miércoles, 22 de noviembre de 2023
El baúl de los recuerdos (Karina): la nostalgia en su justa medida, y la ilusión por vivir siempre
sábado, 18 de noviembre de 2023
La señorita del acueducto: una segoviana ligera de cascos que terminó sentando la cabeza
Una de las cosas buenas que tiene la copla es que las historias que encierran las canciones se desarrollan en diferentes lugares del territorio español. En el poema de hace dos meses, la acción se ambientaba en Málaga (con esa virgen de la Amargura de Zamarrilla). Con el tema de hoy ponemos los pies en tierras segovianas, con una canción que Quintero, León y Quiroga compusieron para Juanita Reina en el año 1943. Nos habla de una mujer que es la comidilla de la ciudad debido a sus continuos escarceos amorosos con diferentes hombres. Hoy desgranamos “La señorita del acueducto”. Artistas de la talla de Rosita Ferrer se atrevieron a versionar esta copla.
Yo soy Patricia, soy Segoviana
Yo fui la novia de un capitán
Y aunque me tachen de casquivana
Soy una mártir del que dirán
Que le besaron mis labios rojos
Dicen que saben por buen conducto
Y no me miran con buenos ojos
Más que los ojos del acueducto.
Sobre las piedras que puso Roma el agua pasa
Y van cantando como de broma, como de guasa,
Si algún cadete viene a Segovia
Con la esperanza de echarse novia
Tenga cuidado con la Patricia
Que es el tormento de la milicia
Más yo les juro por los Romanos
Los militares y los paisanos
Que no se rinde como un reducto
La señorita del acueducto.
De los amantes que me adoraron
Muchos tuvieron un triste fin
Más de catorce se suicidaron
En los pinares de Balsaín.
Pero pasaban las promociones
Y el acueducto muy traicionero
pasó por alto mis ilusiones
Y hoy soy la esposa de un confitero
Sobre las piedras que puso Roma el agua pasa
Y yo le canto como de broma como de guasa,
Cuando a Segovia venga un cadete
No me aconsejes darle carrete
Que la Patricia ya no es soltera
Que está casada y es pastelera
Y no es preciso que me ablandengues
Con el pretexto de los merengues.
Soy de Segovia dulce producto
Soy la señora del acueducto.
..........................................................................
En los primeros versos la protagonista se presenta ante los oyentes. En esta presentación se incluyen los datos biográficos más importantes que puede tener una persona, como son su nombre y su nacionalidad, empleando oraciones yuxtapuestas en paralelismo: “Yo soy Patricia, [yo] soy segoviana” (sujeto-sujeto elíptico [yo] + verbo ser en primera persona [soy] + atributo [Patricia/segoviana].
La exposición ante el auditorio no solo incluye datos objetivos e identificativos (nombre, ciudad...), sino también rasgos psicológicos, que son representativos de la personalidad de la muchacha, y que la hacen original o famosa dentro de un contexto. En este caso, Patricia es famosa en Segovia por mantener relaciones fugaces con diferentes hombres: Yo fui la novia de un capitán.
La anáfora realza la suma de los datos biográficos con los de carácter, los cuales conforman la descripción completa de la chica: YO soy Patricia…/YO fui la novia de un capitán.
El poliptoton del verbo "ser" (el cual se manifiesta en presente “soy” y en pasado “fui”) permite diferenciar los elementos fijos, inmutables, estables, inalterables del personaje (el nombre de la chica, su origen geográfico castellano-leonés, que eso no va a cambiar sea presente, pasado o futuro: SOY Patricia...), de los elementos cambiantes, inestables, mudables, alterables (la chica está cambiando de novio cada dos días, de forma que las relaciones que acaba son parte del pasado: FUI la novia...).
Patricia ha adquirido cierta (mala) fama en la ciudad debido al tipo de vida alocada que lleva, pues es una mujer de espíritu libre, que siempre cambia de pareja. La gente, la sociedad, la colectividad, tiende a criticar, a cuestionar, a ver con malos ojos aquellas cosas que se salen de lo convencional y lo políticamente correcto.
En los años cuarenta del siglo XX lo normal es que una muchacha bien educada, de “trigo limpio” y de buenas costumbres tuviera un solo novio (que lo sería para toda la vida). Eso de cambiar continuamente de pareja era considerado inaudito e inmoral y generaba críticas por parte de la masa. Por eso, gente de espíritu libre y moderno como Patricia lo pasaba realmente mal en esos años, ya que la presión social era muy fuerte. Los vecinos ponían en tela de juicio aspectos de tu vida privada que tú considerabas normales (o al menos, no hacían daño a nadie), pero la respuesta era unánime: rechazo social.
Como consecuencia de esto, la protagonista es señalada y cuestionada por la sociedad segoviana. La muchacha ha adquirido dama de mujer frívola, alocada, pendona, ligera de cascos...:Aunque me tachen de casquivana…. Casquivano es un término que significa frívolo, alocado, insensato, informal
Patricia se ha convertido en el centro de atención de Segovia. Todo el mundo la conoce, todo el mundo habla de ella. Con su forma de ver la vida no deja indiferente a nadie. Nunca pasa desapercibida. Parece la protagonista de un cuento. Todos la critican, todos saben cómo es. La gente puede llegar a decir cosas muy crueles de ella por ese espíritu tan moderno y esa mentalidad tan abierta y liberal.
Por eso la protagonista recurre a una metáfora hiperbolizada del mundo sagrado, con el objetivo de enfatizar todas las barbaridades que tiene escuchar de la gente: Soy un mártir del qué dirán... Con sus comentarios y chismes, la masa puede llegar a hacer mucho daño. Patricia siempre está en el centro de todas las conversaciones, convirtiéndose en una sufridora.
¿Cuál es la consecuencia? El personaje de Patricia se convierte en un mito, emblema o símbolo de la ciudad de Segovia. Cuando una persona es tan hiperconocida y famosa, la realidad se acaba mezclando con la fantasía, la ficción y la leyenda. La gente empieza a decir cosas sin ningún tipo de fundamento o prueba (manipulación), de forma que no diferenciamos lo que es verdad de lo que es mentira. Todo el mundo contribuye a engordar la leyenda del personaje, aportando informaciones que no sabemos si son o no fiables, pero que ayudan a avivar la polémica y la controversia.
En este caso, muchos hombres van difundiendo por ahí que se han besado con Patricia, y que ella besa muy bien, tal como se refleja en el estilo indirecto: “Que le besaron mis labios rojos, dicen que saben por buen conducto”.
El uso de la tercera persona del plural (dicen, le besaron) configura sujetos indefinidos, inconcretos, imprecisos. No sabemos exactamente quién ha dicho eso de los besos (no podemos identificarlo). Lo único que sabemos es que hay gente (en general) que está difundiendo cosas por ahí, ya sean verdades o mentiras, que contribuyen a mantener viva la fama y la leyenda de la heroína.
Seguramente, muchos de los que están diciendo que se besaron con Patricia, es mentira. Solo lo hacen para hacerse los importantes o los machitos/chulitos delante de sus amigos. Hay gente mala a la que le gusta inventarse cosas y hacer falseamientos, de tal forma que la fama de fresca y ligera de cascos de la chica "no es para tanto"
Es evidente que la chavala es moderna y liberal. Seguramente haya tenido varios novietes. Tampoco debe extrañarnos su actitud un tanto alocada ante la vida (el mundo es placentero y está lleno de seres bellos). Lo que ocurre es que la gente hiperboliza, exagera y estira al máximo la personalidad polémica de este tipo individuos, dando a las cosas una trascendencia y una gravedad que en realidad no tiene. En definitiva, los segovianos hacen una pintura de Patricia mucho más frívola de lo que realmente es: a lo mejor se ha acostado con tres/cuatro chicos y ya están diciendo que se fue a la cama con media ciudad.
La adjetivación crea un halo de sensualidad alrededor del personaje (labios rojos [color de la pasión]), así como la presencia de léxico que tiene que ver con el contacto físico (besaron) y sensorial (saben por buen conducto), que genera bienestar y placer.
El término conducto (conducto bucal) configura un pequeño juego humorístico fónico y semántico con la alusión posterior al acueducto de Segovia (conducto del agua).
Está claro que Patricia es el blanco de todas las críticas. El repudio social se expresa con la lítotes, que consiste en hacer una afirmación negando lo contrario: y no me miran con buenos ojos=me miran con malos ojos
La voz poética no solo es cuestionada por la gente, sino también por elementos inertes e inanimados. En este caso, el escenario, el paisaje, la estampa geográfica (representada por el acueducto, monumento más importante de la ciudad de Segovia), también se une a la crítica a la muchacha: Y no me miran con buenos ojos, más que los ojos del acueducto.
