viernes, 15 de julio de 2022

El cordón de mi corpiño: una copla prohibida por la censura debido a sus connotaciones eróticas

Durante los años de la dictadura franquista (1939-1975) era frecuente que la censura hiciera acto de presencia en el panorama artístico y cultural español. Todas las novelas, obras de teatro, canciones, fotografías y películas debían someterse al control de las autoridades gubernativas, con el fin de que estos productos no entraran en conflicto con las ideologías políticas, morales y sociales del régimen.

Algunas coplas también se vieron afectadas por la censura y llegaron a ser prohibidas. Es el caso del tema de hoy, una sensual mezcla de carnavalito y tango gaditano que los maestros Guerrero y Castellanos compusieron en el año 1957 para Antoñita Moreno. Se titula El cordón de mi corpiño



Tu quieres que yo te dé,

lo que no te debo dar,

el cordón de mi corpiño, mi niño,

que no lo puedo cortar,

el cordón de mi corpiño, mi niño,

que no lo puedo cortar.

 

Ay!, sol y luna,

ay!, luna y cielo.

Dónde estuviste anoche,

que mis ojos no te vieron,

dónde estuviste anoche,

que mis ojos no te vieron.

 

Ay!, ay!, ay!,

cuando tu besas mi boca.

Ay!, ay!, ay!,

yo por ti me vuelvo loca.

Tra, la, la, rá,

tra, la, la, rá,

yo por ti me vuelvo loca.

Tra, la, la, rá,

tra, la, la, rá,

yo por ti me vuelvo loca.

 

Si tu quieres el cordón,

tijeras te traigo aqui,

pa' que cortes el corpiño, mi niño,

que no lo puedes sufrir,

pa' que cortes el corpiño, mi niño,

que no lo puedes sufrir.

 

Ay!, sol y luna,

ay!, luna y cielo.

Dónde has estado rondando,

que tan guapo te pusieron,

dónde has estado rondando,

que tan guapo te pusieron.

 

Ay!, ay!, ay!,

no me dejes vida mía.

Ay!, ay!, ay!,

que sin ti no sé que haría.

Tra, la, la, rá,

tra, la, la, rá,

que sin ti no sé que haría.

Tra, la, la, rá,

tra, la, la, rá,

que sin ti no sé que haría.

 

Ay!, sol y luna,

ay!, luna y cielo.

Dónde has estado rondando,

que tan guapo te pusieron,

dónde has estado rondando,

que tan guapo te pusieron.

 

Ay!, ay!, ay!,

no me dejes vida mía.

Ay!, ay!, ay!,

que sin ti no sé que haría.

Tra, la, la, rá,

tra, la, la, rá,

que sin ti no sé que haría...

que sin ti no sé que haría...

que sin ti no sé que haría...

que sin ti no sé que haría...

..........................................................................

Esta pieza fue catalogada de peligrosa para la moral de los españoles, pues su letra impregnaba un ligero tufillo de erotismo que fomentaba pensamientos y deseos impuros en el que la leía. El poema invitaba a hacer una interpretación picante e insinuadora, que no encajaba con los principios de orden y rectitud propios de los años cincuenta

El hecho de encontrar una copla en la que se aluda de forma explícita a una prenda interior femenina (el corpiño, una especie de sujetador largo, ajustado, sin mangas, que se adosa al cuerpo por debajo del pecho hasta la cintura) generó bastante polémica entre los puristas de la época.

Muchas personas se echaban las manos a la cabeza cuando escuchaban esta canción, ya que no solo se aludía a esta prenda tan íntima, sino también se jugaba con la posibilidad de que la protagonista se quitara dicha ropa: el corpiño se ataba al cuerpo mediante un sistema de cordones. El yo poético se dirige a su amado y le pide que le corte el cordón para así liberarse del accesorio.

Como veis, se trata de un tema subidito de tono, que tuvo muchísimos problemas con la censura. Era como ver una película con la protagonista todo el rato en ropa interior, haciendo gestos insinuadores y provocadores al espectador masculino. Aunque no se llegara al desnudo, la escena resultaba tan sugerente y picante que los censores se vieron obligados a actuar con contundencia.

La frontera entre lo sensual y lo sexual es finísima. La dictadura no permitió escenas de películas con mujeres ligeritas de ropa, a pesar de no mostrar contacto carnal. Generar cualquier tipo de estímulo placentero corporal estaba mal visto.

Aunque la protagonista de la copla no se llega a quitar el corpiño, el hecho de insinuar que se puede desprender de él genera una situación lo bastante morbosa y caliente como para alarmar al receptor puritano. Además, el contexto tampoco ayuda a rebajar el tono (que si trae tijeras, que si los besitos, que si me vuelves loca…). Si un hombre casado acude a un espectáculo teatral con semejante número, la experiencia sería pecaminosa.

Esta copla se puede concebir como una especie de juego erótico preliminar entre los amados. Realmente, es una canción que tiene poco contenido y resulta muy repetitiva, ya que se recrea todo el rato en el mismo detalle (la posibilidad de que la chica corte el cordón del corpiño y muestre sus encantos). En ese sentido, el tema está muy influido por la fantasía y el fetiche.

El hecho de contemplar una estampa como esta (una chica guapa, simpática, con ganas de marcha, ataviada solo con el corpiño, insinuando que se le corte el cordón…) eleva la temperatura del ambiente y provoca alteraciones de índole sexual en el cuerpo de todos los varones. El hombre representa la estampa con su mente e imaginación (transforma el texto en una imagen) y obtiene sensaciones placenteras, como si realmente estuviera delante de una mujer medio en cueros.

Los accesorios femeninos (corpiño) se convierten en una fuente de deseo sexual, lo cual conecta con la corriente fetichista. Esta copla intenta activar el deseo erótico de todos los receptores masculinos. El objetivo es que cada espectador traslade los elementos de la historia (la chica, el cordón, las tijeras…) y les dé forma de película, la cual puede ser visualizada en nuestra mente, obteniendo estímulos sensitivos casi reales.  

Puede parecer una tontería, pero una copla como esta despierta instintos perversos en las cabecitas masculinas. Por eso la censura no tuvo más remedio que actuar. Con el poder de nuestra mente se pueden alcanzar situaciones orgásmicas jeje. En este caso, la poesía es un estímulo

La voz poética tiene consciencia de estar creando una situación dramática pecaminosa, prohibida, tabú, polémica…Tened en cuenta que estamos en un periodo de la historia en el que las reglas morales-sociales son muy importantes (esto no se dice, esto no se hace, de esto no se habla…).

En la sociedad de los cincuenta hay temas que generan pudores y vergüenzas en el seno familiar, amén de ser controvertidos en la vida cotidiana: relaciones sexuales, fetiches, desnudos, ropa interior, cuerpo humano…

Las prohibiciones y normas estaban a la orden del día: no se puede mantener relaciones prematrimoniales, no se puede hablar de sexo, no está bien que una chica irradie tanta tensión sexual, no está bien que ella lleve la iniciativa…

Por eso, al inicio del poema, la protagonista habla en primera persona, empleando una perífrasis verbal de prohibición, que es reflejo, de esos pudores que había en la década de los cincuenta respecto a estos temas: Tú quieres que yo te dé, lo que NO TE DEBO DAR: el cordón de mi corpiño, mi niño, que no lo puedo cortar.

La oración subordinada sustantiva de complemento directo (lo que no te debo dar) tiene, en principio, un carácter eufemístico, ya que permite retrasar lo máximo posible la introducción del elemento prohibido o transgresor (el corpiño). El eufemismo, en este caso, no va a impedir la aparición del elemento tabú. Solo tiene una función retardatoria o moratoria: hacer que lo pecaminoso aparezca unas palabras después.

De hecho, tras la subordinada completiva de objeto directo hay un sintagma nominal en aposición que conceptualiza y pone etiqueta a ese elemento prohibido del que no se puede hablar: el cordón de mi corpiño, mi niño, que no lo puedo cortar. La protagonista se enfrenta a los tabúes de la época para vencerlos y superarlos. Trata explícitamente, con total naturalidad y sin miedos, un asunto íntimo y personal como es la ropa interior femenina.

El hecho de poner en primer lugar el eufemismo y luego el término tabú es una manera de irradiar una actitud de rebeldía, de desafío, de transgresión: el yo poético sabe que está hablando de un tema inmoral, prohibido, feo…pero le da igual.

La relación entre la chica y el amado queda marcada con los pronombres personales (TÚ quieres, YO, TE dé), las formas verbales de primera y segunda persona (quieres, dé, debo dar, puedo cortar), los posesivos (MI corpiño), y el vocativo (mi niño).

El poliptoton (el verbo dar aparece en presente de subjuntivo “dé” y en infinitivo “dar”) marca el contraste entre la realidad (una sociedad que mira con malos ojos todo aquello que tiene que ver con el cuerpo, e impone una serie de reglas y prohibiciones) y el deseo (una muchacha a la que se la suda todo, busca ir a contracorriente, disfrutar de su cuerpo y del placer de una buena compañía masculina, sin importar qué dirán los demás y no cumplir con las rígidas convenciones establecidas de la época).

