viernes, 5 de noviembre de 2021

Hasta la raíz (Natalia Lafourcade): ese amor profundo y perdurable que alumbra nuestra vida

El tema que vamos a analizar hoy es una mezcla de pop con música folclórica mexicana. Fue compuesto en el año 2015 por Leonel García y Natalia Lafourcade. Esta última puso la voz. Pertenece al sexto álbum de la artista chilanga. La canción se titula Hasta la raíz, y fue todo un éxito en Latinoamérica


Sigo cruzando ríos

Andando selvas
Amando el sol
Cada día sigo sacando espinas
De lo profundo del corazón
En la noche sigo encendiendo sueños
Para limpiar con el humo sagrado cada recuerdo

Cuando escriba tu nombre
En la arena blanca con fondo azul
Cuando mire el cielo en la forma cruel de una nube gris
Aparezcas tú
Una tarde suba una alta loma
Mire el pasado
Sabrás que no te he olvidado

Yo te llevo dentro, hasta la raíz
Y por más que crezca, vas a estar aquí
Aunque yo me oculte tras la montaña
Y encuentre un campo lleno de caña
No habrá manera, mi rayo de luna
Que tú te vayas


Pienso que cada instante sobrevivido al caminar
Y cada segundo de incertidumbre
Cada momento de no saber
Son la clave exacta de este tejido
Que ando cargando bajo la piel
Así te protejo
Aquí…

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El poema habla de ese amor que nunca se olvida y perdura toda la vida, a pesar de que la persona amada no se encuentre físicamente con nosotros y se ha ido. El motivo de la ausencia es indiferente. Da igual que sea ruptura, fallecimiento o circunstancias personales. Lo importante es que el sentimiento permanece ahí por mucho que pasen los años, nos hagamos mayores o nos alejemos geográficamente del ser amado.

Los primeros versos nos evocan al poema épico y la novela idealista (sobre todo, la bizantina, la morisca y la de caballería, en las que predomina un espíritu aventurero). La voz lírica se halla inmersa en diferentes trances y hazañas, propias de un héroe que viaja por el mundo, tal como se expresa en la enumeración: sigo cruzando ríos, andando selvas, amando al sol.

Sin embargo, este peregrinaje no es físico, sino espiritual. Es el periplo de la vida. La existencia humana conlleva un proceso, el cual tiene un principio, un desarrollo y un final; y se divide en etapas o ciclos. El hombre sigue un camino, un recorrido, un trayecto, una expedición, una travesía (usad el sinónimo que queráis, siempre y cuando se interprete en sentido metafórico)

Todos trazamos nuestra propia senda. Cada uno la suya, igual que el yo poético de la canción. El camino está lleno de experiencias, vivencias, situaciones, sucesos... Nos van a pasar muchas cosas, ya que estamos sumidos en una continua búsqueda, como la protagonista del tema. Todos queremos ser felices, cumplir nuestras pasiones, deseos, sueños, aspiraciones. En definitiva, buscamos autorrealizarnos como seres humanos, y eso nos obliga a interactuar con el mundo, y por ende, nos ocurran cosas.

Las estructuras en paralelismo dan intensidad y épica a este proceso vital: gerundio (cruzando, andando, amando) + complemento directo que alude a un elemento de la Naturaleza (ríos, selvas, el sol). La existencia es como una aventura llena de lances, eventos y percances, que provocan emociones fuertes en nosotros. Somos como los personajes de una novela. A veces estamos arriba, y otras abajo.

El verbo seguir (sigo cruzando…) implica continuidad. Aunque en este viaje ocurran hechos trascendentales que nos marcan para siempre (en el caso de esta composición, la persona amada se aleja de la protagonista), la vida no se para, el mundo no deja de girar, hay que reanudar el camino. De ahí que el yo poético realice estas gestas a pesar del final de la relación. Aunque el amado se haya ido, ella prosigue con su vida (nuevos lugares, nuevas gentes, nuevas historias y situaciones…). Se ha acabado un capítulo, episodio, apartado (como queráis llamarlo) de la novela, pero el libro tiene más contenidos jejeje.

Los elementos vinculados a la tierra (río, selva, sol) metaforizan la belleza de la existencia humana, y a la vez, su espíritu salvaje. Nosotros vemos un bosque frondoso, una corriente de agua o la luz solar y nos quedamos embobados con su majestuosidad, su encanto, su hermosura, su atractivo. Es bonito de ver. Lo más cercano a la perfección.

