martes, 19 de octubre de 2021

Tientos del viento: ¿Qué ocurre cuando te comen la cabeza con bulos sobre la persona que quieres?

Después de la incursión en el género de la revista que hicimos ayer, hoy toca volver a la copla más tradicional, con un bonito tema de Marifé de Triana del año 1959. Se titula Tientos del viento. Fue interpretado en su espectáculo Carrusel de España

Para los que no lo sepáis, los tientos son una subvariedad o modalidad del flamenco. En este caso, se trata de un cante flamenco influido por el ritmo del tango.



Tientos del viento …, del viento,

que al silbar en mis cristales,

me envenenó el pensamiento

con las ducas más mortales.

 

La calle está sola,

sin una farola en la madrugá;

y el aire va y viene

grabando en mi sienes una puñalá.

 

Las palabritas que te dijo esta tarde

no son, sentraña, más que palabritas.

Que son las mismas que repite, cobarde,

tanto a las feas, como a las bonitas.

 

Recuerda morena que su juramento,

como está hecho de polvito y arena,

polvito y arena,

se lo ha llevaito el viento.

 

Tientos del viento …, del viento,

que creí de tal manera;

no imagine que era cuento

lo aquel hombre dijera.

 

Mi calle está sola,

sin una farola en la madrugá;

Aquel mozo bueno

dejó mi terreno pa siempre jamás.

 

Las palabritas que te dijo esta tarde

no son, sentraña, más que palabritas.

Que son las mismas que repite, cobarde,

tanto a las feas, como a las bonitas.

 

Recuerda morena que su juramento,

como está hecho de polvito y arena,

polvito y arena,

se lo ha llevaito el viento.

.......................................................................

La protagonista de la copla es una muchacha que acaba de romper con su amado. ¿El motivo? Las malas lenguas de la gente, que no paran de meter cizaña a la chica sobre su amado: que no es trigo limpio, que le está engañando, que le gusta rondar a otras chicas, que no le hace ningún bien…

Todas estas habladurías y chismes provocan inseguridades, miedos y celos en la mujer, los cuales afectan (negativamente) a su relación con el amado. Al final, se deja influir por los bulos que circulan por ahí, sin tener pruebas que demuestren la supuesta traición del chico.

¿El resultado? La chica, envenenada por los comentarios tóxicos de la gente, rompe con el novio.

Encontramos dos voces poéticas a lo largo de la canción:

-Una es la protagonista. Habla en primera persona, durante las estrofas, en un tono de lamento. Expresa pena, dolor, llanto, tristeza, aflicción, no solo por la ruptura con el novio (desamor), sino también por haber caído en el error de creerse a pies juntillas los rumores de la gente

-La otra voz es la de las malas lenguas, que reproduce las mentiras/chismes/enredos que intoxican a la protagonista, aprovechando su baja autoestima, y sembrando la semilla de la discordia en la pareja. Este runrún de la gente se localiza en el estribillo.

El título del poema refleja muy bien el contexto dramático: el viento es metáfora de aquello que se dice desde la malicia, circula de boca en boca, de esquina en esquina, no se sabe quién lo dice ni de dónde viene (como el aire en movimiento), llega a nuestros oídos, y si somos un poco inseguros, pone patas arribas nuestra vida.

Ver a una persona feliz genera envidia en la otredad. No es nada nuevo. La masa no se alegra de la dicha ajena: si yo tengo una vida de mierda, quiero que el vecino también la tenga, y por lo menos, mal de muchos, consuelo de tontos. Si la muchacha se encuentra radiante con el novio, vamos a plantar un poquito de mala hierba.

Evidentemente, la gente muestra una doble cara. Delante de tu persona, quieren lo mejor para ti, te desean todo lo bueno en la vida. Y si meten cizaña, lo hacen con disimulo, como queriéndote guiar/aconsejar/adoctrinar, en plan buen amigo: cuidado con tu novio. Yo te lo digo porque te quiero mucho y me duele que te hagan daño.

Los cizañeros se escudan en uno de los tópicos más explotados de la poesía del Barroco: una cosa es la apariencia, la fachada externa; y otra cosa muy diferente, la realidad. Ya lo veíamos con Ese hombre de Rocío Jurado. No es lo mismo PARECER que SER. Detrás de un envoltorio encantador y maravilloso se esconde un regalo defectuoso.

En este cliché literario se apoyan las malas lenguas: ten cuidado con el chaval. Aunque te prometa amor eterno, al final te engañará con otra

Al fin y al cabo, jurar con palabras es algo relativamente sencillo (todo el mundo puede hacer planes de ensueño, prometer el oro y el moro, dibujar un cuento de hadas, dar una visión idílica del amor hasta que la muerte nos separe…). Decir las cosas es tan fácil. Luego, hacerlas, es otra historia. Ya lo veíamos hace un año en Castillitos en el aire. Es tan difícil cumplirlo.

Las malas lenguas se han basado en un tema de peso para crear su bulo y desestabilizar anímicamente a la muchacha. Y encima, lo hacen bajo un falso halo de fraternidad. Está claro que no hay que dejarse aconsejar por la primera persona que veamos por la calle.

En la primera estrofa se crea un ambiente mortecino, degradado, grisáceo, melancólico, oscuro, muy del gusto romántico: La calle está sola sin una farola en la madrugá. Los sentimientos de pena y tristeza del yo poético, después de escuchar las habladurías de la gente (te va a engañar, esta con otra…) se proyectan en el paisaje. Por eso estamos ante un poema impresionista.

El viento aparece personificado con el objetivo de enfatizar la fuerza y el poder de los chismes sobre la mente humana: el aire va y viene grabando en mis sienes una puñalá.

La sien funciona como sinécdoque, ya que alude a una parte concreta del cuerpo (zona de la cara entre la mejilla, la oreja y la frente) por el todo (la cabeza, que es donde está el cerebro, órgano responsable de los pensamientos y de nuestra psiqué).

La reduplicación antitética (va y viene) crea un efecto de reiteración: las habladurías se prolongan en el tiempo, son constantes, diarias. La gente no para de meter mierda sobre el muchacho. Los comentarios van de boca en boca, llegan a la chica, y esta empieza a darle vueltas a la cabeza, provocándole un daño emocional: inseguridad, celos, miedos... La puñalá funciona como metáfora del daño mental que generan estos chismes a una persona de baja autoestima.  

El lenguaje y las imágenes alcanzan unos niveles de poeticidad increíbles, con detalles desgarradores, y a la vez, matices preciosistas. Tientos del viento que al silbar en mis cristales me envenenó el pensamiento.

El silbido representa la fuerza con que el viento (habladurías populares) llega a la chica. Los emisores de esas mentiras se preocupan de que ese aire contaminado alcance su destino, es decir, penetre en los oídos de la dama, para provocar el efecto deseado

El cristal es una metáfora de la fragilidad psicológica de la chica. Ya sabéis que el vidrio es un material que se rompe con facilidad ante cualquier estímulo. La mujer aparece quebrada (emocionalmente) fruto de los rumores escuchados sobre su novio.

Los chismes provocan una serie de obsesiones, disquisiciones mentales y pensamientos negativos y pesimistas en la voz lírica: Que me envenenó el pensamiento con las ducas más mortales.

El veneno representa aquello que es nocivo y perjudicial para nuestro cuerpo. En este caso, los rumores provocan una alteración en el pensamiento de la muchacha. Asistimos a un cambio mental/espiritual: de estar segura de su relación con el chico, a quererlo y desear un proyecto vital con él, ha pasado a estar insegura, celosa, con dudas…

El término duca procede del habla calé y significa pena, que es lo que siente la dama al imaginar que esos chismes pueden ser ciertos y materializarse en la vida real, es decir, que el novio le sea infiel con otra mujer.

El dolor anímico (mental) deriva en un daño físico (corporal), por influjo de la poesía de cancionero. De ahí la personificación del sentimiento (ducas mortales). La tristeza acaba convirtiéndose en una enfermedad que te mata por dentro y por fuera, en el alma y en el cuerpo.

En la segunda estrofa, la protagonista se lamenta de haberse creído el contenido de esos bulos: Tientos del viento que creí de tal manera. No me imaginé que era cuento lo que aquel hombre dijera.

El demostrativo (aquel hombre) da un carácter indefinido al agente de esos bulos. Solo sabemos que la mentira sobre el novio se la dijo alguien de género masculino, pero no se dan detalles de la identidad de este individuo. El yo poético no concreta quién es esa persona que se ha dedicado a meter mierda.

Por supuesto, esto da lugar a muchas elucubraciones: ¿Ese hombre que se ha dedicado a difamar del novio, lo ha hecho porque está enamorado de la protagonista y quiere que la pareja rompa? ¿Lo ha hecho por envidia o rivalidad? Nunca lo sabremos jejejjee

La inestabilidad anímica se expresa con una sintaxis engorrosa, compleja, con tendencia al rodeo.

Los complementos nominales y verbales no están desempeñados por sintagmas, sino por oraciones subordinadas adjetivas de relativo (tientos del viento que creí de tal manera), oraciones completivas con función de complemento directo (me imaginé que era cuento) y oraciones sustantivas de sujeto (era cuento lo que aquel hombre dijera)

De nuevo, se describe el ambiente sombrío y oscuro de la primera estrofa, reflejo del estado de perturbación emocional del yo poético: Mi calle está sola sin una farola

El desenlace de la historia es triste, ya que esos miedos e inseguridades provocados por las mentiras de algunos, acaban con la relación amorosa: Aquel mozo bueno dejó mi terreno para siempre jamás.

