lunes, 8 de febrero de 2021

Señora (Ecos del Rocío): un homenaje a nuestras abuelas

Si el el mes pasado hicimos un homenaje a los pequeños de la casa con Esos locos bajitos, hoy les toca a los mayores, y más concretamente a nuestras abuelas, esas señoras que desde bien pequeñitas han luchado, a pesar de las dificultades, contra viento y marea, para sacar adelante su familia y su casa. Y hoy, nosotros, somos lo que somos gracias a ellas. Para ello he elegido una bonita sevillana de Ecos del Rocío del año 1999 titulada Señora.



A su vera soy un niño
¿Cómo andamos de salud?
Le tengo tanto cariño
Quisiera hablarle de tú

Para todo el mundo eres la “vieja”
Te llamas Rosa, Manuela
Rosario, Regla o Pilar
Tu vida es una novela
Que anda buscando el final

No me empiece a contar
Señora de aquellos tiempos
Del lavadero y la cal
Hay que hacerte un Monumento
Y nadie te ha hecho nada

Tienes la gloria ganada
Dolores, Ana, Maria
Carmen, Concha o Soledad
Qué guapa estás todavía
Con tu cara escamondada

No hace falta preguntarte
Ni tu nombre, ni tu edad
Déjame que yo le cante
A tus manos arrugas

Nunca fueron a la escuela
Apenas saben de cuentas
Ni aprendieron a jugar
Tus manos son dos leyendas
Y nadie te ha dicho nada


Tu vida fue siempre igual
De algofifa y escalera
De rodillas encalladas
Tus manos son para cogerlas
Y besarlas sin parar.

Tu nombre suena a verdad

Teresa, Juana, Josefa
Rafaela o Caridad
Déjame ver la belleza
De tus manos arrugadas

Trae la guitarra compadre
¿A quién le vas a cantar?
A los pechos que una tarde
Me hartaron de mamar

Ella quiso amamantarme
Que no podía mi madre
Cómo le voy a pagar
A alguien que quiso darme
de su hijo la mitad

El campo te vio luchar
De algodones y olivares
De vendimia y arrozal
Tú que siempre te aviaste
Con los flecos de un jornal

Seca tus ojos mujer
Milagros, Paca, Rocío,
Candelaria, Isabel
Quién se quedara dormido
En tus pechos otra vez

Señora me da dos besos
Que no la quiero cansar
Le agradezco el consentimiento
Para poderla tutear

Ni la sonrisa pintada
Fue su marido y sus niños
Su único capital
Usted vivió con cariño
Su vida para los demás

Qué mas me puede contar
Señora de aquellos tiempos
Del lavadero y la cal
Hay que hacerte un Monumento
Y nadie te ha hecho nada

Señora que guapa está
Consuelo, Antonia, Luisa
Mercedes o Trinidad
Gracias por darle la vida
A quién no la olvidará

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El yo poético exalta y canta a la figura de la anciana como símbolo de la lucha por la vida. Esta señora podría ser cualquiera de nuestras abuelas, y seguro, que muchos de los lectores le acabarán poniendo cara, identificándola con alguna de las mujeres que han jugado un papel importante en sus vidas y circunstancias personales. Seguramente muchos diréis al escuchar esta sevillana: anda, esto me recuerda a mi abuela, a mi madre, a mi tía... Esa es la magia del tema: que el receptor se emocione y vea en esta ancianita a alguien de su entorno íntimo y cercano. Por tanto, esta señora de la canción es un concepto genérico o prototípico que cada uno podrá concretar con sus circunstancias personales.

De ahí que a lo largo de la canción se enumeren antropónimos (nombres de mujer) típicos de la onomástica española: Rosa, Manuela, Rosario, Regla, Pilar, Dolores, Ana, María, Carmen, Concha, Soledad, Teresa, Juana, Josefa, Rafaela, Caridad, Milagros, Paca, Rocío, Candelaria, Isabel, Consuelo, Antonio, Luisa, Mercede, Trinidad. Todos son nombres propios femeninos frecuentes en nuestro país. Es fácil que un porcentaje importante de los lectores conozca a alguna mujer de su vida íntima que se llame así. Eso enfatiza muchísimo el proceso de identificación. 