Pero también, nos da miedo, respeto, temor: la selva es peligrosa (hay fieras, barrancos, nos podemos perder en ella…); la corriente de agua es brava (nos arrastra, nos ahogamos…); el sol, puede ser cruel (gracias a su lejanía da vida al planeta, pero si nos acercáramos a él, las temperaturas de 1000 grados nos matarían).

Los elementos telúricos (sol, río, selva) representan la pureza de la vida humana, tanto en los momentos placenteros, como en los dolorosos. Como dice Luz Casal en su famoso tema Besaré el suelo, cuanto más bella es la vida, más feroces sus zarpazos. La existencia en su máximo esplendor, sin artificios ni maquillajes. De ahí la presencia de una Naturaleza virgen.

Unas veces reiremos, lo pasaremos bien, tocaremos el cielo, nos extasiaremos de felicidad. Otras, lloraremos, estaremos jodidos, nos querremos morir. Una de cal y otra de arena (como diría la cantante Merche). En ambos casos, hay que seguir adelante en nuestro periplo vital y seguir buscando, como hace la voz lírica. La vida es una lucha continúa (citando a Pío Baroja)

El conflicto, el dolor y la pena marcan al yo poético en su camino. Esto se expresa con la metáfora clásica del elemento punzante: cada día sigo sacando espinas de lo profundo del corazón. La espina de Antonio Machado (o el clavo de Rosalía de Castro) representa la aflicción que producen los desencantos vitales. Los objetos que tienen punta hacen daño, provocan sufrimiento (al alma humana). La vida te da palos. En este poema, se ha ido la persona amada.

El circunstancial de frecuencia (cada día) y la perífrasis progresiva (sigo sacando) circunscriben la angustia al ámbito de lo permanente. Todos convivimos con ese sentimiento de tristeza, fruto de los desengaños que nos da la vida. La pesadumbre es una constante del ser humano. Es un componente inherente de la existencia. Las experiencias malas están ahí siempre, y tarde o temprano vamos a pasar por una.

No obstante, la protagonista evita caer en el pesimismo y la depresión más absoluta: en la noche sigo encendiendo sueños para limpiar con humo sagrado cada recuerdo

La noche, al igual que la espina, funciona como metáfora de la amargura y el pesar del alma. Es el momento del día en que no alumbra la luz del sol, y la vida en el mundo exterior deja de fluir (la gente se retira para descansar). Por tanto, fruto de esas decepciones, el corazón humano se vuelve oscuro, solitario y muerto.

Sin embargo, la voz lírica, en lugar de abandonarse a sí misma y zozobrar anímicamente, decide combatir al desencanto con el poder y la fuerza de su mente. De ahí la imagen iluminativa (encender sueños).

En otras canciones (sobre todo en copla) vemos a mujeres regodeándose en la miseria emocional y la pena, con un dramatismo exacerbado ante la ausencia del amado. Aquí, el yo poético se enfrenta a la decepción evocando los grandes momentos vividos con esa persona. Es una forma de encontrar consuelo, atenuar el daño, y también, prolongar el sentimiento amoroso, y que este perdure a pesar de que físicamente no esté el ser querido.

El recuerdo de lo vivido nos da fuerza y motivación para seguir caminando en la vida. El sueño funciona como principio iluminador, creador, enérgico, estimulador, que purifica la memoria: para limpiar con humo sagrado cada recuerdo

Nuestras vivencias (en este caso, positivas) quedan almacenadas en la consciencia. Es un tesoro muy grande que llevamos dentro de nosotros. Las podemos utilizar en nuestro beneficio, para levantarnos cuando estemos mal. Por eso, hay que conservarlas, cuidarlas, mimarlas…De ahí la metáfora de la purga (limpiar con humo). Igual que ordenamos y sacamos brillo a nuestras casas, también debemos hacerlo con nuestros recuerdos. Nos pueden ayudar e impulsarnos en los momentos de decadencia.

 El humo no es un elemento tóxico y dañino. Va acompañado de un adjetivo con connotaciones trascendentales (humo sagrado). Ya sabéis que todo lo relacionado con la divinidad y el culto religioso tiene mucho valor en las sociedades. La humareda representa la fuerza de la voluntad de nuestra mente: el querer estar bien, no hundirnos, seguir adelante. Es el instinto de supervivencia, que Dios nos ha dado.

Si la persona amada se aleja (como le sucede a la protagonista), no hay que caer en el desconsuelo. Recordar las grandes vivencias nos da la energía para continuar en la vida, ya que es una forma de percibir el amor. El hecho de que alguien no esté físicamente con nosotros no quiere decir que se acabe el sentimiento. La pasión perdura en nuestra mente, y nos aporta la misma plenitud.