El terreno funciona como metáfora de la existencia humana. El hombre abandona la vida de la protagonista de forma definitiva. El doble adverbio temporal antitético (para siempre jamás) anula la posibilidad de solucionar el conflicto. No hay esperanzas para la reconciliación. La ruptura es irreversible.

Además, estas dos partículas de tiempo dan dramatismo al personaje femenino, pues enfatizan su misera emocional, ahondando en un estado de desamor, soledad y angustia eternos.  

El demostrativo “aquel mozo” (que expresa lejanía) crea un contraste con el posesivo en primera persona “mi terreno” (que expresa cercanía). Es una manera de representar bruscamente la separación y el final no feliz de la relación.

El hecho de aplicar un adjetivo positivo de enjuiciamiento moral a la parte masculina (hombre bueno), aporta un matiz de racionalidad, objetividad, lógica y autorreflexión en la voz femenina. En ningún momento la chica culpabiliza al hombre de lo ocurrido, ni le reprocha nada, ni muestra despecho hacia él. Todo lo contrario: nos lo presenta como una buena persona. La responsable es ella por creerse lo que la gente murmura sin cuestionarse nada

En el estribillo se reproducen las palabras textuales que salen de la boca de aquellos que se dedican a comer la cabeza a la muchacha, y le crean esa rayadura mental y ese estado de inseguridad: Las palabritas que te dijo esa tarde, no son más que palabritas.

Se trata de palabras lanzadas desde la malicia, pero con un tono de ternura y afectividad que convencen al que lo escucha, sobre todo si eres una persona influenciable. El uso del diminutivo (palabritas) crea una atmósfera de falsa cordialidad. Da la sensación de que quién las dice, lo hace para ayudar, cuando realmente busca acabar con tu felicidad.

El objetivo de los bulos es manipular la imagen del novio, que sea percibido por la chica como una persona frívola, superficial, con poco tacto, que va de flor en flor, que te dice cosas bonitas y luego te engaña y te hace daño: palabrita, que son las mismas que repite, cobarde, tanto a las feas como a las bonitas. En definitiva: les dice lo mismo a todas las mujeres con las que está.

El hecho de aislar sintácticamente el complemento predicativo entre comas enfatiza la cualidad (COBARDE), y da dureza y rotundidad a los juicios de la gente, criticando duramente al novio.

La antítesis (feas-bonitas) marca el carácter donjuanesco y sinvergonzón del hombre, al cual solo le interesa el aquí te pillo y aquí te mato, sin pensar en el dolor que puede causar

Los adjetivos están sustantivados, lo cual dota de un efecto coloquial a la expresión, que da naturalidad al fluir de las malas lenguas: las [mujeres] feas y las [mujeres] bonitas.

El embuste está muy bien construido y argumentado, sobre todo al final del segundo estribillo, con un notable carácter gongorino: Recuerda morena que su juramento, como está hecho de polvito y arena, polvito y arena, se lo ha llevaito el viento.

Góngora, en su famoso soneto “Mientras por competir por tu cabello…”, apostaba por un final trágico que generaba una angustia punzante en el receptor, ya que el destino del ser humano era la muerte: en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

Por muy bonita/bella/agradable/feliz que sea la vida, al final, todo el mundo va a acabar en el hoyo, en la no existencia, en la nada más absoluta, en la defunción. El hecho de que exista la muerte, quita encanto a la vida.

Por eso los barrocos fueron tan pesimistas. No conseguían disfrutar del placer mundano. Incluso llegaban a repudiar la propia existencia: la vida es dolor, tormento o calvario, ya que tiene un final. Al morirnos, el concepto vital no tiene sentido.

En eso se apoyan las malas lenguas para crear una imagen nefasta del chico. El amor se expresa con palabras y con hechos. La palabra, al igual que la existencia humana, tiene fecha de caducidad: una vez sale de nuestra boca, se evapora, se diluye en el medio. No queda reflejada en ningún sitio. El hecho de que no se registre, quita encanto al amor  

Por muy bonitas/celestiales/ maravillosas que sean las promesas y juramentos de amor (te querré para siempre, te adoraré hasta la muerte…), al final, se quedan en nada. Las palabras mueren.

Por eso, expresar el cariño con palabras es relativamente fácil, ya que no te compromete a nada. Tan solo hay que tener labia y poder retórico. En cambio, llevar a la práctica todo aquello que se promete es mucho más complicado. Es tan fácil hacer un discurso bonito y jurar amor eterno, y tan difícil cumplirlo!!!!!!!!!!!!!!!

La gente pretende contagiar a la protagonista del pesimismo barroco: que no goce del placer de amar, que repudie a la persona a la que tanto quiere, que llegue a ver el amor como un camino de espinas (ya que la pareja te puede engañar). En definitiva, que el sentimiento amoroso deje de tener sentido.

Las malas lenguas se dirigen a la protagonista con un vocativo sensual que sirve para engatusar y captar la atención de la chica (morena). Recordad que en la copla española, el prototipo de belleza femenina está en el color marrón de ojos y pelo. El diminutivo (polvito, llevaito…) contribuye al tono afectivo

Métricamente, las estrofas están formadas por la combinación de una cuarteta (8a 8b 8a 8b) y una cuasi copla, ya que el último verso es de arte mayor (8- 8a 8- 11A).

El estribillo está formado por un serventesio (11A 12B 11A 12B) y una estrofa de tres versos que no se adapta a ninguna de las estrofas clásicas (12A 12- 8a).

El final del segundo verso se repite en un efecto eco (polvito y arena).   

lunes, 18 de octubre de 2021

Gracias por venir (Lina Morgan): la canción que daba la bienvenida al espectador en cada show de la actriz cómica

Desde los tiempos de la Poética de Aristóteles (siglo IV a.c), el género dramático se ha dividido en dos grandes ramas: por un lado, la tragedia; y por el otro, la comedia. Tanto de lo cómico como de lo trágico, han nacido multitud de subgéneros y variantes que se han desarrollado en textos literarios, y por supuesto, en los escenarios

Dentro de la comedia, uno de los subgéneros más aplaudidos por los españoles ha sido la revista. Nació en el siglo XIX. Se concibió como un espectáculo que combina cante, música, baile, y breves escenas teatrales o sketches, con un fin humorístico y satírico.

Muchos elementos de la comedia musical, el cabaret, la extravaganza, el burlesque o el vaudeville fueron asimilados por la revista.  La copla también formó parte de estos espectáculos. El objetivo es hacer reír y disfrutar al receptor, el cual utiliza el show con un fin evasivo (olvidarse de sus preocupaciones diarias y pasar un rato agradable en el teatro).

En ocasiones, se recurría a elementos que acariciaban lo erótico (vedettes con cuerpo bonito, ligeritas de ropa, movimientos sensuales, insinuaciones y sugestiones perversas)

Aunque la época dorada de la revista fue en el periodo 1920-1940, en España se siguió cultivando durante la dictadura de Franco. Evidentemente, se trató de una revista mucho más comedida y menos explícita en el componente erótico. Tened en cuenta que en este momento las obras y espectáculos teatrales tenían que pasar el visto bueno de la censura

Por eso, la revista de posguerra apostó por puestas en escena aparatosas (efectos de luces, vestidos llamativos, música pegadiza, muchos actores en el escenario, ruido…) y los argumentos cómicos, humorísticos y disparatados, en detrimento de las escenas picantes. Lo erótico quedaba maquillado entre los artificios escénicos. Era una revista que insinuaba y sugería (las actrices eran jóvenes, guapas, se movían bien), pero sin ser tan explícita.

En los años 80 con la llegada del destape, el género recuperó el erotismo de su primera época, pero ahora con más fuerza que nunca. La cartelera se sobresaturó de revistas que utilizaban el espectáculo como pretexto para lucir cuerpos femeninos. La historia y los efectos escénicos perdieron importancia a favor de lo estético y de lo corporal.

Todas las revistas seguían los mismos esquemas y patrones. Esto acabó cansando al receptor, de forma que el género perdió fuelle. Ya lo dice el refrán: lo poco gusta y lo mucho cansa. Ver una mujer en paños menores, empezó a ser algo habitual, y ya no impactaba tanto como al principio de la democracia. Por eso, muchos shows de esta época pasaron sin pena ni gloria. La gente se cansaba de ver siempre lo mismo

Al final, la revista menos erótica y más humorística (la que se había cultivado durante la dictadura) es la que triunfó en los 80 y los 90, aunque adaptándola a los nuevos tiempos. Una de sus máximas representantes es Lina Morgan, que en 1983 estrenó el espectáculo Sí al amor, donde cantó por primera vez un tema que se convertiría en un emblema para la actriz, ya que a partir de aquí, todas sus representaciones empezarían siempre con este Gracias por venir



Llego nuevamente a sentir ahora a mi alrededor la extraña emoción

Todo el tiempo se ha parado en el reloj del corazón.

Por que tanto os debo en el alma llevo a mi público de ayer,

Por estar aquí de nuevo, maravilloso fue volver.

 

Ya reconozco al caballero que manda flores y no se quien es,

Y al estudiante dicharachero que es un Don Juan en busca de su Inés.

Al Señor que con su esposa va, y se ríe como un cascabel,

Y a los novios que al final están, y que no aplauden y yo se por que.

