domingo, 14 de diciembre de 2025

Canta jotera, canta (folclore regional): un homenaje a la jota como género que da la vida

Después de dos coplones como son Callejuela sin salida y Cinco Farolas, creo que es hora de ofreceros algo más ligero, bailable y alegre, aunque no por ello exento de emotividad, sobre todo para los amantes de la canción folclórica regional que viven en el noreste interior de España (especialmente la zona de Navarra, Aragón y La Rioja).

El tema fue compuesto por Santiago Urtubia, que es una institución en el mundo de la jota. Además de componer, interpreta y da clases sobre el género maño por excelencia. Sus canciones suenan en fiestas populares, certámenes joteros, escuelas y festivales de folclore. Lleva por bandera la lírica tradicional y la cultura local y autóctona de la rivera del Ebro. 

La canción que os traigo hoy no se considera en sentido estricto (musical) una jota, pero su letra es una clara reivindicación al género jotero. Con mucho cariño y respeto el yo poético homenajea a la jota, se muestra apasionado ante ella, nos invita a bailarla, a escucharla, a divertirnos con ella y evadirnos. Hoy analizamos Canta jotera, canta.


CUANDO PIENSO QUE LA VIDA,
SIEMPRE NOS DARA PROBLEMAS
CON PIEDRAS EN EL CAMINO,
EN LAS QUE TANTO TROPIEZAS.
ME ACUERDO DE MIS AMIGOS,
Y ME ACUERDO DE MIS FIESTAS
CON EL PAÑUELICO AL CUELLO
Y LA FAJA TAN BIEN PUESTA 

CANTA JOTERA CANTA, QUE SON TUS TRINOS DE RUISEÑOR
DA  IGUAL QUE SEAS RIOJANA, BUENA NAVARRA O DE ARAGÓN
CANTA JOTERA CANTA, POR QUE DEL EBRO SACAS LA VOZ.
QUE TUS JOTAS NOS LLENAN, HOY DE ALEGRIA EL CORAZÓN.

CAMINANDO ENTRE VIÑEDOS
VOY BAJANDO LA RIBERA
DE LA CIUDAD DE LOGROÑO
HASTA EL PUENTE DE TUDELA
DEJO ATRÁS LAS CINCO VILLAS
Y EL PILAR ME ABRE SUS PUERTAS
PA´CANTARLE UNA JOTICA
A LA VIRGEN MÁS JOTERA 

CANTA JOTERA CANTA, QUE SON TUS TRINOS DE RUISEÑOR
DA  IGUAL QUE SEAS RIOJANA, BUENA NAVARRA O DE ARAGÓN
CANTA JOTERA CANTA, POR QUE DEL EBRO SACAS LA VOZ.
QUE TUS JOTAS NOS LLENAN, HOY DE ALEGRIA EL CORAZÓN

SI TU ERES BUENA NAVARRA, TU CANTO ES EL MÁS GRANDE
LE CANTAS A TU MEJANA, Y  A LA RIBERA QUE FUE TU MADRE.
MÁS SI ERES ARAGONESA, CANTA A LA VIRGEN, CANTA A TU SANGRE
Y BAILANOS BIEN LA JOTA, PA´ QUIEN NO SEPA LO QUE ES EL BAILE.
Y SI NACISTE EN LA RIOJA, QUE NADIE DIGA, QUE NADIE HABLE
QUE PA CANTAR BIEN LA JOTA, COMO EN MI TIERRA NO CANTA NADIE.

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En la primera estrofa el yo poético presenta la jota como una forma de evasión ante los quebraderos de cabeza, los infortunios y las penas del mundo. Es una forma de olvidar los males de la vida. Su sonido nos invita a la alegría y al movimiento, su letra nos lleva a recrear lugares, personas y conceptos que nos aportan bienestar emocional. La música como terapia es un clásico de la metacanción. Al cantar, el ser humano se distrae, se divierte, pasa un rato agradable y los problemas pasan a un segundo plano.

La oración subordinada temporal marca los momentos de crisis que atraviesan las personas en su plano existencial: cuando pienso que la vida siempre nos dará problemas con piedras en el camino en las que tanto tropiezas. Ya lo hemos dicho muchas veces en este blog: en nuestra trayectoria vital atravesamos etapas buenas y malas, altas y bajas, oscuras e iluminadas. Nos dan una de cal y una de arena. Debemos aprender a convivir con la adversidad y a utilizar "técnicas" de evasión como puede ser el arte. 

Un concepto abstracto (vida) realiza una acción humana (dar). Esta personificación realza el poder que tiene el destino para ponernos trabas/obstáculos/dificultades. Tarde o temprano nos va a tocar sufrir. Las espinas son una parte importante de nuestro camino, tal como manifiesta el adverbio de frecuencia (SIEMPRE nos dará problemas). La vida perfecta no existe. Los mundos idílicos no son eternos o solo están en nuestra mente. No obstante, hay formas de gozar del olor, el color y la textura de la rosa (vida) gracias a la música, especialmente la jota. No pasa nada porque haya pinchos. 

La estructura sintáctica se alarga con el complemento circunstancial de modo (con piedras en el camino) y la oración de relativo (en las que tanto tropiezas), con el fin de enfatizar lo duro y dificultoso que es el periplo vital. Se recurre a la metáfora manriqueña y machadiana de la vida como senda (con piedras en el camino). Las piedras simbolizan los episodios dolorosos a los que tenemos que enfrentarnos sí o sí a lo largo de nuestra existencia. Una roca supone una constricción, un obstáculo. Nos impide seguir con fluidez la caminata (tropiezo). 

La presencia del cuantificador indefinido (tanto tropiezas) marca el carácter reiterativo y cíclico de los procesos críticos que causan sufrimiento. La vida no nos dará una hostia o dos. Muchas...muchísimas. 

El uso de la segunda persona de singular (tropiezaS) es una técnica que usa el yo poético para empatizar con el público (se pone en su pellejo, piensa como él, hace un ejercicio de comprensión) y universalizar el mensaje (a todos nos va a dar hostias la vida, no se libra ni Dios). Es una forma popular de buscar el consuelo. Ya lo dice el refrán, mal de muchos consuelo de tontos. 

La voz lírica propone una serie de remedios para hacer frente a los males de la vida: me acuerdo de mis amigos y me acuerdo de mis fiestas. El paralelismo transmite armonía y serenidad, ya que las amistades y las diversiones son dos formas clásicas de neutralizar las penas y encontrar el equilibrio: verbo pronominal en primera persona (me acuerdo) + preposición que introduce el complemento suplemento (de) + determinante posesivo (mis) + sustantivo materialista (amigos/fiestas). 

Las marcas en primera persona (me, mis, acuerdo...) presentan las soluciones como recursos accesibles y fáciles para todo el mundo. Cuando estamos deprimidos no hace falta complicarse la vida para levantar el estado de ánimo de una forma rápida y cómoda. El ser humano por naturaleza es un animal social. Se relaciona con sus semejantes, tiene amigos, satisface las pasiones e intereses con hobbies y formas de ocio. En cero coma podemos luchar contra la tristeza: salir de casa, ir a un evento, hablar con nuestro mejor amigo...Está a nuestro alcance VIVIR. 

Evidentemente, en un poema con un fuerte contenido regionalista entre las soluciones se proponen una serie de elementos vinculados al espacio concreto de Aragón: con el pañuelico al cuello y la faja tan bien puesta. El sufijo ico es típico de la fabla aragonesa (pañuel-ico). La faja y el pañuelo forman parte del traje oficial de baturro. Además, estos atuendos aparecen colocados en el espacio que corresponden, en busca de esa serenidad espiritual, tal como refleja el circunstancial de lugar (al cuello) y de modo (bien puesta). 

En el estribillo el yo poético se dirige a su interlocutora (jotera), la cual no habla ni toma la palabra pero está presenta de forma implícita en el acto comunicativo. Una jotera es una persona que tiene por oficio cantar e interpretar las jotas. 

Mediante el imperativo (canta), la voz lírica le pide a la jotera que saque su voz. El vocativo (jotera) y la reduplicación de la orden (canta jotera CANTA) refuerzan la necesidad de utilizar el arte y la música como medios para aliviar y curar los problemas vitales. La jota se presenta como género imprescindible para sanar el alma. Cuanto más se cante y más pronto se cante (de ahí la insistencia de que empiece ya  a cantar), nuestro estado anímico mejorará. 

El placer auditivo que genera el soniquete, el ritmo de tresillo y el timbre (color de voz de la jotera) se plasma con la metáfora grecolatina del canto de las aves: que son tus trinos de ruiseñor...El ruiseñor simboliza la pasión, la belleza, la poesía, la libertad, la inspiración. El sustantivo sensorial (trino) nos evoca sentimientos profundos (amor, nostalgia, bienestar, vitalismo). Tened en cuenta que el ruiseñor es el ave típica de la primavera, la estación florida del año. Casi siempre aparece en paisajes bucólicos. El canto de la jota queda asociado a la naturaleza eterna y a la felicidad. 

Con el fin de contentar e incluir a la mayor cantidad de público, el yo poético evita la polémica. La jota es un género con muchísimas variantes y matices regionales. A veces surgen pequeñas rivalidades y la gente tiende a defender lo suyo. Los que viven en Aragón dirán que la mejor jota es la aragonesa. Los que viven en La Rioja dirán que es la riojana. Los de Navarra barrerán para su casa y dirán que la mejor jota es la navarrica. Es algo que forma parte de la naturaleza humana: nos sentimos orgullosos del lugar en que vivimos y lo defendemos a cada y espada poniéndolo por encima del resto. Esta pasión es algo subjetivo y personal.

En el micromundo de la jota hay muchísimos piques con ciertos temas: ¿Cuál es la "jota auténtica"? ¿Dónde nació realmente? ¿Cuál es la más pura? Los entendidos han debatido durante siglos esta cuestión y cada pueblo dirá que es la suya.

El yo poético quita importancia a las diferenciales regionales y al origen de la jota. Lo importante y lo que se está celebrando en esta canción es su existencia. Hay que estar agradecidos en tener un cante y una manifestación artística tan grande. De ahí la locución impersonal con el fin de evitar partidismos y mostrar neutralidad: da igual que sea riojana, buena navarra o de Aragón. 