En los estribillos, el yo poético no para de verter elogios sobre la señora: Que guapa está todavía con tu cara escamondada, Déjame ver la belleza de tus manos arrugadas, Señora que guapa está. Aunque la vejez no sea la etapa más estética y armónica del cuerpo humano (al fin y al cabo, se trata de una época de decadencia), el amor, el cariño y la pasión que siente la voz poética por estas mujeres es tan grande, que ve un halo de hermosura donde a priori parece que no hay. 

De todas formas, no os dejéis llevar por las apariencias. Muchas de estas señoras en su juventud fueron muy guapas, aunque os parezca que no. Ya lo dice el refrán: quien tuvo retuvo. Y aunque no lo fueran, la calidad humana es tan grande que todo es percibido como bello. Esto es típico de la poesía de cancionero donde la pasión se acaba comiendo a lo físico. Y la belleza no es solo por fuera, sino por dentro. Esas arrugas, por ejemplo, son bellas en el sentido de que son vestigio de una historia, de la historia de la vida de estas señoras.

Además del elogio, el yo poético evoca nostálgicamente escenas pasadas placenteras con estas señoras, manifestando el deseo de volver atrás en el tiempo, tal como se expresa con la exclamación retórica: Quien se quedara dormido en tus pechos otras vez!. Este es el viejo tópico manriqueño de que cualquier tiempo pasado fue mejor. El yo se recrea en su infancia y rescata una escena feliz y sin preocupaciones.

Ya vemos que hay elogio, hay evocación nostálgica, y también hay agradecimiento. El yo poético da las gracias a estas señoras por existir, por llevarnos al mundo, por querernos, por darnos nuestro amor, por darlo todo por nosotros: Gracias por darle la vida a quien no la olvidará. 

El premio a toda esa vida es el recuerdo. Permanecer en la memoria del otro es una de las sensaciones más gratificantes que hay. Incluso cuando esa persona, por ley natural, ya no esté en el mundo, habrá gente que la siga recordando por todas esas cosas tan maravillosas que hizo. Estas mujeres han dejado un legado, y eso nunca se olvida. Aunque mueran, seguirán siendo eternas. Es el concepto manriqueño de fama: la memoria y el recuerdo que una persona deja en el mundo tras una existencia honrosa y ejemplar, como las de estas señoras.

A lo largo de la sevillana el yo poético habla y se dirige en primera persona a la señora, la cual es receptora del homenaje, pero nunca toma la palabra. Esto nos evoca a la jarcha mozárabe. Hay un diálogo esbozado (no total): se supone que en el acto comunicativo tenemos un receptor (la señora), pero no habla, aunque sí está presente al lado del yo. 

Por ejemplo, en uno de los estribillos este se dirige a la anciana y le dice que se seque las lágrimas (seca tus ojos mujer). Aunque la señora no habla, la vemos reaccionar, emocionarse, por ese homenaje que le están haciendo y por recordar cosas de su pasado. Es normal que ante todas las cosas bonitas que el yo poético le dice, la anciana se emocione y se tenga que secar las lágrimas

En la primera sevillana asistimos al saludo del yo poético a la señora, mediante la presentación (A su vera soy un niño) y la interrogación retórica (¿Cómo andamos de salud?)

El yo poético se metaforiza a sí mismo (soy un niño), para enfatizar la idea de que ante una mujer anciana, contrastando en términos de edad, parece un chiquillo. Si comparamos a una persona de 20,30,40 con una de 80,90. Aunque la primera esté en una edad adulta/mediana, al lado de la otra es mucho más joven. El término niño se usa en la sevillana de forma laxa, relajada, pensando más en el contexto que en la definición objetiva del diccionario. Este fenómeno se conoce en semántica con el nombre de vaguedad.

En la etapa de la vejez, el cuerpo humano suele resentirse y es cuando llegan los problemas físicos y achaques. La salud pasa a convertirse en una de las principales preocupaciones para estas personas mayores. Por eso, la forma de empezar el acto comunicativo es preguntando a la señora qué tal se encuentra de salud.

El yo poético necesita crear un contexto cómodo, íntimo, pasional, apto para el fluir de las emociones. Por eso, se va a dirigir a la mujer mayor mediante el tuteo: Le tengo tanto cariño, quisiera hablarle de tú. Aunque las leyes de la cortesía nos dicen que las ancianas están en una jerarquía social superior y merecen un trato cortés y respetuoso (usted), el yo poético cree que eso podría resultar frío, y cuando quieres tanto a una persona debes ser tú mismo y actuar de la manera más natural y espontánea posible. 