 

Agradecida y emocionada, solamente puedo decir, Gracias por Venir

 

Llego nuevamente a seguir mi historia, que mi mundo esta detrás del telón.

Y las rayas de mi mano son el compás de una canción.

Al estar conmigo todos sois testigos, mi emoción he de vencer,

Encontrando a mi s amigos, maravilloso fue volver.

 

Ya reconozco al caballero que manda flores y no se quien es,

Y al estudiante dicharachero que es un Don Juan en busca de su Inés.

Al Señor que con su esposa va, y se ríe como un cascabel,

Y a los novios que al final están, y que no aplauden y yo se por que.

 

Agradecida y emocionada, solamente puedo decir, Gracias por Venir

 

La luz se enciende,

sonó la orquesta,

todo es igual que ha sido ayer,

Todo es hermoso,

todo es alegre,

maravilloso fue volver

 

Agradecida y emocionada, solamente puedo decir,

Gracias por Venir

..................................................................................................................

La canción posee un fuerte contenido metateatral. ¿Y qué quiere decir metateatral? Esto significa que la canción (que es un texto teatral) sirve para hablar de contenidos que tienen que ver con el teatro. Es el teatro dentro del teatro.

La protagonista está dando las gracias a todos los espectadores que han venido a ver la representación. Tened en cuenta que el público ha pagado una entrada. Se ha gastado dinero en acudir al teatro.

La gente que trabaja en el mundo de la farándula (actores, directores, escenógrafos, guionistas, maquilladores…) sobreviven gracias a que existe un auditorio interesado por el género teatral, que está dispuesto a pagar por contemplar el show. Sin este público no habría función, y por tanto, esta gente no podría ganarse las habichuelas.

Por eso, las representaciones teatrales se adaptan a los gustos mayoritarios del oyente. La obra, aparte de entretenimiento, es un negocio. Ha de ser rentable. Debe generar un beneficio económico. Detrás de cada espectáculo hay un empresario. Si un show no gusta masivamente, la gente no vendrá, y por tanto, no habrá ingresos para la empresa. Resultado: no money, no party.

Con esta canción, Lina Morgan engrandece y ensalza la figura del espectador en el teatro. Por eso, la cantaba como introducción a cada una de sus representaciones: para que el público se sintiera valorado y se diera cuenta de que es una pieza trascendental en el proceso. Si la audiencia se siente bien tratada y a gusto (mediante alusiones, vítores, vocativos, elogios…) seguramente repita y venga otra vez.

El componente metateatral también se manifiesta en el hecho de que el yo poético nos explica cómo se siente en el momento de subir a un escenario. En la canción se recogen un conjunto de emociones y reflexiones que lleva impresos la voz lírica, y definen su pasión por el mundo escénico y artístico.  

En la primera estrofa, se habla del gusanillo que siente el artista cuando está a punto de comenzar la función. En ese momento previo confluyen/se mezclan una serie de sensaciones antagónicas: por un lado, tienes ganas de salir y poder hacer lo que te gusta; pero por otro lado, surgen el miedo o la incertidumbre de si lo harás bien y al público le va a gustar

De ahí que el yo poético califique de “extraña” la sensación que tiene en ese momento: Llego nuevamente a sentir ahora a mi alrededor la extraña emoción. Esa extrañeza, esa mezcla de nervios y pasión es un sentimiento normal y habitual de la vida del artista. El adverbio de modo (nuevamente) expresa reiteración y continuidad. Por muchos años que lleves trabajando en el teatro, el respeto y el amor escénico no desaparecen.

Cuando no encontramos la palabra apropiada para describir una situación o definir una impresión subjetiva, recurrimos a expresiones que connotan sensación de misterio, desconocimiento o inefabilidad. En este caso, el lexema “extraño” se refiere a que ese estado híbrido entre inquietud y vitalidad, tan propio del actor, es difícil darle una explicación racional. Al artista le cuesta decir con palabras cómo se siente antes de salir a un escenario.  

Esa mezcla caótica y caprichosa de sentimientos se manifiesta en la sintaxis:

-Por un lado, la separación de los componentes de la perífrasis verbal, ya que hay un elemento que se mete en medio (LLEGO nuevamente A SENTIR)

-Por otro lado, la tendencia a sumar y acumular complementos circunstanciales de modo (nuevamente), tiempo (ahora) y lugar (ahora). Cuando estamos comidos por los nervios, tendemos a hablar más de la cuenta y cuesta ir al grano 

En cualquier tipo de manifestación artística (pintura, música, literatura, teatro…), se crea una realidad autónoma e independiente que funciona con sus propias normas y códigos. Una cosa es el mundo real, y otra el mundo que se crea dentro de la obra. Cuando el yo poético se sube a un escenario, se produce el paso de la realidad (mundo físico tangible) a la ficción (mundo artístico).

Por eso, en los primeros versos, el yo poético manifiesta que durante el transcurso de la función, el tiempo real se detiene. Es como si el mundo que hay fuera del teatro dejara de existir. Durante esas dos horas que dura el espectáculo, prevalecen las dinámicas y reglas del mundo de la ficción. No las de la realidad.

Esto lo expresa con la metáfora del lapso congelado: Todo el tiempo se ha parado en el reloj de mi corazón.

Aunque Lina Morgan se encuentra físicamente en el teatro, que es un espacio que pertenece al mundo real, desde un punto de vista espiritual y psicológico se siente dentro de la obra de arte.

En el tercer verso encontramos las primeras referencias al público. El yo poético adopta una actitud de modestia y cercanía con los espectadores. Ya os he dicho que hay que ganarse la simpatía y admiración del oyente, pues gracias a él, un artista tiene un plato de comida en la mesa

Si tú te muestras arrogante, prepotente o altivo con el auditorio (en plan qué bueno, qué guapo, qué listo que soy) la gente no empatiza contigo. Les caerás mal. Y nadie vendrá a verte.

El espectador prefiere artistas humildes, con los pies en el suelo, cercanos, agradecidos. Por eso, al yo poético no le importa rebajarse delante de todo el mundo y mostrar una actitud cuasi de sumisión: Tanto os debo en el alma. La voz lírica está dando a entender que sin el público no es nadie.

El oficio de artista es una de las profesiones más inestables que hay, ya que dependes del capricho del espectador. Tan pronto estás en la cumbre como en el pozo, en función de cómo le caigas a la gente. Para el yo poético, cada actuación es empezar de cero, y por eso hay que ganarse la simpatía del que te ve.

Cuando acaba la función, llega la incertidumbre para el actor: no sé cuánto durará este éxito, a lo mejor esta ha sido mi última actuación, quizá deje de gustar…

En el contexto de la farándula, cada día es un reto, una lucha. El futuro es incierto. Solo existe un presente, que hay que disfrutar al máximo, no vaya a ser que el éxito se acabe y nunca más vayamos a recibir ese aplauso que tanto nos llena. De ahí que el yo poético se muestre entusiasmado al estar en la cresta de la ola. Por estar aquí de nuevo, fue maravillo volver.

El complemento (de nuevo) y el verbo (volver) expresan reiteración, es decir, hay una situación (en este caso, de éxito comercial) que se prolonga en el tiempo. El artista que fracasa solo hace una actuación porque no gusta al público. El triunfador, puede repetir tantas funciones como quiera porque tiene al espectador en el bolsillo.  

La canción es una forma de agradecer al público el éxito que la voz lírica (Lina Morgan) está viviendo. El adelantamiento del atributo al verbo y al sujeto (hipérbaton) enfatiza el triunfo cosechado: maravilloso fue volver

En el estribillo, el yo poético cita explícitamente a diferentes colectivos o prototipos de personas que solían acudir al teatro en los 80.

Mientras que en la primera estrofa, el sentimiento de gratitud es universal (la voz se dirige a todo el mundo, para que nadie se sienta excluido), en el estribillo hace una selección o discriminación del público, basada en rasgos de edad (joven-viejo) o estado sentimental (soltero- casado).

El objetivo es aludir al mayor número de audiencia posible para darle las gracias a la vez que se establecen personajes-tipo, lo cual crea una pequeña comicidad dentro del tema. La gente que se sienta identificada dentro de esta selección esbozará una leve sonrisa. El fin de todo esto es crear un ambiente entrañable y familiar.

Veamos cuáles son estos prototipos:

-La figura del fan o admirador, es decir, aquella persona que siente especial devoción hacia un actor o actriz. Le mandan flores, regalos u obsequios, muchas veces de manera anónima. En sus buenos tiempos, Lina Morgan tenía muchísimos admiradores y al terminar cada actuación el teatro se llenaba de claveles que la gente lanzaba a la actriz.

Por eso, la canción hace referencia a la figura del seguidor: Ya reconozco al caballero que manda flores y no sé quién es

-La figura del chico joven enamoradizo, que intenta conquistar/seducir a una mujer con su simpatía.

Se recurre a una metáfora que alude a dos personajes importantísimos de la literatura romántica española: Don Juan y Doña Inés, de la obra Don Juan Tenorio de Zorrilla: Y al estudiante dicharachero que es un don Juan en Busca de su Inés

-La figura del hombre casado. Muchos matrimonios de mediana edad solían acudir a los teatros los fines de semana por la noche. Tened en cuenta que la gente nacida en los 30 y los 40 se criaron toda su vida con la copla, la comedia musical o la revista. Era lo que se escuchaba en la España de Posguerra

En unos años en los que la música extranjera y la cultura pop estaban de moda (movida madrileña), artistas como Lina Morgan representaban ese humor conservador y de corte clásico que deleitaba a la gente entrada en años. A este colectivo se dirige el yo con una simpática comparación: Al señor que con su esposa y se ríe como un cascabel.