Mediante la oración subordinada de relativo (el cordón […] que no lo puedo cortar) la protagonista busca sugerir, insinuar, provocar placer, “jugar”, estimular la fantasía del receptor: ¿Qué pasaría si cortásemos el cordón? Por eso os dije que esta copla es como una especie de juego preliminar. Los detalles están llenos de sensualidad, voluptuosidad y delectación.  

Aparte de generar placer superficial en el amado, la voz poética desafía a la sociedad franquista (hablo de esto porque quiero, porque me da la gana, porque soy más chula que un ocho, porque me siento bien, porque estoy buena, y nadie ni nadie me lo va a impedir).

En la segunda parte del tema la protagonista sigue su labor de estimular la fantasía del receptor con el tema del cordel: Si tú quieres el cordón, tijeras te traigo aquí, pa que cortes el corpiño.

La oración subordinada condicional encierra mucha picardía y juego, ya que la mujer se entrega al amado, permitiendo el contacto sensorial, sin mostrar resistencia, dejando que el chico tome el control de la situación. La pelota está en el tejado del amado. Ella le ha dado permiso para el acercamiento. Él decide si ir a cortarle o no el cordón. Lo que pase a partir de ahora queda en manos del muchacho.

Fijaos en los tiempos verbales de las subordinadas condicionales. Están en presente de indicativo: quieres, traigo.

El presente implica REALIDAD, certeza, seguridad en lo que va a pasar. No se trata de algo hipotético o imaginativo, sino de algo que va a pasar sí o sí, si se cumplen unas condiciones. El deleite y el goce sensual están garantizados para el amado si él quiere. Ella está dispuesta a “jugar”. No se va a echar atrás. No es una calienta…(ya sabéis)

La temperatura en esta sección del poema es máxima. Seguramente, muchos de vosotros estaríais deseando estar ahí y ser el chico para cortarle el cordón a la chica. A partir de ahí, la imaginación hace el resto. El cordón es solo una excusa para hacer “otras cositas” que vienen después. La frontera entre lo sensual y lo sexual es mínima. De ahí el motivo de la censura.

En el estribillo, la protagonista se dirige al amado mediante vocativos metaforizados, reforzados por una interjección, y formando estructuras en paralelismo: Ay, sol y luna, Ay, luna y cielo.

El hecho de identificar al amado con elementos astrales (cielo, Luna, Sol) potencia la sensualidad del tema. Os recuerdo que todos estos conceptos irradian luz, y la luz, desde la óptica de la mística se traduce en PASIÓN. En un contexto como este, el amor está cargado de connotaciones eróticas y físicas.

Esto no es ningún disparate: muchos estudiosos de la mística han considerado siempre esta tendencia como una forma de poesía erótica: la unión espiritual lleva implícita la unión física. La belleza y sensualidad de los astros del cielo es reflejo de la sensualidad del cuerpo humano, y eso siempre genera placer y atractivo.

Mediante la interrogación retórica, la mujer interroga al amado, insinuando que este ha mantenido relaciones con otras mujeres: ¿Dónde estuviste anoche que mis ojos no te vieron? ¿Dónde has estado rondando que tan guapo te pusieron?

La musicalidad y el ritmo que dotan las estructuras en paralelismo al tema convierten el posible reproche en juego superficial, desprovisto de cualquier tipo de sentimiento profundo: adverbio (donde/donde) + verbo (estuviste/ has estado) + circunstancial (anoche/rondando) + oración explicativa (que mis ojos no te vieron/ que tan guapo te supieron)

Si hacemos una interpretación literal de estos versos, muchos de vosotros podríais pensar que el chico se ha liado con otra, a espaldas de la protagonista. De ahí ese interrogatorio por parte de la mujer (dónde has estado, a quién has rondado…).

Sin embargo, haciendo una interpretación más personal (que eso no significa que sea la correcta), yo creo que todo esto es una especie de juego mutuo. La mujer en ningún momento muestra rencor ni enfado al amado. Al revés, todo es sensualidad, picardía, guasa, deseo…No hay romanticismo. Solo placer físico. El chico se puede liar con otra, y a la vez, cortarle el cordón a ella. Nadie busca la trascendencia amorosa. Se busca disfrutar del placer inmediato con el cuerpo. No hay más.  

La amada está jugando con el amado. Buscan disfrutar mutuamente, sin hacerse daño. A ella le da igual que el amado haya estado con otra. Como no quiere nada profundo con él, no importa lo que haya hecho la noche anterior.  

La actitud frívola de los amados (anoche estuviste con otra, hoy estás conmigo, corta el cordón…) tiñe la copla de un tono morboso y pecaminoso. La protagonista se recrea en el goce de lo prohibido. Se puede pasar un rato divertido sin hacer daño a nadie. Esas preguntas de dónde y con quién has estado forman parte del juego superficial, ya que no duelen.

Hay veces que nosotros mismos cuando estamos contentos nos hacemos preguntas cuya respuesta conocemos de sobra y/o no es relevante en nuestra vida, pero las formulamos de manera jocosa para pasar un rato ameno, porque estamos contentos/alegres/felices y nos gusta recrearnos en banalidades

En este poema no hace falta hablar de cuernos o infidelidades. Es la propia protagonista, que en un afán de disfrutar de la situación que está viviendo, juega a hacerse preguntas triviales. Humor picante se llama jejjeje.

Cada cual que lo interprete como quiera. Lo bueno de esta copla es que deja bastante libertad en su análisis.

De todas formas, el tema se recrea en momentos deleitosos, relacionados con el placer del cuerpo y el contacto físico: Ay, Ay, Ay, Cuando tú besas mi boca, Ay, Ay, Ay, yo por ti me vuelvo loca. Las interjecciones enfatizan la sensualidad del ambiente.

Como veis, la unión yo-tú (enmarcada con la subordinada adverbial temporal “cuando”) se potencia en sentido físico y corporal, y no tanto espiritual (a través del beso). Por eso, debemos dar la razón a aquellos que dicen que la mística es un pretexto para el erotismo

El tópico del amor como enfermedad (locura), propio de la vieja poesía de cancionero, aparece en un contexto mucho más amable y sensual. También hay frases y sintagmas que se dirían en registros dramáticos, pero aquí se manifiestan en un tono más ligero, y por tanto, pierden su sentido trascendental: No me dejes vida mía, que sin ti no sé que haría.

Está claro que en un tema tan juguetón como este, el tópico del sin ti no soy nada, no encaja. Aparece desvirtuado y desdramatizado, en un contexto ligero y frívolo.

La voz lírica recurre a juegos puramente fónicos con el objetivo de recrearse en el placer físico y en el acto amoroso (Tra la la la). Es una forma de reírse y de burlarse de todas esas prohibiciones y tabúes de la época, y también de estimular la imaginación y la fantasía del receptor.

Cuando una experiencia resulta maravillosa, grata e importante, nos cuesta encontrar la palabra exacta que describa el placer de lo vivido. Bécquer lo llamaba inefabilidad.

Por eso, la chica recurre a un juego de significante, sin un significado concreto (tra la la la). Esto resulta mucho más expresivo e insinuante que el lenguaje convencional. En la mística pasaba igual: la unión era algo tan majestuoso que muchas veces no había manera de describirla. Aquí la unión física es tan grande que no se puede elegir una palabra exacta. Es el éxtasis en su sentido más físico.

Métricamente, predomina el verso octosílabo. De vez en cuando, encontramos alguno decasílabo (el cordón de mi corpiño, mi niño) y pentasílabo (Ay sol y luna).

Las repeticiones de versos permiten al yo poético ahondar en el placer y el goce físico: mi niño, tra la la rá, que no lo puedo cortar, yo por ti me vuelvo loca…

Si obviamos las reduplicaciones e interjecciones, las estrofas están formadas por coplas, es decir, cuatro versos de ocho sílabas, con rima entre el segundo y el cuarto (dar-cortar, aquí-sufrir), mientras que el primero y el tercero quedan libres.

Solo encontramos una excepción en el tercer verso de la copla, que es de diez sílabas por la adición del vocativo “mi niño”.

Los estribillos constan de la unión de una copla octosilábica con un pareado (cuando tú besas mi boca / yo por ti me vuelvo loca). Lo que pasa es que a este pareado se le han añadido repeticiones, interjecciones e incluso el juego fónico de “tra la la rá”, que han engordado su estructura métrica.


viernes, 24 de junio de 2022

Me voy (Julieta Venegas): una despedida racionalizada y desdramatizada

El 28 de marzo de 2006 salía a la venta el cuarto álbum de estudio de la cantante mexicana Julieta Venegas, bajo el título de Limón y Sal. El primer sencillo, Me voy, se convirtió en el tema más exitoso. Esta mezcla de pop-rock y ranchera, producida por Cachorro López, fue número uno en ventas en Italia, España, México y Argentina, aparte de estar nominada para los Grammy Latino y alcanzar buenos puestos en el Hot Latin Songs y el Billboard. 



