viernes, 11 de diciembre de 2020

Mar blanca: una oda a la belleza del piélago

En el año 1953, el intérprete malagueño Antonio Molina protagonizó su primer largometraje titulado “El pescador de coplas”. La película se rodó íntegramente en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) e incluía una serie de canciones, entre ellas, la que vamos a analizar hoy: Mar blanca.

Este tema se sitúa a medio camino entre la copla y el bolero y se hizo tan popular, que el cantante lo incluyó en uno de sus discos, a finales de los 70. Hace unos años, en homenaje a su padre, la actriz Mónica Molina hizo una versión del tema

Enlace del video: https://www.youtube.com/watch?v=Ke-LYBqCmhc


Mar blanca de los luceros,

como una copla de sal,

soñando barcos veleros,

dormida en la playa está.

Parece un almendro en flor

que por milagro del cielo

junto a la playa, brotó


Mar blanca, blanca y pulida,

a ti te quiero cantar,

con garbo de Andalucía,

ole con ole, ole y olá.

Mar blanca rosa encendida,

novia bonita del mar,

cantando te doy mi vida,

ole con ole, ole y olá

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Esta copla se puede concebir como una oda al mar. El componente descriptivo predomina sobre el narrativo, ya que el objetivo de esta canción no es contar una historia sino crear una estampa, un cuadro, un paisaje que tenga como protagonista al mar.

Evidentemente, se trata de una descripción literaria (una topografía cargada de metáforas, comparaciones y personificaciones) en la que el yo poético impregnará sus sentimientos, sus emociones, su pasión por el mundo marino. Ya os he contado alguna vez que para mucha gente que ha nacido en la costa, el mar forma parte de su vida y se convierte en algo especial, en símbolo de lo eterno, de lo magno, de lo bello.

Métricamente, la copla está formada por dos estrofas:

-La primera estrofa es una septilla (7 versos octosílabos) con el siguiente esquema de rima: ababcac. En realidad, es una combinación de una cuarteta (abab) y un terceto encadenado (cac)

-La segunda estrofa tiene 8 versos. El cuarto y el octavo son de arte mayor (ya que tienen diez sílabas). El resto son octosílabos. Presenta este esquema de rima: abaBabaB.

Podríamos decir que esta estrofa es la combinación de dos “cuartetas imperfectas”, ya que el último verso de cada cuarteta es de arte mayor (abaB).

Para describir el agua, la voz poética establece asociaciones sensitivas entre el concepto de mar con otras realidades del mundo que a priori son muy diferentes, pero tienen algo en común. Esto permite una representación literaria rica y vivaz del mundo marítimo.

En los primeros versos, el mar se relaciona con elementos astrales y con la sal. Vosotros os preguntaréis: ¿En qué se parecen estas tres realidades? (mar, sal y astros)

Se trata de un vínculo cromático: la espuma del mar es blanca (recordad que en el título de la copla alude a la blancura del agua marina); la sal (la cual está vinculada al mar, pues el agua del mar es salada) también es blanca; y los luceros del cielo, también son blancos (cuando es de noche, emiten una luz blanca muy intensa).

Estos vínculos sensitivos justifican las metáforas (mar blanca de los luceros) y las comparaciones (como una copla de sal) presentes en el poema.

Además, hay que tener en cuenta otra cosa: la sal procede de un mineral (la halita). Normalmente, los minerales quedan asociados a lo precioso, lo valioso, lo poderoso. Las cosas brillantes tienen connotaciones positivas (lujo, ostentación, poder). Por eso, al establecer la asociación mar-sal el yo poético contribuye a realzar el valor del mar, como si fuera un tesoro del mundo natural

Por otro lado, los elementos celestes son inaccesibles (los vemos, pero no los tocamos, no los cogemos). Y cuando una cosa es inaccesible, se convierte en valiosa (a la gente le gustaría tener acceso a ese elemento y daría lo que fuera por tenerlo). Establecer la relación mar-lucero, contribuye a ensalzar y aumentar el prestigio del mar.

La descripción del mar se ve enriquecida por la presencia de personificaciones que dan vida a la estampa: Soñando barcos veleros, dormida en la playa está.

El objetivo es humanizar el mar, convertirlo en algo cercano y cotidiano, al nivel de una persona normal, de carne y hueso.

Resulta curioso el contraste, ya que en los primeros versos las metáforas contribuían a vanagloriar y elevar al mar (subirlo a un pedestal), y ahora, las personificaciones crean una imagen más humilde del mar, menos soberbia. Es una manera de vivificar un elemento, convirtiendo lo inerte en vivo, para igualarlo al resto de mortales (y así genere más empatía en el receptor).

