viernes, 18 de febrero de 2022

Lolita La Musaraña: una mujer que vive en la inopia

A lo largo de estos más de dos años que lleva abierto el blog hemos conocido algunos personajes pintorescos que han protagonizado las coplas más divertidas y disparatadas del repertorio. Los cotilleos de la Sebastiana, el atontamiento y el pavo que tenía Marta la Dormía o las ganas de ser el centro de atención de Manolita la Primera, no tendrán nada que envidiar a las locuras de la protagonista del tema de hoy: Lolita la Musaraña.

En 1945, Quintero, León y Quiroga crearon para Juanita Reina esta divertida marcha que cuenta la historia de una mujer que ha perdido completamente el juicio. En términos coloquiales diríamos que está para que la ingresen en un manicomio o en el psiquiátrico, debido a la cantidad de locuras que lleva a cabo, y que su pobre marido sufrirá día sí y día también. Tantas son las idas de olla y fantasías de esta señora, que al final, el amado también acabará trastornado y perdiendo la cabeza.




Los ojos desencajados,

con una mirada extraña,

camina por todos lados.

Lolita, la Musaraña.

¿Qué llevará en la cabeza?

¿Por qué va tan distraída,

que por la calle tropieza

con los camiones y los tranvías?

El novio padece, 

las ducas secretas, 

porque le parece,

que está majareta.

 

¡Lolita, me estás matando!

Lolita, ¿por qué cavilas?

Lolita, ¿qué vas pensando,

que tienes cara de lila?

Lolita, aparentemente,

le escucha con atención,

y le dice de repente:

¡Que viva Napoleón!

¡Mata la araña,

pipiritaña, tu cabecera

con telarañas!

Igual que una regadera,

está Lolita, la Musaraña,

está Lolita, la Musaraña

 

Lolita, la Musaraña,

ya hay tiempo que se ha casado,

y ayer cometió una hazaña

con el niño y el guisado.

Pensando en la gran fortuna

del Conde de Montecristo,

metió un tomate en la cuna

y a la criatura la echó en el pisto.

Lo saca el esposo, 

de la cacerola

y exclama furioso

mirando a la Lola:

 

Lolita, tú estás pensando,

nada más que en los folletines,

y al niño lo estás guisando,

como a los calabacines.

Con una sonrisa hueca,

Lolita le respondió:

¡Quién hable mal de Rebeca

no tiene perdón de Dios!

¡Mata la araña,

pipiritaña, tu cabecera

con telarañas!

Igual que una regadera,

está Lolita, la Musaraña,

está Lolita, la Musaraña.

 

Con el tiempo y una caña,

recobra Lola el sentido,

y ahora las musarañas, 

las ve el pobre del marido.

Camina por el alero,

diciéndole así a la gente:

¡Yo soy los Tres Mosqueteros

y mi señora, nuestro aistente!

Del susto Lolita 

llorando se queja,

y el otro le grita

colgado de una teja:

 

Lolita, ¿por qué te extrañas?,

Lolita, ¿que esté chalado?

recojo las musarañas,

Lolita, que tú has dejado.

Si tú fuiste antes de ahora,

la suegra de Gulliver,

yo soy la locomotora,

del mixto de Santander.

¡Mata la araña,

pipiritaña, yo tengo el coco

con telarañas!

está el infeliz más loco

que estaba Lola, la Musaraña,

que estaba Lola, la Musaraña.

.....................................................................

Evidentemente, la canción posee un enfoque cómico, ya que la intención principal es sacar la carcajada del espectador, a partir de las locuras de la protagonista, las cuales rompen con el principio del realismo, la verosimilitud y el sentido común.

Ya sabéis que en este tipo de coplas divertidas el yo poético busca crear una caricatura, mediante la exageración y la hipérbole de los rasgos psicológicos de la muchacha.

En el teatro cómico grecolatino (Plauto, Aristófanes) es habitual que los defectos físicos o psicológicos de la gente se convierta en material risible. La gente se divierte mediante la contemplación de eventos que se salen de la normalidad y son llevados al extremo, a una zona en la que la frontera entre lo real, lo hipotético y lo imaginario es muy tenue. Esa confusión es la que causa la risa.

La protagonista es una mujer de carne y hueso (real), que padece un trastorno de locura (real), pero sus comportamientos, conductas y reacciones se representan de una forma poco real, con dosis de fantasía, disparate y frivolidad.

Como se puede ver, la hipérbole y el surrealismo enfatizan esa “anormalidad”, para que todo el mundo se dé cuenta de que el objetivo no es reírse de alguien, sino reírse con alguien, y solo en el plano de la ficción. Todo el mundo sabe que se trata de una historia inventada que ha sido creada en un texto dramático concreto para pasar un rato divertido sin herir o atacar a nadie

Estamos ante un teatro de evasión, con un humor efectista y superficial (como sucede en las series televisivas actuales, tipo La que se avecina). No hay que echarse las manos a la cabeza porque el autor de esta copla se ría de una mujer mentalmente enferma, ya que todos sabemos que se trata de una ficción hiperbolizada que no va a tener trascendencia en la realidad.

Un mecanismo habitual del teatro cómico es el arquetipo. El arquetipo consiste en representar un rasgo psicológico mediante un aspecto físico. Por ejemplo, la gordura se asocia al personaje del graciosillo; el llevar gafas al ilustre o erudito; los trajes largos suelen ir ligados a personajes cursi; la barba, se relaciona con el prestigio social.

Son convenciones arbitrarias y caprichosas que han formado parte de la tradición teatral  a la hora de representar a personajes tipo

En este caso, la ida de olla de la mujer se representa con la descripción de los ojos fuera de sus órbitas. Cuando a un niño, por ejemplo, le dices que imite a un loco, el chavalillo representa la locura con una mirada perdida, tal como aparece representada la muchacha al principio del tema: Los ojos desencajados con una mirada extraña

Otro recurso típico en estas coplas cómicas es el apodo o mote. El apodo es una etiqueta que permite identificar y señalar a una persona mediante un rasgo físico o psicológico característico de ella y que conoce todo el mundo. Normalmente suele ser un defecto, ya que los motes tienen un carácter despectivo.

En este caso, el apodo de la protagonista es “La musaraña”. La musaraña es un animal mamífero, muy parecido al ratón, con una cola más corta pero un hocico más grande, que forma una especie de trompa ligeramente corva. La musaraña, en nuestra cultura, simboliza la distracción, el embelesamiento. De hecho, hay una frase hecha conocida en nuestra lengua que es “pensar en las musarañas”.

Esto se aplica a aquellas personas que están absortas, en su mundo interior, sin darse cuenta de lo que pasa alrededor. Suele ser gente que no se percata de nada, ya que van a su bola, tienen la cabeza en otra parte y son poco realistas. Esto es lo que le sucede a la protagonista, que está sumergida en sus disquisiciones mentales y ralladuras, como si no hubiera un entorno físico y tangible circundante. De ahí el mote de La musaraña. Este funciona como aposición de su nombre real (Lolita, la musaraña).

El narrador (en tercera persona) presenta a la protagonista con interrogaciones retóricas. Ya sabéis que una interrogación retórica no busca generar una respuesta en los oyentes, sino dar poder y fuerza a la expresión. En este caso, se quiere presentar a Lola como una mujer loca, distraída, ensimismada, especial: ¿Qué llevará en la cabeza? ¿Por qué va tan distraída?

La cabeza es una forma metonímica de designar a la mente (el continente por el contenido), ya que el cerebro (órgano responsable de las decisiones y actos humanos) se encuentra en la parte alta de la cabeza. El problema que tiene Lola no es físico, sino psicológico.

Al inicio del poema encontramos imágenes que buscan la hiperbolización y rompen con el principio de verosimilitud: ¿Por qué va tan distraída que por la calle tropieza con los camiones y los tranvías?

Los elementos de la escena se caracterizan por su excesivo tamaño y crean un contraste. Los camiones y los tranvías son realidades que se perciben con facilidad, y sin embargo, la protagonista no se da cuenta de ellos. Conclusión: la chica no rige lo suficiente para distinguir las cosas claras y obvias que cualquier ser normal se daría cuenta.