El cascabel posee un timbre juguetón, lúdico y divertido, lo mismo que las comedias de Lina Morgan. Para nuestros padres y abuelos la actriz era lo más de lo más.  

La oración de relativo, además de estar en hipérbaton (“con su esposa va” en lugar de “va con su esposa”), constituye un circumloquio, ya que su contenido se podría resumir en una palabra (al señor CASADO). Sin embargo, con este rodeo, se da musicalidad y ritmo al poema.

-Y por último la figura de la pareja de jóvenes que está a punto de casarse. Para ellos, el humor de Lina resulta trasnochado, rancio, añejo y pasado de moda. Tened en cuenta que se trata de una generación más joven, que se ha criado con la música moderna (pop, rock…), y producciones cinematográficas de otro tipo.

La gente veinteañera, si iba al teatro, lo hacía simplemente para matar el rato (ver el ambiente, curiosear, salir a algún lado la noche del sábado...) y no tanto por el contenido de la obra o los actores. A ellos, Lina Morgan les daba igual. Además, este colectivo se ponía en los asientos de la última fila para tener intimidad: Y a los novios que al final están y que no aplauden y yo sé por qué

El cine y el teatro se utilizan muchas veces como lugar de citas, más que como espacio de contemplación artística jejejjee,

Como veis, al yo poético no se le escapa ni un detalle. Incluso busca complicidad con aquellos a los que no les gusta el teatro que hace Lina Morgan, y solo van allí a estar con el novio o la novia.

El estribillo concluye con un verso de agradecimiento explícito, en el que encontramos un complemento predicativo bimembre y en hipérbaton, ya que se adelanta al verbo: Agradecida y emocionada solamente puedo decir, gracias por venir

En la segunda estrofa la voz lírica vuelve a expresar su pasión por el teatro, vinculándose con ese mundo artístico de ficción, en lugar de con el mundo real: Llego nuevamente a seguir mi historia, que mi mundo está detrás del telón

Mediante la metáfora, el yo se define como alguien encadenado a la música, de una manera innata y natural: Y las rayas de mi mano son el compás de una canción. Lleva el arte inherente en la sangre. Lina ha nacido para dedicarse al espectáculo. Los genios convierten en arte cualquier cosa que tienen alrededor.  

Sin embargo, los artistas también son seres humanos. Y como tal, tienen sus emociones, miedos, alegrías, tristezas, frustraciones, además de una vida íntima y personal. 

Para el yo, es fundamental separar la realidad de la ficción. En esta última tienes que meterte en la piel de un personaje. No puedes dejar que emociones personales tuyas, que no tengan que ver con el personaje que interpretes se metan dentro de este: Al estar conmigo todos sois testigos, mi emoción he de vencer.

Eso es la profesionalidad. Una cosa es la persona y otra el personaje. Si a un actor le deja la novia, hacienda le embarga 20000 euros o su padre se muere, ha de olvidarse de todo eso durante la función y no dejar que sus emociones como ser humano se apoderen del personaje que interpreta. En comedia esto es muy complicado: debes hacer reír a la gente, cuando un ser querido tuyo falleció hace dos días.

La canción concluye con una estrofa final en la que se describe el comienzo del show, mediante oraciones cortas y precisas, que forman estructuras cruzadas (quiasmo): La luz se enciende. Sonó la orquesta (Sujeto+verbo, verbo +sujeto). Una vez Lina terminaba de cantar esta canción, comenzaba el grueso de la representación

El final resulta idílico, ya que da una visión feliz y dulce del mundo escénico mediante estructuras atributivas en paralelismo: Todo es hermoso, todo es alegre, todo es igual que ha sido ayer.

Cuando alguien vive un momento álgido y exitoso en el contexto del arte, todo se ve así de maravilloso.

Evidentemente, el ámbito de la fama y el espectáculo no es color de rosa. Sin embargo, esta canción se queda con la cara amable y colorista (como le pasaba a Lina). Lo mejor es olvidarse de las cosas malas y disfrutar de las buenas mientras duran, que luego nos lamentamos cuando las perdemos.

La comedia es necesaria. La vida ya está llena de miserias y calamidades. Necesitamos que nos hagan reír, que nos diviertan, que nos quiten las preocupaciones. Para dramas y tragedias ya tenemos el mundo de fuera. Yo soy el primero que se conmueve con una Lola Puñales o un Maletilla, pero también necesito una Manolita la Primera o una Marta la Dormía en mi vida.Métricamente, predominan los versos de arte mayor, que riman entre sí, dando lugar a pareados (emoción-corazón, ayer-volver, es-Inés, telón-canción, vencer-volver).

También encontramos rimas internas (debo-nuevo, testigos-amigos).

El arte menor solo aparece en la estrofa de cierre.

martes, 12 de octubre de 2021

Ese hombre (Rocío Jurado): virtuoso por fuera, defectuoso por dentro

No hay duda de que las canciones de Manuel Alejandro marcaron (y mucho) la trayectoria artística de Rocío Jurado.

En una época en la que la copla estaba zozobrando en el panorama musical español, la chipionera supo adaptarse a la canción moderna, aunando el ritmo y el tono de la balada sentimental de finales de los 70 y principios de los 80 con la fuerza y el dramatismo de la copla más añeja.

Esa fusión dio lugar a canciones tan chulas como la que vamos a analizar hoy. Pertenece a su disco Señora, del año 1979 y se titula Ese hombre.



Ese hombre que tú ves ahí

que parece tan galante
tan atento y arrogante
lo conozco como a mi­

Ese hombre que tú vas ahí
que aparenta ser divino
tan afable y efusivo
solo sabe hacer sufrir

Es un gran necio,
un estúpido engreí­do,
egoísta y caprichoso,
un payaso vanidoso,
inconsciente y presumido,
falso, enano, rencoroso,
que no tiene corazón

Lleno de celos
sin razones ni motivos
como el viento impetuoso,
pocas veces cariñoso,
inseguro de si­ mismo,
soportable como amigo,
insufrible como amor

Ese hombre que tú ves ahí
que parece tan amable,
dadivoso y agradable
lo conozco como a mi­

Ese hombre que tú ves ahí­
que parece tan seguro
de pisar bien por el mundo
solo sabe hacer sufrir

Es un gran necio,
un estúpido engreído,
egoí­sta y caprichoso,
un payaso vanidoso,
inconsciente y presumido,
falso, enano, rencoroso,
que no tiene corazón

Lleno de celos
sin razones ni motivos
como el viento impetuoso,
pocas veces cariñoso,
inseguro de si mismo,
soportable como amigo,
insufrible como amor

..................................................................

El poema recoge uno de los temas barrocos por excelencia: la dicotomía entre apariencia y realidad. Una cosa es lo que parece, y otra muy diferente, lo que es realmente. Y esto da lugar a confusiones, mentiras, desengaños y decepciones cuando comprobamos que lo que se percibe de una manera superficial, no tiene nada que ver con lo que nos encontramos al hacer un análisis más profundo de la realidad.

La verdad, a veces, está escondida bajo un velo o envoltorio de gracia y encanto. Detrás de una máscara de virtudes y donaire nos podemos llevar la desagradable sorpresa de darnos de bruces con la mayor sarta que hayamos visto de defectos, males y lacras.

Eso le pasa a la protagonista de esta canción, la cual no para de criticar, despellejar, reprender, reprobar y clamar contra un hombre, cuya apariencia es la de un amante perfecto, de película, de los que ya no quedan, con un sinfín de virtudes, pero una vez te metes de lleno en sus entrañas, es el ser más repugnante y despreciable con el que te puedes encontrar, lleno de defectos que te llevan por la calle de la Amargura día sí y día también.

Analizando la descripción que hace el yo poético del muchacho está claro que es una persona muy tóxica a la que no hay que pedirle ni la hora.

Realmente la estructura de la canción es de lo más sencillo que hemos visto desde que empezamos el blog. A pesar de la cantidad de letra, de la cantidad de defectos que se citan y de la cantidad de falsas virtudes que se enumeran, el esqueleto sintáctico es muy básico. El yo poético lo engorda a base de añadir muchos elementos, pero el esquema es siempre el mismo:

1.       Sujeto con complemento oracional relativo: Ese hombre que tú ves ahí. Introduce las dos estrofas del tema

2.       Verbo 1: Parece. Es la lista de virtudes que aparenta el muchacho (galán, atento, divino, afable, efusivo, amable, dadivoso, agradable, seguro). Se trata de una descripción superficial, falsa, ilusoria, no real. El amante por fuera parece una cosa

3.       Verbo 2: Es. Es la lista de defectos que posee de forma inherente (necio, estúpido, engreído, egoísta, caprichoso, payaso, vanidoso, inconsciente, presumido, falso, enano, rencoroso, sin corazón, celoso, poco cariñoso, inseguro…). Se trata de una descripción profunda, verdadera, real, interna. El amante por dentro es otra cosa diferente a la que parecía.

4.       Predicación de consecuencia: Solo sabe hacer sufrir. El resultado de la interacción con este señor es la infelicidad, la amargura, la toxicidad, el sufrimiento.