La voz lírica no va a mojarse, ni a decantarse, ni a situar una variante por encima de la otra. Las tres son iguales, están al mismo nivel y son trascendentales. De hecho, va a buscar un nexo en común que es el espacio geográfico. Las tres tierras (La Rioja, Navarra y Aragón) están recorridas por el mismo río: porque del Ebro sacas la voz. No vale la pena entrar en conflictos históricos, políticos y culturales. Se puede decir que los tres estilos están emparentados. Son las "jotas del Ebro". Esta etiqueta se utiliza de forma habitual por los expertos de musicología para clasificar los géneros joteros

Además, se le está atribuyendo al género un origen casi divino. El río Ebro es un elemento de la madre Naturaleza. La tradición bíblica (Génesis) dice que es obra de Dios. Si la voz de la jotera proviene de las aguas del río Ebro, en cierta medida la jota está ligada a algo tan majestuoso e importante como es la deidad. Dar un origen sobrenatural a las cosas es un mecanismo típico de las novelas de caballería. Esto genera un halo de magia, trascendentalismo y misterio en torno a la jota. 

Por supuesto, el arte, aparte de prestigio (en este caso, un origen natural-divino) debe tener una utilidad, una funcionalidad. Debe servir para algo. En este caso, las jotas aportan vitalismo, ganas de vivir, fuerza para seguir adelante y olvidarnos de los sinsabores de la vida: que tus jotas nos llenan hoy de alegría el corazón. 

El pronombre en primera persona de plural con función de complemento indirecto (nos) universaliza a los beneficiarios de la terapia musical, que es toda la humanidad. Las jotas están para ser escuchadas por todos nosotros y ayudar a la gente a olvidar sus problemas y pasar un rato agradable. El verbo procesual (llenan) enfatiza la plenitud que puede aportar el arte en nuestras vidas. El adverbio de tiempo (hoy) ancla el contexto en el presente. No importa el pasado, no importan el origen concreto de la jota, no importa que haya diferencias regionales, no hay que angustiarse por lo que pueda pasar en el futuro con este género. Lo importante es que la gente lo ha mantenido vivo y podemos disfrutarlo a día de hoy

De hecho el adverbio de tiempo rompe la locución verbal (llenan de alegría hoy<llenan hoy de alegría). Esto genera un hipérbaton muy abrupto que realza el mensaje de que disfrutemos del aquí y ahora en lugar de comernos la cabeza con el pasado y el futuro. 

La segunda estrofa posee una estructura narrativa y descriptiva, ya que el yo poético cuenta su viaje por diferentes lugares de la rivera del Ebro: caminando entre viñedos voy bajando la rivera...Se trata del entorno geográfico en el que se enmarca la jota. Aparece un elemento típico de la flora (viñedo, que es un terreno dedicado al cultivo de vides, que es la planta de la uva). El paisaje de la rivera destaca por este tipo de vegetación. 

Los gerundios (caminando, bajando) marcan el relato como si fuera una narración en directo. A la vez que el yo poético pasa por estos lugares, nos lo va contando. Hay simultaneidad (sincronización) entre la acción y las palabras del yo. 

A partir del tercer verso se citan una serie de topónimos enmarcados en complementos de origen (de la ciudad de Logroño), de destino (hasta el puente de Tudela), verbos de partida (dejo atrás las Cinco Villas) y verbos de llegada (el Pilar me abre las puertas). Van formando un itinerario. 

Logroño es la capital de La Rioja. Tudela es un municipio de Navarra. Las Cinco Villas es una comarca del norte de Zaragoza (ahí está el pueblo de Ejea de los Caballeros). El Pilar es la conocida basílica de nuestra señora del Pilar que está en la capital de Aragón y que todos veneramos el 12 de octubre. 

La catedral, que es una entidad inanimada, se representa de manera personificada, realizando una acción propia de seres humanos (me abre sus puertas). La imagen es la de un arco de triunfo que marca el final o la meta de un largo viaje por tierras del Ebro.

Se crea un contexto ceremonioso y ritualizado. Da la sensación de que el yo poético ha entrado a un templo sagrado, el cual le ha abierto sus puertas. A cambio, debe agradecer ese gesto de apertura con un regalo u ofrenda, que en este caso es una canción dedicada a la virgen del Pilar, tal como expresa la oración subordinada final con apócope de la preposición: pa cantarle una jotica a la virgen más jotera

Hay sufijación aragonesa (jotica) y palabras derivadas de una misma raíz (jotica, jotera) que marcan el sello de identidad de la imagen. El autor parte de una presuposición: el conocimiento del público está lo suficientemente desarrollado para entender que la virgen más jotera es la del Pilar. Lo normal es que una persona con cierta cultura sepa que la virgen de la que se habla es la del Pilar, aunque no aparezca de forma explícita su nombre en el poema. El circumloquio (a la virgen más jotera) activa la mente del receptor, que se siente "importante" al adivinar que ese rodeo sintagmático tiene como referente a la Pilarica. Su cultura le da para establecer la referencia y eso le hace sentirse útil. 

Los versos finales funcionan como un epílogo y tienen como objetivo igualar a todos los destinatarios independientemente del origen regional y el estilo de jota que defiendan. El yo poético vierte una serie de elogios sobre los habitantes de cada comunidad autónoma (La Rioja, Navarra y Aragón) para que se sientan identificados y aludidos de una forma digna. De esta manera nadie se siente descontento ni excluido, ya que a todos se les dicen lo que quieren oír. En definitiva, palabras bonitas para todos.

El tratamiento equilibrado y proporcional se manifiestan en el paralelismo ya que todas las sentencias empiezan con una oración subordinada condicional: conjunción (si) + verbo de procedencia (naciste, eres) + complemento de topónimo (buena Navarra, La Rioja) o gentilicio (aragonesa). El autor dedica dos versos a cada región. La misma extensión a todas, para que no sobresalga una por encima de otra. 

En el caso de Navarra, va acompañada de un adjetivo valorativo afectivo (buena Navarra). Eleva las cualidades artística a su grado más grande gracias al superlativo (tu canto es el más grande) y enuncia dos motivos temáticos típicos del terreno navarro: le cantas a tu Mejana y a la ribera que fue tu madre. 

La mejana de Tudela es una isleta fértil en el río Ebro formada por sedimentos y que es famosa por sus huertas de alcachofa y espárragos. 

La ribera es una comarca natural e histórica al sur de Navarra famosa por el vino, el influjo árabe-judío  y los contrastes entre la humedad del Ebro y los desiertos de las Bárdenas Reales. La metáfora del linaje (la ribera que fue tu madre...) marca el germen del reino de Navarra

Los versos dedicados a Aragón se centran en la Pilarica (canta a la virgen) y también incluyen metáfora del linaje (canta a tu sangre). El paralelismo da solemnidad como si fuera un himno: imperativo (canta) + complemento directo (virgen/sangre)

El yo poético recurre al mecanismo retórico de la ejemplificación para contentar a todos los mañicos: que el baile de Aragón sirva de modelo para los demás, que sea un espejo, que la gente aprenda a bailar la jota contemplando a un aragonés: báilanos bien la jota para quien no sepa lo que es el baile. Eso es motivo de orgullo: enseñar al que no sabe. 

Finalmente se elogia a la La Rioja. La voz lírica muestra una actitud protectora hacia esta región que suena a amenaza contra el enemigo foráneo, tal como expresa el paralelismo: que nadie diga, que nadie hable: conjunción (que) + sujeto indefinido (nadie) + verbo de lengua (diga/hable). No va a consentir que se hable mal de esta zona. 

De nuevo recurre a la ejemplificación (que pa cantar bien la jota) y el superlativo comparativo (como en mi tierra no canta nadie). El posesivo de primera persona (mi tierra) delata al receptor. Aunque se mantiene neutral a lo largo de la canción, finalmente se le escapa que es de la Rioja. No obstante, esto no afecta a la actitud pasional y de orgullo hacia "las jotas del Ebro", sean de uno o de otro lado. 

Desde un punto de vista métrico, cada estrofa está formada por la unión de dos coplas (8- 8a 8- 8a). El estribillo consta de cuatro versos de dieciséis sílabas con rima asonante entre ellos (16A 16A 16A 16A). Los versos finales son irregulares, no siguen esquemas fijos y su ritmo y melodía están separados del resto del tema. Eso sí, mantienen la asonancia (sangre, madre, grande, baile, hable, nadie)



lunes, 24 de noviembre de 2025

Cinco farolas: del amor y la confianza en la pareja al desamor y la decepción

La copla que os traigo esta tarde jugó un papel trascendental en la trayectoria artística de dos grandes del género:

-Por un lado, Juanita Reina. La incluyó dentro de su espectáculo Trono y tronío de 1960 pero no se atrevió a grabarla, ya que su padre decía que la letra le recordaba a la historia de amor que su hija había tenido con Federico Casado (Caracolillo, que se acabaría convirtiendo en su marido). En aquella época estaba muy mal visto que una folclórica prodigara a los cuatro vientos su vida personal.

-Por otro lado, Concha Piquer, la cual estaba ya retirada del mundo de la canción desde 1958 cuando tuvo que suspender su concierto en Isla Cristina mientras interpretaba "Mañana sale" debido a sus problemas de voz. No obstante, tenía un contrato discográfico vigente, así que no le quedó más remedio que lanzar los discos que le exigían aunque ya no actuara en directo. Uno de los temas que grabó en ese último disco fue el que vamos a analizar hoy: Cinco farolas. 

El poema cuenta la historia de una mujer que se siente segura en la relación con su amado a pesar de que la gente no para de cotillear y chismorrear sobre su matrimonio: que si él no es trigo limpio, que si la está engañando, que si está con otra mujer...La protagonista no hace caso a las malas lenguas. Confía en la honestidad de su marido y se muestra enamorada y orgullosa ante la opinión pública. Sin embargo, la protagonista finalmente descubre que todas esas habladurías son ciertas y su amado no le está siendo fiel. La muchacha expresará dolor, pena y rabia ante el desengaño. 



Yo no escucho lo que dicen
las lenguas de vecindonas
porque de sobra yo se
por quien esta su persona.
Cinco luceros azules
alumbran cinco farolas
desde su casa a mi casa,
desde su boca a mi boca.

Cinco anitos que le quiero,
cinco anitos que me adora,
la mala gente que sabe
que sabe de nuestras cosas.

