jueves, 18 de noviembre de 2021

En el último minuto: nunca es tarde para encontrar el amor

Podríamos decir que Juanita Reina constituye la antítesis de Marifé de Triana. Mientras que en el repertorio de esta última predomina lo trágico y lo dramático (Caramelitos de menta es una excepción cómica dentro de esa tendencia histriónica), con Juana sucede lo contrario: los temas salerosos y burlescos se imponen a los poemas más serios

A lo largo de la historia del blog hemos analizado muchas canciones ligeras de la artista macarena pero también, en su larga trayectoria como folclórica, cultivaría coplas más trascendentales como la de hoy. Data del año 1971. Fue compuesta por Rafael de León y el maestro Solano. Se titula En el último minuto

Los expertos han definido esta composición como la versión seria de Soltera yo no me quedo (que revisamos hace unos meses).


Yo andaba navegando por los treinta

Sin el amor que tanto deseaba
Y entre mis labios, triste y macilenta
Una rosa sin tallo se quemaba,

Con desesperación,
Buscaba, buscaba un dueño
Y soñaba la cárcel de unos brazos,
De unos brazos,

Pero me despertaba
De mi sueño, de mi sueño
Y con el alma sin paz
Hecha pedazos, hecha pedazos,

Y de pronto y de pronto en el último minuto
A punto, a punto de vestir de negro luto,
Te vi llegar feliz un mediodía
Y el otoño sin rosa de mi espera,
Se convirtió en florida primavera,
Cuando se unió tu boca con la mía.

Tu boca con la mía, tu boca con la mía
Tu boca con la mía, con la mía.

Y tu beso, y tu beso en el último minuto,
En rosa, en rosa convirtió mi negro luto,
Y mi canción de pena en alegría
Y por eso mil veces yo bendigo,
El día que, que me encontré contigo
Cuando se unió tu boca con la mía

Tu boca con la mía, tu boca con la mía
Tu boca con la mía, con la mía.

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En la España de los años 40 y 50 estaba mal visto que una mujer se quedara soltera. Lo correcto y lo convencional era que una chica joven buscara un novio cuanto antes para casarse con él y formar una familia. Cuando una moza traspasaba cierta edad sin haber encontrado a su media naranja, se decía que se había quedado para vestir santos, y eso, era objeto de burla, ironía y sarcasmo por parte de la sociedad.

El hecho de que algo se salga de las costumbres establecidas suele ser motivo de crítica. De ahí que muchas muchachas, por el miedo a quedarse solteras y ser el hazmerreír del vecindario, se casaran sin realmente estar enamoradas.

La protagonista de la canción ha alcanzado una edad complicada en esto de encontrar pareja. Tened en cuenta que en la década de los 40 la gente se casaba muy joven (antes de cumplir los 20). Por lo tanto, una persona de 30 años como la chica, era considerada vieja para descubrir el amor y casarse.  Hoy pocos se casan a los veinte jejjeje.

Sin embargo, aunque haya sido a una edad tardía (en el contexto de la época), la mujer encontrará a un hombre con el que casarse. Cuando pensaba que se iba a quedar soltera para siempre, y su vida se convertiría en una sucesión de días insípidos, descafeinados, tristes y solitarios, de pronto, sin esperarlo, se topa con la persona con la que compartirá el resto de su existencia.

Como dice el refrán, nunca es tarde si la dicha es buena. Aunque haya sido tarde (en el último minuto) es posible encontrar un novio y evitar la temida soltería, y por ende, no ser el hazmerreir de la gente.

La canción se divide en dos partes (estructura bimembre).

-La primera parte abarca las tres primeras estrofas, que describen la situación anímica de la chica antes de encontrar pareja. Ella se siente insatisfecha e infeliz, pues no quiere quedarse soltera.  

-La segunda parte abarca los dos estribillos que describen la situación anímica de la protagonista tras haber encontrado, aunque haya sido a una edad tardía, un novio con el que casarse. Por tanto, la mujer se siente plena y radiante (no tanto por estar enamorada, sino porque ha evitado la soledad sentimental)

La primera estrofa sirve de planteamiento de la historia e incluye la descripción y presentación de la moza. La edad de la muchacha se expresa mediante la metáfora de la vida como camino o lugar de tránsito, rescatada de la poesía elegíaca manriqueña: Yo andaba navegando por los treinta.

El complemento circunstancial de modo, junto la oración de relativo, resaltan la soltería y soledad de la mujer (sin el amor que tanto deseaba).

El cariño se convierte en algo imprescindible y necesario para la vida de la protagonista. Por un lado, es un sentimiento que aporta vitalidad, felicidad, satisfacción, plenitud (espiritualismo); Por otro lado, es un estado de normalidad que permite a la gente pasar desapercibida entre la multitud (materialismo). La etiqueta de “comprometido con” te convierte en un miembro más del rebaño

Lo normal en esta época era casarse. Ver a una chica joven con su novio era algo usual, ordinario, corriente y no resultaba extraño ni llamativo. Sin embargo, una persona sola, sin pareja, no pasaba desapercibida ante los ojos de la sociedad, ya que la gente tiende a resaltar y criticar lo que se sale de lo convencional.