El hecho de que un tema tenga tanta letra no quiere decir que sea complejo. Esta canción es larga, pero muy sencilla. Se podría resumir con esta fórmula matemática:

SUJETO + APARIENCIA + REALIDAD = SUFRIMIENTO

Ya está. Fijaos que cosita tan sencilla, accesible y entendible para todos. Por eso este tipo de canciones triunfaron tanto en el gran público.

Mediante el demostrativo (ese hombre), el adverbio de lugar (ahí) y el verbo perceptivo en segunda persona (ves), el yo poético enmarca la figura masculina en el entorno y lo convierte en diana y objetivo de todas las críticas, análisis y juicios de valor.

Aunque este señor nunca toma la palabra durante la canción, está implícito en el acto comunicativo. Es como si el yo poético lo estuviera contemplando en las inmediaciones o a una distancia más o menos cercana, lo cual le sirve de motivación para soltar todas las “lindezas” del estribillo.

Presentar al objeto descriptivo dentro de las coordenadas del habla es una manera de enfatizar la credibilidad y dar intensidad al contexto. El yo poético busca desahogarse y soltar toda la rabia y furia que lleva dentro después de haber sufrido tanto a su lado.

Durante las estrofas se utilizan verbos que expresan apariencia (PARECE tan galante, APARENTA ser divino…). Los adjetivos utilizados tienen connotaciones positivas (galante, atento, afable, efusivo, amable, dadivoso, agradable, seguro…).

Externamente, la figura del amante es la de un ser perfecto y celestial. Todo son virtudes y elogios. Un caballero bien vestido, educado, cortés, detallista, amigable, bondadoso, generoso, simpático…En definitiva, el amante cortés ideal de la lírica provenzal. Tan perfecto que parece irreal. Y si no existiera habría que inventarlo. Sin embargo, esto es solo fachada, apariencia. La realidad es bien diferente.

La figura masculina, en el plano de la apariencia, es endiosada y elevada hasta cuotas inimaginables. Se usan adjetivos relacionados con la deidad (divino), el amor cortés (galante), la alta autoestima (seguro de pisar bien por el mundo), la imagen social y personal (arrogante), el vitalismo (efusivo), el compromiso social (dadivoso) o la empatía (atento, afable, amable, agradable).

Encima, se usan los cuantificadores para llevar la virtud al grado más elevado posible (tan galante, tan atento). La conjunción copulativa (y) contribuya a sumar, a añadir, a acumular todas esas virtudes, creando un retrato cercano a la perfección (atento y arrogante, afable y efusivo…)

Si solo nos quedáramos con las estrofas estaríamos ante el amante más perfecto de la historia de la literatura y la música. Muchos diréis: es imposible que exista alguien así: ¿Dónde está el truco? El truco está en que esas virtudes son solo una fachada, apariencia, envoltorio, artificio, pompa…que se quedan en nada cuando conoces cómo es por dentro este ser

Las virtudes son artificiales, fingidas, planificadas, se usan como mecanismo para engatusar, atraer, enamorar, cautivar. Después, una vez has atraído a la mujer a tu terreno, es cuando sacas tu verdadero carácter lleno de defectos que amargan la vida a quien está al lado: “Solo sabe hacer sufrir”.

La finalidad y el sentido de la vida para este hombre es hacer infeliz a la gente. Y el yo poético ha calado al hombre, sabe qué tipo de persona es y qué es lo que busca: “Lo conozco como a mí”.

En el estribillo es cuando el yo poético enumera todos y cada uno de los defectos de este hombre, desenmascarándolo, sacando a relucir todo lo que tiene oculto, y así el receptor vea que tras esa fachada de buenismo, hay mucha maldad y toxicidad

El verbo ser (es un gran necio…) se contrapone al verbo parecer que había en las estrofas (parece tan galante…). Funcionan como una antítesis entre la apariencia (parece) y la realidad (es).

Ambos son verbos copulativos, aunque tienen significados diferentes. La forma verbal ser expresa cualidades inherentes de una realidad (en este caso, el hombre). El yo poético lo describe en su máxima esencia y esplendor, que es la maldad. Es la verdad verdadera (valga la redundancia), frente al verbo parecer que marca una verdad provisional, temporal, que solo tiene valor hasta que conoces al hombre.

La figura masculina, en el plano de la esencia, es criticada, rebajada, vapuleada y denostada hasta cuotas inimaginables. Se usan adjetivos relacionados con la falta de inteligencia (necio), el ego (engreído, vanidoso, egoísta), el narcisismo (presumido), los defectos físicos (enano), el mal amor (lleno de celos, insufrible), la no empatía (pocas veces cariñoso, que no tiene corazón, rencoroso), el impulso (caprichoso, impetuoso), la carencia de principios morales (falso, inconsciente), la baja autoestima (inseguro).

Para enfatizar los defectos en grado máximo el yo poético recurre a adjetivos con valor cuantificativo (gran necio), adjetivos que matizan y completan a otros adjetivos (estúpido engreído, payaso vanidoso), bimembraciones acumulativas (egoísta y caprichoso, inconsciente y presumido), enumeraciones en asíndeton (falso, enano, rencoroso, que no tiene corazón), adjetivos de capacidad (lleno de celos), comparaciones (como el viento impetuoso), sintagmas de frecuencia (pocas veces cariñoso) y paralelismos (soportable como amigo, insufrible como amor: nombre derivativo + partícula comparativa + sustantivo de relación interpersonal).

La expresión “no tener corazón” tiene valor metonímico ya que alude a lo concreto (corazón), por lo abstracto (sentimiento). Una persona sin corazón es una persona sin emociones.

Los últimos versos funcionan como conclusión o moraleja deductiva del poema. Con personas así lo mejor que podemos hacer es mantener las distancias y gestionar bien los contextos.

Como relación personal circunstancial, habrá que aguantarlo en muchas ocasiones, aunque no nos guste (“soportable como amigo”) pero como persona para vivir a diario e integrar en tu vida y en tu círculo más íntimo y personal es un suicidio y una forma de joderse la vida (“insufrible como amor”). 

El mensaje de la canción está claro: con personas así ni agua. Lo mejor es alejarse. No son buenos compañeros en el viaje del amor jajajja

Métricamente, encontramos versos de diferente medida. La mayoría son de arte menor octosílabos (tan afable y efusivo), pero habrá algunos de 5 (es un gran necio) y 10 (ese hombre que tú ves ahí).

Las estrofas riman de forma abrazada: primer verso con cuarto (ahí, mí) y segundo con tercero (galante, arrogante): Abba.

El primer y último verso del estribillo no riman con ningún otro (necio, corazón), y el resto forman una quintilla: abbab



jueves, 30 de septiembre de 2021

Niña colombina: una historia de desamor en tierras onubenses

Después de una tragedia tan intensa y truculenta como la de El maletilla, hoy toca una copla dulce e intimista, pero no por ello menos triste y melancólica. Cuenta la historia de una joven que sufre un desengaño amoroso, tras prendarse de un marinero

La voz aterciopelada y sosegada de Gracia Montes junto a su sensibilidad y forma de interpretar tan serena y comedida, fueron claves para que esta Niña Colombina se convirtiera en una de las habaneras más bellas del repertorio, allá por el año 1979.



Con una rosa en la boca

Bajaba desde el Conquero

Y en una esquina sin luna

Se la encontró un marinero

 

La rosa fue deshojada

Por un beso que le dio

Y ahora va desconsolada

La niña sola llora de amor

 

Rosa del Conquero

No lo esperes más

Que tu marinero

Nunca volverá

 

Es una ruina

Este mal querer

Rosa del Conquero

Niña colombina

No llores por él

 

El viento dijo esta copla

Desde la ría al Conquero

La niña se vuelve loca

Sin ver a su marinero.

 

El corazón en pedazos

Y la mirada en el mar

Con una rosa en los brazos

La niña sola llorando va

 

Rosa del Conquero

No lo esperes más

Que tu marinero

Nunca volverá.

 

Es una ruina

Este mal querer

Rosa del Conquero

Niña colombina

No llores por el

................................................................

Una de las virtudes de este poema es que el protagonismo no lo tienen los hechos (la no correspondencia del marinero y la joven) sino los sentimientos, la situación anímica, el estado emocional de la protagonista, fruto de ese desengaño

Se trata de una copla antimorbosa, ya que huye de los detalles más triviales y banales de la relación, para centrarse únicamente en el contexto espiritual de la chiquilla (la pena y el desasosiego después del rechazo).

Aunque en el poema se genera implícitamente una situación de no flechazo (el marinero no está por la labor de empezar una relación seria y deja a la muchacha compuesta y sin novio), no se indagan en las circunstancias que provocan el desamor.

Otras composiciones buscan el morbo (la alusión a terceras personas, cuernos, escenas de despecho, repudio, rencor, maldiciones de la mujer al amante…). En cambio, este tema deja de lado los posibles motivos y causas de la no correspondencia para centrarse en el componente humano que es la situación anímica y psicológica de la mujer.

Además, la proyección de emociones se hace sin estridencias ni dramatismos. La chica está triste (algo normal, ya que el amado no le corresponde). Sin embargo, para mostrar esa aflicción no hace falta exagerar, ahondar e intensificar el conflicto (en plan, pobre niña que se encuentra tan sola, desamparada y desgraciada). Se puede expresar el dolor que uno tiene dar tanto ruido.   

El hecho de que en la canción no hable la protagonista en primera persona, sino que toda la historia la conozcamos a través de un narrador externo, contribuye a dar una visión más comedida y elegante de la realidad (y no por ello, exenta de sentimientos).