Si yo se que me quiere, como le quiero,
a que darle tres cuartos al pregonero
desde su puerta misma hasta su puerta
la vereita verde no cria yerba, 

[no cria yerba]

Yo no quiero ni saberlo,
vecina, cierre la boca
y no me venga a decir
que el va a casarse con otra.

Los cinco anitos cabales
queriendole hora tras hora
son un cordel en mi cuello
que la garganta me ahoga.

Con carbones encendios,
que le quemen esa boca
al que juro tantas veces
que estaba por mi persona.

Se apagaron las cinco, cinco farolas,
pa' que nadie me vea llorando a solas.
Ay, que penita madre! madre, que pena!
La vereita verde, cuaja de yerba


[cuaja de yerba]


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Al inicio de la historia, el yo poético adopta una actitud de fortaleza ante las habladurías de la gente: yo no escucho lo que dicen las lenguas de vecindonas

La negación del verbo de percepción (no escucho...) expresa el rechazo a un entorno hostil que busca el desorden y el caos en la pareja. La gente quiere hundir su matrimonio, disfruta con el mal ajeno. A la masa le encanta el morbo, los líos y los enredos. Les gusta ir contando por ahí las miserias de otros y se frotan las manos viendo al vecino en situaciones "delicadas". La protagonista no se dejar llevar por los comentarios de la vecindad para no darles el gusto de acabar con la felicidad conyugal. Pasa de la gente. Le da igual lo que digan. Hace oídos sordos. No van a conseguir hundirla 

La metonimia enfatiza la crueldad del entorno: lo que dicen las lenguas de vecindonas. Se alude al instrumento (lengua) por la persona (vecinas). Las que hablan son las personas que tienen pensamientos malos, y lo verbalizan a través del órgano articulatorio (lengua). A la gente le encanta hablar de otros. Es el deporte nacional de España. Se pueden pasar todo el día dándole al pico. 

El diminutivo (vecindona) da un matiz despectivo y crítico. La protagonista no aguanta a este tipo de personas que necesitan llenar sus vacíos existenciales contemplando y opinando sobre las vidas ajenas. Cuando alguien gasta todo su tiempo y su energía en hablar de las acciones de otros es porque tu vida no tiene que ser muy plena. Resarcirse en el mal ajeno es una conducta típica de la gente frustrada. 

El yo poético expresa confianza plena hacia su amado: porque de sobra yo sé por quién está su persona. La oración causal (porque...), el verbo de certeza (sé), y la locución adverbial con función de complemento circunstancial de cantidad (de sobra) dan seguridad al discurso de la muchacha. Pone la mano en el fuego por su marido. No cree en la veracidad de esos chismes. Cuestiona a la gente en lugar de caer en la duda o la inseguridad. La mala es la gente por hablar.

La acumulación de palabras con sílabas con vibrante final (PORque, POR quien, PERsona) da fuerza y autoridad a las palabras del yo poético. Habla con una rotundidad profunda, sin titubear. Está cien por cien segura de la reciprocidad del sentimiento entre ella y la pareja. No va a pensar mal por mucho que las vecinas hablen. No se le pasa por la cabeza que puedan tener razón. La expresión coloquial "estar por alguien" (por quién está su persona) refuerza el apoyo, el cariño y el afecto incondicional por él. La única persona que está en la vida del amado es ella. No hay otra mujer. No hay nadie más. 

Los chismorreos han provocado la aparición de dos bandos:

-El amado, cuya conducta moral ha sido cuestionada por la masa pública (está siendo infiel)

-La gente, que es la que se encarga de juzgar y pregonar esa supuesta mala conducta

La protagonista se moja y se une al bando de su amado. Cree de manera total y devota en él. Piensa que los malos son los vecinos por hablar e inventarse cosas buscando la ruptura del matrimonio y el fin de la felicidad de ambos. 

El triunfo del amor se materializa con la metáfora mística de la luz: cinco luceros azules alumbran cinco farolas desde su casa a mi casa, desde su boca a mi boca. En textos como el Cantar de los Cantares o el Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz, la pasión va ligada a la iluminación. De hecho, el léxico está relacionado con el fulgor (lucero, alumbrar, farola). 

El paralelismo sintáctico refleja la armonía de la relación y el estado de tranquilidad que vive la pareja: numeral (cinco/cinco) + sustantivo (luceros/farolas), con el verbo lumínico en medio (alumbran). En los versos siguientes entendemos que el cardinal (cinco) está relacionado con el número de años que los amados llevan juntos y están felices (cinco añitos que le quiero...), en un estado de calma y quietud, a pesar de que la gente le de a la boquita. 

Encontramos una referencia a la vía iluminativa de la tradición mística: cinco luceros azules alumbran cinco farolas desde su casa a mi casa, desde su boca a mi boca. 

Al principio el alma se encuentra sola en el vacío espiritual (oscuridad), buscando a su Dios, mientras combate el pecado y la imperfección moral (purgación). Después de un proceso de lucha, el ser ve la luz que le guía de camino a la divinidad. Es la vía iluminativa. La luz establece el vínculo entre el amado y la amada, marca la senda que nos lleva a la persona que amamos, tal como marcan los complementos circunstanciales de lugar de origen (desde su casa/desde su boca) y de destino (a mi casa/a mi boca). Al final, las almas acaban unidas por la luz alcanzando la fusión mística . 

La casa y la boca funcionan como símbolo de la intimidad, de lo que es nuestro, de lo que llevamos en el interior. Es algo que no podemos compartir con cualquiera. A nuestra boca y a nuestra casa acceden solo los más allegados, unos pocos elegidos, los que de verdad nos quieren. Tú no puedes dejar pasar a tu templo al primero que veas en la calle. Tú no puedes besarte así como así con cualquier persona a la primera de cambio. El amor es un acto selecto y discriminatorio. El posesivo de segunda persona (tu casa) está vinculado con el de primera persona (mi casa) por el acto iluminativo (alumbrar). Los entes están unidos. 

La estructura sintáctica en paralelismo encaja al milímetro, simbolizando la conexión y la armonía plena entre los amados: preposición de origen (desde/desde) + posesivo (mi/tu) + sustantivo de intimidad (boca/casa) + preposición de destino (a/a) + posesivo (mi/tu) + sustantivo de intimidad (boca/casa). 

El camino está iluminado por el amor, el cual se prolonga en el tiempo: cinco añitos que le quiero, cinco añitos que él me adora

El paralelismo fluye en los versos siguientes para reflejar la estabilidad y madurez de la relación entre los amantes: determinante numeral (cinco/cinco) + sustantivo de segmento temporal (añitos/añitos) + pronombre relativo (que/que) + pronombre reflexivo (le/me) + verbo volitivo (quiero/adora). 

El diminutivo (añitos) da un toque de afectividad al discurso, haciendo que ese periodo de tiempo sea próspero y feliz para los amados, a pesar de las habladurías. La reciprocidad es absoluta: yo le quiero, él me adora. 

Los comentarios y chismorreos vecinales no son un obstáculo para la relación a pesar de su presencia en la vida diaria: la mala gente que sabe, que sabe de nuestras cosas. 

El adjetivo valorativo (mala) expresa el desdén del yo poético hacia la colectividad que no para de hacer daño y malmeter. Posee connotaciones morales. La anadiplosis refleja lo cargante que puede llegar a ser la gente con esa actitud de meterse en temas que no les incumbe con el fin de buscar el morbo y acabar con la felicidad de los demás: la mala gente QUE SABE/ QUE SABE de nuestras cosas. Es algo inherente de la naturaleza humana: la curiosidad por saber del otro y que a ese otro le vaya peor que a ti

A la masa le encanta opinar. De ahí el triunfo de los programas de la prensa del corazón. Todo el mundo sabe de la vida de Rocío Carrasco, de Belén Esteban y de todos los grandes hermanos. Aquí pasa algo parecido, pero aplicado a un contexto ficcional. Los vecinos no paran de hablar de la protagonista y de su relación amorosa, buscan los tres pies al gato, tergiversan, inventan, sacan punta a todo, se percatan de cualquier detalle, juzgan tengan o no pruebas, dan su parecer, dicen lo que les parece mal, buscan que los amados acaben mal y rompan...La pareja se convierte en objeto de debate y valoración. 

La gente se interesa por asuntos íntimos y privados tal como refleja el posesivo de primera persona de plural (nuestras cosas). La palabra comodín (cosa) evita entrar en detalles concretos y polémicos que pertenecen al ámbito de la pareja y no son incumbencia de nadie. Lo que pase dentro de esa casa y si la pareja tiene o no problemas es cosa de la pareja. No le interesa ni al público ni a los vecinos. Por eso el yo poético no quiere profundizar en la cuestión. 

La protagonista reafirma su seguridad emocional: si yo sé que me quiere, como le quiero. ¿Pa qué darle tres cuartos al pregonero? Ella confía en el amado y se la suda la gente. La subordinada condicional en presente de indicativo (si yo sé) convierte la sensación subjetiva en certeza. Lo importante es que sus sentimientos son sólidos y lo que se comente en el barrio no va a derrumbar sus convicciones. Ella está segura de su relación. Piensa que su camino es el correcto. Ha sabido elegir bien al amado y es feliz con él. Lo demás no importa. 

La interrogación retórica minusvalora y quita trascendencia al tema del qué dirán: ¿Pa qué darle tres cuartos al pregonero? Es una forma elegante de combatir el daño que la gente hace con sus palabras. No hace falta enfadarse, llorar, quejarse, insultar o maldecir a la cotilla de turno. Basta con la indiferencia, el alejamiento o la impasibilidad para quedar dignos y victoriosos. Si nos afectan los comentarios ajenos han conseguido lo que querían. Si pasamos de ellos, como hace la protagonista, los que quedan en peor lugar son ellos, que se quedan con las ganas jejjej. Al final, si la gente nos hace daño es porque nosotros queremos. 

La protagonista cree férreamente en su realidad, confía ciegamente en su amado. Su pasión es tan fuerte que el arma del chismorreo no hace efecto en ella. No hace falta hablar más del tema, ni hacer caso a la gente ni andar divulgándolo. Ella está radiante y plena así. Zanjemos la cuestión. 

