jueves, 9 de diciembre de 2021

Amor a todas horas (María Dolores Pradera): un vals que habla del carácter omnipresente del sentimiento afectivo

Después de nuestra incursión en la lírica tradicional y la canción popular infantil, damos un salto en el tiempo hasta 1960 con un elegante vals de María Dolores Pradera. Ya os he dicho alguna vez que la copla es un género que aglutina un sinfín de ritmos y estilos. Por eso, títulos como Amor a todas horas caben en el blog


Amor me estas pidiendo a todas horas,

amor que no me quieres confesar;
intentas esconder la luz de tu querer
sin ver que no me puedes engañar.
Amor hay en tu voz cuando me llamas,
amor en tu silencio de dolor,
amor al sonreir, amor al discutir,
reñir también es una forma de pedir amor.

Lo afirman tus ojeras
como dos hogueras al atardecer;
lo dice tu mirada
que hay enamorada si te vengo a ver.
Lo grita lo loca,
sin cesar, tu boca roja de pasión
y el ritmo acelerado,
siempre desbocado, de tu corazón.
Tú me quieres igual que yo a ti
ay, no seas para mí tan cruel,
porque te vi y estás a todas horas
dentro de mi piel.

Amor hay en tu voz cuando me llamas,
amor en tus silencios de dolor,
amor al sonreir, amor al discutir,
reñir también es una forma de decir amor.

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Desde la poesía cancioneril de los siglos XIV y XV, el amor se ha plasmado de dos formas diferentes en literatura:

1. Por un lado, como una práctica amorosa: en los poemas hay un yo poético y/o unos personajes que expresan sentimientos, emociones, estados anímicos sobre una situación íntima y personal (que solo les afecta a ellos).

Estos individuos manifiestan su afecto hacia la persona que quieren cuando la relación es correspondida (poemas místicos, de gozo, elogio, sensualidad…), o disconformidad cuando el amor no es correspondido (poemas de desengaño, llanto, rencor, maldición…)

2. Por otro lado, como una teoría amorosa: en estas composiciones hay una voz lírica que se dedica a reflexionar, analizar, sistematizar, como si fuera un estudioso o erudito, el sentimiento afectivo.

El objetivo no es expresar sentimientos sobre la persona que quieres, sino hacer una descripción o tesis científica sobre el amor: ¿Qué es el amor? ¿Cómo funciona? ¿Cómo se manifiesta? ¿Cuáles son sus fases? ¿Qué formas hay de amar? Es lo que hacía Ovidio en el Ars Amandi

Esta canción se sitúa en el contexto de la teoría amorosa. Aunque hay un yo poético que está enamorado, el discurso no tiene como fin expresar emociones, sino proyectar una serie de hipótesis sobre el fenómeno de la pasión. Se trata de defender ideas personales en torno al sentimiento amoroso, como si la voz lírica fuera un académico experto de las emociones humanas. ¿Y cuáles son esas ideas? Vamos a verlas:

1.Tal como expresa el título de la canción, el amor no es un sentimiento que aparece y desaparece (como si fuera el río Guadiana), sino una sensación de plenitud permanente, fija y eterna (Amor a todas horas).

El cariño no se refleja en actos o momentos concretos, sino que se irradia y proyecta de una forma continua en ese ser al que tanto queremos, sin interrupción ni suspensión.

Evidentemente, se trata de una visión subjetiva y personal. Algunos estaréis de acuerdo con el mensaje del texto (el amor es fijo y eterno) y otro no (el sentimiento afectivo es inestable y mutable, ya que por circunstancias, se puede querer o dejar de querer a las personas)

En esta copla se defiende la pasión desde un punto de vista idílico y positivo (el amor como algo infinito).

2. Una persona enamorada no necesita demostrar ni justificar sus sentimientos de afecto, ni mucho menos manifestarlos de una forma explícita o ruidosa.

El amor es una emoción pura, auténtica, natural, que se tiene o no se tiene interiorizada, y no hace falta establecer una prueba específica, un test o experimento para comprobar o cuestionar la autenticidad de la afectividad. El cariño verdadero no se pone nunca en duda, ya que existe por sí solo y es innegable.

Aunque el amor es un concepto abstracto (no se puede ver, tocar, oler o escuchar), sí se manifiesta y proyecta de una forma inconsciente e involuntaria en nuestra vida, en todo tipo de situaciones y contextos sin llegar a establecer una prueba del algodón para ver si una persona está enamorada.

Esta idea conecta con la de aquellos teóricos medievales que defendían que a pesar del carácter abstracto de la pasión, esta se percibe implícita e intuitivamente en el ambiente, en el lenguaje corporal, la mirada, la forma de andar, los gestos, la forma de actuar, de comportarse…

No hace falta decir te quiero mucho o estoy enamorado (materialismo) para demostrar que amas a una persona (espiritualismo). Eso se intuye, se adivina, se vislumbra en la forma de actuar y comportarse de la gente. No se necesita un laboratorio científico para detectar el amor.