Al final de la primera estrofa aparece el novio. Este se representa como una víctima. La victimización está envuelta en un halo grotesco, ya que se recurre a un léxico trágico y dramático en un contexto cómico: el novio padece las ducas secretas.

La palabra duca pertenece al habla calé y significa pena. Normalmente, se usa en coplas trágicas y dramáticas en las que los personajes lloran y se lamentan por sus desdichas. Aquí, el vocablo chirría bastante, ya que introduce un concepto ultradramático en medio de un contexto de risa.

En estos casos, lo cómico absorbe lo trágico, y se convierte en grotesco. Todo el mundo se ríe del pobre marido que tiene que soportar a la señora. Las connotaciones dramáticas y lacrimógenas se anulan en post de la comicidad.

El narrador cuenta la historia empleando un lenguaje cotidiano-coloquial, que es el que utilizaría cualquier persona que está hablando con su familia o amigos, en una situación relajada: porque le parece que está majareta

Se recurren a comparaciones cosificadas coloquiales: Igual que una regadera está Lolita la musaraña.

El hipérbaton enfatiza la locura de la mujer, ya que en primer lugar se coloca el atributo, que indica la cualidad psicológica de la prota (igual que una regadera=loca). El verbo y el sujeto se posponen, como si fuera la parte menos importante del tema (está Lolita). Al fin y al cabo, el protagonismo está en las locuras de la chica y no tanto, en su persona. Recordad que el autor se ríe CON ella, nunca DE ella.

En el estribillo, el narrador se dirige a la protagonista mediante vocativos (Lolita….), exclamaciones (¡Me estás matando!) e interrogaciones retóricas (¿Por qué cavilas? ¿Por qué vas pensando que tienes cara de lila)?

El objetivo es que el receptor coja cariño a la muchacha y esta resulte entrañable para el receptor (a pesar de sus locuras). Es un poco como sucedía en el Quijote. Cervantes no solo se ríe de las andanzas del caballero manchego, sino que también busca que este se convierta en un personaje carismático y el lector le coja cierto afecto.

El surrealismo y la fantasía tiñen las metáforas (cara de lila). En coplas como estas es habitual violar los principios de la ciencia y la verosimilitud (por ejemplo, cambiando el color natural de las cosas). Lola no tiene la cara de un color normal. Está claro que es un ser especial jejjeje.

Otro dispositivo lingüístico que realza cómicamente el poema es la incoherencia. La incoherencia consiste en que un personaje habla cosas que no son pertinentes a una situación o contexto. Además, esos contenidos no tienen conexión ni relación lógica. Se trata de un disparate. Es como la escritura automática del surrealismo: tú dices lo que quieres, lo primero que se te pase por la cabeza, sin importar que tenga sentido o significado: Qué viva Napoleón, Mata la araña pipiritaña de tu cabeza, con telarañas.

Estos absurdos están envueltos en un juego fónico, ya que se repite el significante –aña, creando un efecto rima (araña, pipirataña, telaraña).

En el estribillo el narrador formula una pregunta a la protagonista acerca de su estado de ensimismamiento, ya que su personalidad tan peculiar y pintoresca genera fascinación e interés: ¿Por qué cavilas? ¿Qué vas pensando?

En vez de obtener una respuesta lógica y pertinente, Lolita salta por peteneras y contesta con el absurdo de Napoléon y la araña. No responde a lo que se le pregunta. Es incapaz de seguir un diálogo o conversación.

Esta situación patética realza la falta de entendimiento de la sociedad con este tipo de personas

En la segunda estrofa, se produce un avance del tiempo narrativo. Han pasado varios años respecto a los hechos de la primera estrofa. Lola ha contraído matrimonio y tiene un niño. Esto se expresa con un habla arcaica y añeja: Lolita, […], ya hay tiempo que se ha casado. El verbo haber se emplea con valor de acaecer: hay tiempo < hace tiempo

Mientras que en la primera parte, el surrealismo y el disparate se presentan en pequeñas dosis y pinceladas, en esta segunda estrofa cobran el máximo protagonismo, dando un toque macabro a la historia. Se trata de la locura más grande de la protagonista, del colmo de los colmos, del momento álgido de la historia. Este segmento tan importante se presenta como si fuera una gran hazaña heroica, tan típica de las novelas de caballería o los cantares de gesta: Ayer cometió una hazaña con el niño y el guisado.

En coplas cómicas es frecuente presentar un episodio risible y frívolo como si fuera algo trascendental y majestuoso. Recordad los temas de La pulga y La Sebastiana, en los que se cuentan hazañas domésticas como si fueran grandezas. Esto crea un efecto burlesco

El evento narrado se circunscribe a un registro en el que lo real, lo fantástico, lo posible y lo imposible se entremezclan de forma difusa. Al parecer, la protagonista confunde a su hijo con un vegetal: el tomate lo mete en la cuna y al niño lo mete en la olla.

Esta transmutación de elementos crea efectos, a la vez, cómicos y espeluznantes. Por un lado, nos parece surrealista, ilógico y matemáticamente imposible que una madre meta a un niño en una cazuela (el recipiente tiene que ser grande jejjejejje). Pero por otro lado, la protagonista está loca, y en ese contexto de locura puede ocurrir cualquier cosa. Por eso, un hecho imposible puede convertirse en posible, por muy extraño que resulte.

El autor “juega” con el estado mental de la protagonista a la hora de crear una historia. Frivolizar con un hecho grave o trágico (en la vida real, introducir a un niño en una olla supone su muerte) crea unos efectos desdramatizados y deshumanizados que son típicos del esperpento de Valle Inclán. No obstante, el tono de comicidad que se desprende del resto del poema anula la atrocidad de la estampa. Todos sabemos que el autor lo único que busca es hacer reír ofreciendo una historia fantasiosa y disparatada.

Los eventos grotescos se presentan como errores o despistes de la protagonista, fruto del estado de enajenación mental. El narrador recurre a elementos que son propios de un mundo ficcional, y dan la pincelada culturalista al tema: Pensando en la gran Fortuna del conde de Montecristo metió un tomate en la cuna y a la criatura le echó al pisto

El Conde de Montecristo es el protagonista de una novela de aventuras, del escritor romántico francés Alejandro Dumas. Lolita está más pendiente de un mundo interior y mental (la literatura, la ficción…), que del mundo exterior real (su marido, su hijo…). Al igual que Don Quijote, el idealismo vence al realismo.

El hecho de animalizar al niño mediante un hiperónimo (criatura) es otro recurso típico de este tipo de coplas, muy del gusto del tremendismo de los 40. También encontramos alguna comparación cosificada: al niño lo estás guisando como a los calabacines

Mostrar una actitud de normalidad y tranquilidad ante un hecho aparentemente grave acentúa aún más el carácter disparatado, absurdo y descabellado de la historia. El hacer como si nada pasara ante algo anormal es un recurso efectista del teatro cómico.

De hecho, el marido saca al hijo de la olla, como si lo que pasara fuera algo cotidiano e incluso divertido, mediante un hipérbaton que da un aire juguetón al discurso: Lo saca el esposo de la cacerola. De nuevo, la cosificación de un elemento humano jejjeje.

Lo único que se va a llevar la mujer es una bronca o reprimenda de su marido (exclamó furioso, mirando a Lola…), sin consecuencias, ya que la escena que se ha vivido forma parte de una normalidad. Se crea una especie de realismo mágico.

En el segundo estribillo habla el marido en primera persona, el cual se limita a recordar a la protagonista lo loca que está y lo fantasiosa que es en ese mundo tan particular que ha configurado: Lolita, tú estás pensando nada más que en los folletines

El folletín es un tipo de literatura fantástica que cuenta historias truculentas (asesinatos) o de amores y amoríos, de tinte culebronero. Lola está más pendiente de la ficción que de la realidad.

El marido no hace nada ni toma ninguna decisión respecto a la situación que tiene en su casa. Se limita a asentir que la esposa está loca y no soluciona el problema. Se resigna a vivir con esa mujer, y a ver pasar la vida. Esto convierte al hombre en una caricatura, y también, un arquetipo: el esposo pasota y perezoso, al que le da igual todo, acepta todo lo que le venga, sea bueno o malo, sin importar su dignidad.