El yo poético, por tanto, no desea el amor por la felicidad y satisfacción que le produce querer a otra persona, sino por alcanzar ese estatus social de normalidad (no llamar la atención ni sobresalir en la comunidad por su estado sentimental). Quedarse soltero es un rasgo negativo y perjudicial desde el punto de vista de la imagen y el honor.

Como consecuencia de ese miedo a la anormalidad, la protagonista se siente triste al no tener pareja. Esa aflicción se manifiesta con tres recursos en una misma frase:

-La metáfora de la flor marchita y descolorida, que hace referencia al paso de los años, el fin de la belleza y la incapacidad de cumplir los objetivos vitales: Una rosa sin tallo se quedaba. A medida que nos hacemos mayores, el cuerpo humano pierde hermosura, y resulta más difícil encontrar pareja, y por ende, consumar nuestra función social (traer hijos al mundo). A la chica se le pasa el arroz. A los 20 tiene más armas para atraer a los hombres que a los 30.

-La personificación de la flor decrépita, con el fin de resaltar el pesimismo y las pocas ganas de vivir de la protagonista, debido a su soltería: triste y macilenta [una rosa]

-El hipérbaton, el cual se manifiesta de forma violenta como en los poemas conceptistas y culturalistas del barroco: Y entre mis labios, triste y macilenta, una rosa sin tallo se quedaba. Cuanto más violento es el hipérbaton, mayores son las inquietudes anímicas del yo. La protagonista está sufriendo mucho con este tema y se nota afectada.

El complemento circunstancial de modo (con desesperación) refleja el ansia de la chica por encontrar pareja. El amor se concibe como un estado artificial, postizo, provocado, buscado, preparado y no como un sentimiento espontáneo, intuitivo o natural. Al final, el materialismo (no quedarse soltero) vence al espiritualismo (pasión, deseo, placer)

Tened en cuenta que muchas mujeres no se casaban por amor, sino para no quedarse solteras. En estos casos, querer o no a la otra persona era algo secundario. Lo importante era vincularse con alguien. Las reduplicaciones (buscaba, buscaba un dueño) marcan el ansia y la urgencia de la protagonista por no quedarse sola. Tener pareja se convierte en una prioridad, en una necesidad de primer orden. El objetivo no es satisfacer el instinto amoroso, sino no ser señalado socialmente (solterona).

La protagonista desea con todas sus fuerzas un novio. El hecho de vincularse con un hombre es representado con la metáfora de la cárcel de amor, muy recurrente en la vieja poesía de cancionero: Y soñaba la cárcel de unos brazos.

El sentimiento amoroso se representa con una trena: aprisiona a la persona. Una vez te enamoras, es imposible desprenderse del afecto por alguien. No puedes escapar de ese vínculo. El apego no desaparece nunca. Queda dentro de ti como si estuviera prisionero en una celda. Surge una necesidad de unión con el amado. Cuando quieres a otro ser humano, te cuesta separarte de él/ella. Te imbricas de tal forma que es imposible quedar libre de esa pasión. Cuando el amor entra en tu vida, no se va. De ahí lo de la cárcel.

En este poema, la prisión no hay que interpretarla en sentido espiritual, sino físico. La voz poética, lo que quiere, es estar con un hombre para no quedarse soltera. Es la cárcel del matrimonio (que no del amor). Lo importante no es querer a su novio, sino unirse a él para adquirir la etiqueta civil de casada

La aspiración de la muchacha es el matrimonio. Este anhelo se expresa metafóricamente mediante la contraposición entre sueño/vigilia y realidad/deseo, tema muy cernudiano

En el plano de la mente, la fantasía y la imaginación su ideal es casarse, dejar la soltería, cuanto antes mejor. En el plano de la vida real, no conseguía pescar marido. Pasaban los años y era incapaz de conocer a un hombre: pero me despertaba de mi sueño, y con el alma sin paz, hecha pedazos. Esto le provoca frustración. Tener un proyecto de vida y no verlo materializado es doloroso.

La cosificación de un concepto abstracto (el alma, el espíritu resquebrajándose como si fuera un objeto) refleja la pena e insatisfacción vital de la protagonista. Esta alcanzará su estado de plenitud y paz interior cuando tenga novio y se case con él. Mientras tanto, se verá sumida en un estado de angustia y perturbación, propio del que no cumple sus sueños.

En el estribillo se produce un giro en los acontecimientos, y la protagonista pasará de un estado de soledad (soltera) a uno de compañía (casada). Encontrará a su media naranja: Y de pronto, en el último minuto […] se unión tu boca con la mía.

Como veis, la trama da un giro inesperado, de una forma brusca y repentina, mediante el marcador temporal “de pronto”. Este supone una ruptura violenta respecto a un estado anterior.