Porque no supiste entender a mi corazón

Lo que había en él
Porque no tuviste el valor de ver quién soy
Porque no escuchas lo que está tan cerca de ti
Sólo el ruido de afuera y yo
Que estoy a un lado, desaparezco para ti
No voy a llorar y decir
Que no merezco esto
Porque
Es probable que
Lo merezco, pero no lo quiero, por eso me voy
¡Qué lástima, pero adiós!
Me despido de ti y me voy
¡Qué lástima, pero adiós!
Me despido de ti
Porque sé que me espera algo mejor
Alguien que sepa darme amor
De ese que endulza la sal y hace que salga el sol
Yo qué pensé, nunca me iría de ti,
que es amor del bueno, de toda la vida
Pero, hoy entendí que no hay suficiente para los dos
No voy a llorar y decir
Que no merezco esto
Porque
Es probable que
Lo merezco, pero no lo quiero por eso me voy
¡Qué lástima, pero adiós!
Me despido de ti y me voy
¡Qué lástima, pero adiós!
Me despido de ti
I-i-i, i-i-i-i (Ah-ah)
I-i-i, i-i-i-i
Me voy
¡Qué lástima, pero adiós!
Me despido de ti y me voy
¡Qué lástima, pero adiós!
Me despido de ti y me voy
¡Qué lástima, pero adiós!
Me despido de ti y me voy
¡Qué lástima, pero adiós!
Me despido de ti y me voy
......................................................................................

La canción habla de la despedida entre dos enamorados. Ella no se siente valorada, ya que él no le puso la suficiente atención al dar prioridad a otras personas y cosas. Por consiguiente, la protagonista piensa que lo mejor es dejar la relación y hacer su propio camino. Aunque le duela dejar escapar al novio, cree que es lo más honesto a su filosofía de vida: no merece la pena estar con una persona que no te quiere lo suficiente, o al menos, no te ama de la misma forma que tú lo amas. No quiere sufrir. Ella considera que merece a alguien mejor y algún día encontrará a una persona que la comprenda y la entienda. 

Mediante la subordinada causal, el yo poético alega una serie de razones que expliquen el motivo de la ruptura: porque no supiste entender a mi corazón.../porque no tuviste el valor de ver quién soy.../porque no escuchas lo que está tan cerca de ti...

Las estructuras en paralelismo representan el raciocinio de la mente femenina. Ella no habla desde el odio, la venganza, la visceralidad o el rencor (vete a la mierda), sino desde la razón, la reflexión y la madurez, pensando en su propio bienestar emocional, y por supuesto, en su amor propio: nexo (porque) + adverbio negativo (no) + verbo perceptivo (supiste/tuviste valor) + complemento (a mi corazón/ de ver quién soy)

La decisión de abandonar al novio está motivada por una serie de razones concretas y objetivas, enfocadas en su propia salud mental, en plan ¿Para qué voy a pasar mi vida sufriendo por esta persona si ella hace su vida y no me valora? En este caso, la cabeza se ha impuesto al corazón. Aunque lo sigue queriendo, ella va a pensar en sí misma y en lo que es mejor para su futuro. Si esta persona no me da lo que yo quiero...¿Qué sentido tiene estar con ella?

Por tanto, vemos a un yo poético hablando con propiedad, con las ideas claras, sabiendo lo que quiere, analítico, con la mente en su sitio, sin caer en el sentimentalismo superficial, sin dejarse llevar por las emociones desbordadas, sin reprochar nada, dando pasos firmes desde el autoconocimiento. Las situaciones conflictivas y polémicas se resuelven desde la calma y el entendimiento. No hace falta llorar, gritar, herir o culpar. En ningún momento vemos emociones negativas o nocivas hacia el amado. Él no le da lo que ella quiere, y ella asume dignamente que no es su lugar, y se va. 

La incompatibilidad es la causa principal de la ruptura. Él tiene sus prioridades (el ruido de afuera). El ruido funciona como metáfora de lo superficial, de aquello que proporciona placer inmediato, y a veces, nubla lo que hay alrededor. Para él, lo más importante es el mundo exterior. Prefiere pasar el tiempo con otras personas, haciendo otras cosas. La amada no es el elemento primordial de su vida. Los intereses, prioridades e inquietudes del amado son otros. 

Ella busca una relación profunda. Él no está preparado para ofrecerle profundidad. Por tanto, se crea un contexto de incompatibilidad. A pesar del amor que pueda existir entre ambos, son dos seres diferentes. Basan su felicidad y plenitud en cosas distintas. Ella, a través del intimismo trascendental (espiritualismo). Él, a través del superficialismo sensorial (materialismo)

El choque en las filosofías de vida se plasma en el verbo cognitivo: no supiste ENTENDER en mi corazón lo que había en él. El amado no ha sabido captar la concepción del mundo de la amada. 

El corazón posee valor metonímico: se alude a una parte concreta del cuerpo (órgano vital) en lugar del todo (alma, psiqué, espíritu). Ya os he dicho alguna vez que esto sustenta sus bases en teorías médicas. En la Edad Media se creía que el corazón era el lugar que albergaba las emociones humanas. Por eso es normal que el corazón se use como sinónimo de alma

A veces, la acumulación de oraciones negativas da al soliloquio una impronta de reproche (no tuviste el valor de ver quién soy.../no escuchas lo que está tan cerca de ti...). El yo poético quiere dejar claro al amado las razones de la ruptura. No es un berrinche o pataleta porque no le haga caso, sino que hay un fondo importante: estar con una persona que no puede darte lo que tú necesitas no es bueno para la salud mental. Solo traería pena y sufrimiento. No tiene sentido estar con alguien que no aporta nada a tu vida. Lo más honesto y coherente es que cada uno haga su vida hasta encontrar a esa persona que te dé plenitud. 

La amada señala los "errores" que ha cometido el amado y le han hecho plantearse las cosas: ha estado más pendiente del mundo exterior que de ella, no se ha esforzado por conocerla, no la ha valorado lo suficiente, no ha conseguido captar su esencia como ser humano concreto. En definitiva, no le da lo que ella busca. 

Ella siente que no tiene espacio en la vida de él. Aunque oficialmente sean pareja y estén juntos, él pone por encima otros intereses. De ahí la metáfora de la esfumación: y yo, que estoy a un lado, desaparezco para ti. Estar físicamente cerca de la persona que quieres no significa sentirse realizado. Si no recibes cariño/afecto/empatía/comprensión de una persona, da igual que la veas todos los días. 

Las expresiones "estar a un lado" y "desaparecer" tienen valor antitético. Al mantener una relación, hay un contacto físico más o menos cercano. Sin embargo, emocional, mental y psicológicamente se encuentran muy lejos uno del otro. No se genera correspondencia emocional, ya que él no le da a ella lo que necesita, pues tiene otros intereses y prioridades (que no se concretan en la canción). 

En lugar de caer en el dramatismo ante la ruptura, la amada se refugia en el amor propio para superar la situación. Regocijarse en el pasado no es la solución. Lo vivido, vivido está. No sirve de nada amargarse por lo que dejas atrás. Hay que mirar al futuro, tal como se refleja en la oración subordinada sustantiva de complemento directo con verbo cognitivo: sé que me espera algo mejor. 

El yo poético adopta una actitud esperanzadora. La decepción amorosa no hay que mirarlo como algo negativo. Significa que esa persona no es para ti, no te proporciona el bienestar mental que tú quieres. Escapar de una situación que te hace daño es una acción positiva, que demuestra el amor hacia uno mismo. Si quieres que te quieran, lo primero que tienes que hacer es empezar a quererte a ti mismo. 

Por tanto, si dejar a tu amado supone alcanzar una situación de tranquilidad espiritual contigo mismo, la decisión está bien tomada. Es el primer paso para encontrar a la persona adecuada para ti. El verbo en subjuntivo sintomatiza la dificultad del proceso (alguien que SEPA darme amor). Ella tiene claro que el novio no era la persona idónea. Encontrar a tu alma gemela en un mundo real es complicado. A veces ni se materializa. El subjuntivo es el modo de lo mental, lo hipotético. En su mente, la chica sabe lo que quiere. Después, lo encontrará o no lo encontrará en la vida real, pero ella tiene las ideas claras y mantiene la esperanza de algún día amará a alguien que le llene

El amor pleno se representa con metáforas relacionadas con la luz (hace que salga el sol) y el sentido del gusto (endulza la sal). Cuando estás enamorado, la realidad se percibe desde otra óptica. El mundo resulta más alegre, colorido, entusiasta, sabroso, oloroso, festivo...Las realidades negativas (oscuridad, amargura...) se transforman en positivas (luz, dulzura...)

Cuando conoces a alguien que te gusta crees que esa persona puede ser la definitiva: vas a estar siempre con ella, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, todos los días de tu vida. El conocimiento superficial crea ilusiones e idilios en la mente, que luego, el paso del tiempo, la interacción y la convivencia los acaba atenuando. 

La voz poética quedó encandilada con las virtudes del amado. Eso le hace crearse una película feliz, de hadas y príncipes: y yo que pensé que nunca me iría de ti, que es amor del bueno, de toda la vida. Al principio, cuando te falta conocimiento de la psicología de alguien, todo es Jauja, proyectos, ilusiones...