Al final del segundo estribillo, la mujer responde al amado con palabras sin sentido ni conexión, igual que sucedía en la primera parte. De nuevo, el absurdo y el disparate, ya que la contestación no tiene nada que ver con la formulación del enunciado.

El marido le pregunta que cómo se le ocurre meter al hijo en la olla, y la protagonista le responde con incoherencias y carencias de lógica: Quién hable mal de Rebeca no tiene perdón de Dios. Mata la araña, pipiraña, tu cabecera con telarañas

En la tercera estrofa asistimos al desenlace de la historia, produciéndose un intercambio de roles, que es otro recurso típico del teatro cómico.

En la canción encontramos dos personajes opuestos. El marido simboliza la cordura, el realismo y el sentido común. Por el contrario, Lola representa la fantasía, el idealismo y la locura.

Durante el transcurso del poema, los caracteres han sido planos, es decir, han mantenido sus rasgos psicológicos, sin cambiarlos.

Sin embargo, al final de la obra, se produce un cambio de conducta: Lolita, que estaba loca, se convierte en alguien cuerda; y el marido, que estaba cuerdo, se contagia de la locura de la protagonista. Estamos en la misma situación dramática del principio (sigue habiendo una persona cuerda y otra loca), pero con los 2 personajes intercambiando sus funciones. Ha habido una transformación radical en la psicología de los miembros de la pareja.

La metamorfosis o transmutación se produce mediante la metáfora de las musarañas, como seres que simbolizan la mente fantasiosa y distraída, alejada de la realidad: Con el tiempo y una caña, recobra Lola el sentido y ahora las musarañas las ve el pobre marido.

El hipérbaton ensalza el proceso de sanación de la prota: recobra Lola el sentido. El verbo, que denota vuelta a la normalidad (recobrar), se antepona al sujeto (Lola) y al C. directo (el sentido)

Adelantar las musarañas a primera posición (tematización) realza el estado de locura que ha alcanzado el esposo: Las musarañas, las ve el pobre marido

El adjetivo pobre tiene un matiz afectivo, ya que el personaje del esposo es el que más desgracias sufre en esta canción. Primero, tiene que aguantar las locuras de su mujer día sí y día también. Esto le pasa factura a su carácter, ya que al final acaba igual de loco. El espectador se compadece del hombre y siente ternura de él, como sucede con El Quijote

Ahora el marido recurre en su discurso a elementos que son propios de un mundo de ficción y de fantasía: Yo soy los Tres Mosqueteros.

Los Tres Mosqueteros es otra de las novelas más conocidas de Alejandro Dumas. El que está inmerso/absorto/abducido en un contexto de imaginación y locura es el esposo.

Lola, que se ha curado, sufrirá ahora los trastornos del marido. Así ve lo que ha sentido su esposo tantos años jejjeje.

Los excesos dramáticos (léxico altisonante, con palabras como llorar, quejar…) quedan anulados por el contexto cómico: Del susto Lolita llorando se queja.

Las hipérboles y roturas de la verosimilitud afectan ahora a la parte masculina: El otro le grita colgado de una teja.

En el tercer estribillo, a pesar de que el estado de locura está presente en el personaje masculino, este tiene consciencia de su comportamiento disparatado, e intenta buscarle un porqué. Esto lo expresa con vocativos e interrogaciones retóricas a su mujer: Lolita, ¿de qué te extrañas? Lolita, ¿qué esté chalado?, recojo las musarañas, que tú has dejado. Él sabe que está loco.

La locura se ve como una enfermedad que se transmite y contagia de una persona a otra. Esta se manifiesta con metáforas que hacen referencia a elementos que denotan fantasía y aventura, mediante los cuales se establece un contraste entre la enajenación que antes ella tenía y la que él tiene ahora: Si tú fuiste antes de ahora, la suegra de Gulliver, yo soy la locomotora del mixto de Santander.

Gulliver es el protagonista de una novela de aventuras de Jonathan Swift. El tren es un elemento que sugiere movimiento, aventuras, viajes a lugares y mundos lejanos. La locura que tiene él es tan grande o más que la que antes tenía ella: Está el infeliz más loco que estaba Lola La musaraña

Métricamente, las estrofas están formadas por la unión de:

-Una cuarteta de versos octosílabos: 8a 8b 8a 8b

-Una estrofa de 4 versos, todos ellos octosílabos (arte menor), menos el último que es decasílabo (arte mayor): 8a 8b 8a 10B

-Una cuarteta de versos hexasílabos: 6a 6b 6a 6b

Los estribillos están formados por la unión de:

-Dos cuartetas octosílabas: 8a 8b 8a 8b

-Una estrofa de 5 versos (quitando la repetición del último) que sigue este esquema: 5a 10B 5a 8b 10A


viernes, 28 de enero de 2022

Los Campanilleros: una tradición del siglo XVIII convertida en canción

Vamos a comenzar el análisis de hoy con una pequeña clase de Historia de la cultura española en la que recordaremos uno de los elementos más importantes de nuestro folclore ¿Habéis oído hablar alguna vez de los campanilleros?

Los campanilleros eran un grupo de músicos tradicionales típicos de la región de Andalucía (aunque también eran populares en zonas de La Mancha y Extremadura). Se dedicaban a entonar canciones de temática religiosa, con acompañamiento de guitarras, campanas y otros instrumentos musicales, con el objetivo de celebrar el Rosario de la Aurora.

El Rosario de la Aurora es una celebración religiosa que data del siglo XVIII. Consiste en una procesión por las principales calles de una localidad, durante la madrugada, un poco antes del amanecer, mientras se reza el rosario.  

La cabeza del cortejo está formada por el párroco de la Iglesia que es el encargado de recitar el Padrenuestro. Detrás del sacerdote hay un grupo de religiosos (hombres y mujeres) que responden a coro con un Ave María después de cada Padrenuestro. De vez en cuando, entre oración y oración, un grupo de músicos (los campanilleros) cantan loas religiosas que tienen como fin exaltar a diferentes figuras sagradas (Dios, la Virgen, los Santos…) o celebrar eventos del calendario litúrgico como el nacimiento de Jesús o la Pascua.

Para algunas personas, este tipo de actos resultaban ruidosos y pomposos (sobre todo, por las horas tan antisociales en las que se celebraban, cuando el pueblo estaba en la cama, después de una dura jornada de trabajo en el campo)

El ruido, las voces y la música de los campanilleros despertaban a la gente que dormía, cuando el cortejo pasaba al lado de sus casas. Por eso, muchos vecinos no dudaban en asomarse a las ventanas tirando cubos de agua al paso de la comitiva, mientras lanzaban improperios por la boca.

La copla que os traigo hoy se concibe como un homenaje y exaltación a la figura de los campanilleros. Por tanto, se trata de una canción descriptiva y costumbrista, ya que la finalidad no es contar una historia, sino reflejar la tradición de una época.

La descripción está teñida de elementos líricos, emocionales y subjetivos que buscan engrandecer y encumbrar el hábito cultural: que el receptor se emocione recordando uno de los elementos que forman parte del folclore y se sienta orgulloso de ello.

La canción se titula Los campanilleros. La obra original fue interpretada por el cantaor jerezano Manuel Torre (1929). Se trata de un tema aflamencado, con letra de contenido religioso. Un año después (1930), Dolores Jiménez Alcántara (más conocida como la Niña de la Puebla, una cantaora sevillana ciega) hizo una versión más comestible para el gran público, que tuvo un enorme éxito.

Las dos innovaciones más importantes de la versión de la Niña de la Puebla fueron:

-En primer lugar, se cambió totalmente la letra. El fondo religioso original se perdió, convirtiéndose en una copla profana: un homenaje a los campanilleros, como elemento cultural, folclórico, y popular. No hay alusiones sagradas.

-Por otro lado, el estilo y la dramatización fueron diferentes, de acorde a lo anterior. La niña de la Puebla atenuó y suavizó los giros flamencos, haciendo una versión más lírica. El flamenco estaba presente pero sin excesos.



En los pueblos de mi Andalucía,

los campanilleros por la madrugá,

me despiertan con sus campanillas,

y con las guitarras me hacen llorar,

y empiezo a cantar,

y al sentirme to’ los pajarillos,

cantan en las ramas y se echan a volar.

