miércoles, 19 de julio de 2023

Palabras para Julia (Rosa León): sabios consejos de Goytisolo a su hija

Hoy vamos a analizar uno de los poemas más conocidos de José Agustín Goytisolo, autor de la generación del 50. Ha sido musicalizado y cantado por voces como la de Paco Ibáñez, Rosa León, Mercedes Sosa o Kiko Veneno. Se titula Palabras para Julia. Fue publicado en el año 1979 en una obrita que lleva el mismo título. Todo un ejemplo de cómo la literatura no está reñida con la música.

El poema está dedicado a la hija del autor, de nombre Julia. Le puso este nombre en honor a su madre, que también se llamaba así, y había muerto en un bombardeo de Barcelona durante la Guerra Civil Española, en el año 1938, por la aviación franquista. Este hecho tan dramático marcó la vida de toda la familia.



Tú no puedes volver atrás,

porque la vida ya te empuja,
como un aullido interminable, interminable.
Te sentirás acorralada,
te sentirás perdida y sola,
tal vez querrás no haber nacido, no haber nacido.

Pero tú siempre acuerdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti, pensando en ti
como ahora pienso.

La vida es bella ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor, tendrás amigos.

Un hombre solo, una mujer,
así tomados, de uno en uno
son como polvo, no son nada, no son nada.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí....

Nunca te entregues ni te apartes,
junto al camino, nunca digas:
no puedo más y aquí me quedo, y aquí me quedo.

Otros esperan que resistas,
que les ayude tu alegría,
que les ayude tu canción, entre sus canciones.

Entonces siempre acuérdate...

La vida es bella, ya verás...

No sé decirte nada más
pero tú debes comprender
que yo aún estoy en el camino, en el camino.

Pero tú siempre acuérdate...

.........................................................................................

Detrás del yo poético se encuentra Goytisolo, en su papel de padre, que dará consejos a su hija Julia para que afronte su vida adulta de una forma autónoma e independientemente. La niña se ha hecho mayor y la figura paterna, desde la voz de la experiencia, le animará a luchar por lo que quiere y no rendirse nunca a pesar de las injusticias presentes en el mundo. Con este tipo de consejos, está claro que el padre siente un amor incondicional por su hija.

Mediante el vocativo pronominal de segunda persona (tú), el yo poético se dirige a su hija, con el objetivo de proporcionarle una serie de directrices y orientaciones para poder enfrentarse a su futuro como una persona adulta y responsable.

Aparece el viejo tópico manriqueño de la vida como camino o senda, que se recorre a medida que se desarrolla la existencia, con un principio y un final: “Tú no puedes volver atrás”.  El camino de la vida se recorre en una sola dirección. Lo vivido se convierte en pasado, y el pasado nunca más va a volver. Cada paso del camino se hace solo una vez. Recordad a Machado cuando hablaba de que al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. El proceso vital es irreversible, y nunca más vamos a ser niños otra vez.

La personificación del concepto abstracto existencial marca el topico del tempus fugit: “Porque la vida ya te empuja”. El tiempo avanza, no se detiene. No se puede hacer nada por evitarlo. Cada segundo perdido es irreparable. Esto nos obliga a mirar hacia delante, por muy angustiosa que sea la realidad, tal como se refleja en el símil: “Como un aullido interminable”.

La comparación da intensidad y fuerza expresiva al verso (el tiempo corre a un ritmo vertiginoso, no hay quien lo pare), y la referencia sensorial (aullido interminable) crea una atmósfera de incomodidad y terror. Los ruidos del lobo suelen causar miedo, perturbación, desagrado (los asociamos a una situación de peligro). El paso del tiempo nos acerca a la muerte, al fin del camino…y eso causa conmoción, angustia, miedo…como cuando oímos al lobo

El adverbio temporal (ya te empuja) marca la simultaneidad entre la vida y el tiempo. A la vez que vivimos, vamos haciendo camino, como decía Machado.

