domingo, 26 de febrero de 2023

Chiclanera: la historia de un perdón que se hace rogar

Esta tarde vamos a analizar un conocido pasodoble compuesto en el año 1936 por Luis Vega, Antonio Carmona y Rafael Oropesa, para la voz de Angelillo. Se interpretó por primera vez en la película Centinela, Alerta. Posteriormente, Manolo Escobar y Carlos Cano la versionarían para un público más moderno. El título hace referencia a una localidad gaditana. Como ya os imaginaréis, la copla de hoy es Chiclanera.

La canción plantea una serie de hitos típicos de las relaciones sentimentales conflictivas: la infidelidad, el arrepentimiento, el intento de reconquista, el rencor, el dolor por la pérdida y finalmente la reconciliación.



 Le dije a mi chiclanera

"hasta mañana" y me fui

con la moza volantera

que en un colmao conocí.

Pero bien he padecío,

que he sido herío

por una traición.

Que he tenío merecío

por una falsía

de mi corazón.

 

 

Aaaaaay, de Caiz para Chiclana,

caminos sembraos de flores,

encontré a mi chiclanera

que penaba mal de amores.

Chiclanera.

Yo que también he sufrío

por no ser querío

estoy a tu vera.

Aaaaay, para calmar tus dolores,

aquí me tienes rendío,

que ese amor que se te muere

otra vez ha florecío,

chiclanera.

Porque estoy arrepentío

y to el mundo es mío

teniéndote a ti.

 

 

Supliqué a mi chiclanera

que tuviera compasión.

Y me contestó, altanera,

que no tenía perdón.

Por su amor fui peregrino

y en el camino

de mi gran dolor,

los zarzales que me hirieron

al fin me dieron

su más bella flor.

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El tema se inicia con la escena de la traición, cuando el protagonista engaña a su novia (la chiclanera) con otra mujer. El yo poético adopta una actitud frívola y banal ante la consumación del engaño. Da la sensación de que no tiene empatía ninguna hacia la otra parte, y hasta cierto punto, la cosifica: le dije a mi chiclanera hasta mañana y me fui con la moza volantera que en un colmao conocí. Utiliza a las mujeres como objetos de deseo.

Su discurso resulta frío y cruelmente irónico. Reconoce abiertamente que está manteniendo relaciones con otra mujer sin ningún tipo de pudor o afectación. Un hecho gravísimo lo expresa de una forma insensible y lacónica, sin rodeos ni algodones, situándolo en un contexto de normalidad.

A pesar de cometer un acto pecaminoso, la voz lírica no se corta en vincularse a la novia con el posesivo (mi chiclanera) ni despedirse de ella de una forma cotidiana (hasta mañana) para después clavarle el puñal. Parece que no siente remordimientos y este tipo de juergas y salidas nocturnas en tabernas flamencas son habituales. No se inmuta al reconocer ser autor de estos hechos tan deleznables moralmente.

A medida que avanza la primera estrofa comprobamos que existe el karma o justicia poética, ya que el protagonista recibe de su propia medicina, pues esa nueva chica le engaña a él: pero bien he padecido que he sido herido por una traición. Al final, pone su vida patas arriba para acabar en una situación peor de la que empezó, ya que pierde a la chiclanera, y con la otra moza no llega a nada. El capricho le ha costado caro.

La personificación de la deslealtad (he sido herido por una traición) da fuerza a la situación dramática. Todo el dolor que el personaje masculino ha provocado a la chiclanera se vuelve ahora en su contra. Existe una justicia divina que da a cada uno lo que merece según sus actos. El léxico rimbombante y melodramático (traición, padecer, herir) enfatiza el castigo al yo poético. Hay una fuerza equilibradora en el mundo que pone a cada cual en su sitio.

El protagonista, en este punto del tema, adopta una actitud más humilde y humana. Se le bajan los humos y reconoce que merece lo que le ha pasado: que he tenido merecido por una falsía de mi corazón. Ha perdido todo lo que tenía, y que era lo que más quería (la chiclanera) por algo inconsistente e inestable. A la primera de cambio le ha traicionado.

Se recurra al viejo tópico de la poesía de cancionero del amor engañoso: que he tenido merecido por una falsía de mi corazón. El corazón no es perfecto y a veces se equivoca. Te enamoras de una persona que no es adecuada para ti. El protagonista le echa la culpa a un error de las percepciones del alma.

El estribillo inicia con un lamento del yo poético (Aaaaaaaaaaaaay), que se funde con el paisaje gaditano (De Cádiz para Chiclana). A pesar del contexto de tristeza y desencanto, el entorno se tiñe de sensualidad y belleza (camino sembrado de flores). El protagonista enmarca a la chiclanera en un entorno de color y alegría, con el fin de elevarla y recuperar su dignidad, que la había quitado al inicio de la canción. La voz lírica quiere reparar la imagen dañada de la amada y revitalizar su honor. Después de despreciarla (hasta mañana…), ahora la representa como si fuera una diosa del amor cortés (en su altar/camino de flores)

A pesar del entorno vitalista, la decepción y el desengaño se apoderan del estado anímico de la chica (encontré a mi chiclanera que penaba mal de amores). No olvidemos que la dama ha sido traicionada por el protagonista y eso conlleva un contexto de pena y sufrimiento, por mucho color que quiera dar al cuadro el yo poético.

