lunes, 15 de abril de 2024

Vámonos pa Cai: la accidentada historia de unos gitanos que vendían pescado en La Habana

Si hay algo de la copla que me apasiona es la variedad de registros. Un porcentaje importante de las canciones son trágicas y dramáticas (tratan de celos, pasión, muerte, desamor...) y siempre de una forma intensa. Pero también encontramos un conjunto muy majete de temas que tienen como objetivo sacar la sonrisa de la gente, hacerle bailar, que pase un rato agradable y divertido. En definitiva, una copla más liviana y ligera que haga olvidarnos de las penas gracias a recursos cómicos y costumbristas.

En los grandes espectáculos de canción española estas composiciones de menor enjundia funcionaban muy bien como entremés. Después de un tema desgarrador y visceral (Encrucijada, Tres Puñales, Amor maldito, Cuchillito de Agonía...) el público necesitaba descongestionarse del drama y pedían poemas de contenido alegre y ritmo marcado que te hicieran aplaudir, jalear, levantarte y reír. 

Hoy analizamos unos tanguillos que popularizó Estrellita Castro allá por 1936, y hacen alusión a una de las ciudades más importantes de Andalucía: Vámonos pa Cai


El compadre Manuel Tablones
con la Quica, su prima hermana,
a vender bocas y camarones
en un barco se fue a La Habana.

Los negritos no chanelaban
lo que el probe Manuel vendía,
y el gitano los días pasaba
sin decir que esta boca es mía.

Al mirarse una mañana,
muy malito y sin parné,
a Quica, su prima hermana,
así le dijo el calé:

Vámonos pa’ Cái, primita hermana,
vámonos pa’ Cái
porque aquí en La Habana
paladar no hay.

Ay, ay, ay, ¡Vámonos pa’ Cái!



Como estaban desmayaítos
y personas buenas aún hay,
consiguieron que en un barquito
los mandaran con rumbo a Cái.

Y la Quica cuando embarcaba,
de repente se volvió loca,
cuando vio que se le acercaba
un negrito pidiendo bocas.

Y el Tablones, de palabra,
con el negro se enredó,
y entonces dijo la Quica:
¡Ay Manuel, que se va el vapor!

..................................................................

El poema es de corte narrativo. Cuenta una historia entrañable y garbosa protagonizada por una familia de gitanos (Manuel Tablones y su prima la Quica) que se ganan la vida vendiendo pescado en la capital gaditana. Un día deciden cambiar de aires y se van a La Habana, ya que creen que allí el negocio les irá mejor, venderán más y prosperarán. 

¿Cuál es el resultado? Un desastre. No consiguen vender ni un camarón a los cubanos. Se pasan los días perdiendo dinero y pasando hambre. Finalmente dan marcha atrás a la idea y optan por volver a España (de ahí el título de la canción "Vámos pa Caí").

En el desenlace asistimos al giro cómico del relato. Justo cuando los personajes suben al barco que les lleva de vuelta a Cádiz, aparece un negrito pidiendo pescado. Manuel y la Quica se bajan del vapor para hacer la venta. Esta se alarga más de la cuenta, con consecuencias irreparables para la pareja gitana: el buque zarpa sin ellos y se quedan en tierra. Para una venta que hacen durante su estancia en La Habana jejejjeje. 

Estamos ante una narración amable y divertida, llena de contratiempos para los gitanos. El público se lo pasa bien escuchando historias en la que los personajes sufren percances, enredos y vicisitudes adversas que no tienen efectos trágicos y suceden de forma caprichosa e inoportuna, en el peor momento posible Los protagonistas han perdido un barco. Ni se han muerto, ni los han matado, ni han sufrido un golpe vital dañino. Simplemente se han quedado en tierra. No es agradable, pero se puede solucionar. Por eso nos el espectador se lo pasa bien con este tema. 

Además, para más inri, por casualidades del destino, lo que ha provocado el problema (perder el vapor) ha sido lo que ellos llevaban pidiendo durante mucho tiempo y no aparecía (cubanos a los que vender el producto). El comprador ha hecho acto de presencia en el momento más inoportuno posible. Cuando los protagonistas necesitaban gente para comprar, no aparecía. Ahora que han tirado la toalla y se marchan es cuando les llega. Por ahí llega la comicidad de la copla. 

La letra está llena de marcas que reflejan el habla calé:

-La palabra "compadre" se utiliza mucho en el pueblo gitano para designar a un individuo cercano con el que mantienes cierto grado de amistad. El autor la utiliza para dar un carácter afectivo y empático al personaje masculino, y que le cojamos cierto cariño. 

-En la raza gitana es habitual que las personas se dirijan unas a otras por motes o apodos. La Quica es una muestra de ello. Lo normal es que esta señora tenga un nombre y apellidos. Con el fin de crear una atmósfera de familiaridad, el autor prefiere designar al personaje femenino como "La Quica". Nos da la sensación de que es alguien conocido por todos, y se deja querer. Este efecto solo se puede conseguir con una lengua coloquial y cotidiana.