Por eso, la voz lírica no se desvincula de su amado. Lo tiene presente en todo momento. Lo lleva dentro de sí: cuando escribe tu nombre en la arena blanca con fondo azul, cuando mire el cielo en la forma cruel de una nube gris, aparezcas tú

Cualquier elemento o estampa del mundo tangible sirve de inspiración para evocar a ese ser tan maravilloso, tal como se expresa en el paralelismo: conjunción subordinada temporal (cuando/cuando) + verbo (escriba/mire) + complemento directo (tu nombre/el cielo) + complemento circunstancial (en la arena blanca con fondo azul/ en la forma de una nube gris).

¿Qué significa esto? La persona amada está en todas partes, es omnipresente, como si fuera un Dios. Cuando quieres a alguien con ese grado de máxima intensidad la llegas a considerar una especie de divinidad, a la que adorar y venerar.

Las formas verbales de primera persona (escriba, mire) comparten espacio estrófico con las marcas de segunda persona, ya sean en forma de posesivo (tu nombre), verbo (aparezcas) o pronombre personal (tú). A pesar de la separación física de los amantes, la conexión en el sentimiento no se ha roto. Siguen vinculados, unidos, fusionados, atados, asociados, ligados desde un punto de vista afectivo. Ella lo sigue queriendo a pesar de no estar.

En este segmento de la canción, la adjetivación resulta colorista, viva, modernista (arena blanca, fondo azul, forma cruel, nube gris). Esto se debe a que la pasión es intensa, fuerte, verdadera, tan pura y esencial como la Madre Naturaleza.

El yo poético se para a contemplar el camino recorrido con el objetivo de recordar los buenos momentos con esa persona, y reconfortarse: una tarde suba una alta loma, mire el pasado, sabrás que no te he olvidado. Hace un ejercicio de autoanálisis e introspección.

El yo poético muestra al paisaje (las lomas, la tarde) lo que habita en las profundidades de su alma. Al echar una mirada hacia el fondo, subyace la memoria feliz, la memoria alegre de un efecto, una otredad que construye una memoria inquebrantable. La voz lírica se desnuda ante la Naturaleza (emocionalmente). El entorno y la protagonista se funden, crean una alianza inquebrantable con el objetivo de indagar en lo más hondo del corazón humano.

La chica se dirige explícitamente a su amado: sabrás que no te he olvidado. Hay un sujeto elíptico y una forma verbal en primera persona ([yo] no te he olvidado] dirigidas a otro sujeto omitido y otro verbo en segunda persona ([tú] sabrás).

Evidentemente, no hay contestación. El interlocutor no responde, ya que no está con ella. No obstante, la protagonista se siente tranquila, serena, confortable y en paz consigo misma al hablar con y hacerle saber que no lo ha olvidado, y todo lo vivido con él forma parte de su consciencia. Lo lleva guardado como si fuera un tesoro. En lo más extraño, en lo más inverosímil y en lo cotidiano emerge su recuerdo y la consciencia de su memoria.

Ella toma palabra como si él lo estuviera escuchando (aunque realmente no esté presente) para comunicarle que su amor hacia él sigue siendo igual de puro y sincero que siempre. El hecho de expresar tus emociones, sensaciones y sentimientos te fortalece, te libera de tensiones, te vivifica. Tragarse las cosas no es bueno para el alma. Por eso la chica habla con él.

En el estribillo, la raíz funciona como metáfora de la profundidad del sentimiento amoroso. La pasión es tan grande, que él forma parte de ella: yo te llevo dentro hasta la raíz. Esto está influido por el lenguaje de la mística, y más concretamente por su fase final, la llamada vía unitiva: dos almas se encuentran y se funden en un solo ente, ya que el amor entre los dos es PERFECTO, SUBLIME, INTRÍNSECO, INHERENTE. La pasión es incondicional, forma parte de ellos de una manera natural. Se quieren porque sí. 

El amado no es solo una memoria apacible. También es consustancial, abarcante. Está anclado, atado, unido, soldado a la protagonista, como la raíz del árbol a la tierra nutricia. No se pueden separar. Forman una unidad irrompible e indestructible (aunque él ya no esté).

En la poesía mística es normal asistir a representaciones de inclusión entre las almas, en las que un miembro se representa como una parte o elemento integrado en el otro: yo te llevo dentro.

Por mucho que la biología y el devenir vital sigan su curso, el amor permanece inalterable: y por más que crezca, vas a estar aquí. Aunque pasen los años y el árbol se haga grande, el yo poético mantendrá ese fervor y esa idolatría hacia el amado. La pasión perdura toda la vida, independientemente de que estén o no juntos. Como veis, el amor es tan grande que desafía las leyes de la Naturaleza.