Por eso, el espacio físico que hay entre la amada y el amado se encuentra libre de obstáculos, no surge la mala hierba. La relación fluye porque ella confía en su amado: desde su puerta misma hasta mi puerta le vereíta verde no cría yerba. Aunque los vecinos malmeten no consiguen su propósito de meter mierda en el espacio íntimo de la pareja (su puerta/mi puerta). La puerta representa la frontera entre el ámbito público y el privado. Las malas lenguas no cruzan el umbral de esa puerta. Los chismes no se meten en las entrañas de la relación. No la destruyen. No son un cáncer. 

La personificación del entorno representa la fuerza y vitalidad de la relación, que permanece intacta ante los chismorreos vecinales: la vereíta verde no cría yerba. Un elemento inerte/inanimado (vereda, que es una senda o camino) realiza una acción propia de seres humanos (criar). En este caso, hay negación (no cría). Como las opiniones de la gente no influyen en la protagonista, no surgen las malas hierbas en la relación. El yo poético transmite de manera orgullosa ese mensaje de seguridad a la figura materna mediante un vocativo (madre), que recuerda a la lírica provenzal y la jarcha mozárabe. 

Hasta este momento las Cinco Farolas es una copla optimista y alegre. La protagonista está enamorada, confía en su marido e incluso expresa cierto toque de arrogancia y altanería (no habéis podido conmigo, vuestros chismes no me hacen daño). Isabel Pantoja, por ejemplo, interpretaba esta primera estrofa con muchísima sensualidad. Al fin y al cabo vemos a un yo poético victorioso y convincente ante la gente. 

Sin embargo, en la segunda parte del tema se produce un giro radical en los acontecimientos cuando la protagonista confirma que esos chismes y habladurías son ciertos, y el marido le está siendo infiel con otra mujer: yo no quiero ni saberlo, vecina cierra la boca, y no me venga a decir que él va a casarse con otra. En este momento, la canción entra en el terreno del drama. Aquí necesitamos una intérprete que exprese desgarro

Si os dais cuenta, las dos estrofas empiezan con el pronombre personal de primera persona de singular que marca el sujeto (yo no escucho lo que dicen/yo no quiero ni saberlo). Esto es síntoma de lirismo e interiorización de un conflicto, que se plantea en la primera parte y estalla en esta segunda. Cuando se acumulan marcas de yoísmo es porque estamos ante un discurso íntimo, subjetivo, expresivo, psíquico, sensorial y afectivo. La voz lírica nos muestra su estado anímico, al principio de alegría y celebración, y luego de desdicha. 

La protagonista recurre a un mecanismo de defensa típico de los contextos de sufrimiento: la negación. Cuando sucede algo que nos provoca daño, dolor o pena (en este caso, el marido le ha sido infiel y se va con la otra mujer), nos cuesta mucho enfrentarnos a la realidad. Nos duele hablar del tema. No nos gusta que nos recuerden constantemente lo que ha pasado. Para no hacernos daño evitamos tratar la cuestión. Nos alejamos de aquello que nos perturba. Hacemos como que no existe para no sufrir. La verdad duele. Hasta que no la asimilemos nos va a costar gestionarla. Estanos en la primera fase del duelo. Por eso el yo poético se cierra a la cruda realidad: yo no quiero ni saberlo.

Mediante un vocativo se dirige al interlocutor (vecina) y con el imperativo (cierra la boca) pide silencio porque la verdad le da miedo/pánico/vértigo. Se ve incapaz de asumirla. Esto le ha supuesto un trauma importante del que es muy difícil salir. 

El mundo exterior reacciona de una forma fría y deshumanizada ante el conflicto íntimo de la chica. En la primera parte las vecinas no paran de malmeter, enredar e incentivar la ruptura con los chismes. En esta segunda parte hacen leña del árbol caído. No paran de recordarle a la muchacha lo que le ha hecho el marido: y no me venga a decir que él va a casarse con otra. La gente se recrea un el morbo. No miran por el estado anímica de la protagonista. Nos da la impresión de que la vecina "disfruta" restregándole en la cara la delicada situación personal que atraviesa.

Este comportamiento es típico de los entornos tóxicos. Cuando se te muere alguien, enfermas, te separas de tu pareja, pierdes tu trabajo...la gente te tiene que estar recordando tu desgracia cada vez que te los encuentras por la calle. Esto dificulta la superación del duelo. 

La protagonista se siente engañada. Lo que ha vivido este tiempo ha sido una mentira, ya que ella creía una cosa (estamos felices los dos, yo tengo unos sentimientos de amor hacia él, mi amado me quiere de la misma manera) y ha sido resultado todo lo contrario (él no me quiere porque prefiere a la otra mujer). La protagonista construyó su propia realidad y esta se desmorona. De ahí el lamento: los cinco añitos cabales queriéndole hora tras hora.

El adjetivo cabal connota un contexto de orden, armonía, exactitud, perfección, justicia. Ella estaba en un mundo idílico (al lado de su pareja, tan contenta, radiante y plena). Era su particular paraíso. Vivía en una situación de protección y seguridad. De la noche a la mañana todo eso se rompe. Se da cuenta de la falsedad del mundo creado. Estalla el conflicto entre apariencia y realidad: una cosa es lo que parece (yo le quiero, él me quiere, los sentimientos son sinceros y recíprocos); y otra lo que se es (quiere a otra, a mí no tanto). ¿Resultado? Sientes que te han estafado y lo vivido deja de tener sentido. 

El diminutivo (añito) da un toque afectivo al discurso haciendo que el público se compadezca de la voz poética y empatice con ella, todos digamos "pobrecilla". La locución reiterativa (hora tras hora) enfatiza el alto grado de pasión y devoción que ella tenía por él. Era un amor sincero, fiel, puro, estable, eterno, constante, y hasta cierto punto hiperbólico (TODAS las horas, no hay ninguna hora que no le quisiera). Esto recuerda a la relación creyente-deidad basada en la fe devota. 

Cuanto más grande (intenso) es el amor, mayor es el dolor tras la pérdida, tal como refleja la metáfora de la soga: los cinco añitos [...] son un cordel en mi cuello que la garganta me ahoga. La protagonista vive en un estado de ansiedad tras la ruptura. Esto genera una imagen física de dolor y malestar: falta la respiración, algo te aprieta. Recuerda al nudo de una horca. Si antes el amor era motivo de orgullo ahora se ha convertido en una carga emocional que ahoga a la protagonista. 

Los recuerdos, en lugar de generar consuelo, provocan asfixia, angustia. Lo que antes era entrega ahora es castigo. Vemos a un yo poético roto, destruido. La mujer se siente traicionada, humillada. Ha sufrido una pérdida irreversible. Y la nostalgia (recordar los buenos momentos) tampoco sirve de nada. 

Finalmente, la protagonista explota debido a la presión del contexto: con carbones encendidos que le quemen esa boca al que juró tantas veces que estaba por mi persona. Aquí aparece el despecho, el orgullo herido y el deseo de castigo poético hacia el hombre que le ha mentido. 

La metáfora calorífica enfatiza el estado de ira y enfado de la muchacha (con carbones encendidos que le quemen esa boca). Es su manera de defenderse y expresar el dolor. Estos versos recuerda al conjuro de la lírica cancioneril, cuando la amada maldice al amado y le desea una serie de males. El objetivo es que el hombre pague (sea castigado) por el mal que ha hecho. Es la única manera de reparar y devolver el orden al mundo. 

El amado ha atentado contra valores trascendentalísimos. 

-La verdad. Él le dijo a la muchacha que la quería, lo cual se mentira (si se va con otra chica es porque no estaba enamorado realmente). 

-La fidelidad. Él la ha quebrantado (traición) yéndose con otra mujer

La protagonista quiere que la palabra falsa sea castigada. Él le prometió, le aseguró una y otra vez, juró repetidamente, tal como refleja el indefinido de cantidad elevada (tantas veces). El hecho de que repita tantas veces un concepto y luego no cumpla con él genera un retrato más diabólico del amado. 

La expresión arcaica (estaba por mi persona) significa que él estaba enamorado de ella, la prefería a ella sobre a otras chicas. Por eso la eligió. Recurrir a fórmulas de juramento oficiales (en este caso, del amor cortés) y después no materializarlas, merma la dignidad y los valores señoriales de la figura masculina.

La voz poética se siente indignada por la falsedad. Expresa rabia contra la traición. Se desahoga a través de metáforas tremendistas y crueles (fuego). El dolor y la ira son mecanismos de defensa. Estamos ante el momento de mayor furia del personaje que solo busca la justicia poética. La tristeza se ha digerido de una forma que se convierte en despecho

No obstante, ese despecho es solo puntual, ya que poco a poco se va transformando en derrota y llanto a medida que llegamos al final del tema. Hay dolor pero se expresa de forma más íntima y silenciosa, sin necesidad de canalizarlo en odio contra el amado

El fin del amor se plasma con la metáfora de la falta de luz en contraposición al encendido de la primera parte: se apagaron las cinco, cinco farolas. 

Pasamos de la vía iluminativa y unitiva (cinco luceros azules alumbran cinco farolas) a la purgativa (se apagaron las cinco, cinco farolas). La pasión, el afecto y el cariño han desaparecido. No hay pareja. De ahí la oscuridad. Vemos a la protagonista perdida, en un contexto de vacío espiritual, aislada del mundo (para que nadie me vea, llorando a solas).  Ha pasado por la negación, ha pasado por la ira, y ahora llega la depresión, que es otra de las etapas del duelo. 

La protagonista responde al dolor desde una óptica más natural, dirigiéndose con un vocativo a la figura materna: ay qué penita madre, madre qué pena. La exclamación (qué pena), la interjección (ay), la reduplicación (madre, madre) y el diminutivo (penita) son producto de ese dolor, que poco a poco va a intentar digerir. 

El poema acaba con una descripción del entorno: la vereita madre cuajá de yerba. El contrapunto con la primera parte es evidente. En la primera estrofa, el camino no tenía hierba. La confianza del yo poético en el amado era tan grande que no dejó que los comentarios y chismorreos de la gente hicieran efecto en la relación. El camino estaba limpio. El matrimonio funcionaba. No dejó que la mala hierba entrara. 

Ahora que la relación se ha acabado, se ha perdido la confianza y la protagonista se siente traicionada y engañada, la hierba está invadiendo el camino. No tiene sentido seguir cuidando esa senda sabiendo que el marido es mentiroso y desleal. En definitiva, el camino está abandonado. No merece la pena luchar.