Con las personas importantes, debemos ser nosotros mismos y dejarnos de protocolos lingüísticos. Así, el contenido de las palabras es más sincero y verdadero que si hay que andar planificando y midiendo cada detalle para cumplir unas reglas que no tienen mucho sentido. La emoción requiere espontaneidad. Y para expresar admiración y respeto no hace falta un pronombre de cortesía.

El homenaje empieza en lo más lo superficial, externo y banal: Para todo el mundo eres la vieja, te llamas Rosa, Manuela…. Por lo general, cuando alguien ve a una persona mayor suele quedarse con sus rasgos de vejez que es lo que externamente llama más la atención (las canas, arrugas, curvatura…). Es una vieja, una persona mayor, una abuela, una anciana… Es más o menos lo que decimos cuando vemos a alguien de elevada edad. Las asociamos a tiempos antiguos, pasados, en blanco y negro, de miserias y dificultades, muy alejado del nuestro y con el que apenas nos identificamos: señora de aquellos tiempos del lavadero y la cal. 

El lavadero es un elemento que lo asociamos a épocas arcaicas, cuando la gente lavaba a mano la ropa (normalmente en el río). No había lavadoras como ahora. Y con la cal ocurre algo parecido. Antiguamente las paredes y fachadas de las casas estaban revestidas de cal. Nada que ver con los materiales de construcción actuales (que si ladrillos, que su pladur…).

Después, la descripción entrará al plano de lo profundo, lo interno, lo espiritual, lo esencial, lo que de verdad merece la pena de estas señoras. Da igual que se llamen de una manera o de otra. Da igual que sean viejas. Lo importante es la calidad humana que tienen, la vida tan difícil que han pasado y todo lo que han luchado y nos han querido.

El hecho de haber vivido tantos años hace que estas personas hayan pasado por muchas experiencias vitales. Han sufrido, han penado, han reído, han llorado, han disfrutado, días buenos, días malos, desgracias, fortunas…de todo. Tanto trance y tanta peripecia se refleja muy bien con la metáfora: tu vida es una novela que anda buscando el final. Las novelas son complejas, llenas de aventuras, acciones, personajes, lugares. La vida es como una novela, ya que pasan muchas cosas a lo largo de los años, y en este caso, al tratarse de una mujer ya anciana es normal que el desenlace esté cerca.

Para el yo poético estas señoras merecen un homenaje. Han sufrido y han luchado mucho en una época que no era nada fácil, y muy poca gente les ha reconocido ese esfuerzo. Por eso, esta canción es una forma de realzar el valor y el mérito de estas señoras, que son anónimas, pero han hecho hazañas hercúleas por sacar adelante sus casas, sus familias: Hay que hacerte un monumento que nadie te ha hecho nada. 

Normalmente, los monumentos, mausoleos, homenajes, epitafios están destinados a personas que han dejado una huella importante en la historia (militares, héroes, pacifistas, escritores, pintores, artistas…). Este tipo de señoras podrían estar al mismo nivel que ellos, (aunque sean del pueblo llano) ya que han tenido que currárselo igual o más para alcanzar sus logros.

En esta canción se pretende pagar la deuda que la humanidad tiene con estas señoras, como una forma de devolver en forma de cariño y reconocimiento todo eso que han hecho por nosotros en vida. Les debemos mucho a estas mujeres. No merecen el olvido y el abandono. Después de todas las penurias y dificultades por las que han pasado y esa existencia honrosa, merecen el mejor estado posible. En este caso, recurriendo al pensamiento católico: Tiene la Gloria ganá. La Gloria, en el contexto de la religión cristiana, es el estado de felicidad plena en presencia de Dios después de la Muerte. Ya sabéis: los malos al Infierno, y los buenos al Cielo. Estas señoras son buenas y merecen la paz eterna.

En la segunda y tercera sevillana se describen escenas de la vida cotidiana de estas señoras, que plasman la dureza de la época en que vivieron. Es una forma de dar sentido y justificación al homenaje. Es muy bonito decir que merecen la Gloria, que hay que hacerles un monumento, que estamos en deuda con ellas…Sin embargo, la retórica sin hechos y casos concretos no tiene sentido. El yo poético recurre a estampas realistas extraídas de la vida de estas mujeres a través de las cuales entenderemos por qué estas señoras son grandes y lo han pasado tan mal.