Además, se produce un juego semántico entre los ojos como órgano de visión (en este caso, dentro de la expresión “ver con malos ojos”: mirar mal una cosa) y los ojos como elemento arquitectónico del acueducto. Los “ojos” del acueducto también verán “con malos ojos” la forma de ser de la protagonista. Conclusión: todo el mundo (personas y lugares) están en contra de la pobre Patricia.
El acueducto de Segovia es personificado y vivificado. Aparece representado como un ser humano que hace cosas propias de personas (en este caso, criticar, hacer burla): Sobre las piedras que puso Roma el agua pasa, y va cantando como de broma, como de guasa.
Los acueductos son obras arquitectónicas de la época de los romanos en España (III a.c-V d.c). Por ejemplo, el de Segovia se construyó durante el reinado del emperador Trajano (II d.c). Los romanos nos dejaron obras de ingeniería civil, que forman parte de nuestro legado como puentes, calzadas, puertos, faros, acueductos.... En este caso, la alusión a Roma es metonímica: “…que puso Roma”. Realmente, la ciudad de Roma no puso las piedras del acueducto, sino los ingenieros y constructores romanos. Se alude al lugar en lugar de aludir a las personas de ese lugar.
El hipérbaton realza la importancia del acueducto en la copla de forma que la protagonista se recrea en la descripción física del mismo, y no tanto en su utilidad: sobre las piedras que puso Roma el agua pasa-el agua pasa sobre las piedras que puso Roma. Es una forma de dar protagonismo al cuerpo del acueducto (la piedra) que a su función (canalizar el agua). Lo más importante es el material, la forma física del acueducto (complemento circunstancial: primera posición oracional), y lo menos importante es la funcionalidad del acueducto (sujeto “agua” pospuesto).
El acueducto contribuye a la burla, mofa, chanza y pitorreo hacia Patricia, con el fin de reírse de ella y ridiculizarla, como haría la gente de Segovia. De ahí, el uso de la personificación: Y van cantando [las piedras del acueducto] como de broma, como de guasa. Los paralelismos acentúan la sátira del puente hacia la protagonista (partícula comparativa [como] + sintagma preposicional [de broma/de guasa].
En el estribillo, el acueducto toma la palabra y constituye la voz poética de la composición. En esta parte de la copla, el monumento adopta una actitud jocosa y burlesca respecto al desenfreno amoroso de la muchacha: Si algún cadete viene a Segovia, con la esperanza de echarse novia, tenga cuidado con la Patricia, que es el tormento de la milicia
El acueducto, en un tono humorístico y sarcástico, lanza una serie de advertencias y consejos a los forasteros que llegan por primera vez a Segovia: deben tener cuidado con Patricia, ya que se encapricha fácilmente de los hombres, para después abandonarlos. La muchacha es cruel, ya que se enamora y se desenamora en un suspiro y los amantes terminan hundidos. El imperativo de cortesía (tenga cuidado) da un matiz de credibilidad al discurso del acueducto. Lo que se está diciendo es serio y verdadero. Esto se acompaña con una metáfora que transmite inestabilidad y agitación: Patricia….que es el tormento de la milicia.
Todo hombre que esté el lado de Patricia va a tener una vida de todo menos tranquila, ya que se trata de una señora muy peculiar y especial. Hay que tener una capacidad de aguante tremenda (y paciencia) para convivir con alguien así. Esta chica es un torbellino por su personalidad fuerte y arrolladora. Se mueve siempre por instintos, caprichos e impulsos (ahora sí me gusta, ahora no). ¿El resultado? Tiene el corazón de los hombres trastocado (de ahí la metáfora de la tormenta).
Incluso los machos más fuertes y resistentes (por eso aparecen palabras relacionadas con el mundo de lo bélico-militar: cadete, milicia...), se desgastarán y sufrirán con este tipo de relación amorosa.
El uso de nombre propio con artículo es un vulgarismo (la Patricia) que da espontaneidad a la expresión poética, amén de un toque guasón y frívolo. Al fin y al cabo, estamos ante una copla cómica y salerosa.
En general, el lenguaje resulta coloquial (véase locuciones como "echarse novia"), de tal forma que un elemento elevado, sublime, y majestuoso (acueducto de Segovia), es tratado de una forma simpática y cercana a la gente (habla de una manera espontánea). Eso hace que la gente coja cariño al monumento.
Como veis, todo el mundo critica y se burla de la protagonista (incluido el acueducto). Sin embargo, a pesar de tener a todo el mundo en contra, a Patricia se la suda todo. Le da igual lo que piense y diga la gente. Ella sabe aguantar estoicamente. No se muestra afectada por nada tal como expresa en la comparación: que no se rinde como un reducto, la señorita del acueducto
Se denomina reducto a aquel lugar o fortificación que es muy seguro y apropiado para la defensa. La muchacha sabe defenderse y protegerse muy bien de los ataques ajenos
El acueducto adquiere algunos rasgos de narrador omnisciente, ya que conoce bien a la protagonista, y sabe cuáles son sus puntos fuertes (como chica joven que es). El monumento sabe de sobra que Patricia es una señorita que pasa de todo y no se ve afectada por la hostilidad del entorno. De ahí el uso de elementos antitéticos: “Mas yo les juro por los romanos, los MILITANTES, y los PAISANOS, que no se rinde como un reducto”.
El acueducto habla con absoluta convicción y certeza, como si conociera a la chica de toda la vida. Por eso hace un juramento en el que alude a la totalidad de la sociedad (militar y no militar). El acueducto no miente en lo que dice y sabe que la chica seguirá siendo ella misma y no se dejará llevar por las críticas y burlas. Es capaz de poner en riesgo cualquier cosa (juro por los romanos, militantes y paisano) ya que lleva la razón.
En la segunda parte de la copla la protagonista retoma la palabra para hacer alusión a todos los hombres que lo pasaron mal y sufrieron por su culpa. La afectación de estos hombres fue tan grande que alguno de ellos acabó trágicamente: De los amantes que me adoraron muchos tuvieron un triste fin, más de catorce se suicidaron en los pinares de Balsaín.
Para los que no lo sepáis, Balsaín es un pueblecito cercano Segovia (a 14 kilómetros). Está ubicado en un valle de la sierra de Guadarrama, rodeado de un área de bosque y pinos. En este paraje natural se suicidaron los amantes de Patricia.
La inclusión de detalles locales y autóctonos permite que un determinado sector del público esboce una sonrisa al identificarse con el escenario, ya que se trata de un lugar que mucha gente de la zona conoce y ha visitado alguna vez. Cuando una canción popular alude a un paraje o pueblo concreto, los vecinos de esa comarca se "apropian" del tema y lo incorporan a su patrimonio y legado.
Los receptores que no son de Segovia, gracias a una copla como esta, conocen un rincón de la geografía de España. Y sienten placer al aprender algo nuevo.
Una canción es una obra de arte que se difunde, y la presencia de costumbrismo ayuda a promocionar un lugar para darlo a conocer al gran público, y si alguna vez alguien viaja por la zona, visite estos espacios que se citan en el poema.
Respecto al suicidio de los amantes, resulta curioso que una estampa trágica se cuele en medio de un tema cómico. ¿Qué sucede en estos casos? Como el componente risible y jocoso es el que predomina, la tragedia queda desvirtuada y anulada, transformándose en comedia pura, gracias a la presencia de dos herramientas: la deshumanización y la frivolidad.
Una escena, que supuestamente es seria y lacrimógena (muerte), en lugar de causar tristeza, dolor o desesperación, provoca risa. Los personajes son muñecos/marionetas/esperpentos/peleles. Asistimos a un proceso de teatralización. Si se suicidan personas humanas lloramos y no sentimos mal. Si mueren monigotes o caricaturas, nos reímos. El tono cómico del resto de la copla hace que el lector quite gravedad y trascendencia al suicidio, y este sea interpretado como un episodio patético y banal.
El numeral hiperbolizado ayuda a crear la caricatura, para que hagamos la lectura frívola y amable: más de catorce se suicidaron en los pinares de Balsaín”.
El exceso, la exageración y la acumulación (no se suicidó una persona, sino catorce) son mecanismos que deforman las situaciones dramáticas con el fin de provocar la risa y la indiferencia. Valle Inclán era un maestro en este tipo de recursos (Luces de Bohemia, obra maestra del esperpento).
Pensad en las escenas cómicas de los dibujos animados: caídas, atropellos, porrazos, palos, empujones, golpes....El personaje que lo sufre se convierte en diana de todas las risas. Sin embargo, en un contexto diferente, estas mismas situaciones se convierten en serias y trascendentes. Pensad en un abuelo que va por la calle y se cae. En lugar de reír, nos preocupamos y sufrimos viéndolo. Esto se debe a que la vida real no es un teatro.