-El término "chanelar" (los negritos no chanelaban lo que el pobre Manuel vendía...) también se usa en la lengua caló y significa "entender". Aunque en La Habana se habla castellano, la población autóctona no consigue comprender el español gitano de los protagonistas. Al perderse la inteligibilidad, la venta no resulta exitosa. 

-La metátesis o intercambio de sonidos dentro de una palaba es un vulgarismo típico del caló: PROBE < POBRE (lo que el probe Manuel vendía...)

-El vocablo "Parné" significa "dinero". (muy malito y sin parné....). Debido a las pocas ventas, la pareja protagonista pierde dinero con el negocio. ¿Resultado? A pasar hambre!!!!!!!!!!!!

El poema alterna un narrador omnisciente en tercera persona durante las estrofas, que conoce todos los detalles de los hechos y el carácter de los personajes, con diálogos en primera persona en los estribillos en los que habla el gitano (primer estribillo) y la gitana (segundo estribillo)

Los verbo dicendi marcan la transición al estilo directo: a Quica su prima hermana así le DIJO al calé / Y entonces DIJO la Quica:

El orden de la historia es lineal, es decir, los hechos se cuentan de manera cronológica o secuenciada. Hay un planteamiento (los personajes se marchan a Cuba a vender pescado), nudo (no logran vender la mercancía) y desenlace (deciden volver a España y a última hora pierden el barco).

En los dos primeros versos asistimos a la presentación de los personajes. El circunstancia de compañía expresa el vínculo/relación/parentesco que existe entre ellos: el compadre Manuel Tablones CON LA QUICA, su prima hermana. 

El adelantamiento de la oración final (a vender bocas y camarones) respecto a la principal (en un barco se fue a La Habana) representa la motivación económica de los personajes. El hipérbaton da prioridad a los aspectos materiales sobre los espirituales. El dúo protagonista, al igual que todos los seres humanos, lucha por satisfacer sus necesidades básicas (comer). El trabajo nos da dinero para sobrevivir en nuestra sociedad. Sin parné no hay vida. 

Manuel y la Quica se ganan la vida vendiendo pescado. ¿A dónde van a ir? Al lugar en el que se supone va a haber más gente que compre pescado, y esa ciudad es La Habana. No se marchan a Cuba por gusto o placer, sino por sustento. Los personajes se mueven por el mundo en función del beneficio económico que pueden obtener. Toman decisiones vitales trascendentales (¿Dónde queremos vivir?) desde una perspectiva  eminentemente materialista. Allá donde haya dinero y oportunidades, allá que irán. 

El diminutivo (los negritos no chanelaban), aparte de dar un carácter afectivo al relato quitan gravedad al contexto. No estamos ante una copla seria en la que los personajes sufren y lo pasan mal por no tener comida. No hay dolor ni sufrimiento. El objetivo de la canción es que el espectador se ría de una serie de contratiempos que les ocurrirá a los personajes. De hecho, el adjetivo subjetivo-valorativo (el pobre Manuel) da un toque de muñequización y caricatura, muy en la línea del esperpento. 

La oración subordinada sustantiva de complemento directo introducida por el artículo neutro (lo que el pobre Manuel vendía...) crea un efecto de distanciamiento, con la intención de evitar interpretaciones melodramáticas.

El hecho de que los personajes fracasen en su negocio no hay que verlo como una desgracia. De hecho, el personaje masculino ni se queja, ni llora, ni clama, ni maldice: el gitano los días pasaba sin decir esta boca es mía. La expresión "sin decir esta boca es mía" se usa en contextos coloquiales y significa estar callado. El personaje masculino parece un títere vallenclanesco. No se inmuta ante la adversidad. Este poema no busca la compasión, sino el humor: reírnos de la adversidad

El adelantamiento del complemento directo (los días) sobre el verbo (pasaba) contribuye a teatralizar el contexto, es decir, desvirtúa la realidad para convertirla en caricatura. A pesar del fracaso de las ventas, el gitano sigue como si nada. No le afecta. 

Al final de la primera estrofa el personaje de Manuel toca fondo, tal como se refleja en el complemento predicativo (muy malito) y el circunstancial de modo (sin parné). El negocio les ha salido fatal. Han perdido un montón de dinero y no tienen nada que comer. El diminutivo (malito) quita hierro al asunto. El personaje se contempla a sí mismo con el verbo sensorial reflexivo (al mirarse...), como si estuviera delante de un espejo cóncavo. Analiza la situación y decide que lo mejor es volver a España. 

El estribillo no es más que la materialización de la decisión (vámonos pa Cai...) y una justificación, la cual es plasma en la oración causal (porque aquí en La Habana paladar no hay). 