Por un lado, alude al analfabetismo de la época (Nunca fueron a la escuela, apenas saben de cuentas ni aprendieron a jugar). Muchas de estas señoras no saben leer y escribir. Tened en cuenta que tenían que trabajar desde muy pequeñas y muchas no fueron al colegio o lo abandonaron demasiado pronto para empezar a meter dinero en casa. No tienen estudios básicos. Lo poco que aprendieron fue de forma autodidactica. 

La infancia de estas mujeres no fue feliz. Un niño se supone que tiene que estar contento, no tener preocupaciones. Estas señoras no han disfrutado de una infancia normal. No han tenido amigos, ni se han divertido, no saben lo que es el ocio. Todo era trabajar para comer. Las estructuras paralelísticas van marcando estas escenas tan crudas: elemento negativo (nunca, apenas, ni)+ verbo (fueron, saben, aprendieron) + complemento preposicional (a la escuela, de cuentas, a jugar).

Lo normal es que las mujeres se dedicaran a las tareas domésticas, tal como se reflejan en estas escenas: Tu vida fue siempre igual de algofifa y escalera, de rodillas encadallas. Limpiar una casa es una de las labores más sacrificadas que hay. Hay que pasarse de rodillas mucho tiempo, tirarse al suelo, subir y bajar escaleras. Las casas dan mucho trabajo (suelos, platos, comidas, suciedades, el patio…). Para los que no sepáis, una algofifa es una balleta o trapo que se utiliza para limpiar

Otra de las escenas más emotivas se refiere al hecho de que muchas de estas mujeres amamantaron a sus nietos. Cuando las madres no podían dar el pecho a su bebé, eran las abuelas las que debían ejercer ese rol: Trae la guitarra compadre…¿A quién le vas a cantar? A los pechos que una tarde me hartaron de mamar. Ella quiso amamantarme que no podía mi madre. 

El yo poético se muestra agradecido. Por eso, realza el valor incalculable del gesto: Cómo le voy a pagar a alguien que quiso darme de su hijo la mitad. Homenajear a una entidad inanimada (cantar a los pechos) es otra forma de elevar la generosidad de las mujeres.

En este contexto, la abuela está al nivel de una madre, ya que trata al nieto como un hijo (le da de mamar como si fuera su propio retoño). La cosificación de lo trascendente (dar la mitad de su hijo) y la anástrofe del complemento del nombre (de su hijo la mitad/la mitad de su hijo) pone en relieve el amor que estas señoras sintieron por nosotros. Han dado todo por sus nietos, hasta lo más íntimo y personal, igual que hacen las madres. Han cedido gratuitamente sus pechos para amamantarnos. Su cuerpo. Algo suyo.

Al final de la tercera estrofa aparece otra de las dificultades a las que tuvieron que enfrentarse nuestras abuelas: las tareas agrícolas. Este queda personificado con el objetivo de acentuar la dureza del trabajo: El campo te vio luchar. 

En esta parte de la sevillana el léxico se vincula con el campo semántico agrícola, formando estructuras bimembres: De algodones y olivares, de vendimias y arrozal.  Las uvas, las aceitunas, el cereal…entre unas cosechas y otras estas mujeres se pasaban todo el año echando largas jornadas soportando el frío invernal y los calores de julio.

Y además, se realza la capacidad de gestión y administración de estas señoras, ya que con un solo jornal tenían que hacer malabarismos para pasar el mes: Tú que siempre te aviaste con los flecos de un jornal. Yo siempre he dicho que las amas de casa son las mejores gestoras de recursos. Hay que tener ingenio, talento y habilidad para dar de sí un sueldo tan ajustado y que dentro de las posibilidades, la familia lleve una vida digna. La metáfora (flecos del jornal) enfatiza la escasez económica. Normalmente, eran jornales bajos que no te permitían muchos lujos.