Sin embargo, a medida que profundizamos en la interacción con una persona, salen también a relucir sus defectos, aquellos aspectos que no resultan tan compatibles con nuestras concepciones vitales. Y ahí surge el conflicto, el choque. Nos damos cuenta de que hay incompatibilidad en la manera de plantear las cosas con esa persona que quieres. Y si esto genera insatisfacción, dolor, o cualquier tipo de sensación negativa, no tiene sentido seguir adelante con el proyecto vital.

La protagonista hace un análisis y reflexión de la situación y se da cuenta de que es absurdo estar con una persona a la que no le interesas, o al menos, que no le interesas de la misma manera que tú a ella: pero hoy entendí que no hay suficiente para los dos. Está claro que cada uno debe seguir la vida por caminos diferentes, pues tienen intereses distintos. Eso hace que ella no se sienta valorada, y por su tranquilidad mental, decida cortar por lo sano de una manera madura y serena.

Se trata de una ruptura desdramatizada, sin victimismos/lágrimas/gritos, tal como se manifiesta en la perífrasis verbal de intención (no voy a llorar y decir que no merezco esto). El fracaso amoroso no tiene que ser un proceso traumático y doloroso. La protagonista pasa por él de manera voluntaria. Las marcas de primera persona reflejan su decisión de forma clara y rotunda (pero no lo QUIERO, por eso me VOY). 

Ella elige este camino pensando en su propia estabilidad emocional: no va a sufrir más, estará en paz consigo misma al demostrar amor propio, en el futuro quizá conozca a una persona que se adapte a sus planteamientos vitales y la valore como ella merece, y por fin pueda alcanzar la plenitud.

Si cortar con el chico supone una mejora de su situación anímica y personal en el futuro, y sobre todo, de su satisfacción consigo misma (se protege por sí sola, no es dependiente de nadie, mira por su propio bien, hay amor hacia si misma...), al final, no ha sido tan malo llevarse el desengaño: es probable que lo merezco...Ya lo dice el refrán: no hay mal que por bien no venga. A veces, llevarte un palo es necesario para darte cuenta de que estabas en el camino equivocado. Esto te permite rectificar, cambiar el rumbo y que el destino haga lo que tenga que hacer, pero ahora, mucho más fuerte. 

El hecho de que sea una separación carente de drama no quiere decir que la mujer sea frívola y actúe como un témpano de hielo. En las exclamaciones del estribillo vemos que le duele dejar al amado: !Qué lástima, pero adiós me despido de ti y me voy!. 

La voz lírica quiere mucho al amado y la da pena terminar la relación (Qué lástima). Sin embargo, hay otra persona a la que quiere mucho más, que es ella misma. En esa encrucijada (el novio VS ella misma) se decanta por ella misma. De ahí la contraposición con la conjunción adversativa (qué lástima PERO adiós). Si no se quiere a sí misma...¿Quién la va a querer?

Aunque el final resulte frío y distante (me despido de ti y me voy), ella lo sigue queriendo. Lo que pasa es que ella tiene que mirar por sí misma y buscar un camino vital que le satisfaga y le haga sentirse plena y realizada. 

Métricamente no hay mucho que comentar. Se trata de una canción con disposición libre en las rimas, la colocación de los versos y el número de sílabas


jueves, 16 de junio de 2022

Sevillanas del abuelo (Manolo Escobar): el nieto que regala ilusión a su yayo para que salga de la depresión

En el año 1997 el cantante almeriense Manolo Escobar lanzó al mercado uno de sus últimos trabajos. El disco lleva por título Aromas. Entre sus canciones se encuentra El abuelo, un enternecedor tema a medio camino entre la copla y las sevillanas.

Los protagonistas de la historia son un abuelo (que acaba de perder a su esposa) y su nieto (que anima al pobre anciano). De este poema se han hecho numerosas versiones: Antonio Alemania, Carlos Vargas, María Carrasco…



Madre quiero que me digas, por qué esta triste el abuelo.
Madre quiero que me digas, por qué esta triste el abuelo.
Que ya no juega conmigo, ni me lleva de paseo.
Que ya no juega conmigo, ni me lleva de paseo.

Ya no me cuentas historias, y esos cuentos que dan miedo.
Ya no me cuentas historias y esos cuentos que dan miedo.
Ya no me tapas de noche ni rezas conmigo luego.
Ya no me tapas de noche ni rezas conmigo luego.

Abuelo, no llores más, porque mira hacia el cielo

La abuela pronto vendrá, se fue a buscar una estrella

Que le pedí pa jugar.

 

Coge tu gafa y tu silla y yo te presto un tebeo.

Coge tu gafa y tu silla y yo te presto un tebeo.
Y siéntame en tus rodillas ya verás lo bien que leo.
Y siéntame en tus rodillas ya verás lo bien que leo.

Ya no quiero verte triste anda y llévame a la escuela.
Ya no quiero verte triste anda y llévame a la escuela.
Con el duro que me diste te invito a donde quieras.
Con el duro que me diste te invito a donde tú quieras.

Abuelo, no llores más, porque mira hacia el cielo

La abuela pronto vendrá, se fue a buscar una estrella

Que le pedí pa jugar.

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El personaje del nieto constituye la voz poética de la canción. El niño habla en primera persona a su abuelo (Ya no quiero verte triste, Te presto un tebeo…). El viejecito, como es lógico, no atraviesa su mejor momento anímico, ya que lo está pasando mal por el fallecimiento de su mujer. El nieto, como niño que es, no puede soportar ver a su abuelo triste. Por eso, a lo largo de la composición, el chaval hará todo lo posible para consolar, animar e intentar que su yayo recupere la alegría.

Yo pienso que esta copla consigue ponerte la piel de gallina por la particular visión que el niño tiene del mundo, en la que se mezcla la inocencia del mundo infantil con la crudeza de la situación real.

Por un lado, el chaval es demasiado pequeño para entender el concepto de muerte, el carácter irreversible de esta y sus consecuencias. Ya sabéis que los niños son seres inocentes, ingenuos, cándidos, puros (como diría el poeta romántico inglés William Blake).

Normalmente, los críos viven encerrados en una especie de coraza y burbuja, aislados de la crudeza y la malignidad de la vida. Los padres no quieren exponerlos tan pronto a la corrupción y crueldad del mundo. Con el fin de protegerlos, los alejan de aquellos elementos que resultan feos y oscuros.

Por eso, el protagonista no tiene todavía la capacidad para entender la magnitud de la tragedia: ha muerto su abuela. El niño no comprende por qué este hecho ha afectado tanto a su abuelo, el cual, desde que no está su mujer, ha perdido la alegría de vivir, y está todo el día triste.

Las inquietudes del yo poético se manifiestan en el vocativo, mediante el cual el niño le pide a la madre que le explique la causa de la depresión del abuelo: Madre quiero que me digas por qué está triste el abuelo.

La perífrasis verbal en subjuntivo enfatiza la insistencia, la curiosidad, las ganas que el niño tiene de dotar de sentido a una cosa que no entiende (que el abuelo haya perdido la vitalidad y energía que le caracteriza).

El discurso transmite desesperación, propia de la impaciencia natural e inherente de los niños pequeños, que quieren dar solución a los problemas y necesidades lo más pronto posible, aquí y ahora. Por eso se dirige a su madre en un tono imperativo, dando una orden: madre QUIERO QUE ME DIGAS. El niño no comprende nada de lo que pasa en el entorno y quiere saberlo.

Los críos, por naturaleza, son egoístas y egocéntricos (como diría Freud). Ellos todavía no tienen la madurez suficiente para entender el mundo, para ponerse en la piel de los demás, para empatizar con la gente. Para los niños, lo más importante es su realidad, su mundo, sus cosas, sus juegos, sus deseos, sus intereses...No piensan en nada más. Es un rasgo propio de la infancia.

Si el chaval en principio se preocupa por el abuelo no es tanto por el estado anímico del viejo, sino por cómo le puede perjudicar y afectar a sus rutinas diarias de niño. Debido a la depresión del anciano, este dejará de jugar con el crío, no le llevará al parque, y en general, no querrá hacer nada divertido con él. Eso es lo que le reprocha.

Tened en cuenta que la voz poética es un niño de corta edad. Es normal que los críos no entiendan nada. Él solo ve que su abuelo está triste y ya no es tan juguetón como antes.

La coordinación copulativa negativa refleja la metamorfosis en el carácter del anciano, que ha pasado de ser una persona jovial y risueña, a convertirse en un ser aburrido: que ya no juega conmigo NI me lleva de paseo

Mediante las marcas morfológicas verbales de segunda persona de singular el niño se dirige al abuelo en una actitud casi de reproche, síntoma de que se trata de un yo poético infantil y añiñado, afectado por el egocentrismo: Ya no me cuentaS historias y esos cuentos que dan miedo, Ya no me tapaS de noche ni rezaS conmigo luego.

Las estructuras en paralelismo marcan el cambio del estado anímico del personaje del abuelo, el cual ha dejado de ser encantador y agradable, para convertirse en desganado y triste: Adverbio temporal (Ya/ya) +adverbio de negación (no/no) + pronombre (me/me) + verbo (cuentas/tapas) + complemento (historias/de noche) +coordinación (y esos cuentos que dan miedo/ni rezas conmigo luego).