El final es devastador. Antes, el amor mantenía vivo el camino, limpio, transitado. Ahora la ruptura hace que el camino se cierre y desaparezca. El crecimiento de la hierba representa el paso del tiempo sin él, la distancia emocional, la desvinculación total y el olvido que viene. Para mí, es uno de los finales más tristes de la historia de la copla. Así es el paisaje del desamor. 

Desde el punto de vista métrico, cada parte se divide en cuatro estrofas. 

-Las tres primeras son coplas de versos octosílabos (8- 8a 8- 8a)

-La cuarta, son versos dodecasílabos con rima gemela (12A 12A 12B 12B)

Las rimas consonantes (vecindona-persona) conviven con las asonantes (hora-ahoga)

martes, 11 de noviembre de 2025

Callejuela sin salida: lucha interna entre la pasión y la culpa tras vivir el amor con un hombre casado

Después de nuestro periplo por la canción italiana, regresamos a España y lo hacemos con un clásico de la copla. El tema fue compuesto en 1944 por Quintero, León y Quiroga. Lo han interpretado artistas de la talla de Juanita Reina, Rocío Jurado e Isabel Pantoja. El poema cuenta la historia de una mujer que se enamora de un hombre casado. Esto genera una situación muy difícil de gestionar en los años cuarenta. La sociedad franquista no toleraba que una "querida" (así se llamaba de forma despectiva a las señoras que tenían relaciones con señores casados) rompiera el orden matrimonial.

Esto convertía a la querida en una figura denostada y vilipendiada en el seno de la vida cotidiana de la Posguerra. Por un lado, tenía que vivir con el sambenito de ser LA OTRA (con todo el rechazo que esto conlleva), y los problemas de consciencia derivados de haber roto una familia. Y por otro lado la ilusión de estar enamorada de un hombre le hace feliz. El dilema moral es muy fuerte: ¿Miro por mi felicidad o miro por las normas y la reputación de todos? Esto le lleva a la protagonista a una Callejuela sin salida



Había un anillo en tu manoCuando yo te conocíPor eso cerré los ojosAl escucharte decir"Serrano, yo te lo juroPor la gloria de mi madreSi tú me quieres de verasNo habrá quien nos separe"Y cuando tu mano, como una cadenaSe hundió en la mía pa' siempre quedóSentí que tu anillo temblaba de penaPero pa' ser buena, no tuve valor
Callejuela sin salidaDonde yo vivo encerra'Con mi pena, mi alegríaMi mentira y mi verdadMe he perdido en la revueltaDe una sortija adoradaNo estoy viva, ni estoy muertaNi soltera, ni casadaY en mi calle sin salidaYo no puedo caminarNi de noche, ni de díaNi pa'lante, ni pa'trás
El nombre que estaba escritoDentro del anillo aquelVestido de negro lutoSe nos vino a aparecer"Serrano, Dios te lo pagueAsí quería yo verteVivan los hombres cabalesYa somos dos a quererte Y no hubo un reprocheNi un grito, ni un llantoPorque aquel anillo tenía razónY yo que me muero de quererte tantoTe dije "anda y cumple con tu obligación"
Callejuela sin salidaDonde yo vivo encerra'Con mi pena, mi alegríaMi mentira y mi verdadLa razón clavó mi puertaNo, no puedo entrar ni salirNo estoy viva, ni estoy muertaNi contigo, ni sin tiY en mi calle sin salidaYo no puedo caminarNi de noche, ni de díaNi pa'lante, ni pa'trás

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Los primeros versos reflejan el tabú que genera el tema de las relaciones extramatrimoniales en el seno del franquismo. El hecho de que la protagonista se meta en medio de una pareja y mantenga encuentros íntimos con un hombre casado crea un contexto de vergüenza y deshonra. Por eso hay que ocultarlo. No son temas que se puedan pregonar a los cuatro vientos. Hay por medio una infidelidad (que es pecado). Se atenta contra un Santo Sacramento (matrimonio). 

Al ser una cuestión que atenta contra el prestigio y la fama de las personas, surge una actitud de miedo. Se trata de un acto prohibido que choca con las normas sociales y morales. De ahí que la narradora de la copla (protagonista) recurra a la metonimia al inicio de la copla con el fin de no aludir el tema de estar con un hombre casado: había un anillo en tu mano cuando yo te conocí

Por eso la muchacha nombra el símbolo (anillo) en lugar de la realidad (hombre casado). Le da reparo decir de forma tan abierta y directa que mantiene relaciones con alguien que está ya comprometido. Se avergüenza. Cree que no es digno. La gente lo vería mal. Por eso, opta por dar un rodeo eufemístico a la expresión: (anillo en la mano=estar casado) y así evitar palabras que te dejan en mala posición social. 

La oración impersonal con verbo haber (había) crea un contexto frialdad y alejamiento con el objetivo de involucrarse lo menos posible en el triángulo amoroso, ya que es un tema incómodo.

La oración subordinada temporal (cuando yo te conocí....) marca el momento/instante en que se produce el cambio en el rumbo vital de la protagonista. Encontrarse con este hombre supone un giro radical en su existencia, y es lo que desencadena todo lo demás (el repudio social, la infidelidad de él, el dilema de ella). En la literatura dramática siempre encontramos un puntos de inflexión que causa los demás actos. Se produce un cambio en la suerte de la muchacha, tanto para bien (conoce a un hombre bueno) como para mal (está casado). 

El anillo funciona como símbolo de la fidelidad y el compromiso entre el marido y mujer. El hecho de que la protagonista quiera seguir adelante en la relación con este hombre sabiendo que está casado, crea un contexto de condena. El amor nace marcado por el pecado y la imposibilidad. Imaginad la cantidad de trabas y constricciones por las que tiene que pasar la voz narradora para estar con un señor casado, el cual tiene una familia que mantener, una mujer a la que atender, trabajo, casa, obligaciones...La querida no va a poder disfrutar de su amado de manera exclusiva, ya que él tiene que repartir sus tiempos. 

La protagonista es consciente del berenjenal en que se está metiendo pero aun así decide mantener una relación estable con el chico: por eso cerré los ojos al escucharte decir... La imagen del cierre de ojos implica la negación de la realidad moral que le rodea. Ella va a mirar por su felicidad (el hombre) y no se va a comer la cabeza pensando en el entorno, en lo que diga la gente y la desaprobación social. Va a crear una especie de muro para no ver más allá. Le da igual todo. Pasa de todo. Ella solo ve que hay un muchacho que hace sentirse realizada, plena, valorada, querida. El amor es fuerte. Su actitud inicial es de ir con todo y a por todo con este hombre sin pensar en las repercusiones de estar casado. Se lía la manta a la cabeza y que pase lo que tenga que pasar.

Las palabras afectivas y camelosas del amado le dan seguridad a la hora de tomar la decisión: serrana, yo te juro por la gloria de mi madre. Si tú me quieres de veras, no habrá quien nos separe. 

El amado se dirige a la protagonista con un vocativo-apelativo típico del amor cortés (serrana). También hay un juramento de amor típico del provenzalismo. Para dar solidez y credibilidad a un sentimiento se recurre a elementos sagrados o valiosos que pertenecen al propio linaje o sangre (te lo juro por la gloria de mi madre). 

La oración subordinada condicional marca el único requisito que le pone él a ella para que se mantenga esa relación prohibida: si tú me quieres de veras... Merece la pena luchar contra todas las trabas morales y sociales si la pasión es mutua y sincera. El léxico filosófico (de veras) da sentido al amor clandestino. Aunque sea una "querida", se puede querer de manera auténtica. Esto nos recuerda un poco al Romance de la otra, que analizamos hace unos años. 

Si la relación se construye sobre un sentimiento puro y mutuo, puede tener la misma validez que la de un matrimonio normalizado. De ahí la ilusión en las palabras del amado, que muestra una actitud casi desafiante, típica de los amores prohibidos: no habrá quien nos separe. La pareja no es consciente de la locura que están haciendo y de la compleja situación que están creando con este idilio prohibido. 

Las palabras bonitas son muy fáciles de ejecutar cuando se habla en caliente, desde las entrañas y desde los instintos básicos. Ya lo veíamos en una copla llamada Castillitos en el aire. Es muy fácil prometerse amor eterno desde el frenesí y la superficialidad. Sin embargo, la realidad, que es mucho más compleja, se acaba imponiendo. No olvidemos que este señor está CASADO. Es muy complicado para el amado llevar una vida doble y satisfacer a dos mujeres. Es muy complicado para la querida vivir con la mente y la consciencia tranquila sabiendo que estás metiéndote en medio de una familia. La protagonista no ha analizado ni reflexionado. No ha pensado en los pormenores de esta relación. Al principio de la canción vemos a la pareja con un proyecto ilusionante, pero sin cordura ni razón. No se han parado a pensar de la complejidad del contexto

Al final de la primera estrofa asistimos a la unión física, emocional y mística de los amantes: y cuando tu mano, como una cadena, se hundió en la mía pa siempre quedó....La protagonista decide entregarse al hombre casado. Ambos se cogen de las manos, gesto que simboliza compromiso/promesa. Se produce la fusión en un solo ente típica de la vía unitiva de la mística. 

La comparación (como una cadena....) no solo implica que la pareja se ha forjado sino también que la protagonista ha sellado un destino trágico. Con el acto de enamorarse de un señor casado se ha atado a una nueva vida, que va a ser dolorosa a todos los niveles. Se va a convertir en la otra, en la querida. Va a ser señalada por la calle. Van a hablar mal de ella. Va a convertirse en una atestada, en una persona con una bajeza moral. Va a tener que cargar con la culpa de romper un matrimonio y una familia. La cadena implica CONDENA siguiendo la denotación del léxico carcelario. 

Con esta decisión la muchacha va a caer en un contexto fatalista típico del drama romántico de Zorrilla o el duque de Rivas. Ha ganado un amado que le puede dar momentos de felicidad, placer, ternura pero el coste es muy muy caro (esclavitud emocional ya que continuamente te van a recordar que has roto un matrimonio católico). 