El uso del futuro de indicativo como tiempo verbal (te sentirás acorralada…) enfatiza la idea de que el dolor, la pena, la tristeza, y en general, las adversidades, son un componente inherente del mundo. La vida no es de color de rosa. Tarde o temprano vamos a tener que vivir situaciones que no nos gustan. Ser adulto tiene eso. Entras en contacto con el lado más duro, amargo, crudo y desgraciado de la vida. Y eso es inevitable. Así es la Naturaleza. 

La vida tiene sus rosas y sus espinas, y hay que asumir que el dolor va a estar ahí. Ahora que Julia ha crecido debe ser consciente de que se va a encontrar con un mundo lleno de defectos, que nada tiene que ver con lo que ha vivido en su infancia. El crecimiento y la vida adulta implica la separación del mundo protector creado por los padres.

La anáfora y el paralelismo dan un toque pesimista al poema, coqueteando con la angustia existencial y la filosofía existencialista del XX: Te sentirás acorralada/ Te sentirás perdida y sola: Pronombre (te) + verbo en futuro (sentirás) + complemento modal (acorralada/perdida y sola). 

En contextos así de fatalistas es cuando surgen las dudas/inquietudes existenciales y las crisis personales. Te preguntas por el sentido de la vida e incluso piensas que esta es un castigo y que no merece la pena luchar. Se puede llegar incluso a cuestionar y negar la propia existencia: Tal vez querrás no haber nacido.

Como veis, el padre está describiendo el funcionamiento de la vida de una manera realista, sin engaños ni distorsiones, tal y como es, en su máximo esplendor. Hay otros que intentarían pintarlo de una manera amable: la vida es jauja, todo es diversión, fiesta, cachondeo, no hay dolor, todo es perfecto…. 

Algunos intentan autoconsolarse negando la verdad, haciendo una representación de cómo les gustaría que fuera la vida, en lugar de como es realmente. El padre no es de esos…lo dice claramente: el dolor es inevitable, lo pasaremos mal, habrá días que no tengamos ganas de luchar y queramos mandarlo todo a la M…. Poner un envoltorio bonito no es la solución. Lo único que hacemos es tapar la verdad. Y por mucho que la tapemos y nos queramos engañar, va a seguir estando ahí. Por eso, aunque pueda parecer duro lo que le esté diciendo a su hija, está dándole sabios consejos.

No obstante, el padre también hará hincapié en los aspectos agradables de la vida, aquellos por los que merece la pena la existencia y podemos estar orgullosos: “La vida es bella ya verás, como a pesar de los pesares tendrás amigo, tendrás amor”.

El presente de indicativo permite hacer una afirmación contundente lo más cercana a la verdad, a pesar de ser un punto de vista particular y subjetivo (la vida es bella).

El marcador textual (ya verás) es una forma de animar a su hija para que no caiga en el pesimismo más absoluto. No debe preocuparse ni tener miedo a afrontar los misterios y dificultades. Hay formas de poder sobrellevarlo y ser feliz.

La estructura concesiva (a pesar de los pesares), plantea la vida como una dualidad entre las fuerzas positivas y negativas. Y aunque las negativas no desaparezcan (no se van a ir nunca), la vida puede llegar a ser una bendición, un placer. Hay que hacer que lo positivo se imponga a lo negativo (aunque no lo fulmine). Y para eso, debemos rodearnos de gente que merezca la pena, crear nuestro propio mundo, nuestra propia felicidad. Hay que construir nuestro propio círculo personal en la que aparezcan los seres que nos den la plenitud, bienestar, satisfacción, enriquecimiento espiritual, tal como expresa en el paralelismo: tendrás amigos, tendrás amor. Con la gente adecuada, las penas no son tan grandes y se crean momentos mágicos que hacen que la vida tenga sentido, y se genera un sentimiento de alegría de vivir.