La anáfora del adverbio temporal (ya…/ya…) enfatiza el giro súbito y radical en el carácter del anciano: antes era de una forma y a partir de ahora es de otra, pero siempre, desde la perspectiva del niño, que como crío que es, solo se preocupa de lo superficial (que el abuelo no le cuenta cuentos, no juega con él, no le lleva de paseo…). La muerte de la esposa supone un punto de inflexión en la vida del anciano y esto le repercute en su psicología.

Los chavales de corta edad tienen una visión muy particular de las cosas. Hay realidades que un niño no puede entender jamás y que resultan muy duras y dolorosas para él. Decirle a un crío pequeño que morir significa dejar de existir (y por tanto, no volver a ver nunca más a esa persona a la que tanto quieres) es muy crudo.

Algo tan trágico como una muerte puede ser dulcificado y pintado de una manera menos cruda mediante la alegoría. Esta alegoría está basada en elementos extraídos del mundo de la fantasía, la imaginación y de los viajes estelares, que tanto gustan a los niños: Abuelo, no llores más, mira hacia el cielo que la abuela pronto vendrá, se fue a buscar una estrella que le pedí pa jugar. Muchos padres, para intentar atenuar la dureza de un hecho así, metaforizan la muerte como un viaje maravilloso.

Este estribillo pone los pelos de punta. Por un lado, el niño piensa que la muerte es algo esporádico/transitorio/temporal, como un viaje que tiene un principio y un fin. El hecho de representar la muerte como un periplo agradable crea confusión y falsas esperanzas en el crío. El nieto cree que la abuela volverá algún día e intenta consolar a su abuelo de esa forma.

El yo poético lo hace con toda la buena intención del mundo, desde la inocencia y la ingenuidad, desde las creencias que le han inculcado sus mayores dentro de su burbuja de niño para protegerlo, desde su “cacao mental”, desde su prisma de infante. Él cree firmemente que su abuela partió para buscar una estrella y regresará algún día.

Él lo está pasando mal viendo triste al abuelo. La tristeza del anciano se traduce en tedio y aburrimiento, que es una de las peores cosas que le puede pasar a un niño pequeño.

El receptor que lee este estribillo se conmueve, pues esa alegorización de la muerte crea un contraste entre la visión del niño (que cree que la abuela volverá) y la cruda realidad (morir supone salir de este mundo, y nunca más volver). El batacazo que se llevará ese crío va a ser muy doloroso.

El yo lírico emplea herramientas infantiles para intentar resolver un problema que es de gente mayor. Esto dota de ternura al personaje del nieto. El niño, con toda su inocencia y bondad, intenta consolar a su abuelo, y a la vez, todo el mundo sabe que el crío está viviendo una mentira (la abuela nunca volverá).

La presencia de pausas en el estribillo (las cuales se materializan en las comas) crea una sintaxis entrecortante, como si la voz poética estuviera afectada por la pena del abuelo y le costara articular palabras y hablar durante mucho tiempo seguido: Abuelo/ no llores más/porque mira hacia el cielo/ la abuela pronto vendrá/ se fue a buscar una estrella/ que le pedí pa jugar.

Es la parte más emotiva y conmovedora de la composición, y cualquier actor/actriz que la interprete tiene que emocionarse sí o sí ante algo así, hasta romper la voz. El vocativo (abuelo), la orden en subjuntivo (no llores) y el imperativo (mira), enfatizan la emoción e ingenuidad del nieto, pues él cree tener la solución a todos los males del anciano.

Los niños pequeños piensan que el mundo y la vida funcionan de una manera sencilla y fácil. No entienden que los adultos se coman tanto la cabeza con ciertas cosas jajajajjaa. Algo tan complejo como es la muerte, se concibe desde la simplicidad infantil: la abuela se fue al cielo a por una estrella. De esta forma, deja de ser doloroso.

Por eso, en las estrofas siguientes, el crío emplea todo tipo de medios para consolar a su abuelo y devolverle la felicidad. El niño lo que quiere es que el anciano deje de llorar, deje de estar triste, se anime, recupere la ilusión. El chaval intenta aportar su granito de arena para alegrar la vida del viejecito.

Evidentemente, esos mecanismos de consolación son propios del mundo infantil. Como ya hemos dicho, los niños ven la vida desde la óptica de la simplicidad. Ellos piensan que los problemas de la vida adulta se solucionan fácilmente, de la misma manera que se resuelven las adversidades de los niños: Coge tus gafas y tus sillas y yo te presto un tebeo

En un mundo de preescolar (3,4,5 años) si un crío tiene un mal día, lo arregla haciendo algo divertido y placentero (leer un cómic, dibujar, jugar a la pelota, estar con un amigo, abrazar a su madre…) que le haga olvidarse de aquello que le hiere. El protagonista cree que si le da un tebeo a su abuelo, este recobrará la alegría. El niño aplica soluciones que funcionan en el contexto de la infancia, para resolver un problema de gran trascendencia

En un mundo infantil, las cosas nimias/banales/triviales cobran importancia y se elevan hasta convertirse en elementos vitales relevantes. Los niños se sienten orgullosos de sus pequeños logros y descubrimientos: Y siéntame en tus rodillas. Verás lo bien que leo. […] Llévame a la escuela.

El protagonista quiere compartir sus triunfos con el viejo, y así alegrarle el día. Cuando un niño aprende a hacer cosas de mayores (ir al cole, leer, vestirse, recoger la mesa…) se siente útil y feliz, pues es un poquito más autónomo. El chaval siente que ha crecido, que puede aportar algo al mundo. Sus progresos son motivos de celebración en el seno familiar. La mejor forma de alegrar la vida al abuelo es creciendo, madurando. Aunque la abuela no esté, el viejo tiene motivos para seguir ilusionándose en la vida (el nieto)

El egocentrismo de la primera estrofa (esos reproches de por qué no juegas conmigo, por qué no me lees cuentos, por qué no me llevas de paseo…) ha ido desapareciendo y se ha convertido en empatía, en amor familiar, en un sentimiento de bondad auténtico.

El hecho de que el protagonista ofrezca alternativas para consolar y animar a su abuelo (leerle el tebeo, prestarle un duro, sentarse con él…) demuestra que un niño, a su forma, tiene capacidad de meterse en la piel del otro. El protagonista no quiere ver al anciano triste. Su objetivo es ayudarlo a salir del pozo ofreciendo motivos de ilusión.

Los imperativos (coge, siéntame, llévame) están cargados de afectación y ternura hacia el viejo, ya que no se trata de una orden agresiva, sino una sugerencia para que el abuelo olvide las penas: Ya no quiero verte triste

La perífrasis con el verbo querer implica deseo, voluntad: el niño lo pasa mal viendo a su abuelo triste y cree que puede hacer algo para ayudarlo.

Ya no se trata de una cuestión material (no juegas, no me haces la comida, no me llevas de paseo…), sino personal (no me gusta verte tan decaído). A pesar de su corta edad y el egocentrismo propio de la infancia, los niños también lo pasan mal viendo sufrir a sus seres queridos. Por lo tanto, aunque a veces no entiendan la magnitud real de las cosas fruto de la ingenuidad, tienen su corazoncito, perciben emociones, empatizan, sienten el amor, la ternura, el cariño y el afecto.

El hecho de ver cómo el nieto (figura débil: niño) es el que consuela al abuelo (figura fuerte: adulto), también crea un halo de emoción en la canción.

Por lo general, los niños son materialistas. Se dejan de llevar por la máxima de cantidad: MÁS y MUCHOS juguetes, MÁS y MUCHOS caramelos, MÁS y MUCHAS fiestas, MÁS y MUCHOS paseos…Para los críos la acumulación de elementos y conceptos se convierte en un tesoro muy valioso.

El protagonista está dispuesto a compartir parte de su tesoro con su abuelo, síntoma de que el amor hacia él es lo más importante: Con el duro que me diste te invito a lo que quieras. En estos actos tan banales e intrascendentes, los niños nos dan lecciones de verdadero amor, y nos damos cuenta de que no son tan egoístas.

La composición resulta reiterativa, ya que las oraciones y los versos completos tienden a reduplicarse y repetirse, casi sin modificaciones. Una canción como esta requiere de una gran capacidad de matización y modulación, para que cada una de las frases suene de manera diferente en la voz, a pesar de ser portadoras de la misma información.

Una copla/sevillana aparentemente fácil como esta, puede ser un quebradero de cabeza para los vocalistas, ya que si todos los versos se cantan igual, al final, el tema se hace insípido y lineal.

Cuando hay tanta repetición, el actor debe dar matices diferentes a cada frase (que suene de forma distinta) y así dinamizar la interpretación y transmitir sensaciones diferentes (a pesar de la reduplicación conceptual). Este tema no es para cantarlo, sino para contarlo. El contenido es una maravilla y hay que mimarlo muy bien para que luzca.