El yo poético estaba triste, solo, desesperado, hundido en la miseria más absoluta. De repente, sin esperarlo, consigue lo que quiere (estar con alguien)

La historia se resuelve de una forma fría y poco romántica. Al fin y al cabo, la señora no busca enamorarse, sino evitar la soltería. Aunque la satisfacción es grande (ya que era su deseo), hay que interpretarlo desde la perspectiva de la sociedad de los años 40: ella no celebra el enamoramiento, sino la posesión de la pareja. Aquí no interesa el proceso amoroso, sino el resultado (estar casado).

El paso de un estado a otro se representa con una metamorfosis metafórica. Antes de conocer al hombre, la realidad se veía de una forma pesimista y gris. Esta infelicidad se representa con el color oscuro del duelo (a punto de vestir de negro luto) y la estación otoñal (el otoño, sin rosa de mi espera).

Cuando fallece un ser querido la gente se viste de negro para expresar la tristeza por su pérdida. El otoño es el momento del año en que la vegetación se degrada, pierde parte de su encanto, se caen las hojas de los árboles, el campo se despoja del color del verano

Al conocer al chico, se produce la transformación. La realidad es vista de una forma optimista y colorida. Esto se representa con una metáfora extraída del ciclo natural (el negro luto se convirtió en florida primavera) y solar (te vi llegar feliz un mediodía).

La primavera es la estación más bonita del año (cuando hay flores). El mediodía es el momento de la jornada en el que hay mayor luz, ya que el Sol está en lo alto del cielo.

Como veis, este poema recurre a metáforas relacionados con el mundo climatológico y atmosférico, poniéndolo en relación con el estado anímico del yo poético

El primer estribillo se remata con una imagen sensual y preciosista, ligada a la unión mística, pero desde un enfoque físico: Cuando se unió tu boca con la mía.

La voz lírica se recrea en una estampa mítica que capta el momento de fusión entre el hombre y la mujer, el instante en que se produce la plenitud y satisfacción de la dama, pues esta ya ha cumplido su deseo, que es tener a su dueño. Ahora puede morir en paz. Su problema ha sido resuelto.

La imagen de los labios besándose es un retrato/fotografía/grabado que representa ese estado de pasión y éxtasis del yo poético tras haber materializado su proyecto vital. Está desprovisto de connotaciones eróticas. Es un momento mágico para la protagonista, ya que deja de ser una solterona, para convertirse en una mujer casada. El sentimiento de placer es igual de grande e indescriptible que el de una persona enamorada.

En el segundo estribillo se proyectan metáforas que reflejan el paso de la infelicidad a la felicidad, mediante elementos feos y negativos que se transforman en cosas bonitas y positivas, en estructuras en paralelismo con elipsis: En rosa se convirtió mi negro luto, Mi canción de pena [se convirtió] en alegría

La mujer agradece al destino (llámese Dios, llámese azar…) el hecho de haber conocido a este señor en el momento y lugar adecuados, justo cuando daba por perdida la batalla y pensaba que la soltería le iba a acompañar para el resto de sus días. Si estuviéramos en un partido de fútbol, diríamos que ha marcado gol en el minuto 93, de chiripa y por puro milagro: Por eso mil veces yo bendigo el día que me encontré contigo.

El numeral mil crea una hipérbole, la cual es un reflejo de las ansias de la protagonista por no quedarse soltera. A día de hoy (año 2021), esta actitud parece ridícula, pero en la España del Franquismo, había mujeres que sufrían por la soltería, y preferían vivir con alguien sin amor, a quedarse solas, ya que eso suponía ser marcadas socialmente

¿Os acordáis de la copla Compuesta y sin novio que analizamos el año pasado junto a la de Soltera yo no me quedo? (las dos de Juanita Reina)

La protagonista representaba a esa minoría de jóvenes que desafiaban lo convencional y veían en la soltería algo positivo y maravilloso en sus vidas (libertad, nada de cargos, ni cuidados de niños, ni rencillas familiares, ni riñas con el marido, ni cuernos…)

En cambio, la mayoría de las mujeres españolas compartían las filosofías de Soltera yo no me quedo y En el último minuto: mejor mal casadas que solteras.

En Soltera yo no me quedo, el asunto se enfoca de una manera cómica y burlesca. En el último minuto, de una forma seria y dramática. En ambos casos, se esboza un retrato de la sociedad española de Posguerra.

Métricamente, la primera estrofa está formada por un serventesio de endecasílabos (11A 11B 11A 11B)

La segunda y la tercera son irregulares: cada verso tiene un número de sílabas diferente, combinando el arte mayor (y soñaba con la cárcel de unos brazos) y el arte menor (con desesperación). Esto dota a la composición de un ritmo entrecortado.

La rima desaparece, salvo en las repeticiones de palabras al final de los versos (hecha pedazos)

Los estribillos constan de la unión de un pareado de quince sílabas (luto, minuto) con un cuarteto endecasílabo (11A 11B 11B 11A) y dos versos sueltos que crean un eco con el final del cuarteto (tu boca con la mía).

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