Muchas veces, sin darnos cuenta y de forma no consciente, actuamos como auténticos enamorados, y eso la gente lo capta, lo presiente, lo barrunta con su sexto sentido.

El cariño habla por sí solo, sin refuerzos o aliños artificiales. Una persona enamorada no necesita pregonarlo o decirlo. Es algo que tiene interiorizado y forma parte de su ser. No hace falta explicar con palabras el gozo que sientes por alguien. Os remito a la mística: la pasión es tan grande que cuesta encontrar la expresión lingüística correcta.

¿Qué conclusión sacamos de todo esto? El amor es un concepto abstracto y mental, que se manifiesta en situaciones vitales concretas y materiales. Desde la intuición puede ser percibido sensorialmente, y deducir que una persona está loquita por nosotros. Por eso, el cariño está presente en todos los espacios y tiempos.

Evidentemente, se trata de un pensamiento subjetivo, defendido por la voz lírica de este vals. El receptor podrá estar o no de acuerdo con el planteamiento. La protagonista hace su propio análisis, basándose en su bagaje y experiencia como ser humano. Cada uno de nosotros tendrá su opinión.

En los primeros versos se produce el adelantamiento del complemento directo a primera posición oracional, antes del verbo (hipérbaton): Amor me estás pidiendo a todas horas.  

Es una manera de dar protagonismo e importancia al sentimiento amoroso. Este poema es una reflexión o visión personal de la pasión afectiva en el ser humano. El concepto prima sobre los personajes y la acción.

La anáfora (los dos primeros versos empiezan por amor) ayuda a soldar y a remarcar la envergadura del componente reflexivo sobre el lírico: Amor me estás pidiendo…/Amor que no me quieres confesar.

Para mucha gente, especialmente para aquellas personas tímidas y cerradas a las que les cuesta expresar sus emociones, decir que estás enamorado se convierte en un acto difícil y vergonzoso.

A algunos les supone un trauma transmitir lo que sienten (ya sea por timidez, cobardía o miedo), y prefieren guardárselo para sí mismos. Esto le sucede a la parte masculina. Al hombre le produce cierto pudor abrirse y manifestar sus sentimientos: intentas esconder la luz de tu querer sin ver que no me puedes engañar. La iluminación es una metáfora de la pasión amorosa, procedente de la poesía mística.

Por mucho que el chaval intente ocultar el afecto hacia la chica, al final, el cariño es tan inmenso que vence miedos, inseguridades y retraimientos. Siempre sale, por muy dentro que esté. Da igual que te calles y lo escondas, pues como os he dicho, la pasión habla por si sola, se emana en los actos cotidianos concretos. Está presente en la esencia de la persona. No la puedes evitar. Es imposible luchar contra ella. Aunque no digas te quiero el cariño se detecta.  

La protagonista piensa que cuando estás enamorado es absurdo e imposible negarlo, ya que el sentimiento es inherente.

A partir del 5º verso el poema se convierte en una sucesión o enumeración de imágenes que representan la manifestación inconsciente de la pasión amorosa: sin que nos demos cuenta, el cariño se proyecta y percibe en todo tipo de situaciones reales. La anáfora es el mecanismo que introduce los diferentes contextos en que el amor fluye: Amor hay en tu voz cuando me llamas/ Amor en tu silencio de dolor/Amor al sonreír, amor al discutir.

Las antítesis entre la voz y el silencio y las sonrisas y las discusiones eternizan el afecto amoroso, el cual está presente en todo tipo de circunstancias y situaciones aunque estas resulten contradictorias y opuestas.

La pasión no solo se demuestra en momentos de sensualidad o positividad, sino también en escenas cotidianas con connotaciones negativas: Reñir también es una forma de pedir amor. El amor está en lo bueno y en lo malo.

La personificación y la comparación refuerzan el carácter omnipresente del sentimiento, el cual se da en todo tipo de contextos inimaginables: Lo afirman tus ojeras, como dos hogueras al atardecer.

El fuego y el calor son elementos de la mística que constituyen metáforas de la pasión amorosa. Un elemento feo y antiestético (ojeras) irradia algo bonito y entusiasta (amor). Estos contrastes casan con la tesis de que el amor es un sentimiento permanente y eterno en todo tipo de estampas de la vida diaria

En ocasiones, las personificaciones están cargadas de sensualidad (lo dice tu mirada). Ya sabéis que el cuerpo humano se convierte en una caja de resonancia y crea su propio lenguaje. Una mirada, un gesto y un movimiento con la mano comunican, nos informan del estado anímico de buena ventura de alguien en el terreno amoroso. Aunque el amor es abstracto, se puede intuir en muchos elementos concretos.