Aunque el suicidio es un concepto de los héroes trágicos, todos somos capaces de descontextualizar el concepto y adaptarlo a los cauces cómicos del resto del texto, y hacer la lectura risible que se requiere. No lloramos si catorce tíos se suicidan por la protagonista.
Según esta interpretación se puede decir que Patricia es una caricatura de personajes trágicos como Lola Puñales, que humillaba y dañaba a los hombres con sus desplantes amorosos. La señorita del acueducto es una parodia a la dama fría y cruel de la poesía de cancionero, esa dama que despreciaba al género masculino y le daba igual ver sufrir a los chicos, esa dama que tenía cero empatía con la parte sufridora, esa dama que parecía no tener sentimientos.
El hipérbaton resulta agresivo, fuerte y violento, con el objetivo de remarcar los excesos propios de la caricatura: De los amantes que me adoraron, muchos tuvieron un triste fin”-muchos de los amantes que me adoraron tuvieron un triste fin.
La ruptura sintáctica es muy intensa, ya que el complemento (de los amantes) se adelanta al núcleo pronominal indefinido (muchos), y ambos están separados por una oración de relativo (que me adoraron)
Exagerar el numeral (catorce suicidios) y llevar al límite la sintaxis son mecanismos que artificializan el contexto y permiten la lectura cómica (no estamos ante un hecho doloroso, sino risible). Tantos excesos y tanta agresividad sintáctica desvirtúan lo trágico, y lo convierten en caricatura, en esperpento, en patetismo cómico deshumanizado.
A medida que nos acercamos al segundo estribillo se produce un giro en los acontecimientos, que genera un contraste respecto al primer estribillo.
En el primer estribillo, el acueducto pone la mano en el fuego por Patricia y jura una y otra vez que la protagonista no se dejará llevar por lo que diga o critique la gente. La conoce muy bien y piensa que el repudio social no la llevará a cambiar su personalidad.
Sin embargo, al llegar a la antesala del segundo estribillo comprobamos que el acueducto ha errado en sus predicciones y que Patricia dejará de comportarse como hasta ahora (perderá, su impronta liberal, su carácter frívolo y alocado, su aquí te pillo, aquí te mato) para sentar la cabeza. La protagonista conoce a un hombre (un confitero) que es su pareja definitiva: Pero pasaban las promociones, y el acueducto muy traicionero, pasó por alto mis ilusiones y hoy soy la esposa de un confitero
Con el paso del tiempo y la edad (pasaban las promociones) la gente evoluciona y cambia radicalmente en su forma de pensar y ver la vida. Cuando una persona es joven suele tener una mentalidad parecida a la de Patricia al principio de la copla. La vida se concibe de forma festiva, alocada, sin tanta reflexión, se valora el amor superficial y físico, se piensa de una forma más liberal y radical, la prioridad es la diversión, te da igual lo que pueda pensar la gente, nadie va a poder contigo, eres la hostia...
Cuando maduras y te haces adulto, la reflexión y el análisis ganan terreno a la acción. La gente suele ser menos liberal y alocada y prefiere una vida saludable y ordenada, sin agitación y con un pensamiento más moderado. Se prefiere la estabilidad emocional, y las aspiraciones vitales cambian respecto a la juventud: y el acueducto muy traicionero, pasó por alto mis ilusiones.
Ahora, la protagonista prefiere vivir una vida más relajada y tranquila, con su pareja, en lugar de estar con unos y con otros siempre de cachondeo.
El acueducto se ha equivocado. Pensaba que Patricia iba a ser la eterna jovencita segoviana que llevaba y traía a los hombres por la calle de la Amargura. No ha sido así. La chica ha madurado y las cosas han cambiado.
El acueducto, como elemento inerte, frío y poco entendido de los aspectos humanos y pasionales, no es capaz de entender que las personas cambian, evolucionan. La vida les hace perder y ganar ilusiones en función de las circunstancias: el acueducto […] pasó por alto mis ilusiones.
Un tema cómico como este puede generar reflexiones de índole vital. No es lo mismo tener veinte años que cincuenta. El periplo existencial es largo y te ocurren muchas cosas a lo largo del trayecto que te hacen cambiar. El ser humano no es fijo y constante. Cada edad necesita su tratamiento específico en forma de pensamientos, acciones, inquietudes, divertimentos, proyectos, aficiones…El acueducto no tuvo eso en cuenta, ya su visión acerca del hombre es estática y atemporal.
Si en el primer estribillo el acueducto se burla de Patricia por el tipo de vida alocada y desordenada que lleva, en el segundo es la protagonista la que se ríe del acueducto, ya que este, se equivocó en sus predicciones. En poemas cómicos como este es frecuente asistir a un intercambio de roles o situaciones contrarias: antes, el monumento era el burlador y la chica la burlada; ahora, el monumento es el burlado y la chica la burladora: Sobre las piedras que puso Roma el agua pasa y yo le canto, como de broma, como de guasa.
El verso de introducción al estribillo se mantiene. Lo único que se intercambian son las personas y sus voces. Parece que existe un karma que iguala las energías y nunca puedas decir de esta agua no beberé
Por tanto, el segundo estribillo se concibe como una réplica irónica del primero. Todo lo que se decía al principio, va a quedar parodiado, burlado y vengado verbalmente: Cuando a Segovia venga un caudete, no me aconsejes darle carrete.
Ahora es la protagonista la que utiliza expresiones coloquiales para empatizar con el receptor y quedar como vencedora del diálogo. Dar carrete a alguien significa seguir la corriente a una persona, animarla para que siga hablando como si se tratase de un objeto mecánico al que hay que dar cuerda para que funcione. Patricia no está dispuesta a dejarse engatusar por los hombres. Solo quiere a su hombre, que es el confitero. No quiere oír hablar de más chicos, ni quiere recibir elogios, cortejos o atenciones por parte de otros muchachos.
Mediante el paralelismo, la protagonista se jacta del cambio de personalidad y de la metamorfosis que ha sufrido a lo largo de estos años: “Que la Patricia ya no es soltera, que está casada, que es pastelera”: Partícula (que) + Sujeto (la Patricia/ elíptico [Patricia]) + verbo copulativo (es, está) + atributo (soltera, casada, pastelera).
La voz poética se recrea en el componente burlesco mediante la adición de elementos redundantes, es decir, expresiones que no aportan información nueva, y repiten la existente, dando rodeos innecesarios que parafrasean cosas ya dichas (no es soltera/ya está casada).
La protagonista, recurre a juegos semánticos que relacionan la dulzura del corazón de los hombres (cuando un chico quiere camelar a una chica se vuelve dulce, empalagosillo, meloso, zalamero...) y la dulzura del trabajo de pastelero (un pastelero trabaja con productos dulces como el merengue): Y no es preciso que me ablandengues con el pretexto de los merengues. Para más inri, su novio se dedica a la pastelería. Por lo tanto, la muchacha no quiere dulzuras ni zalamerías de los hombres.
Finalmente, la protagonista se despide del espectador de la misma forma que empezó: presentándose ante la gente, pero ahora, desde la óptica de la madurez y la edad adulta. La anáfora distribuye los diferentes elementos de la descripción: SOY de Segovia dulce producto/SOY la niña del acueducto
Después de tantos bandazos, Patricia ha terminado adoptando una mentalidad tradicional-conservadora, tal como se refleja en la siguiente metáfora repostera: Soy de Segovia dulce producto.
Ella misma se ha puesto la etiqueta de "mujer del confitero" y no se avergüenza de ello. En una época en la que la mujer no trabaja, era habitual que se identificara por el trabajo, la profesión o los cargos del marido. Ella se define como el "dulce producto de Segovia” porque su marido tiene una confitería. La anástrofe marca el nuevo estatus de la muchacha: el complemento (de Segovia) se antepone al nombre (dulce producto).
Patricia se define como una persona vinculada a su marido, dependiente de él. En definitiva, una señora franquista (como cualquier mujer de los cuarenta). Hay una concepción posesiva del amor similar a la cortesana. Perteneces a un hombre...
No obstante, la protagonista seguirá siendo "La niña del acueducto" ante los ojos de los segovianos. El acueducto representa una sociedad injusta que critica, juzga, cuestiona, pone etiquetas, se burla y no deja segundas oportunidades. Cuando tienes fama de algo, va a ser muy difícil quitártela (te cuelgan un sambenito). Aunque la chica ha sentado la cabeza, todavía la conocen por su viejo mote.
Todo lo que se salga de lo convencional y lo políticamente correcto es visto con malos ojos por parte de una sociedad conservadora y puritana. La gente tiende a excluir aquello que es diferente o se sale de los límites establecidos. Además, el ser humano es cruel, ya que necesita hacer leña del árbol caído. Amén de sentirse molesto por lo alternativo, busca hacer daño, difamar, mentir, manipular...¿Tal vez sienten algo de envidia por la niña del acueducto que es libre y hace lo que le da la gana?