 

Toas las flores del campo andaluz,

al rayar el día llenas de rocío,

lloran penas que yo estoy pasando,

desde el primer día que te he conocido,

porque en tu querer,

tengo puestos los cinco sentíos,

y me vuelvo loca sin poderte ver.

 

Pajarillos que estáis en el campo,

gozando el amor y la libertad,

recordarle al hombre que quiero,

que venga a mi reja por la madrugá,

que mi corazón,

se lo entrego al momento que llegue,

cantando las penas que he pasao yo.

.........................................................................

En los cuatro primeros versos tiene lugar la presentación y focalización del elemento protagonista de la descripción: los campanilleros. Esta aparición se contextualiza en una oración extensa con varios complementos circunstanciales: de lugar (en los pueblos de mi Andalucía), de tiempo (por la madrugá) y de instrumento (con sus campanillas).

El yo poético se recrea en el ambiente y alarga el máximo posible la estampa creada con la acumulación de adyacentes a los sintagmas. De esta manera, se retarda el ritmo de la canción y la voz lírica representa la escena de forma pausada y relajada. El objetivo no es contar una historia, sino esbozar una pintura de una tradición con siglos de vida.

El uso del posesivo junto al topónimo dota de aire patriótico a la copla (Mi Andalucía). Al fin y al cabo, los campanilleros son propios de la cultura andaluza. El poeta se siente vinculado al sur.

La derivación (campanillas<campanilleros) es un proceso morfológico que enfatiza la musicalidad del poema. Las 2 palabras comparten una parte del significante (campanill) que da fuerza al tema y onomatopeyiza el ruido de las campanas.

La sintaxis empleada en la descripción tiene como objetivo el énfasis emocional, ya que el sujeto oracional (los campanilleros) es responsable de una acción verbal de carácter íntimo-sentimental (llorar). El pronombre de primera persona (ME hacen llorar) hace referencia al yo poético, el cual experimenta o percibe ese proceso o estado anímico

El objetivo es retratar a los campanilleros como una realidad viva, con capacidad para provocar sentimientos y emociones y no dejar indiferente a nadie. Aquí no se alude a la parte religiosa de esta tradición, sino a la musical y artística.  

De hecho, el léxico está vinculado al campo semántico de las dotes melódicas (cantar, guitarras, campanillas, llorar…), ya que el fin del poema es remarcar la capacidad que tiene el arte de conmover y pellizcar el alma humana. La música de los campanilleros se convierte en un estímulo sensorial que genera una respuesta en los que escuchan.

En este caso, los cantes provocan reacciones en la voz lírica (me hacen llorar) y en la naturaleza circundante (los pajarillos cantan en las ramas y se echan a volar…).

La función del polisíndeton es acumular y sumar todas esas respuestas emocionales del entorno, con el fin de enfatizar la capacidad de conmover que tienen los campanilleros, y proyectar el sentimiento hacia todo lo que les rodea: Y con las guitarras…, y empiezo a cantar…, y al sentirme los pajarillos…

El diminutivo (campanitas, pajarillos) da un carácter afectivo a la copla. El ambiente es bucólico, idílico, encantador.

En la segunda estrofa, el foco de la descripción se desplaza hacia el yo poético, con el objetivo de introducir una situación anímica íntima, particular, individual y subjetiva. El canto de los campanilleros genera el ambiente perfecto para que la voz lírica interiorice en su situación personal.

Pasamos del plano general de tercera persona, al plano particular en primera persona. La música campanillera ha pellizcado el alma del yo. Esta le ha servido para indagar en sus propias emociones y sentimientos, y sacar todo lo que lleva dentro, que en este caso es un halo de pena y tristeza por la ausencia del amante.  

El (buen) arte genera una respuesta en el receptor en forma de flujo anímico. Cuando vemos una película en el cine, escuchamos una canción o leemos una novela asistimos a la creación de un mundo de ficción, en que el a unos individuos (personajes) les pasan cosas (acción). Aunque la trama repercute en la otredad, en alguien ajeno a nosotros, el receptor lo percibe como si fuera suyo: sufre, llora, ríe, disfruta con el prota…

Todo lo que hay dentro de la obra de arte lo llevamos a nuestro terreno, lo asociamos a situaciones particulares nuestras, lo relacionados con nuestras inquietudes.

Lo ajeno se lleva al terreno de lo privado porque nos emocionamos y nos identificamos con lo que el arte refleja. Los campanilleros crean música que conmociona al poeta y le sirve de base/inspiración para indagar en su psiqué, en su alma, en su espiritualidad

El sentimiento de tristeza se refleja en la descripción del paisaje (topografía). El locus amoenus se ve afectado por las desgracias del yo, gracias a las personificaciones: Todas las flores del campo andaluz, […] lloran penas que yo estoy pasando

La voz lírica se recrea en la estampa adhiriendo complementos a la estructura principal. Hay adyacentes locativos (del campo andaluz), subordinadas de tiempo (al rayar el día, desde el primer día que te he conocido), oraciones de participio modales (flores, llenas de rocío) y oraciones de relativo (penas, que yo estoy pasando).

Todo esto retarda el ritmo del poema pero permite al yo recrearse en el ambiente, captar la esencia de cada detalle e intensificar el componente emocional. Esto es una copla que hay que cantarla lentamente, recreándose, matizando cada palabra, de manera relajada, sin chillidos ni aullidos. Aquí no sirve de nada tener buena voz.

Al final de la segunda estrofa hallamos el motivo de la tristeza: el yo está enamorado de una persona, la cual se encuentra ausente. Ese estado latente de pasión se materializa en una metáfora que concibe el amor como motor vital: porque en tu querer tengo puesto los cinco sentidos. La mujer vive para y por querer a su amado. Su única preocupación en la vida es amarlo. Está centrada en él. Él forma parte de su ser, como sus 5 sentidos corporales

El yo poético femenino está enamorado perdidamente del hombre, pero no puede verlo: y me vuelvo loca sin poderte ver

Se genera una situación de separación entre los amantes. La ausencia del amado hace que la felicidad de la chica no sea plena. No poder materializar físicamente los deseos es una situación difícil.

La locura de amor es una imagen extraída de la vieja poesía de cancionero. Para muchos médicos y tratadistas de la Edad Media, el amor generaba enfermedades y trastornos, entre ellos la locura. Alteraba el funcionamiento del cuerpo.

En la tercera estrofa el yo dialoga con la Naturaleza, manifestando su deseo de volver a ver al amado.

El vocativo (pajarillos) y la segunda persona (que estáiS en el campo) son marcas que permiten a la voz lírica desahogarse, desnudarse emocionalmente, expresar todo lo que lleva dentro y poder contar cómo se siente a entidades concretas. Si alguien nos escucha (da igual que sea humano o no) nos sentimos mejor.

La unión del vocativo con las marcas de segunda persona del plural, desde un punto de vista retórico da lugar al fenómeno de la apóstrofe: Pajarillos, que estáis en el campo gozando de amor y la libertad, recordarle al hombre que quiero que venga a mi reja por la madrugada

El vuelo del ave es una imagen de la literatura romántica, que está relacionada con la libertad. Se trata de una Naturaleza pura, inocente, no corrompida. Bucolismo puro. Ya que la protagonista no alcanza la plenitud al faltarle el amado, al menos, disfruta con la contemplación de un mundo paradisíaco que sí es pleno, además de bello y sensual.

El uso del infinitivo con valor de imperativo (“recordarle” por “recordadle”) es un rasgo de la lengua vulgar, que da espontaneidad y realismo al personaje. En los años treinta un porcentaje alto de la población era analfabeta. Los vulgarismos eran frecuentes en el habla coloquial.

El yo femenino expresa el deseo de unirse y encontrarse con el amado. El anhelo de la comunión (misticismo) se materializa en la metáfora del corazón. Desde la tradición, el corazón ha sido el símbolo del amor. Cuando quieres a una persona, la lleves dentro de ti, forma parte de ti, es un pedazo de ti. Los artistas del lenguaje, es decir, los poetas de la antigüedad decidieron ubicar ese lugar en el corazón.

El corazón es un órgano imprescindible para la vida. Da oxígeno al resto del cuerpo. Sin corazón no hay vida. Lo mismo pasa a nivel del alma. Hay gente que nos da motivación y energía para seguir existiendo. Sin ellas, la vida sería una mierda.