Métricamente, predominan los versos de arte mayor. Normalmente poseen 16 sílabas y se dividen en dos hemistiquios de ocho: madre quiero que me digas (hemistiquio 1), por qué está triste el abuelo (hemistiquio 2). Si no tenemos en cuenta las repeticiones, los versos formarían pareados (abuelo-paseo, miedo-luego, tebeo-leo, escuela-quieras).

En los estribillos hay un verso suelto de 8 sílabas (que le pedí pa jugar), y desaparece la rima, aunque sí se mantiene la asonancia al final del primer hemistiquio (más-vendrá).


lunes, 30 de mayo de 2022

Cambalache (Carlos Gardel): un tango de denuncia social

El análisis de hoy está dedicado a uno de los tangos argentinos más conocidos de todos los tiempos: Cambalache. Fue compuesto en el año 1934 por Enrique Santos Discépolo. Se estrenó en el teatro Maipo de Buenos Aires en la voz de Sofía Bozán “La negra”. En febrero de 1935, apareció en la película “El alma del bandoneón” de Mario Soffici. Muchísimos cantores se han atrevido a versionar el tema: Carlos Gardel, Julio Sosa, Alfredo Sadel, Caetono Veloso, Serrat, Rafael, Tita Merello, Nacha Guevara, Julio Iglesias e Ismael Serrano (entre otros).

El poema posee un fuerte tono de denuncia. Hace una crítica a la Argentina de los años 30 y principios de los 40. Este periodo de tiempo es conocido por los historiadores como la Década Infame, caracterizado por numerosos golpes militares, dictaduras, crisis económica, conflictos sociales y laborales, capitalismo dependiente del contexto internacional, caciquismo electoral, casos diarios de corrupción, censura en prensa, educación y literatura, represión contra la oposición…

El tema de la canción es la degradación del mundo y la Naturaleza humana, a través de la historia reciente de Argentina. De todas formas, todos los aspectos que se critican podrían aplicarse a cualquier país o nación, ya que la maldad es un concepto universal y natural del ser humano. Da igual que sea Argentina, España o la Conchichina. Mientras haya hombres perversos y corruptos, da igual la geografía.

Aunque la letra del tango se está refiriendo al contexto de Argentina, pensad que la situación mundial era más o menos la misma: estamos a las puertas de una Segunda Guerra Mundial, con un crack brutal de la bolsa de Nueva York, surgimiento de radicalismos (ya fueran fascistas o comunistas), sociedades polarizadas…Es el caldo de cultivo perfecto para la gestación de una crisis de valores morales.


 

Que el mundo fue y será

una porquería, ya lo sé.

En el quinientos seis

y en el dos mil, también.

Que siempre ha habido chorros,

maquiavelos y estafaos,

contentos y amargaos,

barones y dublés.

Pero que el siglo veinte

es un despliegue

de maldá insolente,

ya no hay quien lo niegue.

Vivimos revolcaos en un merengue

y en el mismo lodo

todos manoseados.


Hoy resulta que es lo mismo

ser derecho que traidor,

ignorante, sabio o chorro,

generoso o estafador...

¡Todo es igual!

¡Nada es mejor!

Lo mismo un burro

que un gran profesor.

No hay aplazaos ni escalafón,

los ignorantes nos han igualao.

Si uno vive en la impostura

y otro roba en su ambición,

da lo mismo que sea cura,

colchonero, Rey de Bastos,

caradura o polizón.


¡Qué falta de respeto,

qué atropello a la razón!

Cualquiera es un señor,

cualquiera es un ladrón...

Mezclao con Stravisky

va Don Bosco y La Mignon,

Don Chicho y Napoleón,

Carnera y San Martín...

Igual que en la vidriera

irrespetuosa

de los cambalaches

se ha mezclao la vida,

y herida por un sable sin remache

ves llorar la Biblia)

junto a un calefón.


Siglo veinte, cambalache

problemático y febril...

El que no llora no mama

y el que no afana es un gil.

¡Dale, nomás...!

¡Dale, que va...!

¡Que allá en el Horno

nos vamo’a encontrar...!

No pienses más; sentate a un lao,

que ha nadie importa si naciste honrao...

Es lo mismo el que labura

noche y día como un buey,

que el que vive de los otros,

que el que mata, que el que cura,

o está fuera de la ley...

..........................................................

El yo poético adopta una actitud de desprecio y desesperanza ante un mundo desolado e injusto, dominado por un ser humano corrupto, sin valores. Es una crítica durísima, sin piedad, desgarrada, totalmente explícita y abierta, sin algodones ni titubeos. Se carga contra todos los cimientos del sistema social, político y moral contemporáneo. Vemos a una voz poética indignadísima, dolida por lo que ve. Representa un mundo monstruoso, podrido, echado a perder y eso se transforma en dolor y derrota personal.

Este tango se inscribe dentro de una corriente literaria que se puso de moda en la década de los 30, y es la poesía testimonial, rehumanizadora, de denuncia y compromiso social. Tanto se había explotado la vanguardia en la década anterior, que los artistas sentían la necesidad de dar un giro a su arte. El surrealismo, el cubismo, el dadaísmo, el futurismo o el expresionismo habían sido muy fructíferos en los años 10 y 20, pero también estaban causando mucha saturación. Cuando una fórmula se repite tanto, empieza a hacerse aburrida, cansina, lineal, poco sorprendente.

Entonces fue necesario dar un giro de tuerca y empezaron a surgir poemas y canciones como esta que tenían como objetivo acercarse a la realidad social del momento, a denunciar los problemas, a hacer reflexionar a la gente y crear consciencia, a comunicar ideas. La literatura y la música buscaron cambiar el mundo en lugar de evadirse en las fantasías y caprichos formales y deshumanizados de la vanguardia. Es en esta época cuando triunfa la poesía comprometida de César Vallejo (Poemas humanos) o Pablo Neruda (Residencia en La Tierra). En este contexto se sitúa el tango Cambalache.

El objetivo del yo poético es generar una reflexión en el receptor del tango sobre la condición humana, o al menos sobre algunos de sus rasgos más oscuros (la insolidaridad, la injusticia, el egoísmo). Podríamos decir que se parte de una situación local, concreta, circunstancial (Argentina, años 30), para después remontarse a lo general, a lo universal a lo esencial…¿Por qué es así el mundo? ¿Por qué el hombre es tan malo? 

Cualquiera que lea el tango (aunque hayan pasado noventa años desde su creación) lo normal es que se cuestione un poquito la realidad, la analice, y la relacione con su propia verdad: ¿Qué puedo hacer o no hacer para que el mundo sea o no sea como el se describe en la canción? ¿Soy víctima del sistema o cómplice? El mundo actual (año 2022), aunque parezca que no, comparte muchos vínculos con la realidad de los años treinta del siglo pasado: sigue habiendo maldad, corrupción, problemas políticos, sociales y económicos... No han cambiado mucho las cosas. Por tanto, el contenido sigue siendo vigente e imperecedero y el tango puede hacer cuestionarnos muchas cosas, o al menos, no dejarnos indiferentes.

La primera estrofa es una afirmación rotunda y contundente de la maldad del mundo. El yo poético es consciente de formar parte de una época, de un periodo histórico, de un momento concreto, que es el peor de toda la existencia de la humanidad. Ha tenido la desgracia de vivir los años más difíciles y convulsos de toda la historia. Esto es típico de la poesía comprometida y social. Considerar el presente como una etapa especial, peculiar, diferente, singular, que nada tiene que ver con los anteriores periodos de la historia. 

Si en el pasado se vivieron hechos terribles y críticos, los actuales son cien veces peor. Esa es la idea más o menos que se quiere trasladar en los primeros versos. La voz poética se considera un ser especial por estar viviendo en directo y a tiempo real una etapa de gran trascendencia que se estudiará en los libros de historia del futuro. Además, se hace un enfoque pesimista y negativo: ha tenido la mala suerte de tener que presenciar un momento histórico dominado por la degradación moral, político y social. El destino caprichoso y cruel le ha hecho caer en este momento histórico y no en otro.

Todo esto se puede apreciar en los juicios de valor: “El mundo fue y será una porquería, ya lo sé”. Se trata de un punto de vista, de una opinión, de un comentario o valoración subjetiva. En este caso, con un enfoque bastante dramático y pesimista

La sociedad humana es descrita de forma metafórica: “El mundo fue y será una porquería”. La porquería se refiere a todos aquellos elementos sucios, impuros, imperfectos, que dañan la imagen de algo. La maldad daña la imagen del hombre, lo hace sucio, feo, rastrero, como la basura. El mundo es podredumbre.

El uso del poliptoton (el verbo ser aparece en pasado “fue” y futuro “será”) ayuda a expandir la idea de degradación por todos los momentos de la cadena temporal de la historia. El mundo está corrompido ahora, antes y después. La maldad es un valor universal, es una cualidad inherente de la existencia humana. Siempre ha existido, desde que el hombre es hombre. Esto conecta con Maquiavelo: el hombre es malo por naturaleza.

El modificador oracional (“ya lo sé”) es una marca que sirve para dar seguridad retórica y fuerza a su discurso.