En la copla, se detecta la presencia de una imagen literaria que está muy influida por el mundo del cómic. Cuando nosotros estamos leyendo un tebeo y uno de los personajes está soñando, en la parte inferior de la viñeta, vemos al tipo durmiendo. De su cabeza sale un bocadillo, en el que se dibuja el sueño que está teniendo el personaje. Los sueños siempre se representan en la parte superior de la viñeta, mientras que el personaje durmiendo, se representa en la parte inferior. El receptor puede percibir simultáneamente tanto el plano real (estar dormido) con el plano onírico (estar soñando). Este tipo de representación influye en la imagen literaria que el yo poético hace del mar: los sueños del mar son los veleros que navegan por encima de él

La mayoría de las metáforas tienen como objetivo resaltar el color blanco de la espuma del mar: Parece un almendro en flor, que por milagro del cielo, junto a la playa brotó. Ya sabéis que la flor del almendro, posee un color blanco muy característico.

Como veis, al mar se le atribuye un origen divino, milagroso, prodigioso. Las cosas importantes y valiosas están envueltas de un halo de mito y leyenda. El adelantamiento del complemento circunstancial al verbo principal (el hipérbaton “junto a la playa brotó”) permite al yo recrearse en lo mítico, en retrasar lo máximo posible la acción para centrarse en los orígenes sacros. Lo sagrado se caracteriza por su alto valor.

En la segunda estrofa, el yo poético se dirige al mar mediante el vocativo (apóstrofe), con el objetivo de exaltarlo y darle trascendencia: Mar blanca […] a ti te quiero cantar.

La doble adjetivación (bimebración) para referirse al mar (blanca y pulida) enriquece la descripción, haciendo hincapié en la elegancia de la sencillez, la belleza y la perfección. El color blanco, por naturaleza, es un color discreto, neutro, no llamativo. No hace falta recargar una cosa exageradamente de formas, colores y ornamentos para hacer algo bonito.

La realidad es estética por sí misma, por presentarse de una manera espontánea, pura, sin maquillaje, tal y como es. Es la esencia del mundo en su estado más genuino (lo desnudo, en términos de Juan Ramón Jiménez). Eso da lugar a la belleza: desprenderse de lo accesorio, de lo que sobra, y mostrar solo lo verdaderamente esencial. Eso es lo que provoca la pasión y el enamoramiento.

El mar representa ese concepto de desnudez, ya que se muestra tal y como es, sin necesidad de que el yo poético lo vista de adjetivos y metáforas innecesarias. Lo único que se ha hecho en la copla es resaltar una cualidad inherente, esencial (su blancura). Todos los recursos retóricos giran en torno a la descripción de esta cualidad. De ahí el título de la copla.

La voz poética recurre a herramientas populares y vulgarizadoras para homenajear y exaltar al mar, dando al poema un aire muy pregonero: con garbo de Andalucía, ole con ole, olé y olá.

El toque nacionalista (exaltar la patria) se une al uso del Olé, que es muy típico en ciertos contextos de fiestas y tradiciones populares. Es una manera cercana y coloquial de mostrar empatía y aprobación, y ganarse la atención del pueblo llano

Además, se produce un pequeño juego fonético, ya que los oles permiten recrear el movimiento de las aguas marinas. De hecho, el último olá, crea un juego con la palabra ola (del mar). Mismo significante, pero con un cambio en el acento.

El yo poético alcanza un estado casi de éxtasis hacia el final del poema, recurriendo a metáforas muy pasionales, relacionadas con el color rojo: Mar blanca, rosa encendida, novia bonita del mar, cantando te doy mi vida.

Al fin y al cabo, para el yo poético el mar es algo esencial, que forma parte de su vida y no podría vivir sin él. El amor no solo se irradia hacia las personas, sino también hacia las cosas, los lugares, las circunstancias y la propia vida. La belleza del mar puede generar pasiones en los demás, y la gente, puede enamorarse de esto. De ahí que se recurra a imágenes que irradian pasión amorosa y sensualidad. 

De hecho, observaréis que hay tópicos y clichés de la poesía amorosa como el “darlo todo por ti” o “dar mi vida por él”, que el yo poético utiliza hacia un elemento que no es persona. Por tanto, el mar es elevado a la categoría de lo humano, con sus grandezas y pequeñeces, intimismos y grandilocuencias, altanerías y humildades.

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