padre) es una manera de intensificar el orgullo: tanto el padre como la madre son igual de importantes en el seno familiar. Los dos dan sentido a la vida de la niña y los dos la quieren por igual. Esto se ve reforzado por el poliptoton: el verbo mirar aparece en tercera persona del presente (mira) y en primera persona del presente (miro). El padre y la madre están igual de felices, sin distinción.

En esta parte de la canción, encontramos un léxico afectuoso/elogioso/jubiloso, cargado de emociones positivas y placenteras, que forman estructuras en paralelismo: cariño de mi cariño, alegría de su amor (sustantivo abstracto + complemento de nombre [preposición+posesivo+sustantivo abstracto]) .

De nuevo, se hace alusión a elementos de la Naturaleza de color blanco (nieve, armiño...). El adjetivo epíteto connota blancura (BLANCO armiño), que está relacionada con la pureza y perfección del alma. El yo poético pone a su hija por encima de todo lo demás (incluso de la propia Naturaleza). En su escala de prioridades, para un padre su hijo es lo primero

La niña aparece representada como un ser superior: la blancura, la pureza, la perfección y la candidez son cualidades inherentes. El único "blanco auténtico" es el de la hija. El resto de elementos blancos del mundo adoptan su blancura copiando/emulando/tomando prestado la blancura de su niña. La blancura original y verdadera es la de su hija, tal como se expresa en la personificación: La nieve y el blanco armiño copiaron de tu candor. Elementos inanimados (nieve, armiño) realizan acciones propias de seres humanos (copiar). 

¿Cuál es el resultado? Una estampa cargada de ternura, con un poquito de "vanidad de padre" en la que el elemento humano vinculante (hija) queda por encima de todos los demás elementos que lo rodean (Naturaleza). Para un padre lo más importante siempre será su hija, por muy bonitos que sean los demás elementos del mundo. Su hija es la entidad más perfecta del mundo. Todo lo demás es menos perfecto

Al final de la segunda estrofa, el padre justifica su estado de alegría y felicidad, así como los diferentes elogios vertidos a lo largo del poema. Para ello, emplea el grado superlativo: Para un padre y una madre no hay ALEGRÍA MAYOR que ver hacer a sus hijos la primera comunión. 

El sustantivo abstracto (alegría) va acompañado de un adjetivo con connotaciones cuantitativas. El fin último es intensificar lo máximo posible las emociones que se generan al ser padre de un niño que hace la primera comunión. En lugar de hacer la afirmación con estructura atributiva (la mayor alegría es….), el autor prefiere retorcer la expresión, empleando una estructura negativa (no hay alegría mayor) a la que se le adhiere una subordinada comparativa (que ver hacer a sus hijos la primera Comunión). 

Es una manera de matizar la gran trascendencia que tiene la Primera Comunión en la vida personal. A lo largo de nuestro periplo existencial pasamos por muchos trances (graduaciones, bodas, entierros...). El sacramento de la eucaristía es, a juicio del yo poético, el más importante hasta tal punto de colocarlo por encima del resto. 

Evidentemente, se trata de una visión subjetiva, hecha desde la perspectiva de un yo poético concreto que acaba de ver a su hija comulgando. Algunos estaréis de acuerdo y otros no. Recordad que la lírica implica una perspectiva de pensamiento. Eso no quiere decir que sea la correcta o la única. A lo mejor para vosotros, el hito más importante de vuestra vida es el matrimonio y no la comunión. 

De las nueve estrofas que tiene la canción, encontramos cinco coplas (estrofas 1, 3, 4, 6, 8) y cuatro cuartetas (estrofas 2, 5, 7 y 9).

-Las coplas están formadas por cuatro versos octosílabos (arte menor) en los que riman el segundo y el cuarto, mientras que el primero y el tercero quedan libres: 8- 8a 8- 8a.

-Las cuartetas están formadas por cuatro versos octosilábicos (arte menor), en los que riman el segundo con el cuarto, y el primero con el tercero: 8a 8b 8a 8b