Mediante el numeral de fecha (“En el 506 y en el 2000 también”) la voz poética argumenta su idea de maldad como valor sustancial y esencial del hombre. Dos años tan lejanos y distantes en el tiempo (el 506 y el 2000) tienen como nexo común la perversidad del ser humano. Cita esos dos años como podía haber citado otros. El número es lo de menos. Lo importante es la idea.

El mundo se caracteriza por la diversidad, heterogeneidad, variedad, pluralidad, disparidad, multiplicidad. Conviven y comparten espacio personas de muy diversa índole, con intereses muy dispares, con diferentes pensamientos, concepciones de vida, costumbres, aspiraciones, inquietudes. Como se diría coloquialmente, cada uno de su padre y de su madre. Todo esto se refleja muy bien mediante la enumeración de tipos morales en estructuras bimembradas: Que siempre ha habido chorros, maquiavelos, estafaos, contentos y amargaos, barones y dublés”.

En este listado de clases de individuos, encontramos algunas palabras en lunfardo (chorro, dublé), que es una jerga (variedad social) hablada en Buenos Aires y Rosario. Esta lengua era hablada por delincuentes, y se usaba mucho en ambientes de los bajos fondos, especialmente las tabernas y los prostíbulos. Muchos elementos léxicos se extendieron al habla popular, y de ahí dieron el salto al arte. En los tangos es habitual ver palabras en lunfardo. En el año 1943, el ministerio de Educación, encabezado por Martínez Zuviría, prohibió el uso de esta jerga en los tangos. Esto hizo que Cambalache fuera censurado hasta el año 1949, cuando Juan Domingo Perón levantó la prohibición.

Entre los colectivos sociales y morales a los que alude el yo poético se encuentran los chorros (ladrones), los que buscan alcanzar un fin sin importar la moralidad del medio (maquiavelos), los que están felices (contentos), los que están asqueados de la vida y tristes (amargados), la gente de elevada condición social (barones) y las personas falsas que aparentan bondad cuando realmente son malas (dublés). Un dublé es una imitación de una alhaja, oro o metal. Aplicado a seres humanos, sería un individuo que parece una cosa cuando en realidad es otra.

Como veis, los tipos de individuos se pueden agrupar en dos clases: los buenos (contentos, barones) y los malos (chorros, maquiavelos, amargados, dublés). Y ambos coexisten en un mismo espacio. Se genera una lucha entre los dos bandos, y ganará uno de ellos, el de la maldad.

La personificación del momento histórico intensifica y dramatiza la idea de que el mundo está podrido y echado a perder: “Pero que el siglo veinte es un despliegue de maldá insolente”. El modificador oracional, de nuevo, da rotundidad y solidez a las afirmaciones del yo: Ya no hay quien lo niegue.

Para el yo poético, el mundo es caótico, desordenado, absurdo, confuso: “Vivimos revolcaos en un merengue”. El término merengue es del lunfardo y significa asunto o cosa complicada o enredada. Hay tanta diversidad de gente, tantos intereses de por medio, cada uno barre para su casa…que la vida se hace muy difícil. El choque entre unos y otros es inevitable.

La metáfora del lodazal no hace más que reforzar esta idea: “Y en el mismo lodo todos manoseados”. No hay salvación posible para el hombre. Todos vivimos mezclados en un mismo espacio, y cada uno mira por lo suyo sin importar el daño que hacemos al otro.  El resultado es el caos. Cuando estás en un lodazal, no puedes moverte. Lo mismo pasa en la sociedad y en la vida. Resulta imposible poder desarrollar tu vida con comodidad y soltura, ya que siempre tenemos que andar pisándonos los unos a los otros para alcanzar nuestras metas. 

El adjetivo de contacto (manoseado) resulta muy significativo: el ser humano siempre tiene que tocar/manipular/afectar/perjudicar la vida ajena para poder conseguir algo en la suya. Muchas personas buscan su plenitud y realización personal a partir de las cosas malas que les sucedan a otros. De ahí sentimientos como la envidia o actitudes como el critiqueo.

En la segunda estrofa se hace alusión a la crisis de valores a la que el mundo actual se enfrenta, produciéndose la igualación entre las fuerzas positivas (virtudes, bondades, morales) y negativas (defectos, maldades, amoralidades). Las dos tienen el mismo valor y significación en el contexto contemporáneo: “Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador”. 

Da igual ser bueno (derecho, sabio, generoso) que ser malo (traidor, chorro, ignorante, estafador). Ya no se valora a las personas por su moralidad. El ladrón es puesto al mismo nivel y jerarquía que un altruista. El mentiroso vale lo mismo que el leal. El iletrado puede llegar a ocupar el mismo puesto que un docto. No hace falta establecer fronteras que separen la moralidad de las personas. Las antítesis (estafador-generoso, sabio-ignorante, derecho-traidor) han perdido su valor diferenciador.

Las exclamaciones retóricas muestran la indignación e impotencia del poeta ante esa pérdida de dignidad: “!Todo es igual!”, “!Nada es mejor!”. El paralelismo da rotundidad argumentativa y contundencia al discurso (indefinido + verbo copulativo ser + adjetivo comparativo). El mundo se ha desvirtuado, se ha devaluado. Al final, puedes conseguir lo mismo actuando con bondad que con maldad. Los valores no sirven para nada en el mundo actual. Son inútiles.

Mediante la metáfora animalizada el yo poético sigue igualando las fuerzas opuestas y acrecentando la crisis moral del ser humano: “Lo mismo un burro que un gran profesor”. La expresión coloquial “ser un burro” se aplica a personas ignorantes o de dudoso entendimiento. En este caso, se está colocando en la misma escala de estimación social a un maestro (que es una persona culta, con estudios) que a otra persona que no se ha formado ni tiene interés en hacerlo.  

Pensemos en el mundo actual, sin remontarnos a los años treinta…¿Cuántos alcaldes, ministros, presidentes, funcionarios, gobiernos están ejerciendo cargos públicos de vital importancia y no saben hacer la o con un canuto? Pues eso…estamos gobernados por auténticos zoquetes jajajjaa. Y esto hoy en día lo piensa mucho gante. Un tango de hace noventa años transmite mensajes que pueden ser perfectamente válidos en pleno siglo XXI.

El resultado es una sociedad regida por la mediocridad, la vulgaridad, la mezquindad, la medianía. Todo el mundo quiere llegar a lo más alto, alcanzar el éxito, la estimación, pero sin esfuerzo, sin importar los principios morales. La calidad no se valora: “No hay aplazaos ni escalafón”. Aplazao es un término lunfardo que significa “suspender un examen” (en el colegio). Y escalafón se refiere a una clasificación de personas que forman parte de un organismo o sociedad en función de su categoría, cargo, grado o antigüedad.

Se supone que una sociedad debe premiar la excelencia, incentivar y motivar la sobresaliencia, que los mejores puedan desarrollar su ingenio y talento para que después nos ofrezcan sus capacidades en forma de trabajos en el futuro. En definitiva, buenos profesionales. En cambio, en la sociedad descrita en el tango, la persona sobresaliente es mal vista. No interesa hacer escalas ni jerarquías. Todos al mismo nivel, y si es posible el más mediocre y paupérrima posible: “Los ignorantes nos han igulado”. 

Ese pronombre en primera persona (nos) es una forma de crear complicidad e involucrar al receptor. El yo se circunscribe y forma parte dentro del bando moralmente bueno. Esto es típico de la poesía social de los treinta, donde se produce la lucha de dos bandos: los buenos contra los malos. Y el yo poético, siempre estará en el de los buenos.

El final de la segunda estrofa es demoledor, ya que, en esa dicotomía y confrontación entre bondad y maldad, esta última ha ido ganando espacio e importancia, hasta acabar venciendo en la batalla de las ideas: “Si uno vivo en la impostura y otro roba en su ambición, da lo mismo que sea cura, colchonero, rey de Bastos, caradura o polizón”. 

Al final, la maldad se ha extendido a todos los estratos y colectivos sociales desde los más humildes (colchonero) hasta los mandamases e instancias de poder (rey de bastos). Si los que gobiernan en planeta no tienen principios morales ni capacidades…solo nos pueden llevar a la destrucción. De todas formas, si el mundo está lleno de gente mala no nos extrañemos de que la gente que está arriba en el poder también lo sea. El poder es un reflejo o espejo de la sociedad. Y si la sociedad es mala…pues y sabéis cómo son los que mandan jajjaa

El paralelismo (vive en la impostura/roba en su ambición) marca muy bien las conductas amorales propias de la sociedad actual, las cuales se han hecho crónicas y definitivas: verbo (vive, roba) + complemento suplemento regido (en la impostura/en la ambición)

La tercera estrofa empieza con unas exclamaciones retóricas que recogen las quejas y el enojo de la voz poética, sobre el devenir de esta realidad sin valores ni principios morales: Qué falta de respeto, qué atropello a la razón. El resultado es una sociedad absurda, un mundo al revés. En lugar de regirse por los valores del pensamiento ilustrado (razón, sentido común, progreso, educación…), se rige por la anarquía moral.