La sociedad no cree en el cambio de las personas. No damos la oportunidad de conocer. Muchas veces nos dejamos llevar por las primeras impresiones, que son superficiales, y no somos capaces de ver más allá de nuestras narices. La señora del confitero sigue siendo a ojos de la gente la niña del acueducto.
Métricamente, las dos primeras estrofas de cada parte están formadas por serventesios: cuatro versos de arte mayor (decasílabos) que riman el primero con el tercero y el segundo con el cuarto: 10A 10B 10A 10B
Los dos versos de introducción al estribillo son pentadecasílabos (quince sílabas) y forman un pareado (pasa-gasa). Además, detectamos una rima interna a mitad de ambos versos (Roma-broma).
Los estribillos están formados por versos decasílabos que se van sucediendo en pareados (Segovia-novia, Patricia-milicia, Romanos-paisanos, reducto-acueducto, cadete-carrete, soltera-pastelera).
jueves, 26 de octubre de 2023
Ay qué risa: bodegón de comida a ritmo de tanguillo
Con la copla que os traigo hoy a más de uno se le hará la boca agua, debido a la cantidad de alimentos y comidas que se aluden a lo largo del poema. Lo que viene siendo un bodegón literario. Se trata de un divertido tanguillo compuesto en 1946 por Quintero, León y Quiroga para la voz de Imperio Argentina. Se titula Ay qué risa.
El yo poético adopta una actitud de regodeo, deleite y
regocijo ante la abundancia. Estamos en los años cuarenta del siglo XX. La Posguerra
española fue dura. Gran parte de la población sufrió desnutrición, frío y
enfermedades. La falta de comida marcó a esta generación. Lo poco que
había se racionaba mediante un sistema de cartillas o se vendía a precio
desorbitado (ilegalmente) en el mercado negro (estraperlo). Aumentó la
mendicidad, la delincuencia y la prostitución. Mucha gente emigró a otros países para
ganarse la vida. Está claro que estos años fueron bastante difíciles para una
mayoría social.
Podríamos decir que la voz poética va a contracorriente del contexto histórico, es uno de los pocos afortunados que ha tenido el privilegio de pasar esta época sin saber lo que es la carencia y la escasez. Al contrario que otros, no se ha visto afectado por el hambre o la miseria que sí tuvieron que sentir en sus carnes las clases más humildes y populares.
Está claro que el yo lírico vive en una situación holgada y acomodada.
Por eso se puede permitir el lujo de estar alegre, irradiar felicidad,
frivolizar e incluso mostrar conductas de derroche, ostentación y excesos.
Realmente, la protagonista de la canción se convierte en seguidora de la
filosofía epicúrea. Se entrega al placer de la comida y el lujo. Hedonismo puro
y duro. Incluso en algunos momentos da la impresión de que está participando en
una bacanal grecorromana, comiendo hasta reventar y no poder más. La hipérbole
y el absurdo son la tónica dominante en esta canción
En los primeros versos, el yo poético se presenta ante el
público. Y lo hace, como si fuera un juego, en un tono cercano al de la
adivinanza, con estructuras en paralelismo: “No soy de Hungría ni soy de
Holanda”: elemento negativo (no/ni) + verbo de procedencia/origen (soy) +
atributo (De Hungría/De Holanda).
Tened en cuenta que detrás del poeta se esconde una persona con pocas preocupaciones y problemas en la vida. Ha tenido la suerte de nacer en un contexto acomodado. La vida la tiene resuelta (no pasa hambre, sus padres regentan negocios que les dan para vivir holgadamente...). De ahí ese espíritu banal y superficial. Al hacerse a la vida fácil y cómoda, no tiene consciencia social ni compromiso con las dificultades de los demás. Por eso, la canción se concibe como un entretenimiento frívolo.
Podríamos decir
que sus únicas aspiraciones en la vida consisten en hartarse a comer y matar el
rato con capricho. No tiene nada más importante que hacer, o al
menos, es la imagen da en esta copla. De ahí ese tono tan jocoso a la hora de
presentarse con el público, como queriendo jugar con el receptor. La vida para
este tipo de personas es un juego.
Por eso, enfoca su introducción de manera negativa,
describiendo lo que no es (No soy de Hungría ni soy de Holanda), y postergando
lo que sí es (soy la gitana de cuchipanda). Está jugando con el receptor,
haciéndose la interesante. El término cuchipanda pertenece al habla coloquial y
significa reunión de varias personas para divertirse comiendo y bebiendo,
normalmente sin moderación.
El tercer verso hace alusión a su situación social acomodada: “Soy la niña de unos barones que en Cádiz tienen sus posesiones y cuatro tiendas de ultramarinos”. El materialismo domina estos primeros versos. Hay verbos relacionados con la posesión (tener) y sustantivos que indican propiedad (posesiones).
La gente rica suele tener negocios, propiedades,
riqueza…El término barón connota estatus elevado, categoría social alta, poder
adquisitivo. Es gente que marcha bien, ya que pertenece a la nobleza
(en un escalón inferior al de vizconde). Se han enriquecido y ascendido
socialmente a partir de las actividades económicas o la banca. En los años 40,
tener una tienda de ultramarinos no era moco de pavo. Sabiendo que en esta
época la gente pasaba mucha hambre y esta familia dispone de aquello de lo que
carece la mayoría de la población (la comida), los convierte en unos
afortunados.
Mediante la exclamación retórica, el yo se recrea en el placer que supone vivir en un contexto de abundancia: “Ay qué meriendas, Ay qué tocinos”. La interjección (Ay) remarca la actitud gozosa y placentera ante los bienes comestibles, muy apreciados en estos años de miseria (meriendas, tocino).
La merienda hace referencia a una de las comidas del día, situada
entre el almuerzo y la cena (a eso de la media tarde). Si en los años 40 la
gente se las veía negras para comer una vez al día, la merienda era considerado
un lujo en esa época. Era cosa de ricos. Lo mismo que la carne. Ahora la gente
come carne casi a diario. Pero en esta época, se comía un par de veces al mes
(si acaso). Se reservaba para situaciones extraordinarias o excepcionales y
haciendo un sacrificio económico grande para poder consumirla. Por eso el yo
poético se extasía ante el tocino como si fuera el mayor tesoro del mundo. En
esos años muy poca gente lo comía. Y ahora, varias décadas después, son los
médicos los que nos tienen que decir que moderemos su consumo
En los cuatro primeros versos se reduplica hasta cuatro veces el
verbo ser (no soy de Hungría, ni soy de Holanda, soy la gitana, soy la niña…).
La protagonista se describe a sí misma y se presenta ante el receptor como
alguien importante, de clase acomodada. El yoísmo es síntoma de egolatría.
Las imágenes rozan la hipérbole, es decir, la exageración,
lo cual facilita la sátira: “En el almuerzo con la pringá no nos podemos
remenear”. Se supone que esta gente come tanto que cuando se levantan de la
mesa no se pueden ni mover. Es la sensación de pesantez que tenemos cuando
estamos saciados de más. En la Posguerra eso de decir estoy lleno y comer hasta
reventar era algo poco habitual. La pringá hace referencia a los
ingredientes cárnicos del cocido, desmenuzados (chorizo, morcilla, jamón, falda
de ternera, magro de pollo…). Es muy común tomarlos mojando trozos de pan (como
si fuera paté) o hacer croquetas con ellos.
El tono sarcástico va in crescendo a medida que avanza la
primera estrofa, de tal forma que el yo poético da un enfoque
dramático-trascendental a una imagen que es totalmente banal y frívola: Por eso
siempre de madrugada se queda el forro de la alacena, que es una pena porque en
el forro no queda nada. Hacer un drama de algo que no lo es (oh que pena más
grande que se ha acabado la comida) es un mecanismo sencillo para generar
comicidad y humor. Una imagen cotidiana y doméstica de la época (una alacena)
cobra tal protagonismo que acaba provocando risa en el espectador. El yo se
recrea en el detalle nimio para divertir. Eleva lo pequeño, lo inerte, lo
insustancial, lo neutral hasta convertirlo en un elemento que no deja
indiferente a nadie y provoca reacciones en el que escucha.
No obstante, yo me meto en la piel de alguno de aquellos
oyentes que escucharon la canción en el año 46, y sabiendo el hambre que
pasarían durante aquellos años, no creo que les hiciera mucha gracia
encontrarse una copla en la que además de hacer un listado interminable de
comidas que no pueden ni catar, ven que el yo poético intenta hacer reír con la
imagen de una alacena que se ha quedado vacía por todos los atracones que se
dan esa esa casa. Unos tanto y otros tan poco jajjajajaa. Las preocupaciones de
los ricos: ¡hemos comido tanto que la alacena está vacía! Tiene que joder un
poco ser pobre en los cuarenta y encontrarte una canción como esta.