La unión con el amado es profunda tal como refleja el verbo de penetración (tu mano como una cadena se HUNDIÓ en la mía pa siempre). Esto implica profundidad, intensidad, fuerza. Cuanto más potente sea el amor con este hombre, mayor será el sufrimiento de la muchacha de cara a los dilemas morales. Se va a convertir en una desgraciada.

El adverbio de frecuencia (pa siempre) implica que el vínculo es irreversible. Una vez ha empezado el idilio con este señor, no hay manera de volver atrás. Aunque se arrepienta, no podrá recuperar su estado de calma y armonía anterior. Lo hecho, hecho está. Los errores no se pueden rectificar. Ella misma se ha encerrado en una prisión voluntaria eligiendo a un hombre casado. Está condenada a la pena y al dolor. 

La personificación realza el sentimiento de vergüenza y dolor que genera la situación: sentí que tu anillo temblaba de pena. Un elemento inanimado (anillo) realiza acciones propias de seres humanos (temblar). El anillo es testigo de un acto sucio, amoral, cuestionable, deleznable, vergonzoso (dos personas inician un idilio sabiendo que una de ellas está casada). 

Es como si el anillo cobrara vida y sintiera vergüenza ajena de la situación que está contemplando. No es plato de buen gusto ver cómo se fragua una infidelidad, cómo hay una traición a una tercera persona. El aro matrimonial representa la consciencia moral de los amantes clandestinos. En el fondo ellos saben que lo están haciendo mal, que están actuando de manera asquerosa, que van a hacer mucho daño a otras personas, que van a romper una familia. 

El objeto sagrado del matrimonio (anillo) sufre con esta escena ya que su valor es traicionado. Resulta doloroso y paradójico que en la unión del amado y la querida, el amado tenga en la mano la misma joya que le puso la esposa el día de la boda. Es antinatural, aparte de pecaminoso. 

El temblor refleja el conflicto interno de ambos miembros de la pareja: 

-Por un lado el idilio, la pasión, el amor, el frenesí, el placer. Hay bienestar emocional por tener al lado a una persona que te aporta cosas trascendentales. 

-Por otro lado, el deber matrimonial, el orden familiar y el sentimiento de culpa por romper algo que es importante. Hay un malestar emocional por saber que estás provocando perjuicios y afecciones a otros. Es imposible tener la consciencia tranquila en una situación así. No tener principios te hace sentirse una mierda. 

El amor es tan fuerte como culpable y ambos elementos se entrelazan hasta ser inseparables. 

Lamentablemente, en esta lucha interna gana el adulterio: pero pa ser buena no tuve valor. La confesión es devastadora. La protagonista reconoce su culpa: sabía lo que hacía, sabía que debía resistirse pero no tuvo fuerza para hacerlo. La pasión desordenada, desbordada, incontrolada e irracional hacia el hombre pesó más que los principios éticos y el decoroso

La expresión "ser buena" hay que interpretarla desde la óptica de la filosofía moralista cristiana: hay que ser honesto, obedecer las normas religiosas y sociales. Lo correcto y decente hubiera sido no iniciar una relación con un hombre casado, o, en el peor de los casos, acabar con ella antes de que fuera demasiado tarde. Sin embargo, no fue capaz de hacer eso (no tuve valor). 

La falta de valor implica que la pasión fue más fuerte que la razón y el deber. La redención moral de la protagonista es evidente. Admite que el deseo venció a la virtud. Por tanto, reconoce el error. No busca justificarse ni dar excusas tontas. Los hechos, hechos son. Lo único que le queda es asumir una serie de consecuencias dolorosas, de las que es merecedora, y que explotan en el estribillo: callejuela sin salida donde yo vivo encerrada

La callejuela funciona como metáfora de la prisión interior en la que la protagonista queda atrapada entre el deseo prohibido y la culpa moral que le impide avanzar y retroceder. No se trata de un espacio físico, sino simbólico, que refleja el estado del alma de la voz narradora. Vamos a explicarlo....

En el sentido literal, una callejuela es un callejón estrecho y cerrado. Normalmente tienen una entrada pero no una salida, ya que si sigues adelante por esa calle te acabas chocando con una pared o muro. En cascos antiguos como el de Córdoba encontramos muchos callejones así, que nos obligan a retroceder porque no tienen enlace con otra calle. A mucha gente el hecho de que existan calles así les genera una sensación ansiedad: parece que te encuentras perdido, atrapado, estás solo en un sitio casi hermético

La protagonista ha quedado en una especie de limbo: el remordimiento le impide disfrutar del amor. La pasión carece de sentido si no la puede vivir de forma serena y armónica. ¿De qué sirve amar a alguien si el sentimiento de culpabilidad (por romper un matrimonio) te imposibilita el placer, la plenitud y las ganas de besar o abrazar? Al final, ni gozas de la persona ni tienes la consciencia tranquila. Como diría alguno, es un sinvivir. 

La oración subordinada de relativo introducida por el adverbio de lugar (donde yo vivo encerrada) ancla a la protagonista en este espacio simbólico de amargura, una especie de prisión emocional y moral que representa la imposibilidad de avanzar en el periplo vital, tal como refleja el verbo de desplazamiento en negación (en mi calle sin salida yo no puedo CAMINAR). 

La voz narradora ha quedado atrapada en una situación física y emocional enmarañada (tener de pareja a un hombre casado). No puede dar una solución digna. Haga lo que haga va a salir escaldada. Resulta imposible salir del entuerto. No puede avanzar y retroceder por esa "callejuela" en la que se ha metido.

-Si opta por avanzar y seguir con el amado, estaría condenándose, ya que los remordimientos por haber resquebrajado una familia le impedirían ser libre y vivir el amor puro, aparte de todo el rechazo social.

-Si opta por retroceder y poner fin a este idilio prohibido, tampoco lo solucionaría, ya que el daño está hecho. Desde el momento en que se acercó a este hombre el pecado quedó consumado. La mala fama ya la tiene y resultará imposible reparar el destrozo a esta familia. Jamás recuperaría la paz interior previa a la relación aunque dejara al muchacho casado. 

En definitiva, la protagonista vive atrapada entre dos mundos (el del amor y el del deber) sin pertenecer a ninguno de ellos. Este desarraigo (estar en tierra de nadie, quedar en el limbo) genera pena y dolor. 

Las antítesis resultan desgarradoras e impiden que el conflicto tenga un fin (con mi pena, mi alegría, mi mentira y mi verdad, no estoy viva, no estoy muerta, ni soltera ni casada, ni de noche ni de día, ni pa' lante, ni pa' trás...). En esta situación de indeterminación es imposible madurar un proyecto de vida. La  falta de identidad, la no definición crean una sensación de incertidumbre, inestabilidad. La protagonista se encuentra perdida en su periplo existencial. No tiene algo concreto por lo que luchar. Su vida carece de base y de sentido, ya que la pasión y lo moral se anulan mutuamente. Ni tiene tranquilidad ni el amor le llena. Mensaje durísimo. 

La muchacha se encuentra en un punto intermedio caótico donde no hay NADA. Es el reflejo de una existencia suspendida por la culpa y la imposibilidad de resolver un conflicto. Pensemos en el estado civil de una querida. ¿Está soltera? No, porque mantiene relaciones con un hombre. ¿Está casada? No, porque no tiene anillo, ni ha pasado por la Iglesia, ni ha firmado nada. ¿Hay verdad en su relación? Por un lado, sí porque hay afecto, pero por otro lado no porque no tiene uso exclusivo (está la esposa por medio). En definitiva, su vínculo es una mentira y una verdad de manera simultánea. Se produce una contradicción existencial fruto del conflicto interior y la identidad fragmentada. 

Fijaos en la distribución del léxico. La presencia del amado va a asociada a palabras relacionadas con la iluminación y el vitalismo (alegría, viva, día). Las connotaciones son positivas. Por el contrario, el sentimiento de culpa va asociado a vocablos vinculados con la oscuridad, el vacío y la afectación (pena, muerta, noche). 

También encontramos palabras relacionadas con el ámbito de lo urbano (calles, puertas, revueltas, salidas...). Capturan la mezcla de espacio físico y psicológico. 

Ella misma reconoce su error gracias al verbo estativo en primera persona con el pronombre reflexivo (me he perdido en la revuelta de una sortija dorada...). No le echa la culpa ni a las circunstancias ni al entorno ni a un agente externo como hacía el Lazarillo de Tormes. La que se ha equivocado y la que ha decidido perderse en esa callejuela estando con un hombre casado es ella. Ella y solo ella. Nadie más. Tenía que haber pensado las consecuencias de estar con un señor que ya tiene una familia. No es fácil aguantar el peso moral de romper un matrimonio. Al principio no les das importancia pero cuando te das cuenta del papelón no es tan chachi ni tan guay 

En el contexto de la España de mediados del XX, la callejuela simboliza la precaria situación social que tenía la figura de "la querida", pues estaba atrapada por las férreas normas franquistas, el qué dirán, la religión, el honor y la falta de libertad para amar fuera del matrimonio. Eran mujeres condenadas de por vida por la sociedad que les impedía redimirse. 

En la segunda estrofa se produce el clímax narrativo de la copla, ya que tiene lugar el encuentro entre la esposa, la querida y el marido. La mujer legítima descubre el entuerto.

El descubrimiento del amor clandestino se desvela de forma sutil, rápida y poco morbosa. Se recurre a la metonimia aludiendo el objeto (anillo) por la realidad simbolizada (hombre casado): el nombre que estaba escrito dentro del anillo aquel vestido de negro luto se nos vino a aparecer

Estos versos recuerdan que el anillo lleva grabado el nombre de la esposa legítima, la cual representa la ley, el compromiso y el vínculo sagrado que el amante ha traicionado. Es, además, una forma poética de decir que la identidad de la mujer está sellada en el objeto que los condena: no puede borrarse ni olvidarse. Ese anillo ha sido testigo de una traición. En sentido simbólico, el destino y la culpa aparecen insertos dentro del anillo, es decir, en el interior mismo de ese amor prohibido  

La vestimenta de negro luto simboliza el dolor, la pérdida. La mujer legítima acaba de descubrir que su matrimonio es una mentira. Para ella, también es la muerte y el fin del amor. Recordemos que los trajes oscuros son típicos de los periodos de duelo. Antiguamente la gente se ataviaba de negro tras sufrir la pérdida de un ser querido, en señal de dolor y ausencia. Es normal que la esposa aparezca así porque ha sufrido la pérdida de su matrimonio. 