La intensidad y la pasión van in crescendo a lo largo del estribillo mediante imágenes de color rojo (boca roja de pasión) y un léxico que denota fuerza y locura (grita, loco, ritmo acelerado, desbocado, sin cesar…). El objetivo final es expresar la magnitud y grandeza del sentimiento amoroso.

En la copla es frecuente recurrir a este tipo de terminología pasional que cuantifica en grado máximo (algunas veces, hiperbólico) lo mucho que quieres a una persona.

Los últimos versos constituyen una conclusión o deducción del pensamiento de la voz lírica. El hecho de que el flujo afectivo esté presente en todos los espacios, tiempos y situaciones, es síntoma de que la relación merece la pena y de que el enamoramiento es sincero y puro:  Tú me quieres igual que yo a ti.

La canción parte de una reflexión general, para llegar a un caso personal, particular y concreto, perteneciente a la vida privada de la protagonista. Los pronombres personales (tú-yo) contribuyen a enfatizar la unión y la reciprocidad entre los miembros.

La imagen de fusión y unión entre los amados en una sola entidad genera una sensación entrañable de unidad y armonía: Te vi y estás a todas horas dentro de mi piel. Los dos amantes funcionan como si fueran una sola persona. El hecho de aludir a un elemento físico y corpóreo (piel) da un toque de sensualidad y erotismo.

En los últimos versos la protagonista da un pequeño tirón de orejas al muchacho, en un tono coloquial y exclamativo empleando el dativo simpatético, con un carácter afectivo (no seas para mí tan cruel<no me seas tan cruel).

La protagonista ve absurdo que al novio le de vergüenza, miedo y timidez expresar sus sentimientos, y prefiera ocultar su estado fervoroso de pasión, en lugar de manifestarlo abiertamente.  De vez en cuando, es bonito reconocer las cosas y decir que te gusta una persona.

Es una tontería esconder el amor hacia alguien cuando tu lenguaje corporal y tu forma de actuar demuestran lo contrario: ¿Por qué ese miedo a decir estoy enamorado si luego, por tu manera de hacer las cosas y actuar, se ve que estás caladito hasta los huesos? No tiene sentido ocultar lo inevitable. Querer a alguien es un acto tan bello!!!!!!!!!!!!!!!

Sin embargo, también detectamos una pequeña paradoja en la actitud de la protagonista. El amante, de forma natural y espontánea, ya ha demostrado irradiar y poseer ese amor (en la mirada, ojeras, silencios, palabras, tono de la voz…). Estos elementos constituyen indicios de que existe el cariño. ¿Por qué la chica le da ese tirón de orejas y le reprocha no querer confesar explícitamente ese sentimiento, cuando su cuerpo ya lo expresa?

Realmente, sin necesidad de decir te quiero, el hombre demuestra su enamoramiento a la muchacha. Resulta llamativo que el yo poético defienda una concepción de la pasión amorosa como algo omnipresente, que habla por sí mismo, sin necesidad de aliños, y luego, la protagonista le haga esos reproches (eres un poco cruel por callarte y ocultar).

Al fin y al cabo, se trata de una teoría amorosa. La práctica es otra cosa, y el hecho de que existan esas pequeñas contradicciones entre el decir y el hacer es lo que da realismo y espontaneidad al poema. Nadie es perfecto. Muchas veces nos comemos la cabeza y surgen miedos e inseguridades. Necesitamos que esa persona a la que tanto amamos nos diga te quiero, por mucho que digamos que el amor se demuestra en el día a día y no tanto en actos grandilocuentes, rimbombantes y pomposos  

Métricamente, el inicio del tema está formado por 2 estrofas de 4 versos de arte mayor (casi siempre endecasílabos, aunque hay alguna excepción) en los que riman el segundo y el cuarto (confesar-engañar, amor-dolor). El primero y el tercero quedan libres (horas-querer, llamas-discutir).

La parte central alterna versos cortos de arte menor (lo dice tu mirada) con versos largos de arte mayor (sin cesar tu boca roja de pasión); versos de sílabas pares (como dos hogueras al atardecer) y versos de sílabas impares (lo afirman tus ojeras).

Esto crea un ritmo entrecortante, que recuerda al Cernuda de Los placeres prohibidos.  En el estribillo hay 3 estrofas en las que riman el segundo verso con el cuarto (corazón-pasión, ver-atardecer, cruel-piel). El primero y el tercero quedan libres (ojeras-mirada)

La canción acaba con la repetición de la segunda parte de la primera estrofa, en la que se refuerza la tesis de que la pasión está presente en todos lados sin que nosotros nos demos cuenta. Al final, la reflexión general (teoría) vence al caso particular (práctica). La realidad de la protagonista no importa tanto. Hay reproches al amado porque este no le dice más a menudo te quiero, pero al final, vale más el sentimiento inherente que su expresión concreta y puntual.  


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