Se denomina alacena al hueco de la pared que hay en algunas
cocinas que sirve para guardar la comida, aunque también se llama así al
armario que sirve para almacenar los alimentos. Y para cubrir los manjares se
utiliza un forro, que es una tapa o cubierta que sirve para proteger la comida
de la humedad, el polvo y el calor. En esa casa se come tanto que por las noches
la alacena está vacía y solo quedan los forros que no tienen nada que cubrir
(porque la comida se la han comido ellos).
En la segunda estrofa, la voz poética sigue expresando sus
gustos y preferencias mediante el verbo de opinión, aunque esta vez deja de de
lado el tema culinario y se centra en el mundo de la moda y la costura: “A mí
me gustan los maniqueses y los encajes de chantillises, para mí los rasos y los
tisuses”. Cuando una persona está bien alimentada y nutrida, no tiene problemas
económicos y sus necesidades básicas están satisfechas, es entonces cuando
pueden pensar en el ocio, las diversiones, los juegos, los pasatiempos, los
hobbies y la cultura. Las clases acomodadas de aquellos años mataban el
aburrimiento cosiendo, bordando, haciendo punto, ganchillo, diseñando ropas…
Por eso encontramos palabras relacionadas con el campo
semántico del vestido. Un maniquí es una figura con forma humana que sirve para
exhibir prendas de vestir. El chantilly es un tejido de seda que está elaborado
con la técnica del bolillo. Posee formas hexagonales que están rematadas con
motivos vegetales (hojas, flores, guirnaldas). Es como el encaje de bolillos de
Almagro. Tiene su origen en el siglo XVII en la ciudad francesa de Chantilly,
famosa por su castillo. La duquesa de Longueville quedó fascinada con la
calidad del tejido, y a partir de ahí se difundió por la aristocracia parisina
y llegaría al resto del mundo.
El raso es un tipo de tela lustrosa, con más cuerpo que el
tafetán, pero menos que el terciopelo. Se suele usar para vestidos de novia,
ropa de cama o zapatillas. Posee un aspecto brillante y suave.
El tisú es una tela de seda entretejida con hilos de oro o
plata y se utiliza para ropas de gala y ceremonia.
Las clases acomodadas se pueden permitir todo tipo de lujos
y caprichitos como la costumbre de tomar café después de las comidas: A mí me
gustan […] los caféses con muchas luces. La luz es una metáfora de la espuma.
También se hace referencia a la costumbre de tomar té a media tarde, aunque esto
último era de importación europea: “Nada de potajes ni de purés, las
veinticuatro tomando té”.
El polisíndeton permite al yo poético alargar la enumeración
de antojos y fastuosidades, recreándose en el goce que ese supone: los
maniquises y los encajes…y los tisuses, y los cafeses…
Los excesos en el comer y beber nos llevan a una situación
hiperbólica e histriónica: Dale que dale ya se abanica, ya va por sales a la
botica. Cuando ingieres mucho alimento, el cuerpo entra el calor. De ahí que el
yo necesite un poco de aire fresco (abanico), por los sudores que le ocasiona
tanta comida. Y también, es normal que haya ardores, dolores de estómago,
sensación de pesadez. De ahí que se aludan a las sales de frutas que sirven
para rebajar los niveles de empacho después de darte un atracón. Ya lo dice el
refrán: de grandes cenas están las sepulturas llenas
Las expresiones reiterativas (dale que dale) y la oración distributiva (ya se abanica, ya va por sales) convierten este tipo de banquetes en algo habitual y normal para esta familia. Cada comida parece una bacanal romana, con todos ahí medio malos después de hincharse como si no hubiera un mañana.
En los festines grecorromanos era considerado de buena educación comer
y después vomitar. Sin llegar a esos extremos, a la voz poética de esta copla
le pasa un poco lo mismo. No le importa tener que tomar sales después de
pegarse esas comilonas. Como nadan en la abundancia, disfrutan haciendo esto.
Si no revientan parece que no se quedan a gusto. Quieren demostrar
que marchan bien económicamente dándose estos banquetes diarios. En definitiva: APARIENCIA.
Se lo pueden permitir y es la forma de enseñar al mundo lo bien y lo felices que se encuentran.
Al final de la segunda estrofa, se crea una situación que
roza lo enfermizo, hasta el punto de que la protagonista se levanta a media noche para comer: Mas
no es extraño que adormilada, yo me levante, y hasta que apenque dos arenques,
y me los zampe de madrugada”. Evidentemente, esa desmesura está al servicio de
la risa y la comicidad. La exageración de situaciones se lleva al borde de la
caricatura, la deformación y la sátira. Hasta en las horas que supuestamente
hay que estar durmiendo, esta familia solo piensa en comer. La expresión
coloquial (zampar) posee connotaciones de ansia, rapidez, no moderación.
Mediante la lítote el yo poético intenta formular con cierta normalidad un hecho que roza el absurdo y la falta de sentido común, minimizando y quitando importancia a lo extravagante (no es extraño=es normal). En esta familia, no están muy bien de la cabeza jajajajaja.
Fijaos en el
léxico: el verbo apencar significa apechugar, cargar con una obligación. Para
esta gente levantarse en medio de la noche a comer es como un ritual, una
norma, forma parte de la rutina diaria. Si no lo haces, parece que te falta
algo, aunque tengas que desafiar las leyes de la naturaleza (a pesar de que el
cuerpo te pide sueño y ganas de dormir, se tienen que levantar a picar algo). El absurdo se usa como recurso para provocar la risa en el espectador,
que buena falta le hacia al pueblo en esos años de miseria.
En el estribillo el yo poético adopta una actitud juguetona,
traviesa, retozona. Concibe la vida como un juego frívolo e intrascendente. Se
toma todo de forma poco seria. Esto se plasma mediante la exclamación retórica:
“Ay qué risa”. La falta de preocupaciones te hace tomarte la vida a cachondeo.
Además, se dirige mediante el vocativo a una persona de elevada condición
social, igual que ella: “Señora marquesa”.
La voz poética convierte cualquier elemento nimio y anodino
en un instrumento de diversión y buen rollo: Con el camafeo que risa me da, con
el tentempié de la cuchará, en la taza de la mayonesa metiendo los dedos con
urbaniá, y a la rebañé de la poleá. De cualquier cosa o detalle de su vida
cotidiana puede sacar algo gracioso de lo que reírse y pasarlo pipa, por muy
tonto que sea. Reírse de todo y ante todo. Esta es una filosofía de vida.
Un camafeo es una joya o adorno de forma ovalada consistente
en una piedra preciosa, en la que hay labrada en relieve una figura.
Evidentemente, un camafeo es un bien de lujo. Se usa para decorar las casas de
los ricos. Si no hay dinero ni siquiera para comer, pues un ornamento de este
tipo solo está al alcance del bolsillo de unos pocos.
Un tentempié es una comida rápida y ligera que se utiliza
para matar el hambre entre horas. En los años cuarenta, solo las familias más
adineradas podían permitirse el lujo de picotear para matar el gusanillo
Aunque la voz poética se encuadra en un contexto social
elevado, sus comportamientos y modales resultan bastante toscos y animalizados.
Se dejan llevar por los instintos primarios, en detrimento de las normas de
educación y refinamiento que deberían tener, de acorde a su condición. No es
propio de una señorita bien educada meter los dedos en el tarro de la mayonesa.
Resulta muy vulgar en gente de bien, y aun así lo hace. El ansia, el instinto y
la pasión por la comida le pueden. Saca su lado más visceral y salvaje.
La poleá es un postre típico andaluz. Se consume en Sevilla, Huelva y Cádiz en temporada de invierno. Es una mezcla de leche y
harina, que se endulza con azúcar, limón, vainilla y canela. Son como las
gachas de avena que comemos en el desayuno. Era una comida frecuente en las
casas más modestas y humildes. Por tanto, vemos a una persona de clase social
elevada practicando una costumbre o hábito típico del pueblo llano, y además,
con unos modales bastante bruscos (rebañando los restos, apurando las migajas
del plato).