El pronombre reflexivo de primera persona del plural con función de complemento directo (se NOS vino a aparecer) involucra por igual a los dos miembros de la pareja, que son acorralados por la esposa. Son pillados in fraganti. Ambos tienen la misma culpa. 

La señora habla en primera persona. Su tono es sereno, irónico y cargado de honra. No hay violencia. No hay insultos. No hay improperios. No pierde las formas en ningún momento. Solo hay sarcasmo en sus palabras. Esto le hace mantener la dignidad: serrano, Dios te lo pague. Así quería yo verte. Vivan los hombres cabales. Yo, a su modo, a quererte. 

La mujer acepta el desengaño con una frialdad que resulta más temible que el grito o la ira. Lo normal en estos casos es que la esposa líe la de Dios, abofeteé al marido y llame de todo a la querida. Es lo que todo el mundo espera. Sin embargo, aquí no hay perfomance, ni venganza, ni heridos. 

Resulta irónico encontrarse en un contexto de desamor y reproche el apelativo de la poesía cortesana provenzal (serrano). En el lenguaje ordinario lo normal sería usar un taco (hijo de p..., cabr..). La esposa se comporta como una SEÑORA. Mantiene la compostura y la cortesía. 

Recurre a una fórmula de despedida amarga que puede sonar tanto a bendición como a maldición (Dios te lo pague...). La ambigüedad genera un ambiente tenso e incómodo que hace más daño que la queja o el reproche virulento. 

La esposa considera que la pareja de amantes ha sido derrotada moralmente. No ha hecho falta nada más. Ellos solos se han hundido ahogados en sus propios remordimientos y culpas, tal como refleja la evidencia irónica con un sutil adverbio de modo: así quería yo verte. Aunque haya sido su rival (ambas han compartido a un hombre), no necesita llamarla guarra o zorra a la protagonista. Ella misma se ha delatado con sus actos. 

La ironía se prolonga al verso siguiente (vivan los hombres cabales ya somos dos a quererte). Evidentemente, le está llamando de todo menos cabal. Se usa un adjetivo positivo (cabal) para expresar algo negativo (sinvergüenza). Se dice lo contrario de lo que se piensa. Que un hombre esté con dos mujeres a la vez no es un acto del que sentirse orgulloso. No se trata de un elogio. Es una crítica DURA

En este punto de la historia el honor femenino y la moral social se imponen sobre la pasión. Ha salido victoriosa la esposa sobre los amantes.

La falta de reacción violenta aumenta el dramatismo. El silencio pesa más que cualquier castigo: y no hubo un reproche, ni un grito ni un llanto. Es el reconocimiento resignado de que el destino y la culpa ya han hablado por sí mismos. Los actos dicen mucho de cómo son las personas. La oración impersonal con el verbo haber (no hubo...) crea un contexto de frialdad y distanciamiento, haciendo que la esposa se muestre de una forma hierática, no afectada por la ira, el orgullo o el enfado. No llora. No chilla. No maldice. Mantiene su categoría de señora. 

Como veis, en esta segunda estrofa el tono cambia y se pasa del drama pasional fatalista a la aceptación estoica, desvelando la realidad de forma serena, mesurada e incluso sarcástica. La esposa no necesita ponerse en acción. Le basta con sacarles las vergüenzas a la cara sin levantar la voz. El asíndenton (ni un grito, ni un llanto) crea una contexto de tensión alucinante. Se corta con un cuchillo. Una calma muy tensa. 

El anillo, objeto que antes era testigo del adulterio, ahora dicta sentencia . El matrimonio traicionado, la moral y el deber se revelan como la verdad inevitable, que pone orden al caos pasional. El objeto inerte (anillo) realiza una acción propia de personas (tener razón, ir de luto), porque un amor prohibido nacido de la traición no puede triunfar. Como veis, el desenlace es didáctico y moral de acuerdo a los cánones del régimen de Franco. Hubiera sido un escándalo en los años cuarenta encontrarse con una copla que promoviera el adulterio. La censura tendría que haber intervenido. El mensaje está claro: los amores extramatrimoniales son inadmisibles, pecaminosos y amorales. No pueden salir bien porque se daría un mensaje bochornoso al público. 

Al final de la segunda estrofa asistimos a la resolución emocional y ética de la protagonista. A pesar del amor que siente por el chico (tal como refleja la hipérbole "me muero de quererte tanto) la amada opta por renunciar el idilio. Le pide al amante con un circumloquio que regrese con su esposa: te dije anda y cumple con tu obligación. En definitiva, su obligación es que culmine su deber conyugal y social y sea un buen marido y cabeza de familia, y se olvide de relaciones fuera del matrimonio con queridas. 

Los imperativos (anda y cumple) enfatizan la urgente necesidad de buscar una solución aunque suponga el hundimiento anímico de la protagonista. No se puede estar eternamente entre la pasión y la razón. No queda más remedio que decantarse y elegir uno de los dos caminos. 

Es el acto supremo de sacrificio y sumisión moral: el amor se destruye para restablecer el orden. Ella pierde al hombre pero recupera la honra, aunque el precio sea el sufrimiento interno 

De esta forma se representa el juicio final del relato: 

-El anillo (moral) cobra vida y es testigo de la realidad

-La esposa (destino) aparece para dictar sentencia 

-El amante y la protagonista son derrotados por la consciencia

-Ella, desgarrada, elige la renuncia y queda para siempre atrapada en su callejuela sin salida. 

La pasión es derrotada por la moral. El amor, que nació en pecado, encuentra su castigo en la aparición del deber frío, justo y devastador. 

La protagonista queda condenada a su propio remordimiento. No hay castigo externo (ni violencia, ni cárcel), sino algo peor: el encierro en la conciencia. El amor, que en otras coplas es redentor, aquí es una cadena, una culpa que no puede resolverse ni con la ruptura ni con la unión.

Métricamente predomina el verso octosilábico (arte menor), salvo al final de las estrofas en las que encontramos cuatro versos dodecasílabos que marcan la transición al estribillo. 

Cada estrofa está formada por la unión de dos coplas (8- 8a 8- 8a) y un serventesio (12A 12B 12A 12B). Los estribillos constan de tres cuartetas (8a 8b 8a 8b). Las rimas combinan asonantes (salida-alegría) y consonantes (puerta-muerta). 


jueves, 23 de octubre de 2025

La mañana (Albano): el amanecer de un nuevo día que motiva el amor

De un icono de la música italiana como es Laura Pausini, pasamos a otro igual de importante: Albano. Hoy os traigo uno de sus primeros éxitos. El tema fue compuesto en 1968 por Ruggiero Leoncavallo y Vito Pallavicini. Se titula La mañana. 

El poema describe el bello amanecer de dos personas que se quieren en un mundo de ensueño. El sol se refleja en la mirada de ambos y sólo ilumina el día si están juntos. El amor da sentido y luz a la propia existencia. 

La canción se inspira en las alboradas de la lírica medieval provenzal. Una alborada es una composición en la que los amantes manifiestan su afecto y pasión a la salida del astro rey. En el folclore mexicano se conocen con el nombre de "mañanitas" y son serenatas matinales que canta el amado y la amada con la amanecida. El nacimiento de un nuevo día motiva, ilusiona y da energía a la relación. 

El yo poético se muestra agradecido a la vida tanto por la belleza física que contempla (el mundo que se cubre de colores a medida que el Sol ilumina) como por el hecho de tener a su lado a la persona que quiere. La pieza celebra el hecho de despertar, amar y sentir la presencia del otro como motor del día 



La aurora su sol va pintando
Al mundo cubierto de azul
Despierto y es otra mañana
Alegre, lo mismo que tú
Hay un ruiseñor que me canta
Y un carro se oye gemir
Y es otra mañana que nace
Y nace mi vida en ti
Y también tú, cual la mañana
Un sol reflejas en mi mirar
Si tú no estás, es todo noche
Donde tú estás hay el amor
Y junto a la iglesia yo paso
No entro, pues he de partir
Me acuerdo que rezo yo solo
Doy gracias por tenerte a ti
Y también tú, cual la mañana
Un sol reflejas en mi mirar
Si tú no estás, es todo noche
Donde tú estás hay el amor


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En los primeros versos se describe la iluminación paulatina del cielo a medida que el astro rey sale por el horizonte: la aurora su sol va pintando al mundo cubierto de azul

El amanecer se describe de forma viva y motriz gracias a la personificación, ya que un concepto de tipo inanimado (Aurora) realiza una acción propia de seres humanos (pintar). 

La aurora es el momento del día en que el astro rey todavía no ha salido por el horizonte, pero está muy cerca de emerger, por lo que los primeros rayos se empiezan a reflejar en el firmamento, haciendo que este pierda el toque negro de la noche y adquiere matices de azul oscuro. 

En términos científicos este fenómeno se conoce como "crepúsculo matutino". La luz es muy tenue en estos momentos del día, pero a medida que el astro rey asoma por el horizonte, el cielo se va aclarando. Llega un momento que el ojo humano puede ver el paisaje sin necesidad de iluminación artificial ya que el azul claro va cubriendo el firmamento. 

Fijaos que se recurre a un verbo creativo, asociado al ámbito artístico (va pintando). La aurora, que es una convección temporal abstracta (periodo anterior al amanecer) se presenta en el texto como ejecutora de una obra de arte. Es la encargada de pintar el mundo, de crearlo, de diseñarlo, de darle color. Como todo buen artista necesita herramientas e instrumentos. ¿Y cuál es el "medio" del que dispone para dotar de vida al entorno? El sol. El posesivo (su sol) expresa esta vinculación. La aurora necesita del sol para que el mundo pueda ser percibido por la humanidad. Sin la luz del sol no veríamos absolutamente nada.  No habría color. No habría vida. 

Como si de una obra de arte se tratara, la estructura sintáctica se representa a brochazos y pinceladas en función de la inspiración y la pasión del creador. Por eso, a veces, la creatividad supone transgredir y romper normas. De ahí la alteración de la sintaxis, la cual resulta confusa y ambigua: 

-Por un lado, el sintagma "su sol" funciona como circunstancial de instrumento, ya que es el medio que emplea la aurora para pintar al mundo. Por cuestiones métricas, el autor ha suprimido la preposición de vínculo: [con]su sol. 