La anáfora y el paralelismo enfatizan la polarización de la sociedad: “Cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón”. No obstante, esto dulcifica y atenúa (aunque solo sea un poquito) el enfoque pesimista del poema. A pesar del triunfo de la maldad (ladrón), también habrá gente buena en el mundo que merece la pena conocer (señor). Ladrón y señor funcionan como antítesis, para referirse a la vileza y a la nobleza/esplendor moral respectivamente.

A partir de aquí, el yo poético da el salto de la reflexión teórica y general, al plano del ejemplo y la concreción. Empieza una larga enumeración de personajes históricos del pasado, que simbolizan las grandezas y bajezas del ser humano. Estas figuras se dividen en buenos y malos y aparecen enfrentados: Mezclao con Stravisky va Don Bosco y la Mignon, Don Chico y Napoleón, Carnera y San Martín”.

Stavinsky es un estafador francés (malo). Don Bosco, el patrón de los jóvenes, magos, actores y soldados (bueno). Mignon es un personaje ficcional: una niña maltratada que aparece en una obra de Goethe (bueno). Don Chicho es el jefe de la magia argentina (malo). Napoleón es el emperador francés (malo). Carnera es un boxeador italiano que ganaba combates a base de amaños (malo). Y San Martín, el libertador de Argentina, Chile y Perú (bueno)

La voz poética recurre a nombres concretos de la historia para argumentar su tesis de que el mundo es una lucha continua entre bondad y maldad donde triunfa esta última.

Al final de la tercera estrofa aparece por primera vez la palabra que da título al tango: “Igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches se ha mezclado la vida”. Un cambalache es un trueque o intercambio de objetos de poco valor. Tiene connotaciones despectivas, ya que este trocamiento se hace con malicia, con el objetivo de obtener ganancias fáciles y rápidas, aprovechándose de la buena voluntad de las personas.

La personificación (“vidriera irrespetuosa de los cambalaches”) enfatiza la degradación del mundo. El ser humano utiliza la realidad para sacar provecho de las cosas, las despoja de la función para que la que fueron creadas y las usan en beneficio propio sin importar los principios morales. 

Un trueque no es un acto malo. Los trueques son intercambios de productos que se hacen para subsistir, sobre todo, en economías pobres y de subsistencia. En los años 30 era normal que un vecino, por ejemplo, le diera a otro una gallina a cambio de leche de su vaca. Aquí no hay nada irreprochable. El problema es cuando se utiliza este acto cotidiano para sacar beneficios y enriquecerse, aprovechándose y engañando al otro. Ese es el problema de la humanidad. Convierte su vida en un cambalache, para sacar provecho de todo lo que le rodea. Se han perdido los principios morales básicos. Picaresca en estado puro.

Al final, a lo largo de nuestra existencia, nos encontraremos con gente que hace los trueques sin ningún tipo de maldad, y otras que intentarán aprovecharse y sacarnos las tripas: “Se ha mezclado la vida”. Es decir, nos encontraremos gente buena y mala en un mismo espacio. La diversidad, la heterogeneidad de la que hablábamos en la primera estrofa. Y en esa batalla de buenos y malos, al final ganando los malos, tal como se refleja en una de las metáforas más suspicaces y talentosas que se han hecho en la historia de la literatura: “Y herida por un sable sin remache, ves llorar a la Biblia junto a un calefón”.

Para entender esta metáfora hay que entender un poquito de la vida cotidiana y doméstica de la Argentina de los 30.

El circunloquio “sable sin remache” hace referencia a un gancho donde se colgaba el papel higiénico al lado del inodoro, para poder limpiarse al acabar de defecar.

A principios del siglo XX era raro encontrarse un cuarto de baño en una casa. Solo las familias más acomodadas disponían de uno. A partir de los años 30, el uso del cuarto de baño empezó a generalizarse entre las familias más modestas. Tenían su retrete, lavabo, y a veces (no siempre) la ducha. Para calentar el agua se utilizaba el calefón (palabra lunfarda que significa calentador), al cual alude el tango.

El papel higiénico era un bien de lujo en aquella época, solo al alcance de unos pocos, así que la gente tenía que ingeniárselas para poder limpiarse después de pasar por el inodoro. Lo normal era utilizar los periódicos o el papel que les daban en la verdulería para envolver la fruta. Sin embargo, en las casas argentinas, también hubo un método bastante curioso que ahora os voy a explicar. En aquellos años existía la Sociedad Bíblica, un organismo que se encargaba de difundir el texto bíblico protestante. Era frecuenta regalar a la gente en calles y plazas públicas ejemplares del sagrado libro. El papel de biblia poseía una textura suave y fina ideal para poder limpiarse. Así que imaginad el uso que se le dio a la Biblia…se acababa colgando del gancho (sable sin remache) y se usaba como papel higiénico para limpiarse.

La personificación del texto sagrado (“Ves llorar a la Biblia”) es un paralelismo del sentimiento del yo poético ante la degradación moral. La Biblia llora al ver el uso para el que ha quedado (higiene después de la defecación). La voz poética llora porque el mundo es una M… Fijaos con qué sutileza y elegancia el creador de este tango consiguió expresar una idea tan indecorosa jajajjaa.

En la última estrofa se describe el momento histórico contemporáneo con una metáfora médica: “Siglo veinte, cambalache problemático y febril”. La fiebre suele ser síntoma de una enfermedad, de un problema más o menos grave. La sociedad está enferma, el hombre está enfermo desde un punto de vista moral, político y mental. No hay médico ni medicina que lo cure. De ahí el tono de desesperanza y desánimo. No hay salvación posible. Es una crisis de valores de proporciones bíblicas.

Recurre al refranero popular para enfatizar la idea de que el hombre quiere lograr las cosas de una forma fácil y rápida: “El que no llora no mama”. Solo hay que insistir, pedir y exigir a los demás, una y otra vez, hasta conseguir lo que quieras. La gente quiere con el menor esfuerzo posible llegar a la cúspide y a la cima de sus deseos, y a base de compasión y victimismo, que otros hagan el trabajo sucio, en lugar de esforzarse para conseguirlo. El camino fácil.

Este refrán quedará desfigurado en el verso siguiente, para expresar la idea de que el mundo se ha dado la vuelta: “El que no afana es un gil”. Afanar significa robar, y gil es del lunfardo y significa tonto. Ahora la maldad es vista como un concepto entrañable, divertido, agradable, permisivo. Y la bondad, un concepto risible, ridículo, inútil. El mundo al revés. El listo es el ladrón, y el tonto el que no roba.

La exclamación retórica expresa la indignación del yo por el devenir del mundo que contempla ante sus ojos: “Qué allá en el Horno, nos vamos a encontrar!”. Se trata de una amenaza inútil. Siente rabia de ver cómo los buenos y los malos son iguales ante la Muerte, y no hay justicia. El poder igualatorio ante la Parca era un tópico de Jorge Manrique: seas la peor persona del mundo o la mejor, el final le llega a todo el mundo. Nadie se libra de morir. Ricos y pobres, feos y guapos, buenos y malos, famosos y anónimos. Ahí no hay diferencia. El Horno es una metáfora del Infierno. El horno es un elemento que desprende calor…el calor del fuego infernal. El yo poético está lanzando una maldición contra la infamia del mundo.

No obstante, el final sigue siendo el mismo para todos (la muerte). De ahí que el yo acabe resignado a aceptar la cruda realidad, mediante los imperativos: “No pienses más, siéntate a un lado”. No merece la pena esforzarse por tener principios y dignidad. No sirven para nada en el seno de la sociedad actual. Como veis, se trata de un final que te deja los pelos de punta. El mundo no tiene remedio.

Los últimos versos son muy parecidos a los primeros (el poema posee una estructura cuasi circular), ya que se enumeran una serie de tipos morales y sociales, divididos en buenos y malos, pero ambos tienen la misma consideración y estimación social: “Es lo mismo el que labura noche y día como un buey, que el que vive de los otros, que el que mata y el que cura, o está fuera de la ley”

Labura es una palabra del lunfardo que significa “trabajar”. La comparación intensifica el grado de la función social, y por ende, del deber moral y personal (como un buey). Los bueyes son animales de trabajo que están muy explotados en las tareas del campo. A pesar de esa dignificación y elevación que se pretende dar al esfuerzo, no sirve para nada. Al final, el que vive a costa de los demás, el chupóptero, el explotador, el que no hace nada, es el que vence y triunfa en esta vida.

Matar y curar funcionan como antítesis. En un mundo sin principios ni barreras morales da igual dar que quitar la vida. Están a un mismo nivel: “Que a nadie le importa si naciste honrado”. Al final, la gente, en lugar de admirar a grandes talentos y genios que han alcanzado importantes logros y méritos, idolatran a individuos que se salta las leyes, que son malos, no tiene valores. Los modelos de influencia son nocivos y negativos. Por eso el mundo está así. Los más jóvenes se limitan a reproducir e imitar lo que ven. Y si están rodeados de tanta maldad, no nos podemos extrañar de que acaben asimilando esa maldad.

Métricamente, los versos tienen entre 5 y 11 sílabas, sin una disposición y organización concreta. A la rima le pasa lo mismo. Los versos son libres, salvo excepciones en asonancias (estafaos-amargaos, despliegue-insolente, niegue-merengue)