En la segunda parte del estribillo el yo describe sus hábitos y gustos personales mediante la perífrasis
frecuentativa: yo me suelo tomar los fuagrases, y los entremeses y las
bullebases a la marsellese de la papillón. Como podemos observar, muestra
cierta predilección hacia la gastronomía francesa. De nuevo, el polisíndeton
ayuda a la voz del poema a recrearse en esos elementos placenteros y gozosos,
alargándolos en el tiempo, prolongándolos para deleite propio: y los entremeses
y las bullebases…
El foie gras es hígado de pato y oca. Los entremeses son
pequeñas porciones de comida que se sirven para picotear antes y durante el
plato principal (embutidos, fiambres, ensaladillas, croquetas, canapés…). La
bullabesa marsellesa es una sopa de pescados de roca (camarones, cabracho,
gallo, rape, congrios, pargos), típica la Provenza. El plato tradicional se
realizaba con los restos que quedaban al fondo de las redes del pescador. En la
actualidad, la receta resulta mucho más sofisticada, ya que lleva moluscos,
cigalas, maricos…
El papillot es una técnica culinaria que consiste en la
cocción de un alimento (normalmente un pescado o una verdura) en un envoltorio
resistente al calor, como puede ser al papel de aluminio o sulfurizado.
En los últimos versos la protagonista se retrata como una
señorita que vive a cuerpo de rey, con todas las comodidades y facilidades del
mundo, con el polisíndeton que crea un efecto retardador para recrearse en el
placer y el lujo. Y me siento
después en los sofases como los marqueses y
bebo coñases y estiro los pieses en
la cheseslón.
La comparación (como los marqueses) enfatiza los aires de
grandeza y superioridad del yo. Las palabras relacionadas con el campo
semántico del asiento (sofá, cheslong) da realce a la idea de comodidad,
bienestar, encontrarse a gusto. Y otra vez con costumbres foráneas exquisitas y
lujosas (beber coñac), y conductas un poco zafias para tratarse de alguien de
clase alta (estirar los pies).
Encontramos palabras francesas pronunciadas de forma un tanto choricera, de una persona española que imita el francés pero no sabe hablarlo con cierta naturalidad: cheseslón (cheslong), papillón (papillot/papillote), fuagras (foie gras), bullebase (bullabesa).
También observamos plurales dobles, que son típicos del habla vulgar
y popular (no normativa). Se forma sobra la base de un plural ya existente:
pies<pieses, cafés<cafeses, coñacs<coñases, maniquís<maniquises,
tisús<tisuses. Esto se debe a que la forma normativa plural tiene aspecto de
singular (palabra aguda terminada en consonante) y el hablante siente la
necesidad de hacer un plural en -es, porque cree que la primera forma es
singular.
Cada una de las estrofas está introducida por cuatro
pareados (10A 10A 10B 10B 10C 10C 10D 10D), y está rematada por cuatro versos
libres: 10- 10- 10- 5-
Los estribillos constan de dos sextos. El primero sigue el
esquema 10A 10B 10B 10A 10B 10B. Y el segundo, 10C 10C 10 10C 10C 10D
martes, 10 de octubre de 2023
Romance de Zamarrilla: el bandolero que se reformó y "saeteó" a la Virgen de la Amargura
El mundo de los bandoleros ha dado mucho juego en la historia de la copla. Hace unos años conocimos a uno de los criminales más famosos de España: Luís Candelas. En esta ocasión, os voy a presentar a otro canalla del folclore, que es protagonista de un tema compuesto por los maestros Román y Jaén, en el año 1975, para la voz de Marifé de Triana.
Hoy analizamos Romance de
Zamarilla. Dentro de la canción encontramos una saeta dedicada a la virgen
de la Amargura de Málaga.
Era Zamarrilla un bandolero,
al que la justicia perseguía,
Málaga era el puerto marinero
donde a por cariño iba y venia.
Dicen que una noche a su bravura,
le pusieron cerco en el perche,
y fue su amparo ante el
el manto de la amargura.
Y cuenta la historia
que una rosa blanca cambio de color
volviéndose roja
y que Zamarrilla llorando canto.
Amargura
ayyyyyyyy,
ayyyyyyyyy,
madre hermosa.
La del color bronceao,
deja que ponga esta rosa
junto al puñal que han clavao
tu amargura dolorosa.
Viendo aquel milagro de la rosa,
que se volvió como la grana,
frente a la morena dolorosa
floreció un clavel de flor cristiana.
Cuentan que sintió remordimientos,
y por conseguir la salvación,
pidió a los cielos perdón,
en los claustros de un convento.
Historia o romance
pero en los altares la rosa quedo,
milagro triunfante,
de la dolorosa que luce una flor.
Amargura,
ayyyyyyyy,
ayyyyyyyyy,
mare hermosa.
La del color bronceao,
deja que ponga esta rosa
junto al puñal que han clavao,
tu amargura ,
ayyyyyyyyy,
dolorosa.
.........................................................................
Empezamos el comentario presentando la leyenda en torno a Juan Zamarilla, famoso bandolero de Igualeja (serranía de Ronda). Vivió durante las últimas décadas del siglo XVIII y las primeras del XIX. Era muy conocido en la provincia de Málaga debido a sus robos, atracos, y hurtos por los pueblos de la comarca (aunque algunas veces sus tropelías llegaron hasta la capital).
Normalmente, el objetivo de Zamarrilla era atracar a la gente rica. Los hombres trajeados, bien vestidos, con ornamentos caros y buen aspecto físico eran el blanco perfecto del bandolero. El dinero obtenido de estos robos los repartía entre los más pobre del lugar, pues ante todo, Zamarilla era muy generoso y miraba por los necesitados. Podríamos decir que era un ladrón con principios e inquietudes morales jajajjaa
Este personaje causaba fascinación entre el pueblo llano. Su leyenda fue corriendo de boca en boca, generando odios y pasiones a partes iguales. Las autoridades locales estaban hartas de ver cómo Zamarrilla incumplía la ley día sí y día también. Por eso, contrataron a un séquito de soldados que fueran en su busca y captura, para apresarlo y condenarlo a muerte. Zamarilla se encontraba con sus hombres en Antequera. Los soldados mataron a todos los compinches del ladrón, pero no consiguieron capturar al bandolero. Este huyó hacia Málaga.
En medio de la huída, el bandolero se refugió en una ermita. Dentro de la ermita estaba María Santísima de la Amargura, virgen que a día de hoy se procesiona en Málaga. Los soldados rodearon la ermita para acorralar al criminal. Zamarilla se escondió bajo el manto de la virgen y pidió a esta, con lágrimas en los ojos, que le ayudara a salir de ese berenjenal.
Los soldados entraron a la Iglesia e inspeccionaron todos los rincones, pero no encontraron ni rastro del bandolero. Este seguía escondido bajo el manto de la imagen. A los soldados no se les ocurrió mirar en el paso. Finalmente, después de un buen rato de búsqueda, los soldados se marcharon de la ermita muy extrañados, y Zamarrilla quedó a salvo.
El bandolero salió de su escondrijo, se acercó a la Virgen, la miró a los ojos y le dio las gracias. Después sacó de su zurrón lo único que tenía: una rosa blanca. El protagonista clavó la rosa blanca en su puñal, y después cogió el puñal (con la rosa) y lo puso en el pecho de la virgen en señal de ofrenda. En ese momento, la rosa cambió de color y se volvió roja.
Zamarrilla se quedó atónito al contemplar este milagro. No podía creer lo que estaba pasando, ya que la rosa había cambiado de color de manera inexplicable. Fue una sensación de terror e incredulidad. Desde ese momento, el bandolero pidió perdón, arrepintiéndose de sus pecados. En señal de agradecimiento, Zamarilla decidió ser bueno y llevar una vida entregada a la religión y las buenas obras, ya que esa Virgen le había salvado de una condena a muerte segurísima.
La copla puede considerarse una síntesis o resumen de esta leyenda. En la primera parte se presenta al protagonista (cómo se llama, a qué se dedica, por qué es famoso), se configura el marco espacial (la ciudad de Málaga) y aparece el planteamiento narrativo (el bandolero que huye de la policía y se tiene que refugiar en la ermita, que es donde se produce la metamorfosis del color de la rosa). En la segunda parte se nos describen las reacciones y sentimientos del protagonista ante el milagro (escena del arrepentimiento). Un narrador omnisciente en tercera persona es el encargado de relatarnos los hechos.
Mediante las oraciones copulativas, el narrador presenta al protagonista (Era Zamarilla un bandolero: verbo+sujeto+atributo) y el escenario (Málaga era el puerto marinero: sujeto+verbo+atributo).
En el primer caso, por cuestiones de ritmo silábico, se opta por hacer hipérbaton: Era Zamarilla un bandolero (decasílabo)-Zamarrilla era un bandolero (eneasílabo). Todos los versos de esta estrofa son decasílabos, así que hipérbaton permite la igualación de los golpes de voz
Las oraciones de relativo profundizan en la descripción del marco narrativo: bandolero al que la Justicia perseguía, Puerto marinero donde a por cariño iba y venía... Ya os he dicho que Zamarrilla cometía muchos robos y delitos. Por eso era perseguido por la policía. Los bandoleros solían tener novias y amantes en diferentes puntos geográficos. Zamarrilla visita Málaga con frecuencia para ver a alguna de esas muchachas. La reduplicación verbal (iba y venía) configura una situación de recurrencia o rutina. El hecho de visitar Málaga era algo normal en la vida del protagonista.