El afán por querer materializar el sentimiento en una parte del cuerpo (corazón), a veces se lleva al extremo y genera imágenes que tienden a la cosificación: Que mi corazón, se lo entrego al momento que llegue…Como si fuera una mercancía jejjejej.

El amor se refleja como un acto de entrega, de sumisión, de posesión: te doy mi persona y tú puedes hacer lo que quieras con ella, ya que a partir de ahora los dos somos uno. Si se lleva el extremo, puede llegar a ser dañino para ambas partes. La unión no implica la pérdida de la esencia: las personas deben ser las mismas aunque estén unidas.

Métricamente la canción está formada por tres estrofas de siete versos. Estos son de arte mayor (entre 10 y 13 sílabas), salvo en el quinto de cada estrofa que es de arte menor (hexasílabo). Las rimas son asonantes y consonantes, dependiendo los casos.

En la primera estrofa riman el segundo, cuarto, quinto y séptimo verso (madrugá, llorar, cantar, volar). El primer verso rima con el tercero (Andalucía, campanillas) y el sexto queda libre (pajarillos).

En la segunda estrofa se produce la rima entre el segundo, cuarto y sexto verso (sentíos, rocío, conocío). El quinto verso va con el séptimo (querer, ver). El primero y el tercero son libres (andaluz, pasando).

En la tercera estrofa se produce la rima entre el segundo y el cuarto (libertad, madrugá) y el resto son libres (campo, quiero, corazón, llegue, yo).

Como veis, las normas métricas se relajan a medida que avanzamos en la composición, con predominio del verso libres

lunes, 10 de enero de 2022

No te mires en el río: una tragedia tramada por la luna, la corriente fluvial y la noche

En esto de la copla, una melodía festiva, bulliciosa alegre y pegadiza no tiene que ir necesariamente acompañada de un contenido cómico y optimista. Con la canción que os traigo hoy (unas bulerías que Concha Piquer popularizó en el año 1940) te entran unas ganas inmensas de bailar, pues el ritmo rápido y el redoblado compás irradian energía y festividad. De hecho, la gente suele acompañar este poema con jaleos, palmas, oles y gritos efusivos. Sin embargo, a pesar del tono jovial, el tema cuenta una historia que no es nada feliz, ya que el final es trágico: la protagonista muere ahogada. Hoy analizamos No te mires en el río



En Sevilla hay una casa,

y en la casa una ventana
y en la ventana una niña
que las rosas envidiaban.
Por la noche, con la luna,
en el río se miraba,


¡Ay corasón,
que bonita es mi novia!
¡Ay corasón,
asomá a la ventana!
¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!
no te mires en el río
¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!
que me hases padesé,
porque tengo, niña, selos d'él.
Quiéreme tú.
¡Ay! quiéreme tú bien mío.
Quiéreme tú,
niña de mi corazón.
Matarile, rile, rilerón.


De la Feria de sevilla
él le trajo una alianza,
gargantillas de corales
y unos sarsillos de plata.
Y paresía una reina
asomada a la ventana


¡Ay corasón,
le desía su novio!
¡Ay corasón,
al mirarla tan guapa!
¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!
no te mires en el río
¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!
que me hases padesé,
porque tengo, niña, selos d'él.
Quiéreme tú.
¡Ay! quiéreme tú bien mío.
Quiéreme tú,
niña de mi corazón.
Matarile, rile, rilerón.


Una noche de verano
cuando la luna asomaba,
vino a buscarla su novio
y no estaba en la ventana.
Que la vio muerta en el río
y que el agua la llevaba


¡Ay corasón,
paresía una rosa!
¡Ay corasón,
una rosa muy blanca!
¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!
cómo se la lleva el río
¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!
lástima de mi queré,
con rasón tenía selos d'él.
¡Ay, que doló,
que dolor del amor mío
¡Ay, que doló,
mare de mi corasón!
Matarile, rile, rilerón.

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Ya en el título, la composición crea en el público una sensación de incomodidad, como de mal agüero: desde nuestra intuición podemos adivinar que hay “algo” que enrarece el ambiente, crea una atmósfera extraña, que nos induce a pensar que algo malo va a pasar. ¿Y cuáles son esos elementos que nos ayudan a anticipar la tragedia, a pesar del carácter desenfadado de la melodía?

Muy sencillo: El adverbio de negación (No) se une a una orden, formulada en modo subjuntivo (no te mires). Ambos elementos (negación y subjuntivo) generan un contexto pragmático de prohibición. Esta prohibición se enuncia de una manera tajante, rotunda, clara, sin ningún tipo de ornamento, con los complementos oracionales necesarios

 -NO: Negación imperativa (no hagas lo que te voy a decir)

-TE: pronombre personal de segunda persona que marca a la protagonista. Ella (esta persona y no otra) es la que no debe hacer eso que se va a decir.

-MIRES EN EL RÍO: Acción (no hagas eso y en ese lugar bajo ningún concepto).

Normalmente, cuando se prohíbe algo, es porque ese algo resulta perjudicial, nocivo y dañino para alguien. La persona que enuncia la prohibición no quiere que el receptor lo pase mal. Por tanto, detrás de esa prohibición hay implícito un contexto de amenaza (si no obedeces el contenido del enunciado te puede pasar algo malo). Teniendo en cuenta el título, está claro que hay un elemento peligroso (río), que conlleva unos peligros (te puedes ahogar).

En muchas tragedias los protagonistas cometen actos de desobediencia. Se plantean una serie de normas, preceptos o advertencias (en este caso, “no te mires en el río”), que los héroes rompen y quebrantan. Si la muchacha de esta canción ha muerto, es porque no ha tenido en cuenta esas advertencias: se ha mirado en el río y ha muerto ahogada

La tragedia sucede porque la heroína, de manera voluntaria, ha hecho caso omiso a este imperativo (no te mires en el río) y se ha expuesto al contexto de peligro. Los conceptos de “advertencia” y “desobediencia” son típicos de los grandes relatos trágicos.

Al protagonista le dicen “no hagas X”, pero este, en tono desafiante, decide saltarse las órdenes, por lo que luego tendrá que asumir las consecuencias, casi siempre fatales. Por eso, una canción que tiene como título una advertencia tan tajante y clara, encierra esas malas vibraciones y anticipa intuitivamente un desenlace funesto.

En los relatos trágicos hay siempre un oráculo que vaticina el futuro catastrófico de los personajes. Sus palabras encierran malos agüeros en torno a una situación dramática posterior. En esta copla, la función de oráculo la desempeña, sin saberlo, un hombre que está enamorado de la protagonista, y no para de repetir a lo largo del poema “no te mires en el río”, el cual se convierte en el verso clave que cohesiona la composición.

El hecho de que se reitere en la misma frase en cada uno de los 3 estribillos (no te mires en el río…), y luego ocurra el desenlace fatal (la chica muere ahogada), potencia el tono oraculista del personaje masculino, y acentúa el dramatismo del texto: tanta advertencia, tanto avisar del peligro, al final, se convierte en una realidad fatal y terrible. Tenemos una víctima (protagonista) y un acto desgraciado (ahogamiento)

La tragedia no se produce por una cuestión de azar, posición de los astros, capricho de los dioses, el hado, el sino, o porque ya está escrito de antemano que el personaje se va a morir (determinismo), sino que la protagonista se lo ha buscado intencionadamente: ella se acerca al peligro con asiduidad (río), hasta que un día pasa lo inevitable (se cae al él y se ahoga): Exponerse a una situación peligrosa conlleva unos riesgos, igual que los toreros que se ponen frente al toro. Cuantas más veces se mire en el río, más posibilidad de morir ahogada.

El desenlace fatal se podría haber evitado: nadie le ha puesto una pistola a la muchacha para ir al río. Si no se hubiera asomado a la corriente, no se habría matado

Una diferencia con respecto a la tragedia clásica es que el oráculo (amado) es bastante claro y explícito a la hora de advertir, sin oscurecer el lenguaje (no te mires en el río).

El oráculo del teatro grecolatino, a la hora de vaticinar, es críptico en el lenguaje, con metáforas y símbolos difíciles de descifrar para el protagonista.