Aunque este narrador en tercera persona sea un testigo que no forma parte de la historia, sí se implica emocionalmente, y a veces, penetra en el interior de la chica, de forma que hay frases dichas por el narrador, que podría decir perfectamente la protagonista.

La frontera entre narrador-protagonista resulta muy tenue. Se trata de un narrador lírico, subjetivo, que se pelea con la historia y la tiñe de elementos emocionales, dramáticos, sentimentales pero sin excesos.

Lo fácil ante una copla de desengaño amoroso como esta es ponerla en boca de la mujer para que derroche y vomite todo lo que tenga dentro, sin filtro, optando por un estilo barroquizante y excesivo. En cambio, aquí, la presencia de un narrador que media entre la acción y el receptor da ese toque de elegancia y renacimiento que dota de brillantez a la composición

El comienzo del tema resulta sensualista y colorista. Recuerda a un poema modernista. La acción se inserta en un marco natural idílico y paradisiaco, de base real, como es la Atalaya del Conquero, un paisaje de Huelva, famoso por sus puestas de sol y preciosas vistas. Se trata de una zona montañosa con mucha vegetación, desde la que se divisa el mar y todos los pueblos de la comarca.

Esta ambientación preciosista también se proyecta en la descripción y presentación de la protagonista: Con una rosa en la boca, bajaba desde el Conquero.

El adelantamiento del complemento circunstancial de instrumento y del complemento circunstancial de lugar al verbo (hipérbatos “con una rosa en la boca bajaba…” y “en una esquina sin luna se la encontró…”) permite al narrador recrearse en este ambiente casi pastoril, configurando una escena entrañable/placentera de la que cuesta despegarse

Al fin y al cabo, esta primera estrofa es la única parte feliz de la canción, pues en ella se narra el encuentro entre los amados: En una esquina sin luna se la encontró un marinero. Es el único momento en que vemos a la chica gozosa, antes de su desdicha.

La metáfora lumínica (esquina sin luna) hace referencia a la discreción, al silencio, al secretismo que encierran las relaciones no matrimoniales. Los amantes necesitan verse en sitios tranquilos, fuera de los ojos de la gente, para no ser juzgados. De ahí la alusión a la oscuridad (sin luna). En los años 70 la mentalidad puritana estaba a la orden del día

En la segunda estrofa se produce un contraste, ya que la protagonista pasa del estado de dicha al de infelicidad y desdicha. Además, este cambio se produce de manera súbita y brusca: en un verso está contenta disfrutando del marinero, y al siguiente está llorando

A partir de aquí se rompe el idilio y la canción se convierte en drama: La rosa fue desojada por un beso que le dio, y ahora va desconsolada. La niña sola llora de amor

La imagen de la rosa desojada, desde el punto de vista de la protagonista, representa la virulencia, la intensidad, la fuerza del sentimiento amoroso. La rapidez e inmediatez con la que se produce el enamoramiento nos recuerda a la vieja poesía de cancionero, en la que un contacto sensorial implicaba caer bajo los efectos de Cupido.

En Niña Colombina no se implica tanto al sentido de la vista, sino el del tacto (un beso, el cual aporta un matiz sensual y físico).

Lo que está claro es que ella se ha encariñado perdidamente del marinero y daría lo que fuera por pasar el resto de su vida con él.

La rosa desojada, además, puede funcionar como metáfora del desvirgamiento. La flor representa la pureza, la inocencia, la ingenuidad, la naturaleza en su máxima candidez. Tal vez este encuentro acabara en un escarceo amoroso y la chica perdiera la virginidad. De ahí que la flor se quede sin pétalos. El paso de niña a mujer es uno de los momentos míticos e inolvidables en la vida de una persona (todo el mundo recuerda cómo, dónde, cuándo y con quién se acostó la primera vez)

Desde el punto de vista del marinero, la imagen de la rosa desojada tiene un matiz físico y sexual. El marinero solo se deja llevar por lo superficial (la chica es bella, guapa, joven, tiene buen cuerpo...), pero no quiere ir más allá, ni formalizar una relación

La rosa metaforiza la juventud y belleza de la chica. En la poesía amorosa es típico identificar a la amada con una flor, ya que las flores son elementos naturales bonitos y hermosos, que brillan en primavera. La juventud es la primavera de la vida, el momento en que el cuerpo de una persona está en su máxima plenitud.

Mientras que para el chico, el encuentro solo ha sido un aquí te pillo, aquí te mato (amor carnal), para la chica ha sido un momento trascendental y culminante en su vida que no olvidará jamás (amor espiritual). Esta diferencia provoca la no correspondencia (él no quiere ir más allá y ella sí), y por tanto, el desengaño.

Los complementos predicativos enfatizan el estado de tristeza de la chica, ya sean en su orden sintáctico natural (y ahora va desconsolada) o en hipérbaton (la niña, sola, llora de amor).

En el estribillo, el narrador se dirige e invoca a la protagonista mediante metáforas en vocativo (Rosa del Conquero) e imperativos (no lo esperes más).

Ya dijimos que el narrador, aunque no forme parte de la historia, se implica de forma subjetiva en la misma llegando a interactuar con la chica. Su función consiste en dejar las cosas claras a la mujer, ser sincero, desvelar cuál es la cruda realidad, para que la asuma: No lo esperes más, que tu marinero nunca volverá

Leyendo esto, nos da la impresión de que el narrador resulta demasiado tosco, directo, frío e incluso dañino en sus palabras. El adverbio de frecuencia y el futuro de indicativo (nunca volverá) cierran la puerta a la esperanza. No hay posibilidad de que el marinero vuelva con la chica. La historia está acaba. No hay marcha atrás.

Sin embargo, el narrador, implícitamente, hace el papel de maestro de la vida, de amigo, de adoctrinador para la protagonista. Muchas veces los amigos nos dicen cosas que no queremos oír, pero lo hacen por nuestro bien, para que asumamos la adversidad lo antes posible y evolucionemos en la vida. Sería absurdo dar falsas esperanzas, a algo que es imposible.

Aunque parezca que el narrador está en el interior de una coraza, y en una posición de superioridad moral (es muy fácil hablar/aconsejar desde la distancia, cuando no has pasado por lo mismo), no es una entidad apática. Todo lo contrario.

El hecho de que el narrador interactúe con la chica hace que el espectador le coja cariño (empatía) y se genere un contexto dramático grave, pero sin dramatismos excesivos. El relator desvela la realidad a la chica tal cual es, sin tapujos, ni titubeos, ni ambigüedades

El narrador penetra en el pensamiento de la protagonista y se implica tanto, que hay metáforas que no sabemos si las expresa la chica o él (Es una ruina este malquerer). Se trata de un estilo indirecto libre, que recuerda al del monólogo interior de la novela contemporánea

La ruina, que es un concepto económico, físico y material (falta de recursos, de dinero) se aplica a un estado sentimental y psicológico. Esta transfiguración semántica permite ahondar en la tristeza de la chica. La protagonista, en términos anímicos y espirituales, está en un estado ruinoso. Su pobreza no se debe a falta de dinero, sino a falta de amor

A pesar de su aparente frialdad, podemos ver al narrador dando ánimos y consolando a la chica: Rosa del Conquero, niña colombina, no llores por él. El relator sacar a relucir su lado más humanizado y empático.

En la segunda parte del tema, el sensualismo y colorismo del escenario se han perdido. La tristeza de la protagonista afecta a la Naturaleza que le rodea. Esta se solidariza con su estado anímico, uniéndose a su pena y dolor. Por ejemplo, al inicio de la segunda estrofa se dice que el viento se encarga de difundir la aflicción de la muchacha por la comarca: El viento dijo esta copla desde la ría al Conquero

La personificación de los elementos naturales no está al servicio de crear una atmósfera idílica, sino todo lo contrario: generar un ambiente gris, melancólico, incoloro, que es el que corresponde a la decadencia espiritual de la chica

Se recurre a un motivo temático de la poesía medieval de cancionero: el amor como enfermedad, el cual puede llegar a ocasionar trastornos y locuras en el ser humano

En la Edad Media se escribían tratados teóricos sobre los efectos que producían el enamoramiento y el mal de amores, así como sus remedios y soluciones. En Niña Colombina, la protagonista alcanza un estado de enajenación mental: La niña se vuelve loca sin ver a su marinero. El desengaño amoroso ha provocado una alteración de sus facultades (enfermedad).

El uso del posesivo (su/tu marinero) implica una relación de vinculación y dependencia, que es propia de una concepción tradicionalista del amor, el cual se define como algo material y físico. Es como una pertenencia o posesión, sin la cual no se puede vivir.

Detectamos un par de imágenes que connotan soledad y desencanto:

La primera de ellas es “el corazón en pedazos”. La rotura simboliza la no unión, la falta de correspondencia, la separación física y espiritual de los amantes. Esto provoca dolor y pena. El corazón se ha roto jejjee.

La segunda estampa es la de los ojos de la niña anclados hacia el mar. Su amante es marinero. Por tanto, mirar al mar es una forma de establecer un vínculo con él.

En ningún momento la protagonista habla. Se crea un ambiente de silencio absoluto, donde el narrador se limita a describir los movimientos y gestos de la niña (en este caso, la mirada).