Entre escena y escena, el yo poético hace juicios valorativos elogiando la labor de la señora con metáforas (Tus manos son dos leyendas) y muestras de pasión (y besarlas sin parar). Después de tantos años de vida, el cuerpo habla por sí solo, nos comunica cosas. Esas manos han tocado tantas cosas, han conocido a tanta gente, cuentan tantas historias. De ahí que se vinculen con uno de los géneros elevados más solemnes y épicos que existen, la leyenda. Una leyenda recoge una historia desde sus orígenes. En este caso, de la historia de esta mujer.

La sinestesia (Tu nombre suena a verdad) es una forma estética y bonita de enfatizar la veracidad de este tipo de personas. Con su historia y con su vida reflejan muy bien cómo es el mundo de una forma pura y verdadera. Es que estas señoras existieron en la vida real. Y todo lo que nos cuentan son testimonios de una época que nunca se debe olvidar. Esta sevillana es realidad pura y dura.

En la última sevillana asistimos al cierre del homenaje. El yo poético se despide de la anciana: Señora me da dos besos que no la quiero cansar. Por tanto, el acto comunicativo finaliza, usando como pretexto que la señora es ya mayor y tampoco es conveniente que viva tantas emociones juntas. Una mujer mayor se cansa enseguida y el homenaje tampoco debe alargarse tanto (por salud, más que por otra cosa).

La última sevillana va en paralelo a la primera, muchos de los contenidos se repiten (el tuteo, el monumento, los tiempos de Maricastaña del lavadero y la cal). No obstante, hay algunos versos que no aparecían en la primera y que contribuyen a seguir el homenaje, aunque formalmente ya se haya cerrado con la despedida. Como veis, el homenaje se resiste a concluir. Después de la despedida sigue dando sus últimos coletazos jajajjaj. Es una manera de decir que todo reconocimiento a estas señoras es poco.

Nuestras abuelas aprendieron a poner buena cara ante las peores circunstancias (la sonrisa pintada). Ellas son la base de la familia. Si ellas no están bien, el castillo familiar se desmorona. Estas mujeres son los pilares de cualquier casa. Y si ellas están mal, todos estamos mal. Por eso, a veces, hacían esfuerzos titánicos por poner al mal tiempo buena cara y sacar la mejor de las sonrisas para que todos estuviéramos bien, y no nos amargáramos. 

Los últimos versos cristalizan la conclusión que podemos extraer de esta canción. Estas mujeres han decidido no vivir su vida, para que los demás podamos vivir la nuestra. Es una vida dedicada para/por los demás, en lugar de para ella misma. Usted vivió con cariño su vida para los demás. Estas mujeres trabajaron desde muy chicas, se casaron y tuvieron hijos pronto y se dedicaron a ellos toda su vida. La situación es diferente a la actual. Hoy la gente tiene libertad, viaja, entra, sale, conoce a otros, vive experiencias…en definitiva, nos dedicamos tiempo a nosotros mismos. Estas señoras nunca salían de su entorno, no conocieron más mundo. La casa, la familia, el trabajo y para de contar: Fue su marido y sus niños su único capital

Aunque esto pueda parecernos un M pinchada en un palo en el contexto actual, tened en cuenta que en el siglo pasado esa era la forma de concebir la vida, y dentro de eso, intentaban ser felices. Y para estas señoras contemplar ya en la vejez la obra y el legado que han dejado (hijos ya hechos y derechos, un marido al que aman) es un motivo de orgullo. Eso vale más que cualquier otra cosa. De ahí que el componente humano (maridos, hijos) se identifique con la riqueza económica (capital). Aparte de que estas mujeres vivieron en una situación de pobreza, y sus únicas posesiones solo fueron las humanas: los niños y el marido. 

Seguro, que muchos de vosotros diréis: si a mí me hubiera tocado vivir lo de esta señora me pego un tiro. Claro…desde la óptica del siglo XXI es un plof. Pero es que estas señoras, a pesar de todas las penurias que vivieron, son felices y están orgullosas de todo lo que han conseguido con su esfuerzo y trabajo. No les importa no haber vivido su vida cuando ven que los hijos sí han podido vivir la suya. A través de la felicidad de sus hijos viven la suya

El verso utilizado es el octosílabo. Cada sevillana empieza por una cuarteta (8a 8b 8a 8b). El resto son estrofas de cinco versos. Algunas forman quintilla (para todo el mundo eres la vieja…8a 8a 8b 8a 8b) y otras van por libre (nunca fueron a la escuela…8a 8a 8- 8a 8-)

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