En este poema las advertencias son directas y sencillas. Todo el mundo entiende que si te dicen “no te mires en el río”, lo que hay que hacer es no asomarse al agua.

Mientras que el oráculo griego es neutral, frío e indiferente (no tiene sentimientos, se limita a dar una información, sin involucrarse en el contexto dramático) en esta copla el muchacho/oráculo se implica emocionalmente, mediante las interjecciones y oraciones exclamativas en las que elogia a la muchacha: Ay, qué bonita es mi novia

También lo hace con vocativos metaforizados que reflejan el estado de enamoramiento del amado hacia la amada (Ay, corazón, que bonita es mi novia, asomada a la venta, ay, quiéreme, niña de mi corazón), así como imperativos o ruegos de amor (quiéreme tú).

Al oráculo romano o heleno le daría igual lo que le pasara a la muchacha. Su función se limitaría a advertir objetivamente del peligro, sin implicaciones sentimentales, ya que no establece vínculos o relaciones afectivas con la heroína. Le da igual que se muera.

En cambio, el oráculo de este tema es un oráculo subjetivo, ya que es el novio. El novio funciona como personaje y oráculo a la vez. Una mezcla curiosa.  jejeje

El muchacho, no solo vaticina lo trágico (no te mires en el río) y muestra sentimientos de cariño a la chica (elogio), sino que expresa, preocupaciones e inquietudes personales.

Por ejemplo el novio reconoce que tiene celos del río ya que la amada pasa más tiempo mirándose en el agua que con él. El chico sufre con esta cuestión: Ay, no te mires en el río, que me haces padecer porque tengo celos de él

El hecho de tratar un elemento inanimado e inerte (río) como una persona (lo normal es tener celos de un humano y no de una cosa), magnifica y da trascendencia al flujo, hasta convertirlo en un elemento trascendental del texto. La personificación del río sirve para elevarlo a la categoría de personaje. Es el tercer vértice del triángulo amoroso:

  1. Amada: la chica muerta
  2. Amado: oráculo-novio
  3. Amante: el río

Está claro que en el poema hay una advertencia (no te mires en el río) que vaticina algo malo y funesto (que se corresponde con un final trágico y real, en el que la chica muere ahogada)

Sin embargo, el personaje masculino no hace esas advertencias pensando en ese final y en ese ahogamiento. Las dice pensando en su relación de amor con la chica (no te mires en el río porque estoy celoso/porque pasas mucho tiempo con él).

En el momento en que la chica cae al río y muere ahogada, el mensaje, que en principio tenía una connotación sentimental (celos), adquiere un sentido existencial-trascendental (muerte)

La advertencia se lanza con una intención no trágica, pero al final, cuando ella muere, se tiñe de componente trágicos y fatales. Cuando conocemos la historia desde el principio hasta el final, esos versos de “no te mires en el río” lucen en su máxima crudeza: se ha mirado tanto en el río, que ha encontrado ahí su final. Ha cavado su tumba.

También podemos interpretar esto de una forma menos literal, basándonos en el sentido común de la retórica. El hecho de decirle que no se mire en el río porque tiene celos de él, es una forma de decir que está enamorado de la chica y le gustaría tener una vida feliz con ella, de correspondencia amorosa plena.

Es una forma amable y simpática de decirle que le gusta, poniendo al río por medio para dar simpatía y entrañabilidad al discurso sin necesidad de que el muchacho tenga celos de una corriente de agua. Es solo fuerza retórica para expresar su amor hacia ella. Pone al río, como podía haber puesto un manzano, una montaña o a Perico el de los Palotes.

El contenido no tiene necesariamente que darse en la realidad. Él no está celoso del río: solo lo dice como forma de manifestar el cariño. Ha utilizado esta expresión para decirle a la amada que la quiere mucho, que desea estar con ella para siempre y que ningún otro elemento se interponga entre los dos. De ahí que meta al río en la ecuación.

De esta forma, el texto se concibe como una tragicomedia ya que un comentario banal, e intrascendente como “tengo celos del río” (que se hace solo para dar fuerza retórica, con cierta jocosidad, gracia e ingenuidad, pensando que jamás va a darse en el mundo real), al final se materializa y se convierte en VERDAD.

Visto el desenlace, y aunque suene irónico, está claro que el muchacho sí que debería tener celos del río. Morir en el río es una forma metafórica de elegir al amante sobre el amado. Al final la chica se ha decantado por el río, se va con él para siempre, hasta la eternidad, dejando al novio solo y abandonado en este mundo  

El chico no era consciente de que un comentario frívolo y casi sin sentido, se iba a hacer realidad, y convertir en una pesadilla. Lo trágico se envuelve en un halo de jocosidad, humor ácido, banalidad e, intrascendencia. Por eso esta copla sería una tragicomedia en lugar de una tragedia al uso.

El novio sin darse cuenta está vaticinando una desgracia. Esas advertencias que se hacen como un inocente juego amatorio (no te mires en el río que tengo celos), adquieren un sentido vital (no te mires en el río que te vas a ahogar). Caprichos del destino.!!!!!!!! Por eso hablo de tragicomedia. Lo nimio e intrascendente desembocan en una tragedia.  

El posesivo de primera persona del singular (niña de mi corazón, bien mío) enfatiza una visión tradicionalista y materialista del amor, el cual se concibe como sentimiento, pero también como una posesión tangible que se puede ver, tocar, percibir y poseer, a través de una forma o figura concreta.

Estructuralmente, la canción se divide en dos partes:

-Las tres estrofas, en las que hay un narrador omnisciente en tercera persona, que cuenta la historia de la muchacha: lo guapa que es, su relación con el novio y el ahogamiento en el río

-Los tres estribillos, en los que el novio toma la palabra. Expresa en primera persona las advertencias (no te mires en el río) y muestra afecto a la chica

Solo encontramos una irregularidad cuando el narrador omnisciente invade el comienzo del segundo estribillo para introducir el estilo directo: Ay corazón, le decía su novia, Ay corazón, asomada a la ventana. Excepto en este cachito, en el resto del tema el narrador omnisciente se queda en su parcela (estrofas) y el novio en la suya (estribillos), y no se invaden los espacios.

Los estribillos están rematados por un verso en el que encontramos un juego fónico y musical rescatado de la lírica árabe y andalusí, y que está presente en algunas canciones infantiles: Mata rile, rile, rilerón.

Este procedimiento dota al texto de una atmósfera juglaresca. Sirve para parar el relato y dar intriga al poema. Tened en cuenta que el receptor/oyente está deseoso de avanzar en la historia. Quiere conocer más datos de la chica, su amado, cómo es su relación, cuál es el papel del río…Está impaciente por llegar al clímax, que pasen cosas, que la trama alcance su punto álgido (muerte)…

El uso del matarile detiene momentáneamente el tiempo del relato. El narrador “juega” con la historia, en una posición de superioridad respecto al receptor, en plan “yo sé todo pero todavía no lo vas a saber”, “adivina qué va a pasar”, “espera un poco y verás”, “no seas impaciente y ya te enterarás…”

Los juglares, para vender mejor sus historias y conectar con el público recurrían a estos mecanismos fónicos, y así crear expectativas en el receptor (¿Qué pasará en el capítulo siguiente?).

Con el matarile, la historia se vende fragmentariamente. El oyente ha de esperar un poco hasta el siguiente eslabón de la trama, con la expectativa y la ilusión del qué pasará.

Cuando en la conocida canción infantil se pregunta ¿Dónde están las llaves, matarile”?, en los Matariles, se crea intriga. El receptor puede imaginarse cosas (están el bolsillo, en el mar, en la casa, en un macetero…jajajja). No hay más misterio que el de jugar con el oyente.

En la primera estrofa se presenta a la protagonista mediante el recurso de la gradación. La gradación es una cadena indeterminada de elementos. Cada nuevo concepto que se introduce está incluido y forma parte del anterior. Pensad en las muñecas rusas: hay una muñeca grande, dentro de la cual hay una muñeca más pequeña, y dentro de esta otra más pequeña, y así sucesivamente. Así es el comienzo de la copla: En Sevilla había una casa, y en la casa una ventana, y en la ventana una niña

El primer elemento denota mayor grandeza y generalidad (Sevilla, que es una ciudad). A partir de ahí se crea una escala en la que se pierde tamaño: Sevilla < casa < ventana < niña. Es como si el zoom de una cámara se fuera acercando poco a poco hasta la chica, desde un punto alto, hasta llegar a ella y enfocarla en un primer plano. Es la la técnica cinematográfica del travelling

Normalmente, estas gradaciones se consiguen encadenando anadiplosis, es decir se repite una misma palabra al final de un verso y al comienzo del siguiente: hay una casa/en la casa…” una ventana/en la ventana hay….