Esta estampa genera un flujo dramático por sí mismo, sin necesidad de recurrir a la explosión emocional en primera persona: Y la mirada hacia el mar, con una rosa en la mano, la niña sola llorando va. No hace falta rasgarse las vestiduras para expresar el dolor de la protagonista

Como veis, mirar el mar es una forma de esbozar y recordar el amante (que simboliza el idílico pasado). En este caso, la rosa ha perdido su valor sensual y físico y ha adquirido un significado más melancólico y nostálgico.

Métricamente el poema está compuesto de versos cortos (arte menor). Cada estrofa está formada por la unión de dos cuartetas de versos octosílabos (8a 8b 8a 8b).

En el estribillo los versos son de 6 sílabas (hexasílabos) y forman una cuarteta (6a 6b 6a 6b) y una “cuasi-quintilla” (digo casi porque no es una quintilla del todo, ya que en las quintillas no deben quedar versos sueltos y aquí si hay un verso suelto, terminado en “Conquero”): 6a 6b 6- 6a 6b.


lunes, 20 de septiembre de 2021

El maletilla: una copla trágica en la que el ruedo se tiñe de sangre

Un porcentaje importante del repertorio de la copla toma como fuente de inspiración el mundo taurino. De ahí que haya multitud de canciones que tengan como protagonista a toreros, desarrollen la acción principal en el ruedo o describan el ambiente de la corrida. Otras veces, verterán elogios o exaltaciones a figuras relacionadas con la tauromaquia.

Normalmente, estos temas poseen un léxico técnico-especializado referente a la materia taurina (capote, picador, presidente, burladero, verónica…).

Hoy vamos a analizar una muestra de ese cancionero torero, con un romancillo por tientos compuesto por Ochaita, Valerio y Solano en el año 1958 para las voces de Juanito Valderrama o Gracia de Triana (entre otros). La copla de hoy es El maletilla

Ya sabéis que el mundo de los toros ha generado muchísima controversia y debate en la sociedad española. Lo que para unos es un arte y un símbolo de nuestra cultura, para otros es una aberración y una vergüenza, al hacer espectáculo con la agonía y muerte de unos animales.

Lo mejor que podemos hacer es quedarnos con la parte literaria de la canción (que es una maravilla) y dejar de lado los asuntos polémicos. El hecho de que se recurra al mundo del toreo no debería constituir ningún obstáculo para dejarnos llevar por el flujo lírico de la composición.

Por ejemplo, en la historia de la literatura española, una de las elegías más bellas jamás creadas está dedicada a la muerte de un torero (el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías de Federico García Lorca). Y eso no impide su calidad.

En la copla pasa exactamente lo mismo: muchas canciones recurren a lo taurino, pero literariamente emocionan y están muy bien hechas. Y es con lo que hay que quedarse.




Arríen la bandera de la plaza,

apaguen ese sol que arriba arde,

que yo no quiero ver qué es lo que pasa

si sale el tercer toro de la tarde.

Quisiera no mirarlo y ya le veo,

oculto entre la gente al chavalillo

que sueña con la gloria del toreo

y ciego va a saltar,

va a saltar hasta el anillo.

 

Por Dios, señor presidente,

por Dios, por Dios no saque el pañuelo,

que aunque el chiquillo es valiente

pué haber, pué haber un día de duelo.

Se lo están pidiendo a usía

cuando el miedo las agobia

dos mujeres aflijías,

una madre y una novia,

ay, que cuchillo de duelo,

por Dios señor presidente,

por Dios. por Dios no saque el pañuelo.

 

Sonó el clarín y el toro está en la arena

y al ruedo se ha tirao el maletílla,

que empieza temerario la faena

citándolo en un pase de rodillas.

La plaza es un fanal de azul y oro

y un grito lo rajó como un cuchillo

y al ver entre los cuernos de aquel toro

vencío por la muerte, por la muerte al chavalillo.

 

Por qué señor presidente,

por qué, por qué sacó usté el pañuelo,

la sangre de aquel valiente sembró,

sembró un clavel en el suelo.

Y están viendo su agonía

cuando el miedo las agobia

dos mujeres doloridas,

una madre y una novia,

ay, que cuchillo de hielo,

por qué, señor presidente,

por qué sacó usted el pañuelo.

...............................................................................

El maletilla es una canción que se circunscribe dentro del género trágico, pues su desenlace es triste y lacrimógeno. Asistimos en directo a la muerte de un aprendiz de torero, el cual es embestido por el animal en medio de la corrida.

Los maletillas eran mozos más o menos jóvenes, que estaban formándose y aprendiendo a torear, pero todavía no habían adquirido el prestigio, la fama y la técnica de los grandes toreros de la época. Con el objetivo de poner a prueba sus habilidades, llamar la atención de la gente y comenzar a hacerse famosos, se lanzaban como espontáneos al ruedo, en medio de la corrida.

Estos personajes siempre aguardaban en las gradas entre el público asistente, y cuando veían la oportunidad, saltaban a la arena y mostraban sus dotes como toreros (aunque solo fuera durante unos segundos).

Si lo hacían bien y la gente les aplaudía, los maletillas ascendían en la escala del toreo. Muchos matadores que hoy son conocidos e importantes empezaron como simples maletillas, y al final, se consagraron y se convirtieron en figuras emblemáticas del gremio

La primera parte de la canción (estrofa+estribillo) se desarrolla en el momento anterior a la salida del toro. El poeta-narrador adopta una postura omnisciente, es decir, de absoluto y total conocimiento de lo que va a pasar.

Él sabe de antemano que el final de la historia va a ser trágico y el lector-receptor va a asistir irremediablemente a una escena horrible, angustiosa, sangrienta, truculenta.

En los primeros versos se crea un clima muy incómodo, como si estuviéramos a punto de contemplar algo desagradable, que sería mejor no ver: Arríen la bandera de la plaza, apaguen ese sol que arriba arde que yo no quiere ver qué es lo que pasa si sale el tercer toro de la tarde

La voz lírico-narrativa se dirige tanto al público de la plaza como a los posibles lectores-oyentes de la canción, gracias a las marcas de tercera persona del plural (Arríen, apaguen) que forman estructuras de paralelismo (verbo+complemento directo+complemento del nombre: arríen-apaguen, la bandera-ese sol, de la plaza/que arriba arde).

La imagen del Sol apagado está relacionada con la oscuridad, la ceguera, la noche. Cuando algo es horrible y angustioso, para no sufrir, lo mejor sería no verlo. Por eso, pide a la gente que “apague el sol”, para no ver lo que está a punto de pasar.

Un elemento natural, que no depende de la voluntad de la gente (Sol), es tratado como si fuera un objeto artificial, que sí depende del capricho del ser humano. La cosificación de lo natural crea un ambiente mortecino, que anticipa algo trágico. Es una especie de mal agüero.

La voz poética se implica en la historia, convirtiéndose a la vez en testigo (como si fuera parte del graderío) y a la vez en transmisor (narrador, que se anticipa y sabe lo que va a pasar).

Esto se consigue gracias a las marcas de primera persona, tanto verbales como pronominales: que YO no quierO ver, QuisierA no mirarlo y ya le veO.

Se crea una sensación de angustia e inestabilidad, ya que el narrador sabe que va a pasar algo malo y no puede hacer nada por evitarlo. Al no ser un personaje, no puede influir en la acción. Solo es un transmisor (cuenta una historia que no depende de él). Lo único que puede hacer es contemplar cómo se van sucediendo los acontecimientos a lo largo de la copla, esperando el desenlace funesto.

Al final de la primera estrofa asistimos a la presentación del protagonista, mediante oraciones de participio (oculto entre la gente al chavalillo), oraciones de relativo (que sueña con la gloria del toreo) y oraciones simples con adjetivos (ciego va a saltar).

En los textos trágicos, la aparición del protagonista se convierte en una parte solemne. Da la impresión de que esta persona es alguien un poquito más especial que las demás (está por encima del resto). De toda la multitud que hay en la plaza, el foco narrativo se acerca al protagonista, como si fuera el zoom de una cámara. De esta manera, se resalta la figura del héroe trágico.

El uso de diminutivos (chavalillo), crea una sensación de afectividad y acentúa más la tragedia. El hecho de que una persona joven (casi un niño) con toda la vida por delante muera, resulta más dramático y contundente que si fallece una persona mayor. Es contra natura que una persona de 20-30 deje de existir.  

De hecho, el narrador se recrea en las ilusiones, sueños, aspiraciones y deseos del chico (ser torero). Todo esto “engorda” la tragedia, ya que el héroe no comete actos inmorales o erráticos. Simplemente hace lo que le gusta (torear). Se está autorrealizando. Busca alcanzar su plenitud a través del trabajo. Y eso no es malo. Lo que pasa es que le va a llevar al desastre.

Las anadiplosis (ciego va a saltar/ va a saltar hasta el anillo) junto al hipérbaton (el predicativo “ciego” se adelanta al verbo “saltar”) crean una sensación de inestabilidad, de dramatismo, ya que al narrador le cuesta ser fluido en la sintaxis, como si él, (que ya que sabe lo que va a pasar) se viera muy afectado y tocado emocionalmente. Es difícil contar algo tan duro y horrible.

El anillo es una forma metafórica de designar al ruedo, a la arena (que tiene forma redonda). Por eso se dice que el maletilla está a punto de saltar al anillo.

En el estribillo, la voz poética se dirige al presidente mediante súplicas dramáticas (Por Dios, señor presidente, no saque el pañuelo).