El yo poético aconseja a su hija una vida en unión con otros seres, alejada de la soledad. Prefiere la comunidad a la individualidad, el nosotros al yo. Idea que defendía Aristóteles desde el siglo IV a.c: el hombre es por naturaleza un animal social. Una persona que vive aislada no desarrolla una realidad. Es el nihilismo más absoluto (no cree en nada, no hace nada, no vive nada). Este genera un sentimiento de angustia que queda muy bien expresado con el encabalgamiento abrupto: Un hombre solo, una mujer/ así tomados, de uno en uno/ son como polvo, no son nada”. En cambio, un hombre en conexión con otros crea una realidad, genera materia vital, da sentido a su existencia.

El adverbio (un hombre solo, una mujer [sola]) desnuda al ser, lo despoja de su esencia. Es la nada más absoluta. Necesita a otros para existir, crearse una red de seres trascendentales que configuren su felicidad. El adverbio modal (tomados así) queda complementado por la locución que concreta y especifica la forma de proyectar la vida de manera aislada y separada (de uno en uno), la cual resulta errónea y dolorosa, tal como se manifiesta con la negación hiperbólica (no son nada) y el símil (son como polvo)

La nada nos remite a la no realidad, a la muerte. Una persona solitaria, que no ha conseguido conformar un círculo amoroso de seres queridos, es una persona muerta en vida. Aunque de forma objetiva esté viva, su alma es como si estuviera muerta. No merece la pena vivir una existencia sin amor, sin afecto, sin cariño. Si a la vida le quitas todo lo bueno (la gente buena)…¿Qué es lo que nos queda? Pues la nada. Como diría Santa Teresa: vivo sin vivir en mí.  Vivo pero no vivo. Con vida pero sin vivir. O como queráis formularlo. La idea es esa. Tenemos una vida, pero no la atendemos, no la escuchamos, no la valoramos. 

El polvo nos remite a un estadio cercano a la muerte (sin llegar a la nada, pero se le queda muy cerca). Recordad el famoso poema de Góngora, Mientras por competir con tu cabello. ¿Recordáis cómo acababa la composición? Era una gradación de elementos que nos llevaban paulatinamente de lo material un estado de nihilismo: en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

La polvareda simboliza el estado previo a la dilución, a la evaporación, al fin de la existencia. El polvo son partículas sin consistencia, amorfas, sin disposición ni estructura, que va y viene de forma irregular y caótica, a merced del aire, sin orden ni concierto, creando un estado de confusión y caos. La vida sin amor, sin gente a la que querer, sin interacción con la otredad, despojada de todas esas cosas bonitas y maravillosas que nos brindan los seres queridos, sería una vida sin ningún tipo de solidez o resistencia para el alma, que quedaría desprotegida, frágil, indefensa ante lo maligno. 

El polvo no tiene la fuerza suficiente para crear estructuras o entidades, y está a merced del viento que le lleva y trae por donde quiere. Sin gente en la que apoyarnos, seríamos como el polvo, estaríamos a merced de todas las cosas malas y nocivas que trae la vida. Sería un golpe tras otro, una ráfaga tras otra. Al menos, el amor nos ayuda a sobrellevar las adversidades. Sin personas a la que querer (ya sea de familia, pareja, amigos…), la vida se convertiría en una larga y amarga espera hasta la muerte. De ahí el polvo como paso previo a la desaparición. Por lo menos, se puede hacer agradable y feliz esa espera integrando en tu vida a la gente que amas, la cual nos ayuda a superar el dolor y ser un poquito más felices y decir que ha merecido la pena. Morir, vamos a morir igualmente. Pero se pueden hacer cosas para que las penas y tormentos no nos sacudan tanto. Y eso solo se hace con amor

Una persona que hace sola el camino es una persona amargada que ha alcanzado un estado de muerte mucho antes de morir. Sería una vida sin sentido, vacía, basada solo en una sucesión de traumas y desgracias, sin conocer la cara positiva y feliz (que la tiene). La visión que tienen estas personas de la existencia resulta incompleta, ya que no han podido desarrollar todos sus valores, no han crecido como seres humanos, no han sabido saborear los placeres, todo son amarguras. Es como si se pusieran una venda en los ojos y no vieran más allá, sin saber que a pesar de los problemas que te genera la existencia, se puede ser feliz.  