El uso de oraciones impersonales en tercera persona del plural (Dicen que una noche…) acentúa el componente legendario de esta narración. La historia de Zamarrilla se ha convertido en una leyenda popular, que se ha transmitido oralmente, de generación en generación, en un contexto más o menos local (Málaga). Todo el mundo ha oído hablar alguna vez de este bandolero, el cual se ha hecho famoso y conocido. La colectividad se convierte en transmisora de la historia. La gente se encarga de difundir la leyenda (dicen…). Se trata de un sujeto universal e indefinido (todo el mundo habla, todo el mundo dice, todo el mundo escucha la leyenda de sus padres, de sus abuelos, de vecinos…).
Cuando una historia se transmite oralmente, es normal que la gente haga pequeñas modificaciones y variaciones de su contenido. Esto es un rasgo propio de la literatura oral (cantares de gesta, romances, leyendas…). El proceso de transmisión no es puro. Por el camino suceden cambios. Seguramente, los lectores de Málaga conozcáis versiones diferentes de la historia de Zamarrilla, ya que la gente no solo se limita a transmitir, sino a crear.
La presencia de la tercera persona del plural es un signo importante de que el componente popular juega un papel importante en este tipo de literatura. Además, crea una atmósfera enigmática y misteriosa, típica de las composiciones legendarias o milagrosas. Se va a contar un hecho trascendental y eso requiere “caldear” el ambiente poco a poco, hasta llegar a un punto culminante o climático (milagro de la rosa). Hay que contar los antecedentes para entender el núcleo.
Los antecedentes son claros: el protagonista se encuentra en el interior de la capilla, cercado por las autoridades. Los soldados están rodeando el edificio, dispuestos a arrestar al bandolero. Este hecho se narra con el recurso retórico de la metonimia, pues se alude al efecto en lugar de a la causa: Dicen […] que a su BRAVURA le pusieron cerco en el Perchel.
Realmente, la policía no está poniendo cerco a la bravura (que es un efecto- sentimiento abstracto), sino al bandolero Zamarrilla (causa/agente de esa bravura). Es un mecanismo para realzar la personalidad y la mentalidad de este personaje, que siempre ha actuado con fuerza, violencia, rabia, prepotencia, rencor, virulencia, agresividad (sentimientos negativos, muchos de ellos ilegales). La justicia quiere castigar esos excesos.
El hipérbaton resulta violento (lo mismo que el carácter del protagonista), de tal forma que la estructura de la oración subordinada sustantiva queda deconstruida. ¿Cuál es el efecto? Cada uno de los elementos de la acción quedan resaltados, ya que su colocación resulta llamativa.: Dicen que (oración principal: orden normal) una noche a su bravura le pusieron cerco en El Perchel (oración subordinada de objeto directo: con hipérbaton).
Esta oración subordinada está formada por un complemento de tiempo (una noche), un complemento indirecto (a su bravura/le) el verbo (pusieron), su complemento directo (cerco) y el complemento de lugar (el Perchel, que es un conocido barrio de Málaga, el mismo donde se desarrollan las andanzas del gitano en Échale guindas al pavo).
Como veis, el orden de los complementos se altera de forma brusca: los complementos circunstancias están separados entre sí, abriendo y cerrando el periodo sintáctico, (una noche………en el Perchel), el indirecto se antepone al verbo, cosa que no es habitual en español (a su bravura pusieron), el verbo hace de frontera entre el directo y el indirecto, cuando lo normal es que aparezcan juntos (a su bravura pusieron cerco/pusieron cerca de su bravura).
Se genera una situación muy violenta e incómoda para el protagonista. No es plato de buen gusto verse asediado y perseguido por la justicia. El bandolero se encuentra en un aprieto importante. Cada uno de los detalles de esa escena (el barrio, la noche, los policías, el cerco ...) se realzan sintácticamente para dar trascendencia a lo narrado.
Todas estas alteraciones en el orden oracional también contribuyen a dar musicalidad al romance, con el objetivo de regularizar la métrica silábica y la rima al resto de la composición. En este caso, el verbo en tercera persona del plural tiene un sujeto elíptico conocido: le pusieron cerco [las autoridades policiales]. Aunque se use la tercera persona del plural, no es una oración impersonal, pues el sujeto no tiene nada que ver con el pueblo y la gente que transmite la historia, sino con los soldados que dan caza a Zamarilla dentro de la narración.
En otras secciones, el efecto del hipérbaton se atenúa y la narración resulta más fluida y espontánea: y fue su amparo ante el manto de la Amargura (verbo + atributo + circunstancial). El autor de la copla presupone que el receptor sabe quién es la Amargura. Por eso, se produce una elipsis del sustantivo: el manto de [la virgen de] la Amargura. Hay que tener en cuenta que estamos ante una leyenda conocida. Por tanto, se supone que la gente tiene asimilados ciertos conocimientos culturales (que la Amargura es una virgen de Málaga).
A medida que avanza el poema, la historia se cuenta de forma diáfana y natural, sin tantos ornamentos lingüísticos y sintácticos: Cuenta la historia que una rosa blanca cambió de color, volviéndose roja.
Como veis, el narrador nunca se olvida de que está relatando una leyenda, basada en fuentes populares más o menos fiables. De ahí las referencias literarias narrativas (cuenta la HISTORIA…). El hecho milagroso se describe de forma directa, lacónica, sin rodeos ni tonterías, desvelando la realidad de manera fácil y sencilla, sin necesidad de solemnidad y florituras.
Los colores (blanca/roja) tienen valor antitético, ya que suponen un cambio radical en la mentalidad y forma de ver la vida del ladrón. La metamorfosis cromática de la rosa representa el punto de inflexión en el periplo vital de Zamarrilla, que dejará de ser el malo para convertirse en bueno. El gerundio marca la progresión/transición entre un momento y otro de la biografía del protagonista: “una rosa blanca […] VOLVIÉNDOSE roja
Las dos partes de la canción están separadas por una saeta dedicada a la virgen de la Amargura. El narrador es el encargado de ceder la palabra al protagonista: Zamarrilla llorando cantó:. El verbo dicendi (cantar, que es un verbo de palabra) señala la frontera entre el estilo indirecto (copla) y el estilo directo (saeta). Se supone que la saeta es cantada por el protagonista, en primera persona, como una forma de mostrar agradecimiento a la Virgen, ya que su manto le ha salvado de una muerte segurísima, y el milagro le ha servido para darse cuenta de cuál es el verdadero camino en su vida. Esta experiencia le ha abierto los ojos
El protagonista se dirige a la virgen mediante el vocativo: Amargura. Las interjecciones enfatizan la singularidad del estado anímico de Zamarrilla (“Ayyyyyyyyyy”).
El bandolero se ve afectado por una serie de sentimientos y sensaciones contradictorias: incredulidad y terror por asistir a un hecho inexplicable e irracional (como es el cambio de color de una flor); alegría y agradecimiento por quedar a salvo de los soldados que lo buscaban (gracias al manto de la Virgen); y dolor y angustia, debido al cargo de conciencia (él analiza el contexto y se da cuenta que una persona mala, atracadora, que ha hecho tanto daño a otras personas y se ha saltado la ley, se le está premiando con algo bueno que no merece). Esto genera remordimientos, ya que es consciente de lo mal que se ha comportado.
Zamarrilla se encuentra bajo un estado de afectación tremendo, en el que se mezclan pensamientos, reflexiones y sentimientos de todo tipo. Los ayes están cargados de emociones contrapuestas, y muchas veces, indescriptibles y ambiguas.
Como en todas las saetas, no faltan los adjetivos positivos de elogio, con el fin de ensalzar y elevar la figura mariana (madre hermosa). La saeta es una forma musical de índole religiosa, así que es normal el uso de epítetos sacros. Igual que en la épica se utilizan ciertas etiquetas para calificar a los personajes (noble de barba tan crecido, el que en buena hora ciñó espada...), en la literatura religiosa también se utilizan nomenclaturas piadosas para calificar a Dios, a los santos y a la Virgen (madre hermosa)
La Virgen es descrita físicamente mediante metáforas que hacen referencia a elementos caros y bonitos: La del color bronceao. El bronce es un metal oscuro, de color marrón, lo mismo que la piel morena de la Virgen de la Amargura. No podemos olvidar que se trata de un metal precioso. Por ende, la Amargura queda asociada a conceptos que denotan aprecio y valor en la sociedad. De ahí la exaltación.