El polisíndeton (y en la casa…y en la ventana) establece una progresión relajada de esa gradación. Paulatinamente, se van recorriendo los diferentes elementos de la cadena, de forma pausada, para que dé tiempo a disfrutar de ellos: ciudad, casa, ventana, niña…De lo general a lo particular

El objetivo es alcanzar el elemento concreto, que cobra protagonismo y atención en el poema (la niña). El resto de conceptos solo sirve para ambientar, plantear la narración, contextualizar la trama, presentar al personaje e introducirnos poco a poco en el espacio de una forma entrañable. Todo esto enriquece la historia, pero el eslabón fundamental es la chica.  

En las coplas trágicas hay una tendencia a describir con detalle ambientes y personajes, dejando para el final (y en un corto espacio) el trance patético (el acto trágico). Cuanto más se recrea el narrador en la presentación de una situación o de un héroe, más cariño le coge el receptor, y el drama es mayor cuando fallece.

En este tema, el narrador se regocija en cosas alegres, positivas, sensuales, preciosistas (la belleza, la relación de amor con el novio, sus joyas…). El hecho de enfatizar todo lo bonito crea un contraste o contrapunto con lo que pasará después (muerte de la mujer).

Esto acentúa la tragedia. La dicotomía entre lo alegre y lo funesto constituye un recurso efectivo en teatro. Es una manera de transmitir, que la desgracia final ha terminado con todas aquellas cosas maravillosas y placenteras. La melodía tan festiva se contrapone a una letra de contenido triste, que crea una atmósfera grotesca.

La belleza de la muchacha se expresa mediante la personificación de las flores: Había una niña que las rosas envidiaban. En este caso, la hermosura de la protagonista supera a la de los elementos naturales. Estos últimos son representados de una forma negativa, e incluso pecaminosa. Sentir envidia de otros no es propio de personas honrosas.

Al final de la primera estrofa aparece el elemento nocivo y dañino, que es el río. Este provoca la futura tragedia: Por la noche, con la Luna, en el río se miraba.

De momento, el río no parece constituir un peligro. En esta descripción podríamos decir que es un elemento sensual, idílico, preciosista. La muchacha es tan guapa y presumida que le gusta mirarse en el agua como si fuera un espejo. El flujo contribuye a resaltar la belleza, la vitalidad, la sensualidad y la juventud de la protagonista. Aquí detectamos el influjo del mito de Narciso, el cual se miraba continuamente en el río para admirar su hermosura

El río aparece como un elemento más de la descripción espacial. No parece ser más o menos importante que el resto. Está al mismo nivel que los demás. Esto tiene su porqué. Muchas veces el peligro se encuentra donde menos lo esperamos. Lo que aparenta ser beneficioso, bonito o atractivo, es, en realidad, algo dañino y peligroso. El mal acecha y se esconde bajo envoltorios encantadores, sin que nosotros nos demos cuenta.  

La muchacha ve el río como una realidad positiva e idílica. Normalmente, las corrientes de agua se circunscriben a paisajes bucólicos: sol, campo, flujos cristalinos, árboles…Es difícil pensar que en un lugar así va a pasar una desgracia. Sin embargo, al final, será el agente de la muerte de la protagonista.

¿Cuál es la moraleja? El peligro es nuestro peor enemigo. Se camufla en los contextos más insospechados. Por muy seductora, atrayente, afable o cautivadora que parezca una realidad, no os confiéis. Puede convertirse en nuestra peor pesadilla.

Un recurso efectivo en la literatura trágica consiste en presentar al enemigo como algo insípido, anodino, intrascendente, nimio, poco importante, que pasa desapercibido entre la multitud, que a primera vista no dice ni fu ni fa. Nosotros mismos infravaloramos su capacidad para hacer daño. Luego, cuando llega el momento menos esperado, actúa y es entonces cuando comprobamos su poder destructivo. Todo aquello que es inesperado y sorprendente engorda e intensifica la tragedia.

Nadie puede sospechar que el río de la primera estrofa, ese elemento sensual y gozoso, se convierta en la tumba de la protagonista al final del tema. Es inconcebible. Por eso, la tragedia es mayor.

De todas formas, si habéis leído mucha poesía, especialmente la de la Generación del 27 (García Lorca), conoceréis la simbología de ciertos elementos en las composiciones. Por ejemplo, la Luna suele ir asociada a contextos fúnebres y mortuorios. Cada vez que el satélite de La Tierra aparece en el cielo en un poema, muere algún personaje. El propio lenguaje simbolista nos hace intuir la tragedia. Si nuestra formación en la lírica del siglo XX no está muy desarrollada, seguramente este detalle pase desapercibido, pero si se ha ojeado al autor granadino, al ver la Luna en la copla, diréis: aquí muere alguien!!!!!!!

Tened en cuenta que el simbolismo es un lenguaje entre líneas, oculto, intuitivo, por y para expertos, y eso no quiere decir que se cumpla al 100%. No por aparecer la Luna en la esfera celeste implica el óbito de alguien. Lo normal, desde la postura simbolista del creador/receptor es que sí, pero puede fallarnos. Tened en cuenta que nos movemos en el plano de la subjetividad y la sensación personal.

No es hasta el primer estribillo cuando la acumulación de advertencias se intensifica (no te mires en el río…). Si un contenido se reitera tanto es porque va a ser importante en el desarrollo de una trama. La corriente de agua empieza a ganar espacio en la canción, y por ende, trascendencia en la historia.

La actitud desobediente de la muchacha (que va al río a pesar de las advertencias) junto a la presencia de la Luna, despierta la intuición del oyente más avispado, el cual orienta su capacidad instintiva hacia un desarrollo trágico de la narración. Encontramos algunas pruebas e indicios (muy pequeños) de que algo malo va a pasar.

En la segunda estrofa, el poema se acerca al Rococó y al Modernismo exotista. Se habla de la relación de la muchacha con su novio, y cómo este le hace regalos. El léxico está vinculado a las joyas y elementos preciosistas (alianza, gargantilla de corales, zarcillos de plata).

Los zarcillos son unos pendientes en forma de aro (ya lo explicamos en el análisis de Elvira la Cantaora).

La sensualidad de la ornamentación femenina crea un contrapunto con la tragedia. Estos elementos brillantes, caros y lujosos, dentro de unos segundos, serán NADA.

La alusión a elementos lúdicos y festivos (la feria de Sevilla) no hace más que engordar la desgracia posterior. La muerte acaba con el placer mundano.

La comparación contribuye a ensalzar a la chica, a elevarla socialmente, a colocarla en un nivel superior: Y parecía una reina asomada a la ventana. En los textos trágicos es normal pasar de una situación de goce y disfrute (lujo, fiesta, honor, dignidad…) a otra de dolor y tristeza (muerte)

Aristóteles decía en su Poética (siglo V a.c) que el hecho de ver sufrir y morir a alguien elevado, que goza de una situación de buenaventura y prestigio, provoca conmoción en el espectador, y crea la catarsis, ya que en un momento puedes pasar de lo positivo a lo negativo, de la vida a la muerte. Se trata de un cambio radical, el cual genera angustia y horror. Ver caer una torre alta (una chica joven, guapa, con un novio que la quiere, le regala joyas...) no deja indiferente al receptor, el cual sufre, ya que se identifica y siente empatía

La muerte no hace distinción (como bien expresaba Jorge Manrique en sus Coplas). Por eso, si en esta copla se alude tanto a situaciones sensuales, festivas y preciosistas es para conmocionar cuando llegue el trance trágico. La caída será más grande.