En la siguiente estrofa, el yo poético anima a Julia a luchar, a no rendirse ante la adversidad y la dificultad: Nunca te entregues ni te apartes junto al camino, nunca digas no puedo más y aquí me quedo. El adverbio de negación (nunca) marca con contundencia la recomendación, la sugerencia, la exhortación, para no caer en ese estado errático de concepción vital. Rendirse y y tirar la toalla no están entre los planes vitales para el yo poético. El paralelismo (Nunca te entregues…/Nunca digas…) enmarca el catálogo de enseñanzas y doctrinas formuladas por el padre, para que su hija pueda aplicar en su vida de forma efectiva.

El amor a los seres queridos es fundamental para no caer en la derrota y la renuncia vital. Los seres queridos nos dan la motivación necesaria para seguir luchando por la vida. No podemos decepcionarlos: “Otros esperan que resistas”. El verbo resistir nos remite a la filosofía estoica. Los estoicos decían que ante la adversidad el hombre debía mostrar fortaleza y ánimo, no dejar que las cosas malas nos afecten (la imperturbabilidad). Por esa gente a la que tanto queremos, nuestro deber es luchar y no rendirse.

Y por supuesto, nuestra existencia colma de goce y felicidad a los seres queridos. Nosotros, a la vez, también somos una motivación para ellos: Otros esperan […] que les ayude tu alegría, que les ayude tu canción. Si renunciáramos a la vida estaríamos haciendo mucho daño a la gente a la que amamos.

Resulta muy curioso que Goytisolo escribiera estas cosas tan bonitas de invitación a la lucha por la vida, y sin embargo, sea él el que se acabe suicidando 20 años después, tirándose por una ventana. Muy contradictoria. Le dice a su hija que no se deje llevar por la desesperación y la impaciencia, y luego él es el que lo incumple. 

En la última estrofa el yo poético finaliza ese inventario de enseñanzas vitales y consejos: “No sé decirte nada más”. Todo lo que le tenía que decir se lo ha dicho. Es la forma de cerrar la comunicación abierta desde ese vocativo inicial.

Además, aprovecha para decirle a su hija que puede contar con él para lo que necesita y que siempre la va a apoyar: “Pero tú debes comprender que yo aún estoy en el camino”. Expresa el amor incondicional por Julia.

En el estribillo, Goytisolo pide a su retoña que no olvide esas palabras y consejos que le ha estado dando, y que se acuerde de ellos cuando se sienta mal: “Pero tú siempre acuérdate, de lo que un día yo escribí, pensando en ti, como ahora pienso”. El imperativo (acuérdate) marca la recomendación de tener presente esta filosofía de vida. El poliptoton (el verbo pensar aparece en gerundio “pensando” y en presente “pienso”) refuerza el amor del padre a su hija. Los padres quieren siempre lo mejor para sus hijos. Estar en la mente del otro es el mayor gesto de amor que se puede tener por alguien.

El pretérito perfecto simple (de lo que un día yo escribí) marca este acto comunicativo como algo trascendental y valioso, que permanecerá en la memoria de su hija aunque él ya no esté. Esos consejos son oro puro. Aunque el padre algún día muera, esas enseñanzas permanecerán vivas para siempre.  Por eso, este texto podría encuadrarse perfectamente dentro de la poesía de la experiencia, que tan buenos frutos dio a partir de la década de los 70. Cotidianidad en estado puro, vivencias personales y exploración de la realidad son las bases de esta canción.

La métrica es totalmente libre e irregular con el objetivo de conseguir un estilo sencillo, legible, fácil de digerir, cercano a la conversación.



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