Cuando quieres a alguien tanto es imposible ocultar el sentimiento. No puedes esconderlo por mucho que quieras. La subordinada concesiva indica que por muchas trabas y obstáculos que haya en el camino, si hay amor, el vínculo con esa persona es perpetuo: aunque yo me oculte tras la montaña y encuentre un campo lleno de caña, no habrá manera, mi rayo de luna que tú te vayas. Te unes a esa persona para toda la vida (sentimentalmente).

Las formas del relieve (montaña, campo) son una metáfora de las dificultades externas para la consecución del amor. Ya hemos dicho que la Naturaleza, a veces, es cruel, y las cosas no salen como uno quiere. Las circunstancias pueden entorpecer, estorbar, complicar, pero al final, si dos personas están destinadas a quererse, por muchos escollos que haya en el camino, la fusión entre los amantes es inevitable. Es imposible huir del sentimiento verdadero. Al corazón no lo engañas.

La protagonista se dirige al amado con un vocativo afectivo (mi rayo de luna). El posesivo expresa una relación de pertenencia. Este amor, este sentimiento (que no persona) es suyo y solo suyo (del yo poético). Es propio, personal. Y da sentido a su vida. Sin ese vínculo, ella no es nadie.

La imagen del rayo lunar está influida por la mística. Un alma solitaria se encuentra infeliz, amargada, triste. Ve que su vida no tiene sentido. Necesita a otra alma. La oscuridad, la noche y el vacío son metáforas típicas para representar ese estado de angustia y “aislamiento”.

Cuando esta alma descarriada se percata de la existencia de otra alma, entra en deseos de unirse a ella. Ve que la existencia empieza a cobrar significado. La luz es la metáfora típica para representar este momento. Su fulgor nos guía hacia esta otra alma.

Por eso el amado se asocia con el rayo lunar. Es un halo de iluminación en medio de la oscuridad. Gracias a él, la vida del yo poético adquiere sentido. Si está triste, el hecho de pensar en él le alegra el día. Si se encuentra sola, evoca sus recuerdos y ya se siente llena de amor. Lo que da luz a la existencia no es la persona, sino el sentimiento hacia ese ser. La entidad amada se puede ir, pero el vínculo es tan grande que resulta imborrable y marca de por vida.

La segunda estrofa es una reafirmación del estribillo. La integración entre los amados es impecable, óptima, completa. Esto se expresa con un par de metáforas extraídas del mundo textil y dérmico: este tejido que ando cargando bajo la piel

El yo poético no concibe al amado como un vestido (capa externa), sino como un cacho de su piel (capa interna). Lo sitúa en el plano de lo profundo, en vez de lo superficial. La perífrasis progresiva (ando cargando) proyecta el vínculo hacia la eternidad. A esta persona la va a llevar SIEMPRE en su corazón. 

Esta unidad con el otro da protección, amparo, abrigo, seguridad, energía para seguir viviendo (cruzar esos ríos y selvas de la primera estrofa). Cada experiencia vivida teje una red de certidumbres en medio del caos, del desasosiego y de la duda que genera el propio proceso vital: pienso que cada instante sobrevivido al caminar, cada segundo de incertidumbre, cada momento de no saber, son la clave de este tejido que ando cargando bajo la piel.

En las circunstancias más desafiantes y desfavorables la fusión entre las dos almas permanece vigente. Muchas veces, no sabemos qué hacer con nuestra vida, tenemos miedo, dudamos de nuestros actos, nuestras inquietudes no son resueltas, nos sentimos mal y queremos llorar. Con una persona tan importante en nuestro corazón, la cuesta arriba se hace más llevadera.

El paralelismo acentúa los segmentos más conflicticos y problemáticos de la vida: indefinido (cada/cada/cada) + sustantivo de carácter temporal (instante/segundo/momento) +complemento (sobrevivido al caminar/de incertidumbre/de no saber). Todas las personas pasamos por periodos críticos en nuestro periplo existencial, que ponen nos ponen a prueba como seres humanos, y gracias al amor, los solventamos con eficacia.

La predicación modal del último verso resume/sintetiza el contenido de toda la estrofa: así te protejo. Se trata de un final inductivo: de las afirmaciones particulares e individuales se extrae una conclusión general.

Métricamente, el poema es irregular. Alterna caóticamente versos de arte mayor (una tarde suba una alta loma) y menor (aparezcas tú). La rima va por libre, excepto leves asonancias al final de algunos versos (sol/corazón, sueños/recuerdo, pasado/olvidado, raíz/aquí, saber/piel, montaña/caña)

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