-Por otro lado, "al mundo" funciona como complemento directo, ya que es el elemento efectuado. Es el objeto representado en la obra de arte: la aurora pinta al mundo. 

-El sintagma adjetivo "cubierto de azul" funciona como predicativo del complemento directo: 

-El verbo principal es la perífrasis de gerundio (va pintando) que expresa desarrollo o progreso. El acto de habla coincide de manera simultánea con el proceso de la amanecida. Mientras el yo se expresa, el sol va iluminando cada vez más. 

El hipérbaton resulta violento, ya que el circunstancial de instrumento (su sol) se adelanta al verbo (va pintando) y al directo (al mundo). Esto refleja el caos cromático del cielo en estos primeros momentos del día: el azul claro y oscuro convive con rojos, rosas o naranjas creando una paleta de colores variada

En los dos primeros versos el foco de la canción está en el espacio, es decir, en el paisaje, el escenario, el entorno (el sol, el mundo, el cielo azul...). En el tercer verso el enfoque pasa al yo poético. De ahí, la desinencia verbal de primera persona (despierto...). Se establece una jerarquía implícita. Primero está el mundo (Dios). Es lo más importante. Luego venimos nosotros (hombre). Primero despierta la naturaleza gracias a la luz solar. Luego despertamos nosotros. La belleza y el color del mundo nos despiertan del letargo del sueño.

La belleza de la estampa hace que la voz lírica manifieste ilusión, felicidad y buen humor ante la llegada del nuevo día: es otra mañana alegre lo mismo que tú. 

El indefinido (otra) va ligado al concepto cíclico de la naturaleza: hay día y noche. Cuando acaba el día llega la noche, y cuando acaba la noche llega al día. La noche sucede al día y el día a la noche. El hecho de que los días sean unidades segmentadas e independientes (nacen y mueren) suponen un aliciente para el ser humano, ya que cada nuevo día es una oportunidad para vivir cosas nuevas. A lo mejor un día nos toca llorar y sufrir, pero al siguiente podemos reírnos y pasarlo bien. Cuando nos levantamos de la cama siempre nos hacemos esta pregunta: ¿Qué ocurrirá hoy? Y eso es lo que da magia a la vida y hace que nos levantemos con los ánimos renovados. 

La actitud ante el nuevo día es de vitalismo para el yo poético. El encanto de la mañana se equipara al encanto de un alma enamorada: alegre lo mismo que tú. El mundo descrito es jovial, colorido, afable, bello, placentero. La situación anímica del yo poético es de júbilo y plenitud. Hay una correspondencia entre el mundo exterior y el mundo interior. El sol ilumina la naturaleza pero también la vida del yo. De ahí, que el protagonista se levante emocionado, con ganas de vivir.

El pronombre de segunda persona en el complemento comparativo (alegre lo mismo que tú) representa a la persona amada, la cual da sentido a nuestra vida. Es el concepto renacentista de amor que expresó Garcilaso o Petrarca: la pasión como energía vitalizadora y elemento purificador. Sin amor no hay vida. Espiritualismo en estado puro.

La naturaleza (mañana) aparece personificada, pues se le aplica un adjetivo que denota carácter o rasgo psicológico humano, tal como refleja el complemento predicativo (alegre)

Además, el entorno se representa de forma sensorial aludiendo a sonidos propios del amanecer: hay un ruiseñor que me canta, y un carro se oye gemir.

A primera hora de la mañana, sobre todo en verano, es normal escuchar el canto de las aves y pájaros. En la lírica popular medieval (por ejemplo, el romance de Fontefrida) el ruiseñor simboliza a un amante elocuente y apasionado, que hace todo lo posible por conquistar a la dama. Es una especie de galán. En este caso, el canto del ruiseñor puede estar relacionado con el amor (ya que acompaña a una pareja que está consolidada y estabilizada), pero también es una celebración al acto de vivir (empieza el nuevo día, siguen juntos y están vivos). Hay motivos para estar contentos y recrearse en la belleza visual y sonora del mundo. 

Mientras que el canto del ruiseñor representa el sonido natural, el ruido del carro representa el sonido de corte humano/material. El entorno es la suma de naturaleza y hombre. Los dos contribuyen a configurar el espacio. Ambos son necesarios, pero siempre aparece en primer lugar la creación divina (ruiseñor) y luego la invención artificial del hombre (carro). De nuevo, la jerarquía cristiana. Es la naturaleza la que despierta al hombre y no al revés. El dominio es de Dios. 

Un elemento inanimado/inerte (carro) realiza una acción propia de seres humanos (gemir) haciendo que el paisaje se humanice y vivifique 

Los amados son testigos de esta bella estampa sensorial gracias a las oraciones impersonales ya sean de tercera persona con el verbo haber (hay un ruiseñor) y de impersonal refleja con se (se oye gemir). 

La pareja da trascendencia a la relación equiparándose al funcionamiento de la naturaleza. Esto se ve en la anadiplosis: y es otra mañana que nace/ y nace mi vida en ti. El funcionamiento del ciclo natural (el día que nace) se pone al mismo nivel que el funcionamiento del amor (la pasión que nace de contemplar a otra persona)

El polisíndeton (y un carro...y es otra mañana...y nace mi vida...) crea un efecto motivante ya que se suman o añaden razones por las que merece la pena la existencia. 

El paso al estribillo se marca con una imagen de unión, propia de la mística (mi vida en ti). Se produce la combinación del posesivo en primera persona (mi vida) con la preposición de lugar y el pronombre de segunda persona (en ti). El amado aparece dentro la amada.

En la lírica espiritual tanto bíblica como áurea la pasión amorosa está simbolizada con elementos de luz y calor. En este caso, la amada es fuente de luz. El astro rey ilumina y da vida a la relación: y también tú cual la mañana un sol reflejas en mi mirar.

La comparación realza la magnitud del amor (cual la mañana) ya que el afecto de la pareja se equipara al poder de la naturaleza: el sol de la mañana ilumina el paisaje igual que la mirada de la amada al yo. 

La dualidad día-noche simboliza la presencia/ausencia de vida: si tú no estás es todo noche. Donde tú estás hay amor. 

La falta de luz (noche) nos evoca a la primera vía de la mística, que es la vía purgativa. En esta etapa las almas se encuentran separadas y perdidas en medio del vacío. Al no haber una fuente lumínica, resulta imposible la percepción física y sentimental de los entes. La vida deja de tener sentido si desaparece la figura de la amada (si tú no estás es todo noche). El uso del presente de indicativo tanto en la prótasis como en la apódasis de la condicional, universaliza el mensaje convirtiéndolo en certeza o verdad. 

En cambio, la presencia de la luz (mañana) se identifica con la tercera vía, que es la vía unitiva. Gracias a la iluminación del sol, las almas se perciben tanto a nivel físico como emocional. Se fusionan en un solo ente. En definitiva, surge el amor, que da sentido a la vida: donde tú estás, hay el amor. Otra vez se recurre a tiempos de presente tanto la subordinada de lugar (estás) como la principal (hay).

Fijaos en las antítesis ya sean en forma sintáctica (estás/no estás) o léxica (amor/noche). La oscuridad y la no presencia de la amada simboliza el caos, la amargura, la tristeza., la depresión, el vacío. La luz y la presencia de la amada representa el orden, la armonía, la plenitud, el sentido. 

En la tercera estrofa se introduce un contexto de espiritualidad, influido por el pensamiento cristiano. El yo poético se encuentra con una iglesia, la cual representa el lugar sagrado: y junto a la iglesia yo paso. En la tradición católica es el templo, el lugar de la celebración litúrgica y la eucaristía.: 

De nuevo, en la estructura sintáctica se antepone el circunstancial de lugar que alude al elemento divino (junto a la iglesia...) mientras que el sujeto, que es el elemento humano, se pospone junto al verbo (yo paso...). El hipérbaton refuerza la corriente de pensamiento teológico. 

Sin embargo, el yo poético no necesita pasar a la iglesia (no entro, pues he de partir). La fe la expresa en la gratitud íntima por el amor: me acuerdo que rezo, yo solo doy gracias por tenerte a ti. Amar es una forma de rezar, de conexión divina. Para demostrar amor a Dios y a la vida no hace falta participar en ceremonias ruidosas y pomposas. La parafernalia sobra. El erasmismo del siglo XVI decía que era una cuestión de actitud. El sentimiento se demuestra de forma intimista y permanente. No es necesario ir a una procesión o darte latigazos en la espalda llorando y berreando cual mártir en Semana Santa. 

La fe se puede expresar de forma más discreta y silenciosa, como sucede en esta canción, rezando para sí mismo e interiorizando ese sentimiento de gratitud: estar agradecido a la vida por todo lo que nos da: una mañana preciosa, unos paisajes preciosos, unas personas preciosas...

El yo poético no necesita rodeos para decir que no necesita ceremoniales. Simplemente con una oración breve negada (no entro) y una subordinada causal con una perífrasis verbal de obligación (he de partir)

Por cuestiones métricas, se produce un queísmo: me acuerdo que rezo. Lo gramaticalmente corrector es "me acuerdo de que rezo". El verbo acordarse rige la preposición "DE". Esto da fluidez y naturalidad al discurso del yo, que no necesita crear un contexto de polémica por no entrar a la iglesia. Lo importante es el sentimiento de fe. Lo vive desde dentro. No necesita demostrarlo pasando al templo. 

Es adverbio (solo doy gracias...) crea una sensación de humildad y desnudez. Se puede creer en Dios sin tanto aparataje escenográfico o escénico. Simplemente dando las gracias o rezando. Se puede hacer en cualquier momento y lugar. No hace falta ir a Lourdes o hacer una peregrinación a Santiago. 

El agradecimiento a la vida no se debe a motivos materiales (riqueza, trabajo...) sino espirituales: tener a tu lado a una persona a la que quieres un montón y con la que vas a pasar tu vida. La acumulación de marcas de segunda persona (tenerte, ti) enfatiza la necesidad de unión y vinculación con otras almas. En soledad la viene no tiene sentido. 

Los versos son eneasílabos. En las estrofas se produce asonancia entre los versos segundo y cuarto (ti - gemir), mientras que el primero y el tercero van por libre (pintando-mañana). En los estribillos no hay rima.