En el segundo estribillo, el lector avispado se dará cuenta de que el peligro está cada vez más cerca, aunque parezca que en la canción no va a pasar nada. Hasta este momento, solo se habla de joyas, belleza, galanteo…

El novio no es consciente de que sus advertencias van a cobrar sentido. No obstante, el lector intuitivo sabe que la buena fortuna no es eterna. Hay suficientes signos (hincapié en los excesos de buenaventura, avisos, desobediencia, el símbolo de La Luna…) para saber que algo malo va a pasar.

En la tercera estrofa asistimos a la muerte de la protagonista. En los momentos previos se hace mención a la Luna: Una noche de verano cuando la luna se asomaba

La tragedia se anuncia a cuentagotas, empezando por datos circunstanciales, ya sea de tiempo (una noche), ambiente (cuando la luna se asomaba) y focalización de personaje (vino a buscarla su novio y no estaba en la ventana).

El narrador cuenta los hechos como si los estuviera viendo el novio. Por tanto, se pierde la omnisciencia narrativa. Iremos conociendo información de la muerte a la vez que el amado.

El hecho de no encontrar a la chica en la ventana es indicio de que algo no marcha bien. Si una persona tiene unos hábitos muy arraigados (asomarse todas las noches al balcón a ver al novio), y un día no lo hace, se crea una situación anómala. El ritmo de la vida se ha visto alterado por un elemento extraño e invasor (la muerte).

Romper con la rutina y las costumbres genera una sensación incómoda. Lo anormal e inhabitual conforma otro indicio trágico. La muerte penetra en la cotidianidad, llega en el momento menos esperado, altera tu normalidad, pone todo patas arriba, da un vuelco a tu existencia. Tu visión del mundo no va a ser la misma cuando entras en contacto con la muerte. El amado nunca más podrá ir a la ventana a ver contemplar a su amada.

Ya os he dicho que conocemos el fallecimiento de la muchacha a través de su novio. En ningún momento se cuenta cómo la chica se ahoga en el río y los detalles de cómo fue el último suspiro.

Para algunos autores resulta poco decoroso y estético hacer hincapié en las escenas más desagradables, morbosas, angustiosas y sórdidas. Muchas tragedias evitan representar la agonía y óbito de los héroes. El espectador conoce la noticia a través de otros personajes (en este caso, el novio), sin necesidad de asistir al deceso, ya que es un momento muy desagradable.

En el Maletilla, por ejemplo, hay escenas de sangre, la gente chilla al ver cómo el toro coge al protagonista y asistimos a su agonía. En No te mires en el río, no llegamos a ese punto. Cuando el chico se desplaza al lugar de los hechos, la chica ya ha fallecido: Que la vio muerta en el río y que el agua la llevaba. No hace falta saber qué tipo de muerte ha tenido.  

La corriente del río simboliza la inmutabilidad: a pesar de la tragedia (una muchacha ha muerto) el agua no se detiene y sigue fluyendo. Esto recuerda a una escena de la novela El Jarama de Sánchez Ferlosio, en la que una niña muere ahogada en el famoso río de Madrid.

La lectura de esta estampa es tan clara como dura: aunque nosotros no estemos, la vida sigue corriendo, el mundo no deja existir, nadie llorará por nosotros. Las cosas no van a cambiar porque hayamos muerto. La vida sigue igual. Algunas personas te podrán echar de menos pero continuarán su vida. Ya lo dice el refrán: el muerto al hoyo y el vivo al bollo

La corriente arrastrando el cuerpo de la chica metaforiza la muerte como parte del ciclo natural. No se puede hacer nada por evitarla. Es inherente al proceso vital. Las cosas no van a cambiar porque hayamos expirado. Es una etapa más en la vida del ser humano. Todos los días fallece gente. ¿Es cruel y lamentable que esta muchacha haya muerto? Claro que sí, pero es que no hay otra. El mundo va a seguir funcionando queramos o no. Al igual que el río sigue su curso, la vida también.

La imagen del cuerpo de la chica ahogada flotando en el Guadalquivir es una reminiscencia a Ofelia, el emblemático personaje de Hamlet (William Shakespeare) que fallece en similares circunstancias. 

En el último estribillo se refleja la tristeza y lamentos del novio mediante interjecciones y vocativos altisonantes, típicos de la poesía desgarrada del primer Romanticismo: Ay, qué dolor, madre de mi corazón, que dolor del amor mío

Aunque no se describe el momento de la muerte, sí se alude al cadáver. Un elemento feo y antiestético es dulcificado y vivificado con metáforas y comparaciones: Parecía una rosa, una rosa muy blanca

El hecho de crear belleza con cosas feas y mortecinas dota a la composición de un toque macabro, pero también permite homenajear y mostrar afecto a la persona que amamos. Dentro de una situación horrible y desgraciada es posible dar pinceladas de color, desde el respeto, y con mucho cariño, ya que se trata de un ser especial para nosotros. Aunque sea en cadáver, somos capaces de ver hermosura en los seres queridos.

Por eso, el final del poema pendula entre lo macabro y lo solemne, entre lo estrafalario y lo elegíaco, entre lo estético y lo antiestético.

Además, la corriente del río no solo simboliza la inmutabilidad, sino también cómo la muerte se lleva aquello que amamos. El novio está muy enamorado de la chica: Ay, ay, ay, cómo se la lleva el río. Ay, ay, ay, Lástima de mi querer

El chico hace un comentario que crea un pequeño matiz cómico en el contexto trágico. En los estribillos anteriores se decía que el muchacho tenía celos del río, ya que la chica se pasaba muchas horas en él. Ahora dice que con razón tenía celos, ya que la amada se entrega al río, muere con él, forma parte de él, la corriente se la ha llevado a la eternidad

Un contenido que antes resultaba poco trascendental (tengo celos del río), se utiliza en un contexto existencial (para reflexionar sobre las casualidades y caprichos de la vida): quién iba a decir que esa mujer moriría en el río!!!

A veces, decimos cosas pensando o dando por hecho que no se van a dar en la realidad. El muchacho pedía a la novia que no se mirara en el río, en plan jocoso y gracioso (no te mires en el río, que tengo celos). Aunque esos comentarios parecen triviales, anodinos, intrascendentes e incluso absurdos, al final, cobran su sentido en una realidad macabra y terrible (al final, te has ido con el río para siempre).

Sin darse cuenta, el muchacho se ha convertido en un oráculo, portavoz de la tragedia. En sus palabras se vaticinaban mensajes, en principio, pocos importantes (no te mires en el río, no vaya a ser que me pongas los cuernos con él). Al final, se acaban cumpliendo (la chica se va con el río, aunque sea muerta).

En resumidas cuentas, esta copla puede interpretarse de dos formas:

En primer lugar, una lectura trágica: hay una muerte al final de la historia contada con un lenguaje realista, lamentos de dolor y tristeza, acto de desobediencia, simbolismo de la Luna en el paisaje, advertencias premonitorias oracularias, contraste entre escenas de sensualidad y color del inicio con el desenlace funesto que hacen engordar el drama…

En segundo lugar, una lectura tragicómica: hay una tragedia, pero todos los elementos que forman parte de ella (citados en el párrafo anterior) no cobran importancia y sentido trágico hasta el final de la historia, cuando conocemos todos los datos. En la canción aparecen envueltos en un halo de banalidad, frivolidad, jocosidad y actitud lúdica (no te mires en el río, que estoy celoso...). No hay intención trágica pero al final, se fragua una tragedia sin que el propio oráculo (amado) se dé cuenta.

Para mí, la segunda lectura es la más completa, ya que incluye las dos interpretaciones. En la mayoría de los libros y portales de Internet califican esta canción de trágica. Yo, desde una perspectiva filológica, no niego esta tragedia. Ya habéis visto que todos los elementos típicos de la literatura trágica que he detectado.

Lo que sí creo es que esa tragedia está enmascarada bajo una atmósfera de futilidad. Por tanto, creo que es mejor hablar de tragicomedia. De todas formas, que cada uno elija la opción que crea conveniente.  

Métricamente, cada estrofa consta de seis versos octosílabos, en los que riman los pares en asonante (segundo, cuarto y sexto).

En los estribillos, el número de sílabas y las rimas se irregularizan, con predominio de los recursos de repetición, que dan ritmo y musicalidad a la bulería: Ay corazón, Ay, ay, ay, quiéreme tú