La primera persona del plural (vámonos) y el vocativo (primita hermana) marca el diálogo entre los dos personajes principales. Ambos están de acuerdo en la decisión. 

El adverbio de lugar (aquí) posee un valor deíctico, ya que marca el lugar del acto de habla, que es el marco en que tiene lugar la historia (La Habana).

Los personajes pensaban que en Cuba el negocio les iría mejor, ya que la gente vive mejor y tiene más dinero. Error. La realidad es bien distinta. La miseria y las carencias son el pan de cada día. La escasez del país se expresa con la metonimia: paladar no hay. Se alude al continente (paladar), por el contenido (comida). En La Habana es imposible ganarse la vida vendiendo pescado, ya que la gente no tiene parné para comprar. 

Al inicio de la segunda estrofa, con la decisión de volver ya tomada, los personajes siguen en el fango (estaban desmayaitos.). Menos mal que el diminutivo quita crudeza y magnitud a la escena. 

La solución al problema nos recuerda al deus ex machina del teatro clásico, ya que hay un elemento externo a los hechos que aparece de manera repentina, milagrosa y fortuita y que motiva a un cierre más o menos feliz de la historia, ya que les lleva de vuelta a Cádiz. 

La tercera persona del plural tiene valor impersonal, para resaltar el carácter indefinido e inconcreto de este personaje que les salva la vida (consiguieron que en un barquito los mandaran...). No sabemos cuál es la identidad de este individuo. No sabemos cómo se llama, ni cómo es, ni a qué se dedica. En obras griegas y latinas siempre era un dios el que aparecía misteriosamente para ayudar a los personajes. Aquí es una persona, pero no sabemos quién. 

Lo que sí encontramos es un juicio o valoración moral positiva que da un mensaje esperanzador a la canción: y personas buenas aún hay... Aunque parezca que el mundo está podrido, siempre hay almas buenas que están dispuestas a ayudarnos y a hacer el bien.

Sin embargo, la aparición de este elemento externo no tendrá como resultado un final agraciado, ya que por casualidades de la vida se darán una serie de circunstancias concretas que provocarán un nuevo giro en la historia a última hora. Los personajes se verán envueltos en un contratiempo, el cual se condensa en los últimos ocho versos. 

Las oraciones subordinadas temporales marcan el truncamiento del desenlace feliz (cuando embarcaba, cuando vio que se le acercaba un negrito pidiendo boca...). El narrador se detiene en el momento en que los personaje suben al barco, ya que "algo" va a pasar. Se suma un nuevo elemento al contexto que modifica el devenir de la narración. La locución adverbial modal marca el carácter súbito de los hechos (de repente) los cuales suceden rápidamente, en muy pocos segundos, de manera sorpresiva. Ni Manuel ni La Quica ni el público esperan este final. 

Cuando los protagonistas suben a bordo aparece en escena un cubano que quiere comprar alimentos: un negrito pidiendo bocas... De nuevo, detectamos una metonimia, ya que se alude al continente (boca) por el contenido (comida). 

Hay que tener en cuenta que Manuel y Quica regresan a Cádiz porque veían imposible vivir de la venta de pescado en Cuba. Se rinden. Y justo cuando van a embarcar aparece aquello que tanto deseaban (un señor que tiene interés en comprar). Ya podía haber elegido otro momento. Justo después de renunciar y tomar la decisión de volver, encuentran gente a la que vender. Ya es casualidad jejjejeje. 

La reacción desmesurada de la gitana mediante el verbo semicopulativo no augura un final afortunado (se volvió loca...). Ha sido ver a un comprador, y perder la compostura. Evidentemente, su manera de actuar está hiperbolizada. 

Finalmente, el gitano hace el trato con el negro (el Tablones de palabra con el negro se enredó). En este caso, el adelantamiento del circunstancial de modo (de palabra) y del regido (con el negro) sobre el verbo (se enredó) crea un efecto retardador. El gitano está siendo muy lento en la venta. El hipérbaton magnifica la tardanza a la hora de realizar la transacción. 

¿Resultado? Ha perdido tanto tiempo, que el barco zarpa y los personajes se quedan en tierra, tal como dice la Quica: Ay Manuel, que se va el vapor. La última escena no puede ser más ridícula y patética con las interjecciones de la gitana (Ay) y la personificación de la embarcación (se va el vapor...), que parece que se está riendo de ellos, y los ha dejado en tierra. 

Desde el punto de vista métrico, cada estrofa consta de tres serventesios, es decir, cuatro versos de arte mayor (eneasílabos) con rima entre primero y tercero (Tablones-camarones) y segundo con cuarto (hermana-Habana): 9A 9B 9A 9B.

El estribillo sigue este esquema: 10A 5b 6a 5b



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