El hombre se dispone a recuperar a su amada. Se dirige a ella mediante vocativos (chiclanera). ¿Y cuál es la táctica para convencerla? Ponerse en su piel, ser empático, igualarse a ella, identificarse con ella, hallar nexos en común. La argumentación para reconquistarla es, sobre todo, emocional. Hace hincapié en el proceso de desengaño. Los dos han sufrido lo mismo y saben lo que significa ser traicionado. La chiclanera sufrió por el protagonista, y el protagonista por la moza volantera de ese tablado flamenco. Él comprende el dolor de ella, porque él ha pasado por lo mismo. El marcador textual aditivo contribuye a la unión de ambos: yo que TAMBIÉN he sufrido por no ser querido, estoy a tu vera.

El yo poético se rebaja, se humilla ante la mujer, reconoce sus errores y se entrega a ella: para calmar tus dolores aquí me tienes rendido. Ahora es él el cosificado, el hombre objeto. Su ego del inicio ha desaparecido.

El amor se presenta como una realidad cambiante, transformadora, motriz, regeneradora y hasta cierto punto, humanizada: que ese amor que se te muere otra vez ha florecido. Mediante las metáforas de la muerte y el florecimiento, se ve el amor como una entidad viva que se marchita (muere) y resurge (florece). El amor parece, desaparece, se transforma, evoluciona…No es algo fijo y estable. En un momento de su vida el protagonista perdió la pasión por la chiclanera. Después de perderla y vivir sin ella se ha dado cuenta del error y ha recuperado la ilusión.

El estribillo concluye con una declaración de intenciones, sin titubeos: fue un error (estoy arrepentido) y la vida solo tiene sentido con el amor de la chiclanera (todo el mundo es mío teniéndote a ti). Estamos ante la visión garcilasiana del amor como fuente de plenitud y felicidad.

El verbo de posesión (teniéndote) enlaza el pronombre de primera persona (mío) y el de segunda (a ti). Este final casi místico representa el esquema mental del protagonista tras la experiencia traumática de ser traicionado. Ahora valora lo que tiene y sabe cuál es el camino que debe seguir en su vida, y la persona con la que tiene que estar.

El ansia de fundirse con la amada es tan grande que al amado no le importa quedar rebajado, humillado y con el honor perdido. De ahí su insistencia en perseguir a la dama haciendo todo lo posible por arreglar el conflicto y volver a la situación idílica inicial. A él le da igual su imagen pública, rebajarse, arrodillarse, humillarse y quedar como un arrastrado: supliqué a mi chiclanera que tuviera compasión. No le importa quedar en una posición de inferioridad.

A pesar del arrepentimiento sincero, la mujer no tiene intención ninguna de darle una segunda oportunidad: y me contestó altanera que no tenía perdón.

La amada adopta el rol de mujer fría y fatal: a pesar de las súplicas del amado, ella se mantiene impasible ante su sufrimiento. En el amor cortés, este tipo de dama se caracteriza por su actitud vengativa y rencorosa: no perdona el desliz ni la traición y busca que el amado reciba el mismo daño que ella. La mujer no quiere saber nada de él. El desengaño le ha llevado a cerrarse en sí misma y no expiar la culpa de su novio. El orgullo femenino jejjeje.

El rechazo de la chica lleva al protagonista a una situación de crisis, la cual se manifiesta en dos vertientes:

-Sensación de no saber qué hacer con su vida: dudas, perdición, incertidumbre. La pérdida del amor trae consigo un contexto de desorientación ya que no ve sentido a la existencia. Esto se expresa con la metáfora del viajero: por su amor fui peregrino. Un peregrino es una persona desarraigada, sin raíces, no tiene casa, no tiene un lugar fijo. Ahora que no está la amada, el hombre siente que ha perdido las riendas de su devenir vital.

-Sentimiento de desasosiego, tristeza, pena, desazón. El yo poético está pasando por un duelo, ya que la relación amorosa ha muerto. Esto se expresa con la metáfora de la aflicción: en el camino de mi gran dolor.

En los últimos versos asistimos a un giro radical de los hechos, ya que la amada le perdonará y el protagonista recupera la ilusión. Este final súbito nos lleva a un desenlace feliz in extremis: los zarzales que me hirieron al fin me dieron su más bella flor. 

La personificación de los vegetales (los zarzales que me hirieron) representa la cara amarga y dolorosa del amor. Cuando la amada de te deja, sufres, lo pasas mal, tu vida deja de tener sentido. Las zarzas son plantas espinosas, y las espinas producen dolor.

Sin embargo, el amor, también te da placer, felicidad, vitalidad, plenitud. Una de cal y otra de arena. Ese lado positivo y extásico se expresa con la metáfora del brote florido: su más bella flor.

La chiclanera, debido a su orgullo y altanería, se las ha hecho pasar canutas al protagonista: ha llorado, ha sufrido, ha penado, ha perdido las riendas de su vida. No obstante, al final, el amor triunfa y esa misma persona que le ha hecho tanto sufrir es la que le ha dado la felicidad absoluta. La amada ha recapacitado, ha tenido empatía, ha reflexionado y se ha dado cuenta de que todos pueden cometer errores, y lo importante es que ese hombre la quiere. Si te rebajas de esa manera dando por culo al orgullo y la dignidad, es porque de verdad hay amor. Y eso merece el perdón. No todo el mundo se arrepiente de sus actos y lucha de esa manera por recuperar lo perdido.

Métricamente, cada estrofa está formado por la combinación de una cuarteta (8a 8b 8a 8b), un pareado (8c 8c) y una rendondilla (8a 8b 8b 8a). En los estribillos se mantiene el verso octosílabo, pero el esquema de la rima se irregulariza, mantenido algunas asonancias entre versos consecutivos (sufrío-querío, arrepentío-mío) o alternos (flores-amores)



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