Las saetas suelen ir acompañadas de ofrendas, es decir, la persona que canta entrega algún presente o regalo (en este caso flores) a la Virgen: Deja que ponga esta rosa junto al puñal que han clavao tu amargura dolorosa. Normalmente, las ofrendas se hacen en señal de gratitud, respeto y amor. Tened en cuenta que Zamarrilla no ha sido detenido gracias a la Virgen. Mediante la saeta y la ofrenda, el héroe muestra su agradecimiento a la Amargura.
Tras la primera saeta se retoma la historia principal. Tened en cuenta que durante el canto a la virgen, la narración se ha detenido, se ha quedado congelada, justo en el momento cumbre (el cambio de color de la rosa). En el momento más emocionante y esperado se para la acción. Como ha pasado un tiempo más o menos extenso desde la interrupción es necesario un verso de recuperación que active la memoria del receptor: viendo aquel milagro de la rosa...
Pensad en las telenovelas que se emiten actualmente en la sobremesa. Antes de empezar el capítulo, se ofrece un resumen de lo último que pasó en el capítulo anterior, para que el receptor pueda ubicarse en la historia y enlazar con la información nueva. La memoria muchas veces falla, así que es necesario recordar lo inmediatamente anterior, para poder entender lo que viene después y no sentirse perdido en la narración.
Debido al paréntesis de la saeta, es posible que el espectador estándar se haya olvidado de la trama de la copla (la rosa que cambia de color después de que Zamarrilla se refugie en el manto de la Virgen para escapar de la policía). Por eso, es necesario empezar la segunda parte con un verso que resuma/sintetice la primera parte (viendo aquel milagro de la rosa, que se volvió como la grana....) y que enlace con la información nueva (reacciones del bandolero ante el milagro).
El gerundio (viendo...) da continuidad al relato, marcando la simultaneidad respecto a la primera parte. Esto que se va a contar sucedió justo después de lo que pasó antes de la saeta. La saeta solo ha sido un intermedio lírico. Ahora volvemos a la narración. El demostrativo (aquel milagro) tiene valor anafórico, ya que recupera un elemento anterior del texto (aunque haya sido ocho versos atrás).
Al fin y al cabo, en estos versos se está volviendo a contar algo que ya se contó. No obstante, a pesar de la reiteración del contenido, desde un punto de vista de la forma y el lenguaje sí encontramos alguna innovación. Por ejemplo, la metamorfosis de la rosa se describe con una comparación: aquel milagro de la rosa, que se volvió como la grana. La grana es una semilla roja.
En algunos momentos, se recurre a circumloquios sacros para aludir a la Amargura con solemnidad (morena Dolorosa=virgen).
En los poemas religiosos, el color rojo simboliza la pasión y el fervor. De ahí la acumulación de objetos con ese cromatismo. A la rosa hay que sumarle un clavel: Frente a la morena dolorosa floreció un clavel de flor cristiana.
El contexto sacro acaba impregnándose en la adjetivación, de forma que elementos profanos (es decir, que inherentemente no son religiosos como la flor) se acaban contagiando de piedad y fe: flor cristiana
En esta estampa de devoción, asistimos a la transformación espiritual de Zamarilla. El milagro ha hecho que el bandolero rompa con su vida errática anterior. Llegamos al punto climático de la historia: el protagonista se arrepiente de sus pecados y se reforma: Cuentan que sintió remordimientos y por conseguir la salvación, pidió a los cielos perdón, en los claustros de un convento.
Al narrador no se le olvida que está relatando una leyenda oral popular, que corre de boca en boca. Las marcas de impersonalidad de tercera del plural lo delatan (cuentaN que…).
El bandolero se arrepiente de sus malos actos mediante la metonimia: pidió a los cielos perdón. Se alude al lugar simbólico (cielo) por la entidad simbolizada (Dios, Virgen). Esta escena queda resaltada por el hipérbaton, ya que el complemento indirecto se antepone al directo (a los cielos perdón/perdón a los cielos).
En esta parte de la copla predomina un léxico sagrado, relacionado con el acto del arrepentimiento (remordimientos, salvación, cielos, perdón, convento).
Cuando una persona comete fallos/errores/deslices pero tiene principios morales (Zamarrilla los tenía), hace una autorreflexión, un autoanálisis moral, y al final se da cuenta de que se ha equivocado y debe rectificar. Los remordimientos le impiden sentirse bien. Le pesa haber actuado con maldad. El cargo de consciencia es terrible. Se encuentra mal consigo mismo. Y ahí surge la necesidad de pedir perdón por todo el mal causado.
Desde el punto de vista de la cristiandad, Zamarrilla llevaba una mala vida (Pecado, Infierno). Este episodio milagroso le va a servir para dar un giro radical a su existencia. Ahora va a ser bueno, va a ayudar a los demás, va a agradecer esta segunda oportunidad, no va a robar más. Esto le va a permitir ir por el buen camino (el Cielo, la Salvación). De hecho, Zamarrilla, después de esta experiencia, decidió hacerse monje (de ahí la alusión al claustro del convento). Se convierte en un ser ejemplar, lleno de luz y amor. Es posible el cambio. Hay esperanza para el ser humano y el mundo. El milagro se ha fundido con la voluntad.
Esta copla está influida por la literatura medieval mariana. ¿Habéis leído los Milagros de nuestra Señora de Gonzalo de Berceo (autor del siglo XIII?
En esta obra se nos presenta a diferentes pecadores muy parecidos a Zamarrilla (labradores que robaban cosechas, clérigos que no estudiaban...). La Virgen, en lugar de castigar/penalizar/condenar/juzgar (que es la visión medieval aterradora que todos tenemos de la religión), lo que hace es ayudar al protagonista que está en apuros y concederle el Perdón. Finalmente, el pecador se arrepiente y cambia.
Esto sirve de modelo y ejemplo para el lector. Este se da cuenta de que es mejor ir por el buen camino que por el malo, y de que es posible rectificar sus conductas.
Además, en este tipo de obras suceden hechos irracionales, maravillosos, milagrosos, que no tienen una explicación lógica, científica o racional. Si en el Romance de Zamarrilla asistimos a rosas que cambian de color, en Milagros de Nuestra Señora asistimos a imágenes religiosas que no se queman en un fuego. Solo hay que creer en estos milagros con fe.
En la última estrofa el narrador celebra en un tono triunfal y victorioso el final feliz de la trama: cómo una persona que iba por el mal camino se ha enderezado y ha decidido ir por el bueno: Historia o romance, pero en los altares la rosa quedó, milagro triunfante, de la Dolorosa que luce una flor
En todas las leyendas, siempre hay un vestigio, es decir, una señal, recuerdo o elemento que queda de algo pasado, que perdura para la eternidad y es símbolo de algo importante, que puede considerarse la moraleja o esencia de la leyenda. En este caso la rosa, tal como se enfatiza en este verso en hipérbaton: en los altares la rosa quedó. (complemento circunstancial de lugar+sujeto+verbo)
La rosa que porta la Virgen simboliza el triunfo de la bondad, el perdón, el arrepentimiento, el cambio, la fe, y en definitiva, el buen camino. Las personas tienen la capacidad de equivocarse, pero también de rectificar y dar marcha atrás. Eso es algo que depende de la voluntad de cada uno, de la capacidad de reflexionar y de analizar moralmente nuestras conductas. Las personas pueden cambiar y reformarse, y hay que darles una oportunidad.
Además, esta copla es una forma de homenajear, promocionar y dar trascendencia a un elemento de la cultura religiosa local, como es la Virgen de la Amargura de Málaga. El hecho de que la Virgen sea la responsable del cambio de conducta de Zamarilla es una forma de exaltarla y darla a conocer al resto de España, haciendo aumentar la devoción por ella: milagro triunfante de la Dolorosa que luce una flor
Métricamente, cada parte de la
canción está formada por tres estrofas:
-Un serventesio de versos decasílabos. El primer verso rima con el tercero y el segundo con el cuarto: 10A 10B 10A 10B
-Una segunda estrofa irregular: 10A 10B 8b 8a. La rima cruzada (primero con cuarto y segundo con tercero) recuerda a la de un cuarteto (decasílabos) o una redondilla (octosílabos). Esta estrofa es una mezcla de cuarteto y redondilla muy extraña.
-Una tercera estrofa con otro esquema peculiar: 6- 12A 6- 12A. Se mezcla el arte mayor con el menor, pero solo hay rima entre segundo y cuarto, quedando el primero y el tercero libres. La rima es como la de una copla octosilábica, pero con versos de arte mayor.
La saeta se estructura de la
siguiente manera:
-Una introducción de dos versos
tetrasílabos (amargura/madre hermosa) y dos interjecciones alargadas
(ayyyyyyyyyyy)
-Un cuerpo, que es una copla de versos octosílabos. El segundo verso rima con el cuarto, y el primero y el tercero quedan libres: 8- 8a 8- 8a.