Para los que no lo sepáis, el presidente es la persona encargada de dirigir la corrida de toros y tomar decisiones importantes. Mediante un sistema de pañuelos de colores da las instrucciones básicas: pañuelo blanco cuando sale el toro, pañuelo verde cuando hay que devolver el toro a los corrales, amarillo cuando se concede indulto al toro, azul cuando se concede la vuelta al ruedo…

El presidente es tratado como una autoridad, como a una persona a la que se debe respeto. De ahí que la voz poética se dirija a él en una ocasión como usía (su señoría).

Como el narrador sabe que va a pasar algo malo, le suplica desesperadamente que no saque el pañuelo que autorice la salida del toro. Si no saca el pañuelo, no hay animal, y por tanto, no habría muerte en esta canción.  

La voz lírica se recrea en estos momentos previos a la salida, parando el tiempo, con el objetivo de seguir engordando el drama.

El lenguaje recuerda al de los poemas más exaltados del Romanticismo, gracias a la acumulación y repetición desmesurada de palabras (Por Dios señor presidente, por Dios, por Dios no saque el pañuelo). En dos versos aparecen tres “Por Dios”.

El narrador está muy perturbado, porque se da cuenta de que la tragedia está cada vez más cerca. De ahí ese tono de desesperación, con anáforas (los dos primeros versos del estribillo empiezan por “Por Dios”) imperativos (no saque) y frases entrecortadas (aunque el chiquillo es valiente, pué haber…pué haber un día de duelo).  

A la voz poética le cuesta articular los sonidos, le cuesta hablar, le cuesta terminar las palabras y las frases (“pué” en lugar de “puede”). La apócope (pérdida de elementos finales de la palabra) está al servicio del dramatismo.

El narrador advierte al presidente de lo que puede pasar. En las grandes tragedias hay siempre oráculos que vaticinan y hacen advertencias. Lo que pasa es que el narrador no es un personaje, y por tanto, no puede influir en el desarrollo de la historia. Estas súplicas solo existen en la imaginación del narrador, no en la acción. Por eso no son efectivas. El narrador sabe todo pero no puede hacer nada por evitar la cogida.

Estos miedos y advertencias del narrador representan los sentimientos de los familiares de los toreros. Tened en cuenta que madres/novias/hermanas lo pasan mal viendo a un ser querido torear, ya que con cada toro, se están jugando la vida y están expuestos a que les pase algo malo.

Por eso, los familiares son los sufridores de los festejos taurinos. Esto se ve en el primer estribillo: cuando el miedo las agobia dos mujeres afligidas: una madre y una novia

La segunda parte de la canción (estrofa+estribillo) corresponde al momento de salida del toro. La descripción del protocolo de la corrida es realista y dinámico: Sonó el clarín y en toro está en la arena.

El sujeto (el clarín) se pospone al verbo (sonó), dando un toque de solemnidad y rotundidad a la situación y provocando efectos sensoriales (el clarín es un ruido típico de la fiesta nacional). El narrador quiere trasladar el ambiente típico al receptor, sin ningún tipo de adorno retórico.

El polisíndeton realza la acumulación de escenas, como si estuviéramos asistiendo a una pequeña película, detallando todos y cada uno de los pasos del protagonista: Sonó el clarín Y está el toro en la arena. Y al ruedo se ha tirado el maletilla.

El sujeto se sigue posponiendo al final de la frase (el maletilla), anteponiendo el circunstancial de lugar (al ruedo) y el verbo (se ha tirado), con el objetivo de enfatizar la escena y recrearse lentamente en ella. El hipérbaton retarda el ritmo de un texto y le da cierta intriga.  

La espectacularidad del momento creado (el posible “morbo trágico”) se fusiona con el realismo y costumbrismo del ambiente, ya que la voz poética hace alusión a faenas y técnicas del toreo: que empieza temerario la faena, citándolo en un pase de rodillas.

El complemento predicativo antepuesto al verbo (temerario) realza ciertas actitudes e impresiones subjetivas que van ligadas al mundo taurino (para mucha gente, los toreros son valientes por enfrentarse al peligro del toro). Y eso causa admiración, fascinación, respeto…

El costumbrismo se tiñe de elementos literarios gracias a las metáforas (la plaza es un fanal de azul y oro). Un fanal es una especie de farol o lámpara que se pone a los faros y los barcos como señal nocturna. Esto significa que la plaza está encendida, el ambiente es masificado (hay gritos, voces, murmullos, alboroto, aplausos, vítores). Es el ruido y atmósfera típica de los espectáculos en los que acude mucha gente y se lo pasan bien. La corrida está en su máximo esplendor y se nota que hay jolgorio y jaleo.

Al final de la segunda estrofa asistimos al trance patético, es decir, al momento más truculento de la historia: el toro embiste al maletilla y lo mata. Se resuelve en tan solo tres versos.

La escena conmociona al público presente en las gradas. Ya hemos dicho que la plaza es un fanal (un farol). La secuencia de la cogida conlleva la rotura y el desquebrajamiento de ese objeto. En otras palabras: la estampa provoca tanto horror, angustia y miedo en el público que el faro se rompe, no aguanta la presión de lo sobrecogedor del momento

Esto se representa con imágenes y comparaciones violentas: La plaza es un fanal […] y un grito lo rajó como un cuchillo al ver entre los cuernos de aquel toro, vencido por la muerte al chavalillo

Como veis, la copla representa de una manera explícita la imagen del chico fallecido. En otras tragedias, los momentos crueles y feos, quedan fuera del texto, ya que para muchos autores resulta poco decoroso manifestar explícitamente elementos sórdidos y desagradables (sangre, cadáveres, accidentes…).

Pensemos en otras canciones trágicas ya analizadas como María la Portuguesa o Lola Puñales. En ellas, el trance patético (asesinato) se pasa por alto. No se detalla. Sabemos que pasa, pero no asistimos al momento en directo.

En cambio, en El maletilla se representa en un primer plano el elemento morboso (la cogida del toro y la imagen del muchacho muerto). Son formas diferentes de concebir la tragedia. Estamos ante una tragedia más explícita, ruidosa, altisonante y efectista.

Las repeticiones (vencido por la muerte, por la muerte al chavalillo) marcan la tensión y conmoción del momento. Cuando estamos tocados emocionalmente nos cuesta hablar, articular palabras, ligar la sintaxis. Las palabras no fluyen. Es tan doloroso lo que se ha visto en el ruedo que cuesta digerirlo y transmitirlo.

Se trata de un efecto buscado por el propio autor. De hecho, podéis ver que la estructura sintáctica resulta engorrosa, con muchos complementos no necesarios en medio (entre los cuernos de aquel toro), repeticiones (por la muerte, por la muerte) y alteraciones de orden (“al ver vencido por la muerte al chavalillo” en lugar de “al ver al chavalillo vencido por la muerte” que es más natural). El dramatismo es máximo.

En el segundo estribillo asistimos a las lamentaciones post-mortem. El narrador se dirige al presidente otra vez (Por Dios, señor presidente) y le reprocha haber sacado el pañuelo (¿Por qué sacó usted el pañuelo?). Si no hubiera sacado el pañuelo, el toro no habría salido, y por tanto, no hubiera habido tragedia.

A pesar del momento adverso, el narrador usa la marca de cortesía en el tratamiento (Usted).

Percibimos un contraste con respecto al primer estribillo. En la primera parte la voz poética hacía una advertencia (no saque el pañuelo porque puede pasar X cosa). Ahora vemos una especie de reproche-lamento (por haber sacado el pañuelo ha pasado lo que ya advertía antes).

No obstante, repito lo de antes: el narrador no es un personaje, y por tanto, no interviene en la historia. Se dirige al presidente como forma de dar dramatismo (parecido a lo que hacía un juglar en la épica medieval), pero su contenido no tendrá repercusión en la acción. No puede parar la muerte del matetilla.

Un recurso habitual en este tipo de poesía trágica es convertir lo truculento, lo feo y lo desagradable (la sangre del chaval corneado por el toro) en una metáfora estética: La sangre de aquel valiente sembró un clavel en el suelo. El clavel y la sangre comparten un rasgo común: el color rojo.

El objetivo es homenajear, vitorear, elogiar la figura del torero. De todas formas, eso de mezclar lo sórdido con lo bonito, crea un efecto bastante grotesco y rocambolesco.  

Si en el primer estribillo se hacía alusión al miedo de los familiares (se pasa mal viendo a una persona que quieres jugueteando con la muerte), ahora se ve representado el dolor, la angustia y el miedo por perder a un ser querido: Y están viendo su agonía cuando el miedo las agobia dos mujeres doloridas: una madre y una novia.

El dolor se dramatiza con una metáfora de tono exclamativo e interjeccionado: Ay, qué cuchillo de hielo. La tragedia no solo es terrible para el que la sufre, sino también para el que la contempla. El espectador se identifica con la víctima y sufre al ponerse en su lugar (empatía)

En cuanto a la métrica, hay que decir, que tanta repetición provoca pequeños desajustes en el cómputo silábico de los versos. No obstante, si eliminamos esas reiteraciones, el esquema es sencillo.

-Las estrofas están formadas por versos endecasílabos, que se agrupan en dos serventesios: 11A 11B 11A 11B

-Los estribillos están formados por versos octosílabos, que forman dos cuartetas: 8a 8b 8a 8b.

Hay un verso que queda despegado de los demás, que es el último (“Ay, qué cuchillo de hielo”). No obstante, rima con el segundo y el cuarto (hielo-pañuelo-duelo).